CAPITULO 10
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Magnolia es muy pequeña, ridículamente pequeña, probablemente Ultear si conociera las circunstancias se hallaría carcajeando de gozo.
Pero no estaba allí. Con el corazón latiendo con intensidad cerró sus ojos unos instantes para ignorar el temblor de sus manos sujetando su pequeña libreta, tomó aíre y luchó por mantener la compostura.
—Sea bienvenida—módulo Natsu, para su fortuna sus primeras palabras sonaron serenas y creía que su rostro transmitía esa misma sensación. Escuchó el movimiento de Gray, quien impresionado por la actual coyuntura reaccionó escapando de su estado inerte.
Lucy intentó evitar desenmascarar su asombroso, jamás creería que Dragneel trabajaría en la cafetería de su primo, debía ser una despiadada broma, agitó su cabeza dando unas silenciosas gracias por el recibimiento y vagamente buscó a Jellal con la mirada.
Fernandez permaneció ensimismado por la sorpresa tan grata de verla allí que pasó por alto la reacción incómoda de los tres estudiantes, se apresuró hacía ella y la abrazo con afán.
—Niña ¿te das cuenta del tiempo que paso?—vacilante la muchacha correspondió sinceramente el abrazo, sus finos dedos presionaban la espalda del peliazul—debes estar agotada, toma asiento—en cuanto se deslizó del contacto se percató que sus dos meseros observaban fijamente la escena.
Tuvo la intención explicar la condición de los eventos ocurridos, pero la campana volvió a sonar, está vez con un grupo de alumnos, en pocos segundos la hora punta del negocio comenzaría.
Natsu y Gray simplemente intentaron esquivar algún tipo de contacto con Lucy pasando de ella para encaminar a los alumnos hacía las mesas y tomar órdenes.
— ¡Son nuevos! ¡Mira mira Yui!
—Es ciento. Hace una semana vinimos y no estaban ustedes ¡es un placer!
Complacido agradecieron internamente haber recibido las advertencias por parte de Jellal y Erza, no fue una sorpresa que aquel grupo de chicas fueran tan efusivas con la noticia de los nuevos meseros. Gray se encargó de aquel grupo mientras Natsu trabajaba con un par de muchachas que ingresaron segundos después.
—Jellal yo...—el movimiento constante de los presentes la cohibió a tal punto que emitía ojeadas cautelosas a su alrededor—quería saber si estabas enterado sobre lo de Jackal.
—Vino hace unos minutos atrás—su voz paso inadvertida para cualquier curioso ocasional.
—Se atrevió—mordió su labio inferior con el ceño fruncido, no esperaba que llegará a la cafetería tan rápido. El peliazul le sonrió con amabilidad y negó con su cabeza para ayudarla a tomar asiento.
—Luego hablamos sobre ese tema—interrumpió—Natsu, por favor toma la orden de Lucy—solicitó el jefe, antes de dirigirse a la barra la miró—disculpa si me ausento unos minutos, Erza debe necesitar ayuda, ah, Natsu se encargará de tu pedido.
Podía haberle pedido a Gray aquel favor, claro que si, después de todo Fullbuster se encontraba a una mesa de ambos atento a una próxima necesidad por parte de los clientes, no obstante, la vida lo detestaba a tal punto que lo estaba poniendo a tambalear frente a una tortuosa prueba.
Evitó avizorar hacía la nada con sus pensamientos enredados entre sí, era la compostura ante todo. Estaba seguro que podría transmitir sus deseos por dejarla atrás definitivamente. Por más que el delicado perfil de Lucy a su juicio fuera precioso se asentó frente a la mesa desencadenando el propio sonido de su bolígrafo de punta retráctil.
—Su orden, por favor.
Lucía irreal a tal punto que se sentía flotar como en sus sueños, para su pequeño malestar Lucy volteó pensativa y con sus grandes ojos lo examinó por un largo rato.
—Señorita—avisó el pelirrosa.
Ella dejó escapar un pequeño sonido como disculpa e inmediatamente sus finos dedos se trasladaron sobre las prolijas letras del menú.
