Una semana con los Loud
Capítulo 20 Secuestro
Una vez llegaron a la secundaria fue el turno de bajar para Luan y Lynn, la deportista empujó a Luan y la reto a una carrera hasta la entrada del lugar, carrera que Lynn logró ganar sin que Luan siquiera tuviera tiempo de salir del auto. Por el contrario, Luan volteó a ver al asiento de la conductora Lori y le lanzó una sonrisa cómplice. Lori sonrió de vuelta, complacida, y se despidió de ella deseándole un buen día para luego continuar con su camino hasta el bachillerato de Royal Woods, donde se encontraban las tres hermanas mayores. Buscó un estacionamiento entre los cientos de vacantes ocupados que llenaban otros tantos alumnos y profesores con automóvil.
La primera en bajar fue Luna, que tomó su guitarra en hombro y salió corriendo con ganas a sus clases, tarareando una canción bastante menos el estilo de ella y más parecida al tono de princesas del programa que Lola y Leni veían durante las tardes. Quedaron solas Leni en los asientes traseros y Lori en el volante, la tensión era tanta que se podía cortar con un cuchillo el aire.
—Ya llegamos.—dijo Lori sin siquiera apagar el motor del auto.
—Sí, es muy linda escuela.—dijo Leni sonriendo y viendo directamente a Lori, parecía feliz pero era como si se estuviera mordiendo la lengua por no poder hablar.
—¿Ocurre algo?—preguntó Lori preocupada, más por su propia seguridad y siempre con un pie en el acelerador.
—Yo…—comenzó Leni—Te quiero, y mucho, Lori…—dijo Leni avergonzada y con la cabeza gacha—Solo quiero que lo sepas.
—¿Por qué no debería saberlo?—dijo más fría que extrañada.
—Nunca te lo digo, pero ayer…—y volteó hacia un lado, lanzó un suspiro de cansancio.
Sin decir nada más se quedó así al menos veinte segundos antes de salir por la puerta de la camioneta y darle una última mirada a Lori, pero esta vez de tristeza y añoranza. Lori estaba genuinamente confundida, se encontraba bastante segura que aquello debía ser una trampa, tenía que serlo, no había sentido alguno en que Leni le dijera solo esas simples palabras para después lanzarle ese tipo de miradas. O tal vez solo la quería poner paranoica nuevamente, ella era incapaz de prever lo que su hermana fuese capaz de hacer, pero de algo estaba segura, no iba a dejar que aquello la afectase, ella debía permanecer fiel al plan que había diseñado con Luan. Y el primer paso de ese plan fue entrar a la escuela como lo haría normalmente, pero en lugar de dirigirse a su clase fue directamente hasta el despacho del maestro Albert. Ubicado en la planta inferior, justo al lado del armario de escobas.
La oficina per se no era muy grande, de hecho, no era muy destacable en nada, tenía por un lado una nula decoración o interés en la misma, las paredes cafés bien podían ser blancas y el hecho de que no hubiera ventanas volvía la vista limitada a una bombilla en el techo. Había dos estanterías que llegaban casi hasta el techo, donde se apilaban montañas de libros de ciencias variadas y psicología. Había un escritorio de madera simple, con una silla de plástico en la parte delantera para invitados y para su usuario una silla negra giratoria.
Ahí estaba sentado el maestro, ahí se encontraba la fuente de todas sus sospechas, el único vínculo que tenía sobre los comportamientos extraños de Leni, y además, uno de los peores maestros que hubiese tenido en su vida.
—No le di permiso de entrar.—dijo este mientras leía un periódico matutino y acomodaba sus gafas, ni siquiera se tomó la molestia de mirarla—Puede largarse ahora mismo.
—Profesor Stimbelton, soy Lori Loud…—dijo ella con precaución, tenía tanto que decir, pero no una manera correcta de iniciar la conversación sin guiar a sospechas directas.
Si aquel era realmente el sujeto que estaba detrás de Leni, entonces no era tan simple como preguntarle directamente y esperar que le revelara todo de buenas a primeras. En cambio, si él solamente había hablado con su hermana y le decía todo sobre el espionaje podía ocasionar que todo su plan se desmoronara al revelarlo a alguien ajeno a todo eso, así que tenía que ser sutil.
—Y yo soy Albert Stimbelton, ¿Eso qué importa?—dijo el hombre sin prestar atención—Cierre la puerta al salir.
Albert no era sutil.
—No.—dijo firmemente Lori, cerrando la puerta y cruzando sus brazos.
—Detención, un mes.—dijo Albert bajando el periódico y tomando café de una taza que no se veía antes debido al periódico.
—Lo aceptaré, pero necesito hablar con usted.—dijo Lori intentado sentarse en la silla de plástico.
—¿Quién le dijo que podía sentarse?—le lanzó Albert a la vez que se dignaba finalmente a verla, provocando que Lori dejara el asiento en su lugar—¿No entendió una simple orden? ¡Fuera!—dijo mirándola desafiante.
Durante una milésima de segundo Lori se sintió mínimamente espantada, pero sabía que no podía resolver nada si huía, que no podía irse sin al menos saber por qué él y Leni hablaron el día pasado y descartar esa pista o tenerla como eje del enfoque. Así que Lori no se intimido, sino que mandó otra mirada retadora, una mirada que hubiera fácilmente intimidado a diez hermanos menores y un par de adultos, pero no a Albert.
El profesor agudizó la mirada y dejo el periódico al lado mientras refunfuñaba algo inteligible para Lori mientras volvía dar otra sorbida a su café.
—¿Qué quiere?—dijo finalmente después de tomar un suspiro.
