Capítulo 3: Quitapenas
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*Este capítulo no es que sea "de relleno", al contrario, es necesario para el avance de la trama. Pero es verdad que no hay mucha acción, solo infinitos chismes y algo de tensión sexual entre Tonks y Luna, más por parte de Tonks que de Luna (a mí eso me encanta, pero no sé si a más gente). En el próximo habrá sexo de nuevo, pelea física entre Hermione y Tonks, y seguirán apareciendo cadáveres con un tiro en la frente.
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La vida en Grimmauld Place era cómoda y tranquila, y Tonks había seguido siendo amable con Luna a pesar de su fracaso cuando ella le había pedido que la ayudase a teñirse el pelo de rojo. Su pelo había quedado de un extraño color rosa. No obstante, Luna había opinado que ese color la favorecía. Tonks la había mirado con indulgencia, para luego decirle que tal vez no sería mala idea dejarse el color, al menos por un tiempo.
Los días iban pasando, y lo ocurrido aquella noche en que Luna había visto a Mr. Lupin y a su señora teniendo sexo se fue olvidando. Luna sentía cada vez más aquella casa como la suya, pero había algo que aún le resultaba incómodo: estar de manera involuntaria presente en los momentos de intimidad de las otras personas que allí vivían.
Luna ya se había hecho a la idea de estar en medio de los tres cuando se mostraban afecto, aunque solían mostrarse discretos si estaba ella. También se había habituado a escucharlos a veces de noche. Desde su alcoba le llegaban sonidos y voces. Algunas veces repetían una especie de diálogo aprendido, en el que Mr. Black le reprochaba a Tonks haber arrastrado por el suelo el honor de los Black, a lo que ella respondía preguntándole a él que de qué honor le estaba hablando. Después se escuchaban gemidos, y a veces la voz de Mr. Lupin, que se unía luego. La primera vez que lo escuchó Luna se temió una catástrofe, pero luego se dio cuenta de que no llegaría la sangre al río. Los tres se lo pasaban bien con sus pequeños juegos. Sin embargo, por el hecho de haberse acostumbrado no le resultaba menos desagradable.
Otras veces también discutían. La noche anterior, sin ir más lejos, había escuchado voces más altas de lo normal entre los tres, de forma especial entre Mr. Lupin y Tonks. Después le pareció escucharla llorar un buen rato durante la noche. Ella sintió deseos de consolarla, pero por otra parte, no era apropiado. En realidad no eran exactamente amigas: Tonks le pagaba un sueldo, como Hermione le había recordado la última vez que se vieron.
A la mañana siguiente, los tres estaban en apariencia casi como si no hubiese pasado nada entre ellos. Casi, pero había un par de detalles que habían cambiado. Entre otros, que Tonks había querido sentarse a su lado en la mesa del desayuno, en vez de cerca de los señores, como solía hacer.
-Luna, querida, sé que hoy era tu día libre, pero ¿te importaría quedarte conmigo? Mr. Lupin y Mr. Black tienen planes en los que no me han incluido, y me temo que sin ti me aburriría, -preguntó Tonks a Luna durante el desayuno.
-Hermione tiene que estar al llegar. Íbamos a hacer algo juntas, -dijo Luna en tono de débil reproche.
-¿Te va a llevar a una reunión de sindicalistas? Te lo vas a pasar mejor conmigo que con ella, Lunita, -dijo Tonks con sorna.- De todos modos, si no te atreves a decírselo, se lo diré yo misma cuando venga, que vuelva otro día, -comentó con un ademán alegre.
Luna torció el gesto. Le pareció muy egoísta por parte de su señora privarla de la compañía de su amiga precisamente cuando ella libraba. Hermione no podría volver otro día: estaría trabajando.
-Luna, no pongas esa cara. Que se una a nosotras ¿Te parece eso mejor? –Dijo Tonks, mientras sonreía traviesa.
De nuevo jugaba con ventaja: pensaba molestar a Hermione hasta que decidiera irse a su casa.
-Y podrás librar otro día. No te voy a quitar tu día libre. Pero hoy no me apetece quedarme sola.
-Eres terrible, Dora, -intervino Mr. Black riendo, como si lo que estuviese haciendo su esposa fuese algo muy divertido.
