Los personajes de Candy Candy pertenecen a sus autoras Mizuki e Igarashi. Esta historia es de mi autoría como todas las que he escrito y lo hago sin fines de lucro, solo por entretención


La Mentira de Candy

CAPITULO II

Volverte a ver

Esa noche Candy no pudo dormir, se la pasó pensando en lo que había vivido en esa fiesta y en aquel beso que aun sentía en sus labios. Aun le costaba creer que un hombre como William Albert Andrew la había besado, tratándola como una princesa, su princesa. Fue un beso que nunca iba a olvidar, no solo porque había sido su primer beso, sino porque fue con un verdadero príncipe. Todo había sido como un sueño, un hermoso sueño que la iba a acompañar el resto de su vida.

Patty apenas se levantó fue al cuarto de su amiga, para saber cómo le había ido en la fiesta.

—¿Candy y cuéntame pudiste ver a la familia de tu hermana? –le preguntó sentándose en la cama.

—No, ni siquiera tuve tiempo de averiguar si ellos se encontraban ahí.

—Qué pena amiga…

—Pero me pasó algo inesperado.

—¿Qué cosa? –preguntó curiosa.

—Conocí a William Andrew.

—Era obvio que lo conocieras si él iba a estar ahí.

—Es que lo conocí de una manera que no te puedes imaginar.

—¿De qué manera…?

—Me besó.

—¡Que! –exclamó Patty asombrada.

—Que ese hombre me besó –contestó apretando una almuada –¡Y fue un beso maravilloso!

—¿En serio amiga? ¿Cuéntame cómo fue?

—Claro que te voy a contar…

Candy le relató a su amiga todo lo que había vivido en la fiesta y en la forma que conoció al joven millonario.

—¿Ósea que él pensó que tú eras una joven rica?

—Si Patty, por eso se portó así conmigo, sino jamás me habría invitado a su fiesta.

—Vaya amiga, que noche.

—Fue una noche que nunca voy a olvidar –expresó Candy con sus ojos verdes iluminados.

—Cuando le cuente a mi abuela no lo va creer.

—Hablando de la abuela Martha, tengo que entregarle las joyas que me prestó –dijo Candy mirándola encima del velador –Aquí está la cadena, pero la pulsera no la veo.

—Míratela en la muñeca.

Candy se la miró, pero no la tenía.

—¡No puede ser! ¡No la tengo!

—A lo mejor se te cayó en la fiesta.

—Tú crees Patty –dijo Candy preocupada.

—Es lo más probable, amiga.

—Entonces tendré que volver a ese lugar. Como sea tengo que recuperar esa pulsera.

En la mansión Andrew, Elroy Andrew la tía de William Andrew una mujer estricta y conservadora, apenas abre el periódico mientras tomaba desayuno, se encontró con la fotografía de su sobrino William, acompañado de una hermosa rubia que ella jamás había visto en su vida. Con el ceño fruncido miraba detenidamente la fotografía, en especial aquella nueva conquista de su sobrino que la tenía muy intrigada.

—¿Archie se puede saber quién es la joven que sale con William en el periódico? –preguntó con un rostro poco amable.

—No lo sé…tía.

—¿Cómo que no lo sabes…? ¿Acaso no estuviste anoche en la fiesta?

—Es que no la conocí. Yo estaba con mi novia Annie en otro lugar cuando tio William entró con ella. ¿Verdad Stear? –se dirigió a su hermano mayor.

—Es verdad lo que dice mi hermano tía abuela –confirmó - Él no la conoció, pero yo si la vi de lejos y es bellísima.

—¿Sabes cómo se llama?

—No, eso tienes que preguntárselo a tio William.

—¿Qué es lo que tía Elroy tiene que preguntarme? –preguntó Albert que llegó en ese momento al comedor.

—Es sobre la chica de anoche –le respondió Archie.

Albert se sentó en la cabecera de la mesa, como siempre lo hacía.

—¿William quién es esa joven? –le preguntó Elroy con un tono autoritario – ¿Cómo se llama? ¿De dónde es…? ¿Es de nuestro círculo social?

—Tía no crees que son muchas preguntas a la vez –le dijo con tranquilidad y acomodándose la servilleta en sus piernas.

—Es que tengo que saber con quién te estas involucrando. No quiero que aparezca una de esas muchachas arribista que quieran sacarte dinero.

—Tranquila tía, ella no es de esas.

—Entonces, dime ¿cómo se llama?

—Candice.

—¿Y su apellido?

—No se lo pregunte.

—Pero William, debiste preguntárselo. ¿Cómo puedes andar con una muchacha que no conoces su apellido?

