Los personajes de Candy Candy pertenecen a sus autoras Mizuki e Igarashi. Esta historia es de mi autoría como todas las que he escrito y lo hago sin fines de lucro, solo por entretención


La Mentira de Candy

CAPITULO III

En busca de Candice

William Andrew se había pasado toda la mañana en su oficina, caminando de un lado para otro en espera de su hombre de confianza George Johnson. Necesitaba urgente hablar con él y no precisamente para hablar de los asuntos de la empresa, sino para algo que hasta el mismo lo sorprendía. Era la primera vez que se sentía así como desesperado y por culpa de una sola mujer, Candice Wembley. Esa muchacha que repentinamente había llegado a su vida y que ahora no se podía sacar de su cabeza o mejor dicho de su corazón. Desde que la había conocido le había causado una gran impresión, tanto por lo hermosa que era sino también por su personalidad tan especial. Era tan diferente a todas las mujeres que había conocido que sabía que nunca más conocería otra igual.

La puerta se abrió y apareció la presencia de George Johnson, hombre de confianza de William Andrew.

—George por fin llegas –le dijo al caminando hasta él –¿Cómo te fue? ¿La encontraste?

—No William…no sé dónde puede estar esa señorita.

—Es que tiene que estar en algún lugar.

—William lo más probable que se haya regresado a Nueva York, no me contaste que ella misma te lo dijo.

—No lo hiso –dijo con seguridad - Mi secretaria llamó al aeropuerto y no salió en ningún vuelo a Nueva York. Mi corazón me dice que ella sigue aquí en Chicago y no descansare hasta encontrarla.

—William estas obsesionado con esa joven.

—¿George crees en el amor a primera vista?

—Bueno…puede ser…pero a mí nunca me ha pasado.

—Jajajaja George, tú no eres de los hombres que se enamoran.

—Tú tampoco lo eras. ¿O me equivoco, William?

—No te equivocas, pero ahora creo que me ocurrió. No dejo de pensar en ella, nunca me había pasado algo así.

—¿Cómo puedes estar seguro de eso? La has visto solo dos veces.

—Sí, pero desde que la vi sentí algo especial por ella –le explicó Albert recordando ese momento - Es una chica aparte de hermosa muy especial, tiene una dulzura que nunca había visto en ninguna otra mujer.

—¿Y qué vas hacer sino la encuentras?

—Es que la voy a encontrar, tengo que encontrarla. Eso te lo doy firmado, querido George.

Candy se encontraba trabajando en la heladería, aunque su cabeza estaba en otro lugar, en un atractivo rubio que le había robado el corazón. Por más que intentaba no pensar en él no podía, el aparecía en su memoria a cada instante haciéndola recordar esos bellos momentos que estuvo junto a él. Momentos inolvidables, al lado de un príncipe que la hiso sentirse la mujer más feliz del mundo. Sin embargo era hora de colocar los pies en la tierra y continuar con su vida. Terminar sus estudios de enfermería y encontrar a su hermana, esas eran sus metas y tenía que enfocarse solo en eso para poder lograrlas.

En ese instante una de sus compañeras le dijo que alguien la estaba buscando. Salió a las afuera de la heladería, donde se encontró con alguien que no veía desde que se había marchado del hogar de pony.

—Tom, que alegría de verte –le dijo a su querido amigo de la infancia, Tom Steven.

Él se había criado con ella en el hogar de pony en su niñez, hasta que fue adoptado por un ranchero de la misma localidad.

—Candy, como te extrañado hermanita –la abrazo con cariño, para él la rubia era como su hermana menor.

—Y yo a ti –contestó emocionada - ¿Cuéntame qué haces en Chicago?

—Me viene a buscar trabajo.

—¿En serio?

—Sí, las cosas no están muy bien en el rancho de mi padre, así que me vine a trabajar.

—Es una buena decisión.

—A ti, ¿cómo te ha ido?

—Muy bien –contestó la rubia - Encontré este trabajo y estoy estudiando enfermería.

—Me alegro por ti hermanita.

—¿Cómo supiste que estaba trabajando en la heladería?

—Me lo dijo la señora donde vives.

—¿La abuela Martha?

—Si…

—¿Y cómo está la señorita pony y la hermana María? –les preguntó por las dos mujeres que la criaron como a una hija.

—Extrañándote mucho. Te mandaron muchos saludos.

—Yo también las extraño.

—¿Candy tú crees que la abuela Martha me deje quedarme en su casa por unos días, mientras encuentro un trabajo?

—Claro que si…es una buena persona. Me falta poco para terminar mi turno, porque no me esperas y nos vamos juntos a la casa.

—Ok…

—¿Te apetece un rico helado? -le ofreció la rubia -Yo invito.

—¡Me encantaría Candy! Ya me están sonando las tripas.

