Desde que habían llegado al colegio, Malfoy no paraba de acosar como siempre había hecho a Hermione. La insultaba, la empujaba e incluso le había llegado a hacer alguna zancadilla que había hecho que casi se cayese en el Gran Comedor. No obstante, ahora lo hacía más disimuladamente, no lo gritaba a los cuatro vientos y solo lo hacía en presencia de algunos Slytherins. Malfoy no era estúpido y no quería acabar en Azkaban pero se negaba a tratar como a un igual a la sangre sucia.

Hermione por su parte siempre que lo veía le recorría un escalofrío y se tocaba su brazo inconscientemente. Se las arreglaba para fulminar a Malfoy con la mirada cada vez que le hacía algo, pero había decidido ignorarlo todo lo posible y acabar el curso sin problemas como le había prometido a sus padres.

Apenas había conseguido devolverle los recuerdos a sus padres. Había conseguido revertir el hechizo parcialmente y no sabía porque no había funcionado del todo. Claramente se alegraba de que sus padres la recordaran a ella y todo lo que tenía que ver con Hogwarts, pero conforme pasaba el tiempo se daba cuenta de que sus padres tenían lagunas, no podían acordarse de determinadas cosas. A sus padres no les importaba, pero Hermione cargada de culpabilidad sentía que se los debía.

Después de salir del Gran Comedor, se fue con Harry, Neville y Ron al aula donde se impartía defensa contra las artes oscuras junto con Slytherin. Hermione no sabía quien tenía peor aspecto. Ron estaba pálido, como si llevara consigo a cinco dementores. Harry tenía un color entre pálido y verde, no sabía como enfrentarse a esa clase. Neville bien, Neville temblaba como si fuera a clase de pociones con Snape. Y Hermione... bueno, intentaba mostrarse confiada pero por dentro era una combinación de los tres.

Ninguno de ellos decía nada. Cuando llegaron a la puerta se quedaron mirándola, ni siquiera habían hecho el amago de comprobar si estaba abierta. Ahí estaban los héroes de guerra.

-¿Está cerrada? Me aseguré de pedir que no lo hicieran- Preguntó una voz a sus espaldas.

Todos se giraron, era Narcissa Malfoy.

-Umm... No lo sabemos, señora, acabamos de llegar.- Dijo Harry arrastrando las palabras.

Ron la miraba como si hubiese visto un fantasma mientras ella intentaba abrir la puerta, que efectivamente estaba cerrada.

-Bien, no importa. Alohomora- dijo Narcisa desbloqueando la puerta.

Ellos la miraban entrar como si estuviese entrando en una casa del terror muggle.

Harry se sentó con Ron y Hermione detrás con Neville. Habían sido de los primeros en llegar así que se tuvieron que sentar en la parte delantera de la clase. Poco a poco fueron llegando los demás estudiantes. Harry echó un vistazo a Draco Malfoy entrar y pudo comprobar que no le hacía mucha gracia que su madre fuera quien impartiese D.C.A.O, no hacía más que mirarla con un semblante frío y con el ceño fruncido. Todos entraban en silencio, nadie se atrevía a hablar, temiendo que se repitiera lo de Umbridge.

-Como sabéis soy Narcissa Malfoy. La verdad, me da igual si me llamáis profesora Malfoy o Narcissa, lo dejo a vuestra elección.

-Si, señora Malfoy. - Cacarearon todos. Al fin y al cabo era a lo que se habían acostumbrado en los últimos años en esa asignatura y que fuera Narcisa la siguiente no facilitaba las cosas.

Narcissa enarcó una ceja, los miraba con ¿curiosidad tal vez? La tensión se respiraba en el ambiente.

Narcissa suspiró y todos se tensaron más.

-Se que la mayoría de vosotros habéis tenido contacto con las maldiciones imperdonables - empezó a decir, la gente empezó a sudar, parecían confirmar sus sospechas- ya sea recibiéndolas, viéndolas e incluso ejecutándolas- dijo mirando a Draco- así que no voy a regalar puntos preguntando cuales son, se que lo sabéis y tampoco voy a pediros que las ejecutéis, tampoco voy a hacerlo yo- dijo lentamente.

