Capítulo 4: La fiesta
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Advertencia: Sexo explícito (quizás un detalle podría ser considerado "poco convencional"). Algo de violencia. Faltas de respeto, unas más sutiles y otras menos (las sutiles son las peores). Se mencionan las drogas. Y bueno, el alcohol, pero eso es siempre. Hay un párrafo que podría desagradar a quien no le guste el non- con, pero es muy, muy leve, y además es un sueño.
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"Está pasando otra vez", estaba diciendo Mr. Black a Mr. Lupin mientras desayunaban, pero se interrumpieron al ver que Tonks y Luna entraban en comedor, muy risueñas ambas. Tonks era más madrugadora que Luna, y también más trasnochadora. No necesitaba dormir tanto.
Para asegurarse de que Luna no se retrasaba a la hora del desayuno, dejándola con el amante de ambos y su marido, de quien sospechaba que iba propiciar una reconciliación (no deseada por ella) entre ambos, fue a despertarla personalmente, y esperó tirada en su cama a que Luna se terminase de poner su ropa interior tras un biombo. Después ella misma le había ayudado a ajustarse el corsé y le había pasado el vestido, para hacer que se diese un poco de prisa. Cuando Luna se ponía soñadora podía llegar a ser lenta de una forma exasperante.
-¿Qué es lo que está pasando otra vez, Sirius?
-Los asesinatos. Aparecen con una bala en mitad de la frente. Como la vez anterior, -dijo Mr. Lupin con cara sombría.
-No te preguntaba a ti, -replicó Tonks, desdeñosa.
-Por favor, Dora ¿es esto necesario? –Preguntó Mr. Black.
Tonks no dijo nada, y le pidió a Luna que le pasase la mermelada de naranja, si era tan amable.
-Han sido los Mortífagos, -dijo Luna, muy segura.
-¿Por qué piensas eso, Luna? –Preguntó Mr. Black, mirándola de pronto con mucho interés.
-Bueno, como todo el mundo sabe, la secta de los Mortífagos ha estado detrás de todas las desgracias que han ocurrido desde el principio de los tiempos. Estuvieron detrás de la Caída del Imperio Romano, de la de Constantinopla, y de la peste negra del siglo XIV. Pero no solo eso: cuando en un pueblo lejano y escondido en medio de los Pirineos una manada de lobos mata a los corderos, arruinando a los pastores, también han sido ellos. Y cuando el agua de las fuentes se contamina, y la gente enferma de cólera, son ellos los responsables de haberlas envenenado. Y esos asesinatos de mujeres de mala vida, que fueron achacados a Jack el Destripador, también fueron obra de los Mortífagos.
-Interesante, -dijo Mr. Black haciendo como que se limpiaba el bigote con una servilleta, para ocultar una sonrisa burlona.
-Mi padre estaba investigando este tema cuando fue asesinado por ellos. El decir la verdad en su periódico primero le costó que lo tomasen por loco, luego la ruina, y al final la vida, -prosiguió Luna, sin darse cuenta de las caras de escepticismo con que eran recibidas sus palabras.
-Siento mucho que matasen a tu padre ¿cómo murió? Si no te duele mucho hablar de eso, claro –preguntó Tonks, acariciando su mano, como para consolarla.
-Murió de septicemia, provocada por una pequeña herida que se infectó. Pero fueron los Mortífagos.
-Qué terrible. Luna ¿has probado la tarta de fresa? Voy a servirte una porción, ¡o nos la comeremos toda nosotros! –Dijo Tonks intentando desviar la conversación hacia un tema más agradable, y sobre todo procurando distraer a Luna de las miradas socarronas que se intercambiaban los señores Black y Lupin.
Tonks lanzó una mirada de advertencia a los señores, y ambos suspiraron y cambiaron de conversación, pasando a hablar de su club de caballeros y de apuestas a los caballos.
-Dora, querida, te recuerdo que el viernes es el baile de máscaras de los Zabini. Espero que tengas tu disfraz listo, -dijo de repente Mr. Black, como acordándose de algo.
-Ya lo creo que está listo. Voy a ir dios Jano ¿Qué te parece?
