Capítulo 6: Una pequeña charla

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Advertencia: Sexo explícito, se mencionan las drogas y el alcohol. Hábitos de higiene del XIX (no es que los personajes sean guarros). Esa parte me ha encantado.

*Al final no me ha salido tan Pansy/ Mione como quería. Intentaré redimirme en siguientes capítulos.

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Cuando Luna notó que Tonks intentaba despertarla, el sol ya se filtraba a través de las cortinas del dormitorio. Ella se quejó, se dio la vuelta, e intentó seguir durmiendo, pero Tonks dijo algo así como "de eso, nada", y empezó a hacerle cosquillas. Al principio, Luna intentó apartarse mientras reía, pero luego pasó a contraatacar atrapando uno de sus pies con una mano e intentando mortificarla con la otra. Tuvo el efecto previsto por Luna, y la otra no tuvo más remedio que reír hasta que consiguió soltarse a tirones. La miró con los ojos brillantes, mientras le decía que se iba a enterar, y aunque Luna intentó quitarse, no pudo evitar que Tonks la atrapase en un abrazo para hacerle cosquillas en el cuello.

-¿De verdad te hubiese gustado ser mi compañera de clase, Luna?

-¿Les hacías cosquillas a tus compañeras de clase?

-Y cosas peores, -dijo Tonks riendo.

-No me extraña que Minerva McGonagall te tuviese tanto cariño, -dijo Luna entre risas entrecortadas.

-Di que te rindes, y te suelto. Pero vas a tener que hacer hoy todo lo que yo te diga, sin rechistar, -dijo Tonks con aire risueño.

-¡Siempre hago todo lo que me dices sin rechistar, para eso me pagas!

Tonks la llamó deslenguada, y siguió haciéndole cosquillas por el cuello, las axilas, la cintura… hasta que se dio cuenta de que el camisón se le había movido demasiado sobre uno de sus hombros, dejando uno de sus pequeños pechos al descubierto. Con cuidado colocó de nuevo el camisón en su sitio, pero el borde del cuello abierto rozó el pezón, que se endureció antes de quedar tapado de nuevo, mientras Tonks hacía contacto visual con la joven.

Luna hizo un pequeño ruido gutural, y Tonks volvió a abrazarla, ya sin hacerle cosquillas y un poco avergonzada. Le había parecido un gemido de excitación, pero un momento después le parecía estar imaginándolo todo, y se sintió como si ella estuviese aprovechándose de las circunstancias para molestarla. Pero entonces Luna se dio la vuelta, y sin vacilar le cogió el rostro, y la besó en la nariz. Tonks aún estaba sonriendo mientras le acariciaba el pelo, cuando Luna se decidió y volvió a besarla, esta vez en la boca.

Al principio fue casi más un choque de labios que un beso, y Tonks se quedó perpleja a pesar de lo mucho que había fantaseado con ese momento, pero luego Luna volvió a colocar sus labios sobre los de la otra, y metió la lengua para despegarlos. Tonks se retiró para comentarle preocupada a Luna que aún no se había lavado los dientes, pero Luna ignoró su comentario para volver a acercar sus labios a los de ella, y esta vez Tonks se lanzó también a la boca de la rubia, metiendo su lengua y buscando jugar con la de Luna.

Cuando a las dos les faltó el aire, Tonks comenzó a besar la línea de su mandíbula para bajar a su cuello, y Luna volvió a gemir. A ella ya no le quedó ninguna duda de que estaba excitada, y mordió con suavidad su garganta, para luego lamer la zona. Pero Luna era de nuevo más audaz de lo que ella había pensado, y le pidió que le hiciera un chupetón. Tonks bajó hacia la zona que quedaría cubierta con el alto cuello del vestido de Luna, y allí chupó y besó luego la zona amoratada. Luna había vuelto a gemir, con los ojos cerrados y los labios entreabiertos.

-Házmelo tú también a mí-, pidió Tonks exponiendo su cuello. Luna mordió sin preocuparse por donde lo hacía, y Tonks se estremeció de placer, aunque el mordisco había sido tal vez un poco bruto. Luego vino el chupetón, y entonces fue Tonks la que gimió, mientras intentaba mirar los ojos de Luna, cosa físicamente bastante difícil.

