Capítulo 5: Seguimos sin ser amigas
X-X-X
*Advertencias: Blackcest (toda esta historia lo es, pero aquí hay más), sexo en grupo, violencia, drogas, alcohol, y armas de fuego. Conversación de tema escatológico entre Tonks y Luna. También se insinúa que han ocurrido en el pasado abusos contra menores. Intento de violación.
No tengo intención de seguir por ahí (tengo la escaleta hecha). Habrá violencia, alcohol, drogas, crímenes, armas blancas y de fuego, y sexo explícito, pero no mucho más non- con.
*Como por ahora me estoy centrando mucho en la trama de Sirius/Remus/Tonks/Luna, el próximo capítulo será casi entero Pansy/Mione, salvo por una pequeña charla entre Tonks y Hermione.
X-X-X
-¡Qué sorprendente!, -Exclamó con sarcasmo Tonks cuando vio que Remus se perdía de vista con un joven disfrazado de hechicero.
-No te amargues, querida, al fin y al cabo a eso hemos venido, a divertirnos con gente diferente, -le recordó Sirius. – ¡Bailemos un vals!
-No me conviene bailar contigo, o todos se darán cuenta de que soy una mujer. Hasta ahora me ha ido bien, he tocado unas cuantas pechugas –dijo ella.
-A estas alturas da igual: están todos borrachos y drogados. Ahora harás algo más que tocar pechugas.
Durante el baile se cruzaron varias veces con otra pareja: ella iba con un vestido verde y azul con una cola con plumas de pavo real, y un tocado también de plumas cubría su cabeza. Él, vestía una túnica verde oscura y un turbante del mismo color con una esmeralda cubría su cabeza. A pesar de las máscaras, Sirius hubiese podido jurar que miraban una y otra vez hacia donde ellos estaban, e intentaban acercarse.
Tonks opinaba que era casualidad. Cuando terminaron el baile, en el que milagrosamente no había dado ningún traspié, ella se sentó un rato en un rincón mientras bebía whisky. No sabía por cuantas copas iba ya. La señora del vestido de plumas se sentó a su lado, y mientras Tonks intentaba localizar con la mirada a su marido, la señora le colocó una mano en el muslo. Ella la miró asombrada, aunque las máscaras impedían no solo que se reconociesen, sino que se comunicasen visualmente, por lo que no pudo descifrar qué quería. De todas formas, el detalle de la mano en el muslo era bastante significativo.
Entonces Tonks le miró el escote. Allí había buen material, sus pechos parecían suaves y tiernos, y tenía una bonita figura. No todos los días se le ponía a tiro una mujer como aquella. Había algo, no sabía qué, que le resultaba vagamente familiar en su forma de moverse, pero estaba muy borracha como para darle importancia. La otra dama también debía estarlo, si no, seguramente hubiese reconocido los movimientos torpes y las manos descuidadas de su sobrina, o al menos su voz cuando hablaron.
-¿Qué tienes ahí debajo? –Dijo Narcissa subiendo un poco la mano por el muslo. Normalmente no hubiese sido tan vulgar ni tan directa, pero estaba ebria, había consumido mucha cocaína, y además llevaba máscara: podía decir lo que le diera gana sin miedo a que mañana nadie tuviese mal concepto de ella.
-¿Qué te gustaría que hubiese debajo? –Respondió burlona Tonks.
-Nada que pueda causarme un embarazoso problema, pero parece que no va a ser así, -dijo Narcissa juzgando por su voz.
-En efecto no va a ser así, parece que estás de suerte. Aquí debajo no hay nada peligroso, -dijo Tonks riendo. -¿Te gustaría que buscásemos un sitio un poco más privado?
-Tengo un acuerdo con mi esposo. Debemos ir juntos. Tu acompañante se puede unir también, pero no puede gozarme.
-Podrá al menos tocar ¿no?
Al poco rato, Tonks había localizado a Sirius y los cuatro habían llegado a un acuerdo: las damas se divertirían entre ellas y ellos podrían acariciarlas, pero no acceder carnalmente al "sagrado lugar" de la esposa del otro. Lo del "sagrado lugar" era un invento de Lucius, por supuesto. Al escucharla, Tonks y Sirius volvieron la cara el uno hacia el otro, intentando ambos disimular la risa.
-Podemos divertirnos, pero con decoro. Al fin y al cabo, no somos gentuza chabacana y ebria de ginebra barata, sino gente de orden. Y por supuesto ¡nada de sodomía! -Exigió Lucius, para a continuación esnifar cocaína una vez más.
"Que se calle, por favor -pensó Tonks.- Al escucharlo hablar se me están quitando las ganas hasta de vivir. Me recuerda a tantos gilipollas que he conocido, que me da pereza incluso seguir respirando"
Se encontraban en un saloncito pequeño, y Sirius fácilmente atrancó la puerta colocando delante un mueble, con la idea de no ser interrumpidos. Cualquiera entendería al intentar acceder a esa habitación que en ese momento estaba ocupada.