-Muy apropiado, -dijo Mr. Black riendo. -¿Cómo vas a hacer con el pelo? ¿Te lo vas a volver a teñir de oscuro?
-No hace falta: la máscara del dios Jano es doble, a ambos lados de la cabeza. Me cubrirá todo el cabello ¡Además, cada día me gusta más mi pelo rosa!
Mr. Lupin resopló con desdén, y Tonks le lanzó una mirada venenosa.
-Luna, tú también puedes ir, si quieres, -añadió Mr. Black mirándola con una sonrisa burlona. Luna sintió que había algo que se estaba perdiendo.
-¡Por supuesto que no quiere! –Exclamó Tonks, tirándole una bola de pan ¿Qué te has creído?
-¿Qué pasa con esa fiesta? –Preguntó Luna. Desde luego, no parecía una fiesta normal.
-Luna, a esa fiesta se va a lo que se va, dijo Tonks mirándola, mientras con los dedos índice y pulgar de una mano componía una O e introducía y sacaba de forma repetida el índice de la otra mano dentro.- Por supuesto que puedes ir, si te apetece, pero no creo que sea tu estilo. De hecho, Mr. Black tampoco piensa que sea tu estilo, solo te lo ha dicho por gastarme una broma.
Luna se había puesto roja desde la raíz del pelo hasta el cuello. Los señores se rieron a carcajadas.
-No les hagas caso, Luna. Son dos patanes sin consideración por nadie.
Y dirigiéndose a ellos, les reprochó hacer bromas a costa de una chica inocente, y añadió que eran "un par de capullos", regañina que fue recibida con otras dos sonoras carcajadas por su parte.
-Te ruego que nos disculpes, Luna. Creo que nos hemos excedido. Como dice Dora, la broma era hacia ella, no hacia ti, -dijo Mr. Black, mientras hacía una pequeña reverencia, cogía su mano y se la besaba. Luna le aseguró que no importaba (aunque en el fondo, sentía que sí que importaba). Mr. Lupin también le pidió disculpas, mientras Tonks lo miraba con cara de asco.
Tras esto, los señores se levantaron de la mesa, y se prepararon para salir de casa después de despedirse de ellas.
-No te preocupes, Luna, no te vas a quedar sola en la casa esa noche. Winky y Kreacher estarán aquí, y puedes llamarlos si necesitas algo, -dijo Tonks acariciando su mejilla.
Precisamente en ese momento, Winky apareció anunciando la llegada de Hermione Granger.
-¿Otra vez está aquí esa? ¿Qué narices quiere ahora? –Dijo Tonks indignada.
-¿La hago pasar, señora?
-Que pase. Todo será que al final le calce un par de guantazos.
Hermione quería hablar con Luna, pero en privado. A Tonks no le pareció bien.
-Mira, resulta que estás en mi casa, y aquí las reglas las pongo yo, y no tú. Además, ¿sabes que ayer casi la hiciste llorar con la carta que le escribiste?
-¡Era necesario que la leyese!
-¿Era necesario calumniar a mi familia, Hermione? ¿Sabes que te podría meter en un juicio, y mandarte a la cárcel por eso?
-Una Black alardeando de que tiene el poder para arruinarme la vida ¡Qué inesperado, qué sorprendente!
-¡Por favor, no discutáis! Hermione, no me voy a ir de aquí ¡Ella no es como su tía! –añadió Luna.
-Luna, por favor ¿no ves que te está engatusando? –Comentó Hermione, exasperada.
-¡Basta, Hermione! Creo que hasta ahora he tenido mucha paciencia contigo, pero se me está agotando ¿Por qué no vas a pedirle a Pansy que te haga un favor, a ver si te relajas? Por cierto, hablando de los Malfoy: si estás buscando mortífagos, Malfoy Manor es un buen sitio para empezar. Aquí no los encontrarás.
-¡Neville Longbottom no piensa lo mismo!
-Neville Longbottom está mal informado. O eso, o está tan loco como su madre. Nosotros no tuvimos que ver con el accidente que sufrió su padre ¡fue mi tía!
