Una semana con los Loud

Capítulo 24 Las sombras de Lana

La enfermera se vio sorprendida cuando la puerta no fue abierta, y del otro lado había una barricada montada, las tres niñas que habían llevado ahí a las Loud se encontraban en ese momento gritando en el interior, a la vez que se escuchaban objetos siendo rotos.

—Esto es inaceptable.—dijo la enfermera intentando forzar la cerradura—¡Cuando hable al director ustedes muchachitas estarán en problemas!

En el interior, Lucy acababa de despertar de su pesadilla, sintiéndose bastante mareada y asqueada por el repentino olor a pescado que inundó la habitación con premura y la hizo sentir enferma. No solo era un olor a pescado putrefacto cualquiera, no, aquello era penetrante, profundo, asqueroso como nada que haya probado, un olor a… Malvado. Una dicotomía tomando en cuenta que este olor provenía del cuerpo de su hermana Lana.

El cabello negro y moviéndose como si este fuera formado a partir de fuego oscuro. Sus pupilas hundiéndose en una oscuridad gobernante, sus dientes apretados como si estuviera luchando contra algo, al igual que sus manos apretadas. La sola imagen de su hermana infundía desasosiego en el corazón de las cuatro chicas atrapadas en la enfermería.

—Contesta…—decía Haiku a su teléfono sujetándolo con fuerza y tratando de mantenerse sería, aunque tenía los ojos abiertos de par en par.

—¿Haiku?—preguntó Lucy con su piel erizándose mientras Lana comenzaba a flotar.

Darcy, mientras tanto, lloraba en el vestido de Cookie, la cual estaba lo más alejada posible de toda esa situación determinante.

Finalmente, el teléfono marcó línea muerta, provocando que Haiku lo cerrará y viera como Lana abría los ojos. Su hermana Lucy pudo ver el interior de sus ojos, esa no era su hermana, en absoluto.

—¡Lana!—intentó levantarse Lucy, pero se sintió demasiado débil.

Las sombras de Lucy, Haiku, Cookie y Darcy se agruparon junto a la del resto de objetos y fueron absorbidas por el cuerpo de Lana, provocando que el lugar quedará en un tono pálido antinatural. Debía parecer un escenario feliz, pero solamente había luz, una luz sin sombras, cegadora.

—Me siento mal, Cookie…—dijo Darcy antes de caer al piso agotada.

No tardaron mucho las otras en caer junto a la niña, excepto Lucy, que solamente volvió a recostarse y llevarse una mano a la cabeza. Lana comenzó a cantar una tonada que heló a todos.

yaced dna rehtiW

ynitsed siht dnE

sniahc ylhtrae eseht kaerB

eerf tirips eht tes dnA

eerf tirips ehT

Lo hacía con tal naturalidad y armonía que parecía imposible proveniente de una laringe humana, nadie podía pronunciar esas palabras de esa manera y mucho menos de una manera que parecía hermosamente terrible. Era como si se hundieran en un abismo de desesperación.

La canción se detuvo y Lana volteó de uno a otro lado, analizando la habitación con una mirada fría e indiferente, demasiado parecida a la que Lucy hubiera cargado tan solo el día pasado, pero la diferencia es que Lana estaba flotando y sus cuencas oculares parecían vacías. La mirada de ella terminó parando sobre Lucy, y ella se asustó de ver que Lana le mandaba unos ojos cargados de ira hacia su persona.

—¡LANA!—gritó Lucy desesperada e impotente—¡Lo siento! ¡¿Eso era lo que querías escuchar?!

—Onitarf nanoblam satse iv ,en.—fue lo que dijo con tranquilidad su hermana acercándose flotando y consumiendo todo ápice de sombras que tuviera a su alrededor.

—¡LANA!

—…

Su mirada de indiferencia era glacial, su piel se volvía realmente pálida, casi hasta tener un tono gris enfermizo y antinatural. En la mano izquierda de Lana le creció una guadaña a partir de algunas sombras. Sus labios morados pronunciaron palabras que eran imposibles que Lucy las expresara o imitara.