—Veamos...solo voy a querer un café con Salsa de Chocolate-Moka Latte—expresó extendiendo su brazo para entregarle el menú.
Envidiaba la tranquilidad que mostraba Lucy ante él. Terminó de escribir el pedido y retuvo el menú antes de sentirse inevitablemente traicionado.
Consideró que era un ser sin importancia ya que ella no se mostraba turbada por lo ocurrido. Bueno, tiene a Loke, desganado fue directo con Jellal para entregar el pedido.
El murmullo de los presentes acompañado del sonido de sus tazas y demás utensilios logró relajarlo un instante.
Gray se acercó inquieto por su estado actual, jugueteaba con el borde de su libreta a la vez que se inclinaba para quedar a la altura de su amigo.
— ¿Cómo va todo?
—¿Cómo debería estar? ¿Puedes creerlo? Vino como si nada—la observó nuevamente, Lucy permanecía con la mirada fija—todo marchaba bien, ni la recordé durante el día de ayer, solo su nombre paso por mi cabeza antes de dormir, pero es normal ¿no?
—Es parte del duelo, lo es. Es normal.
—Y ahora esto—sus hombros se relajaron un instante, hablar le producía bienestar.
Gray rascó su mejilla avergonzado, su plan era que se mantuviera lo suficientemente ocupado para de a poco desplazar a Lucy.
—Podemos dejar el trabajo, estoy seguro que por la zona hay más cafeterías. Luego de terminar todo hablaríamos con Erza y Jellal.
Tentadora propuesta, lo meditó el tiempo suficiente como para negar con su cabeza para sorpresa de Fullbuster. Era cierto, tenía la potestad para escapar en ese momento, sin embargo, estaba seguro que mantenerse firme era parte de su reto personal. La presencia y el vínculo de Lucy con su trabajo le causaba conflicto. Pero no se retiraría. Debía exponerse ante ella las veces que sean necesarias para adquirir la naturalidad de la ruptura.
—Trabajemos aquí, es muy cómodo y dudo que los jefes sean tan amables como Erza y Jellal.
—Tienes razón, tuvimos buena fortuna.
—Ya prometimos trabajar dando lo mejor.
—¡Disculpe! ¡la cuenta por favor!
—¡Ya voy!—Gray le asestó unas palmadas contra la espalda a Natsu y sonrió alejándose—da lo mejor también.
Natsu se mantuvo atento a los pedidos de los clientes, en pequeños momentos sus ojos viajaban curiosos a Lucy, paciente y con la mirada entre la nada aún esperaba su pedido.
Luego de un par de minutos Jellal se asomó desde su lugar para llamar la atención del pelirrosa, intrigado por la misteriosa sonrisa en el rostro de su jefe se acercó dispuesto a aceptar las siguientes órdenes.
—Solo quería avisarte que el pedido de Lucy estará en unos minutos—habló limpiando sus manos— ¿es muy linda, no?
—Ah. Así es—tal vez Jellal estaba tan emocionado con la presencia de Lucy que no se percató de aquella cortante respuesta.
—Lucy, fue como una niña. Siempre fuimos tan cercanos.
Abandonó sus sentimientos personales para enfocarse en el semblante de Jellal, sus palabras se tornaron suaves pero teñidas de nostalgia, estuvo al lado de su padre lo suficiente para aprender a diferenciar dos tipos de miradas nostálgicas, las nostálgicas que todos tenían alguna vez con el latente deseo de tener la oportunidad de revivirlas y las miradas nostálgicas tristes, mucho recurrían hacía esos recuerdos con el fin de comparar sus realidades o quererse tan poco como para añorarlas por más que despertarán el más terrible dolor.
Jellal poseía una combinación de ambas, le basto solo unos segundos para discernir que entre Jellal y Lucy una historia se escondía y probablemente era gris.
—¿Cómo estás?—preguntó con ansias culposas por ver algo más.
Jellal evadió sus pensamientos y le sonrió para alejarse de la barra.
—Muy bien, mejor que ayer lo estoy—fue suficiente para confirmar sus sospechas—espera un segundo traeré el pedido de Lucy.
