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Capítulo 8
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Ella usó mi cabeza como un revólver
E incendió mi consciencia con sus demonios
Soda Stereo
Aquella tarde descubrió que lo más lamentable de llorar dentro del baño reteniendo algún sonido lastimero era no contar con alguien a quien contarle su desdicha, era cierto que a lo largo de su vida jamás pensó que estaría encerrado en el baño llorando por haberse enamorado de una chica que apenas lo percibía como un ser humano con emociones. Sin embargo, deseaba que algún amigo golpeará la puerta y le dijera que todo estaría bien, la realidad era que no tenía a nadie. La única persona que consideraba su amiga estaba lejos de él.
Por ese motivo no apareció durante la clase del profesor Macao suponiendo que no lo notaría, salió del baño cuando se percató que todos los alumnos estaban en sus respectivas clases. Se acercó al lavado y mojó su rostro empapado de lágrimas, tomó papel higiénico y se encargó de secarse. Sus ojos se hallaban rojos y levemente hinchados.
—Soy un estúpido—con la palma de su mano acarició su mejilla ligeramente irritada por las lágrimas saladas. Se limitó a observar su reflejo fugazmente antes de abandonar el baño.
Apresuró sus pasos escuchando las voces de los profesores dictando las clases, contuvo la respiración pensando que en cualquier momento se encontraría con alguna autoridad del instituto, para su poca suerte llegó hasta el gimnasio vacio, se acomodó sobre una de las colchonetas y suspiró angustiado.
Sus manos estaban realmente heladas al momento de juntarlas, unas gotas saladas volvieron a inundar sus ojos, era inevitable controlarse en aquel momento. La silueta de Lucy continuaba apareciendo constantemente en cada uno de sus pensamientos, acompañados del calor que naturalmente ella emanaba, esbozando una sonrisa amarga pensó que tal vez sus manos heladas se aliviarían si tenía la posibilidad de tocarla por lo menos unos segundos.
—¡No! —exclamó moviendo su cabeza ya colapsada de tantas suposiciones. No podía calcular el tiempo que había transcurrido, por el movimiento de los últimos rayos de sol sospechó que ya muchos se estaban marchando del instituto. El abrupto sonido de la puerta interrumpió su lamento.
Visualizó una figura acercándose hacia él, hubiera querido reconocerlo con certeza, pero la oscuridad estaba casi inundando el gimnasio, su mochila cayó frente a él junto con una voz irritada, inmediatamente limpió las lágrimas que nublaban su vista.
—¿Gray? —murmuró consternado.
El muchacho cruzó sus brazos y le lanzó una mirada exasperada, sin decir nada por unos segundos esperó a que Natsu se pusiera de pie, no obstante, el chico seguía sentado con la mirada perdida en Gray.
—¿Enserio? ¿te vas a quedar mirándome de esa forma? —interrogó con sorpresa, pateó la mochila de Natsu para lograr que por fin reaccionará—¡Ey! ¡levántate!
Natsu sacudió su cabeza e intentó ocultar su rostro con sus brazos.
—Tenías razón y no quiero ver tu cara de alegría por eso.
—¿Crees que me tomaría la molestia de esperar a que todos en el salón se marcharán para tomar tu mochila y buscarte solo para reírme? —increpó a la vez que dejaba escapar un pequeño suspiro, al no recibir alguna respuesta se puso de cuclillas y entrecerró sus ojos con cierto aburrimiento—Ya fue suficiente ¡levántate! —con un movimiento rápido Gray levantó la mochila de Natsu en el acto no olvidó jalar al pelirrosa del brazo provocando que por fin se mantuviera de pie.
Natsu abrió sus ojos llenos de lágrimas y se percató del agarre en su brazo derecho, comenzó a forcejear para escapar del agarre de Gray, olvidando que Fullbuster era uno de los mejores deportistas del instituto, luchar contra los dotes físicos de Gray resultaría en vano.