-¿Por qué no dejas a las chicas que se diviertan? Tú puedes disfrutar de Luna todos los días, y la mayor parte del tiempo la tienes sin hacer nada, pero basta que la chica quiera salir con su amiga para que le arruines sus planes, -dijo Mr. Lupin por encima del periódico, apenas alzando una ceja con un leve aire de disgusto.
-Diviérteme tú a mí, entonces, y no necesitaré a Luna - respondió Tonks con frialdad, mirándolo de manera retadora.
Mr. Lupin buscó la mirada de Mr. Black, sus ojos se encontraron y ambos suspiraron, volviendo la vista a sus periódicos luego.
-¿Te parece bien eso, Luna? –Dijo Tonks ignorándolos. -Hermione se puede unir a lo que nosotras hagamos, si a ella le parece bien. Y tendrás otro día libre. Me parece que es un buen trato ¿no?
-Está bien, -dijo Luna. No podía decir otra cosa, aunque no le parecía muy buena idea juntar a Tonks con Hermione.
-¿Me servirías un quitapenas, Luna, mientras esperamos a tu amiga? ¿A qué hora dijo que vendría?
-Debería estar ya al caer, -dijo Luna mientras servía a Tonks una copita de anís. Era extraño, pues Hermione no solía retrasarse, ni siquiera diez minutos, y ya llevaba más de quince de tardanza.
-Sírvete tú otra copita. No me gusta beber sola.
-No quiero beber por la mañana, me dan mareos, -se excusó Luna.
Tonks suspiró y se bebió de golpe el anís mientras veía a los dos caballeros levantarse de la mesa. Se despidió cariñosamente de su marido y fue un poco más fría con Mr. Lupin. Mientras los señores se iban, apareció Winky anunciando la llegada de Miss Granger.
-Hazla pasar, y le preguntaremos si quiere quedarse. Si no quiere, no la vamos a obligar ¿verdad? –Dijo Tonks mirando a Luna de soslayo.
En cuanto Luna la vio, supo que algo le pasaba. Hermione estaba muy pálida y parecía no haber dormido.
-¿Se encuentra bien, Miss Granger? Parece enferma, tal vez debería ir a acostarse, -dijo Tonks en un tono de falsa preocupación.
-He tenido algunos problemas, gracias por su interés, Mrs. Black, -comentó Hermione con frialdad ¿Estás lista, Luna?
-Hermione, no vamos a poder salir hoy. Pero puedes quedarte con nosotras, si quieres.
-¿Y eso? –Preguntó Hermione mirando a Tonks con sospecha, que se encogió de hombros.
-Le he pedido a Luna que se quede conmigo, y ella ha accedido. Pero usted puede acompañarnos, si lo desea. No quiero privarla de su amiga, Hermione. Podemos hacer un picnic en el jardín o tocar algo al piano. No me importa lo que elijáis, -dijo Tonks, retirándo un mechón de pelo de la cara de Luna.
Hermione resopló mientras contemplaba el gesto de Tonks. No le gustaba nada que esa mujer pusiera sus manos sobre su amiga.
-Pensaba presentarte esta tarde Neville Longbottom, el amigo del que te hablé.
-¡No sabía que conocieses a Longbottom! De todas formas, tendrá que ser otro día, Hermione. Aunque no creo que a Luna le haga falta conocer a ningún tipo. Los hombres solo nos complican la vida, y de hecho, usted no los quiere para sí misma, según tengo entendido, -dijo Tonks clavándole la mirada a Hermione mientras fumaba.
-No creo que lo que yo prefiera o no sea asunto de su incumbencia, Mrs. Black, si me permite decírselo.
-Sí, claro que te lo permito. Deberíamos tutearnos, Hermione. Al fin y al cabo, estuvimos juntas en el colegio, y no es la única cosa que tenemos en común. Aún me acuerdo de cuando jugabas a guillotinar muñecas. Qué niña tan encantadora, ¡no has cambiado nada!
-Esa no era yo, era Millicent Bulstrode. Se confunde usted. Seguramente también se confunda en más cosas, Mrs. Black. Por cierto ¿qué le ha pasado en el pelo?
-Ah, esto. Le pedí a Luna que me lo tiñera de rojo, pero algo no funcionó. Sin embargo, ella opina que me queda bien, -dijo sonriéndole a Luna.