Y entonces Sirius abrió la puerta sin avisar y las vio juntas. Carraspeó antes de decir que las estaba esperando para desayunar, pues deseaba hablar con Dora acerca de una cena en casa, para celebrar que al parecer su ahijado se hallaba de nuevo en Londres. Después se disculpó por interrumpir, y le recordó a su esposa la existencia de un magnífico invento llamado cerrojo. Cundo se fue, Tonks se incorporó, miró a Luna, que se había quedado bastante cortada, y se rio mientras la abrazaba de nuevo por detrás, pasando con suavidad sus manos por encima de sus pechos, para acabar rodeándola por la cintura.

-Vamos a desayunar, o se van a enfadar con nosotras. Creo que podemos seguir con esto más tarde ¿Quizás esta noche te gustaría volver a dormir conmigo, Luna? –Preguntó Tonks, apoyando el mentón sobre su cabeza.

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Cuando Hermione se levantó por la mañana, vio a Ginny a su lado. Casi no había dormido por cuidarla. Le había puesto el camisón y la había mantenido caliente y de costado, acercándole un cubo cada vez que quiso vomitar. Pero ya era de día y Ginny estaba de muy mal humor, abroncando a una Hermione avergonzada y resacosa que se lavaba la cara en una jofaina, mientras sentía que aún el suelo no era del todo estable.

-Cuando te pongas mejor vas a lavar todo lo que vomitaste anoche. Y me debes una.

-Sí, Ginny. Ya te he dicho que lo siento.

-Toma, ha llegado esta carta para ti ¿Estás decidida a meterte en la cama con todas las señoras de esa familia? ¿Para eso dejaste a mi hermano, que te quería?

-No vamos a hablar de nuevo de eso. Y te repito que no me he acostado con Tonks. Ni siquiera me parece atractiva, y ella también me ha dejado muy claro que no le soy simpática.

-¿Entonces por qué te trajo a casa? No parece ese tipo de persona.

-No lo sé. Basta de ese tema, por favor, ya me siento bastante mal sin que me lo restriegues, -dijo mientras abría la carta, remitida por Mrs. Pansy Malfoy.

-Ven a desayunar, he hecho gachas para las dos, aunque no las merezcas. Tu nueva amiga aristócrata me recordó que te diese de comer por la mañana.

-Qué amable, -dijo secamente refiriéndose a Tonks. Y mirando de repente a Ginny, que a su vez la miraba airada, añadió que no se estaba refiriendo a ella con ese pequeño sarcasmo, y que muchas gracias por hacerle el desayuno.

Dejó la carta para luego. No quería enfadar más a su amiga. Le costaba tragar las gachas, pero se obligó a hacerlo bebiendo agua de cuando en cuando. Cuando acabó, se ofreció a fregar los platos, pero Ginny le dijo que siguiera echada un rato. No era amabilidad, en realidad temía que Hermione rompiese toda la vajilla. Estaba demasiado mareada como para hacer nada útil.

Así que se tendió en la cama leyendo la carta, mientras Ginny la miraba ceñuda. Se dio la vuelta para no verla. Ella ya se había ofrecido a fregar los platos y había pedido disculpas varias veces por haberse emborrachado. No tenía sentido que la otra intentase seguir castigándola.

Pansy estaba celosa. La había visto abrazada a Tonks y había malinterpretado por completo la situación. Le escribía unas líneas rezumantes de veneno donde primero la llamaba zorra y luego, en el siguiente párrafo, le decía que la echaba de menos y que quería tomar un café con ella, y "aclarar las cosas". Y le explicaba que la reconciliación con su marido era algo así como un negocio, según lo entendió Hermione. Nada que tuviese que ver con los sentimientos. Un acuerdo entre familias que no se podía romper. Entendía que a ella esas cosas le resultasen incomprensibles, la vida de los campesinos y granjeros de los que ella procedía era en muchos aspectos más fácil, añadía.

Hermione resopló. Era la peor carta de amor que le habían escrito nunca. Hasta Ron Weasley, que la había desvirgado sin preguntarle siquiera si estaba disfrutando o si le dolía, quedaba como un todo caballero al lado de semejante bicho.

