Los personajes de Candy Candy pertenecen a sus autoras Mizuki e Igarashi. Esta historia es de mi autoría como todas las que he escrito y lo hago sin fines de lucro, solo por entretención


La Mentira de Candy

CAPITULO X

Fin de semana en Lakewood

Partes II

Candy trataba de hacerle un gesto a Tom para que no siguiera hablando cosas que no debía.

—Princesa, ¿No me has respondido? –le volvió a preguntar Albert sin dejar de mirarla.

—He…es que…lo conozco… de Nueva York, él trabajó en mi casa como chofer. ¿Verdad Tom?

—Si…-contestó titubeante el muchacho, ya que no entendía lo que estaba pasando. ¿Qué le sucedía a su amiga que estaba diciendo esas mentiras?

—¿Y por qué le dices Candy, si ella se llama Candice? –preguntó Elisa que le parecía extraña esa situación.

—Me dice Candy de cariño–respondió la rubia mirando a su amigo para que la ayudara con esa mentira.

El entendió el mensaje.

—Si…es que…ella me recuerda a una amiga que tengo con ese nombre –la apoyó Tom,

—Me alegra que estés trabajando en Chicago -disimulo Candy.

—Si...llegue hace poco tiempo. ¿Señorita Elisa, se queda o nos vamos?

—Nos vamos –contestó ella -No me quieren aquí.

—No, es mejor que se quede –intervino Candy que no quería que su amigo se fuera sin hablar antes con él.

—¿Amor, quieres que Elisa se quede en la mansión? –le preguntó Albert sin entender.

—Si, como se va ir a esta hora, ya es tarde. Además no me afecta que ella se quede, yo sé que tú me amas a mí.

—Oh Candice, gracias –la abrazo Elisa fingiendo–Te prometo que me voy a portar bien.

—Más te vale Elisa –le advirtió Albert -Entremos a la mansión, está haciendo frio.

Elisa y Albert se adelantaron.

—¿Candy que significa todo esto? –le preguntó Tom a la rápida.

—Tom, ahora no te puedo decir nada, después te explico todo

—Ok…te voy a estar esperando.

...

A la mañana siguiente Candy se levantó antes que todos, para ir hablar con su amigo Tom. Este se había quedado en una de las habitaciones de los sirvientes, así que se dirigió aquel lugar sin que nadie la viera.

—Tom, ¿estas despierto? –le toco la puerta Candy.

—Sí, pasa hermanita –le contestó.

Ella entro al cuarto.

—Tom vengo a contarte porque estoy en este lugar.

—Te escucho…-le dijo cruzando los brazos –Tienes muchas cosas que explicarme.

Candy comenzó su relato, dejando a su amigo de la infancia muy sorprendido con aquella historia.

—¿Ósea que tu novio piensa que eres otra persona?

—Sí, Tom, pare él soy Candice Wempley, una chica de su mismo nivel social.

—¡Oh hermanita en que lio estas metida!

—Lo se…pero todo lo he hecho para estar con él y por mi hermana.

—Me alegro que hayas encontrado a Annie, pero no es la forma de hacer las cosas, ¿qué va pasar cuando tu novio se entere de la verdad?

—¡Me va a odiar!

—Y con razón, es mejor que le digas la verdad de una vez.

—Sí, tienes razón Tom, aunque lo pierda tengo que decirle que no soy la mujer que él cree –dijo Candy sabiendo el riesgo que iba correr con aquella verdad.

—Si él te ama sinceramente te va a entender.

—Va ser difícil, a Albert no le gustan las mentiras.

—Bueno…hermanita –Tom le tomó un hombro - No tienes otra alternativa.

—Lo se…-suspiró -Que coincidencia que estés trabajando para los Legan.

—Si…La señorita Elisa me pidió que la viniera a dejar aquí, pero nunca me imaginé encontrarte en este lugar.

—Ella está enamorada de mi novio.

—Ya me di cuenta…

—Siempre se le anda ofreciendo.

—No te preocupes hermanita, yo te la voy alejar de tu novio.

—¿Tu?

—Si….-le guiño un ojo –Esa yegua indomable yo la voy a domar.

—Jajajaja Tom, eso quiero verlo.

Más tarde todos se fueron al lago para pasar el dia. Ahí aprovecharon Archie y su novia para bañarse, mientras que Candy y Albert salieron a andar en bote. Elisa se quedó sola sin saber qué hacer, ya que no tenía a nadie que la acompañara.

—Elisa, se ve que está muy aburrida –comentó Candy mirándola desde el bote.

—Nadie la manda que venga a Lakewood sin ser invitada –dijo Albert –No debiste dejar que se quedara.

—Albert, no me afecta su presencia, tu solo tienes ojos para mí, ¿verdad? –le dijo guiñándole un ojo con una sonrisa.

—Jajajaja si amor. Haga lo que haga Elisa va perder su tiempo, si antes no me interese en ella, menos lo haré a hora.

—¿Esta seguro señor Andrew?

—Sí, princesa –le contestó dándole un corto beso en los labios –Mira ahí viene el chofer de Elisa.