-¿No parece un hada de cuento? –Preguntó Luna entusiasmada. Hermione vio cómo se miraban y se sonreían las dos, y tampoco le gustó.
-Seguramente, -dijo Hermione con desdén.
-Hermione, permíteme un consejo muy personal. Acabo de ver que llevas una navaja escondida en la bota cuando se te ha movido el vestido. Deberías esconderla mejor. No es buena idea mostrar tan a las claras lo que una es, y espero que al menos sepas usarla ya que la tienes, -dijo Tonks alzando una ceja. -Y bien, señoritas ¿Qué os apetece hacer? Estoy esperando a que me digáis cuál es el plan, que no se diga por ahí que soy una tirana.
-Me temo que yo ya me tengo que ir. Tengo cosas que hacer. Cosas de clase obrera ¿sabe usted? Pásalo bien en el picnic, Luna. Cuando la señora te dé permiso para salir, avísame. Y por cierto, toma tu pendiente, te lo olvidaste la última vez que nos vimos, -dijo Hermione antes de retirarse. No iba a comentar sus problemas delante de la zorra de Tonks.
-Qué chica más desagradable. Entiendo que le guste a Pansy. A Pansy le encanta quejarse por todo, pero en el fondo disfruta de las groserías y las ordinarieces. Lo de la navaja tiene que haberle fascinado ¿Crees que ya habrán dormido juntas, Luna? Bueno, no me refiero exactamente a dormir. Bueno, creo que ya sabes a lo que me refiero, -dijo Tonks mirando a Luna un poco avergonzada, pues tenía la impresión de haber ido demasiado lejos con sus comentarios.
Y así había sido. Esa era más información de la que Luna estaba preparada para asimilar, y se sintió de nuevo un poco incómoda. Al notarlo, Tonks también se sintió incómoda, se puso nerviosa, y derramó sin querer el té sobre el pecho del vestido de Luna.
-¡Lo siento muchísimo, Luna! ¡Espero no haberte quemado! ¡Deja que te seque un poco! – Decía Tonks mientras le restregaba una servilleta por la zona húmeda.
-No es nada, no importa, solo es un poco de té. Ni siquiera estaba caliente.
-Ve a cambiarte, no te vayas a enfriar. Te espero aquí ¿Te gustaría que fuésemos al jardín e hiciésemos un picnic allí? ¿O prefieres que salgamos en bicicleta? Tengo una para ti, y a pesar de que estemos en invierno, hoy está haciendo un buen día: deberíamos aprovecharlo, quizás mañana ni podamos salir de casa.
-Podríamos hacer las dos cosas, salir en bicicleta hacer el picnic por el camino, -dijo Luna.
-¡Maravilloso! -Dijo Tonks dando un espontáneo abrazo a Luna, tras el cual se separó rápido de ella, mirándola con temor de haberla incomodado. –Te espero aquí –repitió.-Le diré a Winky que vaya haciendo los sándwiches.
Llegaron en poco rato a una zona campestre. El paseo iba discurriendo sin incidentes hasta que Tonks se tropezó con una piedra y cayó de bruces al suelo, quedando quieta y en silencio. Se había hecho bastante daño al caer, y estaba concentrándose en no hacer un número. No quería que Luna pensara que era una llorona, ya bastante humillante había sido caerse así.
Luna dejó caer la bicicleta a su lado, y dio la vuelta a Tonks, que se quejó débilmente. Le tendió la mano para ayudarla a levantarse, y se sentaron las dos bajo un árbol. Se había magullado bastante la cara, y en algunas zonas de la mejilla izquierda, la piel estaba levantada y sangraba. También tenía un pequeño corte en la ceja. Luna mojó su pañuelo con el agua de la cantimplora y limpió las heridas de tierra y pequeños guijarros.
-Estupendo, ahora todo el mundo pensará que mi marido me ha dado una paliza para "hacerme entrar en razón". Ya me puedo imaginar los comentarios, -dijo Tonks con fastidio.
-No creo que nadie que os conozca piense eso de vosotros; el señor Black es muy amable. Y los que no os conozcan van a pensar lo que quieran de todas formas.
Tonks la miró a los ojos, sacudió la cabeza y suspiró.