Pero un pensamiento llevó a otro. Hermione no conocía a muchas mujeres a las que también les gustasen las mujeres aparte de Bellatrix, Tonks, o Pansy. Bellatrix y Tonks quedaban más que descartadas por razones obvias (lo que también le recordó que tenía una charla pendiente con esta última, en la que seguro que Lady Black tendría un par de cosas que restregarle por la cara)… y quedaba Pansy.

Pansy, tan dulce y entregada en la cama como fría e interesada era fuera de ella. Tan diferente de Ron. Ron era todo lo contrario: leal, honrado, y por completo de fiar. Había querido casarse con ella, y tener muchos hijos. Lo tenía todo pensado: ella se quedaría en casa atendiéndolos a todos y él se ocuparía de llevar pan a casa y luchar por un mundo más justo. Quería llevar la misma vida que habían tenido sus padres. Había otros compañeros que pensaban que la mujer podría tener algún lugar en esa lucha, pero no era el caso de Ron.

Hermione sintió ganas de ahogarse con su propio vómito, como le había dicho Tonks que le pasaría si se quedaba borracha y sola, antes que tener ese futuro. Si tenía que elegir, prefería mil veces a Pansy. Al fin y al cabo, siempre podía taparle la boca mientras lo hacían, con la excusa de un juego sexual, o simplemente irse una vez que hubiese satisfecho sus deseos. Follar con ella no significaba tener que quererla, o mucho menos creerse sus milongas.

Ya lo había decidido. Escribiría una contestación a la carta de Pansy. Ignoraría los aspectos que no las iban a llevar a ninguna parte, como la parte en la que se refería a la bucólica vida del campesinado, o el tema de su marido, mortífago y putero, con el que se había reconciliado con tal de tener una vida fácil, y aceptaría ese café con ella. Y después follarían. Nada más de pensarlo Hermione se sentía muy excitada: solo con imaginarse lamiendo la suave y pálida piel de Pansy se notaba húmeda. Entonces de pronto se acordó de lo ocurrido en la fiesta, y ese sentimiento se volvió amargo.

Miró de reojo a Ginny, que fregaba malhumorada. Ginny también la había estado mirando a ella, mientras fantaseaba con Pansy tras leer su carta, y se ve que su expresión había sido muy elocuente, porque ahora estaba de peor humor que antes.

Su amiga no era mala ni gruñona, todo lo contrario. Pero había cosas que no entendía. Empezando porque hubiese dejado a su hermano, que era un buen hombre, trabajador y honrado, y quería casarse con ella. Y continuando con que Hermione hubiese empezado a sentir atracción por su ex compañera de piano. Aquella arpía, según Ginny. Hermione había cometido el error de contárselo, y Ginny… bueno, no se lo había tomado bien.

-No te puedes imaginar la cara de estúpida que se te pone cada vez que piensas en ella. Tú te creerás que controlas la situación, pero ella va a hacer contigo lo que quiera, -le escupió Ginny desde el fregadero, sin venir a cuento.

Hermione se echó de lado en la cama, de cara a la pared, mirando por el ventanuco que, ahora de día, iluminaba la estancia. Era una ventana pequeña y triste que daba a un callejón estrecho. En realidad no daba mucha luz, pero por lo menos permitía que el aire de la calle entrase. Por un momento pensó que el aire de la calle era Pansy. Luego apartó eso de su mente: los que pensaban con metáforas eran gilipollas, se dijo.

El simple hecho de estar teniendo ese tipo de pensamientos significaba que seguía afectada por el alcohol y las drogas. Ella no era así. Necesitaba dormir. Se tapó la cabeza con la almohada y se echó las mantas por encima.

Un rato después, Ginny la despertó advirtiéndola de que si dormía ahora no lo haría luego de noche, y que eso no la haría feliz a ella, y le arrojó otra carta. -Esta es de la otra,- dijo. La remitía Nymphadora Black. Su letra, grande, angulosa, y muy marcada en el papel, hasta casi traspasarlo, era muy diferente de la de Pansy, del tamaño y forma perfectas.