Tonks se había puesto de pie y estaba cara a cara con Hermione. Las dos tenían casi la misma estatura, aunque Tonks era un poco más ancha de hombros y corpulenta.
-¿Y quién nos asegura que no eres igual que tu tía?
Tonks descargó rápidamente un bofetón sobre la cara de Hermione, que se quedó boquiabierta, para luego a su vez hacer lo mismo con Tonks. Esto hizo que Tonks se enfureciese aún más, y sacudiese a Hermione por los hombros mientras le gritaba a la cara que era una maldita víbora venenosa.
Luna se intentó meter en medio para separarlas, pero Tonks la apartó. Los criados también habían venido, y no sabían que hacer: no parecía muy prudente sujetar a su señora, aunque también hiciesen lo mismo con Hermione.
Entonces Tonks empujó a Hermione al suelo, mientras la agarraba por el pelo con una mano, por el cuello con la otra, y ponía una rodilla sobre su cuerpo para no dejarla levantarse. No se había metido en una pelea física desde hacía bastante tiempo, cuando era una aspirante a actriz y tenía "malas compañías", pero descubrió que no había perdido aptitudes.
-Pídeme perdón ahora mismo por lo que acabas de decir, o te doy una paliza ¡Ya ves que no necesito mi apellido para hacerme respetar!
-¡No te voy a pedir perdón por nada, zorra asquerosa! –Dijo Hermione con cierta dificultad (la mano en el cuello apretaba bastante), mientras le arañaba la cara con todas sus ganas.
-¡Te vas a enterar, hija de puta! –Dijo Tonks, mientras le agarraba las manos a Hermione y se sentaba a horcajadas sobre ella. Hermione, mientras tanto, pataleaba e intentaba morder a su rival.
Luna se situó por detrás de Tonks, y sin hacer caso de sus protestas "no te metas, esto es entre nosotras", -decía ella- intentó agarrarla por los hombros y tirar de ella hacia atrás, con tan mala suerte que resbaló a consecuencia de los intentos de Tonks por sacudírsela, y cayó hacia atrás, golpeándose la cabeza.
Al darse cuenta de lo que había pasado, Tonks soltó a Hermione inmediatamente, y fue a ver qué tal estaba Luna, que se había quedado en silencio en el suelo, aturdida y frotándose la cabeza sin mucha fuerza.
Entre ellas dos y los criados la ayudaron a levantarse y la acostaron en un sofá. Tonks mandó a Winky traer un paño húmedo mientras buscaba el lugar del golpe removiendo su pelo.
-¿Te duele si te toco aquí, Luna?
-Claro que le duele si le tocas ahí, imbécil, -dijo Hermione.
-¿Te quieres callar? ¡Si no vas a ayudar, lárgate!
-Ni lo sueñes. No me voy hasta que sepa que mi amiga está bien, -replicó Hermione.
-¿Luna, ves mis dedos? ¿Cuántos dedos te estoy enseñando? –Preguntaba Tonks.
-Me estás enseñando la mano entera. De verdad que estoy bien, no os preocupéis por mí.
-Tranquila, Lunita. No pasa nada. Voy a ponerte el paño frío donde te has dado el golpe, -dijo Tonks, haciendo lo que había anunciado.
-Lo siento mucho, Luna. Todo esto ha sido nuestra culpa, -dijo Hermione.
-Más tu culpa que la mía, -apostilló Tonks.
-¡Eso no es verdad! ¡Has sido tú quien me ha pegado a mí, y ella se ha caído sujetándote a ti!
-¡Y tú has venido a mi casa a dar problemas! Estábamos muy bien sin ti ¿sabes?
-¡Por favor, dejad de pelearos! ¡Me duele la cabeza! -Dijo Luna más para que se callasen que por un dolor demasiado intenso.
-Vale, Luna, no pasa nada. No pasa nada, cierra los ojos y descansa, -dijo Tonks antes de besarla en la frente.
Hermione resopló, y Tonks la miró con odio.
-Kreacher, avise al doctor ¡Que venga de inmediato! Winky, quédese con Luna un momento. Voy a indicarle personalmente a Miss Granger el camino de salida de Grimmauld Place, -dijo Tonks mientras cogía a Hermione por el brazo y tiraba de ella hacia la salida.
