Bien, hola a todos. Algo ocurrió con el capítulo anterior en donde se dio a entender que Jon tenía bastardos. Algo que no es así, es posible que la redacción fuera confusa así que si mis lectores no lo entendieron, es mi culpa por explicarlo mal. Lo arreglaré, no ahora pero lo haré.
Además, me recomendaron dejar esta advertencia:
Si crees que los personajes de los que eres fan son perfectos, este no es un Fic para ti. Y nuevamente, debido al odio innecesario.
ESTO ES JONSA¡
Si no te gusta el pairing, sigue de largo.
Bueno sin más preámbulo, les dejo este capítulo
Primavera Perdida IX
Ella miró al Maestre y de este pasó a su esposo, Dickon tenía el gesto serio que le viera esa noche en la cual él descubrió las cicatrices que el Bastardo de Bolton había dejado sobre su cuerpo.
― Muchas gracias maestre Cal ― dijo, este asintió y procedió a abandonar la habitación con tranquilidad.
Sansa vio cómo es que Dickon jugaba con la sortija del cazador, un presente que Lady Melessa le había entregado cuando ambos llegaran a Colina Cuerno, la hacía girar sobre su dedo de manera autómata, mientras mantenía la vista perdida. Sansa lo había visto hacer eso desde que su madre le entregara aquél presente, cada vez que algún asunto de importancia alineaba sus pensamientos, le habría gustado ver como es que las ideas se hilaban en la cabeza de su marido, Sansa solo tenía una vaga idea de como este pensaba debido a los resultados mas que por a su razonamiento. Y este, al menos hasta ese momento, siempre había sido... compasivo.
Dickon respiró profundamente y se le acercó.
― ¿Quieres volver a Invernalia? ― preguntó, ella negó.
― No podemos evitarlos por los Siete Reinos ― contestó, consciente de que tanto ella como su esposo y Jon habían programado todo para que encontrarse con los reyes fuera casi imposible.
Solo que en aquel momento las órdenes de la reina habían sido claras: les daba una semana para reunirse en Altojardín y, lo que volvía más serio todo ese asunto, era que no había existido advertencia de Jon hacía Dickon como lo hubo en todas las ocasiones anteriores.
El plan, sencillamente, había consistido en fijar un calendario sobre los lugares que recorrerían ella y su esposo e informarlo con semanas de anticipación no solo para saber dónde se encontraban, sino que también para evitar encuentros incómodos. De la misma forma se hizo claro, para ellos, que viajar de incognito o a escondidos no era una opción, puesto que podía ser tomado como una señal, demasiado evidente, de lo que precisamente era; una conspiración. Solo que en esa ocasión se trataba de evitar que Jon y ella se encontraran junto a Dany.
Sansa agradecía que en el consejo privado no existiera alguien que pudiera convertir sus movimientos en intriga como en el pasado lo hicieran La Araña y Meñique. Cuando se sentía optimista y llena de paz interior solía cuestionarse ese actuar. Con todo el tiempo y cosas que habían transcurrido, debería ser absolutamente seguro el encontrarse con el Rey, incluso a solas. Aquél arrebato de Jon ya había quedado en el pasado y por todo el reino habían corrido las noticias sobre la dedicación y amor que el Rey demostraba a su reina.
Sin embargo, esas noticias, que debieron haberle sido indiferentes, puesto que ella se encontraba pronta a parir, le habían afectado de una extraña manera; sabía que era en su orgullo y las palabras que él le dijera en el Bosque de los Dioses. Si Jon había luchado para declararle cuanto la amaba, era porque se trataba de un sentimiento que le avergonzaba y eso no tenía nada de halagador. Era entonces cuando recordaba su respuesta, la forma en la cual aplastó sus palabras y como lo había corrido de su lado. Y aquella memoria le hacía sentirse miserable, como la más terrible y desagradecida de las mujeres.
"¿Los dos mentimos?"
Pero de aquella decisión había salido Allen, lo que era una importante razón por la cual su matrimonio y las cosas que dependían de él debían, más que nunca ser sólidas y fuertes. Era una completa contradicción no entendía porque aquel mensaje le asustó tanto, Jon no debería afectarle, ni él, ni Daenerys, todo eso no debería significar nada desde que su primogénito llegó a sus vidas.
También se había sentido culpable de no preguntar por Jon cuando las noticias del bebé real llegaron. Su hermano podría ser una persona dada a esconder sus sentimientos, pero no era alguien insensible, no cuando su corazón lo urgía a hablar con la verdad, era parte del honor Stark que ella había visto en su padre. Lo imaginó desesperado, caminando por los pasillos de la Fortaleza Roja, frustrado ante su propia incompetencia, obligado a ver cómo es que algo tan esencial como su heredero llegaba sin vida a este habiendo dado a luz recién no podía evitar colocarse en su lugar, en lo destrozada que quedaría de saber que su hijo se esfumaría en medio de dolor y pena.
Y aún con todo ello no le dijo nada, preocupada de no incomodar a su esposo y menos obligar a Jon a recordar las últimas palabras que intercambiaron, sus cartas las dirigió a Daenerys. Quién a su vez le relató todo lo terrible que había vivido. Si, la reina había sido siempre cortes y gentil con ella. Más aún cuando supo la verdadera identidad de Jon Snow. Entonces comenzó a tratarla de hermana y Sansa, recordó vívidamente, lo que aquello produjo en su estómago.
