--Siéntese-ordenó Snape al entrar en su despacho y soltarle bruscamente.

Mientras Harry hace lo que le pide observa que su despacho tampoco ha cambiado nada, sigue con todos aquellos frascos que le ponen los pelos de punta por toda la habitación. Como aquella otra vez, Snape no se sienta y le mira fijamente, cruzándose de brazos.

-¿Por qué no vino a mi clase Potter? Incluso se atrevió a faltar al castigo- cada palabra separada pronunciada lentamente como un siseo.

-Estaba indispuesto, ya se lo dije.

-¿Ahora es cuando finjo creérmelo y le dejo irse?-dice Snape cucando los ojos- más quisiera Potter. Hasta que no me diga la verdadera razón y créeme que sabre si miente, no se va a ir.

Harry no sabía que hacer. Irse más de la lengua o callarse y estar allí hasta dios sabía cuando. ¿No podía tenerle encerrado allí todo el tiempo, no? Pero siendo Snape no era algo que tuviese del todo claro, bien podía pedirle a los elfos que subieran las comidas allí. Incluso era capaz de irse a dar clase y dejarlo allí encerrado. Era Snape al fin y al cabo. Harry decidió que lo mejor sería contarle la verdad sin dar muchos detalles.

-Necesitaba tiempo para pensar. De hecho lo sigo necesitando pero la verdad, me lo está poniendo muy difícil- dijo exasperado- le prometo que el lunes iré a la clase, estaré castigado todo el año si quiere pero deje que reorganice mis pensamientos, señor.

-¿Ahora soy señor? No hace mucho me faltabas el respeto como querías- dijo Snape maliciosamente.

-Mire, se que no quiere cambiar su relación conmigo. Lo entiendo y lo acepto.- lo miró fijamente a los ojos.- Pero no espere que yo haga lo mismo. Deme un poco de espacio para adaptarme.

- Oh cierto. Se me olvidaba que ahora eres un héroe y debemos acatar tus deseos- dijo con toda la sorna que pudo reunir- Eres igual de arrogante que tu padre.

-CÁLLESE- gritó con todas sus fuerzas haciendo que reinase el silencio.- No soy él, ¿Por qué no puede tratarme solo como Harry?-dijo bajando la voz- con Malfoy lo hace.

-¿Celoso Potter?- dijo con su típica sonrisa ladeada.

-Si.- fue lo único que contestó y como respuesta a Snape le brillaron los ojos pero no hubo un cambio de expresión.

-¿Y cómo debería tratarle si fuera Harry a secas supuestamente, señor Potter?- dijo inclinándose hacia él, lo cual a Harry le pareció un acto intimidatorio. Snape quería que se callase y por un momento pensó en hacerlo.

-N-no se...- empezó a decir algo vacilante. La valentía siempre le fallaba en estos momentos, en las cosas más triviales, como relacionarse con los demás- Si tan solo pudiese dejar de burlarse de mi sin llamarme cosas como héroe o celebridad y hablar conmigo a veces...

-¿Cansado de la fama?- dijo burlón.

-No se lo tome a broma, me ha pedido que sea serio. ¡Merezco lo mismo!

-Como espera que sea serio, cuando me propone que charlemos. ¿Quiere también que tomemos el té juntos?- dijo con su sonrisa burlona- No sea estúpido.

Harry sintió que se le humedecían los ojos y desvió la mirada. Snape no iba a entenderlo nunca, a pesar de haberle salvado todo este tiempo, seguía viéndole como una reencarnación de su padre, no como alguien diferente. Estaba cansado de exponer sus preocupaciones y sentimientos y que no sirviese para nada.

-¿Por qué no podemos? Ya no estamos en guerra, ya no es un espía. Si quisiera podría.

-¿Quiere saber porque? - Harry asintió sin mirarle- porque es igual a su maldito padre, siempre tan arrogante, con esos aires de grandeza y hambrientos de fama.

-NUNCA LO PEDÍ.