-¡No hace falta que me empujes, ya me voy sola!
-Sí, vete ¡Y no vuelvas! A partir de ahora, cuando quedes con Luna, la vas a ver en la calle ¡No vas a volver a poner un pie en esta casa!
-Esto no ha acabado, -afirmó Hermione, retadora.
-Más te vale que haya acabado. La próxima vez que trates de perjudicarme no te vas a escapar, como ahora, -dijo Tonks antes de cerrar la puerta principal en la cara de Hermione. Todavía se quedó acechando desde detrás de la mirilla, viendo cómo Hermione se alejaba. Antes de salir de la vista de Tonks, se volvió brevemente para hacer un gesto muy vulgar con su dedo corazón hacia la puerta de Grimmauld Place.
"Descarada", dijo entre dientes Tonks mientras apretaba los puños, para luego volverse a ver cómo estaba Luna.
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El fin de semana transcurrió para Luna recibiendo los mimos y cuidados de una Tonks rebosante de culpabilidad. La había instalado en su cuarto, y allí se había trasladado ella, para hacer compañía a su dama de compañía. Los roles se habían invertido por completo, para diversión de Mr. Black y disimulado fastidio de Mr. Lupin.
-¿Estás cómoda? ¿Quieres otro almohadón?
-Estoy bien, y quiero levantarme. Me gustaría que diésemos un paseo, Tonks.
-El médico dijo que guardases un día de reposo antes de hacer nada. Te diste un buen golpe en la cabeza ¡Cuando te escuché caerte, creí que te la habías abierto!
-Me estoy aburriendo mucho aquí tirada, y me duele el cuerpo de estarme tan quieta, -suspiró Luna.
-Ponte bocabajo. Tal vez pueda hacer algo por ti.
Con cuidado, Tonks comenzó a masajear sus hombros, bajando hacia su espalda.
-Ya estás mejor ¿verdad?
-Sí. Ya no me molesta, mintió Luna. Se seguía encontrando incómoda, pero no quería que Tonks continuase tocándola, no porque no le gustase, sino precisamente por lo contrario. Había empezado a desear otro tipo de contacto físico con ella, y eso la perturbaba.
Este deseo, por otra parte, era por completo correspondido por parte de Tonks, que a duras penas podía reprimir la tentación de meter sus manos por debajo del camisón de Luna.
-¿Sabes que te huele muy bien el pelo, Luna?
-No me he echado perfume…
-Lo sé. Es tu olor natural. Es muy agradable.
-Gracias, -dijo Luna ruborizándose.- Tú también hueles muy bien.
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Luna se recuperó pronto. Pocos días más tarde ya estaba de nuevo haciendo sus funciones como dama de compañía, y le cepillaba el pelo a Tonks antes de acostarse. En esto, llamó a la puerta Mr. Black, pidiendo entrar al cuarto.
-Luna, querida, me gustaría tener un rato de intimidad con mi esposa. Te veo mañana en el desayuno, a no ser que quieras quedarte, por supuesto, -dijo Mr. Black guiñándole un ojo.
-¡Capullo! ¡No molestes a Luna! Buenas noches, Lunita, gracias por todo y que descanses, -dijo Tonks antes de besarla en la mejilla.
Mr. Black comenzó a masajear los hombros de su esposa mientras Luna abandonaba más que deprisa la alcoba.
-Espero que alguna vez llegue a acostumbrarse a mi sentido del humor, -dijo Mr. Black.
-Ponte en su lugar, Sirius. Ella no se siente libre para mandarte a la mierda, como seguramente le gustaría, teniendo en cuenta que vive en tu casa.
Mr. Black no respondió, y comenzó a besar el cuello de su esposa. Tonks sintió como se le erizaba el vello de placer, y cerró los ojos. Al poco rato ya estaban los dos desnudos en la cama, Tonks suspirando mientras su marido lamía y besaba sus pechos. Ella le preguntó si le apetecía una mamada, y él contestó que no tenía nada en contra, sino todo lo contrario.
