Capítulo 10: La cita (II parte)
CITA DE GOKU Y MILK.
Nadar en aquel lugar había sido maravilloso para Milk, quien se replanteaba seriamente el construirle un monumento a Goku por hacerla vivir tal experiencia. Sencillamente, no encontraba las palabras adecuadas para describir el cúmulo de sentimientos que la inundaban. El poder estar en el mismo sitio que esos majestuosos seres nadaban sería inolvidable.
Bueno, tampoco podía obviar lo romántico que había sido todo. ¿Quién imaginaría que un muchacho tan distraído como Goku tuviese ese toque? Quizás, muy en el fondo de su confundido ser, agradecía todos los sucesos por los cuales había pasado por su culpa. La había compensado de sobremanera. Definitivamente esto ponía la balanza a favor del pelinegro. Sin duda, sumó muchos puntos en solo un par de horas.
Luego de salir y cambiarse a su ropa normal, ambos jóvenes subieron a un minibús con rumbo desconocido para la pelinegra. Tras media hora de viaje, en donde habían reinado conversaciones amenas, Goku le indicó que tenían que bajarse. Al percatarse, la joven reparó en que estaban en una ciudad cercana a la que residían:
-¡No puedo creerlo! -Giraba emocionada frente a Goku con los brazos extendidos ya cuando se bajaron del transporte- ¡Me trajiste a la playa!
-Sabía que te gustaría. -Sonrió con su típica sonrisa, al momento en que el minibús se alejaba del paradero- Este… ¿Quieres un helado?
-¡Si, me encantaría! –Puso los brazos tras su espalda, como una niña, regalándole una hermosa sonrisa que amenazó la poca cordura del pelinegro-
-¿Por qué no me esperas sentada en la orilla de la playa? –Recomendó tragando en seco, controlando las enormes ganas de estrecharla contra su pecho y no soltarla jamás- Luego te alcanzo.
-¡Me parece bien! –Aceptó Milk mientras se retiraba el calzado, para así evitar que la arena le diera molestia cuando retornaran a casa. Con una paz que pocas veces disfrutaba, caminó lentamente hasta llegar a la orilla, deleitándose con el paisaje- Esto es maravilloso. –Se sentó a tres metros de distancia del agua que iba y venía sin parar-
No muy lejos de donde ella se encontraba, Goku no le perdía de vista. Se sentía orgulloso de llevar por buen camino la cita y que no la hubiese estropeado en el intento. Sabía que ella estaba contenta, radiante a decir verdad. Él también lo estaba. A su mente vino el recuerdo de nadar a su lado. La cercanía fue tanta bajo el agua, que por un momento le cruzó el pensamiento de besarla, tal como pudo ver en más de alguna cursi película de su hermana Aiko. Más eso fue imposible por dos cosas: ella podía mandarlo al carajo por su osadía, o bien, hubiese sido bastante raro al tener las mascarillas de oxígeno puestas.
Otra inquietud le invadió tras recibir los helados que había solicitado. Si todo resultaba hoy, ¿por qué en la escuela era tan complicado todo?
Al acercarse a ella, quien le daba aun la espalda e ignoraba su cercanía, vio que seguía sumergida en sus pensamientos. Se veía… ¿cómo decirlo sin restarle crédito a su visión? Tierna. Angelical. Sin duda era un privilegio estar a su lado ya que lucía realmente bella.
Muy a su pesar tuvo que arrancarla de su estado pensativo, comenzando a saborear el helado que iba acorde al calor que se sentía a esa hora de la tarde. Siguieron charlando de sus vidas y algunas experiencias vergonzosas que no habían revelado a otros, estallando en risas juveniles.
Al cabo de un rato, decidieron dar un paseo por la orilla de la playa. Tras avanzar un poco, arriesgándose a una patada en el culo monumental por su hábil y osada maniobra, el pelinegro subió a Milk a su espalda para iniciar una rápida carrera sobre la arena. Al contrario de lo que esperó, la escuchó reír y aferrarse a su cuello para no resbalar. Dos niños pequeños en cuerpo de jóvenes, eso eran.
Las demás personas que se hallaban en el lugar, no podían evitar observarlos y corresponder con una sonrisa. Una pareja de ancianos se cogieron las manos, recordando su juventud y amor reflejado en aquellos chiquillos desconocidos.