—¡Suéltame! —bramó Natsu, no podía imponer resistencia, sus piernas se movían por si solas mientras Gray comenzaba a sacarlo del gimnasio—¡maldito!
—¡Deja de llorar! —exclamó Gray ofuscado, aunque su mirada se enfocaba en el camino era evidente que Natsu estaba llorando, le era fácil por la voz quebrada del muchacho.
—¡No puedo! —gritó, unas gruesas lágrimas mojaron sus mejillas, su estado a simple vista emanaba una deplorable versión de sí misma. Ya cansado de luchar por llorar durante horas permitió que Gray condujera su camino ignorando la mirada llena de intriga de los peatones.
Era extraño que un sujeto caminara guiándole el camino a otro muchacho que lloraba sin cesar, porque sí. Natsu Dragneel lloró abiertamente en público, exponiendo sus lágrimas y el martirio de la mirada vacía de Lucy.
Cada vez que Lucy cruzaba por su mente sus ojos volvían a producir las lágrimas que tanto le estaban provocando un camino doloroso por sus mejillas.
—¡Mírate! ¡no dejaste de llorar en todo el camino! —exclamó Gray con los ojos abiertos de sorpresa, observó detenidamente el rostro de Natsu, supo que aquello le costaría a la mañana siguiente unos ojos hinchados y probablemente un aterrador dolor de cabeza.
—¿Dónde estoy? —preguntó con la voz aún quebrada, pestañeó y secó rápidamente el resto de lágrimas que se habían acumulado en sus ojos. Dio un rápido vistazo al lugar. Parecía una calle con casas literalmente idénticas, todas compartían casi las mismas características, dos pisos, patios delanteros significativamente amplios, todas de color blancas con toques oscuros.
—Es mi casa—respondió abriendo la puerta, se detuvo en el umbral esperando que el pelirrosa diera un paso, sin embargo, él seguía con la mirada perdida e inerte. Inmediatamente Gray carraspeo con cierta irritación y jaló del brazo a Natsu obligándolo a ingresar.
En cuanto ambos estuvieron dentro un aroma delicioso invadió el ambiente, entre el silencio de la casa se escuchaba el golpe del cuchillo contra la tabla de picar, Gray lo empujó con cierta delicadeza hacía las escaleras.
—¡Ultear ya llegué! —el proceso de cocina se vio interrumpida cuando Ultear salió de la cocina con una sonrisa resplandeciente.
—Gray bienve...—la joven rápidamente se mostró preocupada al divisar a Natsu con los ojos casi cerrados y completamente rojos—¡Oye! ¿¡estás bien!?
—No te preocupes Ultear—intervino Gray—es un mal amoroso.
Ultear ocultó su expresión con ambas manos, el recuerdo de sus fallidas relaciones fueron suficiente para comprender el estado de ese muchacho en su hogar.
—Si deseas puedo ayudar en algo—ofreció aún con la mirada puesta en Natsu—son temas muy delicados.
—Muchas gracias, pero a este tipo solo le hace falta llorar más—Gray impulsó a Natsu y lo ayudo a subir las escaleras a pesar de la dificultad que Natsu le daba con su ausencia.
—¿Por qué me trajiste a tu cuarto—murmuró Natsu al verse sentado en la cama de Gray, parpadeó y sintió la frialdad de algunas lágrimas. Gray dejó caer su cabeza sobre su escritorio emitiendo un largo suspiro.
—No dejarás de llorar jamás.
—No es tan fácil.
—Sí, lo es. Solo deja de llorar.
Natsu frunció el ceño exasperado.
—¡No sabes nada! ¡No fuiste el idiota que literalmente se declaró a Lucy para que ella solo respondiera como si nada!
Gray sonrió manifestando una añeja amargura, la palma de su mano cayó sobre la mesa emitiendo un recordatorio doloroso, Natsu enmudeció azorado.
