Primavera Perdida VIII


La jefa de las parteras era una mujer menuda y agreste, vestía tan ricamente como cualquier dama de la corte, solo sus modales y palabras la acusaban como una común, tenía un gesto violento y lleno de urgencia, no solo en su rostro si no qué en todos sus movimientos. A sus ojos era lo que él calificaría como una mujer ruda, o dura, material para salvajes, alguien que había tenido la osadía de expulsarlo de la cámara real, aludiendo a que estorbaba. En ese momento Jon no había discutido, sabía que algo malo estaba ocurriendo y ante su ignorancia sobre el tema prefirió dejar todo en aquellas manos expertas, lo que no excluía, claramente la enorme sensación de fastidio y molestia que se había apoderado de él. Y lo toleró hasta que los gritos comenzaron a reverberar en la Fortaleza Roja, agudos y graves, como si Dany cambiara su tono a cada acto de tortura que se ejercía sobre ella, olvidando la osadía de la partera y que estuviera hecha de material de salvajes, no perdió su tiempo en volver a discutir con la mujer, simplemente ordenó a sus soldados abrir las puertas e hizo irrupción en el cuarto.

El olor a sangre y sudor lo golpeó con la fuerza de un mazo, tras la blanca cortina las sombras se agitaban casi danzando en medio de las llamas que eran las lámparas en la habitación, a Jon le pareció oír un canto, pero luego se desvaneció. Tenía cosas más urgentes en las cuales pensar.

― ¡Su majestad! ― exclamó la partera, Jon se le acercó aprovechando la altura que le sacaba.

― No discutiré con vos señora, pero contestaréis mis preguntas ¿Cómo está la reina? ― la mujer le miró irritada, pero aun así obedeció.

― La reina está muy mal, Majestad y sus soldados irrumpiendo acá no ayudaran en nada ― otro grito de Daenerys ascendió a través de la piedra y sus piernas para erizarle el vello de sus brazos.

"Esto no terminará bien"

Intercambió una mirada de miedo con la mujer, cualquier cosa que pasara por su cabeza en ese momento se vio eclipsada ante la urgencia de ir con su reina. El espectáculo le hizo recordar las palabras que Ygritte le dijera tantos años atrás.

"Las mujeres vemos más sangre que los hombres"

Dejando de lado, lo que a él le pareció la peor herida que jamás viera, aunque no sabía dónde empezaba o donde terminaba, se acercó a la cabecera de la cama que cobijaba a lo que quedaba de su esposa. Era imposible reconocer a la mujer que pocos días atrás le diera la noticia que llevaban años esperando. Se había visto tan llena de vida, su rostro resplandecía a la hora que fuera, incluso su humor había mejorado.

Ahora solo era una sombra pálida y gris, los labios quebrados, el rostro macilento, Jon lo había visto muchas veces en los soldados que morían desangrados y era eso lo que se estaba llevando a Daenerys, la sangre, el hijo que ambos habían hecho.

"No importa si esta vez no funciona, dioses solo hagan que salga de esto"

Sentía que era lo que debía pedir, que pasara lo que pasara ella sobreviviera. Sabía que debía comprometerse a cuidarla, incluso por el resto de su vida, a buscar la forma de… realmente amarla.

La imagen de Sansa caminando sola en medio del bosque de los dioses comenzó a desvanecerse junto con el blanco de la nieve. El reflejo de sus ojos al despedirse, tan azul, tan limpio.

"Debéis volver con vuestra reina"

Daenerys lanzó otro grito y su espalda se heló.

― ¡¿Qué es lo que ocurre?! ― exigió. La mujer llamó a una de las comadronas que le acompañaba y le dijo algo que no alcanzó a escuchar, aquello le fastidió profundamente ― ¡Contestad!

― Majestad ― dijo ella contenida, pero tan molesta como él ― por favor no gritéis, no hace bien a vuestra reina ― Jon dio un hondo respiro y reprimió la ira que se asomaba por su garganta.

La mujer negó, la joven comadrona volvió trotando suave como una gacela cuando tres maestres hicieron acto de presencia.

En aquel momento Dany pareció reaccionar, Jon vio conciencia en sus ojos y le sonrió.

― Jon ― ella alzó su mano hasta su rostro, tibias lagrimas cayeron de sus ojos y los cerró.

"Si ella muere podrás irte"

Su cabeza lo traicionó al pensar en ello, se sintió miserable y negó.

― Mi reina ― dijo lleno de culpa y la besó en la frente, Daenerys en vez de contestar, apretó los dientes y lanzó un largo gemido.

― Hay que sacarlo ―escuchó, pero en ningún momento dirigió su mirada hacia quienes atendían a la reina. No quería pensar que significaría aquello.

"Sacarlo, sacarlo… no es una cosa, es un bebe, es mi hijo"

Extendió su mano hacia su frente y Daenerys ardía en fiebre. Siquiera habían pasado los meses necesarios para que el bebé creciera.