Todo eso debería estar superado y enterrado en capas de hielo tan gruesas como las que sostenían el Muro. No deberían producirle aquella tensión, ni quitarle las ganas de comer.
"¿Por qué entonces, esta carta me llena de pavor?"
¿No confiaba en Jon, o en ella?
Negó y miró a su marido, Dickon trataba de lucir tranquilo, pero, al parecer, tampoco era algo que se lograra con facilidad. La convivencia le había mostrado con claridad cómo es que forjar una relación tan estrecha como el matrimonio tenía bastante de aceptación y tolerancia más que pasión, desenfreno o, aquello que la gente y los bardos llamaran amor.
Las ideas románticas habían desaparecido cuando su padre perdiera su cabeza en el Septo de Baelor, y la miseria que le siguió a esos años solo se vio recompensada el día en que ella y Jon recuperaron Invernalia. Suspiró, si las cosas habían resultado bien se debía a los sacrificios que todos ellos habían hecho. Y la idea de ver a Jon no tenía por qué enturbiar lo conseguido con su marido en esos años. La Sansa que abandonó Invernalia por primera vez sonreiría feliz al verla, su madre también lo haría, su padre…
"Dickon ha sido gentil, fuerte y cortes, padre estaría orgulloso"
Y por lo mismo, había sido justo ir a su hogar ancestral, ya con más de tres años fuera de Colina Cuerno, correspondía que Dickon, al menos, le enseñara su nieto a Lady Melessa y junto con ello mostrarle lo feliz que era a su lado. Y todo había resultado de maravilla, su marido había estado tan emocionado, no solo de ver a su familia sino de poder recorrer junto a ella todos los lugares de su niñez; la había llevado a montar cerca por los invernaderos de cristal cercanos al Camino del Mar y hecho el amor en medio de los viñedos de uvas amarillas de Colina Cuerno, varios días se perdió recorriendo las tierras de su antiguo hogar llevando a Allen sentado sobre su regazo, mientras que ella se quedaba observándolos desde los jardines hasta que los veía regresar a la puesta de sol.
Sacudió la cabeza. El tiempo había pasado y ya las cosas habían tomado su curso, temer por lo que nunca ocurrió no era lógico en ningún sentido y temer por lo que Dany pudiera ver era un espejismo, era crear un enemigo donde nunca lo hubo, en donde solo existió comprensión y aceptación hacia ella.
Sansa, que había tenido la posibilidad de conocerla en su tiempo en Desembarco de Rey, sabía que existían ciertas cosas a las que la reina, más que nadie, era más susceptible. Habiendo huido toda su vida de asesinos y sido traicionada, cuidarse sus espaldas de la gente que confiaba se había vuelto una triste rutina. Igualmente, sabía que Daenerys Targaryen estaba enamorada de su hermano, eso no lo dudaba, también sabía que la confianza que se depositaba en ella se debía a su cercanía con Jon, y aquél era un regalo muy valioso para desecharlo, incluso por el amor de un Rey.
"Si es que aún existe ese amor"
Sansa no era ciega y no caería en la vanidad de creer que ella seguiría siendo importante después de todo lo ocurrido. Después de su trato hacia Jon y las circunstancias que habían llevado al reino a declarar lo devoto que este era con su esposa. Además, Sansa entendía que jamás podría vivir consigo misma si es que traicionaba a su marido, o a la mujer que a los ojos de los siete reinos la había declarado su hermana. No, actuaría con el mismo honor que le había inculcado su padre, con el mismo honor con el cual Jon se tomaba decisiones, ya lo había hecho y no debería ser un tema nuevo para ella; la culpa de haber deseado al Rey cuando se forjara el compromiso entre ambos Targaryens la hizo actuar como si en verdad fuera la más feliz con aquella decisión olvidando los juramentos de sus señores y la proclamación del Norte como un reino independiente, sepultando la guerra de Robb así como su recuerdo y el de su madre. Había sido lo correcto, había salvado miles de vidas, las pocas que quedaban después de la Guerra por el Amanecer, y siquiera el fantasma del mayor de sus hermanos le haría cambiar esa idea.
Era mejor actuar así. No importaba el vacío en el pecho, siquiera cuando desdeñó de aquella forma tan cruel a Jon.
Prefería la culpa. Aquella que sintió después de haberlo destruido le hizo recorrer todos los reinos para ser una súbdita de confianza, la vergüenza de haberlo abandonado en su pena, la obligó a escribirle solo a ella porque era demasiado cobarde para enfrentar al Rey, a Jon, su hermano. A veces sentía que su actuar estaba justificado, considerando lo incómodo que resultó la última vez que se vieron, había decidido de una vez y por todas cortar cualquier tipo de conexión y ello, en vistas de que una guerra por amor era lo menos que en ese momento necesitaba Poniente y sus reinos.
Tanto ella como Jon habían llegado a esa conclusión y los sentimientos confesados esa noche se habían visto sepultados, en su caso, por el compromiso obtenido hacía su marido y luego por el niño que entre ambos engendraron.
