Primavera Perdida

V


A diferencia de todas las jornadas anteriores, ese día el Sol había mostrado por primera vez su cara desde hace meses. Las antorchas en el patio de entrenamientos del castillo habían sido apagadas en cuanto se filtró el primer rayo en medio de, las no tan oscuras, nubes y la gente simplemente se había mostrado maravillada.

Las antorchas de guardaron en las bodegas de carne según las instrucciones de los piromantes de Desembarco del Rey. El fuego Valyrio había sido un regalo de su esposa a los señores del norte, el último, antes de que todo se oscureciera y los señores del norte habían sabido darle un mejor uso, la sustancia, como la llamaban los piromantes se controlaba mucho mejor en el clima frío del norte que en cualquier bodega sureña. Era extraño, por decir lo menos, ver aquellos reflejos verdosos y brillantes sobre los grises muros de Invernalia. Sin embargo, muchas cosas habían cambiado y los Stark sobreviviendo a la oscuridad con fuego Valyrio era el menor de ellos.

Por supuesto que no las necesitarían mientras el sol iluminase el norte, y según lo indicado por el maestre Wolkan y de acuerdo con Sam, al menos, por ese día las tormentas no regresarían. Era el deleite de todos, el sol mostrando su cara en pleno norte, en pleno invierno era un augurio – según las viejas- de que el verano regresaría pronto. Él no lo creía, solo imaginaba que se trataba de un respiro, uno que todos necesitaban. Aunque había cierta lógica en ello; si el Rey de la Noche había sido derrotado, era factible que el Invierno durara menos.

El sonido de las espadas devolvió su atención del cielo azul a la tierra gris y la centró en el patio de entrenamiento.

Lord Tarly, en toda su altura, era ágil y más que diestro con la espada. De seguro, aquellos brazos eran capaces de asestar golpes con tal fuerza que le harían temblar, se movía rápido y, claramente, sabía combatir con el arma que fuera. Además, y esto ya lo había notado, era inteligente al hacerlo, cualquiera podía tener la fuerza, eso lo sabía, se lo había dicho Ser Rodrick cuando no fuera más que un niño, en ese mismo patio, mientras los aleccionaba junto a Robb, pero había que saber usar los recursos de los que se disponían en el combate. Y, ciertamente, Lord Tarly sabía cómo hacerlo.

Le extrañaba que aquel derroche de habilidades y virtudes fuera un joven tan… gentil y cortes. No pudo evitar recordar a Joffrey, y lo seguro que había sido de si mismo todo el tiempo, tan niño y tan arrogante, era el gusto que se podía dar el hijo mal criado de un Rey, así como el de un señor. Sin embargo, era algo que no se dio con el joven Lord Tarly; en esos días, Jon le había visto hablar con los herreros, los guardias, el jefe de las perreras y los cocineros. Quizás le buscaba algún defecto para considerarlo indigno de Sansa, le habría gustado pensar de que se trataba de otro chiquillo soberbio que solo usaba la cortesía con aquellos que consideraba sus iguales. Pero no, a pesar de todo Lord Tarly resultó ser una grata sorpresa.

Había imaginado, conociendo a Sansa todos esos años, que de niña habría sido feliz con semejante caballero, pero las guerras habían ido y venido, el mundo había cambiado y Lord Tarly, con todo el respeto que le merecía, aún, a su gusto, olía a verano. Quizás era por su carácter tan sureño, mientras que él y los Stark resultaban casi sombríos a su lado.

Ya había pasado una semana desde su matrimonio, y se había visto impedido de abandonar Invernalia por una tormenta que se había sepultado gran parte del Camino Real, no con nieve si no con Hielo, usualmente Rhaegal habría acudido a él, pero su dragón no parecía cómodo ahí, razón por la cual, creía él, no acudió a su llamado ni una sola vez.