—He tenido problemas familiares.—dijo Lori decidiendo con cuidado cada una de sus palabras, pero a la vez fingiendo que estaba segura.
—No soy un psicólogo, al menos no en esta escuela, y definitivamente no hago consultas gratis como el idiota de...—dijo Stimbelton comenzando a molestarse hasta que tuvo que detenerse—Vaya al grano.
—Con Leni, mi hermana menor rubia.—dijo a la vez que fingía aclarar la identidad.
Hubo un momento en el que esa mirada tensa se perdió y Albert comenzó a respirar un poco más fuerte de la manera en cómo lo había estado haciendo hasta el momento. Rápidamente volvió a tomar su papel desafiante, pero Lori era ahora la que ganaba el juego, aunque ambos estaban nerviosos.
—La conozco, la tonta.—dijo Albert fingiendo no tener conocimiento mayor en ella—De nuevo, no soy consejero niñi…
—Sí, ella ha estado actuando raro últimamente, todas las noches sale después de cierta hora.—dijo Lori interrumpiendo al maestro, el cual tenía los brazos tiesos sobre el escritorio después de esa declaración.
—¿Y eso qué me importa a mí?
—Profesor, encontré una nota de Leni, dijo que tenía que verlo a usted después de clases.—mintió descaradamente Lori, logrando no ser detectada por el éxtasis del momento—Me temo que usted haya tenido un arrebato con ella por su…Condición. —logró fingir casi a la perfección esa excusa.
—Pffff…—se relajó el tipo y se escuchó como su respiración se soltaba—Le he dado clases adicionales a muchos alumnos a lo largo de mi carrera señorita Loud, su hermana específicamente tiene terribles problemas de memorización y procesamiento lógico, viene ocasionalmente conmigo y un par de alumnos que también tienen problemas de aprendizaje.—dijo Albert relajándose totalmente.
—¿Da usted clases durante las noches?—preguntó Lori creyendo haber dado en el clavo.
—Por supuesto, me pagan extra, ¿Acaso cree que se vive bien la vida con salario de maestro?—preguntó Albert irónico.
—¿Cuántos estudiantes son y dónde?—preguntó Lori para corroborar.
—Son d… cuatro, incluyendo a su hermana.—dijo el maestro volteando a un lado y corrigiéndose de último momento—¿Y por qué le interesa dónde? ¿Hay algo que deba saber señorita y que usted no esté mencionando? —ese énfasis, si Lori no tuviera sus sospechas tan elevadas, con ese tono le hubiera revelado todo a Albert, eran las palabras que ella necesitaba, pero había abandonado su debilidad gracias al apoyo de su hermana Luan.
—Quería ver si podía anotarme, he bajado mucho mi promedio y además quiero asegurarme que ella este bien y no salga lastimada.—dio una excusa barata Lori, pero lo suficientemente creíble como para que el maestro sonriera.
—Ja, no la aceptaría aunque me pagase el doble señorita Loud.—dijo el maestro—Y es en mi departamento, tengo un salón amplio.—dijo fingiendo estar ofendido por la pregunta—Mejor vuelva a mensajear textos con su noviecito, o amigas, no me haga perder el tiempo.
Lori se mordió la lengua para no contestar a ese comentario, y fingir desconocimiento, al menos tenía una pista más: Albert sabía algo más y no iba a soltarlo.
Aunque sabía que era arriesgado, era hora de dar el siguiente paso.
—¿Eso es todo?—dijo ahora perspicaz el maestro hacia Lori.
—Así es, solo tenía duda si sus salidas eran con usted o con alguien más.—dijo Lori fingiendo estar contenta.
—Excelente, ahora ¡Salga de mi oficina o personalmente haré todo lo que este a mi alcance para expulsarla!—dijo molestísimo.
Sin decir ni una palabra más Lori dio media vuelta y salió por el pasillo, habían pasado diez minutos desde que las clases iniciaran, pero ella no se dirigió a su primera clase, por el contrario, se acercó al estacionamiento, subió a la camioneta familiar Vanzilla, movió la palanca de la P de parking a la R de reversa e ignoró las clases, ella iba directo a la secundaria de sus hermanas menores.
Por otra parte, las cosas en la escuela primaria no dejaban de enredarse con un Lincoln caminando de mal humor a la oficina del director, con los brazos cruzados y con una cara de mala pulgas por donde fuera que se le viera.
Siempre había considerado a Clyde como uno de los mejores amigos de Lincoln, y aunque apreciaba que Clyde fuera alguien con valor como para delatar a su hijo si estaba haciendo algo mal, también no evitaba sentir una furia terrible y unas ansias de venganza aún peores. Después de todo, estaba a punto de volver a humillarse arrolladoramente teniendo que hablar con el director de la escuela por algo tan bobo y poco productivo, probablemente recibiendo un sermón que debería tragarse si no quería evitar que sospecharan en Lincoln, aunque claro, discurso que ella misma hubiera dado de haberse enterado de que Lincoln... Comenzó a sentirse de nuevo como cuando era niña, que ya sabía lo que venía y quería encontrar una manera de evitar el regaño.
Pero no, la profesora Agnes estaba ahí detrás suya para evitar que intentara alguna táctica de escape.
—No puedo creerlo, enserio Lincoln tienes mucho potencial, si tan solo trabajaras más podrías hacer muchas cosas impresionantes.—le dijo la maestra estando cerca de la oficina.
—Maestra, puedo asegurarle que usted no tiene…
—¿La menor idea de lo que esta pasando?—dijo rápidamente ella cruzándose de brazos—No es el primero que lo dice señor Loud. —se detuvo un momento a dar un par de golpes leves a la puerta de madera para indicar que estaban ahí—Ni será el último.