Y mentiría si no dijera que tanto ella como Dickon agradecían que Jon también hubiera sido parte de ello, que sin pedírselo hubiera accedido a que la correspondencia la dirigiera hacía su marido o a sus maestres. Toda esa voluntad le indicaba que para él también era un tema de la mayor seriedad; al actuar así evitaba las sospechas y la protegía a ella y a su familia. Y, al mismo tiempo, Sansa se sentía conmovida y sucia al ver que aún a pesar de quererlo Jon no había salido de su cabeza y que con el pasar del tiempo su plan de enamorarse de Dickon tampoco había funcionado. Solo la llegada de Allen pudo centrar sus pensamientos en más cosas que gobernar y regentar.
Cuando abandonaron la habitación y se dirigieron hacia las estancias principales del castillo de Colina Cuerno, Lady Melessa los esperaba mientras cargaba a su hijo, las hermanas de Dickon le hacían mimos y el pequeño Allen solo sonreía. Le habría gustado que su hijo luciera como un Stark, pero a cada día que crecía se hacía más evidente que la sangre Tarly era la que predominaba en él; tenía los ojos azules de su padre y el cabello castaño oscuro del mismo, cuando Lady Melessa lo viera recalcó a la perfección que sus pómulos y boca le pertenecían a Sansa, y ella sabía que esa era su herencia Tully. Obviamente eso no lo hizo amarlo menos. Aunque fue honesta con su marido al señalarle, que había esperado un heredero más Stark que Tarly.
― No lo veáis así, mi señora ― le había dicho Dickon ― imagina que es un ser nuevo, algo que no arrastrará los errores o falencias de sus antepasados. No es Tully, o Tarly o Stark, es tuyo, es mío y nosotros solo somos humanos.
En ocasiones se quedaba mirando a su esposo y no podía evitar ver toda aquella sabiduría que venía con aquel hombre que así mismo se llamaba más soldado que señor. Como si considerara, en ocasiones, que sus ideas no eran lo suficientemente profundas o inteligentes para ser expresadas.
Sin embargo, ahí estaba y era capaz, con aquellas tan básicas ideas, de demostrarle que incluso para él la vida era mucho más que señoríos, títulos o castillos.
Ahora si existía algo que sobrepasó por mucho sus expectativas sobre ese viaje era, sin duda, todo lo que refería a los paisajes del Dominio, el invierno ya se había replegado hacia el Norte cuando ellos estuvieran en Aguasdulces, razón por la cual el Verano, que se encontraba en sus inicios había reverdecido todo el mundo. Al ver sus ríos, llanuras, campos y caminos Sansa no pudo evitar pensar en un futuro únicamente en aquel lugar del mundo en donde parecía no existir el hambre, las guerras o el frío. De hecho, incluso debió cambiar su indumentaria cuando notara que sus vestidos no solo eran opacos al lado de lo que usara Lady Melessa y sus hijas, sino que además la asfixiaban terriblemente. Además, Dickon, que como todo hombre no tenía la más absoluta idea de moda, era partidario de mantenerse lo más fresco y cómodo posible, razón por la cual viajaba lo más ligero de ropa que podía, así como permitía que su hijo Allen estuviera casi desnudo, lo que bajo ningún concepto molestaba al bebé.
El último trayecto lo hicieron durante el atardecer y bajo el horario que su marido había propuesto, lo que les dio un día de ventaja respecto de lo exigido por la reina. Bajo la luz del ocaso el castillo recogía todos los colores del firmamento los reflejaba como un cristal, eran tantos que Sansa no pudo distinguir el blanco de sus muros hasta que Dickon se lo dijo.
Altojardín llevaba sin sus señores desde el día en que Lady Olenna debiera rendir sus ejércitos ante Jaime Lannister, se decía que el Matareyes le había cortado el cuello delicado como una doncella para no hacerla sufrir, otros que la asfixió en su sueño mientras era llevada como prisionera ante Cersei Lannister. Dickon que había combatido a su lado decía que no le parecía que Ser Jaime fuera un hombre tan cruel o de sangre fría, a lo que ella replicaba que en tiempos de guerra se hacía lo impensable para ganarla. Y durante mucho tiempo Los Lannister llevaron la ventaja sobre la reina dragón.
Aun con toda esa historia y quizás cuantas más de crímenes y traiciones, Altojardín era, por lejos el castillo más hermoso que Sansa conociera, sus muros blancos, sus árboles, los huertos que le rodeaban todo gritaba y exudaba vida como ella antes nunca la viera, no existía el gris en ese mundo y, ciertamente, se trataba del lugar en el que cualquier niña tonta, como ella solía serlo, desearía vivir.
Así como habían adelantado su llegada, también tomaron por sorpresa al castellano del lugar. Ser Ciffer, era un muchacho más joven que ambos, sin embargo, parecía ser el único sobreviviente a la caída de la casa Tarly. Se había criado con los hijos del anterior castellano y había sido nombrado Caballero cuando, como escudero, entrara en las filas del ejército con el que Altojardín había acudido en la ayuda de Desembarco de Rey en contra de Stannis.
