Capítulo 2: Jugando a las damas
Advertencia: contenido sexual explícito.
X-X-X
Hermione volvió a casa de mal humor después de su visita a la exposición sobre Egipto a la que había ido con Luna. Quería a la chica, pero la verdad es que la sacaba de quicio. La sacaba de quicio por completo. Una huérfana como ella no podía darse el lujo de no tener los pies en el suelo ¿Cómo se le había ocurrido meterse en la casa de los Black, una de las familias con peor reputación de Londres?
Bien era cierto que madame Lestrange era una arpía desagradable y que no había tratado nada bien a Luna, llegando a amenazarla con internarla en un manicomio (y seguramente habría aún más cosas que ella no le había contado). Pero había otras opciones, ente ellas haber venido a vivir un tiempo con Ginny y con ella hasta encontrar un trabajo de verdad. No tenía necesidad de quedarse de dama de compañía de Tonks, una Black con más dinero del que podía gastar, acostumbrada a hacer lo que le daba la gana y a salirse con la suya en cualquier circunstancia, y que se creía más graciosa y ocurrente de lo que en realidad era. La recordaba del colegio. Siempre tenía que estar dando la nota; cualquier excusa era buena para llamar la atención, meterse en líos ella misma y de paso a todos los que estuviesen con ella en ese momento. Una niñata poco recomendable. Era la típica ex actriz de pacotilla que hubiese acabado en la miseria y siendo adicta a la morfina de no haber hecho una buena boda tras quedarse preñada. Además, ¿qué clase de trabajo era ser señorita de compañía? Por favor, la compañía no se paga… eso solo se le ocurriría a una asquerosa burguesa. Luna valía mucho más que eso, se decía entre dientes Hermione.
No quería dejarse influir por lo que Pansy le había contado sobre la señora Black, pensó con algo de vergüenza y culpabilidad. Había conocido a Pansy Parkinson en el conservatorio, pero mientras ella había podido seguir estudiando piano, Hermione había tenido que cambiar sus estudios por un curso de mecanografía. En su casa hacía falta el dinero, y sus padres habían emigrado a Australia poco después atraídos por la promesa de prosperidad de un familiar. Ella había elegido quedarse, entrando a trabajar en "El Profeta". Habían perdido completamente el contacto durante años, pero desde que un día se reencontraron mientras ella acompañaba de forma excepcional a su jefa, la temible Rita Skeeter, para tomar notas en un evento social (le había fallado su ayudante habitual), ya no habían dejado de verse.
Eso había sido un mes antes, pero Pansy no había cambiado absolutamente nada en todo el tiempo que había pasado, si acaso de apellido al hacer una boda de postín, como todos habían esperado siempre de la bella señorita Parkinson. La que había cambiado era ella, Hermione Granger. Había comprendido que de nada le servía su inteligencia ni su capacidad de trabajo si no tenía posibilidades reales de llegar a ser más que una obrera explotada o una máquina de hacer niños. Había entendido su lugar en el mundo, y estaba dispuesta a luchar contra esa opresión, para defender sus derechos y los de otros como ella. Pero no podría contar con Luna para esa lucha, ¡Luna, que no se enteraba ni de la hora que era!
Tampoco podía contar con ella para desahogarse del malestar que sentía desde que Pansy había aparecido de nuevo en su vida. Había tenido que mentirle cuando había visto el chupetón que le había dejado en el cuello la última vez que habían estado juntas. Hasta entonces no habían pasado de los besos y las caricias, pero la joven Mrs. Malfoy le había expresado su deseo de llevarla a la cama. Solo de pensarlo, Hermione sentía deseo, pero también angustia, y algo de vértigo. Su única experiencia sexual había sido con Ron, el hermano de Ginny, quien también era compañero de partido. No había salido bien, y habían terminado su relación hacía tiempo. No sabía cómo sería el sexo con una mujer, y tampoco estaba segura de querer saberlo. Y desde luego, lo que menos le agradaba pensar era que lo que Pansy conocía al respecto lo hubiese aprendido revolcándose con Tonks.