—Jajajaja, me lo imaginaba, entremos para servirte un rico helado de chocolate.

Dos semanas después…

En la mansión Andrew Elroy se encontraba de cumpleaños, como todos los años se celebraba con una gran fiesta, pero este año había querido una celebración más familiar. Solo con la familia y amigos cercanos como los Legan con los que tiene una relación de amistad de hace muchos años.

Cerca de las ocho de la noche la señora Sara Legan llegó junto a su hija Elisa, su esposo se encontraba de viaje y su hijo Niel prefirió no asistir, ya que odiaba ese tipo de celebraciones.

—Tía Elroy, ¡Feliz cumpleaños! –la saludó Elisa entregándole un obsequio.

—Gracias Elisa, no se debieron molestar.

—No es ninguna molestia, usted sabe que la queremos mucho –añadió la señora Legan –¿Y cómo se ha sentido de salud?

—Mejor, tengo que cuidarme mucho, esto de la presión alta es bien complicado.

—Si tía…tiene que cuidarse.

—¿Tía y donde esta William? - preguntó Elisa mirando en la sala de la residencia donde solo estaban Stear y Archie junto a sus padres.

—Creo que está en la biblioteca, el pobre anda muy desanimado.

—¿Y se puede saber que le sucede?

—No me ha querido contar, pero estoy casi segura que es por esa joven que conoció en la fiesta de aniversario de las empresas.

—Tía usted no estará de acuerdo que William se involucre con esa desconocida, ¿verdad?

—Oh claro que no Elisa, tu sabes que eres mi preferida.

—Gracias tía, Elroy –le dio un beso en la mejilla –Con su apoyo me siento más tranquila.

En eso llegó los señores Britter con su hija Annie, de inmediato se acercaron a saludar a Elroy y entregarle un obsequio. Elisa le pidió a Annie que la acompañara al baño para hablar con ella a sola.

—¿Annie cuéntame que has averiguado de la tal Candice? –le preguntó.

—Archie me conto lo que tú ya sabes, él no sabe nada mas de esa chica, le he preguntado varias veces y siempre me dice lo mismo –contestó Annie.

—¿Quién será esa estúpida…?

—Elisa deja de preocuparte de ella, no es primera vez que un hombre como William Andrew anda con alguna mujer.

—Eso es verdad, pero…

—Pero nada amiga, tú eres lo bastante hermosa e inteligente para quitárselo a cualquiera.

Elisa sonrió arqueando la ceja.

—Tienes razón –sonrió – Annie regresa tú al salón, yo tengo algo que hacer.

Elisa se dirigió a la biblioteca donde se encontraba Albert.

Él estaba parado al lado de la ventana, observando el gran parque que rodeaba su mansión, mientras pensaba en aquella chica rubia de ojos verdes que no podía olvidar. Recordaba cada detalle de ella, lo hermosa que era, su sonrisa y dulzura que lo cautivaron completamente. No dejaba de preguntarse dónde podría estar. Se había pasado casi dos semanas entera buscándola por todos lados, hasta había hecho unas llamadas a Nueva York preguntando por aquella familia, pero ninguno de sus contactos le pudo dar una respuesta. Aquella chica se había desaparecido de una manera extraña, sin dejar una pista de su paradero. Acaso se había marchado algún otro lugar donde nunca más la volvería a ver, pero no, no quería pensar en esa posibilidad. Su corazón le decía que ella estaba en Chicago y que sus destinos se volverían a encontrar.

Elisa entró a la biblioteca, luciendo un ajustado vestido corto en tono azulado.

—William –lo nombró mostrándole una seductora sonrisa.

El la miró serio.

—¿Qué haces aquí, Elisa? –le preguntó.

—Vengo a buscarte, para que vayamos al salón. Tía Elroy está muy preocupada por ti.

—Estoy bien…

Ella dio unos pasos hacia él.

—No parece. ¿Tienes algún problema?

—Ninguno, Elisa. Quiero estar solo.

—Si es por esa chica rubia, olvídala, recuerda que estoy aquí para hacerte feliz –le dijo con intensión de besarlo, pero él la esquivo.

—Lo siento, Elisa pero conmigo nunca tendrás ninguna posibilidad –le aclaró saliendo de la biblioteca.

—¡Imbécil te vas arrepentir! –le gritó furiosa por su rechazo.

Albert olvidándose del cumpleaños de su tía, se fue a buscar su automóvil descapotable y salió en él lo más rápido posible. Se sentía ahogado, que necesitaba tomar un poco de aire que lo ayudara a despejar su mente.

Candy iba saliendo del instituto, donde había tenido clases toda la tarde. Iba un poco apresurada que cuando atravesó la calle no se dio cuenta de la presencia de un lujoso automóvil que venía hacia ella. La persona que manejaba el carro logro verla, rápidamente frenó impidiendo que la rubia fuera atropellada.