—Tía, se me paso… Cuando la vuelva a ver se lo preguntaré.

—Preferiría que no te siguieras involucrando con ella y lo hagas con Elisa Legan.

—Tía por favor…-protestó Albert -Sabes que nunca he soportado a Elisa, no me pidas que tenga algo con ella.

—¡William no hables así de Elisa!

—Tía es la verdad…Y ya no te metas en mi vida, soy un hombre grande no un niño.

El cuerpo de Elroy se puso rígido y su rostro enrojeció.

—Se me quito el apetito –tiro la servilleta en la mesa –Me voy a mi habitación.

—Tía, no te pongas así…Quédate a desayunar conmigo –le pidió Albert.

Ella no le respondió nada y se marchó.

—Tio William, déjala –le dijo Archie –Ya se le pasara. Mejor síguenos hablando de esa chica.

—De acuerdo…

—¿Tio y esa chica es de Chicago ? –preguntó Stear bebiendo jugo.

—No, es de Nueva York.

—¿Me imagino que le pediste el número de su celular? –le preguntó Archie.

—No, pero sé que la voy a volver a ver –dijo Albert con una sonrisa recordando que tenía algo que ella regresaría a recuperar.

...

En la residencia de los Britter, Annie todavía seguía dormida cuando su madre le llevó la bandeja con el desayuno. No siempre lo acostumbraba hacer, era una labor de las sirvientas, pero en esta ocasión lo había hecho para hablar algo muy importante con ella.

—Buenos días, hija –le dijo dejándole la bandeja en la cama.

—Buenos días, mamá –contestó la joven acomodándose en la cama –¿Qué hora es?

—Más de las diez…

—Me quede dormida…

—No importa, no tienes nada que hacer. Toma tu desayuno.

—Gracias mamá, tengo mucha hambre –comentó comiendo una tostada -¿Y papá?

—En su trabajo. ¿Hija cuéntame cómo te fue con Archie?

—Muy bien. Lo extrañaba tanto y el a mí.

—Se ve que está muy enamorado de ti.

—Igual que yo –suspiró Annie –¡Lo amo tanto!

—Ojala te llegues a casar con él.

—Todavía soy muy joven para casarme, pero más adelante claro que me encantaría hacerlo con Archie.

—Hija hay algo que tenemos que hablar.

—¿Sobre qué? –le preguntó bebiendo jugo.

—Annie por nada del mundo tienes que contarle a Archie que eres adoptada.

El rostro de la joven cambió completamente, ya que no le gustaba tocar ese tema. Un tema que le incomodaba y la hacía ponerse triste.

—Por supuesto que no mamá –respondió tajante en su respuesta - Si Archie se enterara de algo así, es capaz de terminar conmigo.

—Es lo mismo que pienso, por eso tenemos que ser prudentes con ese tema.

—Si mamá, me daría terror que Archie o cualquier otra persona supiera que soy adoptada –dijo Annie sintiendo un escalofrió por todo su cuerpo, al pensar en esa posibilidad.

—Tranquila, eso jamás va ocurrir. Para todo el mundo tu ere nuestra hija biológica.

—¡Oh gracias mamá por haberme adoptado! –expresó Annie abrazándola.

—Fue un placer mi preciosa. Has sido una hija maravillosa –le acarició el cabello –Imagínate sino te hubiéremos adoptado estarías en ese hogar o quizás donde pasando necesidades, como lo debe estar pasando tu hermana.

—Mi hermana –repitió ella que prácticamente no la recordaba –No me acuerdo de ella.

—Mejor, ella hace muchos años que dejó ser parte de tu vida. Ahora tienes que pensar en tu futuro junto a Archie.

—Si mamá…

Una sirvienta entro al cuarto.

—Señorita Annie, la busca su amiga, la señorita Elisa Legan.

—Dile que mi hija va enseguida –le contestó la señora Britte.

—Si señora…

—Hija apresúrate, para que atiendas a tu amiga, es bueno que mantengamos buenas relaciones con los Legan.

—Eso lo tengo claro mamá.

Minutos después Annie luciendo unos cómodos jeans y una blusa en tono azul. Bajo atender a su amiga Elisa, a la que conocía desde que ambas estudiaron en un prestigioso colegio de Chicago.

—Elisa que sorpresa –le dijo saludándola.

—Annie, vengo a pedirte un favor.

—¿Qué favor….?

Ambas se sentaron en un sofá de la sala.

—Quiero que me ayudes averiguar quién es la chica con la que William estuvo en la fiesta.

