Una semana con los Loud
Capítulo 6 El cuento I
Na.—De aquí en adelante a Rita la nombrare Lincoln y Lincoln como Rita, solo cuando estén en sus pensamientos se les referirá como su verdadero genero.
Lori hizo la primera parada de Vanzilla, la escuela elemental de Royal Woods, donde iban a parar sus hermanas Lisa (En los grupos para kindergarten), Lola y Lana, Lucy y Lincoln; aunque este último se encontraba bastante consternado y parecía estar aterrado. Eso lo notó Lucy apenas fueron liberadas de la presión del automóvil.
—Hola Lincoln.—se acercó ella repentinamente al chico que estaba parado a mitad del patio escolar en la entrada.
—¡AHHH!—gritó Lincoln dando un salto, tropezando en el proceso y provocando las risas de sus compañeros—Que maduros…—dijo Lincoln molestó por ese comportamiento a la vez que se levantaba con dignidad—Lucy, queri…ehh…que…¿Qué ocupas?—logró fingir rápidamente sus primeras palabras.
—¿Yo? Una forma de que la noche sea eterna y las bestias de la oscuridad gobiernen por la eternidad.—dijo ella contestando la pregunta de Lincoln, cosa que su hermano levantó la ceja sin comprender—Pero en este momento terrenal, necesito preguntar si no has notado nada extraño recientemente.
—Algo extraño…—pareció durante un segundo como si verdaderamente Lincoln estuviera pensando en algo anormal que hubiera pasado, pero su sobre actuación, combinado a su cara nerviosa y que se llevó una mano a la nuca, no tardaron en revelarlo—No, realmente todo ha estado tranquilo.
—Suspiro…—dijo ella fingiendo de mejor manera que lo que Lincoln podría aspirar en mucho tiempo—Supongo que tu horóscopo estaba equivocado.—dijo ella para dejarlo con la intriga y largarse.
Lincoln estaba a punto de preguntarle sobre el horóscopo, pero al voltear a verla notó que su hija se había esfumado del lugar. Rita no pudo evitar secarse el sudor que se había acumulado en su mente, durante un segundo pudo sentir que Lucy descubriría su treta. Pero lo importante es que el secreto, que ella había intercambiado cuerpos con su hijo, permanecía intacto.
A sabiendas que no tenía nada mejor que hacer sino ocuparse de la vida de su hijo, decidió que al menos intentaría sobrellevar el día con una sonrisa. Y así lo hizo el sonriente Lincoln Loud, que entró por las puertas de la escuela y se dirigió a su casillero…Hasta que recordó que no sabía dónde estaba su casillero.
—Oh rayos.—dijo Lincoln molesto y apartando la vista de los diferentes pasillos, tratando de pensar cuál podría ser el suyo—Podría ser…—intentó tocar uno, pero rápidamente fue empujado.
—¡¿Cuál es tu problema Larry?!—lo detuvo un chico pelirrojo.
—Lo siento, lo siento, me confundí casillero y…
—¿Confundiste tu casillero?—eso solo hizo que el chico pelirrojo alzara aún más la ceja, para que luego volteara de un lado a otro—¿Es una broma? ¿Quién olvida dónde está su casillero? ¿Qué tienes? ¿Cinco?
—Sí…Sí, una broma.—dijo Lincoln sonriendo mucho, y lanzando unas risas falsas antes de dar media vuelta y salir corriendo, logró escapar del alcance de visión de aquel pelirrojo—Creo que lo perdí.—y suspiró aliviado—Oh demonios, esto es imposible, puedo diferenciar entre las distintas fresas dentales de un consultorio, pero no el casillero de mi propio hijo, soy una decep…—se dio cuenta repentinamente que estaba hablando en voz alta, y a su alrededor un grupo de chicas cuchicheaba.