El muchacho, que conocía a su esposo, los recibió con la mayor cortesía posible aunque sin cumplir las exigencias del protocolo, no les importo, después de ese día de viaje tanto ella, como Dickon deseaban descansar, sin embargo grande fue su sorpresa cuando el muchacho les contó que solo estaban utilizando algunos espacios del castillo y no todos. Al ingresar y ver lo que quedaba de este fue que notaron como es que de la fachada limpia y ordenada del exterior, pronto se pasaba a un interior desprovisto de ornamentación y bastante pobre en cuanto a lo que muebles se refería, aun así, lucía limpio y tenía la suficiente luz para poder moverse con tranquilidad.
Sansa noto, aún en medio de la penumbra las baldosas floridas y el brillo opaco que de estas emanaba, habían sido lustradas con dedicación y de pronto el ruido de sus tacones le resultó excesivo. Allen, que dormía en sus brazos se removió y acomodó su cabeza más cerca de ella.
― Los tesoros los Lannisters se los llevaron a Desembarco del Rey ― dijo el muchacho en voz baja ― y lo que restó fue saqueado día a día por los Dothrakis de la reina dragón, cuando llegó la orden de preparar todo para el nuevo señor ― aclaró Ciffer mirando a su esposo ― yo era el único con título para ser seguido, Lady Melessa Tyrell nos ayudó con la indumentaria, algunos tapices, floreros y cortinas, así como los Hightower de Antigua. Gracias a sus reservas nos fue posible recolectar grano y poder sembrar, pero el resto de los banderizos, al saber que se trataba de una orden de la reina sencillamente desoyeron a todas nuestras cartas ― Dickon le miró fijamente y ella habló.
― Ser Ciffer ― el muchacho asintió ― cuando su majestad llegué acá, por favor, evitad el termino Reina Dragón, decidlo al personal.
― Como ordenéis, mi señora.
― ¿Hay habitaciones disponibles? ― preguntó Dickon. El muchacho asintió.
― Así es, mi señor, la antigua habitación de Lord Mace ha sido acondicionada para vos, y la de Ser Loras para vuestro pequeño. También tenemos refrigerios ― Dickon le extendió los brazos, gesto que ella interpretó para entregarle a Allen y habló.
― ¿Hay maestre? ― preguntó su marido. El muchacho asintió.
― Está descansando, mi señor. Os esperábamos para mañana.
― Id por él, necesitaremos despierto a todo el personal ― se dirigió hacia ella y le dio un beso en la frente ― encargaos de esto, mi señora. Llevaré al pequeño a su habitación y regresaré con vos ― Sansa le sonrió y vio cómo es que se alejaba, Dickon conocía el castillo de Altojardín por lo cual no necesitaba que se le guiara en este.
Sansa dio un suspiro y le sonrió al muchacho.
― Es posible que sus majestades lleguen antes del mediodía sobre sus dragones ¿Cuál sería el espacio para descender si así fuera? ― el muchacho lo medito algunos segundos.
― El primer patio de entrenamiento.
― Bien, necesitaremos al menos, doce varones y doce doncellas para recibirlos, deberán traer consigo; agua, vino o jugos, toallas húmedas, secas y frías, así como bocadillos. No tenemos ni ama de llaves, ni mayordomo así que dejo a tu elección quienes pueden dirigir a las damas y a los varones. Tráelos ante mí. Este mismo personal deberá replicarse en la entrada principal del castillo en caso de que sus majestades aparecieran por el camino de las rosas. ¿Has entendido? ― Ser Ciffer se mostró pálido, pero luego de un par de segundos asintió y se dirigió hacia los pasillos que, Sansa asumía, pertenecían al personal.
En la soledad de aquél lugar, Sansa se dio el tiempo de mirar a su alrrededor; los techos del castillo eran altos y mantenían sobre su cabeza imágenes de lo que debió haber sido, en algún momento, el paraíso; niños y doncellas corrían con floridas ropas o desnudos, cazadores comían al lado de bestias y carros de guerra se mostraban llenos de fruta y grano. En medio de aquella penumbra sintió tristeza al recordar a Ser Loras, Lady Olenna y Margaery, lo guapo que él había sido y lo hermosa que ella fuera, la ácida matriarca y el plácido Lord Mace.
Altojardín había sido construido para la felicidad y el placer, y aquello en tiempos de guerra no aseguraba sobrevivientes.
Dickon se encargó de revisar todo el exterior del terreno y se llevó consigo parte de la escolta que les había acompañado desde el Norte, muchachos que se habían sorprendido de la belleza del Dominio tanto o más que ella, cuando regresaron dieron buenas noticias respecto del funcionamiento de las granjas más cercanas, así como de los aserraderos y las herrerías, con la llegada del Maestre se envió la comunicación oficial en la cual ella y Dickon tomaban posesión de Altojardín por orden de la Reina Daenerys Targaryen, y que como tal se les ordenaba a sus banderizos apersonarse en el castillo para ser presentados ante sus nuevos señores.
