Los personajes de Candy Candy pertenecen a sus autoras Mizuki e Igarashi. Esta historia es de mi autoría como todas las que he escrito y lo hago sin fines de lucro, solo por entretención


La Mentira de Candy

CAPITULO VIII

Una declaración de amor inesperada

Durante el viaje en el taxis, Candy no paraba de llorar recordando una y otra vez la escena amorosa que había visto entre Albert y Elisa. Sin duda ellos tenían algo, y ella la muy tonta había creído que Albert la amaba de verdad. Tonta, soy una estúpida, se decía mil veces en su interior. Mientras que Anthony no dejaba de observarla, preguntándose qué le había sucedido aquella chica que lo tenía completamente embrujado.

—¿Candy que te ocurre? –le preguntó.

Ella lo miró asombrada de que supiera su nombre.

—¿Cómo sabes mi nombre?

—Me lo dijo una de tus compañeras en el hospital. Te sucedió algo malo, ¿verdad?

—Sí, pero no quiero hablar de eso.

—Sea lo que sea, pronto pasará. No hay mal que dure cien años.

Candy sonrió levemente, recordando que esa frase se la escuchó varias veces a la señorita Pony.

—Eso espero…-seco sus lágrimas –Mi corazón está muy herido.

—Me imagino, pero ya te dije que va a pasar –le volvió a repetir Anthony para que se calmara -Fue una gran coincidencia que nos hayamos encontrado.

—Si…

—No te molesta si te acompaño a tu casa.

—No es necesario –contestó Candy que quería estar sola.

—Permíteme hacerlo, es lo menos que puedo hacer después de lo bien que me trataste cuando tuve el accidente.

—Solo cumplí con mi labor de enfermera.

—Sí, pero lo hiciste de una manera muy especial.

Candy continuo sumergida en su tristeza, hasta que llegaron a la casa de la abuela Martha. La rubia de inmediato se bajó del taxis y Anthony detrás de ella.

—Así que aquí vives – dijo el joven mirando la sencilla propiedad.

—Si…

—Gracias por dejar que te acompañara hasta aquí.

—Gracias a ti, aunque no fui muy buena compañía.

—Eso no importa, quizás en otra ocasión nos conozcamos mejor.

—Tal vez…-sonrió Candy -¿No te he preguntado tu nombre?

—Anthony Brown.

—Adiós Anthony y gracias nuevamente.

—De nada, Candy –dijo Anthony dándole un beso en la mejilla y se marchó en el mismo taxi en que habían llegado.

Al dia siguiente Albert se dio un baño y sin tomar desayuno se fue a buscar a Candy. Tenía que hablar pronto con ella, como fuera debía hacerle entender que entre él y Elisa no existía nada, que todo fue una artimaña de aquella víbora para separarlos. En el camino pasó a comprar un hermoso ramo de rosas rojas y se fue a donde supuestamente vivía la rubia.

Al llegar al edificio que estaba cerca de la casa de la abuela Martha, bajo y entro a la consejería para preguntar por el departamento donde vivía Patty Obrian.

—Lo siento señor Andrew, pero aquí no vive ninguna Patty Obrian –le dijo el conserje.

—Usted está equivocado –replicó Albert - Estoy seguro que aquí vive esa señorita, ella es amiga de mi novia.

—¿Y quién es su novia?

—La señorita, Candice Wempley.

—No recuerdo ese nombre, pienso que le dieron mal la información.

—Yo he venido a dejar a mi novia a este edificio, no puedo estar equivocado.

—Lo siento señor Andrew, pero ya le dije que esta señorita no vive aquí.

Albert desconcertado con las palabras del conserje, salió de conserjería y tomó su celular para llamar a Candy, pero ella no le contestaba.

...

Candy se encontraba en su cama, con los ojos rojos y ojerosos de tanto llorar por lo que había ocurrido en la fiesta de Elisa.

Su amiga Patty la estaba acompañando.

—Candy deberías de contestarle a tu novio –le dijo al ver que el celular no paraba de sonar.

—¡No pienso hacerlo! –expresó con rabia.

—Debe desear arreglar las cosas contigo.

—Que va arreglar, si el me engañó con la tal Elisa. Lo vi besándose con ella medio desnudo –dijo Candy sollozando como una niña –¡Nunca debí confiar en él!

—De todos modos contéstale, aunque sea para terminar su relación.

—¡Terminar! –repitió Candy sintiendo un dolor en su corazón.

—Si amiga, no puedes seguir con un hombre que te engaña con otra.

Candy se secó las lágrimas.

—Tienes razón, voy a terminar con el –expresó contestando el celular -¿Qué quieres Albert?

—Preciosa, tenemos que hablar.

—Yo no tengo nada que hablar contigo. ¡Hemos terminado!

—Tú no puedes hacerme esto, Candice. Todo fue un plan de Elisa para separarnos. Te vine a buscar al departamento de tu amiga para aclararte todo.