—Por favor… Te quiero…—dijo Lucy llorando del miedo y viendo a Lana a pocos centímetros de distancia.

A esa distancia pudo verlo con claridad, Lana también lloraba, pero eran lágrimas leves, apenas cargadas de emoción y resbalaban con facilidad de su rostro.

—Lucy… Ella ya no es tu hermana…—dijo Haiku extremadamente débil en el piso con sus últimos alientos—Tenemos que… que… det…

Y cayó al suelo de golpe tan rápido que ni siquiera le dio tiempo para nada más que lanzar un último suspiro de rendición. Lana tomó con ambas manos su guadaña y se dispuso a darle un golpe a su hermana en vertical.

—Lo siento… Te falle Lana…—dijo Lucy también dándose por rendida y volviendo a caer con un extraño peso en su pecho.

Lana estaba sola, rodeada de las cuatro niñas en un profundo sueño y con su guadaña en mano intentó bajarla, pero notó su mano temblando, a la vez que las lágrimas se expandían en ambos ojos hasta gobernarlos. Su siguiente respiración sonó mocosa y comenzó a temblar de todo el cuerpo.

—Ycul…—susurró antes de que uno de sus ojos se abriera y su piel volviera a retomar algo de su color original.

El cabello rubio comenzó a esparcirse por partes, pero el cabello negro peleaba por el terreno. Eran como si dos fuerzas totalmente opuestas lucharan. Lana se llevó una mano a la frente y todas las sombras que había absorbido volvieron a sus dueñas. Provocando que todas volvieran a respirar con naturalidad y jadearan por levantarse. Finalmente, y después de una pelea que duró casi medio minuto, Lana cayó al suelo, con su apariencia de siempre, pero con un solo mechón negro que sobresalía de la gorra.

Al abrir sus ojos estos seguían siendo más oscuros y fríos de lo normal, pero no estaban vacíos. Su cabello ya no se movía involuntariamente, y más importante, ya no tenía casi rastro alguno de lo que había pasado antes.

Lucy fue la primera en abrir los ojos, y ver a su hermana. Lo primero que hizo, sin importarle que se sentía relativamente débil, fue bajar de la camilla donde había estado recostada y darle un fuerte abrazo a su hermana.

—¡Lucy!—gritó Lana asustada y recibiendo el abrazo con gusto—¿Yo?

—No hables.—dijo Lucy susurrándole al oído para tranquilizarla y comenzando a acariciar su cabello, el cual se sentía frío cuando rozaba el mechón negro—Estoy feliz de volver a verte…

—¡Y yo a ti!—lloró Lana en su hombro.

Ambas se quedaron en ese abrazo hasta que el resto de las chicas se levantaron con dificultad. Haiku volteó de uno a otro lado hasta encontrarse con la escena e intentó acercarse, pero al ver el mechón negro en el cabello de Lana retrocedió tan rápido como pudo.

—Interesante…—dijo ya alejada Haiku—¿Cómo te sientes?—preguntó a Lana mirándola a la distancia.

—¿Qué paso aquí?

Les tomó casi diez minutos a las chicas poner al corriente a las hermanas Loud, así como a Lucy contar su sueño.

—¿Tus bisabuelos se apellidaban Marsh como el Profundo que invocaron ayer?—preguntó Haiku incrédula.

—Bueno, el apellido de soltera de mamá era Marsh.—dijo Lana llevándose una mano a la boca mientras con su otra jugueteaba con su mechón negro—Genial, algo que Lola no querrá imitar.

—Y el hombre que trajo la maldición de los profundos a América fue el capitán Obed Marsh hace casi doscientos años.—siguió diciendo Lucy—Es un apellido demasiado común…

—No puede ser solo una coincidencia.—dijo definitivamente Haiku llevándose una mano a la cabeza—Y dices que soñaste con eso…

—Sí, esa voz en mi cabeza me dijo que no tenía nada que temer.—dijo Lucy segura—No podemos ser descendientes de Obed Marsh, ¿No?