Ante el ajetreo de esa mañana Sansa lo supo, seria imperativo, considerando que Altojardín prácticamente abastecía de comida al resto de los reinos, poner orden en aquel lugar antes de siquiera pensar en volver a Invernalia y no lo discutió, razón por la cual, ya pasado el amanecer se sentó a escribirle una extensa misiva a su hermana. Arya mientras fuera una Stark debía permanecer en Invernalia y resolver los asuntos de los señores, para ello tendría a Bran y al Maestre Wolkan, además con un poco de suerte, quizás, solo quizás tomaría agrado por la regencia y no le parecería una mala idea tener su propio castillo.
El primer avistamiento a los dragones fue poco después de que Sansa y Dickon hubieran tomado su primera comida, tal cual como lo anticipara Sansa estos se dejaron caer, para terror y maravilla de los presentes, en el primer patio de entrenamiento.
Bastó ver la sombra alas negras de Drogon agitarse para saber que nada ocurriría como ella lo había creído. Incluso Allen que estaba en sus brazos abrió sus ojos todo lo que pudo al ver descender a los dragones en el patio de entrenamiento. A esas alturas el corazón de Sansa corría desbocado dentro de su pecho y casi no escuchó a su marido reír ante la reacción de su hijo y solo fue capaz de entender lo que ocurría cuando Dickon le pasó el brazo por la espalda y la empujó suavemente para que ambos dieran la bienvenida a sus visitantes.
Jon se había cortado el cabello y ella no recordaba haberlo visto así desde que eran niños, sus rizos habían desaparecido y se había arreglado el cabello de tal manera en que este se mantenía fijo y ordenado, su rostro lucía más Stark que nunca, solemne y serio, así como sus ojos tenían un suave brillo lleno de añoranza, la forma en la cual le miró le hizo bajar la vista y centrarla en el rostro de su hijo.
Para cuando se centró en la reina esta ya saludaba a su marido, quién le sonreía cortes y no se negaba a su tacto.
― ¿Cómo debo llamaros, mi señora? ― fue lo primero que Dany le pregunto sonriente, para prácticamente olvidarla y centrarse en el pequeño en sus brazos ― ¿Qué serás tú? ― le dijo juguetona la reina a Allen, quién río en cuanto ella lo cogió en brazos (sin su permiso desde luego) ― ¿Un lobo? ¿Un cazador? ― entonces Dany lo alzó en medio de las risas de su pequeño y las propias, para luego mirarlo fijamente a los ojos y declarar ― Cazador ¿cierto? ¡Serás el cazador más guapo de mi reino! ― dicho eso y sosteniendo al pequeño de un brazo extendió el otro y abrazó a Sansa.
― Majestad ― dijo, sin saber bien que sentir; si vergüenza, pena o alegría, realmente Daenerys y la forma de tratar a su hijo le hizo olvidar todos aquellos pensamientos de los cuales Jon era su protagonista.
― Le gustáis Majestad ― dijo su esposo y Sansa solo pudo asentir.
― Es muy reacio a que desconocidos lo cojan en brazos, majestad ― y como respuesta a ello su hijo comenzó a saltar sobre los brazos de Dany, como si jugara, mientras balbuceaba sílabas.
― Será un buen juez de carácter ― les dijo ella, en un cuadro en el cual, a los ojos de Sansa, la reina casi parecía brillar ― mirad mi señor ― dijo Dany a Jon ― ven y conoced a vuestro sobrino ― Jon se acercó a ellos y Sansa lo vio intercambiar una mirada con Dickon quién le asintió tranquilo.
― Luce como tú ― dijo Jon para luego mirarla. Eso le hizo sonreír, todos siempre decían que se parecía más a Dickon que a ella, lo que le pareció una pequeña victoria.
Tal cual como ella lo vaticinara se les ofreció vino y comida, y toallas para asearse.
― Nunca había visto Altojardín ― declaró Dany cuando se adentraron en el castillo ― ¿Vos, mi señor? ― le preguntó a Jon, este negó. El grupo se había dispuesto de tal forma en que ella y Dany caminaban juntas con Allen aún en los brazos de la reina, mientras que atrás les seguían Jon y su esposo, en una tensión que para ella era más que palpable.
― Nosotros solo llegamos ayer, Majestad y estamos acondicionando la habitación de Lord Mace para que la toméis durante vuestra estadía ― Dany asintió sin gran interés, luego dio una mirada a su alrededor.
― Se ve tan vacío ― Sansa asintió.
― La casa Tyrell desapareció durante la última guerra, majestad ― Dany bajó la vista.
― Dicen que el Matareyes la mató mientras llevaban a Lady Olenna a Desembarco del Rey ― Sansa negó.
― Lady Olenna se encuentra sepultada en el mausoleo de la casa Tyrell ― Dany la miró fijamente.
― ¿Cómo lo sabéis?
― El castellano de Altojardín nos lo dijo. Ser Jaime le dio veneno.
― ¿Veneno? ― escuchó de pronto la voz de Jon, había olvidado que eran seguidas por él. Y ese pensamiento le reconfortó ― jamás hubiera creído que Ser Jaime era de venenos ― Sansa le miró de reojo y sintió el calor subirle por el cuello hacia el rostro al notar su mirada.