Se oyeron notorios suspiros de alivio. Todos se relajaron en gran medida aunque nadie se atrevió a decir nada y seguían suspicaces, como si todos fueran Slytherin. Narcissa sonrió de lado. Era la misma sonrisa de cualquier Malfoy.

Hermione hacía rato que se había empezado a sujetar su brazo sin ni siquiera darse cuenta, Neville temblaba visiblemente a su lado. Ron por su parte parecía petrificado y Harry se había girado para ver a Hermione. Asintieron confirmando que estaban bien.

-Soy consciente de que hay dos personas particularmente familiarizadas con las imperdonables- dijo mirando a Harry y a Hemione- y dado que muchos de vosotros estoy segura que no sabéis lo que suponen- dijo pasando su mirada por toda el aula- voy a pedirle al señor Potter que nos cuente su experiencia y si la señorita Granger quiere añadir algo puede hacerlo.

Hermione se congeló en su asiento, Harry se giró para mirarla, visiblemente asustado y comprobando que ella no estaba mucho mejor. Harry tragó saliva y se volvió a girar. La clase se llenó de susurros.

-¿Qu-que... -empezó a decir Harry- que quiere que diga? - preguntó con alarma.

-Relátenos lo que es estar sometido a la maldición imperius- respondió Narcisa mirando a Harry a los ojos.

Harry tragó saliva.

-Am.. es...- Harry no encontraba las palabras para expresarse, estaba reviviendo aquel fatídico día cuando Voldemort resurgió.

Suspiró cerro los ojos y habló:

-No duele- fue lo primero que dijo- si te dejas llevar que es muy fácil no duele- repitió- pero... si te resistes si.. si luchas contra la maldición te sientes atrapado dentro como si estuvieses encerrado en un tarro, solo que ese tarro es tu propio cuerpo. La lucha interna hace que.. te duela todo el cuerpo porque intentas mover tus músculos pero eres empujado a hacer otra cosa, es una lucha entre fuerzas, no es fácil... - dijo Harry mirando hacia abajo.

-Bien, muy esclarecedor ¿y que puedes decir de la maldición Cruciatus?

Todos se tensaron. Hermione quería ayudar a Harry y hablar ella, pues sabía lo que estaba siendo para su amigo decir todo aquello delante de todas esas personas. Hermione había experimentado esa maldición, el simple nombre le hacía estar repitiendo en su cabeza una y otra y otra vez lo que había pasado en la Mansión Malfoy. No podía hablar, cada fibra de su ser notaba el dolor de aquella vez. Pero aún así pensó que para Harry podía ser incluso peor.

-La maldición cruciatus...- comenzó a decir Hermione con voz temblorosa.

Harry y Ron se giraron. Harry estaba ahora más pálido que Ron pero ambos sabían que ella no iba a poder.

-Yo lo haré Hermione- dijo Harry, sonando seguro.

Ella simplemente asintió, intentando no llorar. Ron le había cogido la mano y un Neville muy tenso y pálido le palmeaba el hombro. El resto tenía fija su atención en ellos.

-Esa imperdonable... para mí es la peor- sentenció harry mirando a Narcissa por primera vez en mucho tiempo a los ojos.-Se siente como si.. como si...-harry no podía encontrar las palabras así que volvió a cerrar los ojos y suspiró- es como si te clavasen finos cuchillos por todo el cuerpo, el dolor...es insoportable, lo único que quieres es... que acabe e incluso morir- dijo apretando los puños- es suficiente como para que te vuelvas loco, el que puedan infligirte esa cantidad de dolor por un tiempo ilimitado.. sin duda puede hacer que te vuelvas loco- terminó de decir.

-¿Todos los Crucios se sienten igual?- Preguntó Narcissa a una clase muy callada.

-No, la potencia de la imperdonable depende de quien la ejecute. Cuanto más desee el ejecutor hacer daño e infligir dolor más dolor ocasionará. Claramente la potencia también depende de la habilidad del mago pero... sin esa convicción a causar daño no lo hará.- Consiguió responder Hermione con una mirada dura y con los ojos húmedos.

-Eso es cierto, señorita Granger...- Dijo mirándola, lo que provocó que a Hermione le recorriese otro escalofrío- ¿Alguna vez ha intentado usarla y ha tenido éxito Potter?

-Si... es decir, la usé pero.. no pude inflingir ningún daño, no hizo nada- se defendió Harry.