Al cabo de unos minutos, Goku se detuvo de pronto, dejando luego de pie a la chica sobre la tibia arena sin darle cara. Ella extrañada por la actitud del muchacho, miró por sobre el hombro del pelinegro, notando un pequeño cangrejo delante de ellos. Lo más inédito de todo era que ambos, tanto el cangrejo como Goku, se miraban de manera desafiante.
Tras un momento lleno de tensión, cosa que ella no podía entender por completo, reparó como el pelinegro se puso en posición firme, haciendo que el cangrejo huyera haciendo sonar sus tenazas.
-¡No huyas Don Cangrejo! –Goku salió tras de él vociferando en voz alta, llamando la atención de las pocas personas que les rodeaban- ¡Dime el ingrediente secreto de la Cangreburger! ¡Ven aquí cobarde! –Se metió al agua, chapoteando en los primeros pasos por el chocar de las olas, para luego sumergirse por completo con el fin de ubicar su objetivo-
Milk al escuchar esto cayó de espaldas muy al estilo anime, para luego estallar en carcajadas cuando pasó su breve estado de estupefacción. También desde su privilegiada posición, pudo ver al muchacho emerger del agua y como el cangrejo estaba apretando la nariz de Goku con una de sus tenazas. Sin dudas ese chico era una caja de sorpresas… una que corría en círculos llorando como un niño, por cierto.
"Lo mejor será que regresemos a casa o el cangrejo lo matará" –se decía a si misma mientras ayudaba a separar al crustáceo de Goku- "Sin dudas, esta ha sido la mejor cita de toda mi vida. Con romance y risas. ¡Qué mejor!"
Al regresar a la ciudad, estuvieron un tiempo fuera de la casa de Bulma, quien por cierto aún no llegaba, pero calculando la hora, no tardaría en aparecer junto a Vegeta. Por la cabeza de Milk pasaba la inquietud de saber qué estaban haciendo sus amigas en ese mismo instante y cómo lo estarían pasando. Pero, ya sabría luego los detalles. Tenían toda la noche para averiguarlo. Mientras, tenía mejores cosas en las que preocuparse: Goku, quien tenía una curita encima de su lastimada nariz.
Milk se sentó junto al pelinegro en las escaleras de la entrada de la casa y luego de un rato se abrazaron, para disfrutar la calidez y compañía del otro.
-¿Aun te duele? –Preguntó Milk con las mejillas sonrosadas-
-No, casi nada. -Bajó la mirada igual de apenado-
-Eres un loco sin remedio. -Acarició su mejilla tentada de risa- ¡Mira que pedirle el ingrediente secreto de la Cangreburger!
-Algún día la obtendré, ya verás. Seremos millonarios. -Imitaba el actuar de Milk con timidez, temiendo lastimarla pues su piel no era tan suave como la de ella- "Valió la pena. Todo para compartir un momento así con ella" –Pensaba embobado-
-Tengo que entrar. -Milk se separó de aquel abrazo con las mejillas totalmente sonrosadas si es que eso era posible. Además la regla de oro para la primera cita era no dar un beso, pues no quería parecer una chica fácil, y estaba más que tentada en romperla-
-Espera. –La sostuvo de un brazo mientras del otro sacaba de la nada un libro- Este es el libro que se te cayó el día en que nos conocimos. –Omitió el hecho que le dio la paliza de su jodida vida. No había que tentar a la suerte y quería salir invicto de aquella primera cita-
-"Comer, rezar, amar" –Leyó al momento el título de la portada tras tenerlo en sus manos- Goku, lo creía perdido.
-Bueno… este… te lo hubiese devuelto antes, pero…me dio curiosidad y comencé a leerlo. -Explicó mirando hacia un costado-
-¿En serio? -Lo miraba de forma especial- ¿Y cuál es tu parte favorita?
-Te respondería que lo que más me gusta es la parte "comer". -Respondió rápidamente con una risilla boba, pero al darse cuenta de la expresión desilusionada de Milk, trató de arreglar las cosas- Pero, desde que te conocí, mi parte favorita ahora es "amar".
¡Juraba que gritaría de emoción! La pelinegra en un rápido e impulsivo movimiento, besó la mejilla de Gou para entrar de la misma forma a la casa. Sin embargo, antes de cerrar la puerta, le dedicó una sonrisa y le dijo:
-Nos vemos en clases, Goku. –Al decir eso, cerró la puerta para quedar apoyada contra ella y sentir como él gritaba de emoción-Definitivamente, valió la pena todas la boberías que cometió antes.
