Los personajes de Candy Candy pertenecen a sus autoras Mizuki e Igarashi. Esta historia es de mi autoría como todas las que he escrito y lo hago sin fines de lucro, solo por entretención
La Mentira de Candy
CAPITULO XIII
Se acabaron las mentiras
Anthony llegó a la mansión, donde se encerró en su cuarto a pensar en lo que había descubierto. Candy, la chica enfermera que conoció el dia del accidente, era la novia de su tio. Se sentía tan confundido y tan decepcionado de ella, por todas las mentiras que había inventado. Unas mentiras muy grandes que la hacía ser una chica nada confiable, sin embargo no podía negar que la quería de verdad y que le iba ser muy difícil olvidarla. Por otro lado pensaba en su tio, ahora él que sabía la verdad debía decirle lo que conocía de su novia. No podía seguir permitiendo que el siguiera siendo engañado de esa manera.
—Anthony te estaba buscando –le dijo Stear entrando al cuarto de su primo, quería hablar con él antes que Anthony cometiera una locura.
—Stear, quiero estar solo.
—Me imagino como debes sentirte, pero tenemos que hablar de lo que pasó con la novia de tio William.
—Eso es increíble, yo enamorado de la novia de mi tio –expresó Anthony tomándose la cabeza con ambas manos - ¡Aun no lo puedo creer!
—Sí, pero después de esto tienes que olvidarla, esa chica no se merece a ninguno de los dos. Es una mentirosa que se hiso pasar por alguien que no era.
—Si…pero a pesar de eso, la amo.
—Tienes que olvidarla primo, olvidarla.
—Lo sé...-bajo la mirada -¿Y que va pasar con tio William? ¿Crees que debemos de decirle lo que descubrimos de su novia?
—Deberíamos de hacerlo, pero dejemos que Candice lo haga, me dijo que iba hablar con él.
—De acuerdo, Stear.
—Ya primo -le tomó un hombro -Arriba el ánimo, que Candice no es la única chica de este mundo.
…
Albert llamó a Candy diciéndole que había tenido un imprevisto con una de sus empresas y tuvo que hacer un viaje repentino a Florida. En esa llamada le pidió que cuando pudiera fuera a visitar a su tía Elroy. Para Candy no era agradable hacer tal cosa después que Stear y Anthony sabían la verdad, le incomodaba mucho ir a la mansión. Sin embargo, fue igual a visitar a la tía de su novio y espera que él regresará para habla con él.
Esa tarde Candy después de sus prácticas en el hospital la fue a ver a la mansión.
—¿Señora Elroy que le pareció el libro que le leí? –le preguntó Candy que esa tarde le había estado leyendo un libro.
—Muy interesante –contestó - No me acordaba de esa parte de la historia de Estados Unidos.
—¿Quiere que le lea otro capítulo?
—No, no quiero tenerte toda la tarde leyéndome.
—Sabe que lo hago con gusto, señora Elroy.
—Eres una joven muy agradable, Candice –le sonrió - Me siento muy contenta que mi sobrino se case contigo.
Candy bajó la mirada pensando que ese matrimonio no se iba a realizar.
—¿Y le contaste a tus padres sobre tu boda con William?
—He…no todavía.
—Mejor así, cuando Albert viaje contigo a Nueva York el mismo se los contará.
En ese momento apareció Anthony en la sala. Candy al verlo se sintió muy incómoda, recordando el dia que tuvo que confesarle a él y Stear toda la verdad. Por otro lado sabía que Anthony estaba enamorado de ella, que aumentaba más su incomodidad.
—Anthony acércate –le indicó Elroy –Quiero presentarte a la novia de William, Candice Wempley.
Él se dirigió hacia ellas, mirando a Candy fijamente ya que a pesar de todo lo que había descubierto de ella, no podía sacársela de su corazón.
—Es un gusto conocerla señorita –la saludó.
—El gusto es mío –contestó nerviosa.