Suspiró en su lugar y cruzó sus brazos, la volvió a mirar y le pareció tan distante, era imposible concebir algún vestigio de su estado emocional o tal vez de lo que pensaba. Incluso cuando dejó su pedido sobre la mesa ella solo se limitó a agradecer sin mirarlo directamente.
—Gracias.
—Jellal me aviso que pronto vendrá a verte—explicó con cautela, esperó alguna reacción diferente, pero fue un solo movimiento el que ella efectuó. No había nada que hacer, abandonó la mesa sin antes retroceder al creer escuchar algo por parte de Lucy, sin embargo, ella estaba ya degustando su café, era imposible que ella buscará decirle algo más.
Estaba algo cansado, no obstante, ver a los clientes abandonar el local satisfechos mitigaba parte del cansancio. Gray estaba sentado en una de las mesas con las piernas abiertas y dándose aire con uno de los menús.
—No pensé que esto agotaría—murmuró, Natsu asintió en su lugar y continuó deleitándose con el vaso de limonada rebosante de hielo—por cierto, estoy algo intrigado, Jellal habló con Lucy demasiado, ah ¡lo siento!—el pelinegro se cubrió la boca por sacar a Lucy en la conversación, dio gracias a su Dios porque Erza y Jellal no se hallarán cerca.
—No te preocupes...también tengo preguntas—admitió con vergüenza.
Era inevitable, cuando el local estuvo ocupado por pocas personas Erza y Jellal se sentaron en la mesa con Lucy y pasaron alrededor de una hora hablando. La rubia en variadas ocasiones levantaba la voz claramente furiosa y sus gestos ávidos por desconocidos sentimientos pasionales emanaban de ella.
A pesar de haber pasado una gran jornada laboral, ver a Lucy significaba la crueldad de su suerte, en su primer día para rematar. No obstante, Natsu tuvo que ver salir a Lucy de la cafetería para recapacitar si el día fue realmente terrible, era cierto que no deseaba verla pero había dejado de lado el hecho que incluso eran compañeros. Erza tan curiosa como era de costumbre comentó vagamente mientras esperaban a que Jellal saliera de la cocina.
—Me percaté que Lucy tiene el uniforme femenino de el mismo que ustedes llevaron hace días—fue imposible no percibir la intriga de la pelirroja.
Como era de costumbre Gray se adelantó a dar explicaciones.
—Ah, sí. Lucy es nuestra compañera de aula.
Erza achicó sus ojos y ladeo la cabeza mirándolos admirada, inmediatamente sus dedos atraparon uno de sus mechones rojos y comenzó a jugar con las puntas.
—Ya veo—susurró—al parecer a pesar de eso, no son cercanos.
—No, no lo somos—acompaño Natsu desviando su mirada, supuso que probablemente Gray estaba esperando para dar el siguiente paso.
—Es una lástima.
Aquello fue tan extraño, Natsu al llegar a su departamento aún experimentaba todo lo ocurrido tan vivo. Tenía historia al día siguiente y no encontró mejor forma de distraerse que leyendo hasta las dos de mañana sobre la independencia de Magnolia.
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Despertó con el tono de unas campanas acompañadas de unos brillos, estiró su mano y sujetó su celular creyendo que probablemente era su madre pidiendo el reporte del día. No obstante, ver el nombre de Lisanna lo despertó por completo, se reincorporó y dejó caer sus sábanas. Ella lo estaba esperando fuera de su edificio.
El ascensor ese día se hallaba especialmente lento, saludo a sus vecinos y al llegar a la primera planta corrió sujetando su mochila. Lisanna estaba parada frente a un poste con la mirada perdida en la pantalla de su celular.
—¡Lisanna!—la joven albina elevó su mirada y guardó su celular para levantar la mano en un tímido saludo—es bueno verte.
No se exasperó cuando Lisanna permaneció observándolo durante un minuto en silencio, le era extraño volver a verla luego de unos días, la acción de su amiga lo tomó por sorpresa que retrocedió un par de pasos cuando se inclinó frente a él.
— ¡Perdóname! ¡Me porte muy mal contigo!
—Vamos, no digas eso. Lisanna no tienes que hacer eso, por favor.
