Tarde, tarde, tarde, pero aquí estamos. Hoy dos por uno.
Y aún así, sigo atrasada...
5.- Kuroo x Kenma: Soñar y la vida real son muy diferentes. El ahora y la vida adulta que les espera, también.
Para ser sincero, las cosas eran mucho más diferentes a como las había soñado alguna vez.
No era el momento más práctico para ponerse a pensar en ello, lo sabía muy bien, tener el cuerpo de Kenma bajo el suyo, con la piel perlada en sudor y la respiración entre cortada, soltando su nombre en jadeos que le excitaba a niveles insospechados debería tener su mente entretenida con cosas mucho más importantes. Seguir bombeando dentro del cuerpo del más pequeño, concentrarse en besar y lamer toda la extensión de piel a su alcance o torturar esos labios que le incitaban a cosas muy sucias en las que debería estar prohibidas pensar.
Sin embargo, le era imposible no ponerse a pensar. Habían sido años y años y años y demasiados años en los que deseo todo eso. Deseo tener el cuerpo de Kenma a su merced para devorarle por completo. Años en los que sólo podía soñar con las mil cosas perversas que quería hacerle a ese cuerpo que se veía tan pequeño y frágil. Las mil veces que con el pensamiento mansillo y follo a su compañero intentando satisfacer su deseo.
Ahora, aquí, en su habitación, Kuroo se daba cuenta que Kenma le provocaba una sed insaciable. Entre más besaba su piel más quería seguir probándola. Entre más extensión de piel descubría más quería tocar y tocar y tocar, entre más enterraba su polla en ese agujero que le absorbía en su calor más profundo quería llegar. Kenma se le ofrecía ahí, entero, a su disposición y él no se veía capaz de quedar totalmente satisfecho.
Había una urgencia indescriptible por más y más que pensó por un segundo que se volvería loco.
Los brazos delgados de Kenma se aferraban a su espalda, sus piernas se enredaban en sus caderas y sus cuerpos estaban tan imposiblemente unidos que saber dónde comenzaba uno y dónde terminaba el otro es imposible. Y, aun así, piensa Kuroo casi con desespero, necesita más, necesita que Kenma le mire a él, sólo a él.
No sabe si es por la inminencia de su graduación, de esa incertidumbre de estar separados porque la vida adulta le espera y Kenma aún tiene tiempo para pensar sobre qué quiere de su vida. No sabe si es por pensar vagamente en Hinata Shouyo y la fascinación que causó en Kenma.
No está seguro de nada en absoluto y sólo sabe que hay algo quemando en su pecho que no le permite estar totalmente satisfecho. Ha soñado con eso durante más tiempo del sanamente recomendado. Ha estado junto Kenma por años y ha tenido siempre la certeza de que eso pasaría tarde o temprano porque no se imagina al lado de nadie más.
Es quizás nos saber qué piensa su compañero de todo eso lo que lo tiene así. Kenma parece tener la predisposición de dejarse llevar siempre por los deseos de Kuroo sin poner demasiada resistencia, como si él mismo no supiera que puede tomar decisiones por sí mismo y a Kuroo le aterra el día que Kenma descubra que tiene muchas oportunidades lejos de él.
Todo ese tiempo siendo vecinos y estando juntos se ha encargado de no darle opciones al rubio, de llevarlo siempre junto a él en el camino. Pero ahora con el inminente final Kenma puede hacerse a la idea de no tener más a Kuroo en su vida.
Así que arremete más fuerte contra su pequeño cuerpo. Recibe arañazos en la espalda como respuesta, pero ignora el ardiente dolor para concentrarse en los movimientos desesperados de su cadera, en los besos furiosos que buscan dejar sin aliento al otro y las marcas que sus manos dejarán en sus caderas para que no olvide, para que no se atreva a olvidar al menos por el tiempo que duren.
Es irónico, pero Kuroo cree que junto al orgasmo se va a poner a llorar y no puede imaginar nada más patético que eso.
Pero de verdad intenta dejar de pensar. De verdad hace un intento monstruoso para alejar esos pensamientos y concentrarse en el tirón que da su vientre antes de correrse con fuerza y ahogar su gemido de placer -que seguro parecerá más el llanto de un gatito lastimado. En un nuevo beso.
Siente la humedad del orgasmo de Kenma en su vientre y el ambiente comienza a enfriarse poco a poco. Sin embargo, Kuroo sigue aferrado con fuerza al cuerpo de Kenma. Pensando y pensando y pensando nuevamente en tantas posibilidades y en tantos miedos que no nota las manos tibias y pequeñas de Kenma sobre su espalda, acariciando de arriba abajo lentamente hasta que la tensión de sus músculos desaparece y al fin Kuroo se deja caer a un lado, cansado, jadeando y con la mente un poco más tranquila.