Tonks quería que fuese a verla a su casa -"ya sabes dónde vivo", decía,- para tener una pequeña charla con ella, arreglar sus diferencias y "aclarar las cosas". No tenía muchas esperanzas en aclarar nada con ella, más bien se imaginaba a Mrs. Black sacudiéndola otra vez por los hombros. La verdad es que la idea de entrevistarse con Tonks la intimidaba, sobre todo después de lo último que había pasado. Cada vez que lo recordaba, Hermione sentía una mezcla de vergüenza, rabia, y miedo. Sirius y Tonks la habían salvado, pero eso no lo hacía la situación menos humillante, casi al contrario. Por un momento pensó que casi hubiese preferido que los Lestrange le hubiesen hecho lo que hubiesen querido, con tal de que nadie más lo supiese. Después se odió a sí misma por tener ese pensamiento. Deseó llorar y notó como se le llenaban los ojos de lágrimas, y también se odió a sí misma entonces.

Después recordó la voz de Tonks diciéndole que no había sido culpa suya. Claro que no. Había sido culpa de los Lestrange, acostumbrados a depredar todo lo que se ponía a su paso.

Miró en la mesita de noche, donde había visto su navaja por última vez. Ginny le había contado que Tonks la recogió del suelo para devolvérsela. También debía agradecerle eso.

En el fondo sí que había sido de forma indirecta su culpa. Por confiar en desconocidos. Por confiar en los demás. Por no saber defenderse. No volvería a pasar, se prometió a sí misma.

Se obligó a levantarse, asearse y vestirse. Escribió una carta para Pansy citándola el domingo en un café al que ambas solían ir cuando estudiaban piano juntas, protegiéndose de las miradas airadas de Ginny. Después cogió la bicicleta y se fue a pasear. Incluso estando todavía mareada, podía hacer algunas cosas. Todo menos quedarse allí y aguantar a Ginny.

Sin haberlo pensado en un principio, su paseo la fue acercando a Grimmauld Place. Ya estaba bien como para hablar con Tonks. Además, sospechaba que Mrs. Black la iba a apisonar de todas formas. Cuanto antes se quitase esa humillante obligación de agradecerle lo que había hecho por ella, mejor.

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Tonks le estaba enseñando a Luna un juego de cartas, mientras Sirius estaba tendido en el diván. Remus había salido a darse una vuelta, él solo. Estaba de muy mal humor, como casi siempre en los últimos tiempos.

-Como no ganes esta mano, me vas a tener que enseñar las tetas, -dijo de modo juguetón Tonks.

-Así la estás incentivando para perder, querida, -intervino Sirius desde el sofá. –Por cierto ¿vas a ir a confesarte de lo de la fiesta, o prefieres acumular pecados para no hacer tantos viajes?

-Iré en breve, no quiero que la muerte me pille sin confesar y encontrarme en el infierno con tu madre, querido.

-¡Esa ha sido buena! ¡Cuéntale también a Snape cómo estás pervirtiendo a una joven huérfana, le va a encantar! ¡Ojalá pudiese estar allí para verle la cara cuando te decidas a hacerlo!

-¿Por qué no te das una vuelta y nos dejas en paz un par de horas? Te lo digo con cariño, pero te lo digo. Normalmente este salón es para mí, y estás invadiendo mi espacio.

Sirius se acercó a Tonks y la besó en la mejilla. –Está bien, te dejo en buena compañía un rato. Nos vemos en la cena. Diviértanse, señoras, -dijo haciendo una pequeña reverencia hacia Luna, mientras se tocaba el ala de un imaginario sombrero.

Nada más desaparecer Sirius por la puerta, Tonks dejó su silla, y se sentó al lado de Luna, pasándole el brazo por los hombros y besándola en la mejilla. Luna se giró para enfrentarse con sus ojos. Tonks entonces acarició sus labios con los dedos de la otra mano.

-¿Tiene razón Sirius? ¿Te gustaría enseñarme las tetas? –Preguntó Tonks al oído de Luna.

-No me importaría, -contestó Luna mirándola a los ojos.

-¿Ah no? – Preguntó Tonks antes de besarla con suavidad en la nariz. –Tal vez podríamos bañarnos juntas. Me bañé hace dos días, pero podemos repetir ¿Te gustaría? ¿O te daría vergüenza? Yo me baño desnuda, Luna ¿Tú cómo lo haces, desnuda, o con un camisón puesto?