― Según ser Ciffer, Lady Olenna envió por su doncella después de entrevistarse con Ser Jaime ― aclaró Dickon ― Olive era su nombre, murió en uno de los saqueos del invierno, y le pidió que la vistiera con su mortaja para luego recostarse y dormir, Lady Olenna jamás volvió a despertar.
Sansa vio a Daenerys asentir quién solo entonces le extendió a su hijo para que ella lo cogiera, Allen accedió a ir con ella, sin dejar jamás de sonreírle a la reina.
Fue cuando Ser Ciffer se hizo presente ante ellos.
― Majestad ― habló Sansa ― Ser Ciffer nuestro castellano ― Daenerys lo miró tranquila y el muchacho inclinó el rostro, así como su cabeza.
― Que joven sois Ser ― el muchacho la miró interrogante y Sansa le asintió.
― Así es Majestad.
― ¿Ocurre algo? ― preguntó Dickon.
― Ha llegado la guardia de la reina ― Sansa acudió con sus invitados y dio la bienvenida a Missandei y Gusano Gris más todos los dothrakis y caballeros que los acompañaban. Muchos lucían jóvenes y solo el pequeño grupo de Inmaculados parecían de basta edad.
Sansa los acomodó como le fue posible en las estancias que quedaran libres, pero claramente no fueron bien recibidos por la gente de Altojardín. Luego sabría que muchos pequeños de piel morena y ojos almendrados habían sido concebidos durante los saqueos.
Mientras ordenada las cosas con Ser Ciffer y los recientes invitados, dejó que un ama de cría se llevara a Allen. Los reyes, en tanto, se reunieron con su esposo. Missandei, que dirigía aquella comitiva, le saludo con afecto lo mismo que Gusano Gris, en su tiempo en Invernalia la muchacha le había ayudado con el agreste idioma dothraki, así como las diferentes lenguas en las cuales se manejaban los Inmaculados, en ocasiones intercambiaban las vigilias que tenían por objeto vigilar a Daenerys o Jon. Y cuando se vio sola frente a los señores del norte, la muchacha preocupada de ser útil le había prestado sus servicios. Con ellos pudo coordinar los horarios para sus comidas, así como las guardias que deberían llevar sus majestades cuando estos descansaran, ninguno supo señalar cuanto tiempo se quedarían y Sansa no preguntó.
Una vez que los dejó a solas, se dirigió hacia el personal del castillo antes quienes fue enfática al señalar que no aceptaría ningún acto de rebelión frente a sus majestades, sobre todo en lo que tenía que ver con sus jinetes de sangre, aquello le granjeó miradas hostiles, sobre todo de las mujeres. Escuchó murmullos y pronto supo que luego le pondrían algún mote que destacara la frialdad de los señores del norte. Una mujer alzó su mano y Sansa le dio el pie para hablar.
― Disculpad, m´señora pero hemos sido muy maltratados por los asesinos de la reina dragón ― Sansa alzó el rostro y pidió que se adelantara.
― ¿Cuál es vuestro nombre? ― preguntó.
― Merei, m´señora.
― Merei, ¿Han cometido los jinetes de sangre de nuestra reina algún crimen contra ti o tu familia? ― la mujer río socarrona y molesta, debía tener cerca de treinta años, era robusta y morena, sin duda de su tiempo al sol. Sansa no tomó en cuenta su gesto y detuvo a Ciffer cuando este quiso adelantarse hacia la mujer, ella lo miró con desprecio.
― Mataron a mi padre y a mi muchacho de cinco años ― dijo con dureza, Sansa pensó en lo que sería de ella si es que alguien asesinaba a su muchacho ― luego uno de esos animales me violó, tengo a su bastardo conmigo ― era extraño para ella concebir que una mujer pudiera odiar a su pequeño, pero las palabras y gestos de la mujer no dejaban nada a la imaginación.
― ¿Cuántos años tiene el pequeño? ― la mujer pestañeó descolocada, de seguro esperaba alguna reprimenda por su actuar, o como mínimo un par de azotes por dirigirse así a ella, no era un secreto que técnicamente la reina era su cuñada.
― D… dos años y un poco más ― contestó recuperando la entereza.
― Si no podéis o no deseáis cuidarlo, dejádmelo a mí, hablaré con la reina sobre ello y veré que el padre cumpla el castigo por violaros y dejaros sola con el pequeño ― luego alzó la vista y miró a todos, no deberían ser más de treinta mujeres, ancianos y niños, casi todos parecían más campesinos que pajes razón por la cual no esperaba que todo saliera como la reina merecería, pero Sansa sabía que Daenerys entendería, razón por la cual ordenó que se preparan los refrigerios más tradicionales y simples.
Ciffer le siguió el resto del día mientras revisaba la indumentaria que llevaría la habitación de sus majestades, Sansa había buscado en la antigua habitación de Maergery, quién tal cual suponía tenía un gusto de lo más elegante; mezcló lo que quedaba de la decoración de la habitación de la muchacha con lo que pudo rescatarse de la habitación de Lady Alerie, algunas cortinas se encontraban rasgadas y Sansa debió enseñarle a las pequeñas que le ayudaron como repararlas en un tiempo récord y a ocultar las imperfecciones de las mismas, ayudó con las camas y la limpieza de los guardarropas, revisó los platos de comida y señaló a cada sirviente como es que debería ponerse la mesa, a los más jóvenes los llevo a probarse la ropa que de ahora en adelante deberían usar y dejó a cargo aquellos a quienes la vestimenta les quedaba. Con un séquito de estos siguiéndole armó en los jardines un pequeño lugar para la cena de esa noche y cuando todo estuvo sobre la marcha, solo en ese momento se dirigió hacia las estancias que fueran de ser Loras, las cuales habían acordado con Dickon serían para la entrevista a realizarse.