A veces creía que el viento se llevaba su voz y la perdía evitando que su dragón lo escuchara, pero, a diferencia de muchas otras veces Rhaegal jamás le esperó cuando descendiera en su antiguo hogar, en cuanto él le dejara, su dragón había cogido el vuelo y desapareció en medio de las oscuras nubes.

Quizás ese día tan claro le permitiría llamarlo una vez más. Quería irse, salir de ahí. No soportaba continuar en medio de aquellas paredes y ver cómo es que Sansa se iba cada noche a la cama con el virtuoso Lord Tarly, en donde de seguro el señor de Altojardín, le hacía virtuosamente el amor.

"Sería un verdadero idiota si no lo hiciera"

Aun así, la sola idea de ellos dos juntos besándose había comenzado a envenenarle la cabeza desde el día de la boda. Sam y Arya lo notaron molesto todos esos días e hicieron todo lo posible para animarlo. Aquello lo agradecía, sin embargo, entre más se fijaba en las virtudes de Lord Tarly le resultaba poco menos que imposible, pensar mal de él.

En menos de una semana había pasado de correcto a encantado, sonreía como nadie en Invernalia y Jon sabía que se debía al efecto que su hermana causaba en el joven señor.

― Cuando Dickon nació lucía tan pequeño… ― dijo Sam a su lado ― es mucho más alto de lo que nunca seré y mucho más de lo que fue mi padre ― Jon no recordaba la estatura de Lord Eddard pero si recordaba que el tío Benjen era más alto que el antiguo señor de Invernalia.

"¿Qué tal alto era Rhaegar Targaryen?"

Pensar en él lo llenaban de un sabor raro. Trataba de no hacerlo, pero con Dany tan cerca, era menos que imposible.

"Lo peor de los Lannisters no fue que lanzaran a Bran de la torre o que masacraran al último rey del Norte, lo peor era cometieran incesto y yo estoy haciendo lo mismo"

Al final se trataba de la fuerza, quién era más poderoso en Poniente podía hacer lo que quisiera, cuando los Lannisters lo fueron nadie dijo nada, y claramente nadie se lo reclamaría a él como Targaryen, nadie tampoco diría nada a su reina.

"Siquiera yo lo haría"

Aunque no sabía si eso se debía a su afecto por Daenerys, o al sacrificio que había significado para él tomarla por esposa, cuando se sabía enamorado de Sansa.

Suspiró. Había sido su palabra como Rey en el Norte y debía cumplirla.

― Todos los bebes son pequeños al nacer ― dijo esperando sonar más tranquilo de lo que se sentía, notó que no había funcionado cuando Sam se le quedó mirando extrañado y luego sonrió nervioso.

― Es verdad… ― dijo este y sus palabras murieron cuando notaron que el mismo Lord Tarly se dirigía hacia ellos. Se veía, como todos esos días, feliz y lleno de energía, lo que le fastidió. Quizás era por el sol, aunque probablemente se trataba, como no, de su esposa.

Jon lo vio subir las escaleras de piedra y madera de dos en dos, con la facilidad que le proporcionaba su altura. Se sentía ridículo casa vez que se les acercaba, se sentía ridículo el solo tener que mirarlo hacia arriba para poder hablar con él cara a cara.

Se inclinó levemente cuando estuve frente a él y lo saludó con su usual cortesía. Mientras que con Sam fue más abierto. Lo golpeó suavemente en el hombro y le sonrió, Jon notó que Sam también lo hizo, aunque su gesto no era tan efusivo como el de Lord Tarly.

― Hemos programado una jornada de caza al Bosque de los Lobos mis señores, quisiera saber si es que deseáis uniros ― Sam volvió a sonreír.

― Dickon, a menos que vaya en una mula, dudo mucho que pueda seguiros el paso ― Lord Tarly parecía realmente decepcionado de la respuesta de su hermano.

― No seas aguafiestas Sam ― intervino Jon ― puedes montar ― no se esperó la mirada llena de agradecimiento que Lord Tarly le envió, y se detestó cuando le asintió con tranquilidad.

― Pero la nieve… ― objetó este, Jon negó.

