Primavera Perdida
VI
No había acusación en sus ojos, aunque si algo parecido. No porque la considerara culpable sino por sabía que ella se lo había ocultado.
― Nunca traté de esconderlo ― dijo casi en guardia, sabiendo que era una verdad a medias.
Dickon estaba frente a ella como todas las noches anteriores, desnudo de la cintura hacía arriba y su gesto se veía… derrotado, o lastimado.
― No, no lo hiciste ― se dejó caer sobre la cama y siguió con su escrutinio. Como respuesta a ello Sansa no pudo menos que cubrirse como le fuera posible, por lo tanto, se cruzó de brazos y retrocedió.
Su marido bajo la vista y se llevó las manos a sus cortos cabellos frotándoselos casi con rabia. Inmediatamente se puso de pie y se vistió. Pensó en preguntarle que haría, pero lo dejó ir, a pesar de todo ella lo entendía. En una ocasión Meñique le había dicho que siempre se pusiera en el lugar de sus enemigos para entender sus motivos, también se aplicaba en el caso de todos aquellos que le rodeaban.
La rabia era el motivo de Dickon, y en base a ello, entendía sus razones para no querer estar ahí.
Aunque claro, su primera idea fue que no era tanto por la frustración como por la evidencia. O más claramente por las marcas que el paso de Ramsay Bolton había dejado sobre su cuerpo. ¿Sentiría pena, rabia, molestia? Lo que fuera le había obligado a detener todo el festín de caricias y besos que los entretuviera esa noche, como todas las anteriores. Ya antes, él se había entretenido con una pequeña que estaba justo bajo su ombligo, Sansa había creído que Dickon Tarly no diría nada en parte por caballerosidad, o porque una cicatriz puede obtenerse de muchas formas diferentes a la tortura o porque quizás creyó que no le incumbía.
Pero no, a un extraño podría no interesarle. A su esposo, claramente, le importaría.
Entonces cuando prestó atención y Sansa lo notó, sus caricias fueron más metódicas que generosas, y si antes el solo contacto con su piel bastaba para querer ahogarla en besos, en aquella ocasión la dejó plácidamente relajarse. Casi para atraparla con la guardia baja.
Fue su camisón de lino blanco, lo que le había ayudado a que su esposo no las notara. Y cuando comenzó a sospechar, sencillamente, no dijo nada. Esa noche cuando la sedujo, tendió la trampa sobre ella con toda la calma y tranquilidad con la cual solía hacerle el amor, y ella cayó completamente, como la niña tonta que había sido antes, creyendo que solo el afecto que ella le inspiraba le había llevado a actuar.
Sansa miró su lecho vacío y se dio cuenta de que no era algo que quisiera en si vida de casada; silencios, secretos y engaños. Trataba de justificarse aludiendo a que jamás ocultó nada, y que hizo bien en guardar silencio pues a nadie le gusta que una mujer, como ella debía de ser; fuerte y noble, se expusiera ante un desconocido que pronto sería su señor, las heridas de su guerra le pertenecían y no eran medallas para lucir, cualquier dama ponienti lo sabía. Inspirar lástima no estaba dentro de sus planes y para inspirar admiración sus actos debían hablar más qué sus palabras.
"Hice lo correcto"
Se convenció.
Pero su cama seguía sola y con el pasar de las horas solo se enfriaría.
Se quedó mirando el techo de piedra y cómo es que las sombras provenientes de la chimenea las hacían danzar frente a sus ojos. Pasó la hora del búho y le siguió la del lobo y Dickon seguía sin regresar.
Su cabeza le decía que estaba actuando con lógica, Dickon Tarly, un caballero por excelencia, o al menos eso creía del tiempo en que llevaba de conocerlo, se había molestado al ver las cicatrices de su esposa.