Se quitaron las ropas, excepto las capuchas, los tocados o turbantes, y por supuesto las máscaras. La de Tonks era diferente, pues era doble, a ambos lados de la cabeza, aunque por la parte delantera había hecho que le dejasen libre la zona de la boca y el mentón, como todos los demás asistentes de la fiesta. Ahora sería muy útil esa precaución.
Tonks, que se dio cuenta de que la otra estaba de pronto un poco tensa (entre otras cosas porque había vislumbrado un arma de fuego entre sus ropajes), le cogió las manos para llevarla hasta un sofá, y comenzar a besar su cuello y escote. Sin la ropa puesta, pudo darse cuenta de que era una mujer entre los cuarenta y los cincuenta años, a pesar de estar muy bien conservada y tener un bello cuerpo.
-Tranquila, ¿nunca habías hecho esto antes?
-No con una mujer. La última vez que fuimos a una fiesta así, después tuvimos algunos problemas conyugales, y tomamos la decisión de que nunca más lo haríamos… luego pensamos que así, no habría tanto problema.
-¡Dijimos que nunca volveríamos a hablar de eso! –Exclamó Lucius airado.
-¡Por favor, aquí estamos para disfrutar, no para problemas familiares! –Protestó Sirius.
-Tócame tú también a mí, por donde quieras. Y dime si quieres que pare, si algo te incomoda, -dijo Tonks ignorando la discusión de los dos hombres.
Ambos miembros de la otra pareja eran hermosos y muy rubios. Tanto Sirius como Tonks pensaron que el caballero mejoraba estando callado.
Tonks empezó a acariciar el blanco cuello de la dama. Mejor ir poco a poco, pensó. Al mismo tiempo, sintió las manos de Sirius posarse sobre sus hombros e ir bajando hacia sus pechos, mientras ella pasaba a besar el cuello de su tía. Podía sentir el pulso latir justo debajo de sus labios, y probó a dar un pequeño chupetón, con cuidado de no dejar marca. La notó suspirar, pero no sabía si estaba disfrutando o si aún estaba un poco nerviosa.
Sirius se humedeció las yemas de los dedos para acariciar sus pezones sin hacer fricción. Tonks siguió bajando con los labios y la lengua hasta los pechos de Narcissa. Tuvo el reflejo de mirar su cara para ver si le estaba gustando, pero no vio nada: incluso las aberturas para los ojos eran demasiado estrechas como para intentar adivinar su expresión.
Notó el pelo de Sirius haciéndole cosquillas por detrás, mientras mordía sus hombros y a la vez apretaba sus pezones con suavidad. Sintió su erección rozándole a la altura de sus nalgas, y se volvió para sonreírle y darle un pequeño beso, momento que aprovechó Sirius para preguntarle al oído si le parecería bien que le dedicase sus atenciones a la rubia, mientras el rubio se las dedicaba a ella. "Sí, pero que se esté callado", le contestó ella en un susurro. Sirius no pudo evitar reírse antes de proponerlo en voz alta, sin la última parte, por supuesto.
Lucius no tuvo inconveniente mientras "a la hora de culminar el acto" cada uno lo hiciese con su esposa. Tonks sintió como el vello se le ponía de punta de asco con la palabras "culminar el acto"… hubiera sido tan fácil decir follar, meterla, o joder. Pero no, el rubio tenía que ser pedante hasta para hablar de sexo.
Ella le recordó a Luna. Se imaginó besando su cuello de la misma forma en la que lo hacía con aquella desconocida. Intentó imaginar su cuerpo desnudo. Probablemente sus pechos fuesen más pequeños, pero su piel más tersa.
De pronto sintió la mano de la mujer abrirse paso entre sus muslos para tocar su sexo, y se sobresaltó un poco. Todavía no estaba lista para ese tipo de caricias, y dudaba mucho de que la otra lo estuviera, pero no quería desairarla, así que no dijo nada, y siguió lamiendo los pechos de la otra para luego centrarse chupar sus pezones. Por detrás de la cabeza de la rubia podía ver ahora a Sirius besando su cuello de la misma forma en la que antes lo había hecho con ella. Al mismo sentía como el otro restregaba su miembro erecto contra su cuerpo, y se sintió un poco más excitada. Esta parte siempre era la más divertida.
Justo a tiempo, porque la inexperta mano de Narcissa estaba intentando masturbarla, haciéndole, sin querer, más daño que otra cosa. "Así no, hazme lo que yo te haga", dijo mientras se humedecía el pulgar y empezaba a acariciar su clítoris con suavidad y haciendo círculos. Por un momento se quedó pensando si había sido demasiado autoritaria. Con toda seguridad, la rubia no estaba acostumbrada a que le dijesen lo que tenía que hacer. Pero la otra le obedeció, preguntando si así estaba mejor. Como respuesta, Tonks le dio un pequeño beso en la boca.