― Las tormentas ya bajaron al sur, y considerando este día sería un desperdicio permanecer en el castillo. Será, como mínimo, divertido.

Derrotado Sam asintió.


― De caza ¿con Dickon? ― Sansa le miró con extrañeza, a lo que Jon solo asintió, estaban en el patio mientras se terminaban los preparativos ― Dickon no me dijo nada.

"Dickon" se oía tan familiar en su voz. ¿Cómo no serlo si es que solo en esa semana se habían visto y tocado más que él y ella en todos sus años de conocerse?

Alejó aquel pensamiento de su cabeza. De nada le serviría el enfadarse.

― ¿Necesita tu permiso para ello? ― preguntó tratando de parecer tranquilo ― Como yo lo veo, aun cuando no sea de nombre, él es el señor de Invernalia ― Sansa le dio una mirada que rayaba en la advertencia.

― No, no necesita mi permiso ― Jon suspiró consiente de que no había funcionado.

― Lo siento ― dijo sin saber que más hacer ― no debí ser así de insolente ― ella bajó la mirada, en esos días no habían cruzado muchas palabras. Jamás Jon creería que en Invernalia se sentiría como un extraño.

― No es eso… ― dijo ella mirando a su alrededor ― es solo que no lo sabía ― parecía decepcionada y Jon se preguntó si es que Lord Tarly había hecho planes a sus espaldas, de ser así él entendía su molestia. O, quizás, solo había esperado pasar con él algún tiempo.

― No te preocupes, cuidaré de él ― sonrió, a lo que Sansa le devolvió el gesto de la misma forma en que lo hiciera antes de que todo pasara, antes de la Batalla por el Amanecer, antes de convertirse en un Targaryen.

Le habría gustado que fuera para él, que aquella sonrisa fuera porque él le decía que volvería sano y salvo.

¿Habría caído ella, igual de encantada, que su joven marido? Jon la había observado esos días y si bien lucía satisfecha, a él le parecía que la misma calma de siempre guiaba sus movimientos.

Lo entendía, Sansa no había buscado ese matrimonio por amor, sino por política y conveniencia. Actualmente la señora de Invernalia tenía sobre sus hombros el gobierno del Norte, el Nido de Águilas y Aguasdulces, razón por la cual se esperaba que viajara durante gran parte ese Invierno hasta que la heredera de Edmund Tully tuviera la edad para guiar las Tierras de los Ríos al igual que Lord Arryn.

Esa había resultado ser una discusión agotadora. Tan solo tres semanas después de la última batalla. Él ya se había prometido a Daenerys, y fue una agonía el ver a Sansa con el rostro y las manos aun ensangrentados, llevaba la levita blanca de las septas, pasaba de atender a los heridos como él a las reuniones con los señores. Daenerys había caído en fiebre por sus heridas y era tratada por Wolkan y Sansa respectivamente.

Se subió a su caballo y se adelantó a la comitiva liderada por Lord Tarly cuando este se detuvo frente a su esposa para besarla desde el caballo. Dioses como lo odiaba, no a ellos claro, solo era la situación. Ese día debía llamar a Rhaegar, intentarlo, al menos.

Cuando cruzaron los muros del castillo se dejó llevar por el paisaje, extrañaba la nieve y la calma del Norte, fue cuando decidió perderse en sus recuerdos. Extrañaba el norte aun cuando, en esos últimos meses, todos los días habían sido noches y las tormentas de nieve caían hasta cubrir metros por sobre sus cabezas.

Estas cansada ― le había dicho, cuando la vio acudir a él con el cabello desordenado y el rostro con salpicaduras de sangre, traía entre las manos un pañuelo tan rojo como parte de sus vestiduras, Missandei se le acercó con su capa y Sansa se despojó de la levita ensangrentada, la vio colocarse los guantes oscuros con las manos aún sucias. Él se tomó la libertad de limpiarle el rostro con su mano desnuda y la mancha de sangre dejó un rastro vago. Sansa se acomodó el cabello lo mejor que pudo para cubrirla con ayuda de la muchacha y le agradeció con una sonrisa.