"O puede pensar que estoy dañada… "
También tenía lógica, al fin de cuentas no era doncella y ya así Lord Tarly la había aceptado. Sansa imaginaba que no por sus derechos sobre Invernalia, sino directamente por que le había gustado. Le había gustado tanto que era capaz de olvidar que ya era una mujer y no una niña, pero aquello difería mucho de estar dañada en la forma que Ramsay lo había hecho.
Cuando se hartó de pensar también se vistió, el guardia que resguardaba al pie de las escaleras la miró sorprendido y Sansa le saludó con gentileza, recordando que; a la mañana siguiente, ya medio Invernalia sabría que su Lord esposo había huido de su lecho para después ella salir tras él.
"En menos de un mes"
Negó frustrada y salió por las cocinas, un chico amasaba mientras una muchacha algo mayor revolvía una gran olla, los conocía a los dos. Y estos giraron sorprendidos hacia ella cuando la vieron.
― Lady Stark ― dijo la muchacha y Sansa le sonrió.
― Marelly ― contestó ella y antes de quedar en silencio se obligó a preguntar ― ¿es muy duro el turno de la noche? ― la muchacha se limpió las manos en el vestido de lana basta, mientras Sansa tomaba asiento cerca de ella.
― No, mi señora ― dijo la muchacha ― acá siempre hay calor y sin mucha gente podemos trabajar mejor ¿Deseáis beber algo mi señora? ¿un té? ― Sansa negó, existía la posibilidad de que ya cargara con un heredero en su vientre y no quería siquiera arriesgarse a beber algo que pudiera causarle algún problema.
― Leche tibia estará bien ― fue el muchacho quién tomó en consideración su pedido y a los pocos minutos le extendió un vaso de piedra lleno de leche, el calor del líquido traspasó a sus manos y un escalofrío le recorrió la espalda.
― Gracias Egon ― dijo antes de salir al patio principal.
Invernalia dormía y solo el viento acompañaba a los aullidos de los lobos. El crepitar de las llamas verdes en el patio de entrenamientos hacia un eco que se perdía en medio de la noche. Sansa podía sentir su calor al pasar cerca de ellas.
Dio un sorbo a su vaso y se quedó observándolas, le recordaban a los ojos de Joffrey; verdes e intensos. También a las ráfagas de luz que pudo ver en el cielo cuando Tyrion voló el Aguasnegras por los cielos.
Las llamas habían continuado semanas después de la batalla y solo se apagaron poco antes de la boda de Joffrey con Margaery. También tenían el brillo febril de los ojos de Cersei cuando le entregó toda su sabiduría femenina en medio de la batalla.
Ahora los Dragones dormían en la Fortaleza Roja y Daenerys le había reclamado por su esposo. Bufó fastidiada, quizás había sido su escuela en Desembarco del Rey, o la desconfianza que siempre le había generado la Reina Dragón, quizás eran meros celos.
Ya los había sentido cuando Jon llegó con ella a Invernalia y estos parecieron ahogarla cuando se supo la verdad sobre su hermano.
"Deja de pensar estupideces… debes centrarte en tu esposo"
Nuevamente bebió de la leche y se encaminó al Bosque de los Dioses, su padre siempre encontraba claridad en aquel lugar mientras que su madre lo hiciera en el Sept, pero Jon y Dany había abrazado la religión de los sureños y en cuanto ello ocurrió, Sansa se volcó a los Dioses de su padre.
Arya le había contado como huyó de Harrenhal y que le había pedido ayuda a los Dioses para ser más valiente y más fuerte. Sansa jamás creyó que el valor fuera algo que le faltara a su hermana. Pero si Arya podía carecer de algo con lo que parecía haber nacido, ella también podía pedir claridad y guía. Poder comportarse y decidir como una dama lo haría, como su madre debió hacerlo.
¿Habría ella amado a su tío Brandon? ¿O a Meñique? ¿O a su padre? ¿A los tres?
¿Se podía amar a más de una persona? O en su caso ¿a más de un hombre?