Tras la exposición, habían ido a tomar un chocolate caliente, y al despedirse apresuradamente, pues se acercaba la hora en la que le había dicho a su señora que volvería (Hermione había enarcado una ceja al escuchar esto), Luna había perdido un pendiente. No era una gran pérdida: era barato, feo y de mal gusto, pero conociéndola era capaz de ponerse uno sí y el otro no y salir a la calle, así que Hermione pensó que podría devolvérselo. El sábado por la mañana Luna libraba de nuevo, así que ella aparecería por Grimmauld Place para dárselo personalmente, y así la veía de nuevo y la sacaba de allí, sería más rápida si ella le metía prisa. Solo esperaba que la señora de la casa durmiese hasta tarde. No le apetecía demasiado encontrársela.
Pero a última hora del viernes por la tarde, Pansy le acababa de complicar el fin de semana. Había llamado al periódico preguntando por ella, provocando una mirada de reproche de su jefa (¿Qué clase de persona haría eso? ¡Alguien que nunca hubiera tenido que trabajar!), y sin muchos preámbulos le había dicho que viniese a Malfoy Manor. Era el día libre del servicio, sus suegros estaban cazando el zorro (pobre animal que no le ha hecho daño a nadie, pensó ella) y su marido no volvería de sus negocios y del casino hasta bien entrada la mañana. Ella misma le abriría la puerta de atrás para tomar juntas un té con pasteles, y luego, le enseñaría a jugar a las damas… en su dormitorio.
Le quedaba todavía un largo rato de trabajo, pero Pansy insistía en que viniese ya. Esta rara casualidad de tener la casa libre no se iba a repetir, y había que aprovecharla. Así que Hermione fingió una repentina indisposición estomacal para largarse de allí, sin que nadie dudase de su palabra. Podría tener ideas un poco extrañas en opinión de sus jefes y compañeros, pero a trabajadora no la ganaba nadie.
Y ahora estaba pedaleando hasta la casa de su amante en su vieja bicicleta. Pansy le había dicho que si cogía un taxi ella se lo pagaba, pero Hermione se había negado. De ninguna manera. Cuando llegó a la entrada de la mansión, situada en un barrio residencial de las afueras de Londres, estaba empapada en sudor a pesar del frío de la época del año. Llamó a la puerta indicada, una de las de servicio, sintiéndose sucia y acomplejada en medio del hermoso e inmaculado parque de la mansión.
-Pasa Hermione, -dijo Pansy cerrando rápidamente la puerta tras ella. Antes de que se diera cuenta, ya la estaba presionando contra una pared para besarla- ¿Te apetece tomar algo, o podemos dejar a un lado las formalidades entre nosotras? –Añadió mientras le apartaba mechones de pelo sudado de la cara.
-No hace falta que me invites a un té –dijo Hermione mientras se sentía decepcionada, pues realmente le apetecía charlar un rato con ella… o simplemente relajarse un poco entre la carrera con la bicicleta y lo que iba a pasar -pero sí necesitaría un vaso de agua-.
-Si hubieses tomado un taxi como te dije no vendrías agotada. Espero que no te quedes dormida mientras lo hacemos, me disgustaría bastante.
-No iba a dejar que me pagaras un taxi, Pansy. Y de todas formas tengo mi bicicleta. No la podía dejar toda la noche aparcada delante del trabajo, -dijo mientras se bebía el agua.
Pansy la cogió de la mano en cuanto soltó el vaso, y la llevó hasta un dormitorio de la segunda planta -¿Este es tu dormitorio?- preguntó ella.
-Claro, ¿dónde quieres que te lleve, al de mi suegra?
-Me gustaría ir a un sitio donde no hayas estado "durmiendo" con tu marido- respondió Hermione recalcando con malicia la palabra durmiendo. Seguro que en esta casa hay más cuartos disponibles.
