Una semana con los Loud
Capítulo 9 Dentista por un día
Se encontraba Lincoln en el cuerpo de su madre sudando mientras bajaba del taxi, su parada era la última de los tres Loud presentes, la primera parada había sido en la guardería para Lily, la segunda fue para el trabajo de su padre, de quien pudo evitar recibir un beso con la excusa de que aún le dolía la boca y finalmente el taxi paraba y le pedía una cifra de diez dólares por el recorrido que aunque le pareció eterno había sido bastante corto.
El nerviosismo se presentaba mientras suspiraba y se repetía una y otra vez "Solo tienes que hacer lo que te digan". Aunque muy en el fondo sabía que aquello no iba a ser cierto. El doctor Feinstein no solía ser alguien duro, de hecho, era bajo de estatura y con un bigote blanco abundante, además de una calva que solo era salvable por el poco cabello que le crecía a los lados. A Lincoln no le agradaba, pero si iba a hacer aquello por su madre debía buscar ser lo más amable posible.
El local, aunque al principio le pareció ligeramente diferente a sus anteriores visitas, rápidamente las proporciones del mismo se volvieron incluso asfixiantes, era como si esperara que de un momento a otro vieran a un niño de once años con cabello blanco usando maquillaje y con las ropas del trabajo de su madre.
—Ahí estas Rita.—dijo el no tan amigable para los niños, doctor Feinstein y Lincoln forzó una sonrisa—Perfecto, ¿Sabes qué día es hoy?—le preguntó su jefe.
—¿Martes?—contestó rápidamente Lincoln tratando de ser bromista.
—Ohhh, ya comienzas a juguetear.—dijo el doctor Feinstein dándole una palmada en la parte baja de la espalda de buen humor que terminó rozándole el muslo peligrosamente—Muy bien linda, espero que todo lo que me dijiste la semana pasada sea cierto.—dijo el doctor feliz—Ya veremos si obtienes lo que quieres.—dijo con seguridad de que Rita era capaz de cometer sus labores—Bien, me retiro.—dijo este poniéndose su chamarra—Volveré en unas horas, si ocupas ayuda con la pequeña Stempleton puedes pedirle ayuda a Nancy, y cuidado con calibrar correctamente los taladros, esas antigüedades suelen desviarse unas cuantas milésimas entre uso y uso, y por supuesto…—se detuvo dándose una palmada como si hubiera olvidado algo evidente—No esterilice las sondas cariño, ¿Me haces el favor de limpiarlas antes de que llegue el señor Tambers?—preguntó con tono burlón y al ver que no le respondieron dijo—Gracias, bueno, suerte…
El doctor salió de la tienda, Rita tenía la boca abierta y levantaba la ceja mientras se llevaba un mano a la frente. Sentía que el doctor Feinstein le había hablado en una jerga incomprensible para todo ajeno al tema, y que en definitiva no le iba a poner fácil el acenso a su madre, mucho menos a un niño de diez años. Sin embargo, aún se debía aferrar a una esperanza, probablemente la última que le quedaba, dijo que le pidiera ayuda a una tal…
—¡Nancy!—gritó al principió nerviosa para después tratar de modular su tono de voz—¿Nancy? Nancy….
Una joven, no mayor de veintiséis años por su rostro, con una estatura ligeramente menor a la de Rita, de cabello castaño lacio y con una revista entre las manos se acercó con lentitud al lugar, indiferente a lo que ocurría y acostumbrada a que le hablaran así.
—¿Sí?—preguntó bruscamente.
Lincoln no estaba seguro de por donde debía iniciar, pero sabía que si iba a sobrevivir en algo era primero tratando de averiguar lo que eran las herramientas cercanas que tenía.
—Ehh… ¿Podrías ayudarme a esterilizar las sondas?—preguntó recordando el último detalle que había dado el doctor.
La joven miró a Rita, luego a su revista, intercaló las miradas entre ambas, como si se debatiera qué era más importante, si su revista o mantener limpios los instrumentos médicos, al final lanzó un suspiro y se acercó a un cajón donde se encontró con varias herramientas que parecían palos de acero con terminaciones en hoz, espejo, ganchos y hasta una que era una pinza realmente grande en comparación con el resto.
La muchacha tomó algunas que para Lincoln estaban inexpugnables y las acercó a un lavabo grande, no sin antes ponerse dos guantes. Para la limpieza de las piezas que tomo no solo uso jabón comercial, sino también una especie de acido con un olor que solo se podía definir como olor de hospital, olor de limpieza de hospital.
Rita no quería parecer frente a su compañera como una haragana así que también tomó el resto de las sondas y las limpió con similar actitud que la chica, entonces notó que esta una vez terminaba de limpiarlas miraba una por una demasiado cerca de su rostro.