-El señor Black es mucho más amable en los últimos tiempos con el señor Lupin que conmigo, Luna. A veces siento que les estoy estorbando, en realidad.
Luna no supo qué decir tras este súbito arrebato de sinceridad, y acarició la mano de Tonks, que estaba algo sudada. Tonks le devolvió la caricia sonriéndole de un modo cálido, pero sus ojos estaban tristes.
-Gracias por cuidarme, Luna. Estás siendo muy amable conmigo, y me da la impresión de que no lo merezco. Te he fastidiado tus planes con Hermione.
-Hermione se ha ido porque ha querido, podía haberse quedado.
-Se ha ido porque yo la he provocado hasta que la he conseguido irritar. Tampoco es que haya sido muy difícil, la verdad. Se ve que tiene mal genio. Pero de todas formas, discúlpame. Ahora me estoy arrepintiendo: te merecías hacer lo que quisieras en tu día libre, y no tener que estar conmigo a la fuerza.
-Ya está hecho, Tonks, y de todas formas, hasta que te has caído, lo estábamos pasando bien ¿Cómo te encuentras de lo demás? ¿Te duele algo?
-La mano izquierda. Me la he raspado también. Y la rodilla me duele bastante. Lo demás se lo ha llevado la ropa.
-Volvamos a casa, y hagamos allí el picnic. Vamos a estar más cómodas.
-Hablando del tema ¿Te sientes cómoda con nosotros, Luna? –Preguntó Tonks apretando un poco su mano para impedir que se levantara.
-Sí, casi siempre.
-¿Qué significa casi siempre? Eso es que hay veces en las que no te sientes cómoda.
-A veces… a veces he escuchado cosas, -dijo Luna fingiendo que contemplaba con mucha atención un trébol ¡Mira, un trébol de cuatro hojas! ¡Te lo regalo! ¡Te traerá suerte!
-Estás cambiando de conversación. Piensas que somos unos malditos degenerados ¿no es eso? Reconócelo, no me voy a enfadar, -dijo Tonks, un poco enfadada, de hecho.
-No pienso eso. Solo me parece extraño. Y seguro que no soy la persona más indicada para decir eso, todo el mundo piensa que soy muy rara, en el mal sentido.
-La gente es imbécil. Tú eres rara en el buen sentido. Como un mineral raro. Como un diamante. O una esmeralda, mejor. Si fueras un mineral, serías una esmeralda. Dame el trébol, me lo quedaré para que me dé suerte, -dijo Tonks guardándoselo en el escote.
Luna sonrió agradecida, y besó brevemente la mejilla sana de Tonks. Durante un momento se miraron a los ojos, y luego ambas giraron la cabeza, pero en direcciones contrarias, de modo que sus labios se rozaron. Sus ojos se volvieron a encontrar, y ambas rieron incómodas, antes de volver a separar sus miradas.
¿Quieres que te cuente cómo pasó todo entre Remus, Sirius y yo? ¿Cómo llegamos a… involucrarnos los tres entre nosotros? Quizás así no pienses que somos unos degenerados.
-Está bien, si tú quieres, -dijo Luna. No es que tuviese un gran deseo de escucharlo, pero sentía que para la otra era importante contarlo.
-Con veinte años yo era actriz, como sabes. Interpretaba de todo, pero mi género por excelencia era la comedia. Tengo cierta facilidad para poner caras graciosas, al parecer, y ningún sentido del ridículo. Me había casado y divorciado del primero que encontré solo para no seguir bajo la custodia de mi tía, y me reunía con un grupo de artistas y escritores: había mucha variedad entre ellos. Unos eran buenos, otros malos, unos escribían y publicaban, otros solo bebían absenta. Sé que te encantan las hadas, Luna, pero esa no te gustaría ¡El hada verde, el opio, y la morfina, se están llevando a más artistas que la tuberculosis!
Nos hacíamos llamar "La Orden del Fénix", y nos reuníamos en un café bastante cochambroso, pero muy bohemio. El "Cabeza de Puerco", se llamaba. Allí conocí a Remus. Era un chico muy sensible y atormentado; había tenido una infancia difícil, ya sabes, esas cosas. Él era de los que solo bebían absenta mientras preparaban su gran obra, pero en su mente, porque lo que es la pluma ni la tocaba. Nos enamoramos, pero él no quería casarse conmigo. Opinaba que era poco para mí. Yo lo convencí para que se decidiese a escribir, y tuvo buenas críticas, aunque no salió de pobre.