Entre ellas una castaña se reía de una manera especialmente tonta que no creía capaz a una niña, pero esta parecía de su edad. Llevaba una caja con galletas y esta tenía un cartel de "Se venden a $1.25", para el tamaño de las galletas era relativamente justo. El resto de las chicas solo se limitaron a rodar los ojos y decir algo como "Cosas de los Loud". Este no sabía cómo reaccionar así que quiso comenzar a dialogar para evitar que creyeran que había enloquecido cuando fue detenido por una mano.
—¡Lincoln!—a este sí lo conocía, era Clyde, el mejor amigo de su hijo, cargaba con una libreta—Te he estado buscando por los pasillos.—dijo este dando suspiros y sacando de sus apuntes una hoja de papel pulcra—Te iba a preguntar tu opinión sobre mi cuento.
—¿Cuento?—preguntó Lincoln sin entender.
—Sí, para la tarea… Te acordaste de hacer la tarea, ¿Cierto?—le dijo Clyde sospechando, y vio como Lincoln comenzó a sudar y se puso nervioso—No la hiciste…—suspiró decepcionado.
—No, mira, tuve una cena y…—se detuvo pues Clyde comenzaba a darle un sermón sobre la importancia del cumplimiento de las tareas, cosa que prefirió ignorar y concentrarse en sus pensamientos.
Rita tuvo que pensárselo durante más de un momento, después de todo, no tenía el ánimo como para, aparte de intercambiar de cuerpo con su hijo, también hacerle las tareas que él no hubiera hecho. Aunque tuvo que admitir que, si quería evitar causarle problemas escolares o calificativos a Lincoln, iba a tener que hacer sus deberes por lo menos aquel día…O hasta que el cambio de cuerpo fuera revertido, cosa que esperaba no tardara mucho.
—…y no sirven macarrón en la prisión, solo pasta dura Lincoln, ¡Pasta dura!—se distrajo de sus pensamientos debido a que Clyde comenzó a zarandearle fuertemente.
—Clyde, lo entiendo, lo entiendo.—dijo fastidiado—Solo recuérdame de qué tenía qué tratar el cuento y lo hare durante la clase.
Hubo un momento en el cual Clyde se detuvo a pensar cómo si le hubieran pedido un ultimátum sobre la vida o la muerte de un ser humano, hubo un momento o dos donde verdaderamente parecía que iba a denegar sus conocimientos sobre la materia antes de que cediera dando un suspiro:
—Te salvare por ahora amigo.—dijo Clyde—Es un cuento sobre la familia protagonizado por ti.
—¿Protagonizado por Lincoln?—dijo él a la vez que pensaba—¿Qué puedo contar de Lincoln?—comenzó a mirar el techo, le venían a la mente muchas respuestas, pero ninguna lo suficientemente buena que representara a su hijo. Paso un minuto entero pensando, mordiendo sus uñas hasta que dio con la respuesta.
—Ya sé que voy a escribir.—dijo triunfante ganándose el respeto de su amigo—Tan pronto encuentre mi casillero…—y perdió el respeto tan rápido como se lo gano.
Mientras tanto, por los pasillos de la escuela iba caminando la pequeña Lucy Loud, que no podía parar de pensar en una sola cosa. Y esta era en la actitud extraña que había estado teniendo Lincoln desde la noche pasada, primero un terremoto, luego no paro de moverse a altas horas de la noche, despertó dando gritos como lunático y ahora en la escuela parecía perdido. Pero la cereza que ponía la guinda sobre el pastel era la charla que él había tenido con su hermana momentos antes. Ella sabía que aquel no era Lincoln, pero sí lo era…Como si tuviera la noción de quién era, pero no en su totalidad.