—¿Me viniste a buscar? –le preguntó asustada.

—Sí y el conserje me dice que tu amiga no vive aquí. ¿Qué está pasando, amor?

Candy se puso pálida como un papel, echándole una mirada a su amiga Patty.

—¿El conserje te dijo eso?

—Si…se supone que debería de conocerla.

—Es…que…es un conserje nuevo… Debe ser eso -dijo mintiendo una vez más.

—Entonces baja para que hablemos.

—Bajar…

—Sí, estoy aquí abajo del edificio.

—Lo siento Albert, pero ahora no quiero hablar contigo. Es mejor que te vayas –le dijo fingiendo dureza.

—Candice, amor no me hagas esto. No dejes que Elisa destruya nuestro amor.

Candy suspiró.

—Está bien hablemos, pero más tarde. ¿Qué te parece si nos juntamos en el restaurante donde cenamos la primera vez?

—De acuerdo, ahí te voy a estar esperando –dijo Albert sintiéndose más tranquilo.

—Hay amiga se ve que ese hombre te ama de verdad –le comentó Patty –Te vino a buscar para explicarte todo lo que está pasando.

—Sí, lo malo que casi descubre que yo no vivo ahí.

—Eso sí que había sido un problema.

—¿Patty crees que sea verdad que todo fue una trampa de Elisa Legan?

—No conozco a esa chica, pero por lo que me has contado pienso que si está interesada en tu novio podría haber hecho algo para que ustedes terminen.

—En eso tienes razón. Yo fui la tonta en pensar que podría ser mi amiga.

—Por eso no tienes que darle el gusto y habla con tu novio.

—Es lo que voy hacer –sonrió Candy –Tengo que darle la oportunidad que me explique lo que sucedió.

En la residencia Legan, Elisa dormía plácidamente cuando su padre llegó a despertarla bruscamente.

—¡Elisa! –le gritó destapándola.

—¿Que sucede papá? –preguntó la joven sobresaltada.

—¡Se puede saber qué hiciste anoche!

—¿Anoche?

—Sí, no te hagas la tonta. William me llamó esta mañana contándome lo que hiciste con él. ¿Qué tienes en la cabeza? ¡Te has vuelto loca!

—Papá lo que ocurrió fue algo accidental.

—Por favor hija, crees que soy idiota. Te conozco muy bien, tu planeaste todo para que la novia de William creyera quizás que cosa de tu y el.

—¡Papá, yo amo a William!

—Tú no lo amas, es un capricho. Así que olvídate de él y no vuelvas a cometer otra locura como esa.

—Pero papá…no me puedes pedir eso.

—Claro que puedo y en castigo te voy a dejar dos meses sin automóvil y sin tarjetas de crédito.

—Papá por favor no me hagas eso –le suplicó Elisa ¿Que voy hacer sin mi automóvil y mis tarjetas de crédito?

—Ese no es mi problema, ha y también vas a ir a pedirle disculpa a William y a su novia por lo que hiciste.

—¡Papá…no seas tan cruel conmigo! No me hagas pasar esa humillación.

—Eso es para que lo pienses mejor antes de hacer una locura como la de anoche –dijo el señor Legan marchándose.

Elisa enfurecida tomó una almohada y la tiro a la puerta.

—¡Todo por culpa de esa estúpida, se va a repentir de haberse cruzado en mi camino!

Por la tarde Candy llegó al restaurante, donde Albert la estaba esperando con el mismo ramo de rosas que le había llevado al departamento.

—Candice, que bueno que viniste –le dijo dándole un beso en la mejilla.

—Quiero que me expliques bien lo que sucedió con Elisa.

—Es lo que voy hacer. Esto es para ti –le pasó las rosas.

—Gracias, pero estas rosas no van a solucionar lo que ocurrió anoche.

—Eso lo tengo claro.

Candy se sentó a la mesa.

—Bueno Albert, te escucho.

El comenzó todo el relato donde le conto todo lo que había sucedido con Elisa Legan.

—No puedo creer que Elisa hiso eso –expresó Candy dándose cuenta que era peor de lo que ella pensaba.

—Ves amor, que yo jamás habría besado a Elisa, fue ella que se me lanzó encima. Yo te amo a ti.

—Y yo a ti Albert, disculpa por haber dudado de ti.

—No te preocupes, era razonable con la escenita que te encontraste.

—Si…no lo quiero ni recordar.

—Te amo tanto Candice, yo jamás sería capaz de engañarte. Odio los engaños y las mentiras.

Candy se sintió fatal, ya que ella le ha mentido tanto sobre su vida, que cuando él se entere la va a despreciar.

Albert le acaricio una mejilla y la beso en los labios.

—Sabes lo que se me acaba de ocurrir.

—¿Qué cosa, Albert?–le preguntó curiosa.

—Que nos vayamos el otro fin de semana a Lakewood.