—Anthony es el hijo de mi sobrina Rosemary, tu futura cuñada Candice -le comentó Elroy.
—Albert me ha hablado de ella.
—Anthony, tienes que avisarle a tu madre que William se va a casar para que venga a la boda.
—Si…tía…-contestó el pensando que esa boda nunca se iba a realizar.
…
Elisa no podía sentirse más feliz con aquellas fotos que le había sacado a Tom y Candice. Esas fotos era la prueba perfecta para destruir a su rival para siempre.
—Jajajaja ahora sí que te tengo en mis manos –reía Elisa mirando las fotos que tenía en su celular –Ahora mismo iré a la oficina de William y se las mostraré. Se va dar cuenta en las que anda su noviecita.
Elisa se colocó un atractivo vestido y bajó en busca de su hermano Niel, para que la llevara a las empresas Andrew, desconociendo que Albert no se encontraba en Chicago.
—¿Emma, has visto a mi hermano Niel? –le preguntó a una de las sirvientas.
—Señorita, el joven Niel salió.
—¡Ese idiota! Le dije que me esperara –expresó molesta –Ahora como voy a salir.
—Por qué no va en su automóvil, esta mañana llegó del taller mecánico, ya se lo repararon.
—¡Perfecto iré en mi auto!
Elisa se dirigió a la cochera para buscar su automóvil, cuando se encontró a Tom.
—¿Señorita Elisa, que la trae por aquí? –le preguntó sonriéndole.
—Vengo a buscar mi automóvil, me enteré que ya lo repararon.
—Su padre me dijo que tiene prohibido sacar su carro por dos meses. ¿O me equivocó señorita?
—Si…pero él no se encuentra, así que no hay nadie que me impida que lo saque –dijo Elisa abriendo la puerta del auto, pero Tom se la cerró.
—¿Qué te pasa roto igualado?
—Lo siento señorita, pero usted no va sacar el automóvil de aquí.
—Jajajaja por favor Tom Steven, no me hagas reír, tú me estas prohibiendo que saque mi propio auto.
—Si señorita. Yo solo estoy cumpliendo con las ordenes de su padre –le confirmó Tom apoyando su cuerpo en la puerta del auto –Así que va tener que sacarme de aquí a la fuerza, para que se lleve su automóvil.
—¡Como te atreves hablarme de esa manera! –le gritó Elisa golpeándole el pecho con ambas manos –¡Sal de mi carro ahora mismo!
Tom le tomó las manos para que no lo siguiera golpeando y la besó. Elisa se trató de resistir, pero después se dejó llevar por aquel beso tan apasionado que le había robado el chofer de su padre.
—A ver si con esto se calma señorita –le dijo al terminar el beso.
Ella le dio una cachetada.
—Claro, me besas y después vas y besas a la novia de William –le reclamó sintiendo celos.
Tom la miró frunciendo el ceño.
—¿De qué está hablando, señorita Elisa?
—Que en este celular –se lo mostro –Tengo las pruebas de que tú y Candice tienen un romance.
—¡Usted está loca! Yo jamás he tenido un romance con esa señorita.
—Yo mismo te vi y te saque unas fotos con ella en las afuera de una heladería.
—¿Quiero verlas? –dijo Tom quitándole el celular donde vio las fotos -No es lo que usted está pensando.
—Ha no, cuando William las vea se dará cuenta de la clase de mujer que es su noviecita.
—Lástima que no las vaya haber –Tom lanzó el celular en el suelo provocando que se rompiera.
Elisa se quedó paralizada, viendo a su celular todo destruido.
—¿Qué hiciste idiota? –gritó enloquecida –¡Destruirte mi celular!
—No iba permitir que le mostrara esas fotos al señor Andrew.
—¡Esto lo vas a pagar muy caro! –expresó Elisa mirándolo con odio –¡Quiero que ahora mismo te vayas de mi casa!
—Me iré cuando su padre llegue de viaje, él fue el que me contrató –le dijo Tom marchándose, provocando aún más la furia de Elisa.