Así que intentó pensar en cómo solucionar aquel sentimiento, y sabía que para eso debía primero reconocer el problema de Lincoln…Y se puso a pensar:
Lo primero que le vino a la mente fue el trastorno de doble personalidad, pero rápidamente este fue descartado debido a que este tipo de problemas suelen verse con años o meses de antelación y no de la noche a la mañana. La otra opción que ella conocía eran los cambios hormonales, cosa que descubrió al robarle un libro de biología a Lisa y tema del cual se quería volver experta, que solían presentarse de entrada en la adolescencia, los cuales incluían cambios de comportamiento y habla, aunque en los niños barones no solía presentarse sino hasta los doce años, bien su hermano podría haber madurado físicamente antes que el resto de los niños, o podría simplemente que al estar tan cerca de tantas chicas su madurez fuera superior a la de otros niños de su edad…Aunque esa rama debía de ser más del tipo de asuntos que atendería Lisa, y verdaderamente ningún cambio hormonal explicaría por qué Lincoln actuaba tan raro. La última opción que se le venía a la mente era la posesión por un fantasma…¡Eso era definitivamente lo que le pasaba a su hermano mayor! ¡No había otra explicación!
…
Aunque también quedaba una última opción sobre intercambios de cuerpos, pero aquello era verdaderamente ridículo, era mucho más cuerdo pensar en una simple posesión demoniaca que en un absurdo cambio de cuerpos. Por lo que dejo sus pensamientos sobre cualquier otra remota opción que rodeara aquel presentimiento suyo. Ya esperaba que fuera de tarde para poder llevar en acción tanto el ritual nuevo que encontró en el libro de su bisabuela, como también liberar a Lincoln de la posesión fantasmal.
Las clases iniciaron en la primaria, y junto a estas un Lincoln salvaje que escribía con rapidez en su cuaderno cuento tras cuento, borrando el primero, y luego el segundo, y tercero que iba haciendo debido a que no encontraba uno que le gustase. Clyde lo veía de reojo como el chico escribía y dejaba de lado la clase, aunque no lo suficiente como para que la maestra Agnes lo notara.
Finalmente, a Lincoln le vino una idea lo suficientemente buena como para plasmarla en papel, un pequeño cuento sobre…
—Muy bien niños, ya es la hora que estábamos esperando.—dijo emocionada la maestra al tomar asiento—Es hora de leer sus cuentos que pedí la clase pasada, Artie, tu inicias.
Aquel simple dialogo aterró a Lincoln, quien no tenía ni el título puesto, así que decidió escribir con toda la velocidad que su mano le permitiera la idea que había tenido previamente, para su suerte, sus compañeros fueron pasando por orden alfabético y pudo escuchar algunos de los cuentos de los otros niños:
El chico pelirrojo de antes había escrito un cuento de por qué la familia no era la gran cosa, y como el protagonista sufría mucho por las limitaciones de su familia…Realmente era solo un montón de quejas del niño sobre cosas que sus padres no le dejaban hacer, pero le gustaba imaginar que había complejidad detrás de ese escrito.
También destacó Clyde, el cual le echo una mirada reprobatoria y luego paso al frente para leer un cuento titulado "Miguel tiene dos papas", cuento en el cual relataba como una familia con dos hombres podía ser considerada también como familia, y que un niño con dos padres no tenía nada de diferente a un niño completamente normal. Eso conmovió en parte al salón, así como a la maestra, quien parecía ya tener definido un favorito.
La chica de las galletas fue la siguiente, presentando un cuento sobre una reina y un rey de bandos contrarios quienes tenían una niña, que a pesar de su amor, su compromiso era constantemente saboteado por las constantes guerras que había en ambos reinos. Tanto en el reino de la paz y la vagancia del rey "papa", así como del orden tiránico y responsable de la reina "mama". La pequeña hija tenía que dividirse en dos para llegar con sus padres.
Eso, aunque no muchos niños lo entendieron, Rita y Agnes sí que lo hicieron, a la primera (Quien no sabía de la situación), le dio bastante pena. Aun así, eso no evito que terminara el cuento mientras otros tantos niños pasaban, la mayoría de los cuentos o eran versiones renovadas del cuento del chico pelirrojo llamado Chandler, o eran cuentos de niños que realmente no tenían nada de especial.