Tonks se concentró en hacer un poco de presión con los labios y la lengua en la zona del glande, para luego introducirse el pene un poco más profundamente en la boca y lamer la zona situada justo por debajo. Entonces él, incapaz de aguantar más, cogió su cabeza con una mano y empujó hasta hacer que todo su miembro quedase dentro, para luego empujar de nuevo en la dirección contraria. Ella entonces se esforzó por seguir su ritmo, intentando hacer que todo aquel miembro quedase cada vez dentro de su garganta, aunque a veces sentía que le faltaba el aire y una sensación como de náuseas cuando llegaba demasiado dentro. Finalmente, él sacó su pene antes de terminar, y Tonks se limpió con una mano los hilos de saliva y líquido preseminal mientras tomaba aire.
Tras esto, él preguntó si le apetecía que la tomase como a un efebo, a lo que ella contestó que era una manera muy rebuscada de preguntarle si quería que la jodiesen por el culo. No obstante, estuvo de acuerdo siempre y cuando le permitiese a ella hacer luego lo mismo con él, con ayuda de cierto juguete que él ya conocía.
Así que usando un poco de aceite para lubricar tanto su miembro como el ano de su esposa, fue introduciendo de forma lenta el pene dentro de su cuerpo, hasta que estuvo bien metido hasta el final, y comenzó a moverse dentro de ella, primero muy despacio y luego incrementando de forma paulatina el ritmo.
Ella, mientras tanto, doblada sobre el borde de la cama, clavaba las uñas en el colchón a cada embestida, mientras notaba las manos de su esposo en torno a su cintura. No era exactamente doloroso, al menos no era solo doloroso, también se sentía excitada y notaba placer, pero sabía que tendría que masturbarse si quería conseguir un orgasmo. Pidió una pausa para cambiar de postura y ponerse a cuatro patas sobre la cama, teniendo así espacio para poder llegar a tocarse el clítoris con las manos, y muy solícito, su marido se ofreció a hacerlo por ella. Cuando terminó, lo avisó para que se diera prisa, y notando las últimas embestidas, más fuertes que las anteriores, no pudo evitar gemir mientras pensaba algo avergonzada que Luna debía estar escuchándolo todo desde su cuarto.
Luego intercambiaron los roles, y Tonks se ajustó una especie de arnés con un dildo de madera insertado, y repitió con su marido la operación de lubricar bien para evitar que el sexo fuera doloroso. Fue metiendo de forma lenta el dildo, hasta llegar al final, pero Mr. Black no aguantó mucho tiempo la sensación de ser penetrado por un dildo de madera, y empezó a quejarse de forma lastimera. Además, acababa de eyacular y no le apetecía tener sexo de nuevo, y aunque lo hubiese prometido, confiaba en que su esposa no se enfadaría porque no lo cumpliese.
-Sí, ya sé lo que habíamos hablado, pero entiende que no es lo mismo una de carne que una de madera, Dora, ¡esta duele! -dijo Mr. Black mientras contemplaba el artefacto tirado en el suelo.
-Vosotros dos siempre tenéis excusas para no cumplir vuestra parte, -dijo Tonks.
-Te lo puedo compensar. Puedo hacer algo más agradable para ti que dejar que me sodomices, sin que además tú sientas nada.
-No sentiré nada, pero es muy divertido, -dijo Tonks.
-No dudo que para ti sea divertido. Pero seguro que hay otras cosas con las que puedes divertirte más, -dijo él mientras le levantaba las piernas y se las echaba sobre los hombros, para a continuación comenzar a lamer su sexo, primero centrándose en los labios, para luego chupar el clítoris mientras acariciaba más abajo con los dedos. Cuando vio que estaba húmeda de nuevo, metió dos dedos dentro para masturbarla como a ella le gustaba, mientras no dejaba de acariciar con la lengua en su punto más sensible. Al poco rato ella había tenido su segundo orgasmo, intentando controlar los gemidos: se estaba arrepintiendo un poco de haber puesto a Luna en un cuarto tan cercano al suyo.
Al terminar, abrazó y besó a su marido, y ambos se quedaron un momento quietos y callados. Tonks tenía la cabeza apoyada sobre su pecho, y escuchaba latir su corazón mientras lo olisqueaba un poco: le gustaba su olor corporal.