Después de un rato de juego, acabaron tirados en el suelo, con Sirius teniendo sexo con una Tonks a cuatro patas que a su vez le hacía sexo oral a Narcisa, quien también a cuatro patas pero más incómoda, hacía lo mismo con su marido. Tonks se sintió muy satisfecha cuando tras terminar y retirarse los dos hombres, Narcisa se echó sobre su espalda con las piernas abiertas, ya sin preocuparse de complacer a nadie, y por fin pudo llegar al orgasmo. Se quedaron las dos juntas un momento, tiradas en el suelo y cogidas de la mano, hasta que se recuperaron un poco y tras agradecerse mutuamente los favores recibidos, se fueron cada pareja por su lado.
X-X-X
Mientras tanto, en otro piso diferente de la casa, Remus seguía muy entretenido con el chico que había encontrado antes, a quien tenía doblado sobre el brazo de un sillón mientras lo penetraba con entusiasmo. Los gemidos del chico indicaban que lo estaba pasando bien, aunque sus uñas se clavaban sobre el tapizado. En uno de los bruscos movimientos de cadera con que Remus lo sometía, la cabeza del chico chocó contra el otro brazo del sillón en un ángulo que hizo que la máscara se desprendiese, dejando al descubierto el rostro de Harry Potter, de quien Remus pensaba que aún estaba en Oxford estudiando Derecho.
Esto no desanimó a Mr. Lupin en sus embestidas, pero como compensación, él también se arrancó la máscara, para que el ahijado de Sirius no se sintiese en inferioridad de condiciones, aunque el muchacho, al reconocer al amante de su padrino, contrajo de modo involuntario el esfínter, lo que fue demasiada presión para el excitado Remus, que no pudo evitar eyacular dentro de su cuerpo en ese mismo momento.
X-X-X
Por su parte, Hermione había encontrado a cierta dama de porte majestuoso, con la que había bebido más de lo que podía soportar, y fumado algo de opio. Pero la dama había tenido la astucia de beber con moderación ella misma, y no fumar en absoluto, y en ese momento Hermione no se encontraba en pleno uso de sus facultades, y la otra la iba desnudando mientras tiraba su ropa por el suelo.
Hermione no había previsto nada de esto, pero lo aceptaba en parte porque se sentía demasiado adormecida como para negarse, y en parte porque era lo que se supone que habían venido a hacer a la fiesta. Ella no había deseado ir, pero ya que estaba allí ¿qué iba a hacer si no? De todos modos, la dama era muy atractiva y también en parte se sentía halagada de que entre todas las mujeres de aquella fiesta, la hubiese elegido a ella, con su ridículo disfraz de bruja.
La Reina de la Noche le había quitado la máscara a Hermione, sin haber ella hecho lo mismo. Ante las protestas de Hermione (aquello iba por completo en contra de las reglas), había acariciado su cara con sus largas uñas, y había elogiado su bonito rostro. Era una pena que estuviese tapado, dijo. Hermione se calló. Ya de todas formas daba igual.
Probablemente, todo hubiese sido muy distinto si no hubiese estado tan ebria. Había algo en los modales bruscos de aquella mujer que en el fondo le desagradaba, pero estaba demasiado mareada como para darse cuenta del todo o reaccionar. Pero todo fue a peor cuando apareció el dios Pan, a quien la dama se refería como Rodolphus. Él quiso unirse, a su esposa le pareció bien, y aunque Hermione no estaba de acuerdo, su opinión no parecía ser relevante.
Las quejas de Hermione no fueron bien recibidas, y ante los empujones y sacudidas con que la pareja pretendía someterla, ella comenzó a gritar, pero un par de bofetones la hicieron bajar el tono de voz. Ahora Hermione ya no gritaba, sino que lloraba bajito, con los labios apretados mientras Rodolphus intentaba abrirle la boca a la fuerza para obligarla a hacerle una felación.
Por suerte para ella, alguien había llegado a escuchar el ruido, y una voz tras la puerta preguntó si todo estaba bien. Ambos esposos guardaron silencio, pero Hermione intentó elevar más la voz, lo que le valió que Rodolphus le tapase la boca y la sujetase mientras la dama le chistaba indicándole que se callase. Por si sus palabras no eran bastante, le puso de modo amenazante la mano sobre el cuello, al mismo tiempo que le daba un fuerte tirón del pelo.
Mientras ellos permanecían en silencio, escuchó tras de la puerta fragmentos de una conversación. Dos voces, una de hombre y otra de mujer, discutían sobre si irrumpir en el cuarto aunque fuese echando la puerta abajo, o dejar de hacerlo. Al parecer el hombre opinaba que era meterse en algo que no les importaba, y que casi con seguridad no pasara nada extraño después de todo, simplemente alguien estaba teniendo sexo muy duro.