Suspirando, la llevó a un cuarto de invitados. La cama no estaba hecha, solo tenía un cobertor encima de la sábana bajera y la almohada. Pansy sacó del armario una manta y la echó encima –por si hace frío luego- dijo sin más antes de volverse y besarla de nuevo. Cuando le faltó el aire, dijo: No te sientas culpable por mi marido…
-No me siento culpable. Vosotros sabréis, –dijo sintiéndose muy culpable. Ese asunto no la tenía tranquila, por más que Pansy asegurase que su marido era indiferente a todo lo que tuviese que ver con ella.-
-Escucha: los negocios que hace mi marido siempre se cierran en "Las tres escobas", el lupanar de la señora Rosmerta, que así le dicen a la madama. Nuestro matrimonio fue un arreglo. Él se quería casar con una tal Astoria Greengrass, pero sus padres no le dejaron. Yo era mejor partido. Hace años que no compartimos cama. Él tiene sus negocios y yo los míos. Él sabía lo mío con su prima. Con su cerebro de mosquito, seguro que pensaba que nos hacíamos cosquillas. En fin… todo quedaba en la familia, y después de todo, no iba a haber bastardos. Aunque puede ser que si se entera de esto no le haga gracia. Pero no es una víctima. De verdad que no lo es. Y en todo lo caso, si tiene algo que reprocharle a alguien es a sus padres, no a mí. -Pansy hizo una pausa para suspirar, mirándola -Quédate esta noche a dormir, con que te vayas cuando amanezca es suficiente. Él nunca vuelve antes de las nueve de la mañana cuando sale,- dijo mirando a Hermione con cara de cachorrito.
Las manos de Pansy la sujetaron con suavidad por su cintura y fueron subiendo hasta acariciar sus pechos por encima de la ropa. Hermione no sabía qué hacer con las suyas, pero pensó que dejarlas en la cintura de Pansy estaba bien: ni demasiado frío ni demasiado atrevido. Cuando se separaron del beso, Pansy le cogió las manos, y la llevó suavemente hasta la cama, donde se sentaron ambas en el filo.
-¿Quieres esto, Hermione? Te noto tensa. No me digas que es tu primera vez porque me caigo muerta…
-No Pansy, -dijo ella sonriendo tímidamente. Ya no soy virgen. Un compañero de partido se encargó de resolver ese problema.
-Creo que será la primera y última vez en mi vida que le tenga que agradecer algo a un maldito comunista –dijo Pansy riendo.
-Estás a punto de acostarte con una maldita comunista, querida –respondió Hermione en el mismo tono.
-Lo tuyo es distinto. Se te pasará en cuanto consigas ser la jefa de alguien en tu trabajo. Estoy segura de que si tienes la boquita cerrada y eres útil y agradable con tus superiores, eso no va a tardar en llegar. Eres una chica lista.
-Anda, cállate, o todavía me voy y te dejo plantada, y ya cuando venga tu marido le pides que te haga un favor.
-De eso nada, -dijo Pansy empujándola sobre la cama mientras le sonreía. No te vas a ir de aquí sin que pruebes lo que tengo para ti, y así volverás a por más.-
Mientras hablaba, no perdía el tiempo, y le había quitado ya la chaqueta, la camisa y la corbata a Hermione, pero ahora se enfrentaba con el cubre corsé, el corsé, la falda, los botines, las enaguas, los pololos, las medias, los ligueros, y varias piezas de ropa más. Pansy se quedó un poco sorprendida cuando de uno de los botines de Hermione salió una navaja. -Yo voy sola por ahí, ¡tengo que por lo menos intentar defenderme!- exclamó Hermione. Pansy sacudió la cabeza, dejó la navaja en el suelo, lejos de ella y apartada de su vista, y procuró olvidar el asunto, al fin y al cabo ella tenía una pistola de pequeño calibre oculta en un cajón de su escritorio, y sabía de buena tinta que Dora tenía otra, aunque lo de Sirius y Dora con las armas era tan excesivo como lo eran ellos en todo. Mientras iba quitándole prendas de ropa, le iba dejando besos sobre las partes de su piel que quedaban desnudas. La ropa de Hermione se amontonaba a los pies de la cama. Al final solo quedó el corpiño y una fina camisa interior que protegía su piel de roces. A Pansy no le costó meter los dedos entre la parte superior del corsé y la camisa y sacar fuera sus pezones, mientras besaba su cuello.
Hermione gimió débilmente mientras se revolvía un poco. Empezaba a estar excitada. Pansy chupó su cuello justo donde latía el pulso a la vez que pellizcaba de manera delicada sus pezones. –Mierda- pensó Hermione –mañana tendré marcas en el cuello otra vez. Tendré que ponerme un pañuelo para taparme-. Pero eso sería mañana. En ese momento, fue incapaz de decirle a Pansy que parase de hacer eso. El placer era demasiado grande como para estropearlo pensando en un hipotético mañana.
Finalmente la última pieza de ropa cayó, y de pronto Hermione se sintió muy vulnerable. Si alguien llegara en ese momento, no le daría tiempo a vestirse, y desde luego no habría manera de convencer a quien fuera de que solo había venido a tomar el té.