Lincoln lanzó un suspiro y contuvo su deseo de decir "¿Cuántos de esos niños son adultos que intercambiaron de cuerpos con su hijo por una galleta china mágica?" si hubiera hecho esa pregunta le hubiera sorprendido descubrir que la respuesta era: cinco.
La oficina del director Huggins no era muy amigable, tanto menos que él, apenas un anciano bastante mayor con una calva avanzada y canas ,en el poco cabello que le quedaba, nariz de zopilote y una bien marcada ceja (Que encajaba muy bien su aspecto con un traje bastante reducido en tallas para haber sido hecho a su medida). La oficina estaba llena de papeles sin mucha importancia y algunos trofeos a la excelencia académica, o logros deportivos menores, como un diploma en la pared sobre master de ajedrez, o un título de un casino que decía textualmente "as en póker".
—Lincoln Loud.—dijo el director Huggins levantando la vista de un montón de papeles que estaba leyendo, acomodando sus gafas y tomando una pose severa mientras Lincoln se sentaba frente a él y la maestra se recargaba en el respaldo de la silla.
—Director Huggins.—dijo a secas Lincoln sin bajar la cabeza o los brazos cruzados.
—Señorita Jones, ¿Podría informarme porqué trae a este rufián a mi oficina?—preguntó el director—¿Será que usted también ya sabe de su situación delicada?
—¿Mi situación?
—¿Su situación?
Fue una pregunta que hicieron maestra y alumno a la vez.
—Por supuesto, su situación de cerdo.—dijo a Lincoln con una sonrisa de triunfo y una mirada desquiciada—Esta mañana la policía vino a esta misma escuela Lincoln, ¿Sabes? Les dije que yo hablaría contigo sobre todo esto, pero quería esperar a que acabaran las clases para no hacer un escandalo.—dijo decepcionado—No pensé que caería tan bajo un estudiante bueno en tan solo un día como para no solo cometer una falta mayor como acosar a una niña, sino que aparte…
—¡¿LINCOLN QUE?!—preguntaron a la vez la maestra y el niño interrumpiendo al director.
—Oh, no te hagas el inocente, no enfrente mío muchacho, puedo detectar una mentira cuando esta frente a mis narices, y ahora mismo huelo mucho a mentiras… Y pescado… Curioso.—dijo aunque Lincoln no había notado aquel olor.
—Pero Wilbur, Lincoln podrá ser muchas cosas, hoy mismamente lo traje porque no hizo la tarea.—agregó como quien no quiere la cosa, para luego continuar—Pero no es un acosador.—dijo defendiéndolo, causando que Lincoln le lanzara una sonrisa.
—Yo tampoco lo quise creer.—dijo el director enojado—Pero hay pruebas irrefutables de que Lincoln estuvo persiguiendo a una niña de la primaria Everdeen ayer, tal solo unos minutos después de la salida.—dijo el director furiosísimo y tecleando en su computadora—Varios vecinos reportaron a las autoridades.—dijo esperando a que cargara un portal web.
—¿Perseguir una niña?—comenzó a recordar Lincoln—¡¿Renee?!
—Has confesado el nombre, pequeño cerdo.—para luego festejar porque la imagen terminó su descarga y pudo reproducir un vídeo—No puedo creerlo, he tenido a todas tus hermanas en esta escuela pública, conozco prácticamente a toda tu familia Lincoln Loud, y me indigna pensar que un chico como tú, en tu posición haya caído a algo tan ruin como acosar a una chica.—dijo reprimiéndolo mientras el video transcurría.
El vídeo era de apenas quince segundos, en el cual se mostraba como una persona sacaba rápidamente su celular por la ventana y veía por unos segundos como una chica con mascara salía corriendo, con una clara cara de preocupación actuada, y después a un niño de cabellos blancos corriendo detrás suya como para atraparla, el chico tenía una cara de furia incontenible. Lincoln tuvo que admitir que sin el contexto toda la situación parecía bastante mal para él, pero eso solo hizo crecer su indignación, se suponía que esa niña no haría nada contra él sí solo le daba el estúpido comic.
—¡¿Qué?!—gritó ahora molesto Lincoln y golpeando con ambas palmas de sus manos la mesa del director—¡Esa lunática intentó matarme por un tonto comic y ahora…!
—Nuestro interés mutuo en los comics no te salvara de esta jovencito.—le dijo el director con una sonrisa de par en par.
—¿Interés mu…? ¡Oh por Dios!—gritó Lincoln furiosísimo y dejándose caer sobre la silla soltando un suspiro de frustración mientras llevaba ambas manos a sus ojos—Eso no fue en absoluto lo que parece.—dijo decididamente—Esa niña me encadenó, amenazó con un soplete y golpeó cada que…—comenzó a explicarse.
—Detención.—interrumpió el director tecleando nuevamente en su computadora y comenzar a cerrar el vídeo sin siquiera dignarse a verlo.
—¡¿Qué?! ¡Ni siquiera esta escuchando! —se indignó Lincoln.
—Dos semanas Loud.—dijo sin piedad alguna o siquiera notar el rostro de molestia de Lincoln, su bigote canoso se movía con sus palabras y eso irritaba tanto a Lincoln que tuvo un impulso por arrancarlo, impulso que pudo detener justo a tiempo para evitarse más problemas.
—Usted…—parecía que estaba dispuesto a matar con la mirada al director, sus manos se estaban volviendo duras de la furia que tenía acumulada.
—¡Lincoln!