-Conozco esas voces, Rodolphus: ¡son la traidora de mi sobrina y el despojo humano de mi primo! – susurró Bellatrix a su esposo, antes de advertir a Hermione, también en susurros, de que no se le ocurriese decir nada de lo que allí había pasado, o se arrepentiría.
-Yo voy a entrar, Sirius. Tú haz lo que quieras. –Se escuchó tras la pared, antes de que varios fuertes empujones echasen abajo la mesita que había servido para atrancar la puerta, que cedió de pronto, dejando a Sirius, que a última hora había decidido ayudar, en un precario equilibrio y a Tonks en el suelo, ambos sin máscara ya, pues se la habían quitado mientras discutían si entrar o no.
Tonks miró asombrada a Hermione, a la que habían soltado, y que aún lloraba encogida, desnuda, y avergonzada.
-¿Hermione? ¿Qué coño haces aquí? ¿Y qué se supone que le estabas haciendo, arpía asquerosa? – Preguntó Tonks desde el suelo a su tía. Todo lo que había bebido pareció haberse esfumado: estaba muy furiosa y algo asustada, y con tanta adrenalina corriendo por su sangre que tenía que esforzarse en controlarse.
-¿Qué se supone que estábamos haciendo? ¡Estábamos divirtiéndonos, hasta que has llegado tú, a molestar, como llevas haciendo desde que naciste!
-Se ve que ella se estaba divirtiendo mucho. Vamos Hermione, levántate: nos vamos de aquí, -dijo Tonks mientras se levantaba y se sacudía la ropa.
Entonces Bellatrix hizo un rápido movimiento y sacó una pequeña pistola con el que encañonó a su sobrina, pero antes de que terminase, dos revólveres, el de Tonks y el de Sirius, la encañonaban a ella.
-No tiene sentido arruinar una fiesta tan bonita, prima. Podemos dejar nuestras diferencias por ahora, siempre que tú y Rodolphus dejéis irse a la chica, -dijo Sirius.
-Esto no acaba aquí, -dijo Bellatrix guardando su arma.- No os vais a salir con la vuestra. -Y por cierto: dadle recuerdos a Luna de mi parte. Sé que sigue en vuestra casa. Por ahora.
-¡Deja en paz a Luna! ¡Ella no tiene nada que ver en nuestros asuntos!
Bellatrix no dijo nada, solo sonrió de un modo extraño. Su marido fue más allá, y lanzó algo parecido a una risita nerviosa. Hermione, que mientras tanto se había levantado, intentaba torpemente recuperar su ropa. Mientras, tía y sobrina se miraban la una a la otra, como hipnotizadas. Tonks estaba tan pálida que su cara tenía un matiz verdoso, como si fuese a vomitar, y se le marcaban ojeras de las que normalmente carecía. La mano que sujetaba el arma temblaba.
-Eres muy injusta conmigo, niña. Tras la muerte de tus padres, yo te he criado. Te he enseñado todo lo que sabes. Todo. He hecho de ti una Black ¡Y así me lo agradeces, defraudándome una y otra vez, procurando perjudicarme en todo lo que puedes, y hasta sacándome un arma! Te aseguro que esto no va a quedar así: ¡la próxima vez que nos veamos, de una vez por todas te voy a enseñar a respetarme, aunque te haga llorar el resto de tu vida!
Bellatrix miraba a su sobrina como una serpiente a un ratón. Tonks había abierto la boca como para decir algo, pero se había quedado sin poder articular palabra: casi parecía incapaz de respirar. Bellatrix pasó a su lado, haciendo que sus hombros rozasen de forma intencionada. Tonks tuvo un visible escalofrío mientras se giraba para seguir encañonándola.
-Bien, Bellatrix. Si has terminado de amenazarnos, puedes volver a tu cubil. Tú también puedes irte, Rodolphus, -dijo Sirius, quien en ningún momento había bajado su arma, ni dejado de apuntar con ella a su prima.
Hermione había comenzado a vestirse, con torpeza, ya que, aun con miedo, seguía muy drogada. Los Lestrange abandonaron la habitación con el aire soberbio que les distinguía. Mientras, Sirius abrazó a su esposa, que por un momento dejó la mirada vacía y perdida antes de corresponder a su abrazo.
-Bueno, Hermione, -dijo Tonks, reaccionando por fin. Te vamos a llevar a casa, no te preocupes, allí hay habitaciones de sobra, y Luna te puede cuidar.
-¡Pero Dora! ¿No puede ser en un rato? ¡No podemos dejar a Remus solo, y ahora mismo no sé dónde está! Podemos acostar a la chica en un sofá hasta que se le pase un poco, y llevarla después ¡Sé razonable, querida!
-La llevaré yo. Vamos Hermione, tenemos el coche fuera, esperando. Tú quédate aquí, y yo enseguida vuelvo, -dijo dirigiéndose a su marido.