Sin que Pansy se lo dijera, ya sabía lo que tenía que hacer, así que empezó a ayudarla a ella a librarse de su ropa mientras besaba y acariciaba cada centímetro de piel desnuda que iba quedando. Cuando finalmente Pansy estuvo también desnuda, ambas se miraron, se cogieron las manos, y se rieron breve y un poco nerviosamente antes de besarse otra vez.
Hermione se dejó recostar en la cama mientras con los ojos cerrados sentía las caricias de Pansy en su piel. Se centraba otra vez en sus pechos y sus pezones, pero ahora en vez de pellizcarlos, los estaba besando y lamiendo, para acabar chupando y dando pequeños mordiscos. No era doloroso, pero era tan intenso que Hermione tuvo que pedirle que parase. Pansy pareció sorprendida y un poco decepcionada, pero siguió besando con dulzura su cuello mientras preguntaba si le gustaba así o más suave.
Se sentía extraña. Por un lado se sentía muy excitada y por el otro muy vulnerable, y no le gustaba ninguna de las dos cosas. En realidad no sabía qué le atraía de Pansy, pues era todo lo que ella odiaba. Empezó a pensar en todo esto, y desconectó sin darse cuenta. Cuando volvió sintió que los preliminares no tenían mucho sentido: quería empezar ya, para saber de una vez si aquello era lo suyo o no.
-Creo que ya podemos empezar, Pansy –dijo ella. No se iba a poder poner más caliente de lo que ya estaba, pensó mientras pasaba de acariciar suavemente a Pansy a agarrarle el coño.
-Tranquila: estás muy entusiasmada, pero eres un poco… inexperta. Déjame que por esta vez al menos empiece yo, –dijo Pansy mientras comenzaba a tocar su sexo rozando suavemente el interior de sus labios con la yema del dedo. Estaba húmeda, pero aún no lo suficiente, según apreció Pansy. A Hermione las caricias le parecían agradables y la excitaban, pero sentía la necesidad de algo más. Pensó que Ron ya estaría follándosela a esas alturas, pero lo de Ron de todas formas había sido un fiasco.
-¿Qué tal aquí? Preguntó Pansy mientras pellizcaba con delicadeza su clítoris. Ella se sorprendió por la sensación e hizo un movimiento involuntario con las piernas.
-¡Shhh, no cierres las piernas, que no te conviene! -Dijo Pansy bromeando. Cierra los ojos mejor, y estate quieta un momento. Confía en mí.
-Eres una mandona.
-Sí. Lo soy. Haz lo que te he dicho.
Y cuando Hermione la hubo obedecido, hundió su cara entre sus muslos para darle sexo oral. Hermione se sorprendió con la humedad y la sensación de la lengua de Pansy en su zona íntima, y cuando abrió los ojos, la vio chupando mientras a su vez la miraba para ver su reacción. Ella nunca había pensado que eso fuese siquiera posible, y se sintió avergonzada.
-¿No te hizo esto tu chico comunista? -Preguntó Pansy con sorna.
-No…
-Pobrecita. Seguro que se tumbó encima de ti mientras tú mirabas el techo esperando a que acabase. Escucha, tienes que ser una niña aplicada. Aprende bien, porque después me lo vas a hacer a mí.
Y mientras Pansy seguía aplicada en su labor, deslizo suavemente un dedo dentro de ella para moverlo dentro y fuera. Notaba a la perfección que Hermione prácticamente no tenía ninguna experiencia sexual. Demasiados libros, demasiado trabajo, y poca acción, pensó. Así siguió un rato, aumentando un poco el ritmo cuando vio que la otra aceptaba bien lo que le daba. Pansy se fijó en como comenzaba a mover sus caderas para colaborar con ella, aunque estaba muy callada para su gusto. Al cabo de un rato obtuvo lo que esperaba; los músculos de la vagina de Hermione se contrajeron involuntariamente mientras le volvían a temblar las piernas, arqueaba la espalda, y gemía. Sacó suavemente el dedo, pero siguió lamiendo un poco más sin importarle llenarse la zona de la boca de sus fluidos. Después se acostó a su lado mientras una agotada Hermione le echaba la cabeza encima. Muy a su pesar le había venido de golpe todo el cansancio de la semana, más el largo camino recorrido en bicicleta, y luego había tenido su primer orgasmo. No daba más de sí.