—¿Qué chica?

—Una que salé en el periódico con él –le explicó Elisa - ¿No lo has visto?

—No…

—Es una coqueta que estuvo un rato con William en la fiesta, jamás la había visto en mi vida, así que me urge saber de dónde salió.

—¿Y cómo quieres que te ayude?

—Preguntándole a Archie, él debe saber quién es esa coqueta que me quiere quitar a William.

—No creo que Archie me lo diga…

—Tienes que convencerlo. ¿Acaso no es tu novio? –la presiono Elisa con insistencia - Annie me tienes que ayudar.

—Está bien Elisa, a ver que te averiguo de esa chica.

—Hazlo pronto. Entre más luego me entere quien es esa coqueta va ser mejor para mí -dijo Elisa que se moría por saber quién era su supuesta rival.

Ese mismo dia Candy fue al centro de evento donde se había realizado la fiesta de los Andrew, para recuperar la pulsera de la abuela Martha, esta se la había prestado con tan buena voluntad que tenía que hacer todo para recuperarla. Al llegar le pidió a un guardia que le ayudara a buscarla, tanto por el salón como en la piscina, donde había estado antes de marcharse, pero ni ella ni el hombre tuvieron éxito de encontrarla.

—¡Que voy hacer ahora! –dijo tomándose la cabeza –Tengo que encontrarla.

—Es esto lo que tiene que encontrar –le dijo una voz masculina mostrándole la pulsera.

Candy se volteo encontrándose con la presencia de William Andrey. Ese hombre con el que había pasado la noche más maravillosa de toda su vida.

Como atontada se quedó mirándolo sin poder evitar recordar aquel beso, que la hiso sentirse un poco avergonzada.

El también recordó aquel beso, sintiendo ganas de besarla otra vez.

—La tenía usted –le dijo.

—Sí, se le cayó anoche cuando se fue.

—Oh gracias por guardarla, señor Andrew. Es muy importante para mí.

—Me lo imaginaba.

—Me la entrega –le pidió Candy con ganas de tomarla, pero él se la guardó en un bolsillo de su pantalón.

—Lo siento, pero no puedo dársela.

—¿Por qué…? –preguntó con cara de interrogación.

—Por qué se la daré esta noche cuando venga a cenar conmigo.

Candy se quedó en silencio pensando en la propuesta del millonario, una propuesta que no dejaba de cautivarle. Sin embargo no podía aceptar esa invitación, con dolor en el alma tenía que decirle que no.

—Lo siento, pero no puedo cenar con usted.

El la miró con decepción, ya que esperaba otra respuesta de ella.

—¿Por qué…?

—Por qué…bueno… lo que pasa… que me regreso a Nueva York.

El curvo sus labios en una sonrisa, pensando que ese era el motivo y no otro.

—Con mayor razón, que sea una cena de despedida.

—De verdad no puedo.

—Es que si no cenas conmigo no podrá recuperar la pulsera.

—Eso no es justo –se quejó Candy –¡Me está chantajeando!

—Jajajaja, algo así, pero es la única manera que acepte mi invitación.

Candy suspiro hondo, pensando que no le quedaría otra alternativa que aceptar aquella invitación. Después de todo le serviría para despedirse de ese millonario tan encantador.

—De acuerdo, voy a cenar con usted, señor Andrew.

—Perfecto –expresó eufórico - ¿Dónde la paso a buscar…?

—¿A buscar? –repitió ella pestañando rápidamente.

—Sí. ¿Dónde vive su amiga?

—Ella… vive lejos de la ciudad, así que es mejor que me diga la dirección del restaurante donde vamos a cenar.

—Está bien…le doy la dirección y nos vemos ahí a las ocho de la noche.

—Ahí estaré…-le dijo Candy con una sonrisa, que a él le pareció la más bella que había visto en su vida.

...

Por la noche, Candy luciendo un bonito vestido de color verde, el mejor que tenía y consiguiéndole nuevamente la fina cadena de oro a la abuela Martha. Llegó al restaurante donde Albert la estaba esperando, tan atractivo como siempre, llevando puesto una fina camisa color celeste y unos pantalones grises que le asentaban muy bien.

Al entrar ella se sintió alucinada, al ver que era un restaurante muy lujoso.

—Pensé que no llegaría –le dijo Albert corriéndole la silla para que se sentara.

—Es que no pasaba ningún taxis que me dejara hasta aquí.

—¿No tiene automóvil propio? –le preguntó Albert sentándose en su lugar.

—He…si, pero lo tengo en Nueva York.

—Entiendo…-le sonrió –¡Esta muy hermosa!