Sabía que decirlo era traición, pero nadie mandaba en su cabeza, siquiera ella. En cuanto decidió que debía dejar de lado a Jon, todos los recuerdos que les unieran se volvieron más e insistentes. Y cuando este declaró que había deseado estar en su cama - ¿era eso amor, lujuria? - que no le habían abandonado en días. Y si bien no representaba para ella un esfuerzo dejarse llevar por Dickon, en varias ocasiones estuvo al filo de perder toda intención en continuar cuando traicioneramente Jon se colaba en su cabeza.
¿Qué quería realmente?
Cuando la llevo del brazo para que ella que casara con Dickon le había dicho que aún no era muy tarde.
Que mentiroso, por supuesto que era tarde, demasiado.
― Sansa ― la voz le hizo voltearse para encontrar al dueño de sus pensamientos frente a frente ― ¿Qué haces acá? ― Jon no había sido tan pulcro al vestirse, llevaba solo la capa y bajo esta era posible ver la camisa de algodón blanca y el resto de su indumentaria, le pareció a Sansa que su hermano se había ido a descansar sin siquiera desvestirse.
Se le quedó mirando a medias ofendida a medias extrañada, en ocasiones, al parecer, Jon olvidaba que ya no era el Rey en el Norte.
― Caminaba ― contestó cortés pero seca ― si es que a su majestad le parece ― Jon recibió el golpe de su frialdad y lo encaró con una mueca de incomodidad en el rostro. Luego, como siempre bajo la vista y reculó.
― Lo lamento, no estaba exigiendo explicaciones ― Sansa alzó el rostro, estaba molesta y lo sabía, por Dickon y porque Jon apareciera justo cuando ella estaba pensando en él. Le hacía recordar su cómo es que dócilmente había cedido el Norte, lo había rendido y se había olvidado de ella .
― No lo parecía ― dijo sin darle espacio para nada ― de cualquier forma ¿Qué hacéis despierto a estas horas? ― preguntó más que nada para ser ella quién exigiera explicaciones.
― No podía dormir ― "yo tampoco" quiso decir, pero se mordió la lengua. No quería establecer nada parecido a algo en común con su hermano ― ¿Que estás bebiendo? ― preguntó de pronto señalando el vaso de piedra que llevaba en su mano.
Sansa, que lo había olvidado, miró el objeto como si no lo recordara.
― Leche tibia ― contestó sin mirar a Jon.
― Tampoco podías dormir ― dijo él y Sansa supo que no era una pregunta.
Aquello le recordó su niñez y la de Arya, cuando ella lloraba por sus pesadillas y su hermana pequeña la despertaba de la forma más brusca posible. En ocasiones iba por su madre, padre o Robb para calmarla, pero cuando Arya era quién tenía pesadillas iba con Jon. A su alejada habitación y pasaba la noche con él.
"Quizás si lo hubiera visto antes"
Sansa suspiró y se sentó sobre una de las raíces que sobresalían del árbol corazón.
― ¿Está todo bien con Lord Tarly? ― "Lord Tarly" Sansa no contestó y desde su puesto miró a Jon. El frío no parecía afectarle, tenía el cabello desordenado y mucho más largo de lo que recordara. Se veía triste y atormentado y a Sansa le pareció que aquella tristeza lo hacía ver más guapo.
Pensó en Aemon el Caballero Dragón y como este había amado a su hermana, la princesa Naerys. ¿Se habría sentido así de triste? ¿Se habría visto así de triste?
― ¿En serio te agrada "Lord Tarly"? ― preguntó irónica, pero al mismo tiempo divertida.
― Es hermano de Sam ― contestó. Y Sansa asintió.
― Sé que es su hermano, no fue eso lo que pregunté ― Sansa acomodó su capa para que la cubriera completamente y recogió sus rodillas.
― Si es por lo que Arya dijo…
― Arya detecta a los mentirosos ― Jon también se arrebujó bajo su capa y bajó la vista.
― Me gusta que sea valiente ― dijo al final después de un breve silencio ― y que te trate bien ― Sansa se le quedó mirando.