Un día me enteré de que tenía un amante. Un hombre. No me dolió tanto esto como el que me lo hubiera ocultado. Yo había tenido historias con mujeres también, y se las había contado. No entendí por qué no confiaba en mí. Yo le había contado todo de mi vida. Incluso cosas que me habían dolido mucho, cosas muy vergonzosas. Supongo que sentí algo parecido a lo que tú sentiste cuando te enteraste de lo de la señorita Granger.
Y bueno. Entonces un día lo conocí, a su amante. Tuvimos una pelea a voces en el "Cabeza de Puerco", y casi nos pegamos. De hecho, yo le di un bofetón que él no me devolvió. Estaba bastante borracha, debo decir. Pero esa misma noche acabamos en la cama los tres. Era Sirius, por supuesto. Mi tío segundo. Él y yo teníamos mucho en común. A veces con mirarnos ya sabíamos qué estábamos pensando. Nos gustaban las mismas cosas y odiábamos lo mismo. Nunca habíamos estado muy unidos antes, porque mi familia rechazó a mi madre cuando hizo una boda inapropiada. Fue como encontrar algo perdido. No lo supimos hasta entonces, hasta ese momento en el que nos reencontramos.
Cuando me quedé embarazada no pude saber quién era el padre, pero daba igual. Decidimos casarnos por el bien de Teddy. Estaría más protegido y podría heredar el patrimonio de los Black. Obviamente esto no gustó mucho a Bellatrix. Su ingrata sobrina había vuelto del infierno para casarse con su repugnante primo, y con un heredero de la casa Black en el vientre, posiblemente bastardo. Nos reímos muchísimo a costa suya. Solo con vernos juntos se le desencajaba la cara ¡Fue maravilloso!
Pero luego la realidad se impuso. Especialmente para mí. Ser la señora Black y vivir en Grimmauld Place cuidando del pequeño Teddy tras haber renunciado a mi carrera, fue un duro golpe. Ellos tenían sus cosas. Sus negocios y su club de caballeros Sirius, y Lupin tenía su obra, su círculo de intelectuales, y su carrera de escritor. Yo en cambio lo había perdido todo. Estaba sola en casa todo el tiempo con unos criados que me odiaban, y mi nuevo círculo social me daba la espalda. Ahí entra Pansy. Ella también estaba frustrada tras su boda con Draco, que seguía enamorado de otra mujer. Supongo que yo la pervertí un poco y juntas aliviamos nuestro aburrimiento y soledad –dijo Tonks poniendo cara de inocente y volviendo los ojos un poco. –Aunque a la larga no funcionase tampoco, vivimos buenos momentos juntas.
-Me hubiese encantado ver la cara de Bellatrix. Me gustaría que los duendes se los llevaran, a ella y a su marido, y nunca se volviese a saber de ellos, –dijo Luna con rabia, lo que era extraño en ella. Tonks le acarició la cabeza. Llevaba el cabello suelto como una niña, a pesar de que ya no lo era. A Luna no le gustaba hacerse moños. La otra metió los dedos en su pelo, y se dio cuenta de que lo tenía enredado a la altura de la nuca. Decidió que haría algo al respecto más tarde. Podría devolverle los cuidados recibidos cepillándole bien el pelo hasta dejárselo lustroso.
-Tal vez algún día encuentren a alguien dispuesto a hacerles tragar su propia medicina. No creo que sean los duendes, pero si pudiera ser que alguien les diese dos tiros. Eso podría ser, -contestó Tonks con una voz fría, también rara en ella.
Se estaba haciendo un poco tarde, teniendo en cuenta que iban a volver a pie por el dolor de rodilla de Tonks, así que recogieron las bicicletas y emprendieron el regreso a casa. A su vuelta, dejaron las bicicletas en un cobertizo y comieron los sándwiches bajo un árbol del jardín. A pesar de todo, había sido un bonito día.