No es nada ― le contestó finalmente ― aunque si no como algo creo que gritaré.

Mi señora… ― dijo Missandei y le extendió una copa de vino especiado y un trozo de pan.

Eres una maravilla ― agradeció Sansa y Missandei solo asintió.

¿Puedes caminar bien? ― le preguntó a lo que él asintió. De todas maneras, le ofreció su brazo, aunque era una farsa, parecía que él la guiaba, pero bajo ello era Sansa quién se mantenía fuerte.

Los señores les vieron avanzar y ella tomo posesión en la mesa central de Invernalia. Él en cambio debió tomar asiento a un costado. Ya no le correspondía estar ahí. Jon sonrió cuando vio que Sansa se llevaba un trozo de carne helada a la boca con dedos ágiles y gesto elegante.

El primero en hablar fue Lord Royce.

― Es hermoso ¿No te parece? Lord Tarly lo sacó de sus recuerdos, iba a la cabeza de la partida de caza y la capa ribeteada de piel de lobo, lo hacía aún más imponente, lo vio mirar a Sam esperando una respuesta. Este también cabalgaba, mucho mejor de lo que lo haría en una mula y, le pareció a Jon, que no quería estar cerca de su hermano.

Entonces la idea llegó a su cabeza; a Sam no le interesaba compartir con Lord Tarly.

"¿Lo habrá notado? ¿Se está poniendo de mi lado?"

Si alguien como Sam lo había notado, significaba que no estaba siendo, en lo absoluto, sutil.

"Debo irme, debo huir"

― Si ― contestó Sam ― cuando lo ves así, en general el Invierno es oscuro y letal ― rio incomodo ― es una suerte que puedas ver su belleza ¿Qué es eso? ― preguntó de pronto al aire y espoleó su caballo al trote dejando a la partida de caza y a su hermano; Lord Tarly atrás.

Jon se le quedó viendo, al igual que Dickon, lo vio afrontar el golpe que significaba ser ignorado por Sam con tranquilidad y sin mostrar enojo alguno, aunque si lo vio bajar la cabeza, casi, diría que triste, fue cuando dirigió su mirada hacia él.

― Su majestad ― asintió a lo que Jon, lejos de ignorarle o huir como lo hiciera Sam, se le acercó.

― No parecer ser muy cercana la relación de ustedes ― dijo, entendiendo que después de esto debería hablar con Sam, su gesto no le había parecido en lo absoluto y aquello le hizo recordar todas las veces en que Lord Tarly quiso entablar alguna conversación para ser completamente ignorado por su hermano. Tan pendiente de sus propios deseos no había notado como se orquestaba todo a su alrededor, ahora había sido claro y Jon creía entender las razones por las cuales su amigo le rehuía.

― En efecto majestad ― dijo Lord Tarly con tono tranquilo ― no tuvimos la oportunidad de críarnos juntos.

― Creí que habíais crecido en Colina Cuerno ― Dickon asintió.

― Mi padre, Lord Randyll, no quería que pasara tiempo con él. Solo cuando el maestre nos educaba podía verlo, la mayor parte del tiempo estaba en el castillo, o en la biblioteca ― Jon asintió.

― Eso es muy propio de Sam ― Dickon asintió y sacudió la cabeza.

― Sé que me culpa por que mi padre me eligiera por sobre él ― aquello le impresionó, no se esperaba semejante declaración de Lord Tarly, sobre todo al considerar que ellos, técnicamente a penas se conocían. Lord Tarly volvió a mirarle y bajo la vista avergonzado ― Lo lamento majestad, no debí importunarlo ― Jon le observó; si, había conducido exitosamente una batalla contra los muertos, había luchado contra Dothrakis y asesinado a varios, había visto a su padre arder y aún seguía oliendo a verano.