La albina por fin lo miró a los ojos aún con deseos de llorar, sin contenerse más le dio unos golpes amigablemente sobre su cabeza como cuando eran unos niños.
—Nunca me enojaría con mi amiga. Discúlpame a mí por no pensar en tus sentimientos.
—Tonto, es mi culpa por hacerte sentir mal. Fue algo mío sentir algo por ti. No es tu culpa y no debes cargar con eso.
Sinceramente le sorprendió la actitud tan positiva de Lisanna, ambos emprendieron el camino como antes, no obstante, no podía pasar por alto mirarla de reojo, esa mañana presintió que Lisanna le dio una lección, no comprendía muy bien cual era, pero ansiaba recordarlo en el futuro.
Se pusieron al corriente de lo ocurrido, durante sus días ausentes se mantuvo ayudando a Mirajane en su restaurante además de que pasó más tiempo con Sting, un vecino al cual conocía él también desde su infancia. Agradecía que Lisanna haya pasado unos días tranquilos.
—¿Cómo estás con Lucy?
—Olvida lo de Lucy—aclaró firmemente, ignorando la persistencia de Lisanna, él continuó caminando deseando que no preguntará más.
— ¿Qué? ¿Por qué?
Natsu soltó un bufido mientras cerraba sus ojos y lanzaba un quejido.
—Simplemente no funciona. Listo, por favor no preguntes más.
No deseaba poner a Natsu de mal humor, así que se conformó con aquella ambigua explicación. Para ella las cosas cambiaron en poco tiempo, Natsu no solo evitaba cualquier contacto visual con Lucy, quien ahora solo permanecía callada con la mirada fija en los paisajes de Magnolia sino que Gray se acercaba a él amistosamente, su llegada no fue impedimento para pedirle a Bisca cambiar de lugar. En una ocasión golpeó su cabeza contra su pupitre sospechado que seguía soñando.
— ¡Rayos! ¿Estás bien?—preguntó Gray presuroso. Strauss asintió aún anodada.
—Ustedes... ¿amigos?
Gray lo afirmó con un gesto y abrazó repentinamente a Natsu evitando así que por más que el pelirrosa se resistiera no se alejará.
—Grandes amigos.
—¡Gray suéltame!
—¡Claro que no! Eres mi amigo y tengo derecho a darte todos los abrazos que quiera.
—Que viene el profesor ¡Suéltame!
—¡Jamás!
El profesor Wakaba ingresó al aula con unas llamativas ojeras, permitió que su maleta cayera sobre su escritorio estrepitosamente antes de pararse frente a todos y hablará con una voz rasposa.
—Buenos días, alumnos—los presentes devolvieron el saludo y esperaron alguna especie de comunicado—como saben estamos... ¡Gray! ¡Suelta a Natsu!
—¡Bien!—acompañado por las risas del salón el pelinegro liberó a Natsu.
—Bien cómo iba diciendo. Dentro de un mes se celebrará el cincuenta aniversario del instituto de Fairy tail. En este evento Fairy Tail abrirá sus puertas al público para que admiren la obra y su compromiso con la educación—el profesor fue hasta su escritorio y sacó unas hojas—les entregaré la siguiente ficha en donde cada uno pondrá a tres potenciales encargados del salón, escribirán sus nombres y el porqué.
El salón se quedó en silencio por diez minutos, todos se lanzaban pequeñas miradas y escribían en sus lugares, al parecer los favoritos para ocupar el puesto eran Freed, Levy y Gajeel.
—Muy bien, la siguiente semana traeré los resultados y comenzaremos a hablar de los preparativos.
La clase de geografía fue más normal de lo que todos esperaron, estaban repasando los últimos temas antes del examen de unidad, por lo tanto muchos luchaban por llenar sus cuadernos de apuntes con datos que consideraban importantes.
Lisanna se acopló muy bien en la relación naciente entre Natsu y Gray, nadie en su sano juicio le diría que ambos se llevarían bien luego de aquel altercado, la vida era demasiado impredecible. Las horas en el instituto transcurriendo como todos los demás días. La luz del atardecer estaba comenzado a bañar gran parte del edificio y a todos los estudiantes.