"También en eso he fallado"

― Majestad ― la voz grave y sería del maestre Allors, lo sacó de aquél trance. Se le quedó mirando como si esperara una respuesta inmediata, pero bastó un gesto de este para convencerlo de acompañarlo fuera de la habitación.

Tanto él como la partera intercambiaron miradas de odio cuando salió del lugar.

Fijo la vista en las sábanas blancas de seda myriense que les habían regalado para su matrimonio, la sangre había comenzado a caer por estas como pequeños riachuelos oscuros, casi negros.

"La sangre del dragón"

― Más agua ― ordenó la partera y Jon las dejó atrás. Le resultó casi increíble que solo un muro y una gruesa puerta pudieran ocultar tanto dolor, era eso lo que le había golpeado al entrar; el hedor de la muerte.

"Si ella muere, podrás volver al norte"

― ¿Tenéis respuestas para mí? ― el Maestre asintió.

― La reina morirá ― fueron sus escuetas palabras y Jon no reaccionó. Lo había sabido en cuanto entró en aquella habitación.

Entonces la vergüenza de entender su propio gesto, le hizo bajar la mirada, por unos segundos quiso hundirse, fundirse entre los muros y piedras de la Fortaleza Roja y desaparecer.

― Ha perdido mucha sangre ― dijo, a lo que el Maestre asintió ― ¿Él bebe? ― el maestre negó.

― Actualmente está envenenando a la reina, debe llevar ahí, sin moverse, al menos una semana o un poco más ― Jon se llevó las manos a la cintura y abatido solo dijo:

― Dioses ― había sido casi la misma fecha en la cual Daenerys había descubierto su embarazo, casi un milagro. Jon despidió al Maestre quién con un asentimiento volvió a la habitación de la reina ― Dioses ― repitió.

Jon la había dejado comunicar a toda la corte la buena nueva ante la felicidad que la rodeaba.

Y él… él no había podido sacar a Sansa de su cabeza. El día anterior cuando Dany comenzara con sus malestares había llegado la noticia desde Las Tierras de los Ríos en donde Sansa se encontraba junto a la pequeña Lady Tully, heredera de Aguasdulces. El heredero de Invernalia había nacido sin complicaciones y lo describían como un bebe robusto y fuerte.

"¿Tendrá sus ojos, su cabello?"

Al saber de su estado, Jon había sentido que se ahogaba, un heredero, un hijo realmente aplastaba cualquier esperanza que pudiera haber concebido para "cuando todo esto termine" de volver al norte, todo eso en contraste con la felicidad que su esposa había mostrado ante la fortuna de Sansa. Aquella semana antes de que todo comenzara Dany le había dicho lo feliz que le hacía saber que en poco tiempo más tendrían un heredero al Trono de Hierro, más aún la buenaventura que podría significar por fin el unir a las casas Stark y Targaryen.

Jon solo había sonreído. Todos esos sueños para el futuro habían sido aplastados de la noche a la mañana.

Missandei y Gusano Gris emergieron de la oscuridad en completo silencio y le miraron largamente a la espera de noticias.

― La reina está en peligro de muerte ― fue lo que les dijo, el inmaculado frunció el ceño mientras que Missandei ahogó un gemido suave, lleno de pena.

― ¿Cómo es qué… ― preguntó la muchacha con la voz quebrada y Jon asintió.

― El bebé…. ― carraspeó ―… nu… nuestro hijo está muerto dentro de ella y la está enve ― en aquel momento su voz no dio más y solo suspiró ― Missandei, reúne al consejo ― la muchacha asintió a punto de llorar y los abandonó de inmediato, le pareció a Jon que el solo estar ahí, cerca de su reina sin poder hacer nada, le llenaba de tristeza e impotencia, esperó que se alejara para hablar con Gusano Gris y este pareció entenderlo ― necesito que vayas por el gran septón ― le dijo una vez la sombra de Missandei se esfumó, el inmaculado le miró con extrañeza la cual mutó a una muda comprensión de lo que ocurría.

― No está en peligro… ― afirmó mirando a la nada, Jon asintió.

― Ha perdido demasiada sangre, solo existe un desenlace ― Jon vio a Gusano Gris tragar pesadamente, a veces olvidaba que Daenerys más que miedo o respeto también podía infundir amor en sus seguidores ― que sea con la mayor discreción posible ― el inmaculado asintió y le sostuvo fraternalmente del hombro, era todo el apoyo que se podía permitir y Jon, verdaderamente, lo agradeció.

Una vez a solas, Jon se llevó las manos al rostro, trató de alejar los pensamientos sobre Sansa y aquella supuesta libertad para centrarse en lo que realmente importaba en ese momento; el tiempo, su vida y la de su esposa solo seguía pasos adelante, no había forma de retroceder y lo hecho, hecho estaba. Cuando se sintió más despejado dio un hondo suspiro, esperando contener la respiración lo suficiente para que el hedor a muerte fuera más tenue, volvió a la habitación de la reina y solo pudo hincarse al lado de la cabecera de Dany, hace mucho tiempo que no rezaba, desde que se casara con ella reconociendo a los dioses sureños.