—¿Qué no lo sé? ¡se te olvida que a mí también me lastimó!
Natsu había olvidado completamente que Gray transcurrió por la misma calamidad. Aturdido nuevamente por la repentina culpa dejó caer su mirada sobre el suelo.
—Fue horrible, solo necesitaba que me preguntará como estaba. Pero ella me dio a entender que solo me llamaba por sexo, no había más que solo eso. No hay más...
Gray permitió descansar su barbilla sobre el borde de su silla, el semblante de Natsu le traía demasiados recuerdos de él en aquella misma situación.
—Lo entiendo, ella siempre quiso eso.
—¡De verdad creí que le importaba! —exclamó elevando sus brazos luego lentamente aflojo su movimiento, con el dorso de su mano limpio cualquier rastro de lágrimas en sus mejillas-me siento un imbécil.
—Lo eres, te lo advertí.
Natsu lo fulminó con la mirada a pesar de que estos estaban ya cansados de tantas lágrimas.
—No quería creerte, deseaba que solo estuvieras mintiendo—le confeso, no obtuvo alguna respuesta por parte de Gray, solamente contempló la figura de su compañero desaparecer al ingresar al baño.
—A partir de ahora tendrás que creerme—le lanzó una toalla desde su escritorio—date una ducha, tu cara esta toda hinchada y mañana tus ojos lo estarán-señalo con una leve burla expuesta en su voz.
Natsu sin rechistar sujetó la toalla y se dirigió hacia la ducha. Aunque quería dejar de llorar se permitió continuar derramando lágrimas bajo el agua.
"Quisiera poder detener mi llanto..."
No percibió el tiempo que transcurrió desde que se había enfocado en su dolor, se conmovió al ver una cama improvisada y una taza de té humeante sobre el escritorio de Gray.
—Ul dijo que te hará bien algo caliente. Te veo más tranquilo.
—Tenías razón. Me hizo bien la ducha.
Cuando la casa se sumergió en el silencio ambos jóvenes se hallaban ya en sus respectivos lugares con sus miradas perdidas en el techo, solo Gray se animó a emitir una oración.
—Mañana será un nuevo día para ti. Sé que suena fácil, pero créeme, hay más cosas que vas a vivir, el dolor que sientes ahora...pronto se irá, no cometas el error de ser rencoroso como yo...
—Quisiera que fuera fácil. Pero...te lo agradezco.
Natsu por fin cerró sus ojos posteriormente de observar la luz de la luna bañando parte de su cuerpo, pensar en su existencia lo hacía perderse en sus incontrolables preguntas, pero por esa noche solo deseaba dormir luego de pasar gran parte de su día llorando.
La intranquilidad de la ruptura de sus sentimientos eran ciertamente algo molesto a la hora de querer abstraerse en el sueño, alrededor de las dos de la mañana se mantuvo observado con paciencia el techo iluminado casualmente por las luces de los escasos autos que pasaban. El sonido de los motores en medio del silencio de la noche le despertaba la sensación de soledad y destrucción. Para su fortuna a partir de las cuatro de la mañana todo se tiño de negro.
Despertó con la almohada de Gray golpeando su rostro, era imposible no percibir la pesadez de su cabeza. Supo que una ducha le aliviaría y fue Gray quien le brindo el beneficio de ser el primero en tomarla.
Permaneció en silencio respondiendo de ser necesario, no interpretaba la incertidumbre de sus sentimientos floreciendo como espinas para aferrarse con vehemencia en él. Ultear demostraba ser la hermana más dulce que había logrado ver, lo atendió como a uno más de la familia y se explayó comentando sobre el maravilloso tiempo y las infinitas posibilidades de pasar aquel dia, burlándose levemente de ellos por gastar ese día en el instituto. Aunque sus respuestas se basaban en gestos antes de marcharse con Gray se esforzó por mejorar por ello dio media vuelta y le sonrió a la mujer con sincero agradecimiento.
—Gracias por todo.
