Los personajes de Candy Candy pertenecen a sus autoras Mizuki e Igarashi. Esta historia es de mi autoría como todas las que he escrito y lo hago sin fines de lucro, solo por entretención


La Mentira de Candy

CAPITULO XI

Tratando de decir la verdad

Después de ese hermoso fin de semana en Lakewood, Candy y Albert retomaron sus labores en Chicago. El dedicándose a sus negocios y ella a ser sus prácticas en el hospital. Sin embargo, sabía que tenía que hablar con su novio y contarle toda la verdad, esa verdad que podría aprueba su amor o quizás lo terminaría destruyendo para siempre. Era un gran riesgo que tendría que correr, pero ya no podía seguir haciéndose pasar por alguien que no era. Tomaría el valor y le confesaría a William Albert Andrew, que Candice Wempley era una mentira.

Esa mañana Candy llegó al hospital, cuando una de sus compañeras se le acercó.

—Hola, Candy. Te busca una de tus maestras del instituto.

—¿Cuál de ellas?

—La señorita Mary.

—¿Ella?

—Sí.

Candy se preocupó por aquella visita de su maestra, era la más estricta de todas, que si quería hablar con ella era por alguna falta que había cometido.

—Voy haberla enseguida.

—Te está esperando en la cafetería del hospital.

Candy rápidamente se dirigió a la cafetería.

—Buenos dia, señorita Mary -la saludó la rubia.

—Buenos días, Candy –contestó la mujer –Toma asiento por favor. Quiero hablar contigo.

Ella se sentó un poco temerosa por lo que le podía decir su maestra.

—¿Que tiene que decirme, señorita Mary? –le preguntó.

—Candy, he estado averiguando sobre tu desempeño en este hospital y la mayoría me han hablado bien de ti, que eres una buena alumna de enfermería, eres responsable y haces muy bien tu trabajo. Sin embargo, la enfermera Flammy me comentó que tuviste recibiendo flores de un paciente. ¿Qué tienes que decirme sobre eso?

—Bueno…yo si residí flores de un paciente, pero fue un gesto que salió de él, en ningún momento hice algo para que eso ocurriera –le explicó Candy - Créame que soy una profesional, que solo vengo a cumplir bien con mis prácticas.

—Te creo muchacha, sé que eres una buena alumna, que desde que entraste a estudiar siempre me lo demostraste.

—Gracias, señorita Mary –le sonrió -Me dolería mucho que pensara mal de mí.

—De ninguna manera, eso sí, que eso no vuelva a ocurrir, para que no se tome malas interpretaciones.

—Le prometo que no volver a pasar.

—Bueno –se puso de pies Mary- Ya tengo que irme, nos vemos mañana en la clase.

Candy también se levantó.

—Ahí voy estar, señorita Mary…

La rubia se sintió más tranquila, con la conversación con su maestra. Flammy no logro colocarla mal con ella, así que ahora sería muy cuidadosa para que no volviera a pasar algo así. Al menos sabía que Anthony no regresaría a molestarla, porque le dejo en claro que tenía novio, así que por eso lado debía sentirse más tranquila.

Sin embargo, Candy no sabía que Anthony seguiría insistiendo, y que ese mismo dia llegó al hospital, para averiguar del supuesto novio de la rubia.

—Que yo sepa Candy no tiene novio –le dijo una de las enfermeras.

—Ella me dijo que tenía.

—Qué raro, porque nunca nos hablado de su novio y tampoco hemos visto que algún chico la venga a buscar.

—?Esta segura?

—Sí, nosotras siempre a la hora de comer nos juntamos con otras compañeras y ahí platicamos de nuestros novios, pero ella nada. Yo pienso que le mintió.

—¡Eso sería fabuloso! –exclamó Anthony esperanzado –Gracias por la información.

—De nada –sonrió la enfermera.

Anthony llegó a la mansión, muy feliz. El hecho de saber que la chica que le interesaba no tenía novio, le daba la oportunidad de conquistar su corazón y no descansaría hasta conseguirlo.

Albert y su tía Elroy se encontraban almorzando en el comedor, cuando Anthony entró con un rostro radiante de felicidad.

—Hola a todos –los saludó sentándose a la mesa.

—Anthony, ¿dónde estabas? –le preguntó la anciana.

—Fui al hospital.

—¿Te sientes mal, sobrino? –le preguntó Albert probando la comida.

—No…me siento mejor que nunca.

—Te ves muy contento.

—Y lo estoy, tio –le confirmó con entusiasmo - Sabes que me enteré que la chica que me gusta no tiene novio. Ella me mintió.

—¿Que chica Anthony?

—La enfermera del hospital, tio.

—Ahora me acuerdo. ¿Cómo? ¿La seguiste viendo?

—Sí, un dia por casualidad me la encontré y después le fui a dejar flores al hospital. Ella me dijo que no lo hiciera por que no se veía bien y que tenía novio. Pero ahora averigüe y no lo tiene –le contó Anthony -Te aseguro tio, que la voy a conquistar.