—Estoy segura que será muy divertido dar la bienvenida a los de afuera—comentó Lisanna.
—Puede que sí, mientras no me den un gran trabajo estoy satisfecho—el pelinegro suspiró, probablemente le pedirían que presenté alguna demostración del club de Básquet.
—Gray, Gray acepta tu destino—aclaró Natsu.
—¿¡Acaso no te das cuenta de la presión de hacer tus jugadas mientras te miran!?
—Gray—el peligrosa comenzó a reír apuntándolo con una clara diversión—¡Eres un idiota! ¡Se supone que la gente te mirá mientras juegas!
—¡Pero no de esa forma!
—¿Qué forma?—la albina se asomó intrigada, por el contrario Gray se abrazó a si mismo con un fingido victimismo.
—Lujuriosa.
Natsu estalló a carcajadas y se lanzó contra Gray desestabilizando su equilibrio. Ambos cayeron al suelo en cuanto Lisanna pegó un pequeño grito.
Los demás alumnos deberían estar riendo por ese nuevo espectáculo, sin embargo, la albina notó que todos susurraban y miraban directamente a la entrada. Los tres continuaron caminando aunque Natsu y Gray forcejeaban en el trayecto. Todos se juntaban en un punto, especialmente en la primera esquina de la cuadra donde se ubicaba el instituto.
—¡Debía suponer que estabas con esta zorra!
Natsu dejó de forcejear y distinguió que quienes llamaban la atención eran nada menos de Lucy y Loke.
—Oh, rayos—farfulló Gray, por más que los alumnos estuvieran rodeando la situación ellos tenían visión de lo que ocurría.
Loke no parecía saber lidiar con ese escándalo, Lucy estaba contra el muro siendo acorralada por una mujer de cabello verde ondulado, la señalaba con tal desprecio que parecía que en cualquier momento se lanzaría contra Lucy.
—¡Karen basta!—exclamó Loke sujetándola de su brazo, en ocasiones miraba a los espectadores exasperado.
—¡No me digas como actuar! ¿¡Qué hacías con ella!?
—¡Qué es mi amiga! ¡Entiende!
—¡Ja, amiga! ¡Me quieres ver la cara de estúpida!—inmediatamente la mujer volvió a dirigirse a Lucy—¡debería darte vergüenza! ¡Contéstame, maldita!
Natsu distinguió la mirada sin luz de Lucy, no se inmutaba ante los gritos de esa mujer, no parecía interesada en defenderse ni mucho menos en mirarla. Estaba ausente en su propia condena.
—Dios mío, debe ser una error de esa mujer—comentó Lisanna, ante el silencio de Gray y Natsu se preocupó por avanzar—deberíamos ayudarla, están ventilando algo tan delicado.
Lucy por un instante reaccionó y alzó su mirada, desde su posición no le fue imposible ver a Natsu, Gray y Lisanna, tal vez fue imaginación de Natsu, pero vio en sus ojos por un momento un inmenso dolor y bochorno, hubiera indagado más si ella no hubiera apartado sus ojos de él.
—No es buena idea—respondió Gray al apartar su vista de aquello.
—Pero...es nuestra compañera—la muchacha no era partidaria de tales actos, en un principio Lucy no era de su agrado, pero no le desearía jamás algo así—¿Natsu?
El pelirrosa tuvo muchas ganas de intervenir y defenderla con tal de verla a salvo, no obstante, descubrió que nada le obligaba a hacerlo. Se limitó a concebir que defender a Lucy era contraproducente para su estabilidad.
—No—sentenció él para retomar el camino seguido por Gray.
Solo Lisanna se quedó unos segundos más, le preocupaba aquel repentino cambio. Vislumbró nuevamente a Natsu y Gray alejarse, resignada también los imitó, no sin antes pensar que era un hecho irrevocable que las cosas habían cambiado, su intriga solo resonaba en cuanto sería el tiempo. No era la indicada para meterse en aquel asunto, se distanció de aquel grupo de alumnos, de los gritos de Karen y de una Lucy claramente vacía.