"Padre – y la imagen de Ned Stark llego a su cabeza – siquiera puedo pelear esta batalla"


Los funerales se realizaron con solo los más cercanos a la corte, la noticia había sido dada con pesar, pero Jon se negó a que la ciudad se paralizara o que existiera algún tipo de recorrido de escoltara a lo que había sido su bebé.

"Bebé. Mi hijo, mi hija"

Lo recordaba y lo único que podía sentir era lo errónea y grotesca que resultaba aquella definición para lo que había salido de la reina. El recuerdo se intercalaba con las imágenes que tuviera del bebé de Gilly, o con sus propios hermanos, cuando Robb lo llevó a conocer a Arya, Brann y Rickon.

Sacudió el rostro. Y uno a uno recibió las condolencias de quienes le acompañaran, el silencio recorrió el Gran Septo y el viento invernal se coló por las ventanas vacías y la cúpula sin terminar. Tres días atrás se había pedido a los constructores que abandonaran el lugar y comenzaron los preparativos para el funeral, copos de nieve caían sobre las vestimentas de los pocos invitados y Jon se quedó mirando fijamente como es que comenzaron a caer sobre la pequeña caja ornamentada que guardaba los restos de su heredero.

Drogon y Rhaegal fueron vistos alzándose y despareciendo en medio de las oscuras nubes por sobre la cúpula del septo y muchos de los presentes miraron, aún después de todos esos años, maravillados, el supuesto homenaje que las bestias hacían al no nato.

Jon no lo creía, imaginaba que las bestias se sentían más angustiadas por Daenerys que por su heredero. Quiso reír ante la ironía, pero el mismo tiempo sentía un pesado nudo en la garganta.

El Septon Supremo alzo sus plegarias pidiéndole al Desconocido que acompañara con paz al pequeño príncipe, a la Madre que lo consolara, a la Doncella que le sonriera en su camino, al Padre que lo guiara en sabiduría, a la Anciana que lo arrullara y al Guerrero que lo resguardara de los demonios que lo acosarían, en medio de sus palabras se escucharon algunos llantos quedos y Jon vio a varias damas con los ojos brillantes de lágrimas, por alguna razón aquello le reconfortó.

Cuando fue el momento cargó solemne la pequeña caja y la dejó sobre la pira que preparan en las afueras del Septo, el viento se detuvo y la nieve comenzó a danzar alrededor de los presentes, había solo un par de niños, quienes aburridos se distrajeron extendiendo sus manos para atrapar los primeros copos de nieve que vieran en sus vidas. Muchos alcanzaron a caer sobre el pequeño sarcófago, antes de que las llamas cogieran fuerza, luego de ello se derritieron y hacían un ruido húmedo cada vez que goteaban sobre la pira que se llevara a su heredero.

Escuchó el llanto de Missandei y extendió su brazo sobre los hombros de la mujer, quién pareció derrumbarse al sentirlo. Miró hacia atrás y vio a Gusano Gris, a quién asintió y le ayudo con ella. Su atención fue atraída por Tyrion Lannister quién también le hizo un escueto saludo. Jon podía ver la preocupación en su rostro, y de seguro el Señor de Roca Casterly querría hablar con él sobre el futuro de la casa Targaryen.

― Siquiera tienes bastardos ― dijo Tyrion esa noche en la sala del consejo real.

― Creo que eso sería un problema más que una solución ― contestó Jon cuando se sirvió vino.

― Antes quizás, no ahora. Daenerys no abdicara el trono en tu favor y obtener un divorcio….

― Sería muy doloroso en estos momentos ― lo cortó Jon, en ocasiones la practicidad de Tyrion Lannister solía fastidiarle enormemente, pero él, fuera del Rey consorte era la Mano y no podía obviar esa conversación, por más inapropiada que le resultara a su esposa.

Jamás pensó que los sentimientos pudieran ser algo que se interpusiera en lo que debía de hacerse.

"Mata al niño Jon Nieve…"

Por otro lado, para Tyrion era fácil hablar con tanta soltura de un tema que a él le resultara tan complejo: engendrar a un mounstro.

― Esto ha ocurrido antes ¿No? ― preguntó. Tyrion asintió.

― Son los peligros de la endogamia, si sabes algo de historia de los siete reinos sabrás que yo soy el resultado de ello, así como también lo fue Joffrey ― Jon se quedó observando a Tyrion, analizando su rostro y sus facciones.

― Diriaís, mi señor, que Joffrey estaba loco ― Tyrion alzó las cejas. Pero no hizo ningún gesto adicional.