Candy con el susto se había quedado pálida y aún más su rostro palideció cuando vio al hombre que estuvo a punto de causarle un accidente.

—¡Albert!–exclamó entre emocionada y nerviosa.

—¿Candice eres tú? –le dijo el asombrado y preocupado a la vez –¿Te encuentras bien?

—Sí, estoy bien…

—Casi te atropello.

—No te preocupes, no me pasó nada.

Él se sintió aliviado no solo porque no le había ocurrido nada a la mujer que amaba, sino por haberla encontrado también.

—No sabes lo feliz que me hace verte –le dijo con una mirada que la envolvió por completo - Te he buscado por todos lados.

—¡Buscarme…!-expresó sobresaltada.

—Sí, no he dejado de pensar en ti.

Ella sintió que su corazón se encogió al escuchar esas palabras.

—Albert por favor…es mejor que me vaya –dijo Candy con intensión de irse, pero él la tomó por el brazo.

—No Candice, esta vez no te voy a dejar escapar –la detuvo con una voz profunda.

—Albert comprende que lo nuestro no puede ser.

—Y tú comprende que eres la mujer de mi vida –le dijo besándola, pero Candy con el dolor de su corazón rompió el beso.

—¡No Albert! ¡Déjame!

—¿Por qué…? Te amo –le tomó el rostro entre sus manos –Puedes entender eso. ¡Te amo!

Claro que lo entiendo por qué siento lo mismo por ti, pensó Candy, pero no podía decírselo.

—No lo entiendo, tengo que irme…

—No te iras…-la acogió entre sus brazos y la besó nuevamente, sin que esta vez ella se pudiera resistir.

Sabía que eso no podía volver a ocurrir, pero frente a esos besos que la dejaban sin aliento y con el corazón a mil por hora no se podía resistir, y menos que él le había declarado su amor.

El beso se fue profundizando y ambos volvieron a caer en la magia del amor, como esa noche en la fiesta donde se conocieron.

En ese momento le sonó el celular al millonario, pero no tenía ninguna intensión de contestar, no se iba perder besar a la mujer que amaba por una simple llamada.

—Albert contesta tu llamada -le dijo Candy encima de los labios de él.

—No quiero hacerlo –le susurró a regañadientes.

—Puede ser algo importante.

—Si lo hago te iras de mi lado…

—Te prometo que no lo haré –le dijo que ya estaba rendida ante él.

Albert se apartó un poco de Candy para contestar la llamada, que duro pocos minutos.

—¿Era algo importante? –le preguntó la rubia.

—Sí, era mi tía Elroy, ella está de cumpleaños.

—¿Y qué haces aquí?

—No tenía ánimos de participar de esa celebración.

—¿Tienes algún problema?

Él sonrió, mientras le acariciaba la mejilla.

—Sí, y eras tú.

—Yo –pestaño rápidamente.

—Si…Candice...

Ella sonrió.

—Lo siento de verdad. Deberías de regresar al cumpleaños de tu tía.

—No, quiero quedarme aquí contigo.

—Deben tener muchos invitados.

—No, solo la familia y los Legan y los Britter.

—¡Los Britter! –repitió Candy impresionada.

—Si…

—¿Y los conoces hace mucho tiempo?

—Desde que mi sobrino se hiso novio de su hija Annie.

Candy sintió una gran felicidad al escuchar el nombre de su hermana.

—¿Annie es novia de tu sobrino?

—Sí, de mi sobrino Archie. ¿No me digas que la conoces?

—No, claro que no.

—Pero no sigamos hablando de ellos. Dime que no te iras nunca más de mi lado.

—No podría hacerlo, mi amor –le expresó aferrándose a él –Yo también te amo.

El la miró a los ojos directamente y le sonrió.

—Entonces, ¿vas aceptar ser mi novia?

Ella se sintió morir con aquella petición. Como iba decirle que no, si lo que más deseaba era ser su novia y ahora con mayor razón que gracias a su príncipe se iba rencontrar con su hermana.

—Acepto, señor Andrew –contestó llena de felicidad.

Él se acercó a ella y la volvió a besar para sellar ese compromiso de amor.

Continuará…


Hola lindas chicas.

Espero que todas se encuentren muy bien. Aqui les dejo otro capitulo de la nueva historia de nuestros rubios, espero que la difrunten. Muchas gracias por sus reviews que me envian con mucho cariño.

Stormaw, elbroche, Guest, Loreley Ardlay, LovlyArdley, estrelladaly, Balderas, Jhans matyn, Katnnis, tutypineapple, wall-e17, jeanete perez, .758, pivoine3, Enamorada, rosario, Alyvenus, chidamami, Gaby LezU, Karito.

Un gran abrazo para cada una de ustedes y gracias por su apoyo.