CCS no me pertenece, es propiedad de CLAMP.

Omake - Christmas

Sabía lo ocupados que estaban todos, entre investigaciones y entrenamientos, pero la verdad… ¡Ella quería celebrar! Era la primera navidad que pasaba con Syaoran y sus amigos después de tanto tiempo. ¿Estaba mal con desear tener un momento de diversión? Esperaba que al menos sus dos amigas le ayudaran a convencer a los hombres, porque de verdad, anhelaba celebrar con ellos, al menos así podrían relajar la tensión que se vivía en el lugar.

Observó al castaño y un sonrojo cubrió sus mejillas, verlo tan concentrado le daba aspecto tan provocador para ella. Se rió por lo indecente de sus pensamientos y recordó en ese momento algo que le había causado demasiado inquietud durante los últimos días. A veces no podía entender cómo es que los demás lograban ser tan observadores en cosas que ella no perfilaba. Ese era su peor defecto, ser tan despistada y por ello se lamentaba el haber perdido demasiado con el paso de los años. Si fuera más atenta… ¿la historia sería diferente?

-Syaoran…- Meditó sus palabras un poco, pero la curiosidad podía más con ella. Vio a su novio por unos segundos más, ¿estaría bien preguntar? -Oye…

-¿Sí?- Cuestionó sin despegar la vista de los papeles que tenía en sus manos.

-¿Puedo preguntarte algo?- Atrajo su atención e inmediatamente se sonrojo porque ya no podía dar vuelta atrás. -Quiero que seas sincero conmigo, por favor.

-¿Hay algo que te moleste?- Frunció el ceño por la actitud tan extraña de su novia.

-No… bueno, hay algo…- Vio como su novio fijó su vista en ella. Sus manos comenzaron a transpirar por la osadía de lo que quería saber.

-Sakura, me estás inquietando. ¿Qué pasa?- Se levantó de su lugar hasta quedar al lado de la castaña. La sintió tensarse en cuanto coloco sus brazos alrededor de ella. -¿Segura que estás bien?- Asintió sin levantar la mirada.

-Yo… sabes…- Lanzó un suspiro, no podía dejar de darle más vueltas al asunto, su curiosidad era más grande que su pena. -Te quiero.- La sorpresa en el rostro del castaño era palpable. Tomó sus manos entre las suyas y comenzó a dar su discurso. -Sólo hasta ahora he comprendido cuán despistada soy, y cuánto he lastimado tus sentimientos.- Lo vio que deseaba debatir y negó con su cabeza para que la dejara continuar. -Siempre has estado para mi, no importa la situación, siempre me has protegido y yo… Yo nunca me di cuenta. Si no fuera por la conversación del otro día, nunca hubiera pensado en esto.- Cerró los ojos, la mirada intrigada de su novio la ponía nerviosa. -¿Desde qué momento te diste cuenta que te gustaba?- El silencio de su novio le dio a entender que aún no captaba a lo que se refería. -Syaoran, quiero saber… ¿Por qué es que te gusto? Soy demasiado atolondrada, miedosa e insegura. ¿Cómo te puede gustar alguien como yo?

Las manecillas del reloj era lo único que se escuchaba en aquella habitación, Sakura trataba de mantener su mirada, pero lo cierto es que ahora tenía demasiadas ganas de llorar. Syaoran no sabía cómo responder a sus inquietudes, ni siquiera entendía cuál era la razón de ellas. ¿A qué plática se refería? al menos así tendría una pista de lo que quería realmente saber su novia. Vago rápidamente por su mente y encontró aquella pequeña conversación entre sus amigos, cuando lo embromaron por la vez que derramó jugo al quedar prendado de la imagen de Sakura con su uniforme de mesera. Sí, debía referirse a ese comentario del estúpido de Eriol, «Si Sakura de niña causó estragos en mi amigo, no me imagino cuánto daño causó el verla nuevamente de maid».