Durante todo el tiempo la maestra había permanecido en silencio con ambas manos en su pecho, sorprendida de que Lincoln fuera siquiera capaz de mostrar ese comportamiento, más tomando en cuenta que venía de una casa con diez hermanas.
—Lincoln, debes agradecer que el director solo te esté dando una advertencia, esto es bastante grave.—le advirtió la maestra no segura si tocarlo o no.
—¡Pero eso es una mentira! ¡Pregúntenle a ella! ¡Me intentó matar, me golpeó y luego fue a mi casa por…!—se detuvo rápidamente pues sabía que decir que una chica corrió a su casa por un comic era estúpidamente ridículo—Por algo…
—¿Qué es ese algo señor Loud?—dijo el director con una sonrisa triunfante—Digo, si se ha tomado la molestia de inventar tal excusa, al menos quiero ver como usted solo cae redondito en ver la ridiculez que está cometiendo.
Lincoln quedó en silencio y su cruzó de brazos. Iba esperando un regaño por simplemente no haber hecho una estúpida tarea, no que acusaran a su hijo injustamente por un acto que evidentemente no había contribuido a participar, y mucho menos por acoso infantil. Se sintió frustrada por no poder hacer nada, así que solo le devolvió una mirada de odio al director.
—Tres semanas, por mentiroso, y agradece que como es tu primera amonestación no te daré una suspensión, pero evidentemente comenzaras a ir con un psicólogo a partir de mañana.—dijo decepcionado y luego feliz—Espero que entiendas que es por tu bien Lincoln.
—Pero director, despidió a la última psico…—iba a intervenir la señorita Jones.
—No, no hay problema, conseguí un acuerdo con el viejo bachillerato Woods.—dijo el director confiado—Mandaran a su mejor psicólogo en problemas juveniles.—dijo buscando en su archivero—Paul… Creo que así se llamaba, pero da igual, a partir de mañana pasarás una hora durante todas las tardes con él a modo de detención después de la escuela.—dijo el director severo—Además de que tendré una extensa charla con tus padres para evitar que estos incidentes se repitan…
Y aunque Lincoln creyó que todo había terminado ahí, no supo que el director apenas estaba iniciando un discurso que duró todo el receso, manteniéndolo encerrado en esa habitación, discurso que incluía una amplia charla sobre las cárceles y lo que les hacen a los que abusaban de las niñas, cosas tan terribles como no darles postre o mantenerlos más tiempo en el reformatorio y hasta cadena perpetua. Rita sabía que todo era falso, por lo que, aunque sentía ganas de dormirse en la cara de ese director, aguantó las ganas por el bien de su hijo y esperó.
Al mismo tiempo en esos mismos pasillos se encontraba la doctora Flug, caminando junto a su amiga Lindsay por los pasillos, con una peste casi aceptada por todos en la escuela, y causando miradas de intriga por saber quién era ella en realidad. Cuando comenzaron los rumores Lindsay se apartó, fingiendo que en todo momento se estaba dirigiendo hacia los baños de chicas más cercanos, mientras caminaba cerca de esa niña, dándole más confidencialidad a Lola.
Ella al menos agradecía que nadie pudiera verla en ese estado debajo de la máscara, al menos de esa manera podía mantenerse tranquila yendo por los pasillos no tan llenos debido a que la mayoría de los niños se encontraban en el patio de juegos.
Pero aun había varios niños en los pasillos que miraban a la doctora Flug con mucho detenimiento, hasta darse cuenta de su mal olor e irse. Lola estaba a punto de llegar al gimnasio cuando a unas puertas de ahí, desde la sala de profesores, salió una niña de cuatro años que seguía de cerca a una mujer adulta con gafas y de pelo rojo corto; mostrándole un pisapapeles y una pluma negra. La doctora Flug se ocultó para que no la vieran, y comenzó a enojarse cuando ambas se quedaron quietas justo por donde ella debía pasar.
—¡Pero profesora este sería un gran descubrimiento para el mundo!—dijo Lisa no muy convencida.
—Señorita Loud.—dijo la maestra con quien hablaba—He jugado ajedrez por veintisiete años, y nunca nadie me había dado tanto repelús con argumentos tan pocos solidos.—dijo ella a la defensiva—Me temo que no te ayudaré a presentar estas burdas excusas.
—Pero… señorita Azincout, no entiende la importancia de estos descubrimientos.—dijo Lisa con una voz de ruego.
—Claro que lo entiendo Lisa, no creas que eres la primera en difamar el nombre de los ajedrecistas profesionales.—dijo ella cruzándose de brazos.
—Señorita, como científica siempre me intereso por tener las respuestas más concretas y exactas a todos los temas.—dijo Lisa comenzando a sudar—Quiero iniciar una investigación en el área, no para degradarlo a juego de mesa competitivo nuevamente, sino consolidarlo como deporte, pero no podré publicar la tesis sin autorización de un mayor.
La maestra se quedó quieta mientras levantaba una ceja para ver a Lisa con perspicazmente.
—¿Por qué yo?
—Es entrenadora del club de ajedrez, es la autoridad más cercana de la materia.—dijo Lisa halagadora—¿Por favor?—usó los ojos de cachorrito.
—Mhh…—la maestra se lo pensó—De acuerdo, espero que sepas lo que haces Lisa.—dijo agachándose hasta sus rodillas, tomando la pluma y firmando con cursiva "Dafne Azct"—Listo, publica lo que necesites.—dijo sonriendo hacia abajo a pesar de seguir agachada.