Al otro lado de esa puerta, Goku se imaginaba como la caricatura de Homero Simpson, con un vestido de novia, un ramo de rosas y velo de tono blanco, pues para él ya comenzaban a sonar las campanas de boda, pues su API (Amor Platónico Imposible)… ¡le dio un jodido beso en la mejilla!
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CITA DE KRILIN Y 18.
-Tremenda película, ¿no crees, Krilin? –Hablaba 18 sonriendo radiantemente mientras salían de la sala del cine, no como el resto de los espectadores que estaban traumados de pies a cabeza-
-S-si…está…como…p-para repetirla.
El semblante del muchacho era sombrío y aun tiritaba de los nervios, lo que intentaba disimular abrazándose a sí mismo. ¿En qué rayos estaba pensando cuando decidió ver una película de ese tipo? Todo había sido tan humillante y contraproducente para é reojo observaba a su cita, quien pareció disfrutar de todo lo que había presenciado en esas horas.
No pudo evitar rememorar lo sucedido y ver lo muy ridículo que había sido su comportamiento. Estaban más o menos a la mitad del film, en donde su pareja parecía neutral, sin afectarle la trama que se proyectaba en la pantalla gigante. Esa mujer tenía unos ovarios de acero, pues nada ni nadie la inmutaban. En cambio él, le asustaba hasta el cambio de música ambiental.
En un minuto, 18 le pasó el paquete de palomitas, lamentablemente cuando apareció el muerto viviente de la nada haciendo un grito áspero. Como consecuencia, lanzó por los aires el contenido de aquel paquete, dejando cubierto de palomitas a varios espectadores que no estaban en mejor forma que él. Muy al contrario de ellos, 18 reía abiertamente, para sorber de manera sonora y sádica su bebida, justo en el momento en que el zombie devoraba los intestinos del protagonista como de espaguetis se tratase. Krilin hizo la primera señal de que iba a vomitar si no se detenía, sintiendo como todo se acumulaba en la base de la garganta.
-¡Ya cálmate! –Le sobaba la espalda la ojiazul, en un breve momento de compasión con su compañero- Es solo una peli, Krilin.
"¿No se suponía que ese era mi papel en todo esto?" –Pensaba divertida la chica al acariciar su lisa cabeza, para que el muchacho se tranquilizara o por lo menos ubicara en su estómago nuevamente la comida y bebida que ingirió antes- "Hay dos opciones en todo esto: él es muy cobarde, o yo tengo mi lado masculino muy desarrollado. Definitivamente es la primera."
La ligera risa de la rubia lo trajo de nuevo al presente, en donde ella indicaba que no tenía dilema en repetir el panorama, aunque deseaba saber qué harían luego, ya que definitivamente no quería terminar con la oportunidad de seguir riéndose a su costa, aunque esto el muchacho no lo supiese directamente, pero si lo intuía.
-¿A dónde iremos ahora? –Preguntó la chica aferrándose voluntariamente a su brazo por primera vez en la tarde-
-¿Quieres comer algo? –Se sonrojó hasta las orejas tras la acción, cosa que no pasó desapercibida por 18-
-Si. -Sonrió sin dejar su diversión de lado- Tanta gente muerta me dan deseos de comer algo con carne molida. ¡Es broma! –Comenzó a reírse al ver la expresión de terror en su acompañante, además del color verdoso que empezaba a nacer en él producto del asco- Con un café soy feliz.
-Sí que estás para una comedia humorística, 18. -Contestó con ironía mientras se alejaban del cine- Muy graciosa.
-¿Así? –Una sonrisa malévola apareció de pronto, cambiándola drásticamente a una de pavor. Eso alertó al calvito cuando la vio apuntar a su costado donde había un callejón, alzando su voz- ¡ZOMBIE!
-¡¿DÓNDE?! –Gritaron todos los que caminaban en aquella calle, asustados, incluido Krilin que palideció en una fracción de segundo-
Definitivamente era la cita más graciosa que había tenido en su vida y seguiría disfrutándola cuanto durara.
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CITA DE VEGETA Y BULMA.
Pues si de citas desastrosas se trataba, adivinen quién lo estaba pasando pésimo. Sí, el gruñón casanova del grupo varonil, estaba sufriendo su karma en vida. Era tanta su ira reprimida que sus huevos amenazaban con estallar de tanto aguantarle caprichitos a la sobrina de Bulma, Haruka.
-¿Entremos, Vegeta? –Haruka con expresión angelical y emocionada apuntaba el interior del local que deseaba visitar- Vamos, di que sí.