― Pero no te agrada ― Jon no alzo la cabeza para negar.
Era lógico, Daenerys le llamaba hermana cuando ella solo deseaba, más seguido de lo que imaginara, dejarla callada ante cada ingeniosa ocurrencia.
Al fin de cuentas era ella quién se había vuelto una hipócrita, no Jon.
O tal vez si.
― ¿Es un problema para ti? ― preguntó él. A lo que Sansa río.
― ¿Por qué debería serlo? ¿Acaso si te dijera que si buscarías que te agradara? ― algo debió haber en su gesto que hirió a Jon.
― Sabes que él no podría agradarme, aunque me lo rogaras ― ahí estaba.
― ¿Por qué? ― preguntó sabiendo la respuesta, solo que esta vez lo forzaría.
― Tu sabes porque ― contestó Jon cansado. Ella negó, abrió su capa y estiró sus piernas, la sensación fría de la nieve pareció calmar sus ímpetus. Lo entendía, seguía molesta. Solo que ahora no sabía si se trataba de su marido, o de Jon, o de Daenerys.
No lo miró cuando continuo.
― Siempre me pregunté si esas tretas en tu forma de hablar, era porque realmente no lo entendías, o porque no queríais entenderlo ― cuando alzó la vista hacia Jon, este le miraba confundido ― si decías una cosa y actuabas de manera diferente porque creías que hacías lo correcto o porque sabías que hacías lo incorrecto y no te importaba.
― No entiendo a que te refieres ― dijo.
― Entonces quizás nunca lo entendiste.
― ¿Qué es esto Sansa? ¿Por qué me atacas? ― ella negó.
― Lo lamento majestad ― dijo colocándose de pie y haciendo una leve reverencia ― os pido disculpas, no quise atacaros ― se encaminó hacia el castillo cuando Jon la cogió del brazo y la detuvo.
― ¡No! ¡Corta con eso! ― Sansa se obligó a no inmutarse cuando sintió su tacto.
― ¿Con que? ― preguntó fría y desafiante, Jon aguzo la mirada y su ceño se frunció aún más.
― Con lo de majestad… yo no… ― fue cuando ella se soltó, brusca y molesta:
― ¡¿No que?! ¡¿Acaso no sois el rey?! ¡¿Consorte de la bellísima y poderosa Daenerys de la Tormenta?¡ ¡¿Acaso no la elegisteis a ella por sobre el Norte?! ― Jon se quedó helado, Sansa lo vio boquear completamente aturdido, imaginó que se debía a que ella nunca le había recriminado por su matrimonio con Daenerys. Y este era quizás el escenario menos probable en que él pensó, lo haría.
Creyó que le diría algo, pero Jon solo se le quedó mirando, sus ojos se movían por todo su rostro, Sansa imaginó que trataba de entender de donde venía todo eso. Y antes de dejarlo con la duda, como él solía hacerlo se lo dijo.
Retrocedió y cruzo las manos bajo su capa.
― Dijistéis que Dickon jamás sería de tu agrado y que yo sabía el por qué, y no, no lo sé ― alzó el rostro y se irguió aún más, con la sola intención de mirarle hacia abajo ― habéis dicho mucho cuando me llevasteis al altar y nada de aquello pude comprenderlo ― era mentira, lo había entendido desde el principio, desde aquél banquete ― supongo que se trató de lo que, inapropiadamente, me dijisteis en el banquete en Desembarco del Rey, si es así, os ruego que dejéis de lado todos aquellos mensajes cobardes e incompletos, recordad que sois el Rey, no puede haber espacio para medias palabras en tu boca, no me traicionéis ahora como lo hiciste en el pasado. Ya no es el tiempo para ello.
― Nunca os traicioné ― dijo sin quitarle la vista de encima.
― Recuerdo diferente su majestad.
― Basta con eso ― y en esa ocasión Sansa lo vio empuñar la mano.
― No, no basta ― replicó ella.
Guardaron silencio por largo rato. La nieve, que los había abandonado los últimos días, nuevamente comenzó a caer.