Al entrar en casa, Winky dijo que Miss Granger había estado de nuevo allí, y que había dejado una carta para Luna. "Gracias, Winky", -dijo Tonks mientras torcía el gesto de modo visible-. Cuando Luna fue a cambiarse de ropa, la leyó. Era breve.
En ella le decía que haría bien en abandonar Grimmauld Place a la mayor brevedad, pues se había enterado de cosas sobre los Black sobre las que quería hablar con ella personalmente, y le escribía la dirección de su propio domicilio "por si se le había olvidado". Para que viera que no estaba bromeando, le adelantaba que al parecer, el señor Black no solo era un cerdo lujurioso, sino también un homicida que había estado a punto de ir a la cárcel por el asesinato de un amigo, pero que a última hora había conseguido librarse y silenciar el caso, gracias a sus contactos y al dinero de su familia. Al parecer no era el único que había tenido problemas con la ley, pues se había relacionado a Mr. Lupin con el bandido Fenrir Greyback.
Pero lo que terminó de hacer decidir a Luna hacer caso a su amiga, fue su afirmación de que Mr. Black, al igual que Bellatrix, pertenecía a la infame secta de los Mortífagos. Luna ya había tenido bastante de los Mortífagos como para tres vidas.
Pensó qué le convenía hacer. Podía esperar a que todos se durmiesen y salir a escondidas de noche, pero le partía el corazón pensar en Tonks. Incluso aunque fueran ciertos todos los rumores que había escuchado Hermione, ella era inocente de todo, estaba sola, y había sido buena con ella. Decidió que como mínimo merecía una despedida.
Encontró a la señora de la casa bebiendo y fumando un puro, tirada de forma indolente en el sofá. Le sonrió al verla y se incorporó un poco.
-¿Una copita, Luna? Es un licor digestivo, no te va a sentar mal una copita antes de la cena, -le dijo Tonks antes de percatarse de que estaba extraña y preguntarle qué le pasaba, si se sentía enferma. Se acercó a ella y le puso las manos sobre los hombros para hacer que se sentase con ella en el sofá.
Luna sintió dudas de nuevo. Se preciaba de reconocer a las malas personas por su aura. Esto había sido muy claro en el caso de Bellatrix y su esposo. En Mr. Black y Mr. Lupin, el tono gris de su aura indicaba pensamientos oscuros, pero no era la sensación tan intensa que desprendían los Lestrange. Pero el aura de Tonks era rosa, como su pelo ahora. Bien era cierto que a veces su aura cambiaba de color a otros menos luminosos, pero el rosa era el que predominaba. Nada malo podía esperarse de una persona con un aura así.
-¿No habrá tenido nada que ver la carta de la zorra de tu amiga con que estés así? Me están entrando unas ganas de darle un par de guantazos que no te puedes hacer una idea, Luna, –dijo Tonks. Su aura estaba empezando a cambiar de nuevo, pensó Luna.
-Tonks, no sé si debería seguir trabajando aquí, -dijo Luna pensando en cuánto echaría de menos a Tonks si al final tenía que irse.
-Pero ¿por qué? ¿Por una carta llena de chismes? ¡Déjame ver qué te ha escrito! ¡Enséñame la carta! –Decía Tonks muy enfadada. Se había puesto de pie mientras colocaba de golpe su vaso sobre la mesa, con tanta fuerza que derramó el contenido de su copa.
-¿Es verdad que Mr. Black estuvo a punto de ir a la cárcel por matar a un amigo suyo? ¿Es verdad que es un mortífago? –Preguntó Luna, levantándose a su vez.
Tonks se rascó la cara haciendo un gesto de agotamiento. Respiró hondo para tranquilizarse, e indicó a Luna que se sentase, mientras ella hacía lo mismo.
-Luna, si a Hermione se le ocurre usar eso para intentar ascender en "El Profeta", la demandaré por libelo. No sé qué tiene en contra mía, pero parece decidida a quitarme todo lo que yo pueda apreciar ¡No te vas a ir de esta casa, y es mi última palabra! Pero voy a contestar a tus preguntas. Tienes que ser discreta con este tema, Luna ¿Me lo prometes?
-Te prometo que no te perjudicaré. Pero si no me gusta lo que escucho, me iré de aquí, igual que me fui de la Mansión Lestrange, -dijo Luna, obstinada.