-Haruka, ya es suficiente. -Reprendía Bulma a su sobrina con suavidad para evitar escándalos que ella conocía de sobra, aunque si se le notaba mosqueada- Has arrasado con cuanto McDonald's y centro de juegos infantiles has visto. ¡Pobre Vegeta, lo dejarás en banca rota! –Indicó la montonera de peluches que ellos traían, con suerte se les veía la cabeza, mientras que la niña solo traía un vaso de bebida en una mano-
-Ay, no exageres, tía. A él no parece molestarle. -Respondió la sobrinita imaginando la cara de pocos amigos que el chico tenía tras la pila de premios que había ganado en la feria de diversiones- ¿O si, Veguis?
-No, ninguno. –Dibujó con dificultad una mueca que intentaba aparentar felicidad ante la peli turquesa, quien si podía verle la cara desde su posición- ¡Me fascinan los niños!
"Encerrados una jaula con barreras eléctricas. Atados y amordazados con alambre de puas" –Pensaba apretando los dientes, imaginándose a la mocosa abusiva en esa situación. Eso sí que lo llenó de paz en su infierno andante-
-¿Ves lo que digo? –Se posicionó al lado del muchacho, para mirarlo con suficiencia, dedicándole una sonrisa de la misma índole. Disfrutaba de sobremanera manejar la situación a su antojo, esperando pacientemente a que dejara de lado su autocontrol y terminara por arruinar todo su trabajo- Es un buen chico que quiere tener una buena relación con su futura familia.
-Bien, pero luego de esto nos iremos a casa. -Miró Bulma a la parejita que se miraba con odio mutuo- Además, ¿estás segura de querer entrar allí? No sabía que aprendiste a patinar, Haruka. –Cuestionó al ver de lo que trataba el local-
-¿Una pista sobre hielo? –Vegeta leyó el gran letrero frente a él- No veo el mayor desafío en esto.
-¡Es muy divertido! –Exclamó la niña, acomodando las colitas de su cabello desinteresadamente- ¿Sabes? A mi tía le encantan los hombres que saben patinar sobre hielo. –Lo miró de reojo, desafiándolo a esta nueva aventura- Sería una pena que tú supieses.
-¿Así? –Reconoció la mirada de la mocosa, sintiendo como poco a poco su aura de combate aumentaba- Pues, patinar se me da muy bien. Si quisiera, podría ir a los juegos olímpicos a patear traseros o a quien dude de las capacidades de un Ouji. –Añadió con orgullo notable-
-Demuéstralo, antorchita humana. –Desafió olvidándose de su papel de niña buena- Puede que el trasero pateado sea otro.
-¿Y quién lo hará? –Dejó caer los peluches al suelo, poniendo un pie en frente para quedar a más de una cabeza sobre la niña- ¿Tú?
-Averígualo, perdedor.
-Oigan, aún sigo aquí por si no se han dado cuenta. –Habló Bulma con una gota que recorría su frente. Esto amenazaba con tener un conflicto épico entre los dos titanes que estaban a su lado. Por más que intentó disuadirlos para evitarlo, no pudo contra su convicción. Estaban decididos a demostrar quién estaba equivocado y ambos emanaban la aura de competición al extremo- Ya que no quieren cambiar de decisión, entremos de una buena vez.
En el camerino, Vegeta recordaba como aquella mocosa no había permitido que él se acercara mucho a su musa. Solo Dios sabía lo mucho que deseaba mandarla a volar lejos, y en cuanto ella se percataba de sus intenciones, gritaba y él tenía que acatar su chantaje para que Bulma no notara nada de lo que sucedía.
"Malditos niños, cuando tenga dinero me haré la vasectomía para no sufrir este martirio el resto de mi vida", juraba mentalmente mientras se detenía a pensar que en realidad le gustaba mucho esa chica como para tolerar tanta insolencia y estupidez junta en un solo día. La imagen de Bulma inundó su mente; su sonrisa, su mirada, todo valía la pena. Si todo esto resultaba, sentaría cabeza.
-¡Hey, Abuelito! –Se sintió el grito de la niña tras la puerta, al momento en que resaltaba una nueva vena naciente en su amplia frente- ¡Me crecerán los bigotes esperándote!