― Te equivocas ― dijo, esta vez dirigiendo su vista hacia la nieve y el paisaje, se vio a si mismo en sus días de verano jugando con Robb mientras este cargaba a Rickon sobre sus hombres, con Arya y Sansa lanzándose bolas de nieve, con él enseñándole a Bran como levantar un castillo de nieve ― no te culpa por eso. Conozco a Sam desde hace años, y jamás podría hacerlo ― los ojos de Lord Tarly le miraron sorprendidos y relucientes, conocía ese gesto, era la esperanza. Y su azul era tan brillante como el de Sansa, sintió pena. Él se había criado con sus hermanos. Siendo el bastardo de la familia Lord Eddard inculcó e incentivo todo tipo de acercamiento entre todos ellos. Él conocía a Robb, su forma de pensar y su carácter. En cambio, Lord Randyll Tarly había criado a dos hijos para ser completos desconocidos.

Lo recordó en los calabozos de Rocadragón, ahí el joven Lord Tarly se había visto miserable y casi muerto.

"Asaron a su padre frente a él"

Tal cual lo hicieran con Lord Rickard.

― ¿Lo extrañas? ― preguntó de pronto, sacando a Dickon de su repentino silencio.

― ¿Que su majestad?

― El sur, Colina Cuerno… ― el muchacho negó.

― Pronto volveré a verlos ― su respuesta fue escueta pero su rostro evidenciaba mucho más que la certeza de volver a su hogar, en sus ojos estaba ella. Y Jon no lo culpaba ― En ocasiones si ― agregó ― extraño a mi padre.

― También yo ― concordó Jon pensando en Lord Eddard.

― Siempre creí que lo sabía todo ― finalizó Lord Tarly, y Jon volvió asentir.

― Supongo que un padre debe de actuar de esa manera. Es curioso, sin embargo, a nuestra edad nuestros padres ya habían comenzado su propia familia, Lord Eddard ya nos tenía a Robb y a mí, en tanto nosotros…

En aquel momento fue Lord Tarly quién le interrumpió.

― Aún somos jóvenes y hay paz ― lo vio bajar la mirada de la misma forma en que Sam lo hacía cuando hablaba de Gilly, y supo que estaba pensando en Sansa y en sus noches juntos.

Él también lo hacía. Demasiado seguido, demasiado.


Regresaron cuando el sol ya se había ocultado. El cielo seguía despejado y se podían ver claramente las estrellas y la luna que se reflejaba sobre el manto blanco que era la nieve en los campos de Invernalia, todos los hombres incluso Sam venían contentos, el ejercicio les mantenía el cuerpo caliente y las risas los acompañaban.

Habían cazado un par de venados y Lord Tarly, en una muestra de su virtuosa capacidad había matado a uno con una certera flecha a través de la garganta, el animal no lo notó y Dickon Tarly se acercó al animal corriendo en medio de la nieve para sostenerlo antes de que cayera al suelo. Jon podría asegurar que él y Sam, gruñeron por lo bajo, al presenciar tanta caballerosidad frente a ellos.

Entonces pensó que era lógico incluso le resultó normal. Que Sansa eligiera como su consorte a Lord Tarly hablaba de lo inteligente y astuta que se había convertido su hermana. Por sobre muchas cosas; el olor a verano, aquella estoica ingenuidad y, por sobre todo, en presencia, Lord Tarly era un caballero con el cual muchas niñas, como Sansa lo fue en algún momento, soñarían.

Y ella había tejido sus redes en torno a el con sobriedad y un pragmatismo digno de admirar. Tarly también había sido inteligente, era obvio que Sansa no solo embelesaba con su belleza sino también con su inteligencia. Y Lord Tarly había sabido verlo bajo aquellos ojos hechizantes y ese rostro digno de la doncella.

Los pinches de cocina salieron llevando con ellos trozos de carne asada y pan recién hecho, más vino caliente especiado con hiervas y clavo.

Si bien no sentía frío, el brebaje le inundó el pecho revitalizándole, vio como Lord Tarly desmontaba y se echaba el venado de su casa al hombro sin siquiera hacer una mueca.