—¿Ocurre algo?—preguntó Rita nerviosa, ella no había revisado las que había terminado de limpiar.
—¿Qué?—se extrañó su acompañante por la interrupción—No, solo hago lo de siempre, ya sé, el doctor Feinstein dijo que no era necesario, pero en la universidad siempre me dijeron que debía buscar siempre por pequeños rastros de suciedad.—dijo con simpleza ella.
—Oh, entonces continua haciéndolo.—dijo Rita mostrando una sonrisa, aunque en el fondo se sorprendió y pensó— ¿Entonces Feinstein no sigue los procedimientos médicos indicados? ¡Que asco!—se estremeció internamente pero procuraba no expresar nada para su exterior, aquello no era normal o fácil en él, pero dedujo que se debía a que tal vez su madre no solo sobre reaccionar todo el tiempo.
Ignorando sus pensamientos, continuó limpiando durante diez o quince minutos, escucharon ambas empleadas como las campanas de la puerta de entrada sonaron, Nancy dejó su última sonda en su montón y se quitó los guantes para acercarse a la recepción.
—Nancy un momento…—le detuvo Rita, aunque buscaba una excusa valida para detenerla mientras esta obedecía—Olvide quienes eran nuestra primera cita, ¿Dónde está la agenda…?
—¿Agenda?—dijo la chica negando con la cabeza—¿Ósea el registro?
—Ese mismo.
—En la puerta.—señaló levantando una ceja—Donde siempre ha estado.—dijo mirando con desconfianza a Rita.
—Ohh, por supuesto, diles que entren mientras yo reviso los detalles.—dijo ella sonriendo y despidiéndose con una sonrisa de Nancy mientras ella corría hacia la puerta del consultorio que daba a la sala de espera.
Tomó un portapapeles que estaba colgado en la puerta, leyó rápidamente cinco nombres; entre ellos uno que le sonó familiar "Stempleton", creyó que el doctor Feinstein se lo había mencionado antes, la pequeña Stempleton decía "Cambio de placa" y estimaba que el procedimiento le iba a tomar poco más de una hora. Había otro caso que decía "Blanqueamiento dental", el cual le hizo sudar, ¿Cómo iba a hacer eso? ¿Con mucho dentífrico? Dos casos (uno para ese mismo instante) "Revisión general/Profilaxis" con una caligrafía apresurada. Tenía un último caso antes del descanso, uno de "Extracción de muela". Rita tragó en seco por aquello y lanzó un suspiro, estaba frita.
El primer paciente entró, era un hombre que debía rondar por los cincuenta años y que usaba traje de negocios, por la manera como andaba le hizo pensar que debía de ser alguien importante, o al menos que él se creyera que era importante.
—Buenos días doctor…¿Doctora?—se extrañó el hombre—¿Rita no eres la asistente del doctor Feinstein?
—Hoy no.—dijo Rita fingiendo conocer al hombre—Tome asiento señor Tam…
—Oh Rita, siempre tan educada.—lanzó una risotada—Siempre lo he dicho, pero nunca me cansare de decirlo, llámame Charles.—dijo mientras tomaba asiento y Rita aprovechó el momento para buscar en el portapapeles algo que le ayudase a entender lo que significase Profilaxis.
—Muy bien Charles, recuéstese y déjeme hacer la magia.
Insegura de qué hacer, y pensando que de haber estado Lisa en su situación esta no hubiera tenido problema alguno para adaptarse, pero precisamente él se sentía como un inútil frente al problema. Para su suerte el paciente parecía ser cliente tan habitual que solo se puso una servilleta con elegancia mientras Lincoln tomaba un par de sondas, una con espejo y otra que parecía más bien una espátula, tenía miedo de tomar las que terminaban con punta.
Aparentemente hizo lo correcto pues el hombre abrió la boca como quien no quiere la cosa y dejó que Rita comenzara a usar el espejo dentro de su boca. A pesar de tener los guantes puestos desde que había limpiado los aparatos, no pudo evitar sentir la saliva del hombre escurriendo y el contacto mínimo con los dientes como algo realmente asqueroso. Aunque de su rostro nunca se desvaneció una sonrisa que mantenía.