-¿Hay algún anciano en este lugar? –Se escuchó decir a uno de clientes los que estaban en aquel camerino-
"Maldito karma, denme cualquier castigo, menos a esta mocosa insoportable" –Imploraba mentalmente, mientras se incorporaba de la banca en la cual se había descalzado y salía disimuladamente del lugar-
Cuando llegó a la pista de hielo, al poner un pie dentro de este, resbaló y cayó de espaldas al suelo al no saber patinar. Pudo distinguir la risita burlesca de la mocosa no muy lejos de su posición, disfrutando lo que veía. Al incorporarse, intentó caminar-patinar sin caer en el intento. A duras penas logró avanzar manteniendo el equilibrio, y cuando ya creyó que todo iba a mejorar para él, pudo distinguir un potente caderazo que lo envió directamente al suelo:
-¡Ups, Veguis! -Haruka tapó su boca tras darse cuenta de su infortunio, deteniéndose un metro más allá con una habilidad increíble- ¡Fue sin querer!
-¡Espera que te ponga las manos encima, mocosa del demonio! -Amenazó sintiendo como su adrenalina subía cada vez más-
-¡Vegeta! ¿Cómo te caíste? –Bulma apareció en escena deslizándose sobre la pista como una profesional, ayudándolo a pararse-¿Haruka, qué pasó con él?
-Es que el muy… -Haruka iba a decir bobo, más luego se dio cuenta de su error y decidió enmendar las cosas a su favor- El muy despistado cayó al piso tras perder el equilibrio. Es todo. –Sonrió con inocencia-
-Mira qué casualidad, ¿no? –Bulma cuestionó con sospecha sin creerle mucho- Ven, Vegeta. Te ayudaré a patinar, porque a mí no me engañas. -Le guiñó el ojo sabiendo que en su vida había patinado-
Dios le había iluminado, sus arcángeles solo cantaban para él. Solo faltaba el aire de la Rosa de Guadalupe sobre su rostro y el milagro estaba completo. Tenía por fin una oportunidad con su cita y no pensaba desperdiciarla.
A pesar de las múltiples caídas de Vegeta, su pareja nunca se separó de su lado. Incluso, Bulma omitió la insistencia de Haruka en llamar su atención. No le dio bola pues ya intuía que ella tenía que ver directamente en las infortunas caías de su cita. ¡Para qué mentir! Estaba más preocupada y emocionada en sostener las manos de Vegeta que en ver las caídas o piruetas de su sobrina.
Las cosas por fin estaban saliendo bien para el pelinegro a pesar de los infructuosos intentos de sabotaje de la pequeña mafiosa. Además, Bulma era una gran maestra y estaba decidido a la traería nuevamente a ese lugar, pero sin la pequeña Dora Exploradora en versión maligna.
Luego de una hora, el trío dinámico volvía a casa, en donde la niña debía cargar los peluches en un carrito de supermercado que habían sacado del local que atendía un amigo de la familia Ouji. Luego Vegeta se encargaría de devolverlo de todos modos, muy a su pesar. Todo se mantenía en paz entre ellos, es más, estaban llegando a la entrada de la casa de Bulma, cuando una pareja de motociclistas pasó por el lado de ellos y no dudaron en vociferar a viva voz:
-¡Le daría mil hijos a la peliazul!
- ¡Te ves bien de niñera, compadre!
Esa fue la gota que rebalsó el vaso de aquel jodido día. ¡Con su chica eso sí que no! Formó una pequeña bola de ki en su mano derecha y la lanzó en dirección a ellos lo más disimulado que pudo, atinándole a uno de los neumáticos de la moto. Los hombres perdieron el control del vehículo y se estrellaron contra un poste varios metros más allá, llamando la atención de las personas que transitaban a esa hora y que no dudaron en ir a ver su estado.
-¿Qué rayos fue eso? –Preguntó sorprendida la peli turqueza, sin entender lo que había ocurrido momentos antes y cómo había explotado aquel neumático-
-Nada, mujer. -La abrazó confiado, no recibiendo oposición de por medio- No te preocupes por boberías, cualquiera puede pinchar un neumático en estos días.
-Bien, eso les pasa por gritar estupideces. –Agregó Bulma separándose momentáneamente de él, para ayudar a su sobrina a meter el carrito a la casa, quien a todo esto parecía esta en shock- Vamos, Haruka, date prisa.
-Sí, eso le ocurre a gente molesta. Tarde o temprano lo pagan caro. –Respondió el muchacho para luego mirar a Haruka, quien si se había dado cuenta realmente de su hazaña y estaba boquiabierta. Pálida, blanca como un papel. ¿Cómo rayos pudo hacer eso?-
El mensaje era claro: eso le iba a ocurrir si seguía aguándole los planes.