-Silencio- dijo siseando.- Escúchame bien- dijo apoyando nuevamente sus brazos en el asiento de la silla de Harry. - Nunca podremos tener la relación que quieres - Harry apenas podía contener las lágrimas, aunque Snape no lo pretendiese estaba hiriendo a Harry más de lo que pensaba con esas palabras- Me arrepiento de haberte dado esos recuerdos de mi infancia.

-¿Es por eso? ¿Porque siente que está en desventaja? ¿Por qué se algo que lo hace vulnerable?

- Tu que siempre has tenido fama como tu padre, nunca entenderías lo que es eso.

A Harry le bastó eso como respuesta para saber que no se equivocada. En ese momento se le ocurrió una idea y actuó sin pensar. Se levantó y comenzó a extraer un par de recuerdos, colocándolos en el pensadero. Snape observó todo sin decir nada.

-Mire, y si quiere más puede pedírmelos- dijo mirándole nuevamente mientras contenía las lágrimas. No era recuerdos en los que le gustara pensar. Solía no hacerlo. - hasta que esté satisfecho- y una lágrima se deslizó traicionándole pero la limpió rápidamente.

Snape quien hasta entonces había estado observando sin decir nada, preguntó:

-¿Qué es...?

-Mire- dijo señalando al pensadero.

Snape se dirigió al pensadero lentamente y antes de echar un vistazo dentro miró a Harry quien estaba al otro lado de la habitación apretando los puños.

Snape vio a un niño encerrado en un pequeño cuarto. Estaba muy delgado, con ropa ancha. Le rugían las tripas pero no se quejó se hacía un ovillo mirando un reloj.

Una mujer que conocía bien, Petunia, le ordenó a Harry que limpiase la cocina e hiciese la comida. Harry no protestó, se puso a hacerlo inmediatamente, parecía que estaba acostumbrado a hacerlo. La expresión del chico era de resignación y tristeza.

A la hora de comer Harry apenas tenía algo más que pan y agua cuando sus tíos y su primo tenían los platos llenos de pollo y patatas. Su primo incluso pudo repetir. El pequeño Harry no los miraba a la cara, comía en silencio.

Ahora estaba en lo que suponía que era un colegio muggle. Harry había suspendido su examen. Su primo y unos amigos le pegaban collejas y le insultaban llamándole fenómeno. Al terminar las clases salía corriendo mientras le perseguían. Cuando lo atraparon le golpearon en el estómago y lo tiraron al suelo. Antes de irse un amigo de su primo le escupió y se fue. Harry en ningún momento lloró. Se quedó en el suelo y en algún punto se levantó y siguió como si nada.

En casa la situación no era muy diferente ,su tío le pegaba y le gritaba. Lo miraban con desprecio. Su tía teñía ropa para dársela a Harry, ropa que claramente le iba a venir grande y que era de su primo, como todo lo que llevaba.

En un último recuerdo, se vio a un Harry celebrando solo su cumpleaños con una vela prácticamente consumida. Claramente había sido usada en otras situaciones. La sostuvo delante de él encerrado nuevamente en su alacena y con un suave soplido la apagó. Felices 8 años susurró Harry para si mismo mientras una lágrima recorría su rostro.

Y con ese último recuerdo salió del pensadero. Snape estaba muy pálido con el estómago revuelto. La infancia de Harry había sido bastante similar a la suya. Al contrario de lo que pensaba los Dursley no habían mimado ni sobreprotegido a Harry, en realidad era todo lo contrario, lo habían humillado.

-¿Qué pasó cuando supieron que vendrías a Hogwarts?- preguntó Snape sin girarse. Sabiendo que Harry seguía allí.

-Nada cambió, incluso a veces era más difícil porque escondían todas mis cosas- dijo en un susurro.- Aunque gracias a las cartas conseguí el segundo cuarto de mi primo.

Snape se giró a verle sin perder la compostura. Harry tenía los ojos rojos y seguía con los puños apretados. Se acercó a él lentamente.