La maestra se reintegró y volvió a salir seguramente a la cafetería o de vigía a la parte trasera con todos los niños en los juegos, mientras que Lisa abrazó el pisapapeles con la firma y lo abrazó. La doctora Flug notó que Lisa se dirigió hacia el pasillo donde ella estaba, así que comenzó a suspirar fuerte para no causar sospechas y caminó fingiendo lo mejor que pudo no conocer a Lisa, cosa que no le salió del todo bien.
—Un momento, ¿Doctor Flug?—se acercó rápidamente Lisa después de verla pasar de reojo por el pasillo, obligándola a detenerse—No… Tu eres una niña…—dijo suspicaz y acariciando su barbilla—¿Eres la hija del doctor Flug? ¿También sus hijos deben ocultar su identidad?
Lo primero que sorprendió a Lola fue que alguien verdaderamente se llamase "doctor Flug" y lo segundo que le impacto fue que su hermana lo conociera, y más aún por la maldita bolsa en la cabeza.
—Yo eh…—comenzó Lola nerviosa para rápidamente toser y comenzar a fingir una voz de niña nerd moviendo su lengua al paladar—Ese e-e-es…—fingió tartamudear—El nombre de papá…—dijo ella volteando de un lado a otro—Lo la-la-lamento, pero no puedo estar aquí.
—No, no, no, no tienes nada que temer señorita Flug. —dijo Lisa deteniéndole el paso—Yo tuve una charla con tu padre, es el científico más cotizado de todo el mundo…—dijo Lisa emocionada—Justo después de Thalemus, claro está. Pero eso es lo de menos, ¿No deberías estar en México? ¿Qué paso con la organización de tu padre? Dejaron de enviarme sus productos cuando hice el aporte del Quiotermanium. —dijo como si Lola fuera capaz de entender el término—¿Qué no son capaces de ver los beneficios que eso haría a nuestro planeta?
—No t-t-te conozco. —dijo Lola bastante asustada—Adios.
Fingió estar desorientada a la vez que comenzaba a caminar para pasar por el lado de Lisa y dejarla ahí, pero Lisa comenzó a seguirla. Causando molestia en Lola. Pero apenas Lisa notó que no iba a sacar nada de aquella conversación se apartó de su camino y la dejo ir. Hubo un momento en que Lola dejó salir un poco del aire que había acumulado en sus pulmones y entró al gimnasio para ir a los vestidores de niñas, el primer paso de su venganza estaba a punto de cumplirse.
Todo aquello solo mientras Lori saltaba sus clases junto a su hermana bromista y comenzaba a tender trampas en la oficina de su maestro Albert (Forzando la cerradura de la entrada) con sumo cuidado de no ser evidentes dentro de la oficina del hombre con la única luz apagada y unas linternas no muy potentes.
Luan era toda una artista en cuanto al arte del engaño, pero en aquel momento parecía que las musas habían bajado directamente del cielo para hacerla idear con ángulos y todo dos modos de atrapar a Albert una vez tome asiento. La primera era usar papel con pegamento extrafuerte en la mesa y hacer que se pegara ahí cuando pusiese sus manos sobre la mesa, la segunda era incluso mejor provocando que la silla giratoria del maestro al moverse rompiera un hilo dental, que a su vez destensara un martillo colgando en péndulo que podía esconder entre las estanterías y pasar desapercibido.
Lori por su parte revisaba en su mochila, la cual normalmente solo ocultaba libretas, ahora tenía cinta adhesiva transparente, dos cadenas de Charles gastadas, pero útiles; una cuerda de jardín para hacer de nudo y dos calcetines viejos de Lori que servirían como mordaza. Removiendo un poco más entre la mochila de Luan encontró varias armas punzantes, un par de máscaras con las cuales ocultar sus identidades y unas capuchas negras.
—Pero Luan, me reconocerá solo por la voz.—dijo Lori no muy segura de aquello—Y el cabello mío es literalmente inconfundible aun con la masc…
—Usaremos un distorsionador de voz y las capuchas.—dijo señalando su oído y mostrando un manos libres para entonces presionarlo y hablar con voz de hombre bastante forzada pero lo suficientemente creíble—¿Qué hace una dama como tú en esta oficina?—comenzó Luan antes de reír y apagar la máquina—Tiene batería para una hora, tal vez dos, por lo que debemos ser rápidas.
—Esto no será rápido.—afirmó Lori tomando su propio distorsionador y activándolo—Albert no parece un hombre fácil de quebrar…
—Lori, si es cierto lo que dices, que se puso de ese modo en la mañana es porque lo asustaste, él sabe que le tendemos una trampa, probablemente.—dijo Luan moviendo ligeramente el escritorio, causando un ruido estridente—Nunca pensará que lo atacaremos en su lugar seguro.—dijo sonriendo y tomando la bombilla de la habitación para desatornillarla ligeramente—Con eso bastara para que se funda…
—Sabes mucho de esto.—dijo Lori halagándola.
—Años de bromas, sus habitaciones son campos minados practicamente.—dijo Luan sonriendo incomoda—Pero hey, por una vez esto resultará útil para algo más que unas risas.
—Yo solo espero descubrir todo sobre Leni…—dijo finalmente Lori mirando la bombilla nuevamente—Estoy preocupada por ella… Intentó decirme algo esta mañana, ¿Sabes?
—¿Intentó decirte algo?—preguntó Luan con incertidumbre—¿Qué cosa?
—Estaba…¿Asustada?—se preguntó más a si misma—Distante cuanto menos.—admitió finalmente.
—Ahh…—suspiró Luan triste—Leni es una buena hermana, me duele solo pensar lo que estamos haciendo para descubrir algo de ella…
—No fue nuestra primera opción, hay que recordárnoslo.—dijo Lori decidida—Pero al menos nos aseguraremos de que si es Albert el causante de todo, pague lo que le hizo.—dijo un poco insegura—¿Es lo correcto?