Ella, tan receptiva como siempre, comprendió el mensaje.
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CITA DE KRILIN Y 18.
Muy ajenos a lo que ocurría con las otras parejas de esta historia, la joven rubia reía divertida acosta de su calvo acompañante. Krilin ya había logrado dominar sus nervios y ya no temblaba como una gelatina. Nunca pensó que la cafeína en su sistema le sentaría tan bien como en ese momento.
El rato que estuvieron conversando de todo y nada en particular, fue bastante agradable. Incluso, al pedir la cuenta, sus manos se rozaron de casualidad, causando un leve sonrojo en las mejillas de ambos. A18 creía que no había manos más tibias que las de su acompañante. Por otro lado, Krilin pensaba que las manos de su atractiva cita eran las más suaves y delicadas del universo entero.
Ahora lo comprendía por completo: estaba loco por ella.
Al salir del local, caminaron sin rumbo definido por las calles de la ciudad. Krilin, rezando a toda entidad disponible para sus súplicas, se atrevió a dar el primer paso. Algo muy sencillo a decir verdad: coger la mano de 18 con la suya.
Parecía que el efecto gelatina volvía a él, al sentir que la ansiedad le consumía por dentro. Más se recompuso al notar como ella correspondía el gesto. Al seguir su camino en completo mutismo producto de la vergüenza que ambos manifestaban, 18 captó algo que le llamó la atención y le hizo detenerse de golpe. Música. Sin parecer desesperada en ir con premura al lugar donde provenía aquella melodía, guio a su pareja hasta notar que se trataba de un grupo callejero. Ellos bailaban con gran habilidad lo que se conoce por break dance. Fue tanta su impresión, que soltó la mano de Krilin para llevarse ambas extremidades contra su pecho femenino.
-Es genial. -Comentó fascinada, analizando cada paso y la manera tan profesional en la que aquellos jóvenes se desenvolvían- ¿No lo crees?
-Pues, no sé mucho de esto, pero… -intentaba responder el calvito, sintiéndose intimidado al no tener ni idea de los gustos de aquella rubia y mucho menos de aquel baile que presenciaban ellos junto a otros transeúntes-
-¡Más que genial diría yo! –Interrumpió un joven de cabellos verdosos que secaba el sudor de su frente con una toalla de color negro- Un baile para aquellos que rompen barreras, tanto físicas como espaciales.
-Ya lo creo. –Respondió 18 con una sonrisa que duró muy poco-
-Pero, dudo que sepas mucho de ello, ¿no? –Añadió aquel muchacho dejando de lado la toalla y luego cogiendo una botella de agua, dedicándole una mirada desdeñosa- Después de todo, ¿una niña rica qué sabría de este arte callejero? –Bebió el contenido de aquella botella sin romper el contacto visual con ella-
-Oye, ¿qué…? –Krilin intentó bajarle los humos a aquel desconocido que estaba insultando a su no-novia-
-Sé lo bastante para cerrarte esa bocaza que te gastas, niñato. –Contestó la rubia, demostrando que no era una princesita que requería ayuda de un caballero andante. En este caso, un Sancho Panza-
El silencio reinó al detenerse la pista. Esa chica tenía agallas. Podía verse femenina y ciertamente adinerada, tal vez con orígenes extranjeros debido a sus rasgos, pero la verdad, es que por dentro era todo lo contrario. No era una flor delicada, era lava en erupción.
-¡Esa chica promete, viejo! –Comentó un joven con gorro que detuvo su show al ver la tensión del momento- No estaría de más un reto para calentar el ambiente, Piccolo.
-No quiero ser el causante de que su máscara de pestañas se corra por sus lágrimas. –Se defendió el peliverde sin cambiar de actitud-
-Como si tuvieras los huevos necesarios para hacerlo.
Un sonido de impresión salió de la boca de los espectadores que no dudaron en comenzar a sacar sus aparatos móviles y registrar lo que prometía ser una buena contienda.
-¿Bailas preciosa? –Se acercó el chico de la gorra con una gran sonrisa que Krilin deseó borrar de un solo golpe-
-Yo creo que está muerta de miedo, Ten Shin Han. –Siguió provocando el peliverde desde su posición- Vete a ver "Legalmente rubia" y déjanos hacer nuestro trabaj…
-¡Pues sabes qué, idiota! –Estalló Krilin- Ella no tiene miedo. Ni de ti ni de nadie. –La defendió con valentía, acercándose con ella al centro de la improvisada pista de baile. Si ella fue capaz de ver aquella película de terror sin siquiera tener un espasmo involuntario, podría con todo- Es más, te patearía el trasero a ti y tus amigos sin hacer el mínimo esfuerzo. Que no te engañen las apariencias. Ella es más fuerte de lo que salta a la vista.