-¿Quiere más?- preguntó con una mueca.

Snape no dijo nada y ante todo pronóstico abrazó a Harry. Éste no pudo articular palabra ni moverse pero comenzó a sollozar en silencio. Sin atreverse a corresponder el abrazo, no quería hacerse falsas ilusiones pero notó el gesto cálido, a pesar de venir de ese hombre tan frío que no dijo ninguna palabra.

-No lo sabe nadie- empezó a balbucear Harry.- Bueno, Ron y Hermione saben algunas cosas y supongo que Dumbledore sabría algunas por su cuenta pero nadie sabe lo que le enseñe- y comenzó a sollozar de nuevo temblando.

Snape no dijo nada y solo cuando Harry dejó de temblar se apartó de él.

-¿Por qué sigues viviendo con ellos?

-Poco antes de la guerra empezaron a cambiar, mi primo sobretodo. Ahora mi primo a veces me pregunta cosas, tengo una comida decente y bueno sigo realizando las tareas pero no me importa- dijo mientras se sentaba de nuevo en la silla.- Y con mis tíos es todo muy incómodo y la verdad seguimos sin hablar mucho. A veces Vernon vuelve a comportarse como siempre pero se detiene o recapacita al poco- dijo Harry encogiéndose de hombros.

-Ya no está la protección de la casa, puedes irte. El estúpido de Sirius te dejaría su casa.

-Si, pero...- Snape lo miraba fijamente sentado en su silla por primera vez desde que habían entrado, esperando a que continuase- no me gusta estar solo y menos allí- dijo sin mirarle.

Snape no dijo nada. Era como si estuviese viendo al chico por primera vez. En realidad lo era, porque la imagen que tenía de él no se correspondía con lo que había visto en el pensadero. Era algo que lo trastocaba de sobremanera y sobre lo que tenía que pensar detenidamente. Era irónico que el hijo de James hubiese sido abusado, pero cuando iba a sonreír se acordó de Lily y en parte se le vino el mundo encima por no haberse dado cuenta. Pero el chico había sido diferente en Hogwarts no podía culparse por eso. Se preguntó si Harry habría sentido algo parecido cuando descubrió cosas de su infancia, de su padre, y de la verdad que él había ocultado como espía. A su pesar, supuso que sí.

-¿Puedo irme? - dijo Harty mirándolo a los ojos, con aspecto abatido. Snape asintió.

-¿No va a pedir que guarde el secreto?- dijo Snape cuando Harry estaba cerca de la puerta.

-No, señor. Yo si confío en usted.

-Potter- dijo Snape con un suspiro- Intentaré contenerme en las aulas, pero no le prometo nada- los ojos de Harry se veían esperanzados- Pero yo no soy de mantener conversaciones porque si, ni con Malfoy lo hago.

-Oh, está bien- dijo Harry. Al menos su profesor iba a intentar tratarle mejor. Eso estaba cerca de lo que él quería en un principio.

-Pero lo haremos- los ojos de Harry brillaban- mientras retomamos sus clases de oclumancia- y Snape pudo ver como esos ojos adquirían un aspecto horrorizado.

-¿Por qué? Voldemort está muerto- dijo harry rápidamente.

-Me han dicho que quiere ser Auror. Hay personas hábiles en legeremancia ahí fuera, lo necesitará.

-La última vez me echó.

-Eso no volverá a pasar. Le recomiendo que esta vez practique oclumancia de verdad.-sus ojos brillaban con malicia. - y es algo que hará si quiere que hablemos de vez en cuando y que me esfuerce en tratarle como Harry a secas.

Harry no tuvo que pensarlo mucho. Odiaba esas clases y el dolor que le suponía que mirase dentro de él . Además, no quería ni pensar que recuerdos iba a tener que rememorar.

-¿Cuando?

-Cuando lo estime oportuno. Empezaremos mañana, para que cumpla con el castigo de saltarse mi clase. Ahora vaya y descanse.