—¿Qué cosa?—preguntó Luan.
—Vamos a, literalmente, secuestrar un hombre adulto y a… ¿Y si estoy mal?—preguntó Lori—¿Y si algo sale mal? ¿Y si se libera…?—todas y cada una de las preguntas que hacía le asustaban.
—Lori, obviamente no es lo correcto.—dijo Luan suspirando—Pero es necesario si queremos saber de Leni—¿Dejaste la nota en su casillero?—preguntó Luan.
—Sí.—dijo Lori.
—Perfecto, estarán los dos aquí acabando las clases, es mejor que encontremos un escondite.—dijo Luan abrazando a su hermana—Suceda lo que suceda puedes contar conmigo.
—Y tu conmigo Luan.—dijo Lori dejando salir una lágrima y soltándose del abrazo y abriendo uno de los cajones—Que curioso…
—¿Qué es curioso? —se acercó Luan con cuidado de no activar las trampas.
—Aquí hay un botón…—dijo Lori para presionarlo y ver como un pequeño compartimiento de una de las paredes del escritorio era revelado al abrir su pequeña puerta—¿Es lo que creo que es?
—Lo es…—afirmó Luan tomando el objeto en cuestión.
Ahora no había forma de dudarlo, ese objeto era la prueba definitiva de que Albert no era un simple maestro que había dicho las palabras correctas para formular una desgracia.
Por otro lado, el receso en la escuela primaria estaba a punto de terminar, cosa que molestó a Lisa, quien redactaba a teclado en aquel momento una carta con la firma de la maestra Azincout escaneada, como colaboradora, en un informe de porqué estudiar concretamente el ajedrez como deporte profesional nuevamente. Claro que adjuntó su curriculum, destacando su premio Nobel, el Quiotermanium, una investigación suya sobre las eses humanas y su relación con la inteligencia y algunos que otros compuestos que aún estaban revolucionando el mercado.
El correo estaba lleno de detalles de la locación locomotriz, sobre todo en el brazo y los dedos que son principalmente utilizados en el movimiento de las piezas, evidenciando la falta de movimiento en las piernas y también en cómo el cortex prefrontal era el que manejaba la acción del movimiento, y no tanto el cerebelo como en cualquier otro deporte, alzando la cuestión de si debía reconsiderarse el ajedrez como deporte o no. Dejando en claro que su posición era, al menos, poner en debate la cuestión.
Una vez finalizado el correo electrónico, un informe de diez mil palabras, lanzó un suspiro debido a que aún quedaba poco descanso. Lo mandó directamente con un contacto suyo en Suiza, y le pidió en la redacción que lo leyera con urgencia y lo diera a conocer en el COI, también llamado Comité Olímpico Internacional. El hombre era parte del comité, sabía que ese hombre era como ella un aficionado a la ciencia, y lo conoció durante el transcurso de la premiación Nobel un par de meses atrás.
Lisa sonrió y luego volteó de uno a otro lado de la biblioteca, donde se había encontrado, acomodó sus lentes y se sorprendió al no encontrarse a nadie.
—Que raro…Darcy suele estar siempre ahí.—dijo suspirando decepcionada—Oh, da igual, ya aparecerá.—dijo Lisa restándole importancia—Bueno Lisa, tienes aun un minuto antes de volver a clase y un computador con internet.—dijo decidiendo qué debía hacer—Oh, ya sé.
Se puso a escribir nuevamente un correo electrónico, esta vez más corto, pidiéndole reunión a un viejo camarada por el encuentro con su hija y una vez sonó la campana del final del receso salió de la habitación y se sintió mal por la falta de su amiga Darcy, porque no volvió a aparecer durante todo el día.
Finalmente, las clases habían terminado en el bachillerato general de Royal Woods, provocando que los alumnos comenzaran a reír y fueran de un lado a otro para retirarse lo más pronto posible a su casa. En cambio, los profesores aún tenían que realizar varias actividades antes de siquiera intentar volver a sus casas. Ese era el caso del profesor de ciencias Albert Stimbelton.
El sujeto se dirigía a su oficina para corregir más de trescientos tareas con seguramente faltas de ortografía, gramática o copias. En verdad estaba cansado de tener que explicar a tontos adolescentes cosas tan elementales como el efecto de la potencia hidráulica en sistemas cerrados contaminados, le sorprendió que muchos alumnos siguieran usando la clásica formula de Bernoulli, era obvio que una ecuación lineal no iba a solucionar en lo absoluto aquel maldito problema, sino una ecuación diferencial, e incluso una ecuación no lineal para un maldito circuito cerrado. Los adolescentes eran simplemente idiotas, ese era su lema y parecía que no iba a cambiar.
Una vez llegó a su oficina lo primero que intentó fue encender la bombilla, al hacerlo notó que esta no respondía, pero la luz que distribuía la puerta era suficiente como para ver el interior de la habitación, no había rastros de nadie en ninguna esquina, así que supuso que simplemente se había fundido el foco.
—Oh llamare al puto técnico…—refunfuñó para entrar en su oficina sin cerrar la puerta y tomar con la poca luz el teléfono en su oficina.
Como el teléfono estaba del otro lado del escritorio, dejó las cosas ahí y posó su mano en la madera para recargarse, notó que el escritorio estaba pegajoso y maldijo en lo profundo a sus derrames ocasionales de café antes de tomar el teléfono y comenzar a marcar el número del personal interno con la misma mano que tomó el utensilio, pero al llevárselo a su oído notó el sonido de línea muerta y entonces fue que notó que había dos sombras en la puerta detrás suya. Intentó mover su mano, pero se encontraba pegada fuertemente al escritorio.