― ¿Estás castigándome? ― preguntó Jon sin alzar la vista.
"Si" pensó Sansa.
― ¿Os causa dolor siquiera? ― contratacó. Y de nuevo sin mirarla asintió. Jon alzó la cabeza y centró la vista en el árbol corazón.
― Todo el tiempo.
Sansa se detuvo, algo le dijo que había ido demasiado lejos, pero al mismo tiempo se justificó. Era lo que se merecía, los Stark habían sido demasiado pisoteados por el pasado, por este presente y temía que ocurriera lo mismo en el futuro.
Suspiró.
― Aún no me habéis contestado ― Jon volvió la vista hacia ella.
― ¿Quieres saber si es que os amo? ― Sansa ladeó el rostro sin que sus ojos se movieran.
― ¿Eso es para ti? ¿Amor? ― Jon abrió la boca, ella sabía, frustrado.
― ¿Ahora ponéis en duda mis palabras? ― Sansa hizo una escueta reverencia.
― Si os he ofendido majestad…
― ¡Basta! ― ella se le quedó observando, el pecho y los hombros de Jon subían y bajaban alterados, lo vio extender una mano fuera de su capa y estirar y encoger sus dedos.
― No puedo creeros cuando decís que me amáis si siquiera puedes repetirlo ― dijo, mucho más calmada ― tampoco creo que sea algo que saliera de la nada, creo conoceros bastante y no puedo conciliar la idea de que en algún momento y sobre la nada habéis decidido que os sentís así sobre mí ― Jon suspiró y sonrió derrotado.
― Ahora dudáis de lo que siento ― la miro con tristeza ― ¿Cómo podéis ser tan cruel? ― esa vez fue el momento de Sansa de ofenderse, pero Jon no la dejó continuar ― Deberíais saber que todo lo he hecho por el Norte, por ti.
― Es tan fácil para ti el escudar tus razones sobre otras ― contratacó ella ― y es tan difícil creeros Jon, lo que es contradictorio ― medito cabizbaja ― siempre os creí un hombre de palabra ¿Cómo puedes cumplir juramentos hechos sobre una mentira? ― le preguntó completamente extrañada, como si en verdad aquella idea no le cupiera en la cabeza.
Jon suspiró.
― ¿Entonces no me perdonareis por el Norte?
― Es el Norte quien debe hacerlo Jon.
― Es posible ¿sabes? ― dijo él. Sansa volvió a mirarle extrañada ― Vuestro padre lo hizo, me protegió como su bastardo y le mintió a todo el mundo.
― ¿Y vuestra mentira es? ― Jon la miró.
― ¿Aún no lo sabes?
― Quiero escucharte decirlo ― sentenció finalmente ― claro y de una vez.
Jon se llevó las manos al rostro y ahogó un grito lleno de frustración y rabia.
― No la amo ― dijo finalmente, sin separar las manos de su cara ― nunca lo hice y cuando me comprometí con ella, lo hice sin saber que podía estar contigo, sin saber que era el bastardo de Rhaegar Targaryen ― finalmente la miró ― de haberlo sabido antes, yo sería tu señor y es eso lo que siempre impedirá que pueda agradarme tu esposo
Aquello pareció apaciguarla, aun así, se sintió miserable.
"De haberlo sabido antes"
Bajo la vista y las lágrimas la traicionaron, el puchero se instaló en su rostro con la misma fuerza con que la golpeó cuando su padre murió, las piernas le temblaron y no resistieron su peso. Cayó de rodillas.
― ¡Sansa! ― Jon llegó a ella de un salto, pero su pena estaba desatada.
― No ― dijo quedamente, mientras Jon la sujetaba del rostro, ella se sostuvo de uno de sus brazos y lo repitió ― ¡No! ― dijo esta vez con más fuerza y se alejó.
Le dolió verlo ahí, en medio de la nieve completamente desconcertado.