― Hubiera dado todo por tener su cuerpo, pero como los dioses me usaron para el castigo de mi padre prefiero quedar tan deforme como lo soy ― Jon rio cansado, Tyrion había esquivado la respuesta de forma magistral, y no deseó molestarlo sobre ello, quizás sí había cosas que incomodaban a Tyrion Lannister, como el hablar de la locura de un sobrino muerto, sin importar lo cruel o terrible que este fuera.

― Creedme, mi señor, lo vuestro es nada ― el nudo en la garganta se hizo más grande, al recordar a Dany desangrándose, las escamas, la forma de las manos, con algo parecido a hueso negro saliendo de lo que debieron ser sus dedos, la misma imagen de la mano de Arya tan pequeña como era posible, y lo tierna que le había resultado.

Jon soltó el quejido que llevaba semanas guardándose, se llevó el puño a la boca y lo presionó con toda la fuerza que le fue posible hasta que sintió la sangre salir de su mano.

Entonces las lágrimas comenzaron a caer, junto al gemido que huyó de su garganta; imparable, limpio, gotas silenciosas, una tras otras, que surcaban la barba corta que cubría sus mejillas. Jon, incapaz de controlarse, se puso de pie y se acercó a la ventana, de un gesto brusco la abrió, y el aire invernal le pareció asfixiante y caluroso.

"Esto no es Invernalia"

Pensó en las catacumbas y deseó estar ahí.

De reojo vio la mano de Tyrion extenderse a él con un arma, cuando fijo sus ojos en él entendió que solo le ofrecía una copa de vino.

No la quería, el vino quemaba y el deseaba hielo.

― Podéis retiraros Lord Tyrion ― fue todo lo que dijo, sin coger la copa y dándole la espalda.

"Debo trabajar, debo pensar en otras cosas…"

Jon volvió a sus estancias, en silencio, parte de su guardia le siguió, pero él no les prestó atención. Aquello le distrajo, Daenerys quería volver a nombrar a siete caballeros para su seguridad y a Jon le había parecido innecesario, con Gusano Gris a su lado más la guardia Dothraki, sin embargo, reconocía que sería una forma de acercarla más a al pueblo llano.

Aún la llamaban la extranjera y en varias partes de los siete reinos recordaban la desastrosa campaña antes de la llegada del Invierno, cuando sus Dragones eran bestias y no guardianes. Quizás sería una buena idea, comenzar por ello. Ya, hace algún tiempo, le habían enviado un listado de caballeros que deseaban el puesto. Jon no conocía a ninguno. Sacó papel y comenzó a escribir las notas.

Siquiera notó cómo y cuándo es que cayó dormido, solo que el dolor en el cuello, así como la suave voz de Missandei llamándolo en medio de un sueño oscuro y silencioso, le dieron pistas de que había sido vencido por el cansancio.

― Majestad ― Jon, abrió los ojos y se sobresaltó. De inmediato se puso de pie.

― ¿La reina? ― preguntó sin notar el brillo en los ojos de la muchacha.

― Ha despertado majestad ― en medio de la nebulosa que era su cerebro a esas horas no entendió lo que la muchacha le decía.

― ¿Que?

Missandei volvió a sonreír como si el cielo se iluminara.

― Ha despertado ― y Jon la abandonó mientras dirigía rápidos pasos a la alcoba de la reina.

No imaginó, o pensó en lo intempestiva que fue su llegada, hasta que vio cómo es que Daenerys se sobresaltaba al verlo.

― Mi rey ― le dijo con una sonrisa cansada, aún estaba pálida y su rostro lucía afilado y gris, como si hubiera envejecido diez años en esa semana.

― Dejadnos, ahora ― ordenó Jon tranquilo, pero con firmeza. Los guardias, las doncellas e incluso Missandei que había entrado poco después que él, se retiraron. Jon se encaminó directamente hacía ella y cayó de rodillas, para seguidamente cogerle de su mano.

― Debéis perdonadme mi reina ― besó sus dedos con delicadeza y luego apoyó su frente en estos, el frío le había acompañado todos esos días y solo ahora podía sentir como es que el calor atravesaba la piel de su frente para descender por su rostro hasta el cuello y llenar su pecho, quería alejarse de eso pero se obligó a aguantar a no ceder.

"Ya no volveréis al norte"

Y la imagen de Sansa caminando a solas por el bosque de los Dioses se volvió más confusa y oscura, la larga noche estaba cayendo sobre Invernalia y tragándoselos a todos.

― ¿Nuestro hijo? ― la voz de Daenerys era suave y débil, Jon no se atrevió a alzar la mirada y se quedó con el rostro perdido entre sus dedos ― ¿Jon? ― la voz de Dany seguía siendo cansada, pero su tono exigía una respuesta.

"Mata al niño Jon Nieve…"

Era hora de enfrentar todo lo que se avecinaba, alzó los ojos oscuros y se topó con su mirada lilácea.