"Atractivo, fuerte e ingenuo"

Además, la Reina le había otorgado Altojardín. Si fuera una mujer tendría a más de la mitad de los señores de Poniente tras ella. Sansa había sido inteligente. No él.

Cuando entraron al salón la señora de Invernalia y Guardiana del Norte estaba sentada al lado de Bran y conversaba con la joven Lady Glover, la muchacha tenía apenas diez años pero era la última de su casa y Jon sabía que buscaba la intermediación de Sansa para conseguir el trato que ella tuvo con los Tarly.

Que el nombre Stark pasara al primer heredero, o en su caso el Glover.

El gran salón no estaba lleno, pero era grato escuchar las risas y voces de las personas ahí, soldados, armeros, pinches, mucamas y cocineras. Todos cenando como si el Invierno no existiera, era lo que había causado aquél extraño día tan soleado.

Arya se levantó del puesto que ocupaba al verlo y Sansa solo le dio un escueto saludo de bienvenida. En cambio, Lord Tarly pasó tras el asiento que usaba su esposa y se arrodillo a su lado, le entregó una rosa invernal a Lady Glover y algo más a Lady Stark, esta se mostró sorprendida y enternecida, luego Lord Tarly le dio suave beso en los labios y se retiró.

― No te agrada… ― dijo de pronto Arya sacándolo de sus ideas.

Jon iba a contestar que no, aunque eso era algo que no sabía con certeza. No lo odiaba y tampoco le parecía una mala persona o un mal señor. Sin embargo, distaba mucho de agradarle, sobre todo cuando pensaba con quién compartía su lecho. Lo cierto es que no lo culpaba de ello. Se culpaba a sí mismo y a la treta que el tiempo le había jugado.

Fue entonces Sansa quién despidió a la pequeña Lady Glover y se encaminó hacia él. Notó como es que bajaba la vista ante la propia no sabía si incómoda o qué y cómo es que saludó a un par de hombres antes de llegar a ellos.

― Claro que me agrada ― contestó al final mirando a Arya a lo que esta hizo un gesto de incredulidad.

― ¿Quién? ― preguntó Sansa al escucharlos.

― Tu marido ― contestó Arya, Sansa no dijo nada, pero su silencio fue incómodo y muy notorio. La mayor de las Stark miró a su hermana y le habló:

― ¿Por qué crees que a Jon le desagrada Dickon? ― Arya le miró, luego a Sansa y al final río.

― Porque a Jon no le gustan los sureños ― Sansa no le miró cuando respondió.

― Creo que la reina Daenerys estaría en desacuerdo ― bien, eso había sido una indirecta.

― Estoy aquí, por cierto, justo enfrente de ustedes ― dijo Jon a medias incómodo a medias divertido.

Le gustaba todo eso, el poder hablar con sus hermanas sin temor a que sus palabras se repitieran con dobles intenciones por otros, o incluso poder moverse sin que nadie diera un doble sentido a sus acciones.

Le gustaba la transparencia del norte, que su gente fuera sencilla y tranquila, que no existieran ambiciones superiores a la vida de cualquier persona.

― ¿Te molesta Jon? ― preguntó Arya juguetona ― Que hable de la reina Daenerys como una sureña.

― Ella es del Sur… ― contestó sonriente sin caer en el juego de su hermana.

― Y, claramente, ― agregó Sansa ― le agrada mucho más que mi sureño marido ― se sintió atacado, pero aun así no lo suficiente como para molestarse.

― No me desagrada, Arya acaba de inventarlo.

― No lo inventé, y yo sé porque es ― dijo finalmente ― tu esposo es más alto ― aquello sacó risas en los tres, solo que la Jon era completamente fingida.

Era, precisamente, una de las cosas que, sin lugar a duda, le fastidiaban de Lord Tarly.

Sansa, sin embargo, rodó los ojos y negó. Sobre el mismo gesto extendió un rollo abierto a Jon, tenía el sello del dragón tricéfalo.