Ultear parpadeó emocionada, al fin el misterioso compañero de su hermano le dirigía unas palabras.
—No tienes que agradecer, eres un amigo de Gray. No olvides de disfrutar el día.
Llegar al instituto al lado de Gray dio que hablar, las chicas susurraban recordando la disputa pasada entre ellos y los observaban con tanta insistencia que tal vez creían obtendrían una respuesta. Durante las clases no escuchó al profesor, ni buscó la mirada de Lucy. No tenía más lágrimas que derramar y mucho menos lamento que dar. Era como si su cuerpo hubiera perdido el interés, lo habían lastimado y parecía que atravesaba una tregua.
El timbre del receso fue crucial para despedir la tranquilidad de la clase, no se resistió cuando Gray se acercó y dejó descansar su brazo sobre su hombro.
—Estaba pensando. Hace unos días vi un anuncio de empleo, parecía una cafetería muy linda y necesitaban a dos meseros ¿qué dices?
No replicó, aunque comprendió la propuesta, sus ojos lo traicionaron al fijar su mirada en Lucy, el sol la iluminaba con tal insistencia que fue imposible no admirar su piel bañada en dorado y su cabello brillar más de lo normal, hace tiempo la contemplaba tan inalcanzable que cuando conoció el calor de su piel se engañó con la desgarradora ilusión de haber llegado a ella. La magia se arruinó al verla caminar al lado de Loke, él miraba a todos con gozo, comprendió entonces que así se sintió él hace tiempo. Probablemente Loke creía que Lucy ya no era inalcanzable, tal como le ocurrió a él y a Gray hace años atrás.
Descubrió en ese pequeño momento que amaba a Lucy como jamás había amado a nadie, pero antes de amarla él se amaba a sí mismo, inclino ese afecto para ser exclusivamente de ella y ahora debía volver a quererse para experimentar la libertad.
Ella lo examinó ignorando las palabras susurradas de Loke, sin embargo, Natsu no deseaba manifestar abiertamente sus sentimientos, sin alguna palabra escapó de su mirada y se refugió en la mirada de Gray.
—Suena genial, deberíamos ir a echar un vistazo luego de las clases.
El viento rozó su cuerpo, Lucy había pasado a su lado y ahora seguía su camino a espaldas de él. Se detuvo en cuanto ella se alejó, sus ojos brillaron asentados sobre la silueta de su amor.
Gray también estaba a su lado en las mismas condiciones, en silencio ambos se miraron.
—No lo tomes a mal, pero no quiero ser como tú. Todo este tiempo guardaste tanta ira por Lucy— habló él con determinación—ya lloré lo suficiente.
El pelinegro volvió a examinar el camino antes transcurrido por Lucy y sonrió aliviado, también en él se libraba una batalla. Lo único que supo es que estaba cansado de vivir con frustración, así que dio un par de palmadas contra la espalda de Natsu.
—Tienes razón. Yo también estoy cansado de ser la peor versión de mi—un par de carcajadas abandonaron su ser—estoy de acuerdo, deberíamos ir a preguntar por esos puestos luego de clases ¿te parece que antes vayamos por unos helados? ¡estoy ansioso por uno!
—¡Claro! —sonrió abiertamente para volver a retomar sus pasos—Gray, gracias por soportar mi llanto. Eres un gran amigo.
—Yo creo que podrías ser un gran amigo. No te preocupes, te enseñaré a serlo. Ya verás mis grandes virtudes desarrollando mi papel como amigo-llevó su mano a su pecho con orgullo—¡hasta querrás tenerme de padrino en tu boda!
—Te daré el beneficio de la duda—su risa resonó en el pasillo en cuanto sintió el golpe de Gray contra su hombro.
Ambos bajaron las escaleras comentando sobre los puestos libres en aquella cafetería y los gustos opuestos que tenían. El día podía ser disfrutado como Ultear dijo aquella cálida mañana.