― Esta muerto, ha sido cremado esta mañana ― el rostro de Dany se llenó de dolor y las lágrimas cayeron profusas y violentas sobre sus mejillas, Jon se levantó y la abrazó mientras ella trataba de pararse, un profundo y grueso gemido salió de su garganta y a Jon le pareció que toda la Fortaleza Roja se agitaba al son de este, aquello duró hasta que la respiración de Dany se detuvo y luego le siguió con un profundo "No".

― Perdonadme mi reina ― dijo mientras trataba de contenerla, incluso si es que ella no le escuchaba.

Jon podía sentir como es que los huesos en su espalda y hombros sobresalían de una forma que antes no lo hicieran, su cabello era casi alambre pálido y quebradizo.

Dany siguió llorando en sus brazos y Jon solo pudo acompañarla. La soltó solo para acostarse al otro lado de su cama y envolverla en sus brazos. No la soltó siquiera cuando cayó dormida, en cambio se dedicó a pensar en el trabajo que tenía pendiente, no podía recordar a que casa había escrito antes de caer dormido. Siquiera que era lo que su misiva decía. No había estado concentrado en ello, su cabeza ese último tiempo había sido un caos.

Todo era tan fácil siendo soldado. ¿Era esa la forma en la cual el mundo cambiaba a los hombres? Se recordó de pequeño, de aquél chiquillo lleno de enojo que había partido al Muro con la intención de guardar los siete reinos; no, eso era mentira. Lo sabía, había huido consiente de que no podía permanecer más en Invernalia, menos si es que Lady Catelyn era quién quedaba a cargo, recordó su despedida con Arya, a Robb en medio del patio.

Cuando abrió los ojos, la luz entraba enceguecedora por la ventana, a su lado Dany descansaba y su rostro parecía calmo cuando le miró.

― Habéis estado llorando ― dijo ella triste, Jon no se avergonzó al aceptarlo. Se había sentido cansado, pero por sobre todo triste; el vacío que experimentara en sus momentos más oscuros de la guardia se había adentrado en su pecho desde el día en que abandonó Invernalia, o incluso desde la noche en que en la Fortaleza Roja se vislumbró la posibilidad en que Sansa buscaba un consorte.

El tiempo al lado de Dany solo lo había aumentado y el matrimonio entre Sansa y Dickon había sido la tumba de cualquier esperanza de un futuro acorde a lo que él habría deseado. Y cuando por fin los dioses le daban otra luz por la cual sobrevivir al destino, esta era arrebatada de la forma más cruel, tanto por como ocurriera como por la vergüenza de recordar el alivio que supuso imaginar un futuro sin Daenerys.

Pensar nuevamente en ello, le obligó a acariciarle el rostro y besarle la frente, no podía mirarla sin sentirse como un traidor.

― Saldremos de esto ― le dijo ella abrazándolo, a lo que Jon solo pudo asentir en silencio.


Ninguno de los dos lo habría querido, pero aquello cambió su relación. Si bien Daenerys recuperaba sus fuerzas día a día, el riesgo de muerte seguía sobre ella como un halo oscuro que buscaba asfixiarla. Como nunca, Jon pasó todas las noches con ella, guardando su sueño y vigilando sus síntomas, era atendida por los maestres en su presencia y, de ser necesario ayudaba en todo lo que se le exigía, fue el primero en ofrecer su sangre para que ella recuperara sus fuerzas y solo se detuvo cuando Allors les advirtió que de nada le servirían a los Siete Reinos dos monarcas moribundos, cansado y todo Jon continuó su vigilia y cuando su cuerpo no daba más era sustituido por Missandei.

Sabía, además que aquello había capturado la admiración de los señores de Poniente, así como de los más cercanos a Daenerys. La muestra de su devoción y amor, había cruzado los muros de la Fortaleza Roja para hacerse eco en cada uno de los rincones de Poniente. Y cuando la hostil Asha se lo dijo, llena de admiración, no pudo evitar preguntarse si es que Sansa habría sabido de ello.

Bastó un tiempo más para que ocupado en el quehacer diario del gobierno de los Siete Reinos más la salud de Dany, Jon había conseguido algo de paz mental al poner sus pensamientos en cosas y temas que poco o nada tenían que ver con Sansa. Aunque le había herido saber que ella se había comunicado con Daenerys para saber sobre su salud. Sin embargo, quizás ya curado de su amor y pasión no correspondida, no mostró nada e incluso mintió cuando le comentó a su esposa que la correspondencia entre él y su hermana era regular, aunque más centrada en asuntos de señores y el gobierno del Norte.

Jamás le dijo que las misivas eran enviadas por los maestres de Aguasdulces o Invernalia, o, en su defecto por el Señor de Altojardín, el flamante y valiente Dickon Tarly. Los meses pasaron y las tormentas de nieve comenzaron a menguar en algo que se parecía a la llegada de la primavera, ante ello pudo incluso delegar a sus propios Maestres el responder aquella correspondencia. Y, notó casi con alivio qué a mayor cantidad de trabajo, más fácil era que las cosas que antes le afectaban sobre el norte y su señora pudieran llegar a él.