-Realmente no sé por qué te preocupas por ello. Quien se debería sentir inquieto por tener una novia así debería ser yo.- Bromeó y con ello ganó un pequeño golpe en el pecho por parte de la joven. -Ven.- La abrazó, era tan ingenua que, aunque hubo muchas ocasiones en la que trató de confesarse, ella nunca lo sospechó. -¿En qué momento me dí cuenta? No lo sé, creo que fue poco a poco. Eras una niña que ponía todo su empeño en realizar las cosas, verte dar lo mejor de ti en cada captura de las cartas Clow, aunque no lo admitiera, me parecía admirable. Creo que por eso te fui aceptando como compañera de aventuras. Pero, si quieres saber de un momento exacto… Me empecé a inquietar desde que capturamos la carta «Regreso».

-¡¿Qué?!

-Sin embargo…- Se apresuró a decir ante el pequeño grito de su novia. -Estaba confundido, no sabía cómo identificar esos sentimientos. Fue hasta que todo mundo comenzó con la historia de los ositos.- Un ligera risa escapó de sus labios al recordar aquello. -Compré el material e hice el osito teniendo sólo una persona en mente, esa eras tú.

-Syaoran… entonces… es cierto... - Su novia se aferró más a él. -Me consolaste aún sin ser correspondido. ¡Syaoran, por Dios! Soy una tonta.- El llanto comenzó a escucharse con mayor intensidad y él, sólo la abrazó con más fuerza mientras acariciaba su cabello. -No te merezco.

-¡Hey! ¿De qué va esto? ¿Otra vez con lo mismo? Él único que puede decidir eso soy yo. Sakura, ¿qué pasa?

-Es que… no puedo creer lo ciega que fui y nunca me haya percatado de todo eso. Y tuvo que ser hasta ahora, después de muchos años que me doy cuenta. ¡Vaya que me tenía merecido todo tu desprecio!

-Espera- La alejó de él y limpió sus lágrimas. -¿Es en serio que piensas así? ¿Prefieres que las cosas hayan sido de otra manera? Porque yo no. Me enamoré de ti cuando niños porque eras tan perseverante, tan positiva, buscabas lo mejor para todos. No cambiaría tu despistes por nada del mundo. Mírame, me enseñaste tanto y no me arrepiento de cómo se dieron las cosas.- Sonrió para transmitirle su seguridad. -Ni con todas las veces que trate de confesarme y no pude.

-¡¿Por qué eres tan bueno conmigo?!

-Porque te amo.

Aquella afirmación embriago su corazón por completo, la calidez de sus palabras le daba una sensación tan única. Syaoran definitivamente era la persona más especial en el mundo para ella. Agradecía al destino por volverlos a reunir, porque su vida sin él no era tan magnífica.

-Sakura, me gustabas de niña y me gustas ahora. Me enamoré de nuevo de esta chica tan despistada y con un carácter desafiante. Ahora yo te pregunto, ¿qué hice para merecerte?

-¡Eres un tonto! No sabes cuánto me hiciste falta este tiempo.- Llevo sus manos al cuello y dio un pequeño beso en sus labios. -Soy una llorona.

-Y yo un amargado.

-No se compara con lo atolondrada que soy.

-Bueno, tampoco se compara con lo poco accesible que soy con las personas.

-Soy miedosa.

-Punto para ti, pero me gusta que seas ingenua y pueda protegerte de los fantasmas.

-Tonto.

-Suelo ser un idiota la mayoría del tiempo.

-Pero eres mi idiota.

-¡Hey!- Su novia volvió a besar sus labios para acallar el reclamo. -Eso es trampa…

-No me importa.

-¿Ya estás mejor?- La miró fijo mientras seguían a escasa distancia entre ellos. -A veces no entiendo por qué te culpas del pasado. Piensa en lo que tenemos ahora, y ve aquellos tiempos como un buen recuerdo.- Sonrió de nuevo y besó su frente con delicadeza.

-¿Puedo preguntarte otra cosa?

-Sakura.- Sentenció.

-¡Por favor! Me da demasiada curiosidad.- Vio a su novio cerrar los ojos y lanzar un suspiro en derrota.

-Pregunta.