Todas en el club se quedaron calladas.

—¿Por qué no hablamos con tu prima y vemos si ella nos puede resolver las dudas?—preguntó Cookie—Dijiste que ella sabía más que tú…

—Ahhh…—suspiró Haiku—Espero que conteste.

—Estoy segura que lo hará, esto es una emergencia.—dijo Darcy preocupada.

—Sí, pero no creo que entiendas a mi prima…—dijo Haiku volviendo a marcar, mirando repentinamente a Lana y su mechón negro.

Nadie contesto.

—Demonios Henrietta…—maldijo para volver a marcar.

Todas voltearon de vuelta a Lana, la cual parecía avergonzada y se comenzó a incomodar por las miradas de todas. Lucy apenas notó eso la tomó de la mano y le dedicó una sonrisa.

—¿Qué sentiste al volverte mala?—preguntó Darcy tímidamente—Yo…Yo estaba asustada…

Cookie la abrazó para intentar tranquilizarla, después lanzo una mirada de preocupación a Lana y Lucy. La hermana mayor intentó frenar cualquier respuesta, pero Lana rápidamente habló:

—No lo sé, fue como si de repente estuviera demasiado enojada como para darme cuenta de lo que hacía…—dijo Lana respirando para tranquilizarse—Todo era… Confuso… ¿Enserio mi cabello completo era oscuro?

—Eso me temo.—dijo Lucy apenada—Suspiro, y se movía raro…

—Increíble…—dijo Lana emocionada y viendo sus manos—¿Y están seguras que tenía una gua… hua…?—se detuvo unos segundos—¿Cómo la llamaste Luz?

—Guadaña.—dijo Lucy con tranquilidad.

—Gualaiya.—repitió Lana tomando algo imaginario entre sus armas y moviendo sus brazos a la vez que hacía ruidos con su boca.

Cookie volteó a ver a Lucy directamente.

—¿Es ella así normalmente?—preguntó preocupada.

—Sí…Más o menos.—contestó Lucy reconociendo también que el comportamiento de Lana era demasiado risueño para lo que acababan de pasar.

—El numero que usted marco…

—¡Te maldigo Henrietta!—gritó Haiku molestísima colgando y volviendo a marcar.

El silencio era casi total, solo Lana movía sus pies jugueteando para esperar a que terminar la espera.

—Lucy, ¿Puedes prometerme algo y cumplirlo esta vez?—preguntó Lana aun jugueteando, aunque helando la sangre de todas las presentes.

—Por supuesto, solo… ¿Podrías explicar qué significa cumplirlo esta vez?—preguntó Lucy sin entender.

—No quiero enojarme.—dijo con simpleza Lana sonriendo—Solo necesito que me prometas que si me vuelvo a volver esa cosa oscura y no vuelvo a ser… Yo…—se detuvo un segundo apretando sus puños—Quiero que alimentes a mis mascotas… ¡Y no dejes que Lola pinte el lado de mi habitación de rosa!—dijo antes de lanzar una risotada fría.

—¿Qué?—se extrañó Lucy, no entendiendo esas peticiones.

—No te confundas, la quiero y todo eso, pero mi lado de la habitación tiene colores más azules, porque el azul es mejor.—dijo Lana totalmente convencida y volviendo a apretar los puños.

—Suspiro… Hare todo lo que este a mi alcancé para evitar que eso pase, Lana.—dijo Lucy tomándola del hombro, y sintiéndose extraña.

—Gracias.—dijo Lana sonriendo y volteando a ver de vuelta a Haiku.

—Hola, conformista miembro de mi estúpida familia número veintisiete.—dijo una voz detrás del teléfono—¡Deja de marcar!

—Soy yo, Haiku.—respondió molesta la susodicha.

—¿Quién?—respondió la voz detrás del teléfono.