-¡No quiero ir allí!, -Exclamó Hermione, de forma entrecortada,- ¡No quiero que Luna se entere de esto! ¡No quiero que me vea así!
-Hermione, allí te podemos cuidar. No te puedes quedar sola: aún puedes vomitar y ahogarte.
-Encantadora imagen, querida, - dijo Sirius.
-En mi casa está Ginny, ¡Ella puede hacer eso!
Tonks se sintió compadecida: entendía un poco ese sentimiento de vergüenza de Hermione. Por otra parte, verla así pondría muy nerviosa a Luna. No había necesidad.
-De acuerdo, te llevaré a tu casa. Deja que te ayude a vestirte, -dijo Tonks mientras de hecho ya la estaba ayudando a subirse las medias y ajustarse los ligueros.
En el camino a la salida, con Hermione apoyada sobre Tonks, y esta que le pasaba el brazo por los hombros, se encontraron con Pansy. Ella conservaba su máscara, no obstante, Tonks la reconoció al instante, lanzándose una mutua mirada dura. Hermione no se percató, y Tonks tampoco comentó nada. No estaba en condiciones de preocuparla con otro tema que no fuera llegar a casa.
Tonks pidió a Hermione que le diera al cochero la dirección de su casa antes de ayudarla a subir al coche de caballos de la familia Black. Ellas se acomodaron dentro, mientras Hermione, que seguía bajo los efectos del alcohol y el opio, daba cabezadas. Tonks se sentó a su lado y le volvió a pasar un brazo por el hombro "échate aquí, en mi hombro: te despertaré cuando lleguemos", le dijo.
-¿Por qué me estás ayudando? Tú y yo no éramos amigas, -dijo con voz débil Hermione.
-Cállate. Seguimos sin ser amigas. De hecho me caes bastante mal. Ya hablaremos de todo esto, cuando estés mejor.
-No se lo cuentes a Luna, por favor.
-¿Tienes miedo de que Luna se entere de que eres vulnerable, como todas las demás, o qué?
-No quiero que sepa que soy tan tonta.
-No eres tonta. Esto podría haberle pasado a cualquiera. Sé que tú también hubieses hecho lo mismo por mí, aunque al día siguiente hubieses vuelto a mi casa a insultarme. Y no se lo contaré a tu amiga, no te preocupes. Por cierto… no llegaron a… Rodolphus no llegó a… bueno, ya sabes ¿No es posible que estés embarazada, verdad?
-No, no es posible. Él no llegó a hacerme nada, y ella, bueno, tampoco mucho. De todas formas… entonces a mí me parecía bien, más o menos, hasta que apareció él. Ahora me siento idiota, claro.
Tonks le acarició el pelo, suspirando. Parecía que iba a decir algo más, pero se calló. La apretó un poco contra sí en un abrazo, y volvió a dejarla para que se echase en su hombro. Hermione cerró los ojos apoyándose de nuevo en Tonks, quien miraba por la ventanilla las farolas de gas, que iluminaban tenuemente la noche, entre la neblina y una fuerte tormenta que se había desatado. En el reflejo de la ventanilla vio a Hermione, adormilada. Sentía un regusto amargo en la boca. Recordó haber tenido un mal presentimiento desde el momento en que había visto a los Lestrange aparecer en la fiesta.
El coche cruzaba Londres a poca velocidad: de noche no había mucho tráfico, pero la tormenta no ayudaba. Entre las anchas avenidas aparecían miserables callejas. Todas juntas convivían en una extraña amalgama, pero el barrio donde vivía Hermione estaba en las afueras. No era un lugar miserable como Whitechapel, pero era un vecindario donde vivía la gente que no podía costearse nada mejor.
Ella también había vivido en sitios así: de hecho tenía aún un apartamento vacío y cerrado en el mismo barrio, comprado con el dinero de sus primeros éxitos, tras los tiempos en los que se pagaba la cena actuando en un escenario. Aunque subirse a un escenario no era lo único que había hecho por sobrevivir, pensó mientras sonreía con cinismo.
El cochero las avisó de que habían llegado. Hacía bastante frío y el aliento de los caballos se convertía muy rápido en vapor. Le pidió a Hermione sus llaves, que por fortuna no había perdido, y entraron en el portal de aquél sórdido bloque de pisos, de fachada de ladrillo visto y paredes interiores sucias y desconchadas, intentando sortear los charcos del suelo.
A la pálida luz de gas del portal, Hermione le informó de que ella y Ginny vivían en la buhardilla. Había que subir seis pisos por una estrecha escalera. Tonks se arrepintió bastante de no habérsela llevado a Grimmauld Place a pesar de sus protestas, pero ya no tenía sentido volver.
-No me veo capaz de subir. Déjame aquí, no me va a pasar nada. Dormiré un poco, y mañana estaré mejor.