—¡Nunca me atraparas con vida niño!—gritó a la vez saltaba con el impulso de su mano por sobre el escritorio, tratando de buscar en su segundo cajón un botón para un compartimento secreto—Debí de saberlo, el escritorio estaba ligeramente movido, ¡No debí ser tan estúpido! —dijo a la vez que metía la mano en el compartimiento secreto y se encontraba con la lisa pared de madera a la vez que sus pupilas se dilataban.
—¿Buscabas esto?—dijo la voz de un hombre bastante distorsionada, y Albert notó que en la mano de una de las figuras se encontraba un pequeño paquete de píldoras tic tac, las cuales no eran para nada píldoras tic tac, sino que eran pastillas de cianuro, el mismo que usaban los espías para suicidarse en momentos de peligros—Curioso, solo los espías deberían tenerlas, creo que tengo mucha suerte al haberlas encontrado en tu oficina, no hay duda de que lo que eres, y no puedes fingir, somos más inteligentes que tú.— dijo esa figura y Albert sintió el verdadero terror recorriendo su espada—¿No lo somos? De lo contrario ya tendríamos a un viejito con espuma en la boca…
Mientras aquella figura hablaba la otra solo tenía los brazos cruzados y se procuraba de vigilar el pasillo hasta que finalmente cerró la puerta.
—¿Creías que no íbamos a descubrir tu pequeña redada Albert?—dijo la primera figura, más pequeña que la segunda—¿Qué podrías utilizar a personas inocentes para cometer tus actos criminales y despistarnos de quien era la mente maestra detrás de todo?
—¿Qué carajo…?—comenzó a no entender el profesor antes de sentarse en su silla, activando el hilo dental y provocando que un martillo saliera disparado por la fuerza de un hilo delgado desde una estantería cercana hasta su cabeza.
El profesor Albert se había desmayado.
—Aún falta ella.—dijo la figura más alta apagando su destoconado de voz—No tenemos mucho tiempo Luan, ayúdame a atarlo.—dijo Lori tomando una cuerda.
Desde el otro lado de la escuela se encontraba en su casillero una chica rubia, que cargaba un arma de fuego en su mochila, volteaba de uno a otro lado desconfiada en que alguien viera su contraseña, aunque al poco tiempo la olvidó. Sintió un revoltijo en su estómago por los nervios.
—Tranquila Leni, tranquila.—se forzó a decirse a ella misma a la vez que dejaba en su casillero algunos libros—Él prometió que podíamos salvarlo… Aún hay tiempo...
Pero no sabía si salvarlo merecía el costo de las acciones que estaba realizando, realmente, aunque lograba fingirlo frente a su familia, ella prefería evitar contacto con ellos solo para que no la vieran demacrada y fatigada, por eso usaba su antifaz todas las noches al momento de dormir, para que su hermana no tuviera que verla como era incapaz de descansar, para no preocuparla por lo más mínimo.
Pero ya habían pasado tres semanas, y el problema solo seguía y seguía creciendo, primero con los italianos, el gobernador de Somalia, los rusos, y ahora los japoneses. Era como una pesadilla que parecía no tener fin, y que solo ella podía detener o de lo contrario Lincoln… Su Lincoln…. Su familia, su realidad entera…
¡No! No quería imaginarse lo que podía pasar si ella no seguía obedeciendo a Albert, ya lo había visto desde antes las consecuencias cuando el sujeto de lentes la señaló como discípula de Albert, junto a… Al abrir su casillero se sorprendió por lo que encontrarse con una nota de él en su casillero, la nota había sido impresa "Reúnete conmigo en mi oficina". No tenía otra opción que ir.
—Espero que sea para decirme que todo estará bien de una vez por todas…—dijo Leni preocupada para luego volver a sonreír, nadie podía descubrirla.
Cerró su casillero y tomó dirección a la oficina del profesor Albert, sin saber a dónde realmente se dirigía.
Continuara…
Frase: Un hecho es una opinión solidificada.
Oh dios mío, ¿Cómo tarde tanto? Enserio me disculpo… No tengo realmente excusas, solo que entre a trabajar estaba agotado porque salgo de ahí a medianoche. No tengo excusas, my bad, my bad. Le mando un saludo a los que más me apoyaron durante estas semanas, Manu y Arokham (enserio, este capítulo no sería posible sin el hype que me dieron al recordarme todo lo que se viene) y también a Julex porque da review en todos los capítulos, y a Nagera y a todos de una puta vez, sí tu también lector desconocido que lee esto en 2019, tu también, gracias.
Anyway, el siguiente epilogo probablemente algunos no lo entiendan (espero que no), y aunque no lo parezca, tiene una pista importante, sobre todo de un personaje que tendrá mucho que decir el siguiente capítulo, ¿O no? (me disculpo por anticipado para los que no gusten de villanos la serie de CN, pero este fic esta lleno de referencias y crossovers, así que quiero creer que no les va molestar).
Epilogo
—¡DOCTOR FLUG!—se escuchó un grito en una ubicación desconocida dentro de un mansión.
La mansión se encontraba justo en medio de una zona corporativa de una ciudad, revelar ubicación exacta era delito federal en cincuenta y siete países, mencionar su nombre sin los permisos necesario ponía a aquella persona en la mira de los más grandes investigadores de todos los tiempos, y tenía una particularidad que la diferenciaba de las extravagantes casuchas de Beverlly Hills o las estructuras góticas de Europa; y es que la mansión tenía la curiosa forma de un sombrero de copa, o chistera, negro.