—¿Y dónde queda Lakewood?

—Es un lugar maravilloso que te va a encantar. Ahí los Andrew tenemos otra mansión.

—¿Y podríamos invitar a Archie con su novia Annie?

—Claro. ¿Qué me dices?

—Por supuesto que sí.

—Candice, después que hagamos ese viaje, quiero que hagamos otro.

—Ya se, a los Ángeles.

—No, a Nueva York

—¡A Nueva York! –exclamó Candy tragando secó.

—Si…¿no crees que es tiempo que me lleves a conocer a tus padres?

—Bueno…si, pero tengo que hablar con ellos primero. Ellos no saben que tengo novio.

—¿No se lo has dicho?

—No…

—Tendrás que hacerlo mi amor, por que pronto quiero conocer a mis suegros.

La rubia suspiro pensando que no podría seguir con sus mentiras, que pronto tendría que confesarle a su novio la verdad.

Al otro dia Candy llegó al hospital para hacer sus prácticas, cuando unas de sus compañeras le pasó un hermoso ramo de flores.

—¿Y estas flores? –preguntó Candy mirándolas.

—Son para ti, Candy.

—¿Y eso?

—Te las dejo un paciente.

—¡Un paciente!

—Si…el joven rubio que tuvo un accidente en automóvil.

—¿En serio?

—Si…te las trajo ayer en la tarde y como tú no estabas yo te las residí. Por lo visto dejaste embrujado a ese chico.

Candy se dio cuenta que eran de Anthony.

Flammy entro a la sala de las enfermeras.

—¿Que hacen aquí? Es hora de trabajar.

—Si –dijo la compañera de Candy saliendo de la sala.

—¿Y tú Candy piensas pasarte toda la mañana aquí?

—Oh claro que no enfermera Flammy, guardo estas flores y me voy a mis labores.

—¿Y esas flores de donde las sacaste?

—Me las dejo un paciente.

—¿Cómo puedes permitir que un paciente te regale flores? ¿Dónde queda tu ética profesional?

—Es que yo no sabía…

—¡Qué clase de enfermera eres! –exclamó Flammy indignada -Voy a tener que hablar con tus maestros sobre este asunto.

—Por favor no lo haga –le pidió la rubia -No tengo la culpa que ese paciente me haya dejado las flores.

—Seguramente le estuviste coqueteando para que él…

—¡Eso no es así! -la interrumpió Candy con molestia -Yo jamás he coqueteado con ese paciente. Así que no voy a permitir que este dudando de mi comportamiento.

—No me faltes el respeto, soy tu enfermera guía.

—Lo se…pero usted tampoco me lo falte a mí –dijo Candy marchándose de la sala.

...

Por la tarde Candy terminaba su turno en el hospital. Se sentía contenta del dia que había tenido, donde pudo ayudar a varias personas enfermas. Sin duda había nacido para ser enfermera, así que a pesar de la mala voluntad que le tenía Flammy se convertiría en la mejor.

Al salir del hospital se puso a buscar un taxis, cuando repentinamente un joven rubio se le acercó.

—Hola, te acuerdas de mi –le preguntó mirándola sonriente.

Candy frunció el ceño.

—¡Anthony! –lo nombró.

—¿Cómo te sientes, Candy?

—Mejor. Tú me mandaste estas flores.

—Sí, que bueno que te las entregaron.

—Gracias, pero no debo aceptarlas –Candy se las paso a la fuerza.

—¿Pero por qué? No tiene nada de malo que te regale flores.

—No, pero aquí en mi trabajo no lo ven bien, tú fuiste mi paciente.

—Pero yo no te traje flores solo por ser tu paciente sino por otro motivo.

—¿Y cuál es el otro?

—Que tú me gustas mucho, eres la chica más bella que he visto en mi vida. Así que estoy dispuesto a conquistarte.

Candy sonrió, encontrando graciosa la declaración de Anthony.

—Gracias por tus palabras, pero yo tengo novio.

—¡Tienes novio! –exclamó Anthony decepcionado.

—Sí, y estoy muy enamorada de él. Así que es mejor que me olvides y no me vuelvas a traer flores –dijo Candy marchándose.

Anthony apretó los puños, pensando que tenía que averiguar quién era el novio de la rubia enfermera.

Continuará...


Hola lindas chicas.

Espero que se encuentren muy bien. Aqui les dejo otro capitulo de este fic, espero que le guste. Quiero agradecerles todos los reviews que me han mandado a cada una de ustedes.

Saludos para las chicas que comentarón el capitulo anterior :

pivoine3, elbroche, wall-e17, Loreley Ardlay, Selenityneza, Enamorada, JUJO, Guest, ChickissSanCruz, Ana Isela Hdz, Balderas, Sasha Vy, Biank Andrew, Ashlyne, tutypineapple, abril.

Besitos para cada una de ustedes y espero leerlas pronto.