Ella se sonrojó.

—Oh gracias, señor Andrew.

—Dime, Albert…

El corazón de ella dio un salto con la petición de el, eso hacia un trato más cercano, como si se conocieran de toda la vida.

—De acuerdo, tú también me puedes decir, Candice.

—Candice aquí tienes tu pulsera –le dijo pasándosela.

Ella de inmediato la recibió y la guardó en su cartera de mano.

—Gracias, no sabes lo feliz que me hace volverla a tener conmigo.

—Me imagino, es un regalo de alguien especial, ¿verdad?

—Bueno…sí.

—¿Quieres vino? –le preguntó Albert abriendo una botella, una de las más caras del restaurante.

—No, prefiero un jugo. No acostumbro a beber.

—Ok, te pediré un jugo.

El millonario llamó a un mesero para que le trajera un jugo a Candy.

—Bueno Candice. ¿Quiero que me hables de ti?

—De mi…

—Sí. ¿Cuál es tu apellido?

Ella tomó aliento antes de responder, pensando en lo que le diría. El creía que era una joven de su mismo nivel social, así que tenía que seguir con esa mentira, después de todo sería la última vez que lo volvería a ver.

—Mi apellido…

—Si…

—Bueno…es….Wembley –contestó al recordar que hace poco había visto una película donde salía esa apellido y pertenecía a una joven de dinero.

—¿Y tu padre a que se dedica?

—El…tiene... muchas acciones por todos lados -respondió recordando que el padre de la chica de la película tenía acciones - Yo no sé mucho de eso.

— ¿Y vives con tus padres en Nueva York?

—Sí, con ellos.

—Pienso que tendríamos mucho que hablar con tu padre sobre las acciones.

—Me imagino que si…-sonrió incomoda.

—Me gustaría mucho conocer a mis futuros suegros.

—¡Futuros suegros! –repitió ella sin entender.

—Sí, ellos podrían ser mis futuros suegros, a no ser ¿que tengas novio? –le preguntó Albert con muchas ansias de saber, si ella tenía una relación con algún chico.

—No… yo no tengo novio.

El rostro de Albert se iluminó, como si le hubieran dado la mejor noticia del mundo.

—Entonces tengo una oportunidad de conquistar tu corazón –le dijo mirándole intensamente a los ojos.

A Candy de los nervios que sintió se le pasó a botar la copa de jugo sobre el mantel.

—Oh que torpe soy –dijo parándose de la mesa.

—No te preocupes, llamaré a un mesero para que venga a cambiar el mantel.

—No, es mejor que me vaya.

Albert también se paró.

—¿Por qué, Candice? La estamos pasando muy bien…

—Tengo que irme –dijo envuelta en unos nervios que no podía controlar.

—¿Es por lo que acabo de decirte…?

—Tú no sabes lo que dice…-replicó ella.

—Lo que te dije es la verdad…-le confirmó Albert -¿Crees que he olvidado el beso que nos dimos en la fiesta?

Ella bajo la mirada, sintiendo vergüenza de aquello, no quería que el pensara que era una chica fácil, que se andaba besando con cualquier chico que conocía.

—Eso no debió ocurrir.

—Pero ocurrió, porque ambos lo deseamos.

—Lo siento, tengo que marcharme –dijo Candy saliendo corriendo del restaurante.

Albert dejó dinero en la mesa para pagar lo que había pedido y salió a buscar aquella rubia de ojos verdes que lo tenía completamente enamorado. Al llegar a las afuera del restaurante, se puso a buscarla con su mirada, pero no la vio en ningún lado.

—¿Dónde te metiste Candice? ¿Dónde? –dijo Albert tomándose la cabeza con una de sus manos.

Candy estaba escondida detrás de un letrero del restaurante. Espero que Albert se marchara en su automóvil y salió de su escondite.

—Adiós mi príncipe, nunca te voy a olvidar –dijo con sus ojos llenos de lágrimas.

Continuación...


Hola lindas chicas.

Espero que todas se encuentren muy bien. Muchas gracias por todo el apoyo que me han dando con esta nueva hisotoria se los agradesco de verdad. Aquí les dejo otro capitulo de nuestros rubios.

Loreley Ardlay, Vivi1581, Balderas, elbroche, wall-e17, Kecs, Gabriela Infante, estrelladaly, jeanete perez, pivoine3, mcvarela, Guest, Coqui Andrew, Ana Isela Hdz, Gaby LezU, Stormaw, tutypineapple, Enamorada.

Besitos para cada una de ustedes y gracias por su apoyo.