Con la mejora en el tiempo Dany pudo nuevamente levantarse y cuando lo hizo, fue para ver a sus dragones. Convencida de que debía presentarse ante la gente, Daenerys preparó toda una comitiva acompañada de señores y de la guardia real, elegida por él, parte del consejo y él como su mano, la cual cruzaría todo Desembarco del Rey hasta Pozo Dragón, seguidos desde los aires por sus dos hijos.

Aquello le jugó en contra, una vez en su destino Daenerys casi cayó desmayada de su caballo y se debió atenderla, aunque Jon no cuestionó su orden cuando pidió, en vez de regresarla a la Fortaleza Roja, acercarla a sus hijos. Estos descendieron en cuanto Jon ingresó con ella a Pozo Dragón y la acunaron entre ellos, mientras que todos atónitos veían cómo es que la fuerza y el rostro de Daenerys volvían. Ya en su primer año de casados Dany le había hablado de su vida como Khalessi del Gran Mar Verde, como es que en sus peores momentos los huevos fosilizados le habían dado calor y fuerza, como es que su Rhaego había saltado al tenerlos cerca y los sueños que tenía cuando dormía con ellos. Mucho antes de eso le había hablado de Mirriz Mar Dhur y su maldición, de Drogo y el primer hijo que tuviera, medio humano, medio dragón.

Por lo mismo Dany creía en la magia y Jon, habiendo sido resucitado no dudaba de su existencia. Era visible que el lazo de Dany con sus dragones, era fuerte y hasta lógico, incluso con toda la magia que la rodeara, muy similar al que alguna vez había tenido Jon y los chicos Stark con sus Huargos. Si los Targaryen tenían sangre de Dragón, era solo cuestión de tiempo a que Daenerys tomara su lugar entre los suyos. Y ahí frente a él la vio florecer como lo hiciera el día de su boda, sus mejillas se tiñeron y sus labios dejaron atrás su palidez.

Era casi esperable, durante todo ese tiempo se habían llamado, pero él, más Stark que Targaryen no lo había visto. Se sintió estúpido por ello.

Dany se acercó a él y lo besó antes de despedir a su comitiva. Les ordenó dejarlos a solas y aguardar hasta que ellos terminaran. Jon de inmediato pensó en que Daenerys lo querría dentro de ella y esa idea lo alarmó, principalmente por el estado de salud de su esposa, quién quizás, buscaba ahora que se sentía recuperada, volver a engendrar otro príncipe esperando que toda la magia ahí congregada surtiera efecto.

― ¿Qué pasó con mi hijo? ― fue lo primero que Daenerys habló. Eso le descolocó, nuevamente, se sintió estúpido por imaginar o pensar cosas que lo convertían a él en el salvador, en el único que podría arreglar las cosas.

"¿He sido así de tonto siempre?"

La traición en el Muro vino a su cabeza, y como es que, antes de eso, salió en busca de Mance Raider con la intención de matarlo, antes de que Stannis masacrara a los salvajes. Recordó a Melisandre desnuda sobre él, y como es que había retrocedido ante el recuerdo de Ygritte.

― Estaba muerto ― dijo sin quitarle la vida de encima, recordando el pesar y cansancio que le habían vaciado el pecho.

Daenerys que ya lo sabía bajo la vista y extendió una mano sobre el cuello de Drogón.

― Quiero saberlo todo Jon ― y de inmediato supo que era el momento de tratar el asunto de la sucesión con ella. Habría preferido olvidarse de ello, dejarlo hundirse en el agujero negro que se había convertido su pecho y sepultarlo con todos los asuntos del Reino.

"Solo soy un bufón"

Aquello era desconocer a su reina.

― No podrás tener más hijos, según los Maestres nuestro hijo llevaba días muerto cuando lo notaste, el nivel de contaminación en tu sangre y tu estado lo evidenciaban, cuando lo sacaron, porque no salió, estaba… ― Jon negó y luego suspiró ― fundido a tu cuerpo, los Maestres me dieron la opción de intentar salvarte y accedí, accedí a que arrancaran todo ― Daenerys no hizo gesto alguno y tampoco desvió la mirada.

Jon podía sentirla, su enojo, su pena y su rabia. Rhaegal gruñó, pero luego continuó recostado como lo había estado desde que Dany llegara a su lado.

― Nunca debí desafiar a Mirriz Marr Dhur ― dijo al final Dany con voz temblorosa. Jon guardó silencio, aunque tenía sus propias ideas sobre aquella bruja ― ¿Qué haremos ahora? ― preguntó más al aire que a él.

Luego como si hubiera hecho un gran esfuerzo se recostó sobre Drogon. Jon corrió hacia ella cuando se desvaneció.

― Por favor, mi reina, volvamos al castillo ― Daenerys se dejó hacer llena de confianza y antes de cerrar los ojos, solo asintió.