-Luna, no somos mortífagos. Mi tía intentó que yo lo fuese, y me escapé del colegio para no tener que volver a verla. Al primer sitio que encontré y en la primera ocasión que se me presentó: estaba aterrorizada por la gente de esa secta. Me había llevado a una de sus reuniones en las vacaciones de Pascua, una de las pocas veces que me llevó a casa con ella, y quería que yo jurase lealtad al líder. También quería más cosas. Tuve que fingir que transigía para que me dejase volver al colegio y desde allí huir, pero nunca llegué a jurar nada.
Con respecto a mi marido, todo lo que tu asquerosa amiguita dice de él es falso. Esos rumores son precisamente una venganza en su contra por haberse negado a formar parte de la secta, y tu amiga les ha dado crédito.
Mr. Black fue a alguna reunión de joven, sin saber dónde se estaba metiendo, pero tampoco llegó a jurar lealtad. El hermano de Mr. Black, Regulus, sí fue un mortífago, aunque se arrepintió. Desapareció y nunca pudimos encontrar su cadáver, pero sabemos que ellos lo mataron. La madre de Sirius murió de tristeza tras esto.
Y luego, intentaron implicar a Sirius en la muerte de un antiguo amigo suyo, que se había metido también en la secta para escalar socialmente. Tampoco encontraron nunca su cuerpo, solo uno de sus dedos. Hubo más gente que murió. Longbottom, por ejemplo, murió en un extraño accidente de caza, y su esposa se volvió loca. Se decía que quería denunciarlos a la policía. Los Potter también murieron de una forma muy rara. Su hijo es el ahijado de Sirius.
Todos habían tenido algo que ver con ellos. Cuando te captan, te prometen un rápido ascenso social o la posibilidad de conseguir un puesto en el parlamento, o de ver publicada tu obra literaria con un inmediato éxito… lo que más desees. Pero luego lo pagarás con creces. Y nunca podrás abandonarlos, o lo te costará la vida.
A Sirius no tenían con qué tentarlo. Fue solo a un par de reuniones por contentar a su hermano, que estaba muy entusiasmado, pero por muy bien que se lo presentaron, se dio cuenta de que eran gente muy peligrosa, y no quiso saber nada de ellos. No se lo perdonaron: se sintieron despreciados. Y aún estamos pagando por eso ¿Sabes que Teddy está en un colegio francés, para que no puedan perjudicarlo?
Por cierto, Lunita ¿Sabes quienes sí son mortífagos? El esposo y el suegro de Pansy. Me consta que ella también sabe del tema, aunque no sé si ha hecho el juramento. A lo mejor tu amiga debería dejar de entrometerse en mi vida, y preocuparse más por enterarse de con quién está durmiendo.
-Ella no quiere entrometerse en tu vida, Tonks. Supongo, que a su manera, intenta protegerme.
-¿Protegerte de quién? ¿De mí? Yo no te voy a hacer daño, Luna ¿Por qué no intentó protegerte de Bellatrix? Yo apenas te conocía y te ofrecí vivir aquí ¿Qué hizo ella por ti, siendo tu mejor amiga, mientras esa mujer te maltrataba y te encerraba en un ático?
-¡Ella también me ofreció su casa, no pudo hacer nada más por mí! ¡No seas injusta!
-¡Lo que me parece injusto es que tú des credibilidad a lo que esa mala bruja te cuenta! –Respondió Tonks gritando.
-¡Es mi amiga! – Contestó Luna en el mismo tono.
-¿Y yo no soy tu amiga?
-Sí, tú también lo eres ¡Lo siento, pero lo pasé mal viviendo con Bellatrix, y no me ha gustado pensar que también tú estabas relacionada con la misma gente que ella! ¡Me daban miedo!
-¿Entonces, no te vas?
-No, no me voy. Siento haber dudado de ti, y de Mr. Black, Tonks.
-Y yo siento que lo hayas pasado mal con Bellatrix. Sé lo perra que puede llegar a ser. Y entiendo que te den miedo los mortífagos, lo entiendo bastante bien.
Tonks se había acercado a ella, todavía respirando agitadamente. Le cogió las manos primero, para abrazarla y acariciar su pelo luego.
-Tienes el pelo enredado. Llevo todo el día pensando en eso ¿Te gustaría que te cepillase antes de dormir?