"Hay cosas más importantes ahora"
― No ― volvió a negar y se secó las lágrimas, furiosa consigo misma por su momentáneo arranque de debilidad.
Mientras que algo parecido a la esperanza se adueñaba de los gestos del Rey.
"Que débil, que estúpida"
Carraspeo y aun así su voz la traicionó.
― Debéis volver con vuestra reina ― dijo de una vez, pero completamente quebrada ― cuanto antes ― entonces le dio la espalda y como si huyera se encaminó al castillo.
Sintió tibieza sobre su frente, pero a la vez era húmeda. Un cuerpo se había recostado a su lado. Y por unos segundos Sansa pensó que se trataba de Jon, aun así, no dejó que su cabeza traicionara a sus instintos y cuando abrió sus ojos notó la mirada de su esposo.
― Volviste ― dijo alejando las telarañas del sueño, por toda respuesta él volvió a besarla. Solo que esta vez lo hizo en la boca.
― Lamento haberos dejado así, mi señora ― en esa ocasión él se acercó más a ella y la rodeo con sus brazos, apoyó su frente a la de ella y cerró los ojos.
― ¿Habéis comido algo? ― Dickon negó, pero no pareció importarle.
― Quería disculparme, antes de cualquier cosa ― en aquel momento Sansa se incorporó en su cama y Dickon la siguió, le cogió una de sus manos y se la besó.
Aquello la pilló desprevenida. Su cabeza retrocedió a la noche anterior y saltó sobre sus recuerdos con Jon para centrarse en su último pensamiento sobre Dickon.
"O puede pensar que estoy dañada… "
― Pero…
― Disculpadme, mi señora por haber reaccionado así, ante lo que… ― lo vio turbarse, no sabía cómo describir lo que había visto en ella ―… ante lo que os hizo ese moustro ¿Fue Ramsay Bolton cierto? ― ella asintió, quiso decirle que no era necesario, que ella entendía su molestia pero guardó silencio ― es solo que, jamás creí que alguien podría dañaros ― no pudo evitar la sonrisa que se escapó ante su ingenuidad; Dickon Tarly había batallado contra los muertos, contra Dothrakis y visto como su padre era calcinado hasta las cenizas y aun así, le declaraba que le resultaba impensable que alguien le dañara.
"Ojalá hubiera estado ahí con Joffrey, Cersei, Meñique, Ramsay… ah tantos nombres"
― Lo habéis dicho mi señor ― dijo esta vez cogiendo ella sus manos ― era un moustro, lo había escuchado, pero no lo había visto ― nuevamente la abrazó y esta vez apoyo su rostro contra su pecho, Sansa sintió como es que su corazón comenzaba a latir con mayor fuerza y Lord Tarly pareció complacido ante ello.
― Podéis confiar en mí, mi señora ― dijo contra sus ropas ― jamás dejaré que nada, ni nadie os dañe ― alzo la vista y la miró ― es una promesa.
"Jon"
Sansa se le quedó mirando e instintivamente llevó su mano hacia su cabello, paseó los dedos sobre su corto cabello. Era un hombre, pero su espíritu seguía siendo el de un muchacho. El Invierno, la muerte y la guerra no lo habían destruido.
― Os creo, mi señor ― y sin meditarlo, sellaron la promesa con un beso.
N / A :
Es, claramente más corto que los anteriores, pero me pareció que era más que suficiente.
Saludos:
Mel blackstone, Hatake Nabiki, Fran Katrin Black,
Muchas gracias por sus reviews, es el apoyo necesario para darle continuidad a esta historia. A diferencia de otras que se trabajan en mi cabeza, esta va avanzando a medida que la inspiración de mantiene alta. Por lo cual cada vez que las leo, me digo; "Es hora de continuar", de nuevo gracias.
Guest: contestó acá por que no me da para PM, efectivamente le lancé un hechizo para que encantara a muchos y doy las gracias a quienes me lo recuerda. Acá otro, que espero disfrutes.
Atte.-
Brujhah