-Déjame diez minutos, por favor, y después te hago todo lo que tú quieras…
-Tranquila, yo también estoy un poco cansada. Diez minutos está bien, pero recuerda no dormirte…
A Hermione le costaba no dormirse. No quería ser desagradecida, y acariciaba a Pansy en el brazo, pero estaba sintiendo mucho sueño, y su brazo cayó sobre el vientre de la otra. Al cabo de un rato abrió los ojos y la vio con la cabeza muy cerca y los ojos cerrados, pero no dormía. Ambas estaban arropadas, en aquél cuarto de invitados hacía un poco de frío.
-Perdón, creo que me dormí ¿Aún quieres algo de mí, o prefieres que me vaya?
-Claro que quiero algo de ti, dijo besándola. Lo único que pasa es que ahora vas a tener que trabajar más. Se me ha pasado bastante la excitación, pero no te preocupes, puede volver. Acaricia mis pechos, pero con la boca. Eso estaría bien para empezar.
-¿Así que quieres que te coma las tetas? Qué jodidamente mandona eres. Ven aquí -dijo Hermione obedeciendo mientras la atraía hacia ella.
-¡Esa boquita! Por favor, no seas así de vulgar. No lo soporto. "Era una de las cosas que no aguantaba de Dora, si normalmente ya era malhablada, cuando lo hacíamos era insoportable, me daban ganas de meterle su propia ropa interior en la boca. Debería haberlo hecho, ciertamente." –Pensó Mrs. Malfoy.
Ella hubiera replicado, pero por una parte se sentía culpable por haberse dormido a pesar de las veces que Pansy le había dicho que no lo hiciera, y por la otra tenía la boca demasiado ocupada, así que siguió acariciando los pezones de Pansy con la lengua para luego chuparlos, mientras la miraba intentando adivinar si le gustaba o no. Parecía que sí, que sí le gustaba. -Por lo menos algo estoy haciendo bien –pensó.
Intentó aplicarse al máximo en usar todo lo aprendido, y al parecer Pansy no tuvo quejas de su discípula, salvo que le pidió que fuera más contundente a la hora de satisfacerla de lo que ella lo había sido. En opinión de Hermione, Pansy gemía de un modo muy exagerado, pero al menos parecía estar disfrutando. Tras cumplir con las expectativas que se tenían sobre ella, se recostó a su lado, sintiéndose de pronto un poco vacía y fuera de lugar. La cosa no mejoró cuando Pansy comenzó a tomarle el pelo.
-¿Estás más tranquila ahora, o sigues con ganas de aniquilar burgueses?
-No quiero aniquilar a nadie, solo hacer que la sociedad sea más justa para todos- contestó fríamente.
-Claro, y eso lo vais a conseguir… mañana.
Hermione no sabía por qué la atacaba. Si era una especie de broma, no le veía la maldita gracia. Suspiró y guardó silencio. Pero Pansy siguió hablando.
-Siempre va a haber privilegiados y desfavorecidos, así funciona el mundo. No deberías tomártelo como algo personal; solo vas a conseguir amargarte la vida y meterte en problemas. Por otra parte, al final todo se compensa, quiero decir que los de arriba cuidan de los de abajo a su manera…
-No me hagas reír, anda…
-Mira si no Dora, qué generosa está siendo con tu amiga la rarita. En el fondo pegan mucho, Dora es bastante rarita a su manera.
-No creo que peguen en absoluto. Y Luna no es "rarita". Es especial, en el buen sentido. Quien no se dé cuenta de eso, es imbécil y punto.
-Te noto picada ¿Te molesta que tu amiga la rubia esté tan cerca de Dora? ¿Debería ponerme celosa? –dijo bromeando mientras molestaba a Hermione pinchándola un poco con una horquilla del pelo.
-No tengo ningún interés en llevarme a Luna al huerto, si eso es lo que insinúas. Simplemente pienso que vale mucho como para acabar siendo señorita de compañía de una dama ociosa y aburrida. Y no, no me hace gracia que tu ex amante esté tan cerca de ella. La conozco desde hace tiempo, y siempre me pareció una niñata gilipollas, metepatas, histriónica, y con una asombrosa habilidad para crear problemas.
-Qué ordinaria puedes ser a veces. Mira, para lo mal que te cae, eso lo tienes en común con ella.