—¡Anthony Brown! –gritó Elroy –¡Deja de hablar boberías! Tú no vas a conquistar a esa enfermera.

—¿Tía, porque te pones así?

—Cómo quieres que me ponga. Un Andrew enamorado de una simple enfermera. ¡Te prohíbo que vuelvas a ver a esa muchacha!

—¡Tía, tu no me puedes prohibir eso!

—¡Claro que puedo! ¿Acaso quieres manchar el nombre de esta familia? No faltaba más, tener a una enfermera de sobrina.

—Tía, cálmate por favor –le pidió Albert.

—Me voy a calmar hasta que Anthony se deje de hablar tonterías.

—Lo siento tía, aunque te moleste voy a conquistar a esa enfermera y la voy hacer mi novia –dijo Anthony marchándose del comedor.

—¡Anthony vuelve aquí! –le gritó Elroy roja de la rabia –¡No hemos terminado!

—Tía, ya tranquila, no te vayas a enfermar –la contuvo Albert.

—William, no lo acabas de escuchar.

—No le hagas caso tía. Es un enamoramiento de muchachos de su edad, de seguro que después se le va pasar.

—Y si no se le pasa –tomó un sorbo de agua para calmarse - William tú no puedes permitir que Anthony se involucre con esa enfermera.

—No te preocupes tía, claro que no lo voy a permitir.

—Qué alivio que tú te enamoraste de una joven de buena familia.

—Si tía –sonrió Albert - Sabes pronto voy a conocer a los padres de Candice.

—¿En serio?

—Si…ella me llevará a Nueva York a conocerlos.

—Me alegro que sea así.

Elisa estaba decidida a vengarse de Candy y separarla definitivamente de William Andrew. Así que haría lo que fuera para lograrlo, hasta involucrarse con el chofer de su padre para sacarle información. Si él había trabajado para la familia Wempley, debía saber mucho sobre ella. Estaba segura que Candice no podía ser tan perfecta y algo malo debía de tener que le ayudaría a sacarla de su camino.

Aprovechando que sus padres estaban de viaje, esa noche Elisa muy provocativa se fue al cuarto donde dormía Tom.

—¿Señorita, que hace aquí?–le preguntó el joven mirándola con la boca abierta, de lo atractiva que se veía con el camisón de seda corto y descotado.

—Estaba un poco aburrida y vine a platicar contigo.

—A mi cuarto y vestida así.

—¿Acaso no te gusta cómo me veo?

El la observó completamente cautivado.

—Bueno…si…

—Entonces, déjame entrar –dijo Elisa entrando al cuarto –Mira traje una rica champaña para que bebamos.

—Si usted insiste.

—Abre la champaña y sirve las copas.

Tom abrió la champaña y le sirvió una copa a ella y otra para él.

—Gracias –dijo Elisa bebiéndola mientras se sentaba en la cama de Tom.

—Está muy buena la champaña –comentó Tom.

—Es francesa, mi favorita –le sonrió Elisa cruzando las piernas–Pero siéntate a mi lado, Tom.

El un poco tímido se sentó.

—¿Que quiere señorita…?

—Ya te dije, platicar contigo…

—Pero, si usted no me soporta.

—Si…pero desde que me besaste no he dejado de pensar en ti.

—¿No le creo?

—Es la verdad, Tom –Elisa dejó la copa en el suelo y lo abrazó por el cuello –¿Quiero que me vuelvas a besar?

—¿Esta segura?

—Si…Tom, bésame.

Tom la tomó en sus brazos y la besó apasionadamente. Ambos cayeron en la cama, donde Tom la comenzó a acariciar, pero Elisa rápidamente se levantó.

—No te pases, es solo un beso.

—¡Usted me está provocando!

—Me gustas Tom, pero todo a su tiempo –le sonrió coqueta –Ahora platiquemos.

—¿Y de qué? -preguntó Tom cruzando los brazos.

—De Candice o Candy como tú la llamas.

—Yo no tengo nada de qué hablar de esa señorita.

—Tienes que saber muchas cosas de ella. ¿Acaso no dijiste que trabajaste para su familia?

—Sí, pero eso fue hace mucho tiempo.

—Anda Tom, cuéntame algo de Candice –le dijo abrazándolo por el cuello.

—Ha… ya entiendo a lo que realmente vino –Tom se paró de la cama –Lo siento, pero no pienso darle ninguna información sobre la señorita Candice.

—Sabes cosas de ella, ¿verdad?

—Ya le dije que no le daré ninguna información, ahora es mejor que se vaya de mi cuarto –le pidió Tom abriéndole la puerta.

Elisa enfurecida por no haber conseguido lo que quería se marchó, sin embargo no se daría por vencida estaba dispuesta a destruir a Candice Wempley y no descansaría hasta conseguirlo.