― Entraréis tras de mi ― le dijo a Ciffer y serviréis los bocadillos, primero a la reina, luego a la mano y después a Lord Tyrell ¿Entendido? Cuando salgáis daréis el resto a los guardias ― Ciffer asintió y Sansa, suave y grácil abrió la puerta.
Los tres rostros se fijaron en ella.
― Majestades, mi señor ― dijo asintiendo y evitando la mirada de Jon. Ciffer realizó todo con la mayor tranquilidad y elegancia, para luego retirarse. Sansa, manteniéndose de pie puso una mano sobre el hombro de su esposo, quién le sonrió y quedaron ambos frente a Daenerys y Jon ― espero no interrumpiros ― Dany negó.
― Por supuesto que no, mi señora. Vuestro marido nos relataba los problemas que se han suscitado con las Freys y vuestros hombres ― Sansa asintió ― nos decía que a vos lo mejor que os parecía era volver a casarlas y tomar rehenes a las más pequeñas.
― Así es majestad, el nombre Frey quedó sepultado en la ignominia desde la Boda Roja, sin embargo, dudo que esas mujeres tuvieran idea alguna sobre el plan perpetrado por los Frey, Bolton y Lannister, al casarlas se les da la oportunidad de rehacer sus vidas bajo honestos nombres, soy de la opinión que el reino debería beneficiarse de los impuestos que significan los Gemelos, si la reina envía un agente de confianza para arreglar todo, tendrá el apoyo de la casa Stark.
― ¿Creéis que la casa Frey debe desparecer? ― preguntó Jon mirándola fijamente.
― El primogénito de la esposa de Walder Frey debería heredar las tierras, aunque no los impuestos, y entonces llevará el nombre de su padre ― contestó Dickon, Daenerys asintió satisfecha y les sonrió.
― Había pensado en Lady Stark para mi consejo privado, Lord Tarly, pero creo que también os deberé llamar a vos ― Dickon asintió gentil y le cogió la de la mano entrelazando sus dedos. Sansa también sonrió, o al menos lo intentó hasta ver cómo es que Jon los miraba a ambos y decidió ignorarlo.
Si bien las conversaciones, en general, habían sido distendidas, Sansa siquiera había cruzado palabra alguna con el Rey. Se había mantenido a una respetuosa y objetiva distancia, casi todas sus palabras fueron dirigidas a la reina o a su marido y las pocas veces en que Jon le preguntó algo, su respuesta fue hacia todos.
Cuando se les aviso de la cena esta lista, se encaminaron al jardín principal en donde todo había sido preparado para ellos, una mesa baja y mullidos cojines para sentarse, la iluminación estaba compuesta de tres grandes fogones a distancia segura, así como ciento de pequeñas velas, el único sonido, además del viento meciendo las hojas era el del agua de las fuentes y alguno que otro grillo o cigarra nocturna.
Nuevamente el grupo se dividió y Sansa, de pronto, se encontró centrada en Daenerys y los problemas que se habían suscitado después de su larga convalecencia.
― No sabéis como os agradezco vuestro apoyo, mi señora ― Sansa solo guardó silencio, las razones que la llevaron a recorrer El Valle y Aguas Dulces, habían sido completamente egoístas y sentía que no merecía toda aquella consideración ― Jon ha puesto toda su confianza en vos ― Sansa observó con atención hacia ambos hombres sentados al otro extremo de la mesa; Dickon estaba casi recostado sobre los cojines con una copa de vino en la mano, su indumentaria, como siempre lo prefiriera era de lo más ligera o tanto como el protocolo lo exigía, algo le señalaba a Jon respecto de construcción del castillo, y este sentado con las piernas cruzadas se volvía para verlo. A diferencia de su esposo, Jon lucía mucho más recatado y solo se había permitido soltarse los broches de su saco.
― Me halagáis majestad ― contestó Sansa. Daenerys negó.
― Por supuesto que no, habéis demostrado ser una regente diligente y eficiente, nada ha sido exagerado por nosotros. Además, vuestro esposo es tan sagaz e inteligente como vos… de lo poco que he conseguido en este lugar vuestra lealtad es de lo que más me felicito.
El resto de la velada continuó en tranquila conversación, de solo estar ellas conversando pronto se les unieron sus respectivos esposos, luego cada pareja se alejó de la otra y las palabras continuaron. Fue en ese momento en que Ser Ciffer y la doncella de Allen llegaron para darles el aviso de que el pequeño iría a dormir.
Dickon deposito un suave beso en sus labios y se puso de pie para seguir a la doncella hasta la habitación de su pequeño. Ella le siguió solo que se detuvo con Ser Ciffer y le dio las instrucciones sobre la limpieza y el orden del lugar que usaran. Los reyes también procedieron a retirarse a descansar y Dane le sonrió tranquila cuando se despidió de ella.