-Hace días que quiero que hablemos de un tema, querida ¿Cuándo vas a arreglar la situación con Remus? Es incómodo tener que veros por separado, y francamente, echo de menos nuestros pequeños juegos de tres.
-Díselo a él. Yo no soy quien siempre está desapareciendo cada vez que algo no es de mi gusto. Ya me he hartado de recibirlo con los brazos abiertos cuando recapacita sobre esos arrebatos que le dan.
-¡Vamos, Dora, no seas rencorosa! ¡Él siempre ha sido así!
-Y yo siempre se lo he permitido. Pero ya me estoy aburriendo. No puede pretender entrar en mi alcoba como si nada después de hacerme un desprecio. Si tú se lo aguantas, allá tú, pero yo me estoy cansando.
-Dora… no nos podemos cansar de él. Al fin y al cabo, ¡es el padre de nuestro hijo!
-Y lo seguirá siendo. Pero puede seguir siendo el padre de Teddy sin entrar en mi dormitorio ¿o no? Y por cierto, me está molestando mucho que no intentes pasar el mismo tiempo con los dos. Cuando tienes que elegir, al final nunca optas por mí.
-Ese es tu punto de vista, aunque no te negaré que algo de razón puedes tener. Intentaré ser más considerado contigo, Dora. Pero tú también has estado entretenida, primero con Pansy y luego con Luna.
-¿Qué quieres decir con que he estado entretenida con Luna? Luna solo me hace compañía. Nunca la he metido en mi cama.
-Por ahora, -dijo Mr. Black con sorna.
-No la voy a meter en mi cama ¡Seguro que es virgen!
-Reconoce que te gustaría. Y no veo ningún problema en que sea virgen. Todos hemos sido vírgenes alguna vez, hasta que alguien nos ha tentado con los placeres de la carne. Estoy seguro de que tú serías muy suave y dulce con ella, mucho más de lo que eres conmigo, -dijo Mr. Black burlón.
-¡Por favor! ¡No podría hacer algo así! ¡Se aterrorizaría si intentase siquiera besarla!
-Dora, no me puedo creer que aún seas tan insegura a veces ¿No te has dado cuenta de cómo te mira? ¿O de cómo nos mira a nosotros? ¡Juraría que incluso está un poco celosa!
-Te lo estás inventando todo ¡Por favor! Luna me mira con afecto, de la misma forma en la que me miraba cuando estábamos en el colegio, y la defendía de matonas como aquella horrible Millicent. Simplemente se siente bien estando conmigo.
-¿También la has defendido de la señorita Granger? Kreacher me comentó que la maldita comunista había montado un escándalo tremendo, y ambas habíais acabado pegándoos como dos mujerzuelas, para que al final Luna se llevase la peor parte, por haberse metido en medio ¡Ojalá hubiese estado allí para verlo! ¡Me hubiese encantado veros a las dos revolcándoos por el suelo intentando haceros daño!
-¡Maldito Kreacher! ¡Me va a escuchar mañana ese grandísimo chismoso! Y por cierto, no nos pegamos: yo le pegué a ella, y le hubiese pegado mucho más de no ser por lo de Luna. Ella solo me arañó en la cara como una gatita. La muy estúpida.
-¿Vas a confesarte también de eso? ¿De haberle pegado a una rival?
-Ella no es mi rival. Por mí puede quedarse con Pansy para siempre, y respecto a Luna, se comporta con ella como su hermana mayor, la muy entrometida, pero no creo que quiera levantarle la falda. Y no sé si volver a ir a confesarme. Creo que el padre Snape piensa que soy un caso perdido, y tengo ya reservada mi plaza en el infierno ¡La última vez que fui, cuando acabé la confesión, se asomó y gritó preguntando si quedaba alguna zorra más que confesar!
-Culpa tuya, por volver a contarle tus cosas a ese amargado. La verdad, nunca entenderé ese lado de tu personalidad.
-El catolicismo es la única herencia que me dejó papá. Y al padre Snape lo conozco desde siempre, desde que era niña y me inventaba pecados más graves de los que tenía, para escandalizarlo. De todas formas, si me confesaba de un pecado venial, no me creía, así que me esforzaba en cumplir sus expectativas.