Por la tarde Candy y Albert se juntaron a cenar en un restaurante de la ciudad. Ella le pidió que se juntaran en ese lugar para hablar de una vez por toda con su él y confesarle toda la verdad.

—Candice, que hermosa estas –le dijo Albert tomándole una mano.

Ella lucía un bonito vestido en tono damasco, ajustado y corto hasta las rodillas.

—Gracias, ¿te gustó el vestido?

—¡Te queda esplendido ese color!

—Tú también estas muy guapo –le dijo viendo que su novio vestía una fina camisa azulada y pantalones negros.

—Oh gracias, señorita Wempley.

—Albert… yo quiero hablar algo muy importante contigo.

—¿Sobre qué amor?

—Es sobre mis padres.

—¿Ya les hablaste de mí? ¿Le contaste que los quiero conocer?

—Albert yo…

En eso llegó el mesero a llevar el menú.

—Aquí tiene el menú, señor Andrew.

—Gracias –se lo recibió -¿Candice, que quieres para cenar?

—Elige tú…

—¿Te parece comida francesa?

—Si…

—Continua amor, ¿qué me estabas diciendo de tus padres?

—Es largo de contar, pero tengo que decirte la verdad.

—¿Que verdad, Candice? –le preguntó Albert echándole vino a su copa.

Ella suspiro hondo.

—La verdad es que yo…

El celular de Albert sonó.

—Disculpa amor, es mi sobrino Archie.

—¿Archie que necesitas?

—Tio…la tía Elroy se puso muy mal, la encontramos desmayada en su cuarto.

—No puede ser. Voy enseguida haberla.

—¿Que pasa Albert? –le preguntó Candy al notar que aquella llamada inquieto a su novio.

—Mi tía, se puso muy enferma.

—No sabía que esta enferma.

—Estaba bien, pero a la hora de almuerzo discutió con uno de mis sobrinos -dijo Albert pensando en la altercado que había tenido su tía con Anthony -Tengo que ir haberla enseguida.

—Te acompaño, amor.

En solo minutos los rubios llegaron a la mansión Andrew. De inmediato se dirigieron a la habitación, donde se encontraba Elroy junto a Archie y Stear.

—¿Tía, cómo te sientes? –le preguntó Albert tomándole una mano.

—Me duele mucho la cabeza –respondió ella.

Candy se le acercó.

—Debe tener la presión alta, tienen un aparato para tomarla.

—Si…-contestó Archie.

Archie saco del velador de Elroy el aparato para tomar la presión. Se lo pasó a Candy.

Ella le tomó la presión a Elroy, dándose cuenta que la tenía muy alta.

—Es grave, hay que colocarle un medicamento debajo de la lengua.

—Yo tengo unos que me dio el doctor.

Candy saco uno y se lo puso.

—Con esto se sentirá mejor.

Albert miraba sombrado a su novia de que supiera todas esas cosas.

—¿Candice, de donde sabes todo esto? –le preguntó.

—Es…que…lo…aprendí en el colegio, una vez tomé un curso de primeros auxilios.

—Gracias por ayudar a mi tía –la abrazó con cariño.

—De nada…amor.

—Tía ves, que mi novia es maravillosa.

—Sí, ya me di cuenta…-le sonrió Elroy dándose cuenta que la novia de su sobrino tenía muchas cualidades –Es la joven ideal para ti.

—Por eso aquí delante de ti, le voy a pedir que sea mi esposa.

—¿Que estás diciendo, Albert? –le preguntó Candy.

El saco una cajita con un anillo y se puso de rodillas.

—¿Señorita Candice Wempley, acepta casarse conmigo?–le preguntó.

—¿Me estas pidiendo matrimonio? –le preguntó ella incrédula a lo que había escuchado.

—Si…amor, pensaba pedírtelo en el restaurante, pero como ocurrió lo de tía Elroy, lo estoy haciendo aquí.

Candy se sentía perdida, no sabía que decir, era un momento muy extraño, por un lado se sentía inmensamente feliz que el hombre de su vida le pidiera matrimonio, pero por otro lado sabía que no podía aceptar, hasta que su novio supiera toda la verdad.

—Hablas de una vez Candice, acepta a mi sobrino –la presionó Elroy.

—Si acepta a nuestro tio –añadieron Stear y Archie al mismo tiempo.

La rubia desvió sus ojos hacia ellos, sintiéndose presionada por la familia de su novio.

—Si…acepto –contestó al fin.

Continuará…


Hola lindas chicas.

Espero que se encuentren muy bien. Aqui les dejo otro capitulo de este fic, espero que lo difruten.

Un cariñoso saludo para las chicas que comentarón el capitulo anterior.

Elbroche, Stormaw, Tutipeneapple, Coqui Andrew, Pivoine3, Selenityneza, Balderas, Loreley Ardlay.

Un cariñoso abrazo para cada una de ustedes y muchas bendiciones.