-¿Me puedes decir cuáles fueron las ocasiones en las que pensabas declararte? ¡Por favor!

-En serio que no entiendo por qué quieres saberlo.- Se sonrojó ante la cuestión. Aquellas confesiones las tenía guardadas para él por lo bochornoso que habían sido. La mirada de cordero a medio morir de su novia tenía un gran poder sobre él, tenía que proponerse ser más fuerte o en un futuro lo pondría en aprietos. -La primera fue en casa de Tomoyo. La segunda fue el mismo día, Tomoyo se perdió en la escuela y cambiaste la carta "Sombra". ¿Lo recuerdas?... La tercera ocasión… fue en el salón de clases. En esa ocasión nos tocó hacer los deberes juntos.

-¿Yamazaki te interrumpió, cierto?- Asintió el joven. -¡Wow! Ese día te la pasaste ignorando al pobre.

-Sí, vaya, así que no eres tan despistada. ¿Podrías adivinar la cuarta?- Retó a la joven con una sonrisa burlona.

-Y, ¿qué obtengo a cambio?- No pensó que lo tomaría en serio, debía recordarse que Sakura amaba las competencias. Lo pensó un poco, no podía decir cualquier cosa pues sería usado en su contra.

-Puedes… puedes pedirme lo que sea, pero aquello que pidas sólo lo cumpliré cuando estemos los dos, y sólo lo haré una vez. No puedes tomar video o fotos tampoco. Será tu regalo de navidad.- Eso debía de ser suficiente, así no tendría que pasar por situaciones bochornosas frente a sus amigos. Sin embargo, la mirada de ella le dio la sensación que quizás se había equivocado.

-Perfecto.- Sonrió con triunfo. Ya sabía lo que quería, tenía tiempo deseando que se diera la oportunidad y él se la había otorgado de la mejor manera, sólo tenía que rebuscar en su memoria. -No te puedes echar para atrás.

-Estás muy segura de ganar, Sakura. ¿Acaso me dirás que sabes cuál fue mi cuarto intento?- No se podía dejar intimidar por su sonrisa, no podía saberlo, ella era muy despistada.

-Veamos…- Se alejó del castaño y llevó su dedo índice a su barbilla. -Si dices que la primera vez fue en casa de Tomoyo, la segunda en la escuela, e igual que la tercera. La cuarta debió ser en el mismo entorno.

-Éramos unos niños, no teníamos más opciones de donde ir.

-¡Claro!- Sonrió triunfante y su novio temió que hubiera sido una mala idea. -Hubo una ocasión en la que te pregunté acerca del osito que habías hecho.- Se acercó a él y lo rodeó con sus brazos poniendo de nervios al castaño. -¿Lo recuerdas? Esa vez me dijiste que te gustaba alguien más, estuviste a punto de revelarme su nombre pero, fui yo quien te interrumpió.- Su sonrisa se amplió cuando su novio la miraba atónito y no tenía palabras para rebatir algo. -Fue cuando fuimos a esquiar.

-¿Quién… quién te lo dijo?- Era una pregunta absurda porque sabía muy bien que nadie más que él tenía consciencia de esos momentos. Los labios de ella se posaron sobre los suyos y un cálido movimiento comenzó entre ellos. Sonrió sobre ellos y la pegó más a su cuerpo, Sakura provocaba todo en él. -¿Cómo estás tan segura?

-Porque te conozco, sé que me lo hubieras dicho de no ser por mi intromisión. Además, días después lo hiciste en el templo Tsukimine, ¿o me equivoco?

Sakura se había convertido en toda una joven atrevida cuando se lo proponía, la tomó por las mejillas con sumo cuidado, colocó sus frentes juntas y contempló sus ojos. Esta mujer lo tenía completamente loco, por ella cometería cualquier locura, definitivamente era su talón de aquiles.

-Bien, ¿cuál será su regalo señorita?- Cuestionó sin desviar su mirada.

-Quiero que cantes, por favor.

Sí, Sakura lo hacía cometer locuras.

Notas

Esta escena era el final del capítulo pero la termine quitando jejeje. Ya con toda la época decembrina :)