-No digas tonterías. Vamos a subir las dos agarradas, muy poco a poco y haciendo descansos en cada rellano. Antes de que te des cuenta estarás en tu cama.
Tonks fue a indicarle que se apoyase con la mano libre en la barandilla de la escalera, pero cambió de opinión muy rápido al ver que era inestable. "En la pared, Hermione. Eso es, y con la otra te agarras fuerte a mí". Hermione se quejaba mientras subían, a pesar de que Tonks estaba cargando con buena parte de su peso, y una señora en bata se asomó a una de las puertas para increparlas, llamándolas "putas borrachas". Tonks le ladró que se metiese en sus asuntos, y la señora desapareció rezongando. Así poco a poco, llegaron a la buhardilla donde ella vivía, y Tonks abrió la puerta con la llave.
-¿Hermione? -Preguntó Ginny un poco asustada al darse cuenta de que no venía sola. No tardó en reconocer a Nymphadora Black, bien conocida en "El Profeta" por los escándalos de su familia, su afición a ponerse pantalones, pasear en bicicleta, montar a caballo a horcajadas, su licencioso pasado y sus deslices del presente… y ahora también por su pelo rosa. Se acordaba de ella del colegio, trepando a un árbol o encaramada en el alféizar de una ventana, siempre dando la nota. Pero había cambiado mucho. Parecía hasta guapa, a su manera.
-Hermione está aquí. Le ha sentado mal algo de lo que comió en la fiesta. Yo soy Dora Black. ¡Y tú eres Ginny, me acuerdo de ti del colegio! ¡Apenas has cambiado!
-Yo también me acuerdo de usted. Una vez nos castigaron a todas por su culpa. Eso fue hace muchos años, pero la semana pasada le pegó usted a Hermione ¿Qué le ha hecho ahora? Esto no es una indigestión.
-Por favor, Ginny, no le he hecho nada. Pero de todas formas no es momento de discutir ¿Dónde está su cama?
Ginny la llevó a una cortina al fondo de única habitación que hacía de estudio, cocina, salón, y tendedero. Detrás había una única cama de matrimonio, deshecha y aún tibia, de donde debía haberse levantado hace poco la muchacha.
-¿Dormís las dos juntas? –Preguntó Tonks con media sonrisa.
A Ginny no le hizo gracia la pregunta. De hecho, no le hacía mucha gracia la señora Black. No había cambiado a mejor, en su opinión.
-La casa venía con los muebles puestos cuando la alquilamos. No podemos costearnos otra cama, y de todas formas, no cabría. No estamos amancebadas, si eso es lo que quiere insinuar.
-Por favor, no me des explicaciones, ¡ni que a mí me importara! –Dijo Tonks con frialdad, para disimular que se sentía algo avergonzada por haber sido tan indiscreta, mientras empezaba a descalzar a Hermione.
-Déjelo, ya puedo yo sola. Vuelva a casa, supongo que la estarán esperando sus dos maridos. Salude a Luna de mi parte, si es que ella se sigue acordando de mí. A lo mejor ya se cree de la aristocracia.
Tonks la miró boquiabierta. Sabía que no caía bien a mucha gente que ni la conocía, pero no solían ser tan hostiles con ella, al menos no de un modo tan abierto. Tampoco esperaba que el arreglo entre Remus, Sirius, y ella, hubiese llegado a los oídos de una secretaria de "El Profeta". Podría haber sido Hermione a través de Luna, pero no creía a Luna capaz de perjudicarla. Y a propósito de Luna, lo que más le asombró fue que se refiriese a ella en esos términos. Se sintió incluso ofendida por ella. Luna no merecía eso.
-Dale agua, ponla de lado, y no la dejes sola, porque puede vomitar y ahogarse. Y por la mañana, algo de comer le vendría bien.
-Gracias. Sé cómo cuidar borrachos.
-Toma, esto es suyo, -dijo Tonks sacándose la navaja de Hermione de un bolsillo interior del disfraz.- Se le cayó al suelo, y yo la recogí para que no la perdiera. Imagino que le tiene aprecio.
-Sí, se siente más segura con esto. Gracias, -dijo Ginny mirándola con duda ¿Por qué se estaría tomando tantas molestias Nymphadora Black por su amiga, con la que además no se llevaba nada bien? ¿Qué habría pasado en la fiesta? Hermione no solía beber, era casi abstemia. Ginny recordó que la había advertido sobre ir a la fiesta. No le gustaba aquello. El que Rita Skeeter se lo hubiese pedido tampoco la había tranquilizado, precisamente.
Cuando Tonks volvió a la fiesta, ya solo quedaban los últimos borrachos, y Sirius y Remus la esperaban con cara de frustración. No habló con ellos en el camino a casa, sino que se mantuvo encerrada en sus propios pensamientos. En un momento dado, Sirius le puso una mano en la espalda, de forma cariñosa, y ella se echó sobre su hombro. Remus disimuló un suspiro de fastidio que no pasó desapercibido para los otros dos.