El tiempo paso más rápidamente de lo que Rita esperaba y pronto ya se encontraban en la "K" con Kat y Kenny, cosa que no tardó ni cuatro minutos antes de pasar el siguiente "Liam", un chico de cabello naranja y pecoso, que creía reconocer como amigo de Lincoln. Ya solamente le faltaban dos parrafos para terminar el cuento…
—…y el lobo prometió a Liam que no faltaría a la cacería de mañana, pero el lobo era astuto, y consiguió una nueva excusa para faltar. Así que Liam nunca pudo mostrarle su cacería al lobo…El fin.—dijo el chico una metáfora que Lincoln no termino de comprender, aunque suponía que debía tratarse de algo de falta de atención.
Le faltaba poco más de una línea cuando Agnes Johnson continuó con la lista:
—Lincoln Loud.—y su sonrisa desapareció cuando vio el sudor del chico a la vez que él terminaba con el lápiz y salía corriendo disparado—¿Hiciste tu cuento aquí?—preguntó molesta.
—Ehh, no, no, no…—dijo cambiando el tono con cada "no" y exagerando sus movimientos involuntariamente, moviendo de más la cabeza y las manos, e hizo una nota mental de enseñarle a Lincoln a controlarse al momento de hablar—Solo…Le di retoques...—dijo sonriendo nervioso.
Aparentemente eso no engaño a la maestra porque levantó una ceja y le dedico una mirada de decepción a la vez que anotaba algo en su libreta y le daba orden de iniciar.
—Bien, el cuento se llama…—no le había puesto nombre al cuento, pero decidió ponerle lo primero que se le vino a la mente—Nunca se tiene una familia demasiado grande.
Hubo un montón de ojos que rodaron, debía suponer que su hijo acostumbrara a hablar de su familia constantemente, pero no tenía realmente otra opción para el cuento, así que lo leyó sin pena:
Bajo la madriguera de campo verde en verano, ocultándose a la vista en el recóndito sitio de la tierra estable y perenne, se encontraban mama conejo y papa conejo. Ambos tenían conejitas sin parar, nacía una tras otra con gracias y talentos natos en las que era difícil igualarlas. Algunas eran pulcras, otras eran capaces de correr de los depredadores a toda velocidad, incluso tuvieron algunas que diseñaron nuevas habitaciones en la madriguera donde guardar comida para el invierno.
Pero solo tenían un pequeño y débil conejito macho que no tenía nada de especial, ni sus dientes eran los más largos, ni podía correr contra los depredadores, y la vez que trato de cavar su propio túnel terminó con la obstrucción de una nueva zona. Todos se enojaron con el pequeño conejo, y este salió corriendo del túnel hasta uno que se encontrara vacío.
El pequeño pensaba "Que injusto es vivir aquí, nadie me aprecia" solo para después recordar "¿Qué hice para que me apreciaran de todas formas?" y se puso a llorar.
En eso, la madre conejo se acercó, con sus orejas alcanzó a escuchar todo mientras lo seguía, y lo abrazo mientras el pequeño continuaba llorando y llorando, sin parar.
"Mama dame tu opinión, ¿Soy bueno para huir?"
"No" respondió la madre.
"¿Soy bueno para mantener el hoyo limpio?"
"No" repitió cruelmente la madre.
"¿Tengo algún talento?"
"No realmente" dijo la cruel madre al pequeño cunículus "Pero ¿Para qué lo necesitas?" le preguntó.
"¡Para destacar! ¡Quiero ser importante!" dijo el conejo "Quiero…"se detuvo. "Quiero ser parte de la familia…Todos tienen un talento o algo que les hace útiles."
"¿Y crees que necesitas un talento para eso?" preguntó la madre "¿O que necesitas ser especial para ser parte de la camada?"