Ambos esposos se rieron, se dieron un beso de buenas noches y un pequeño abrazo, y después se volvieron para descansar mejor, rozándose por la espalda. No había falta de afecto en sus modos y maneras, solo la actitud relajada de los amantes que se conocen muy bien, y tienen la suficiente confianza entre sí como para valorar la comodidad por encima de la cercanía física.
Esa noche Tonks tuvo un sueño extraño: tras pegarse de nuevo con Hermione, y sujetarla en el suelo por las muñecas, en su sueño comenzaba a besarle el cuello, y notaba como la fuerza que hacía Hermione por soltar sus manos se aflojaba. Cuando ella se las soltaba, las manos de la joven la rodeaban acariciándole la espalda, para ella avanzar abriendo su vestido y lamiendo sus pezones. Podía sentirla cada vez más caliente y gimiendo bajito, como avergonzada de lo que estaba pasando. Luego metía la mano bajo su falda y comenzaba a satisfacerla a través de la abertura de sus pololos, mientras la señorita Granger le pedía más.
Despertó de golpe, y se dio cuenta de que estaba mojada y que había tenido un sueño erótico con Hermione. Estaba muy excitada, pero no quería despertar a su esposo y presionarlo para tener sexo de nuevo, de modo que intentando no hacer ruido, pensó en Pansy mientras se masturbaba. Pero al poco rato ya no estaba fantaseando en absoluto con Pansy, sino con ella misma abriendo el corsé de Luna y besando sus hombros y sus pechos. Al terminar, se quedó un rato quieta y con los ojos abiertos, pensando que su rubia compañera le estaba empezando a atraer demasiado.
Al sueño con Hermione le quitó importancia: Luna era la que se empeñaba en buscar significados ocultos a cosas absurdas. Un sueño solo era un sueño, y no significaba nada ni tenía ninguna trascendencia.
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El Lunes Hermione había tenido que presentarse en el trabajo con las huellas de la pelea con Tonks aún en el cuerpo. Lo más visible era un pequeño morado en la mandíbula, y la marca de unos dedos en el cuello. Esperaba que nadie se diese cuenta, no quería tener que explicar en qué circunstancias había ocurrido el asunto.
Pero al llegar allí, esa fue la menor de sus preocupaciones. Rita Skeeter pensaba pedirle un favor muy personal, y no estaba dispuesta a aceptar un no por respuesta.
-¡No pienso acompañarla a la fiesta esa de disfraces, señora! –Exclamó Hermione.
-Hermione, no te lo estoy preguntando. Resulta que mi acompañante me ha fallado, y no pienso ir sola. No te preocupes por el disfraz: corre de mi cuenta. Solo búscate una modista que te lo haga en cinco días, y preséntame la factura.
-¡Ninguna modista va a aceptar ese encargo con tan poco tiempo!
-Hermione, querida, ese no es mi problema: búscate la vida. Pero te quiero ver a las siete y media en punto lista y esperándome. Pasaré a recogerte por tu casa y todo ¡No me dirás que no me voy a comportar como todo un caballero! –Dijo Skeeter riendo.
-¡No tiene usted derecho a obligarme a ir a una fiesta, que además no tiene nada que ver con el trabajo!
-¿Y qué vas a hacer, montarme una huelga? Además, Hermione, no te conviene tenerme como enemiga. Por un lado, sé cosas tuyas, como dónde, con quién, y qué estuviste haciendo aquél día que se supone que estabas tan enferma, y por otro, estoy dispuesta a recompensarte por las molestias que pueda causarte ¡Esta puede ser la oportunidad que deseabas de pasar de secretaria a reportera!
-Que sabe usted ¿qué?
-Sí, niña. Te escuché por otro teléfono hablando con cierta señora acerca de jugar a las damas en su dormitorio ¡Qué sutil, la dama en cuestión! Ahora estás haciendo un número, pero ¡creo que te va a encantar la fiesta! Incluso puede que te encuentres con la dama: ¡Está invitada la flor y nata de la aristocracia!