Imaginó que un procedimiento general debía de ser buscar caries o imperfecciones en los dientes, y si sus nulos conocimientos en odontología no le fallaban, eran puntos negros en los dientes. Le sorprendió la claridad con la que podía ver con el pequeño espejo y le sorprendió encontrar que toda la parte delantera los dientes del señor Charles se encontraban ligeramente agujerados, teniendo en uno de estos un agujero casi de tamaño de una tuerca, aunque todos estos parecían tener un color grisáceo de una sustancia extraña que terminaba de corroerse. Entonces Lincoln creyó darse cuenta lo que podía implicar un procedimiento regular, dudó que tuviera que sacar todos esos dientes, pero la otra cosa era que podía rellenarlos, probablemente la sustancia con la que los rellenaron la última vez se había derretido y el hombre repetía aquella inspección. Ese proceso sí lo recordaba que se lo hicieran tiempo atrás a Leni después de que esta tuviera una carie. Probablemente fuera algo común entre pacientes de dentistas, ¿Cómo iba él a saberlo? Pero sonaba lógico.
—Vaya, parece que tenemos varios agujeros.—dijo ella sonriendo y el paciente asintió moviendo levemente su cabeza.
Rita finalmente extrajo las sondas y las dejo en una mesita que tenía al lado, le ofreció un trago de agua mientras volvía su vista al portapapeles y leía con rapidez buscando el nombre Charles, finalmente lo encontró, ahí decía "Usar pasta profláctica, 2B". Suspiró aliviada, sabía lo que tenía que hacer, se acercó a los cajones y buscó uno que dijera "2B", lo encontró rápidamente como uno de los más accesibles para la mano del doctor Feinston.
—Y dígame Rita, ¿Sabe cuanto le va a aumentar el sueldo nuestro amigo Víctor?—preguntó Charles ligeramente aburrido.
—No realmente, lo hago por la pasión.—dijo Rita sonriendo y tomando la pasta profiláctica con presteza, era una simple caja de crema que al girarla mostraba un material solido pero moldeable de color rosa.
—Ja, claro.—dijo Charles negándose a creer en aquello, Lincoln imaginó que probablemente era alguien con demasiado interés en el dinero como para concebir inimaginable el que otra persona trabajara por pasión.
Lincoln se limitó a tomar la crema y sentirla con el guante, era maleable como su apariencia inicial le había mostrado, y definitivamente podía tomar un trozo y ponerlo entre los dientes del hombre que tenía frente. Trató de quitarse la sustancia que había removido con el dedo y notó que esta se encontraba fuertemente adherida, y entonces pensó, que debía de secarse rápidamente, así se quitó ese guante, se puso otro y con rapidez se fue directo a untar el material.
Tomó una sonda con forma de gancho del montón separado y volvió para realizar el trabajo, esperando que no se equivocara con la herramienta, rezó para sus interiores a la vez que rápidamente con el gancho insertaba la crema profláctica. El paciente tenía los ojos cerrados aunque mostró dolencias cuando Rita le aplicaba aquel tratamiento. Lincoln intentó revertir los efectos negativos siendo más lento con sus movimientos, logrando a duras penas un trabajo que si bien no era liso, parecía lo suficientemente volverse solido y como si en verdad su trabajo estuviera dando frutos.
Terminó de rellenar los huecos con la crema, para su sorpresa comenzó a ver que con el gancho había raspado ligeramente varias partes de la mandibula trasera y tomó un instrumento que sí conocía, el cual era la manguera para limpiar el agua y esperar que no lo notara el cliente.
—Abra para el agua.—dijo dando directamente donde parecía salir el líquido rojo, eso pareció surtir efecto, relativamente—Perfecto, escupa.—sugirió al ver que el hombre no tragaba el agua—Charles su procedimiento ha sido completado.—dijo ella sonriendo nerviosamente.
El hombre empresarial se levantó y viro hacia Rita, parecía consternado, indignado y súbitamente humillado, Rita palideció ante lo que pudiera caerle encima, ¿Cómo iba a explicar que ella en realidad era un niño de 11 años?
—¿Terminaste? ¿Terminaste?—preguntó Charles lanzando una risotada irónica—Creo que el doctor Feinstein debería de volver a pensárselo antes de contratar a una…Una…—dijo en tono amenazante y acercándose peligrosamente con un puño preparado—Una terrible mujer que no da una paletita terminado el tratamiento.—dijo el hombre sonriendo antes de reír—¿Cuánto será por la crema?
—¿La crema?—preguntó Rita nerviosa, tratando de sonreír, pero fracasando miserablemente—Este…Nancy se lo dirá.—dijo Rita sonriendo.
—Misteriosa, wuhu, Víctor estará orgulloso de ti.