-No me gusta bañarme, prefiero lavarme por partes. Pero si no me mojas el pelo ni intentas hacerme ahogadillas, podemos bañarnos juntas, -dijo Luna un poco sonrojada.

-Te has puesto roja. Qué encantadora eres. No te voy a hacer nada que no te guste, Luna, -dijo Tonks antes de besarla de nuevo, esta vez en la boca.

Unos golpecitos en la puerta las hicieron separarse antes de lo que tenían pensado. Era Winky, que anunciaba la visita de Miss Granger.

-Tu amiga es única para reventar buenos momentos, -comentó Tonks malhumorada. –Pero dile que pase. Y sírvenos un té, por favor Winky.

-Buenas tardes, Luna. Buenas tardes, Mrs. Black ¿Podríamos hablar usted y yo en privado, por favor?

-¿Por qué no puedo estar yo delante? –Protestó Luna.

-Luna, por favor. Necesito hablar a solas con ella, -dijo Hermione.

-Nos vemos en nada, Luna. Hazle caso a Hermione, -dijo Tonks besándola en la mejilla.

Luna salió del cuarto mirando con tristeza a Hermione, mientras esta se preguntaba si tal vez el beso en la mejilla no había durado demasiado. No le gustaba la intimidad que veía entre las dos.

-Siéntate aquí conmigo, Hermione. Hoy no nos vamos a pelear. Tú no me vas a insultar y yo no te voy a pegar ¿verdad?

Ambas guardaron silencio mientras Winky servía el té con pastas. A Tonks le pareció que Hermione estaba muy incómoda. Volvió a sentir compasión por ella, aunque luego pensó que la misma Hermione le volvería a arañar la cara si se enterase de que estaba teniendo ese sentimiento hacia ella.

-Gracias por ayudarme el otro día, -empezó Hermione, con la mirada baja y un hilo de voz. –Yo no quise ir a esa fiesta –se justificó.- Me obligó mi jefa: se había quedado sin acompañante.

-No tienes que agradecerme nada. Tú hubieses hecho lo mismo por mí ¿verdad?

-Claro, claro que sí…

-Dicho esto, tienes que tener más cuidado. Tú estás sola, y eres una presa fácil para los depredadores. Si encima bebes y te drogas hasta quedar casi inconsciente, las posibilidades de que te ocurran cosas desagradables aumentan. No te lo digo para regañarte. Tómalo como un consejo de alguien que ha hecho antes que tú todas las estupideces posibles, -añadió rápidamente Tonks.

-Normalmente no suelo hacer eso. Casi no bebo, y el viernes fue la primera vez que tomé drogas. No sé por qué lo hice. Quizás porque me sentía incómoda allí. "Y supongo que ver a Pansy tan feliz con su marido no ayudó", pensó Hermione.

-Pues no lo hagas más. O hazlo solo cuando estés con gente en la que confías… y aun así te puedes llevar un chasco. Por cierto, el opio no te conviene. He conocido gente que se ha destrozado la vida con esa basura.

-Sí, mamá, -dijo Hermione, burlona.

Tonks sonrió, y Hermione le devolvió la sonrisa.

-¿No existe ninguna posibilidad de denunciar lo ocurrido, para que no le pase a nadie más, verdad? –Preguntó Hermione, sabiendo cual iba a ser la respuesta.

-¿Quieres denunciar a los Lestrange? No solo no querría creerte nadie, sino que posiblemente sus abogados le diesen la vuelta a tu denuncia, para que tú acabases en la cárcel, por falso testimonio o difamación. Te diré algo: no eres la primera ni serás la última, pero no puedes hacer nada. Nadie te va a apoyar. Las otras víctimas tienen miedo. Confórmate con que al final llegamos nosotros y no fue tan grave. Podría haber acabado peor.

Al decir esto, Tonks cogió la mano de Hermione. Ella de forma instintiva quiso retirarla, pero se controló y la mantuvo en su sitio.

-¿Cómo sabes eso? –Preguntó.

-¡Por favor, son mis tíos! Los conozco bien. Viví con ellos de niña. Escuché cosas en aquella casa. Luego me mandaron al colegio y me libré de esa mierda. De todos modos no es algo que sea exactamente un secreto, solo que no encontrarás a nadie que quiera decir una palabra de manera abierta.