Pasaron un par de semanas más antes de que volviera al consejo, tuvieron reuniones de carácter informativo puesto que la gestión del reino había quedado en manos de él y sus señores. Las Islas de Hierro habían entrado en una revuelta contra Asha, la cual fue rápidamente apagada con la ayuda del señor de Puerto Blanco, quién además estaba solicitando ayuda para enfrentar a las Frey que habían quedado como señoras de los Gemelos.

― ¿Qué pasa con los señores de Los Ríos? ― preguntó de pronto Daenerys.

― Lady Stark informa que todos están reclamando para si los Gemelos, es un bastión importante para impuestos y han debido colocar hombres de los Stark a defenderlos, los que no ha sido bien recibidos puesto que dicen que fue un Stark quién mató a todos sus hombres ― contestó el maestre Allors, a quién él había designado para tratar con su hermana.

― ¿Y qué ha ocurrido con el dinero?

― Según lady Stark no existe tal, las mujeres de los Frey no han permitido el paso de nadie.

― ¿Y cómo es que han conseguido cruzar hacia Aguasdulces?

― Majestad, han debido dar el recorrido a través de las tres hermanas y luego cruzar el Valle. Con ello lady Stark ha podido, además ver el estado de las casas en el Valle ― el maestre Allors le extendió una carta que Daenerys leyó.

― Parece todo en orden, pero creo que es demasiado, lady Stark debería estar preocupada de su familia ― dijo sin quitar la vista del papel.

― Mi reina, tenéis razón ― agregó consiente de que llevaba demasiado tiempo sin hablar, era solo que no imaginaba que en aquel momento esa primera junta se centraría en las gestiones de Sansa.

"Solo eso me faltaba"

―Lady Stark ha sido una diligente colaboradora de vuestra majestad ― agregó Tyrion, mirándole fijamente.

― Ha estado gobernando la mitad de los siete reinos ― declaró Dany y Jon no supo si es que lo decía molesta o no, de todas maneras, aquello le obligó a intercambiar una mirada preocupada con el Señor de Roca Casterly.

― ¿A su majestad le preocupa que no pueda ser de confianza? ― Jon no notó la mirada asesina que le dirigió a Asha, aunque esta siquiera le prestó atención.

― Oh, por supuesto que no ― dijo Daenerys, negando con tranquilidad ― es solo que nuestro consejo es demasiado pequeño y Lady Stark ha demostrado ser una excelente regidora, quizás deberíamos pedirle que se nos una ― finalizó sonriéndole a Jon.

― Sansa no saldrá de Invernalia ― declaró Jon ― al menos no para dirigir los siete reinos.

― Si la reina lo comanda deberá hacerlo ― remarcó Asha ― además si es cierto lo que el Maestre Allors dice, ya ha salido de Invernalia para dirigir parte de los siete reinos.

― No es lo mismo, Sansa Stark es la regente más cercana a Lady Tully que solo tiene 4 años y a Lord Robin Arryn, como la reina ha dicho son demasiadas obligaciones para alguien que ya debe ver por el norte. Os recuerdo, que solo este es del tamaño del resto de los siete reinos.

Jon entró en pánico cuando vio la mirada que le lanzó su esposa, igualmente Tyrion esbozó una sonrisa y agregó.

― Podéis sentaros, mi señor mano ― y solo entonces notó que se había levantado para enfrentar al consejo privado, respiró profundamente y obedeció.

"Que Sansa ha dejado de afectarme… realmente soy un bufón"

― Mis señores ― dijo Dany cortes ― por favor dejadnos ― Jon volvió a suspirar y con gestos secos despidió al resto del consejo.

Cuando se hubieron encontrado a solas, Dany le cogió de la mano y suavemente preguntó.

― ¿Por qué no queréis que Sansa venga? ― Jon miró a su esposa a los ojos y le pareció que podía ser honesto y abierto con ella sobre las cosas que le preocupaban.

― La última vez que Sansa salió de Invernalia hacia Desembarco del Rey tardó seis años en volver, en el intertanto fue golpeada, abusada y torturada.

Daenerys retrocedió y Jon notó el fulgor en sus ojos.

― Yo no soy Joffrey Baratheon ― dijo molesta.

― No es sobre vos mi reina ― dijo Jon ― es sobre ella y lo mejor para ella, quizás soy solo vuestra mano y un Targaryen, pero Sansa jamás dejará de ser mi hermana y como tal es mi obligación protegerla ― Daenerys no se mostró complacida por ello y negó.

― Os preocupáis demasiado por una mujer que ya es adulta y que, además, tiene al señor de Altojardín para protegerla ― Jon volvió a negar, sentía que le habían dado un golpe bajo, bastante bajo.

― Siempre debe haber un Stark en Invernalia ― declaró.

― Su primer hijo es un Stark y permanecerá en Invernalia.

― Entonces separaréis a una madre de su hijo ― Jon vio como Dany apretó el puño, pero no se mostró en lo absoluto preocupado de ello.