Dicho esto el señor Charles salió de la consulta y al minuto entró la asistente Nancy para llevarse una reserva de la crema mencionada e informarle a Rita que la chica Stempleton iba a faltar para su cita, así como el señor Mason, quien tenía que sacarse un diente, el cual prefería ser tratado por el doctor Feinstein y no por Rita. Una media hora de descanso tuvo Lincoln, en el cual estudió el procedimiento para el blanqueamiento dental y volver a hacer otra revisión general, sus estudios de Wikipedia y las primeras páginas de Google fueron relativamente efectivos, puesto que la revisión general ya la había realizado solo fue repetir el proceso, mientras que el blanqueamiento se limitó a usar la herramienta que le indicaron y la sustancia que el internet decía era con la que debían eliminar los dientes amarillos.
Su principal problema era intentar fingir que no sentía asco al tacto de los dientes con sus dedos, pero rápidamente pudo sofocar ese sentimiento de asco a favor de que su madre consiguiera ese deseado aumento, y aunque, fue lo suficientemente convincente para los clientes, no pudo evitar sentirse culpable, después de todo, estaba cometiendo un acto poco ético, profanaba la ocupación de odontóloga mientras daba malos tratamientos a personas que confiaban en ella. Pero intentó pensar que aquello no debería ser un problema, no iba a dejar que se volviera un problema, suspiró y se dijo en su mente que tenía que salir adelante.
En ambos casos logró salvarse de que le descubrieran, y a partir de ese momento hasta la llegada del doctor Feinstein no ocurrió nada más, ni un paciente cruzó la sala para que le dieran un tratamiento, ni siquiera alguien cruzó por el umbral a eso de las tres y veinte de la tarde.
El doctor Feinstein volvió y su primera acción fue preguntar a Nancy cómo estuvo el día, a pesar de que Rita se encontraba más cerca.
—Normal señor, la pequeña Stempleton atrasó su cita para mañana y el señor Mason se negó a ser atendido por Rita.—dijo ella las malas noticias—Dejando de lado eso, todo normal.—dijo sin el menor interés y volviendo rápidamente la vista a su revista.
Víctor Feinstein sonrió y se acercó a Rita para estrecharle la mano, aunque Lincoln no se sintió cómodo con ese agarre.
—Rita, lo has hecho bien.—dijo con toda seguridad.
—¿Obtuve el ascenso?—preguntó Lincoln incrédulo de que su treta funcionara.
—¿Qué? ¡No, que va!—dijo con una risotada el doctor Feinstein—Esto apenas inicia… Pero pasaste el primer día de pruebas, aunque aún tienes pendiente el caso de Helena Stempleton, tuviste suerte que esa pequeña diablura no viniera hoy, pero mañana…—dijo como para intimidar a Rita, pero Lincoln no se sentía intimidado—Tomate el resto del día, lo necesitaras.—dijo mientras lanzaba risotadas.
—Pero mi turno de trabajo terminó hace diez minutos.—dijo Rita levantando una ceja, hasta él sabía
—Te estoy ofreciendo el resto del día libre.—dijo rencoroso el doctor Feinstein—Tómalo o déjalo.
—Lo tomo.—dijo Lincoln despreocupado y despidiéndose del doctor (Quien entró a su oficina y cerró de un portazo), para después perseguirse de Nancy.
—Un día más en este inmundo trabajo.—dijo Nancy depresiva—Espero que tu sí asciendas, no como los otros.—le deseo suerte a su manera antes de volver a las revistas.
Rita estaba a punto de salir del local cuando volteó al espectador y dijo:
—Oh, ahí están, bien, parece que al fin aprendí que el trabajo de los adultos no es nada sencil…
—Rita, ¿Qué estás haciendo?—preguntó Nancy levantando la vista.
—Ehh, hablando con…—se detuvo a pensar—¿Cómo me notaste? Nunca nadie lo hace.
—Si fueras una niña probablemente no te diría nada, pero pensé que esa costumbre de hablar solo era de tu hijo…¿Winston?—dijo preguntando el nombre de Lincoln.
Fue como si un balde de agua fría cayera encima de Lincoln, la gente sí notaba cuando él hablaba solo hacia unos supuestos espectadores imaginarios, pero lo dejaban ser por tratarse de un niño. En cambio, ahora era una adulta…Aquello se estaba convirtiendo en algo más real cada vez, y sentía que debía darse prisa.
Continuara…
Frase: Siempre que las cosas parecen fáciles es porque no oímos todas las instrucciones.
Na.-Feliz navidad, hannuka y año nuevo, disfruten las fiestas y oh, hare una pequeña reedición al fic, nada grave, solo añadiré pequeñas partes que me faltaron (Realmente nada que sea indispensable como para releerse todo, pero sí importantes para armar mejor los eventos que ocurrirán), si quieren puedo genera un doc con las partes que cambie para que no lean todo nuevamente y solo vean los cambios. (¿?)
Esperando que comprendan este pequeño inconveniente, y deseándoles felices vísperas, nos vemos dentro de poco.