-Tú lo has hecho.

-Sí, pero yo soy la esposa de Sirius Black. De todos modos, nos tienen amenazados de muerte a los dos. No deseo meterme en una guerra abierta con ellos. Ya lo del otro día fue mucho más lejos de lo que Sirius y yo hubiésemos querido. Tenemos un hijo, y bueno, yo crecí como una huérfana. No le deseo a él lo mismo. Olvida el tema, Hermione. No llegó a pasar nada grave, y ellos se tuvieron que ir con el rabo entre las patas. Final feliz ¿no?

Hermione suspiró. Sabía que Tonks tenía razón, pero le daba rabia reconocerlo.

-Había algo más de lo que quería que hablásemos. De Luna.

-¿Otra vez eso? ¿Qué pasa con Luna ahora?

-Te gusta. Os gustáis. He visto cómo os mirabais antes.

-¿Y si fuese así? Tú haces lo que te da la gana ¿Quieres a tu amiga con las piernas bien cerradas mientras tú te acuestas con la mujer de mi primo?

-¿Entonces lo reconoces? –Chilló Hermione.

-Nos hemos besado esta mañana. Ha sido bonito. Creo que a ella también se lo ha parecido, -dijo Tonks contemplando con satisfacción la cara de Hermione.

-¡Le vas a arruinar la vida! ¿Qué pasará con ella cuando te canses de que te hable del espiritismo, los seres que viven en Marte, o la conjura entre los Mortífagos y los Templarios?

-¿Por qué me voy a cansar de ella? ¡Me encanta cómo es!

-Te divierte cómo es, -dijo Hermione señalándola acusadora con su dedo.

-¡Me divierten sus locuras, pero también me agrada ella en conjunto! ¿Por qué te parece raro que alguien encuentre atractiva a tu amiga, tanto en su físico como en su forma de ser? ¡Es tu amiga, algo bueno debes ver en ella!

-¡La vas a ilusionar para luego romperle el corazón! ¡Además, tú no te puedes casar con ella: eres mujer, y estás ya casada, encima! –Le gritó Hermione.

-Tú no te puedes casar con Pansy por lo mismo, -contestó Tonks con frialdad.

-¡Es distinto!

-¿Por qué es distinto? No veo ninguna diferencia.

-¡Yo no soy como Luna!

-¿Por qué me parece estar entendiendo que te consideras mejor que Luna?

¡No me considero mejor que ella, pero yo vivo en el mundo! ¡Seguiré trabajando cuando termine lo de Pansy! ¡Tú no eres lo que Luna necesita!

-¿Ah, no? ¿Y qué necesita Luna, según tú?

-¡Necesita un hombre que la quiera, que la mantenga y se ocupe de ella! ¡Cuando lo vuestro acabe, ella se quedará en la calle sin un penique y con su reputación arruinada!

-No me puedo creer que precisamente tú, me estés diciendo esto. Y dime, ¿tenías algún fulano en mente para endosarle a tu amiga, quien según tú, es tan inútil que a lo único que puede aspirar es a que un imbécil se case con ella estando encaprichado, aunque luego se arrepienta y le dé palizas todos los días de su vida?

-Eso no tiene por qué pasar, -dijo Hermione casi sin habla. No había pensado en esa posibilidad.

-Si fueses su madre y fueses católica, la encerrarías en un convento. Por su bien.

-No sé lo que hacen los católicos, y no me importa. Estamos hablando de Luna.

-En todo caso, habla con ella ¿Por qué estás intentando convencerme a mí?

-Tú eres más razonable.

-No, lo que quieres es hacer que me sienta mal por no ver a tu amiga como una niña ¡Para dejarte el campo libre y que la metas en la cama de cualquier rufián de tres al cuarto que esté dispuesto a casarse con ella para tener una criada gratis!

-¡No es ningún rufián! –Dijo Hermione antes de poder contenerse.

-Ah. Que ya lo tienes buscado. Qué hacendosa, señorita Woodhouse. Déjame que adivine ¿Longbottom?

Hermione guardó silencio. Tonks la había calado por completo.

-No me voy a apartar de tu amiga mientras ella esté contenta conmigo. Búscale otra a tu amigo Longbottom. Seguro que conoces más chicas desheredadas. O mira, también podrías casarte tú con él. Pero eso no lo quieres ¿verdad?