― Queréis retratarme como la mala de esta historia ― dijo ella con tono cortante.

― Os he informado el por qué Sansa no debería venir a Desembarco del Rey, y creyendo que os conozco lo suficiente aludo a las razones humanitarias que puedo esbozar por qué políticas no existen, no las escuchas y ¿me dices que os trato de la mala de esta historia?.

― ¿Entonces no tengo corazón?

― Yo no he dicho eso.

― No, no lo decís, pero claramente lo pensáis

― Ahora estáis asumiendo lo imposible ― finalizó Jon apoyando su espalda en el respaldo, había notado como la tensión creció en muy corto tiempo, y el complejo estado de Daenerys le dijo que debería calmar la situación, aun así, se sentía enojado, pero prefirió respirar antes de ceder a su molestia.

― Le enviaréis un mensaje a Lady Stark exigiendo su presencia en Desembarco del Rey ― ordenó Daenerys y Jon no notó como es que su rostro se endureció, pero si supo que eso debía ser detenido en ese momento, si tan solo él o Daenerys no fueran así de testarudos.

― No haré tal cosa ― dijo provocando una sorprendida mirada en su esposa.

― Soy tu reina y como mi Mano debes obedecerme ― Jon no se dejó intimidar. Había algo en el enojo de Daenerys que no le afectaba.

"Estoy demasiado seguro…"

No importaba, asumió que el miedo en su corazón había desaparecido aquella vez que se les ocurrió ir más allá del muro a enfrentar a los Otros y no solo una vez.

― No puedes asustarme, Mi reina, soy tu esposo y como tal te estoy pidiendo deja a Sansa fuera de esto.

― ¡Tú. No. Puedes. Desafiarme.! ― exclamó ella tratando de controlarse. En aquel momento la parte de su cabeza que le había ordenado replegarse momentos atrás desapareció, dejando solo enojo.

Incluso entonces respiró y contratacó, esta vez frío como el Muro.

― Lo haré cada vez que considere que cometes un error, mi reina ― Jon vio a Dany titubear, ella se puso de pie y comenzó a pasearse por la habitación, finalmente se acercó a una pequeña mesa en la cual había bocadillos y vino, Jon notó como es que una de las manos de Daenerys temblaba al servirse una copa, luego volvió a servirse otra y en medio de aquella sala fue obvio como sus hombros bajaron.

Daenerys se giró con elegancia y a Jon le pareció que tenía la agilidad de un espadachín.

― No seré desafiada por ti Jon ― él que ya se había calmado, negó.

― No pretendo hacerlo y perdonad mis modos, pero debéis entender esto: antes de la batalla de los bastardos prometí proteger a mi hermana, era la única familia que me quedaba y estaba dispuesto a morir por ella. Es mi deber… ― pasaron largos segundos antes de que el rostro de Daenerys se suavizara. Entonces una sonrisa triste apareció en él, Dany miró a su alrrededor y bajo la mirada.

― Los dioses fueron generosos los Lady Stark ― declaró más para ella que para él. Jon no lo creía, en ocasiones dudaba de la existencia de los mismos, no creía que fuera R´hllor quien lo devolviera a la vida, sino que Melisandre, pero si un humano cualquiera podía obtener ese poder solo por creer y depositar su fe en algo ¿Qué pasaba con aquellos de fe irrestricta que nunca obtenían respuesta? ― Sois más parecido a vuestro padre de lo que yo nunca seré ― finalizó la reina volviendo a sentarse.

Jon pensó en Ned y luego entendió que Daenerys se refería a Rhaegar.

― No digáis eso, por favor… ― dijo desviando su mirada, muchas veces había pensado en ello y la sola idea le causaba náuseas.

― ¿Por qué? ¿Os molesta? ― en aquel momento Jon se levantó, pero procuro hablar suave y con tranquilidad.

― No llamaré a lady Stark a Desembarco del Rey, mi reina y me opondré a cualquier gestión que decidáis sobre ello. Sansa merece permanecer en su hogar y, mientras no exista duda sobre su lealtad, que yo no la tengo, dejaremos que mantenga sus ocupaciones con el Valle y Aguas Dulces, como alternativa ― suspiró ― y nos puede servir para despejarnos un poco de la Fortaleza Roja, os ofrezco que nosotros vayamos al Valle, Aguas Dulces o incluso Invernalia, un poco del aire de los cielos nos hará bien ― Daenerys se le quedó mirando en silencio, escrutándolo y Jon se dijo que no tenía nada que ocultar, pero una discusión por día estaba bien.

Ya después vería como solucionar el resto de las cosas.


N/A:

Y esto es solo una gota de todo el drama que se gesta en mi cabeza.

Saludos a Abel Ciffer y Hatake Nabiki

Solo una recomendación; en las etiquetas es bastante claro que esto es un Jonsa (Jon y Sansa) si no te gusta este pairing, POR FAVOR, sigue de largo. Solo eso.

Atte.-

Brujhah.