― ¿Por qué está abierto? ― preguntó.

― Está dirigido a mí ― contestó Sansa con sencillez ― pero Dany te dedica unas palabras ― y a Jon le pareció que el tono de su hermana de pronto se enfriaba.

Ambas le dieron la espalda y Jon quedó pendiente de la mirada que le dirigió la señora de Invernalia mientras se recogía las faldas para alejarse de él.

― Jamás podría llamarla Dany ― escuchó decir a Arya.

― Si la conocieras sabrías que no es una mala persona.

― No me gustó… ― y a Jon le fue imposible continuar escuchando lo que Arya decía. Su hermana menor siempre había tenido reparos por la forma en la cual Dany se presentó en Invernalia, y había detestado la forma en la cual trató a los señores del Norte cuando estos se negaron a doblar la rodilla como él, peor aún, la culpaba de su alejamiento y no se guardaba las criticas incluso frente a él.

En más de una ocasión debió regañarla, aunque era muy poco lo que se podía hacer sobre las ideas de una niña que tiene la habilidad asesina de un hombre sin rostro. Arya no quería a Daenerys, no la respetaba y no le temía. Si con el tiempo aprendió a cerrar la boca frente a su esposa, no lo hizo tanto por él como por la lealtad que le debía a Sansa, y cuando entendió aquello también se sintió dolido. Al doblar la rodilla, no solo había perdido el norte sino que también el respeto de su hermana pequeña.

Bajo la vista al mensaje y este decía:

Queridísima Hermana,

Os deseo toda la felicidad del mundo en vuestro enlace, y nunca dejaré de agradeceros el bien que has hecho con Lord Tarly, gracias a vos mi queridísima hermana, ha plegado su lealtad al Trono y sé que cuento con vuestro amor y confianza para garantizar toda transparencia en sus acciones. Os envió un pequeño regalo, y por favor, decidle a mi amado señor que las lunas se han hecho eternas en su ausencia.

Todo Desembarco del Rey está bajo la nieve, decidle que apresure su regreso y que acá, junto a mí no extrañará el norte.

Por siempre vuestra hermana.

Daenerys.


Había decepción en sus ojos, mezclados con sorpresa claro, pero el repentino golpe la había dejado sin habla, como a todos en aquel lugar.

La vio boquear y luego mirar a Daenerys, él también lo hizo y su prometida le sonrió, mientras que él no podía dejar de pensar que había yacido con su tía, que su padre no fue su padre y que sus hermanos no lo eran. Que Sansa no era su hermana.

Y en cuanto entendió aquello sintió un peso en el pecho que le decía que ya era tarde. Se había comprometido a otra mujer. Y se odió al pensar que en algún momento la idea de que Daenerys muriera, ya fuera en la batalla en por las fiebres de sus heridas simplemente le daba lo mismo.

Cuando recuperó la conciencia Arya estaba a su lado, reconoció de inmediato su antigua habitación en Invernalia y más de una decena de hombres, mujeres y niños se quejaban a su alrededor. Y más hombres, mujeres y niños atendían a los heridos.

¡Estás vivo! ― exclamó Sam y Jon sintió ganas de sonreír. Arya le hizo un gesto para que guardara silencio y Sam se censuró por su exabrupto.

Solo pudo sonreír, hasta que recordó lo que había ocurrido.

Estoy en casa ― contestó y Arya lo abrazo y le llenó de besos la cara.

Cuando se supo que había despertado, Sansa ordeno su traslado a las estancias que fueran de Lady Catelyn, aquel torreón bajo el cual pasaban las aguas termales del bosque de los dioses. También las habían acondicionado para que varias personas descansaran ahí y por lo que entendió todos, al menos, vivirían.

Sansa acudió a verlo ya entrada la noche, cuando gran parte del castillo dormía y solo se escuchaba a los fantasmas que visitaban a los heridos. La vio acercarse a él con una lámpara de aceite cerca del rostro. Sus ojos relucían a la luz de la pequeña llamarada y vio que un par de lágrimas arrancaban de sus ojos al verlo. Le sonrió y Jon devolvió el gesto.