El pequeño conejito no sabía que contestar, así que intentó evadir a la madre dando media vuelta, pero esta se puso delante de él con un par de saltos para ponerse enfrente suya, era tan ágil como un leopardo en sus madrigueras, y él sabía que no iba a ir a ningún lado mientras ella estuviera dentro. No le quedó más opción que escuchar.
"Hijo, tú no puedes hacer nada bien, porque aún no has hecho lo que debes hacer a esta manada." Contestó la madre "Tu ya eres parte de la familia, no solo porque naciste de mí, sino porque tú quieres ser parte de la familia, lo que tengas que aportar a la manada, lo harás en su momento."
La mama conejo se fue dejando a su hijo solo, y este volvió al túnel con el resto de sus hermanas con una sonrisa de media luna, estaba decidido no a ser el mejor sobre ellas, sino a ser un miembro de la familia.
El fin.
Y así terminó el cuento de Lincoln. Todos en la clase se quedaron callados sin verdaderamente saber si aplaudir porque se sentían confundidos. La maestra Johnson por otro lado le encanto el cuento y le agradó ver cómo, según ella, Lincoln reflejaba un complejo de inferioridad ante el resto de sus hermanas. Pero no solo mostraba eso, sino que al final daba una lección sobre la importancia de superar los sentimientos negativos y maduración, una infantil y melosa lección, pero eso era más de lo que habían logrado la mayoría de sus alumnos.
—Muy buen cuento Lincoln, el tuyo y el de Clyde son mis favoritos.—dijo ella permitiendo que este se fuera a sentar—Sigue…—pero eso ya no le importó a Lincoln, este solo suspiro aliviado por habérsele ocurrido tal cursilería rápidamente.
—Muy buen cuento Lincoln.—trató de felicitarlo Clyde, pero no se veía tan animado como antes, incluso tenía el lápiz muy mordido.
—El tuyo también estuvo bueno Clyde.—halagó Lincoln.
Los cuentos siguieron sonando mientras Rita se permitía un descanso mental.
—No te olvidaste también de la tarea de matemáticas, ¿Verdad?—le preguntó Clyde.
—Raaaaaayoooooos.—susurró Lincoln molesto.
Por su parte, en la secundaria se encontraba la chica Lynn Loud molesta y de brazos cruzados, no encontraba una manera de quedarse quieta e ignoraba las clases de los maestros, solo podía pensar en una cosa, y esa era en todo lo referido con sus deportes. De alguna manera odiaba que una vez terminara con la aburrida escuela tuviera que seguir directo a su casa, y no practicar su preciado Karate que tenía los martes y jueves saliendo de la escuela. "El sensei salió de vacaciones" pensó ella rencorosa. Tampoco iba a poder pasarse por sus entrenamientos de soccer "La siguiente temporada se canceló por los huracanes al sur", ¡¿Acaso era su culpa que los huracanes afectaran a los estados del sur?! Y finalmente, solo le quedaba su hora diaria de gimnasio, pero aquello no era ni competitivo, solo era por hacer deportes… Eso no era suficiente para ella, necesitaba ganar, necesitaba demostrar que ella podía contra el mundo.
Y eso la irritaba, no paraba de mirar su calendario para ver si de alguna manera volvía al tiempo más veloz y el mes pasaba rápidamente. Pero era inútil, casi como si fuera una broma, los segunderos del reloj constantemente se quedaban quietos y hacían que ella deseara que se movieran, solo para volver a su lento andar. Nunca antes se había estrazado tanto con las clases…
—Hola Lynn, te ves mal.—la saludó uno de sus compañeros cuando iba a iniciar la clase de gimnasia, Richie, un niño bastante gordo, de lentes gruesos y que era normalmente conocido como el más nerd del lugar, al grado de incluso siempre cargar con él un dado de muchas caras, si bien, no era amigo de Lynn, eran compañeros en varias clases.
—¿Qué quieres?—dijo está molesta.
—Solo te ves mal, quería saber si todo está bien contigo.—dijo él tímidamente mientras el entrenador decía que iban a jugar quemados.