-¿Podemos dejar de hablar del tema? Bastante malo es no poder hacer nada por Luna como para que tú me lo restriegues por la cara.
-No deberías estar preocupada estás por el futuro de tu amiga. En esa casa le puede ir bien –dijo Pansy con voz venenosa. Se había molestado un poco con Hermione por no seguirle la corriente con sus bromas, y estaba preparándole algo que le doliese un poco. Para que estuviera al menos molesta con motivos.
Hermione notó el cambio de tono en la voz y sintió como su corazón se aceleraba. Algo malo se aproximaba. Pero ella quería escuchar lo que la otra tuviese que decir. La ignorancia no iba a ayudarla en nada, ni a ella ni a su infantil amiga Luna. Enarcó una ceja, y puso cara de "te escucho atentamente".
-Dora no es la única en esa casa que tiene amantes, querida. Tanto a los señores Black como Lupin les gustan mucho las chicas. Bueno, también les gustan los caballeros. De hecho se gustan entre ellos. Digamos que ellos tres se gustan entre sí. Pero están abiertos a conocer otras personas. Si tu amiga se embarazara del señor Black, podría asegurar su vida. Estoy segura de que Sirius le pondría un piso y le pasaría dinero suficiente para ella y el bebé.
Hermione sintió lo que le dijo Pansy como una tremenda bofetada. Era como si hubiera llamado puta a su amiga, y también se sentía ella misma ofendida. Notaba como las lágrimas querían brotar, pero las reprimió. Y eso por no hablar de la brutalidad con la que le acababan de revelar la clase de gente con la que su amiga se había involucrado. Era aún peor de lo que pensaba. Sentía deseos de gritar, pero en vez de eso, se levantó de golpe y comenzó a vestirse.
-¿Qué haces? Pensaba que ibas a dormir aquí esta noche ¿No me dejarás sola después de lo que ha pasado entre nosotras, verdad?
No dijo nada. Simplemente hizo una pausa mientras se abrochaba el corsé para mirarla fríamente.
-¿Qué te ha molestado? Te pido perdón por lo que sea. No te vayas. Y menos de noche. Si no quieres dormir conmigo no pasa nada, hay cuartos de sobra, pero espera hasta que se haga de día ¡Puede ser peligroso, Hermione!
-Eso lo sé yo mejor que tú. Yo vivo en el mundo real. Para eso tengo aquí a mi amiga, -dijo cogiendo la navaja y abriéndola y cerrándola con un giro de su muñeca.
Era bastante grande, pero ella no dejaba de ser una chica sola. Con navaja o sin ella. Mientras la sacaba de la bota, podían haberla inmovilizado y luego de poco le serviría ya, pensó Pansy.
-No te ofendas, pero solo eres una mujer con un cuchillo. No te va a servir de nada. Para meterte todavía en más problemas, si te pilla la policía con eso.
-Ya me ha servido antes ¿Qué te crees? Una vez intentaron robarme, y quizá algo más. Se fueron a por otra víctima más fácil cuando vieron que pensaba defenderme.
-Esa vez tuviste suerte. La próxima, tal vez no tanta. Toma al menos un taxi. Yo te lo pago, y si eso te ofende, me lo devuelves cuando puedas.
-No tengo dinero como para eso, y no lo voy a tener. Si me doy ese lujo, después no podré comprar mantequilla. Sé que no es culpa tuya, tú solo intentas ayudarme generosamente ya que tú estás arriba y yo abajo…
-¿Ha sido eso? ¡Hermione, era solo una broma! ¡Solo quería tomarte un poco el pelo!
Ella no respondió. Ya estaba terminando de vestirse. Se miró el pelo en un espejo. Estaba desordenado, pero más o menos, el moño se mantenía. Ahora no se iba a poner a peinarse. Salió del cuarto a buscar su abrigo, sombrero, y otros objetos personales que estarían abajo. Pansy se quedó buscando una bata para seguirla. Cuando estaba lista para salir, la otra llegó corriendo. Parecía a punto de llorar.
-No te vayas, de verdad. Le había dicho a Dobby que dejase lista una cena fría, y hay más que suficiente para dos personas. Hagamos las paces, no seas tan orgullosa ¡Te he pedido perdón! ¿Qué más quieres?