Para la sorpresa de todos, menos para Krilin, la rubia se quitó de golpe la chaqueta de cuero que portaba y vociferó a viva voz:
-¡Suelta la pista que aquí veremos quien termina llorando!
-¡Cuando quieras, preciosa! –Le respondió Ten Shin Han-
Uno tras uno, fue desafiando a aquella rubia que se movía de una manera fenomenal. Era más talentosa que todos ellos juntos. Tremenda tapadura de boca que les había dado. Se sentía orgullosa por eso y Krilin sonreía feliz por ello. La veía desenvolverse como nunca antes pudo hacerlo, simplemente en esos minutos fue ella misma: libre. Rompió esquemas y traseros tras cada hazaña bien realizada.
Al finalizar el encuentro, Krilin le ayudó a ponerse nuevamente la chaqueta y se encaminaron a la casa donde ella residía.
No solo se iba con la satisfacción de cerrarle el pico a ese papanatas llamado Piccolo, sino porque lejos, esta había sido la mejor experiencia de su vida junto a un chico como Krilin.
CITA DE VEGETA Y BULMA.
Luego del extraño suceso de los idiotas en motocicleta, Bulma acostó a su sobrina Haruka, quien no tardó en dormirse debido a la extenuante jornada que ella misma había originado y que casi le costó la salida a la pareja:
-Realmente le agradaste, Vegeta. -Comentó en voz baja la peli turqueza, observándola desde el marco de la puerta- Creí que no soportarías la presión.
-¿¡Cómo crees!? –Un tic apareció en la ceja del pelinegro al recordar toda la vivencia junto a la sobrina de Bulma- Después de todo solo en una niña, nena. –Granuja, mafiosa y manipuladora, pero niña al fin y al cabo-
La muchacha cerró con cautela la puerta de la habitación y guio a Vegeta hacia el salón comedor, puesto que pudo distinguir a Milk entrando a la vivienda y encerrándose momentáneamente en su habitación para no interrumpir. Bueno, también escuchó a la perfección el grito de júbilo de Goku, cosa que fue difícil ignorar.
-Gracias. –Habló la joven, agradeciendo tantas cosas. Soportar a Haruka, cargarla a sus espaldas, recostarla en su cama y cubrirla cuando cayó en los brazos de Morfeo-
-¿Solo un gracias? –Dibujó una sonrisa en su cansado rostro, pareciéndole aún más atractivo a la muchacha, si es que eso era posible- ¿No hay nada mejor que unas palabritas?
-¿No estás satisfecho con eso? –Detuvo su andar a la mitad del pasillo, girándose y colocando sus dedos sobre el pecho masculino de su acompañante-
-No es por ser malagradecido con tu gesto, pero no es suficiente. –Siguió la jugarreta, como quien no quiere la cosa- Recuerda que cargar toneladas de peluches le pasa la cuenta a cualquiera.
-¿Cómo podría entonces?
-No juegues con fuego, mujer. –Advirtió acercándose peligrosamente a sus labios-
Como si el universo no hubiese conspirado en su contra a lo largo del día, cuando estaba a milímetros de los rosáceos labios de la joven, se escuchó un estruendo en la planta baja, cosa que los hizo separarse y maldecir por lo bajo.
-Iré a ver qué ocurre. –Informó Bulma- Tú échale un vistazo a Haruka.
-¿No quieres que…?
-Por favor, ve.
-Ni modo. –Acató deseando tener una piedra en frente y lanzarla lejos como solía hacerlo en los parques cuando era pequeño, bueno, un niño, porque pequeño de por si ya era-
Al entrar a la habitación, pudo notar que la mocosa seguía durmiendo, pero estaba destapada nuevamente. Suspirando de manera pesada, se acercó para cobijarla. Aunque se detuvo a medio actuar, pensando que si moría de pulmonía nadie podría incriminarlo luego, ya que la ventana estaba abierta y estaba seguro que no se encontraba así al momento en que Bulma y él abandonaron la habitación. Le dedicó una mirada y dormida de esa manera hasta angelical se veía.
-Quien diría que se podía ver linda así.
