Tarde, tarde, tarde, pero aquí estamos. Hoy dos por uno.
Y aún así, sigo atrasada...
6.- Tsukishima x Yamaguchi: Son como una noche de verano.
Si alguien le pidiera que describiera la situación, lo mejor que se le ocurre es "una noche de verano". Y es de cierta forma cursi y estúpido, pero sin lugar a dudas es una buena forma de describirlo. Porque si tiene que describirlo, en una palabra, sería calor.
Puñetero calor.
Y no de ese calor abrazante por el sol que te hace sentir a punto de tener una insolación. Claro que no. Es un calor sofocante, húmedo. Te hace sudar la gota gorda, te atraviesa las ligeras capas de ropa y te hace transpirar con la respiración agitada. Sientes la humedad pegada a la piel, arrastrarse por cada fibra de tu cuerpo hasta dejarte exhausto sin hacer nada.
Pero, ¿qué es exactamente lo que está describiendo?
A él y a Yamaguchi.
Tsukishima lo sabe, no es la primera vez que hace la comparación. Sabe que él es como la luna, fría y solitaria. Y Tadashi es sin lugar a dudas como las estrellas, resplandeciente y hermoso. Juntos son como una noche de verano porque juntos son la luna y las estrellas y lo que hay entre ellos un calor asfixiante como el verano.
Porque sabe, no es ningún idiota, sabe con una certeza dolorosa lo que Yamaguchi siente por él. El deseo crepitante en su mirada, sus sonrojos mal disimulados, sus sonrisas bobas al estar a su lado, a paciencia infinita que tiene con una persona como él. Lo sabe con la certeza que sabe que esas miradas le causan un calor en el pecho y la entrepierna más difíciles de disimular con el tiempo. Lo sabe de la misma forma en que sabe que no se atreve a hacer nada.
Tsukishima es desconfiado por naturaleza. Odia las mentiras. A él mismo le es imposible decir una mentira porque las odia con el corazón. Es mejor fingir indiferencia a interesarte de verdad por las cosas o las personas.
Pero Tadashi ha sido una constante en su vida por años, le ha seguido a todas partes. Está cien por ciento seguro que le siguió a Karasuno sin saber bien qué estaba haciendo o si a Kei realmente le agradaba la idea. Y, aun así, ahí estaban, hasta en la misma clase porque así, al parecer, es la forma en que funciona el destino. Que se lo pregunten a Hinata y Kageyama.
Sin embargo, la situación sí le fastidiaba, porque a base de fuerza e imponerse Tadashi se estaba colando demasiado dentro de su mente y ahora también en su cuerpo.
Oh las noches en las que Tsukishima le dedico una paja a las pecas de Yamaguchi. ¿Hasta dónde llegarían sus pecas? ¿Su espalda estaría plagada de ellas? Kei se veía capaz de besar cada una de ellas, marcar cada peca con sus labios, en signo de pertenencia.
Y ese pensamiento le tenía aterrado. Era tan poco propio de él. Pero no podía evitarlo, Tadashi era una presencia y un pensamiento constante en su vida últimamente. Nunca le había importado el esfuerzo que la gente hacía en el voleibol, pero tenía la necesidad de hacerle saber a Yamaguchi que su esfuerzo no era en vano, que le sonriera de forma tan cálida a pesar de su comentario tan frío no le ayudaba en nada. Nunca, jamás, hubiera pensado en permitir que alguien le gritara, que le llamara idiota y, aun así, dejaba que el chico hiciera eso y mucho más con su persona.
Le daba miedo esa vulnerabilidad del que se veía victima estando junto a Tadashi, pero tampoco lo imaginaba de otra forma.
Y estaban también las miradas, los roces casuales, las caminatas en silencio, la comodidad uno junto al otro. Estaba todo eso que conformaba un todo en su relación que al mismo tiempo no es una relación y que tenían a Kei al borde del colapso.
—Tú nunca me traicionarías —dice Tsukishima, intentando que suene como una interrogante y frustrándose al darse cuenta que es más un hecho irrefutable.