—Estoy bien.—mintió ella para alejarse lo más rápidamente posible, no quería tener que hablar con él y verdaderamente le interesaba unirse al juego.
—No suena que…
—¡Estoy bien!—repitió Lynn sin dignarse a verlo y alejándose a mayor velocidad.
—Pero...—intentó detenerla tomándola del brazo.
Ella se soltó con dignidad y se puso delante del entrenador para que le asignaran un equipo, este la dejo a ella escoger su propio equipo contra el resto de la clase. Ella solo ocupo a sus amigas, Polly y Jane, y al defensa del equipo de futbol Jake, de cabello negro y con ojos cada uno de distinto color, uno café y otro negro. El resto de la clase se preparó porque sabían que aquello iba a doler…Y mucho.
La cancha se convirtió en un campo de batalla y los soldados caían más rápidamente que si la peste negra se hubiese extendido sobre ellos. Uno tras otro, eran golpeados con mayor velocidad. Jane, una chica rubia fanática del voleibol fue la primera eliminada del grupo de Lynn cuando ya habían eliminado a medio salón, como venganza, Lynn logró dar con una sola pelota a dos chicos que no pudieron evadir su terrible golpe.
El segundo en partir del equipo de Lynn fue su amiga Polly, una muchacha que le encantaba el derby y que solía acompañar mucho a la chica Loud. Eso no evito que un miembro de equipo de basquetbol tomara el balón y la eliminara rápidamente. Siendo este mismo eliminado por Jake como venganza instantánea.
Solo quedaban Lynn y Jake contra unos diez chicos, ese número fue reducido en cuestión de medio minuto a cuatro contra dos, hasta que finalmente quedaban tres contra dos al cumplirse el minuto. Jake lanzó nuevamente la pelota, pero esta fue atrapada antes de que pudiera golpear a nadie gracias al agarre de Richie.
—Jake, estás fuera.—dijo el entrenador, causando que este saliera del equipo y dejara a Lynn contra tres, cuatro, sumando que Richie trajo de vuelta a su equipo un bravucón llamado Billy que era parte del equipo "Los Hockers de Hazeltucky".
—Jaja, déjenmela a mí.
Lynn analizo a su oponente, buscó sus puntos débiles y supo atacar a este mismo. Su tamaño. Era demasiado grande, lo que le permitiría a ella derribarlo con facilidad. El resto de sus oponentes estaban en ángulos estrechos unos de otros, por lo cual solo tuvo que esquivar dos balones, uno de ellos que paso muy cerca de su cuerpo. Tomar uno de estos y rápidamente darle en la cabeza a Billy, que este rebotara a la chica de al lado, y por último al que estaba detrás de Billy. El balón estuvo a punto de rematar a Richie y hacer que Lynn se marcara un una cuadrakill, pero se quedó con la triple eliminación y una contienda uno contra uno.
Richi tomó el balón y lo lanzó, Lynn sin el menor esfuerzo se hizo un poco de lado y dejo que la pelota siguiera su curso. Después lanzó ella una pelota que, si Richie no se hubiera agachado cobardemente, no hubiera conseguido evitar. Él se cubrió la cara y ese fue el error que lo condeno.
—¡Soy la mejor!—gritó Lynn enloquecida por el deporte y lanzando la pelota en un tiro perfecto, un tiro ganador que terminara de una vez por todas, y que hizo que a Richie le doliera su estómago con furor, toda la clase suspiró decepcionada—Lo lamento Richie, debo admitir que esquivaste bien, pero nunca podrás vencerme a mi.—dijo Lynn presumiendo su victoria y comenzando a bailar junto a su equipo un clásico "Soy el mejor" en frente de sus compañeros molidos a golpes.
Richie se levantó sin ayuda de nadie y miró con rabia a su compañera, ella iba a pagar.
Continuara…
Frase: Siempre hay una manera más fácil de hacer las cosas.