—Tu prima…

—¿Cuál de todas? ¡No me hagas perder el tiempo!—dijo desde el otro lado molesta Henrietta—Henrietta se más amable con tus amigos…—se escuchó una segunda voz de mujer adulta—¡No me dices qué hacer mamá! Ya tengo veintiún años, por todos los demonios.

Haiku lanzó un suspiro.

—Necesito saber de los Profundos y sus invocaciones.

—¿Qué?—preguntó la referida Henrietta—Oh, es sol otra de tus amiguitas… Diviértete.—y se escucharon pasos alejándose—¿Profundos?

—Sí, los hombres mitad pez…—intentó decir Haiku.

—¡No insultes tan profunda oscuridad!—gritó Henrietta indignada—¿Cómo sabe algún conformista sobre Profundos? Mejor aún, ¿Cómo sabes sobre invocaciones de Profundos eso es magia oscura demasiado avanzada para alguien de tu edad?

—Tengo once, no cin…

—¿Tienes once? ¡Sonabas de trece!—gritó Henrietta indignada—¿Cómo coño sabes que se pueden invocar Profundos? ¿Hay un secta cerca de donde vives?—comenzó a decir preocupada—¿Hacen rituales para traer de vuelta los mil años de oscuridad de Cthulhu? ¿Dónde están? Tengo unos amigos que pueden frenarlos antes que…

—Cu… ¿Qué?—preguntó Darcy sin entender.

—No… Es algo complicado de explicar.—dijo Haiku sorprendida por la genuina preocupación—Sé que sabes de esto, así que necesito respuestas.

—…—hubo un gruñido de molestia detrás de la línea—Solo porque he visto los efectos del Necronomicón en un buen amigo.—dijo la mujer detrás del teléfono.

—Tengo una amiga, la cual encontró el viejo diario de su abuela, en este hay un hechizo para invocar Profundos.—dijo Haiku yendo al grano.

—¿Un diario antiguo? ¿De los años cuarenta?—inquirió Henrietta.

—¿Cómo lo sabes?—dijo rápidamente Lucy, todas escuchaban la conversación en altavoz.

—Los Profundos murieron bombardeados después de acabada la segunda guerra mundial.—dijo Henrietta a manera de respuesta—Muchos cultistas alrededor del globo quisieron traerlos de vuelta, pero ninguno lo logró, no se sabe nada acerca de cómo volverlos a traer a la vida.

—¿Nada?—preguntó Haiku decepcionada—Henrietta… Ella pudo contactar con un Profundo…

—¡¿QUÉ?!—gritó desde el otro lado de la línea—¡¿Por qué no iniciaste desde ahí?! ¡Tienen que huir! ¡No! ¡Tienen que detenerlo! ¿Dónde vives, niña? No es seguro, no confíes en nadie.—dijo Henrietta rápidamente—¡Mamá! ¿Quién es mi prima Haiku?—gritó alejándose del teléfono— La hija de tu tía Beatrice, cariño, ¿Royal Woods?

—Espera, ¿Qué?—preguntó Haiku insegura.

—Estaré ahí cuanto antes, niñas.—dijo de vuelta al teléfono.

—¿Cómo?

—Hagan lo que hagan, no hablen con el Profundo, son criaturas manipuladoras y traidoras.—dijo ella recogiendo algunas cosas ruidosas.

—¡Hay más!—gritó Haiku.

—¡¿MÁS PROFUNDOS?!—su voz se volvió estridente.

—¡No! En espiritual la hermana de mi amiga… No sé cómo decirlo, pero su cabello cambia a rubio a negro, flota, genera una guadaña…—decía Haiku golpeándose la cabeza y haciendo memoria—Su piel se vuelve pálida…

—Kenny…—dijo Henrietta sin aliento—Llegaré cuanto antes pueda, no sin antes tomar el ejemplar del Necronomicón, hay algo que deben saber de los poderes de sombra…—dijo a la vez que se oía un carro arrancar.