-¿No se supone que ese es mi trabajo? Ayudar a vestirte, cepillarte el pelo, y todo eso.
-No se me van a caer los anillos por ayudarte con el pelo. Ven a mi cuarto después de la cena y te arreglo este desastre. Prometo no darte tirones, te lo haré muy suave.
Luna sentía una cálida sensación apoyada sobre el hombro de Tonks mientras ella le tocaba el pelo. Pero entonces recordó que la misma Tonks le había contado que le gustaba acostarse con mujeres, y se notó incómoda de pronto, separándose de su abrazo sin desearlo en realidad, pero con la sensación de que debía hacerlo.
-Quiero un besito, para saber que no piensas nada malo de mí, le dijo Tonks con media sonrisa, señalándose con un dedo la mejilla.
Tonks cerró los ojos mientras Luna la besaba en la mejilla. En realidad Tonks deseaba volverse, sujetarle la mandíbula, y besarla en la boca, pero no quería asustarla y que ella se fuese de la casa. Estando con Luna, no le parecía tan grave que Sirius y Remus hubiesen decidido prescindir de ella ese día. Suspiró, mientras pensaba en cuanto le gustaría patear a Hermione. La asquerosa niñata estaba decidida a alejarla de Luna, por no hablar de que era una maldita cotilla entrometida, hurgando en historias oscuras de la familia.
Pero por otra parte, dudaba si funcionaría convertir a Luna en su amante. No quería hacer nada que perjudicase su reputación o su futuro, ni hacerle daño de ninguna forma. Tampoco sabía si sería siquiera posible. Luna era tan etérea… dudaba que tuviese algún interés en ella, o incluso deseos carnales.
Ella sí que los tenía. Y aunque por una parte pensaba en todos los inconvenientes y problemas acerca de hacer lo que deseaba hacer, su instinto le decía que simplemente lo hiciese. Que intentase seducir a Luna. Quería meterse en la cama con ella y enseñarle a hacer cosas sucias. De hecho, Hermione podía quedarse para ella sola a Pansy con tal de que no intentase quitarle la compañía de Luna. Y menos acusándola de ser una mortífaga. Ese era un golpe bajo.
Por un momento, pensó en lo mucho que disfrutaría haciendo saber a la odiosa señorita Granger que su amiga ya no era virgen, y que ella era la responsable. Luego se sintió muy culpable y sucia por ese mal pensamiento: Luna se sentiría muy triste si hubiese podido verlo.
Esa noche, tras la cena, Tonks cepilló el pelo de Luna hasta dejarlo suelto y brillante, con tanta suavidad que no solo no le dio tirones, sino que Luna acabó dando cabezadas de sueño. El notar el cepillo rascando contra su cabeza había sido muy relajante, casi demasiado.
-¡Que te caes, Luna! Vete a dormir, estás muy cansada. Mañana será un día mejor.
-Hoy no ha sido tan malo, -respondió Luna.
-Tampoco fue del todo bueno. Podría haberlo sido si Miss Granger no se hubiese empeñado en malmeter. Pero casi prefiero que no hablemos más de ella. Buenas noches, Luna.
Luna le dio las buenas noches a Tonks antes de irse a su cuarto. Pensó mucho en todo lo que habían hablado aquel día antes de dormirse, a pesar de su cansancio. Intuía que había muchas cosas detrás de todo lo que la otra le había contado de forma tan breve.
A las doce de la noche, Hermione cerró con pestillo y candado la puerta de su casa. Luna ya no vendría. Había ignorado sus advertencias, o tal vez no le habían entregado la carta. Fue a acostarse llena de intranquilidad. Cada nueva cosa que iba aprendiendo sobre los Black era peor que la anterior, y simplemente no iba a dejar que las cosas siguieran así. Sacaría a Luna de esa casa aunque fuera arrastrándola del pelo.
A las tres de la madrugada Luna despertó al oír llegar a los señores Lupin y Black. Escuchó a Mr. Lupin llamando a Tonks para que le abriese la puerta del dormitorio, pero al parecer la señora de la casa estaba sufriendo una repentina sordera, o estaba sumida en un sueño muy profundo, pues nadie contestó ni vino a abrir la puerta.