Candy miró hacia él.

—Qué bueno, yo lo invité. ¿No te molesta?

—No, así le hace compañía a Elisa.

—Jajajaja, harían buena pareja.

—Elisa jamás se fijaría en un muchacho como Tom.

—¿Porque es un chofer?

—Sí, Candice…

—¿Y tú Albert te fijarías en una chica pobre?–le preguntó Candy directamente.

—¿Que preguntas son esas, amor?

—Albert, respóndeme –le insistió –¿Te enamorarías de una chica pobre?

—No.

—¡No!–exclamó Candy tragando seco -¿Por qué...?

—Porque estoy completamente enamorado de ti.

—Albert, estoy hablando en serio.

—Yo también princesa, ya dejemos de hablar tonterías y regresemos, me está dando un poco de hambre.

Candy y Albert llegaron en el bote hasta la orilla del lago donde se bajaron y caminaron hasta donde se encontraba Elisa. Archie y Annie se sumaron a ellos.

—¿William como estuvo el paseo? –le preguntó Elisa.

—Fabuloso, la pasamos muy bien. ¿Verdad amor?

—Sí, andar en bote es muy divertido –añadió Candy.

Elisa se acercó a Albert.

—William, si es tan divertido andar en bote porque no me invitas a dar un paseo –le pidió en tono coqueto.

—Lo siento Elisa, mi novio no puede –le dijo Candy sacando a Albert al lado de la víbora.

—Mejor yo la invito, señorita Elisa –intervino Tom.

—Ve con Tom Elisa –la animo Albert -Yo le voy a ayudar a mi novia a preparar los sándwiches.

—Tio prepáralos pronto, el baño me dio mucha hambre –comentó Archie.

—¿Annie nos quieres ayudar?-le preguntó Candy a su hermana.

—Si...

—Señorita Elisa, vamos –Tom le tomó el brazo –La vamos a pasar bien.

Ella regañadientes se fue con Tom hacia el bote, donde este la saco a andar, pero rápidamente el bote se dio vuelta y los dos cayeron al agua.

—¡Eres un idiota Tom Steven! ¡No sabes manejar un bote! –gritó Elisa tirándole agua.

—Jajajaja señorita, usted tiene la culpa le dije que no se moviera tanto.

Todos los que estaban presenciando la escena se echaron a reír.

Más tarde los rubios se fueron del lugar donde estaban haciendo el picnic. Albert llevó a su novia a una bonita cabaña que estaba un poco alejada de la mansión.

—Albert, ¿y de quien es esta cabaña? –preguntó la rubia mirándola detenidamente.

Era una cabaña de madera, pequeña, con una bonita decoración. Tenía una chimenea, un sofá en frente y una mesas y cuatros sillas al lado de la ventana. También había un mueble con plantas y algunos libros.

—Es mía…

—¿En serio?

—Sí. Cuando era niño mi padre me la mandó a construir. Estaba un poco abandonada, así que el año pasado la mandé a remodelar.

—¡Quedo perfecta!

—Si…¿Quieres que prenda la chimenea? Está haciendo un poco de frio.

—Si, por favor.

Albert prendió la chimenea, mientras que Candy se quedó mirándolo sentada en el sofá que estaba en frente. Una vez listo el fuego, el rubio se sentó al lado de su novia, donde la abrazo con mucho amor.

—Quería tanto estar así contigo princesa.

—Yo también, Albert –coloco su cabeza en el pecho de él - Con la llegada de Elisa lo único que quería era escaparme contigo.

—Jajajaja, me imagino princesa, pero ahora estamos solos –le dijo rosando sus labios para besarla –Aquí nadie nos va molestar.

Ella lo miró, sintiendo que era el momento perfecto para contarle toda la verdad. Cerró los ojos y tomó las fuerzas para hacer aquello que debería haber hecho hace mucho tiempo.

—Albert…Hay algo importante que tenemos que hablar.

—¿Sobre tus padres?

—Bueno, algo así…

—Dejémoslo para después, ahora disfrutemos de nuestra cabaña y de nuestro amor.

—Sí, pero es que…

Él le puso el dedo en los labios de ella y comenzó a besarla con mucha pasión. Candy se sentía perdida con aquellos besos, que se dejó llevar por aquel romántico momento. Donde estaban solos, en una pequeña cabaña en medio del bosque.

Albert la apretó contra su cuerpo y comenzó a besarla con mucha pasión, deslizando sus manos por el cuerpo de la rubia. Se apartó de los labios de su novia y empezó a besarle el cuello, sintiendo que Candy se estremecía con aquel contacto. Poco a poco le fue bajando los tirantes del top que ella llevaba puesto, quedando al descubierto los hombros de la rubia que comenzó a besar. La pasión se estaba encendiendo entre ellos.

—Princesa, quedemos aquí en la cabaña, quiero estar contigo -le dijo Albert con una voz llena de deseo -Te amo tanto.

Candy reacciono pensando que no debía estar con él si antes de decirle la verdad.

—Yo también te amo Albert, pero no puedo estar contigo, no puedo –dijo levantándose bruscamente del sofá.