—¡¿Poderes de sombra?!—gritaron las cuatro niñas impactadas ante tal nombre.

—Es como suena lo que me describes, ¿Okey? ¡Hace más de cinco años que me salí de todo ese tema de los cultistas después de…!—se detuvo y se escuchó como limpiaba unas lágrimas—Estaré ahí en cuanto pueda, primero tengo que reunir alguna información, Kenny tal vez sea de ayuda, él fue el que detuvo que todo esto pasará la vez pasada…

—¿Qué pasará qué?—siguió Haiku alterada.

—¿Cuántos saben todo esto?—preguntó Henrietta escuchándose desde su lado como autos derrapaban.

—Yo, Lucy, Darcy, Cookie y Lana, la chica que tiene…

—Esos son cinco… ¿Pueden confiar las unas en las otras?—preguntó ahora no hacia Haiku, sino hacia todas.

Las cuatro niñas voltearon a verse mutuamente, todas asintieron asustadas.

—Sí…—dijo Haiku.

—¿El Profundo está encerrado?

—Sí.—contestó Lucy—Hay un hechizo que sella toda malignidad de nuestro ático.

—Manténganse juntas, no se acerquen a ninguna persona más, y pase lo que pase… No dejen que el Profundo salga de donde está encerrado, o será el fin de todo lo que conocen.

—¿El fin?

—Les deseo suerte, iré a tu casa en cuanto consiga la copia del Necronomicón…

—¿La qué de qué?—preguntó Haiku con los ojos abiertos de par en par, Lucy también estaba impactada.

—Llegaré antes del anochecer… Eso espero.

Y colgó.

Las cinco chicas del club se miraron con preocupación y Haiku finalmente cerró su celular. Estaban solas hasta que ella llegará.

—¿Por qué no podemos confiar en nadie?—preguntó Lana viendo por la ventana triste.

—No lo sé Lana, no lo sé…—tuvo que admitir Lucy—Pero se escuchaba preocupada, suspiro, Haiku, es tu prima, ¿Qué tan grave es la situación?

—¿Del uno al diez?—preguntó la escala.

—Por qué no.—dijo Lucy levantando los hombros.

—Mil millones.—dijo inexpresiva Haiku.

—Rayos.—dijo Lucy llevándose una mano a la frente—Tenemos que ir y controlar ese Profundo…

—¡No!—gritó Lana—Si me acerco mucho a Stan estoy segura que volveré a enojarme, y verdaderamente no quiero enojarme.—dijo Lana cerrando los ojos—No quiero volver a sentir lo que sentí Lucy, perder el control… Lastimarte por ser tan mala…

—¿Qué?—se sorprendió Lucy—De acuerdo, ¿Alguna de ustedes tiene un refugio?

—Podríamos ir a mi casa, pero mi madre es tan irritante que hará enojar definitivamente a Lana.—dijo Haiku entrecerrando los ojos.

—Esta semana me cuida mi papá, y eso es un rotundo no.—dijo definitivamente Cookie cruzándose de brazos—Desearan volver con el Profundo antes que pasar más de cinco minutos con… Él.

Todas a la vez entonces voltearon a ver directamente a Darcy, la cual no sabía por qué todas la miraban, y abrazó con más fuerza a Cookie.

—¿Tengo algo en mi rostro?—preguntó tímidamente la niña.

—Darcy, ¿Crees que puedas invitarnos a tu casa?—preguntó con cariño Cookie mirándola directamente a los ojos.

—¿Cómo una… Pilanada?—preguntó la niña cerrando fuertemente los ojos para acordarse de como se decía pijamada.

—Sí, como una pijamada.—dijo Cookie suspirando aliviada—Solo un ra…

—¡Vamos a mi casa!—gritó Darcy ansiosa.

Y todas se levantaron, voltearon a la ventana y no sin poco esfuerzo, lograron levantarla. Salió primero Haiku, seguida de Cookie, Darcy, Lana y cuando Lucy iba a bajar se escuchó la puerta de la enfermería siendo forzada a ser abierta.