En su interior, uno de los entes más terribles del universo se encontraba con una mirada glacial, pero con un andar en llamas (literalmente) mientras buscaba al mencionado. No tardó aquel hombre alto, delgaducho, usando una levita negra y de piel tremendamente oscura, pero lo más curioso del sujeto era su sombrero negro que parecía su textura estar encendida en llamas, a pesar de que no había fuego en este, en bajar por un elevador hacia el sótano, donde se ocultaba un laboratorio altamente privado y lleno de las innovaciones científicas más avanzadas.
—¿J-j-j-jefecito?—tartamudeó repentinamente un sujeto con bata, gafas de seguridad y, coincidencialmente, una bolsa de plástico café cubriéndole la cabeza, se encontraba en un pequeño despacho bastante mal cuidado.
—¡EXPLICATE!—habló con una voz infernal el jefe del lugar señalándolo con el dedo índice de manera intimidante y mientras en sus ojos se ponían de un rojo vivo y sus dientes pasaban de ser normales a tener el filo equiparable a la mandíbula de un tiburón. Además de que su voz parecía siempre arrastrar un siseo parecido al de las serpientes.
—P-p-pero…—intentó hablar, pero comenzó a sentir que era ahorcado, aunque nada rodeaba su cuello—¡Yo no sé de lo que habla...!—comenzó cada vez apagando más el tono hasta quedar casi inconsciente por la falta de oxígeno-Señor… Amo… Black Hat…
Justo cuando faltaba un momento para el desmayo fue cuando dejó de sentir aquella presión invisible en su cuello, y pudo tomar una bocanada de oxígeno, solo para sentir nuevamente una presión, esta vez viniendo de su pecho y empujándolo contra una pared.
—¡Tienes veinte segundos para explicarme cuándo, cómo y por qué tuviste una hija sin mi consentimiento!—gritó el referido.
—¡¿Una hija?! ¡Virgencita santísima!—casi lanzó el grito a la vez que podía recuperar sus funciones corporales—Jefecito, usted me conoce desde hace mucho tiempo, usted más que nadie sabe todo sobre mí, yo no tengo una hija.—dijo intimidado y cubriendo su cabeza con sus brazos.
—¡Flug no me mientas!—gritó Black Hat tomando una hoja impresa—¡Esto se encontraba en tu correo electrónico!—dijo él a la vez que su voz se volvía demoniaca—¡Una tal doctora Loud encontró a tu hija en una escuela Americana! ¡Última oportunidad, dímelo!—dijo levantando un puño—Si lo dices tu muerte será rápida e indolora, claro después de que me asegure de que recibas el castigo debido.—dijo el hombre de negro.
—Se lo juro jefecito, mi único amor que he tenido ha sido la ciencia…—dijo en tono patético—Bueno, y también esa chica Nichole en la universidad, pero ella tenía novio y…—fue detenido porque sintió que nuevamente se ahogaba—Lo juro…—dijo en un último intento desesperado por salvar su vida, pero quedó inconsciente de todas maneras.
El hombre de negro dejó sus poderes y aprovechó la oportunidad para sondear en la memoria del doctor Flug, buscando borrar todos sus recuerdos debido a que sonaba bastante anonadado de manera legítima, y descubrió que realmente Flug no había tenido relaciones con ninguna mujer, excepto con una almohada cuando tuvo alrededor de trece años.
—Desagradable, pero inocente.—dijo el sujeto con asco por haber perdido el tiempo en algo tan insignificante, pero seguía siendo el mejor científico de todo el mundo, no podía desperdiciarlo hasta que uno nuevo y más talentoso se presentase, hasta entonces debía soportar a esa escoria.
Una tanda de aplausos sarcásticos comenzaron a salir desde la puerta de la habitación, ahí, recargado, se encontraba la figura en las sombras de lo que parecía ser un niño, pero que su presencia no era la de un infante en lo absoluto.
—Reconozco a un ente maligno cuando lo veo.—dijo complacido el hombre de sombrero negro—Veo que ha burlado la seguridad de nuestras instalaciones, patética, ¿No es así?—dijo juntando todas las yemas de sus dedos con su copla.
—Esperaba más viniendo de la famosísima Black Hat Organization, señor Black Hat.—dijo el pequeño con una voz áspera y lanzando un suspiro de cansancio hasta el final—¿Ha dicho la doctora Loud por casualidad?
Inquirió comenzando a cruzar por la habitación, siempre ahuyentando a la luz, permaneciendo en las sombras incluso estando debajo de las bombillas, la luz simplemente se trataba de alejar del pequeño. Este más bien curioseaba.
—No hay falta de ocultar tu identidad.—dijo Black Hat ampliando su sonrisa—Te conozco, tu historial te precede con muy terribles antecedentes.—dijo dando media vuelta—Es un honor que un villano como tú nos honre con pisar nuestras instalaciones.—dijo señalándose a sí mismo, generando un bastón y recargándose en la espalda del doctor Flug, causando que este se retorciera de dolor aun desmayado—¿Qué podemos ofrecerle en nuestro extenso y despiadado catalogo?—comenzó a decir a la vez que sus dientes de tiburón volvían.
—Jaja, necesito algo para detener a un nerd poderoso mañana mismo, ha sido una piedra en mis zapatos, y Linda no está muy contenta con los resultados.—dijo el niño para después acercar a la espalda de Black Hat—¿Le gustan los torneos de ajedrez señor?
Hizo la pregunta, causando que tanto el pequeño como el sujeto Black Hat lanzaran una sonrisa igual de siniestra y peligrosa.
…