― Mi señora, ya se ha servido la comida a la escolta de la reina.
― ¿Ha habido algún problema con los jinetes de Sangre de la Reina? ― Ciffer negó.
― Estos son más jóvenes, muchos pueden entender nuestro idioma y son bastante más disciplinados ― Sansa suspiró, había sido muy considerado de parte de la reina ir con sus jinetes más dóciles.
Parte del servicio encargado de la limpieza llegó al lugar y comenzaron a desmantelar el espacio dispuesto para la cena.
― Repartiréis la comida en todo el servicio, no quiero que nada sea botado, el vino lo guardaréis en las bodegas, y traedme el menú para el desayuno de mañana ― Ser Ciffer asintió y Sansa se quedó mirando cómo es que se internaba en las penumbras del castillo, mentalmente se dijo que harían falta músicos para el lugar, pero que era algo que podría esperar.
Dos muchachos pasaron por su lado al son de "Disculpad, mi señora" para que ella les diera el espacio y poder mover las mesas que habían utilizado, un par de muchachas llenaron bandejas con el resto de la comida y otra comenzó a recolectar los restos de vino sobrantes en una jarra de un cristal negro. Sansa los observó en silencio y algo parecido a la satisfacción le llenó el pecho.
― Sansa ― la voz de Jon no la sobresaltó como creía lo haría y algo en su cabeza le dijo que lo había estado esperando. Sansa se giró y procuró sonreírle cuando le habló.
― Majestad ― dijo tranquila.
― ¿Seguiréis tratándome así? ― preguntó Jon, Sansa recordó la última vez que se hablaran y lo molesto que se mostró ante aquella pared que ella había construido.
― Disculpadme Jon ― suspiró ― estaba algo distraída ― y por primera vez en todo lo que llevaban de visita el rey extendió una suave sonrisa hacia ella, Sansa se fijó en el rostro lampiño y agregó ― no recuerdo haberos visto sin barba desde que partiste al muro, te sienta ― Jon que no había cambiado su gesto, solo desvió la mirada.
― A vos os sienta este lugar ― contestó el avanzando hasta ella ― sabíamos que Altojardín había quedado abandonado, pero vos lo hacéis parecer lleno de vida ― en esa ocasión a ella le tocó sonreír.
― Aun así, creo que está demasiado silencioso.
― Me gusta el silencio, me recuerda a Invernalia ― Sansa le miró extrañada.
― Invernalia no es silenciosa, siempre hay ruido ― Jon alzó los ojos.
― No como en Desembarco del Rey ― Sansa entendió a qué se refería, de niña lo había amado; los juglares, los bardos, las danzas mientras que el ruido del norte era el viento en los bosques, el aullido de los lobos, la forja y el patio de entrenamientos. Solo cuando recuperaran su hogar Sansa entendió que todo aquello que rememorara merecía más su amor que aquello que podía embelesarla solo por su aspecto ― Os he extrañado ― dijo de pronto Jon, el corazón de Sansa se disparó, pero ella no hizo nada.
― Lamento no haberos… ― en aquel momento fue Jon quién la miró fijamente ― … no haberos escrito o ido con vos cuando vuestro heredero murió ― aquello nuevamente saco una pequeña mueca resignada en el rostro de Jon y Sansa pudo ver la pena que le embargaba, mezclada con el deseo en sus ojos.
Retrocedió y centró su atención en los sirvientes.
― Y… ― suspiró nuevamente ― no debí trataros así en Invernalia, eso fue indigno de mi ― cuando Jon le tocó el brazo desnudo, Sansa sintió como es que el fuego atravesaba la parte de su piel expuesta para subir hasta su cuello y rostro.
"Más dragón que lobo"
― Yo fui quién se equivocó en ese momento, no me correspondía buscaros o reclamaros, cuando ya habéis elegido a otro hombre, a un buen hombre ― Sansa bajó el rostro a medias agradecida a medias avergonzada.
― Gracias Jon ― el calor proveniente de él se extendió hacia a todo su alrededor y para cuando lo entendió este le abrazaba desde los hombros para besarles los cabellos.
― Gracias a ti, Sansa ― quedo en blanco sin siquiera ver a sus sirvientes, Jon le había dejado a solas y ella lo agradeció, de haber permanecido ahí de seguro, su rostro o corazón la habrían delatado.
¿Cómo podía flaquear ahora su voluntad cuando todo había resultado tan bien? Quizás era el lugar, en Invernalia era más fuerte incluso para luchar contra ella misma. En Altojardín se sentía lánguida y acalorada, con su sangre a punto de bullir en cualquier momento.
Centró sus pensamientos, pensó en Allen y en Dickon, respiró con fuerza y cerró los ojos. Cuando los abrió Ciffer se encontraba a su lado y tras él la silueta de Dickon se hacía presente.
"Vuelve a salvarme, vuelve"
N/A:
Esto es mucho menos dramático que el último, lo lamento pero tengo el problema de hacer que este tipo de cosas se sazonen a fuego lento.
Atte.-
Brujhah.-