Kenma sigue acariciando su cuerpo, pasa de su espalda a su pecho y de su pecho sube lentamente hasta su rostro, borrando los rastros de sudor de su frente, de sus mejillas y de sus ojos, aunque Kuroo piensa vagamente que esas pueden ser lágrimas, aunque no quiere confirmarlo porque terminaría de hundirlo totalmente.
Kenma observa distraídamente todas las marcas que ahora tiene su cuerpo. Las mordidas, los chupetes, las marcas de dedos en sus caderas, su semen secándose en su vientre, los labios hinchados y Kuroo debería saber lo bueno que es Kenma entendiendo a la gente, y él no es ninguna excepción. El brillo del entendimiento se refleja en los ojos gatunos del menos que se queda acostado, mirando al moreno que se niega a abrir los ojos.
—Yo también tengo miedo —admite Kenma, quien sabe que la mayor parte de la gente no puede entender su forma de pensar. Pero siempre ha creído que Kuroo le entiende un poco mejor y le duele ver que en esta ocasión, esta que es realmente la importante, esté tan ciego para no ver—. Eres tú el que se irá. No sé a dónde y no sé con quién ni lo que harás. Yo me quedaré en el mismo lugar con las mismas personas que ya conoces, pero tu irás a un nuevo mundo. Uno mucho más interesante que yo.
—No hay nada allá afuera más interesante que tú —dice Kuroo en un gruñido, pasando un brazo por la cintura de Kenma y pegando sus cuerpos de nuevo. Después de la emoción del orgasmo el frío de su lejanía comienza a afectarle.
Si alguno de los dos notó que aún hay semen sobre el vientre de Kenma, ninguno se queja.
—Tú podrías dejarte encandilar por alguien más si yo me alejó un poquito de ti —agrega después de abrazarse de nuevo a su cuerpo y enterrar su cara en el cuello de Kenma. Le gustaría decirle que le dejó solo por unos minutos y llegó Hinata a lograr lo que nadie con años de estar a su lado podría sólo con su apasionante personalidad.
Y Kuroo no lo culpa. Él mismo a veces se ve demasiado cegado por los chicos de Karasuno, pero ese no es el punto y el miedo sigue latente.
Kenma tamborilea distraídamente sus dedos en la espalda de Kuroo, ocultado una sonrisa y disfrutando de la respiración cálida en su cuello. Sabe perfectamente a lo que se refiere y sabe que no debería sentirse tan bien con esos celos que el otro le profesa, pero es algo que no puede evitar.
—No irás muy lejos Kuroo, irás a una universidad aquí en Tokio. Podremos vernos los fines de semana, podré dormir contigo si se da la oportunidad y un año se pasará volando. No sé por qué piensas que te irás al otro lado del mundo.
—¿Ya habías pensado en todo eso? —No pudo evitar el tono de incredulidad.
—¿Tú no?
—Intentaba fingir que ese día nunca llegaría.
La risa vibró levemente en el pecho de Kenma, terminando definitivamente con las dudas de Kuroo.
—Aunque no habíamos llegado a… esto —refiriéndose a la intimidad sexual—, siempre he pensado que estaremos juntos todo el tiempo. Que esta distancia no significaba mucho. No pensé que te generará tanto miedo.
—Yo no tengo miedo —replicó Kuroo, apretando su abrazo.
—Bueno, que tuvieras tantas dudas.
De un movimiento brusco, Kuroo volvió a dejar el cuerpo de Kenma debajo del suyo, levantando el rostro para poder mirarse a los ojos fijamente.
—Tampoco tengo dudas —dijo claramente mintiendo, pero con una seguridad que de ser Kenma otra persona, le creería—. Eres mío, espero que lo sepas.
Kenma disfruto de rodear el cuello de Kuroo, perdiendo sus manos por su oscuro y desordenado cabello al tiempo que una sonrisa se formaba en sus labios y sus ojos brillaban con una emoción difícil de explicar.
—Yo siempre he sabido eso —respondió antes de iniciar un nuevo beso.
Porque, aunque Kuroo no lo sepa y Kenma no sea quién para explicarle, el rubio siempre ha tenido la opción de elegir irse por otro camino, explorar cosas menos problemáticas que un equipo de voleibol. Pero nunca se verá capaz de dejar ir ese calor que le agita el pecho y le acelera el pulso y que sólo Kuroo es capaz de provocar.
Y así...