...
Días después...
Albert regresó de Florida junto a George. Ese mismo dia llamó a Candy, diciéndole que la pasaría a buscar, para llevarla a un almuerzo familiar a la mansión. Ahí ella se encontró con su hermana Annie, que había sido invitada con sus padres.
—Annie que gusto de verte aquí –la saludó Candy con un beso en la mejilla.
—Archie me invitó a cenar a la mansión. Quiero presentarte a mis padres.
—Es un gusto conocerlos señores Britter –los saludó con simpatía.
—Es gusto es nuestro –contestó la mamá de Annie.
—Es muy bella, señorita Candice –le dijo el señor Britter mirándola fijamente, ya que el rostro de Candy le pareció familiar.
—Gracias, señor Britter.
—Un dia de estos podría ir con William a cenar a la casa –la invitó la mamá de Annie.
—Claro, será un placer señora Britter.
—Bueno ya que estamos todos, pasemos al jardín para almorzar –dijo Elroy.
—¿Tía falta Anthony y Stear? –preguntó Albert.
—Ellos no van a estar. Stear salió y Anthony dijo que no quiere almorzar.
Candy se sintió mal, ya que se imaginó que los sobrinos no querían estar por su culpa.
...
El almuerzo estuvo muy agradable, compartiendo todos en familia. Después de comer Albert salió con Candy en su automóvil, sin decirle a donde se dirigían.
—¿Albert a dónde vamos? –le preguntó.
—Es una sorpresa mi amor…
—¿Una sorpresa?
—Si…una sorpresa que te va a encantar.
En varios minutos llegaron a una pista de aterrizaje.
—¿Albert que hacemos aquí? –le preguntó mirando por la ventana el lugar.
—Bajemos y los sabrás.
Ambos bajaron y se dirigieron hacia un jet privado que tenía el apellido Andrew.
—¿Y este avión? –preguntó la rubia.
—Es un jet y es mío.
—¿Y qué hacemos aquí?
—Vamos a dar un paseo.
—¿Un paseo?
—Si…mi amor –le acarició una mejilla.
—¿A dónde?
—Mi amor, nos vamos a Nueva york.
—¡A Nueva York! –repitió ella espantada.
—Si…es la sorpresa que te tenía. ¿Ahora mismo dime donde viven tus padres para ir a conocerlos? –le preguntó Albert mostrándole una sonrisa.
Candy se quedó en silencio, pensando que por fin había llegado el momento de confesarle todo a su novio. Un momento que le causaba terror, pero que tenía que saber enfrentar.
—¿Candice, que ocurre? –le preguntó Albert mirándola fijamente- ¿No me has dicho nada de la sorpresa que te tenía? No te parece fabuloso viajar a Nueva york.
—Si…bueno…no.
—¿Amor, que te pasa…?-le tomó los brazos –¿Parece que no quieres ir a ver a tus padres?
—No... es eso…
—Entonces…¿qué es? ¿Por qué no me dices la verdad?
—¿La verdad? –lo miró asustada.
—La verdad, mi amor, que me has mentido todo este tiempo. ¡Tú nunca te has llamado Candice Wempley y jamás has vivido en Nueva York con tus padres¡ ¡Hasta cuando me ibas a seguir mintiendo¡ –le gritó Albert zamarreándola, sintiendo una gran rabia y frustración.
Candy se sintió morir, no podía creer que Albert su novio sabía toda la verdad sobre ella.
Continuará...
Hola lindas chicas
Espero que se encuentren muy bien, muchas gracias por todos sus reviews apoyando la historia. Aqui le dejo otro capitulo, espero que lo difruten con mucho cariño para todas ustedes.
Elbroche, Selenityneza, Stormaw, pivoine3, KT1947, Ana Isela Hdz, Balderas, wall-e17, Coqui Andrew, tutypineapple, Loreley Ardlay.
Besitos para todas.