—Te lo dije Patti, debes tener una llave de repuesto siempre que… ¡¿Qué cree que está haciendo señorita Loud?!

—Esto tiene un justificación perfectamente valida director.—dijo Lucy al director con un pie fuera de la ventana y una sonrisa forzada.

—Lucy, baja de una vez.—le ordenó Haiku tomándola del brazo.

—¡Se escapan!—gritó el director Huggins intentando abrir la puerta, encontrándose con una barricada—¡Por todos los santos! No de vuelta en Afganistán… ¡GRANADA!

Y se echó para atrás, derrumbando a la enfermera Patti, y cubriendo sus oídos. En ese tiempo Lucy aprovechó para salir y junto al club de literatura, tomando la mano de Lana, salieron las cinco como prófugas de las autoridades escolares.

—Director, ¿Puedo saber qué demonios acaba de pasar?

—¡No se preocupe teniente Mcwarther!—dijo el director con los ojos cerrados y abrazando a la enfermera protegiéndola—¡Esta vez yo lo protegeré! ¡Volverá a ver a sus hijos!—y comenzó a llorar.

—Oh… No de nuevo…—dijo la enfermera dándole unas palmadas—Ya, ya…

Y comenzó a calmarlo hasta que el director, lentamente, recuperó la compostura, se aclaró la garganta, soltó a la enfermera y se levantó rápidamente, ayudando a la mujer.

—Lamento mucho mi comportamiento.—dijo sonrojado.

—No es la primera vez, y dudo que sea la última, señor.—dijo ella limpiando el hollín de su traje—¿Qué fue lo que vio dentro? ¿Escaparon las niñas?

—Así es Patti, mucho me temo que tendré que adelantar mi charla con los señores Loud, su hijo mayor es un acosador, dos de sus hijas se hirieron y luego escaparon, una ni siquiera vino a clases y la única que no ha hecho nada malo es Lisa Loud, por lo que…

Se escuchó un sonido de una explosión.

—¡Eso parece venir de los grados de kínder!—gritó la enfermera.

—¡LOOOOOOUUUUUUUUUUUUD!—gritó el director Huggins desesperado—Esos niños pueden conmigo.

—Ya debería estar acostumbrado, señor.—dijo la enfermera dándole unas palmadas—Rápido, tenemos que asegurarnos que no haya niños lastimados.

Continuara…

Epílogo

El profesor Thalemus apagó la cámara y comenzó a respirar a la vez que se llevaba sus manos al pecho, tenía el corazón acelerado.

—Eso estuvo cerca, ¡Maldita sea Albert!—dijo tomando un ventilador—¡Te dije que a esta hora no me interrumpieras!

—¡No tenía otra opción!—gritó Albert a la distancia—Esas dos niñas me tenían atado a una silla…—dijo a la distancia intentando moverse Albert—De hecho, aun sigo atado, ¿Una ayudita?

—Por el amor de todo lo santo.—dijo el Profesor llevándose una mano a la cabeza.

Las luces del estudio se encendieron, demostrando que no había estudio, sino que era una especie de laboratorio gigante, con una cámara sostenida por un robot y una especie de recamaras al fondo del lugar.

—Profesor, profesor…—se acercó un niño no más alto que Lincoln con una botella de agua saliendo de una de esas habitaciones—¿Qué sucedió? ¡Hoy acabó antes el show!

—Muchas gracias por la información, capitán obvio.—el profesor rodó los ojos—¿Cómo estuvieron los ratings, Toby?

—Lo de siempre normales, pero los hashtags en el twitter de esta dimensión y la ciento treinta y siete c aumentaron exponencialmente… ¿Fue acaso por el final con Albert apareciendo de la nada?—preguntó curioso el pequeño Toby.

—Oh por Dios, ¿Por qué te acepte en mi nave, de nuevo?—dijo el profesor llevándose ambas manos a la cabeza.