No lo ha soportado más y una tarde en que las miradas entre ellos parecen más cargadas de significado, arrastro a Yamaguchi hasta un lugar apartado, chocando su cuerpo contra una pared y poniendo el propio como barrera para que no intente escapar, como si realmente tuviera en algún momento intenciones de hacerlo, aunque los dos saben que nunca lo haría.
—Nunca —responde Tadashi, fingiendo por los dos que ha sido una pregunta y no una afirmación.
Tsukishima asiente con la cabeza, aun mirándole fijamente, pero la cabeza en otra parte, pensando aun en todo lo que podría y va a salir mal en el futuro. Porque nada le garantiza que eso sea cierto, absolutamente nada.
Siente las manos de Yamaguchi acariciar sus brazos, los cuales usa para cortarle el paso. Sin embargo, no intenta bajarlos para luego huir. No. Los acaricia lentamente hasta llegar a su cuello, subir por su cabello, acariciando lentamente y cuidando de no tirar sus lentes con el movimiento de sus dedos. Tadashi junto sus frentes y le dedica una sonrisa resplandeciente que nota más por el brillo de sus ojos que porque pueda ver sus labios curvados.
—Nunca te voy a traicionar y nunca te voy a mentir —repite Yamaguchi sin detener sus movimientos, acariciando hasta sentir el cuerpo del otro con menos tensión—. Estaré ahí para decirte que eres un idiota, así como evitaré que alguien más lo haga porque sólo yo puedo hacerlo, ¿verdad?
No lo sabe porque está muy distraído con las suaves caricias, pero a asentido con la cabeza ante esa pregunta. Los dedos de Yamaguchi se sientes hipnóticos en su cuerpo y de nuevo ese calor le está quemando por dentro, por cada parte que los dedos ajenos están tocando.
Se quedan así un largo rato, frente contra frente. Los brazos de Tsukishima han bajado hasta enroscarse en la cintura de Yamaguchi y éste no ha cesado con sus movimientos entre el cabello de Kei. El silencio es cómodo y los dos piensan que de seguir así se quedarán dormidos de pie.
—Hay que ir a casa —susurra Tadashi, como si hablara con un pequeño animal asustadizo y no con un chico de casi dos metros de altura.
Sin embargo, ninguno hace movimiento para intentar separarse y cuando Kei abre los ojos y se pierde en los de Yamaguchi el calor explota en su pecho y en sus labios que colisionan con los contrarios.
Definitivamente, piensa Tsukishima volviendo a estrellar el cuerpo de Tadashi contra la pared para tener un mejor apoyo, somos como una noche de verano. Es caliente, húmedo, está a punto de derretirse en los labios y la lengua de Yamaguchi y no podría importarle menos. Sus manos se pierden debajo de su playera y le molesta no saber si su espalda también está moteada de lunares porque no siente relieve alguno. Es una piel lisa y suave y alza una plegaría a cualquier dios que le quiera escuchar para que de verdad haya ahí muchos puntitos para acaricias con su lengua, de la misma forma que acaricia la boca contraria, los labios suaves y dulces, la lengua juguetona que le sigue el paso.
El lejano llamado del capitán les regresa de golpe a la realidad, han dejado sus cosas en el gimnasio e imaginan tendrán un buen sermón por no haber ayudado con la limpieza.
A Tsukishima no podría importarle menos porque, a pesar de la oscuridad, las mejillas de Yamaguchi relucen sonrojadas, sus ojos cristalinos nublados por el placer y su respiración agitada son difíciles de disimular.
—Sí… vamos a casa —dice Kei con una sonrisa satisfecha en los labios, pensando en todo lo que podría hacer una vez en casa.
Ya está oscuro y la luna y las estrellas brillan con fuerza en el cielo, peor a Tsukishima sólo le interesa saber cuántas estrellas oculta el cuerpo de Yamaguchi. Para Tadashi hace muchos años que sólo hay una luna que le interesa.
Y así...