X-X-X
Después de una semana de muchos quebraderos de cabeza para encargar y tener listo a tiempo el dichoso disfraz, Hermione Granger estaba lista, esperando en la puerta de su casa a que su jefa pasase a recogerla, como había prometido.
Se había puesto en contacto con Pansy días atrás, que se había mostrado reacia a hablar con ella: al parecer se estaba reconciliando con su maridito, y hasta querían tener un hijo. Pansy le agradecía los buenos momentos pasados en su compañía, y le prometía no olvidarla, pero le pedía que entendiese su situación.
Hermione nunca se había hecho muchas ilusiones con Mrs. Malfoy, pero a pesar de todo, notó correr una lágrima por su rostro cuando colgó el teléfono.
Y allí estaba ella, yendo a una fiesta que en realidad era algo así como una orgía, disfrazada de bruja. A su lado, Rita Skeeter vestía de mariposa, aunque más parecía un extraño escarabajo multicolor.
Las máscaras impedían ver las caras de los asistentes. Se había pedido expresamente que cubriese toda la parte superior del rostro, dejando libre solo la zona de la boca y el mentón. Era muy importante preservar la identidad de los invitados.
Pero Hermione hubiese reconocido a Pansy en cualquier lugar: no era solo su rostro, eran sus movimientos, su forma de andar, las medidas de su cuerpo, y por supuesto su voz. Llevaba un hermoso vestido verde de dama barroca, con un elaborado peinado, que en otra mujer hubiese quedado horrible, pero que a ella le favorecía. El guardainfante daba un aspecto peculiar a la falda, plana por delante y alargada hacia los lados, y lucía un generoso escote con los hombros al descubierto, que dejaba muy poco de su pálido pecho a la imaginación. A su lado caminaba un hombre haciendo juego con ella, pues iba de señor con peluca y apretados calzones por la rodilla. El caballero tenía todo el aspecto de haberse tragado un sable, y un rictus en los labios como de estar oliendo algo repugnante. Hermione supuso que no era otro que su marido el putero, al que ella había decidido dar otra oportunidad.
Enseguida Rita Skeeter perdió el interés en su compañía, y Hermione supuso que en realidad una vez dentro de la fiesta, en realidad le estaba estorbando. Se dedicó a espiar con discreción a Pansy, quien seguramente ni sabía que ella estaba allí.
Parecía que en realidad iba en serio lo de la reconciliación. La actitud que mostraba el uno con el otro era más que cariñosa, y pronto desaparecieron juntos corriendo, cogidos de la mano, como dos niños traviesos.
Hermione se sintió llena de amargura, e incluso empezó a arrepentirse de haberla dejado sola aquella noche en la que ella le pidió que la acompañase, o de su orgullo al negarse a tomar su dinero para subirse a un taxi que la llevase más rápido a su lado.
Había alcohol y drogas por todas partes, y Hermione, pese a que no estaba acostumbrada a ninguna de las dos cosas, decidió que por beber un poco no le pasaría nada. Tal vez más adelante en la noche probase algo más.
En ese momento hicieron su aparición tres caballeros: uno iba disfrazado de D'Artagnan, el otro de dios Jano, y el tercero de centurión romano.
Cuando parecía que ya no vendría nadie más, hizo su aparición otra pareja. Él vestía de dios Pan, con largas barbas de chivo y una impresionante cornamenta, y ella iba del personaje de Reina de la Noche de "La flauta dulce". Su vestido era vaporoso, en negro y azul oscuro, con pequeñas estrellas blancas brillando, y su pelo, largo, oscuro, y rizado, con algunos mechones blancos, le caía por los hombros suelto, apenas debajo de un velo muy fino en tonos azulados. Llevaba las uñas largas y pintadas también de oscuro. A Hermione le pareció que en sus manos, tan delgadas y blancas, casi parecían garras.
Ambos tenían porte de reyes. Las conversaciones se acallaron con su aparición, y la gente parecía rendirles pleitesía mientras avanzaban, salvo los tres caballeros que habían entrado anteriormente, que justo en ese momento se volvieron de espaldas, para hablar con un anciano disfrazado de Mago Merlín.