—Porque soy tu sobrino favorito.—dijo Toby orgulloso.

—Ahora dilo sin llorar…—se acercó una chica de unos quince años detrás de Toby y mostrándole una carpeta llena de gráficas—La popularidad del show se incrementó demasiado por las interrupciones inesperadas, profesor.

El niño usaba una camiseta tipo polo roja, con unos jeans bastantes desgarrados, tenía el cabello largo (aunque no tanto como para que comenzara a colgarle) y desarreglado de color castaño, contaba con un lunar en la mejilla izquierda y una sonrisa dispar por sus dientes de castor. La adolescente, por el contrario, tenía el cabello negro y lacio, usaba un short de mezclilla y una ramera con el logotipo de una banda de rock que ya no podía existir de vuelta.

—Gracias al cielo, Rochelle, ¿Podrías guiar a Albert a su habitación y contactar con Leni?—pidió el profesor amablemente—Nos han descubierto las Loud, de nuevo.

—¡Tal vez si dejarás de mandar a Leni!—le gritó Albert desde el fondo.

—Ya hemos discutido esto demasiadas veces Albert.—respondió el profesor Thalemus—Nadie sospecharía de Leni…

—¡Es la decima sexta vez que nos descubren!—gritó Albert finalmente haciendo girar la silla para quedar bocarriba.

—Pero la primera que logran atarte…—dijo el profesor volteando a ver a la niña de quince años—¿Tu qué dices Rochelle?

—Yo opino que las reclutemos.

—Toby, los grandes estamos hablando.—dijo Rochelle alejándolo de ella y el Profesor—Creo que lo mejor será reclutarlas profesor, hemos fallado demasiadas veces y por primera vez vamos a la delantera de los planes de Nega.—dijo la chica convencida.

—¡Esa fue mi idea!—gritó Toby.

—Tienes razón Rochelle…—admitió el profesor.

—¡HEY!

—No podemos abandonar esta dimensión, es nuestra oportunidad, pero para eso… Habrá que mezclarnos con los Loud.—dijo el profesor acomodándose sus gafas y rascando su cabeza—Bien, estos han demostrado tener algo que el resto no tenía.

—¿Falta de sentido común?—preguntó Rochelle.

—Tal vez.—dijo el Profesor Thalemus levantando un puño al cielo—Pero Einstein dijo una vez que el sentido común son solo los prejuicios que nos formamos antes de tener criterio propio.

—Como usted diga capitán.—dijo Rochelle acomodándose su cabellera con una diadema—Hay que arreglar la nave para recibirlas.—dijo poniendo sus manos en la cintura—Toby limpia los baños.

—¡¿QUÉ?!—gritó Toby el cual se encontraba indignado—¡Es tu turno!

—Toby, has lo que te dice tu hermana.—le ordenó el Profesor—Cielos, que niño…

—Awh…—dijo Toby yendo a un cajón y tomando una tina—Será bueno tener más miembros en la tripulación.

—No te emociones, pequeño.—gritó a la distancia el Profesor Thalemus—No sabemos cuánto tiempo le resta a esta dimensión antes de que caiga en las garras de Linda…

Dicho esto, el profesor fue directamente hacia Albert, el cual seguía luchando por desatarse.

—¿Qué tanto les contaste? ¿Cuántas Loud eran? ¿Cómo te atraparon?—le preguntó el Profesor—Y lo más importante, ¿Estaban contaminadas con… Oscuridad?

Albert vaciló un segundo en lo que el profesor soltaba el nudo haciendo un simple doblez con una de las esquinas de la cuerda.

—He visto la oscuridad muchas veces, esas eran niñas inocentes.—admitió Albert acariciando sus muñecas—¿Crees que estén listas?

—Nadie lo está Albert, eso deberías saberlo mejor que nadie.

Y ambos soltaron una risotada. Estaban seguros de algo, las Loud eran de confianza.