-No esperaba menos del héroe de guerra- dijo Narcisa sonriendo de lado- Cuéntenos sobre la última imperdonable.

Harry no podía hacerlo, se lo diría, aunque eso significara sufrir un cruciatus, que le quitaran puntos a su casa o lo que fuera. No se fiaba de la palabra de Narcisa.

Narcisa por su parte, supo que el chico no iba a poder contar nada, estaba escrito en todo su semblante, era consciente de que ya le había pedido mucho.

-Pensándolo bien, no hace falta, claramente te mueres y ya está- dijo Narcisa encogiéndose de hombros.

Narcisa comprobó que Harry se relajó. No obstante, Hermione estaba visiblemente más afectada que los demás. Aún así, había demostrado ser toda una Gryffindor al responder casi a dos de sus preguntas.

-El señor potter lo ha sabido describir muy bien- hizo una pausa- espero que ahora que vuelven a estar prohibidas y saben el dolor que pueden infringir no las usen nunca. Quiero que reflexionen lo que supuso para otros recibirlas.

Su respuesta provocó que los demás ahogasen gritos, los murmullos volvieron.

-¿Entonces que vamos a hacer en esta clase?- Se atrevió a preguntar uno.

-Seguir los contenidos teóricos y prácticos del libro que espero que tengáis todos ya- dijo Narcisa con una sonrisa.

Con esa contestación todos se relajaron y empezaron a hablar entre ellos.

-Por hoy, hemos terminado, Gryffindor se ha ganado 20 puntos.

Harry vio como Hermione salía corriendo a toda prisa, a él le hubiese gustado hacer lo mismo pero le pidió a Ron y a Neville que se adelantaran, quería hablar con Narcissa puesto que había algo que le carcomía por dentro.

Cuando se fue todo el mundo, se acercó a su mesa.

-Señora Malfoy...hay algo que me gustaría preguntarle- dijo Harry.

- ¿Qué es? - preguntó curiosa.

-No quisiera ofenderla pero.. cuando fui a la junta a testificar por usted y Malfoy- Harry se mordió el labio- me preguntaron si usted me habría delatado si Malfoy hubiese muerto- hizo una pausa para verla a los ojos, parecía especialmente divertida- ¿Lo habría hecho señora?

Narcissa intento no reír, sabría que asustaría al chico de sobremanera pero no pudo evitar sonreir.

-¿Qué les dijiste?

-Um francamente... le debía mucho por salvarme la vida y quise creer que lo habría hecho igualmente- sentenció Harry.

-Creo que... lo habría hecho. Nunca estuve de acuerdo con Voldemort, al menos no con sus métodos- Narcissa se detuvo a mirar los ojos de Harry que la miraban esperanzado y aliviado- si hice lo que hice esos años fue para proteger a mi familia, si Draco hubiese muerto por culpa de él, no podría habérmelo perdonado y sabía por las misiones que le daba y por la naturaleza de mi hijo que tarde o temprano acabaría enterrándolo.

-Señora Malfoy, le estaré siempre muy agradecido, sin usted yo no estaría aquí- dijo Harry mirando al suelo.

Narcisa podía ver ahora a un joven que todavía llevaba una carga, al que la guerra le había pasado factura. Todo este tiempo había sido un niño. Se alegraba de su gesto de valentía aquella vez, nunca había sido partidaria de dañar a los niños. No pudo evitarlo y abrazó a Harry. Éste se quedó congelado por la sorpresa.

-Gracias por testificar a favor de Draco y de mí- le dijo al tiempo que lo soltaba.

-No fue nada, ustedes me salvaron a mi antes- dijo Harry algo incómodo.

-Lo fue, hubiera entendido que no lo hicieras, estoy seguro de que Draco lo entenderá algún día y debo disculparme por algo.

-¿De qué señora?

-Se que lo de hoy debe haber sido muy difícil para ti, has vivido y experimentado un millar de cosas que probablemente nadie deba experimentar nunca, pero el que alguien conocido como el héroe de guerra relatara el horror y el dolor que esas maldiciones ocasionan espero que haga que los demás lo comprendan.- le dijo con sonrisa triste.

Harry iba a contestar pero no pudo al escuchar un grito que conocía muy bien.

-Hermione- murmuró Harry y salió corriendo fuera de clase con Narcissa a sus espaldas.