X-X-X
Al entrar en casa, salió Luna a recibirlos. De forma más específica, a recibirla a ella. Quería ayudarla a cambiarse y cepillarle el pelo. Tonks le dijo que no hacía falta, y la mandó de nuevo a dormir, pero ella insistió. En realidad, más que preocuparse por su sueño, sentía un poco de pudor de desnudarse delante de Luna tras haber tenido sexo. Esperaba que no notase ningún olor raro, ni le hubiesen dejado ninguna marca en la piel.
-No tienes que hacer esto, Luna. Si necesitase tu ayuda, te despertaría, no lo dudes. Mañana vas a estar muerta de sueño, dando cabezadas mientras hablamos, -le regañó con suavidad Tonks, mientras la otra le cepillaba el pelo.
-En realidad no podía dormir. Estaba esperando que vinieras.
-¿Y eso, Luna? ¿Qué te ha pasado? ¡Tú sueles dormir como un tronco!
-Ha habido una tormenta durante parte de la noche. He tenido pesadillas y me he despertado con un trueno. Me recordó a la noche en que murió mi padre. Me puse a pensar en eso, y ya no pude dormir más. Y además, estaba sola en casa, bueno, no lo estaba, pero casi: Kreacher y Winky duermen en el ático, muy lejos de mi cuarto.
-Vaya. Lo siento mucho, Luna. Ahora dormirás mejor, ya no hay tormenta y estamos nosotros aquí.
Luna la miró como si quisiera algo y no se atreviese a pedirlo. Le pareció raro: Luna era muy dulce y cariñosa, pero normalmente tenía la lengua tan suelta como sus amigas.
-Dime qué te pasa, Luna. Estoy cansada. No vamos a jugar a las adivinanzas.
-¿Puedo quedarme a dormir aquí? No haré ruido, ni molestaré. De verdad.
Por segunda vez en la noche, Tonks se quedó boquiabierta. Eso era muy inapropiado, incluso viniendo de Luna. Por otra parte, tenía miedo de su propia reacción con ella al lado. Pero no quería decirle que no, y que no se atreviese a volver a pedirle nada más en el futuro.
-Está bien. Solo por esta noche.
Se tumbaron las dos de espaldas, bien arropadas hasta la nariz. En realidad lo que Luna le había contado a Tonks era verdad solo hasta cierto punto. No le había gustado la tormenta, ni quedarse sola en la lóbrega casa, pero no era una niña asustadiza. También era verdad que había soñado con su padre y la tormentosa noche en que murió, y se había despertado llorando, pero eso le pasaba de vez en cuando y ya estaba acostumbrada.
Lo que en realidad quería era simplemente estar en la cama con la otra. Siempre le había tenido afecto por haber sido amable con ella en su infancia, pero ahora ese afecto se estaba transformando en algo más. Deseaba estar con Tonks, y deseaba el contacto físico con ella.
-No te he preguntado por la fiesta. Qué poco considerada, se supone que tendría que ser amable contigo, e interesarme de forma cortés en tus cosas.
-No tienes que ser de ninguna manera. Me gusta cómo eres. Y la fiesta… bueno, ha habido de todo. En realidad no me apetece mucho hablar de la fiesta ¿Estás cómoda? ¿Quieres más almohadas? –Preguntó Tonks un poco por cambiar de tema.
-Estoy muy bien, gracias. Y gracias por dejarme dormir contigo.
-De nada, Luna. Yo también estoy cómoda contigo aquí.
En ese momento, llegaron una serie de gemidos de la habitación de al lado, acompañados por el rechinar de la cama y los golpes del cabecero contra la pared. Luna se volvió hacia Tonks, interrogándola con la mirada, y ella dejó escapar una risita.
-Siempre es así. A ellos les gusta. No te preocupes, todo está bien, pero no hables de esto con nadie, -dijo Tonks mientras le guiñaba un ojo.
-¿Pero cómo lo hacen?
Tonks soltó una carcajada. La inocencia y el descaro de Luna eran muy refrescantes.
-¿Sabes cómo lo hacen un hombre y una mujer, Luna?
-Sí, claro. No soy tonta ¿sabes?
-Hay muchas mujeres que no se enteran hasta su noche de bodas, Luna. Piensan que lo saben, pero no. A ver, dime cómo se hace, para que yo te crea.
-El hombre mete "su herramienta" en el sitio por donde la mujer hace pis.
-Bueno, no es exactamente el mismo sitio. Pero vale. La idea fundamental la has cogido. Pues dos hombres hacen lo mismo, solo que como les falta el agujero de las mujeres, lo hacen por detrás. Por el culo, -especificó Tonks, por si a Luna le quedaba alguna duda, mientras la miraba muy seria y asentía, con los ojos muy abiertos.
-¡Qué asco, deben sacarla llena de caca!