Sintió cómo su enfado se aflojaba. No quería dejar a Pansy triste, y menos después de lo que habían compartido. Aún notaba en la boca su sabor, y al darse cuenta se sintió ella también triste.
-Ey, ven aquí –dijo dándole un abrazo. Me tengo que ir de todas formas. Tengo cosas que hacer mañana. Pero ya no estoy enfadada, te lo prometo. Ha sido una tarde muy bonita, y si te apetece podemos repetir cuando quieras. Pero de verdad me tengo que ir. Mi amiga Ginny se quedaría muy preocupada si no vuelvo a casa ¿Lo entiendes, verdad?- le dijo con voz dulce mientras apoyaba la cabeza en su hombro.
Se quedaron abrazadas un momento, hasta que Hermione empezó a besarla. Mejor que la despedida fuese dulce. Pero irse, se iba a ir. No tenía nada que hacer en la casa de los Malfoy, y lo de Ginny era verdad. No pensaba dejarla sin dormir toda la noche de la preocupación por quedarse calentándole la cama a Mrs. Malfoy.
-Y discúlpame a mí también.-Dijo ella- Es cierto que me lo he tomado todo de forma muy personal. Pero no hagas más bromas a costa de Luna, por favor. Estoy preocupada por ella de verdad. Si tú la conocieras como la conozco yo, me entenderías.
-Vale, no lo volveré a hacer ¿Me podrías hacer una llamada telefónica cuando llegues a casa? Para saber que estás bien.
No pudo evitar reírse. Quizás la señora Malfoy pensara que ella y Ginny vivían en el Palacio de Buckingham. Le acarició el pelo mientras le aclaraba que no tenía teléfono en casa. Pero que estaría bien. Solo era un paseo en bicicleta. Solo eso. Y era una noche de luna llena. Vería perfectamente hasta que llegase a una zona mejor iluminada.
Pansy la acompañó hasta una salida de servicio. Era posible que ya hubiese llegado el guarda de la finca, el señor Filch, tras su tarde libre. Mejor que no la viera salir, o podría crearle problemas a ella.
Quince minutos más tarde Hermione pedaleaba rauda bajo la luz de la luna por una estrecha carretera entre pinares, dando bandazos con la bicicleta, pues iba bastante distraída. Entre los árboles se podían vislumbrar a lo lejos algunas luces de la gran ciudad. A pesar del frío de una noche de enero, el ejercicio la hacía mantenerse caliente. Por el camino se cruzó con un hombre macilento y de mediana edad que iba en dirección contraria en otra bicicleta. Estaba tan despistada que casi chocó con él. Ella se disculpó, pero el hombre maldijo entre dientes, malhumorado.
Sentía un cosquilleo en su zona íntima, que le recordaba lo que había pasado un rato antes. Al pensar en eso sonrió cuando recordó a Pansy lamiéndola ahí mientras la estimulaba con un dedo. Qué vergüenza. Nunca se lo podría contar a nadie. Y ella había hecho lo mismo, pensó mientras notaba sus mejillas sonrojarse. De pronto dio un frenazo. Había algo atravesado en el camino. Algo que la bajó de golpe a la tierra.
Se tiró de la bicicleta dejándola caer a un lado del camino. Era un cuerpo. Fue a tomarle el pulso, y se dio cuenta de que la mujer estaba muerta. No era muy difícil de comprobar por otro lado, pues en mitad de la frente tenía el inequívoco signo de un disparo.
Cuando la policía la interrogó, ya había pasado por casa para dejar la navaja. No daría buena impresión si les daba por registrarla, aunque nada de eso pasó. Tampoco les dijo de dónde venía. No quería comprometerse ni comprometer a Pansy. Estaba dando un paseo un viernes por la noche aprovechando que libraba al día siguiente, se cruzó con un hombre que iba en dirección contraria y luego vio el cadáver. Después fue a avisarles.
Les pareció raro que una chica sola pasease en bicicleta en el mes de enero por una carretera medio oculta entre pinares, pero la dejaron ir, no sin antes advertirle que no debía salir de la ciudad.
Después de todo, posiblemente debiera haberse quedado a dormir con Pansy, se dijo a sí misma odiándose por habérselo puesto tan fácil para que ella la molestara en lo sucesivo, y bastante preocupada por el brusco giro que acababan de dar los acontecimientos. Lo de que no saliera de la ciudad sonaba a que ahora podía ser sospechosa de un asesinato.