Sansa se sentó en su cama, cerca de su brazo e instintivamente el rodeó su cintura con todo lo que su cuerpo le permitía, había sobrevivido a la peor tormenta y necesitaba algo de calor. Sansa en respuesta solo le cogió de su mano y la apretó suave aunque firme.

Te ves cansada ― le dijo. Ella dejó la lámpara en el suelo y asintió.

Hemos estado ayudando al maestre Wolkan con los heridos, y ― Sansa suspiró ― siguen llegando cada día.

Jon movió la cabeza negando. Sansa se acercó y Jon la vio coger un cuenco de madera para acercárselo a la boca. Hasta ese momento no había imaginado lo sediento que se sentía.

Daenerys está en las habitaciones de mi padre ― dijo mientras le ayudaba a él a beber ― hemos mantenido a raya la fiebre, pero el Maestre la trata todos los días y a cada hora ― el asintió agradecido por las noticias y contrariado por que fuera ella quién se lo recordara.

Sansa yo… ― ella le miró curiosa pero tranquila, fue entonces él quién suspiro, como si dejara caer un peso ― lo lamento, no debí hacerlo ― un rincón de su mente le dijo que ella lo entendía, que sabía que se trataba de sus sentimientos, de haberse comprometido con Daenerys cuando nunca la amó, que ella sabía que la revelación de su verdadera identidad le había dado perspectiva a ese cariño fraternal que nació en él cuando la vio en el muro. Que la ansiedad de tratarla, verla y tocarla no era extraña o prohibida.

Ella negó.

Ya es tarde para arrepentirse de ello Jon, hiciste lo que creísteis era mejor para el Norte, y con ello has salvado Poniente.

Pero he perdido el Norte, Invernalia, a ti.

Sansa se le quedó mirando extrañada y le tocó la frente, sus manos estaban ásperas y frías, pero no le importo.

No lo digas así ― dijo ella bajando la vista ― es como si todo lo que hiciste no tuviera valor alguno ― Jon sonrió, técnicamente si, todo había sido solo mierda de caballo.

Es la verdad ― agregó.

Aún es temprano para preocuparnos sobre que hacer con el norte, o Invernalia, descansa ― dijo mientras se levantaba para dejarle, pero con la fuerza que le quedaba Jon lo evitó. La haló hacia si y el cuenco de madera cayó al suelo con un sonido húmedo que a nadie perturbó, en el sonido de las telas de su vestido y el pequeño crujido de su cama Jon sintió como es que su calor lo cubría, el cuerpo de Sansa era esbelto y escondía, tras su delicadeza una fuerza parecida al Hielo, escuchó el aullido de un lobo en las afueras, mientras sentía el aliento de ella sobre su pecho.

Sansa respiró y no se negó a abrazarlo cuando él hizo lo mismo. Sintió como es que el calor de su boca cruzaba sus ropas para volverle la piel de gallina, él hundió una de sus manos en su cabello y con la otra la presiono contra si.

Los hombros de Sansa comenzaron a temblar junto al sonido de un quedo gemido.

Estoy muy feliz de que volvieras ― dijo en medio de sus sollozos. Jon le beso la corona de su cabeza.

Ya todo terminó ― respondió.


N/A:

Gracias y saludos a:

PAZ: También me gustaría que lo de Sansa y Dickon llegara a buen puerto. Sé que es un Jonsa, pero quede muy fastidiada con él después del "Mi reina" a Dany. Sobre todo considerando lo fútil de aquella misión que le dio al Rey de la Noche un Dragón, y la muerte de Benjen. Así que quizás en castigo haga sufrir a Jon por varios capítulos más.

Hatake Nabiki, Fran Ktrin Black, Lu Lein, TaniaMalfoyFelton.

A ustedes les contesté vía PM.

Bueno, gracias a todas.

Saludos.