Tonks se volvió a reír. –Puede pasar, -dijo- pero no suele ser así. Además, el que recibe "la herramienta", como tú dices, puede tomar precauciones para que eso no pase.
-¿Qué precauciones? –Preguntó Luna con cara de asco.
-Ya te lo cuento otro día. Ahora vamos a dormir, Luna.
-¿Me vas a dejar dormir aquí más veces?
-Los días que duerma sola, no me importa. Pero creo que estarías más cómoda en tu propio cuarto, con tus cosas. Aunque esto es divertido. Es como estar de nuevo en el colegio ¿verdad?
-En el colegio, excepto Ginny y Hermione, nadie solía querer hablar conmigo. Esto es mejor.
-¡Qué mentirosa! ¡Yo hablaba contigo también!
-Sí, pero eras mayor que yo. No estuvimos mucho tiempo juntas. Me hubiera gustado estar contigo en clase, creo que hubiese sido divertido.
-Nah, te hubiese gastado bromas, y a veces mis bromas eran pesadas. Sin embargo, al ser más pequeña que yo, te libraste de eso. Por eso piensas que yo era divertida.
-¿Me hubieses gastado bromas a mí también? Creo recordar que solo se las gastabas a otras chicas con las que no te llevabas bien.
-Tienes buena memoria. No, no te hubiese gastado bromas. Pero de todas formas, te hubiese caído mal, y hubieses sido tú la que no hubiese querido ser mi amiga. Me acuerdo una vez que estaba en el dormitorio con las compañeras, y les conté una historia de miedo que me estaba inventando sobre la marcha. Ninguna de aquellas zorras pegó ojo en toda la noche, mientras yo dormía como un tronco, -dijo Tonks riendo.
-A mí me pasaba lo contrario. Yo no entendí nunca qué sentido tenía aquello. Qué motivos podían tener para fastidiarme siempre a mí. A veces fingía no darme cuenta, pero no era verdad. Sí que me daba cuenta.
Tonks le besó la mejilla. –Ya ha terminado –le dijo.- Nadie volverá a molestarte.
Y en ese momento, pensó en Bellatrix. Parecía que se había reconciliado con su marido, y ahora hacían sus travesuras los dos juntos. Y eran peores. Se habían crecido mucho al ver que nunca les pasaba nada.
Luna había sido su pupila durante años. Al parecer, Bellatrix era pariente lejana de la familia Lovegood, y se había mostrado muy dispuesta a hacerse cargo de su tutela cuando su padre falleció. Y nadie más se había interesado en cuidar de ella. "Debería haber hecho algo más", pensó Tonks. Pero de todas formas, en aquella época ella apenas tenía para subsistir. Y nunca hubiese podido quitarle nada legalmente a Madame Lestrange.
-Te has quedado muy callada, -dijo Luna.
-No es nada. Me he quedado en blanco un momento, solo es eso, -mintió Tonks. –Pero en su cabeza algo seguía dando vueltas. "Fue la sustituta. No me escapé de mi tía: dejó que me fuera porque ya la tenía a ella. No me casé con Mundungus hasta un año más tarde. Si ella hubiese querido, podía haberme buscado y obligado a volver", pensó atando cabos y recordando fechas.
Se rebulló en la cama sintiéndose llena de odio hacia su tía. "La tenía que haber matado esta noche. La pillé in fraganti, a ella y al asqueroso de su marido, y con testigos. Los tenía que haber matado a los dos. Tengo buenos abogados. No creo que me hubiesen condenado por ello".
Volvió a conectar con la realidad porque Luna le estaba acariciando la cara, preocupada. Le cogió la mano con suavidad y le sonrió. Luna la abrazó por sorpresa, y ella se quedó quieta por un momento, para luego corresponder a su abrazo. Cuando la soltó, se dieron las buenas noches y apagaron la luz.
Luna se quedó pensando que algo no le había contado Tonks. Se había quedado callada y muy seria de repente, parecía una persona distinta por completo. Procuró quedarse muy quieta en el filo de la cama, para no molestarla. Quería hacer méritos para que ella la dejase quedarse más veces.
Al cabo de un rato se quedó dormida, pero la despertaron unos suaves ronquidos justo en su oído, mientras una mata de pelo más duro que el suyo le hacía cosquillas en la cara. A pesar de tener casi toda la enorme cama para ella, Tonks se había movido dormida hasta donde Luna estaba, y había acabado echando la cabeza contra su hombro, como solía hacer cuando dormía acompañada. Se apartó su pelo con cuidado de no despertarla, y Tonks hizo un ruido dormida al notarlo. Se estuvo quieta entonces, y la otra siguió durmiendo sobre su hombro. Ahora las dos estaban juntas, y notaba su calor y su cuerpo rozándola por debajo del camisón y las sábanas. Luna se volvió a quedar dormida pensando con envidia en Pansy.