-Pues lo soy. –Abrió un ojo y luego el otro, sonriendo pícaramente-
-¡Chiquilla del demonio! –Saltó hacia atrás, colocando una mano sobre su pecho producto del susto. Ahora entendía por qué su maestro recalcaba en que no debía bajar la guardia ante el enemigo-
-Uy, con que estabas quitándome el cubrecama. –Miró acusadoramente mientras se sentaba en la cama y dejaba ver su pijama intimidante de ositos violetas- Aléjate o la ONU te va a cargar, perro.
-¡No te montes películas!
-Pedófilo.
-¡Vete a comer caca! –Se dirigió a la salida de la habitación, con intenciones de marcharse hasta que la voz dulce de Haruka lo detuvo-
-Gracias por todo, Vegeta.
Luego sintió como un pequeño cuerpo se abrazaba a él por la espalda, rodeándole el abdomen con sus bracitos.
-Hablo en serio. Esta vez no es joda. –Se adelantó a los hechos, explicando luego- Nadie había sido tan paciente conmigo.
-Fuiste un verdadero dolor en el culo durante nuestra cita, pero… -Comentó algo divertido-
-Ahora sé que tú eres el indicado para estar junto a mi tía Bulma. -Interrumpió dejando perplejo al chico con peinado alborotado- Si pudiste soportarme toda una tarde, a ella la soportarás de por vida.
Pensándolo bien, era un punto a considerar. Sintió como las enredaderas que tenía por brazos se alejaban de su cuerpo y notó como ella tomaba impulso y le propinaba una patada en el trasero. Definitivamente no podía estar ni dos minutos en paz esa chiquilla con él:
-Ahora largo que quiero dormir. –Se encaminó a su cama antes que Vegeta pudiese terminar de sobarse la nalga afectada por su golpe- Mi tía dice que si no duermo lo suficiente tendré arrugas antes de los veinticinco.
-Tenías que matar la magia, mocosa –Le dedicó su típica sonrisa de lado-
-Ya te dije, calma pasiones que eso es considerado pedofilia y son seis años y un día. –Bromeó-
-En realidad son siete años y un día. –Corrigió-
-Tu si investigas para ligar a gusto, eh. –Carcajeó de manera infantil mientras terminaba de arroparse- Ahora, piérdete.
-De acuerdo, de acuerdo -Salió de aquella habitación, para bajar a la sala de estar y encontrarse con Bulma y Milk, debido a que esta también había salido a investigar la proveniencia de aquel ruido.- Ya es hora de irme. -Le dijo a Bulma, haciendo que esta saliera con él afuera de la casa-
-A pesar de todo, me la he pasado de maravilla Vegeta, y me demuestras que tienes más paciencia de la que aparentas. –Comentó mirándolo a los ojos-
-Pues, ya vez que las apariencias engañan, mujer. -Acarició uno de sus cabellos- Ahora me iré antes de que se me haga más tarde.
-Bueno, nos vemos en la escuela. -Bulma besó la mejilla de Vegeta, haciendo que ambos se sonrojasen-
-Buenas noches, Bulma. -Respondió con querer, para que ella lo volviese a mirar-
Cuando la peliazul volvió a entrar, Vegeta buscó su billetera para pagar algún taxi para así regresar a su casa, sin embargo, no la encontraba. Fue ahí cuando sintió un silbido desde el segundo piso, viendo como Haruka estaba asomada en la ventana con algo en sus manos: su billetera.
-¡Oye, cerebro de mono! -movía su mano de izquierda a derecha, burlándose de él- Te ibas sin esto -Se la lanzó para que atajase la billetera sin problemas-
-Vaya si es rápida la mocosa. -Chequeó que nada más le faltase. Realmente podía ser una delincuente en potencia algún día. Ni siquiera se había percatado del momento en que había realizado la acción- ¿Debo decir gracias?
-No, en realidad no. -Respondió desde su lugar con expresión divertida- No valía la pena guardar tu billetera solo por tres dólares. ¡Buenas noches! -Cerró la ventana y apagó la luz de su habitación-
-Me agrada la mocosa esa. –Guardó su billetera en su pantalón para seguir su camino- Muy lista para solo tener nueve años. –
Sin duda, ese fue un día inolvidable para esos seis jóvenes. Pero, ¿qué vendrá después de todo lo vivido? Era un misterio que ninguno sabía la respuesta aparente…aún.
Nota: ¡Espero les haya gustado este nuevo capítulo! Gracias por seguir esta loca historia.