—¿Por qué…amor?

—Por qué yo…-la rubia rompió en llanto y salió corriendo de la cabaña.

Albert se quedó paralizado sin entender lo que le ocurría a su novia. ¿Acaso había sido muy brusco con ella que la asusto?

Candy corría y corría sin parar, sintiéndose una cobarde por no decirle la verdad al hombre que amaba. Sabía que si lo hacia lo perdería para siempre y eso le causaba un gran dolor. No quería perder a ese hombre extraordinario que había llegado a su vida, no quería perderlo, no resistiría perderlo, su vida no volvería hacer la misma sin él.

El salió a buscarla, encontrándola debajo de un árbol.

—¿Candice, estabas aquí? –le preguntó Albert.

Ella se lanzó a sus brazos.

—¡Oh Albert…abrázame! –le pidió.

—¿Que te ocurre, amor?¿Por qué saliste corriendo de la cabaña?

Ella lo miró a los ojos.

—Por qué…soy una tonta.

—No digas eso –le acarició una mejilla con ternura - ¿Algo te ocurrió?¿Te sentiste presionada para estar conmigo?

—No Albert, tú no tienes la culpa de nada.

—Entonces, ¿dime que te pasó?

—No me hagas caso, las mujeres nos ponemos un poco sensible.

—Bueno...-le dio un beso en la frente –¿Quieres que regresemos a la mansión?

—Si…

Minutos después los rubios llegaron a la mansión. Albert se quedó en el salón con Archie, mientras que Candy subió a su habitación sintiéndose más tranquila.

Elisa había llegado a la habitación de Annie.

—¡Eres una traidora Annie! Me podrías haber avisado que venias con Archie a Lakewood –le reclamó molesta.

—No podía serlo, Archie me pidió que no te contara nada –le explicó Annie.

—Claro y tú la muy tonta siempre haciéndole caso en todo. ¿Qué clase de amiga eres?

—Elisa, comprende que después de lo que hisite en la fiesta el tio de Archie no te quería ver por aquí.

—De todos modos debiste habérmelo dicho. Seguramente ya te hisite amiga de esa estúpida.

—Claro que no Elisa, tú eres mi amiga.

—¡No te creo nada! –le gritó tomándola por el brazo -¡Me dan ganas de darte unas buenas cachetadas por mal amiga!

Candy que en el pasillo había escuchado unos gritos entró al cuarto de su hermana.

—¡No te atrevas a pegarle a Annie! –le reclamó mirándola furiosa.

Elisa se volteo mirando a la rubia.

—Jajajaja Candice ¿cómo crees que le voy a pegar a Annie? –disimuló Elisa –Ella es mi amiga.

—Pero yo te escuche que le decías…

—Son bromas de amiga, Candice.

—¡No Elisa! No es ninguna broma, yo te escuché muy bien –replicó la rubia -Mira no te atrevas hacerle daño a Annie, porque le digo a mi novio que te saque ahora mismo de esta mansión.

—¿Me estas amenazando, Candice?

—Tómalo como quieras, Elisa Legan.

Elisa humillada se fue de la habitación de Annie.

—Annie ¿cómo te sientes? –le preguntó Candy acercándosele.

—Bien, gracias por haberme defendido de a Elisa.

Candy se sintió tan feliz con las palabras de su hermana, dándose cuenta que había valorado mucho lo que hiso por ella.

—De nada, no podía permitir que ella te maltratara.

—Elisa es muy impulsiva.

—Es mejor que te alejes de ella, no es una buena amiga para ti.

Albert y Archie entraron a la habitación.

—¿Que sucedió, Candice? –le preguntó Albert –Escuchamos unos gritos.

—Elisa que estaba maltratando a Annie, pero yo llegue a defenderla –respondió la rubia.

—¿Annie, que te hiso esa víbora? –le preguntó Archie acercándose a su novia.

—Me regañó porque no le conté que íbamos a venir a Lakewood.

—No quiero que te juntes más con Elisa.

—Amor no debiste dejar que Elisa se quedara -se dirigió Albert a su novia.

—Si…pero no te preocupes, la puse en mi lugar –dijo Candy con una sonrisa.

—Eso significa que Elisa debe estar echando muchas chispas –rio Albert.

—Sí, mi príncipe.

Mientras tanto en Elisa llego furia a su habitación.

—¡Estúpida! ¡Vas a pagar muy caro esta humillación! Ahora sí que te voy a destruir Candice Wempley –dijo Elisa con deseos de venganza.

Continuará…


Hola lindas chicas.

Espero que se encuentren muy bien, el viernes no pude actualizar, pero ahora les dejo otro capitulo de este fic, espero que les guste y me manden sus lindos reviews.

Saludos para las chicas que comentaron el capitulo anterios. Muchas gracias a cada una de ustedes por seguir apoyandome con la historia.

Selenityneza, elbroche, wall-eS17, abril, Balderas, Coqui Andrew, Chickiss SanCruz, Mayra Exitosa, Biank Andrew, Ashlyne, Loreley Ardlay, tutypineapple, pivoine3, Sasha.

Besitos para todas.