-La vas a destrozar, -repitió Hermione.

-La voy a hacer muy feliz. Y si algún día ella se cansa de mí, porque en todo caso sería ella la que se cansase de mí, te prometo que no se irá a la calle sin un penique ¿contenta?

-No. Eso… es una transacción.

-¿Y casarla con Longbottom para que la mantenga no lo es?

Hermione guardó silencio de nuevo. No tenía argumentos contra Tonks.

-Bueno, Hermione. Ha sido un placer hablar contigo, como siempre. Pero ahora me gustaría seguir arrastrando por el fango la inocencia de tu amiga, si no tienes inconveniente, claro, -dijo de modo perverso Tonks, escogiendo a propósito las palabras que podrían molestar más a Hermione.

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A la hora de la cena hubo un pequeño incidente en Grimmauld Place que terminó con Tonks al borde de las lágrimas, retirándose de la mesa sin terminar la cena, seguida por Luna, que la abrazó en la cama mientras ella trataba de no llorar. A lo lejos se escuchaban las voces de dos hombres que también discutían. Discutían ahora, pues antes Sirius había callado mientras Remus gritaba a su esposa.

El motivo de la discusión había sido el que Tonks preguntase de forma bastante insistente a Remus qué le ocurría, pues lo notaba raro y más silencioso que de costumbre. Había ignorado su pregunta dos veces, pero a la tercera le gritó que era una maldita entrometida, y que lo dejase de una vez en paz a solas con sus pensamientos. Sirius había mirado para otro lado, guardando silencio.

-No sé cómo hemos llegado a esto. Es que ya ni siquiera me tiene respeto, -se quejaba Tonks, mientras Luna la apretaba contra su pecho.

-Tranquila, tú no has hecho nada malo. Él solo se dará cuenta de lo desagradable que ha sido, -dijo Luna.

-¿Y por qué Sirius no me ha apoyado? Siempre está haciendo como si no pasara nada.

Unos golpes sonaron en la puerta. "Soy yo, Sirius. Ábreme, Dora"

Sirius se tendió al lado de Dora, una vez Luna le abrió la puerta. Ante el ademán de Luna de retirarse, Tonks le pidió que no lo hiciese.

-Hablamos de que ibas a dormir aquí. Quédate.

-Pensé que querrías hablar con Mr. Black…

-Podemos hablar contigo delante. Quédate, por favor.

-Yo también quería dormir aquí, Dora, -advirtió Sirius.

-Quedaos los dos, uno a cada lado. La cama es lo bastante grande para los tres.

-Dora, por favor, se razonable, -pidió Sirius.

-No vamos a follar esta noche, Sirius. No estoy de humor. Y menos después de que, una vez más, no hayas hecho nada por apoyarme. Así que no hay problema porque durmamos los tres juntos.

-Dora, para mí también es complicado cuando vosotros discutís. Os quiero a los dos. Sé que él no llevaba razón, -reconoció.

Luna mientras tanto se había sentado en el filo de la cama, mirando fijamente los dibujos del papel de la pared. Tonks se incorporó para echarla sobre la cama, a su lado, y poner la cabeza sobre su pecho, como estaba antes de la llegada de Sirius.

-Yo había venido para calmarte, pero veo que no me necesitas, -dijo Sirius.

-Estoy muy tranquila, como ves. Solo un poco triste, pero se me pasará. Tal vez Remus necesite que lo calmes, -dijo Tonks, rencorosa.

-Ya veo que no soy bien recibido. Nos vemos mañana.

-Yo no te estoy echando. Te puedes quedar si quieres. Pero no le voy a decir a Luna que se vaya.

Cuando vio la puerta cerrarse, Luna respiró aliviada. Se hubiese sentido muy incómoda durmiendo en la misma cama con Tonks y Sirius.

-Luna, no quiero decepcionarte, pero en realidad estoy mal de ánimo. Tal vez esperases algo de mí esta noche, -dijo Tonks levantando un poco la cabeza, para mirarla a la cara.

-No sé qué debería esperar, -dijo Luna.

-¿Quieres que hablemos de eso? –Preguntó Tonks situando su cabeza en la almohada al mismo nivel que la de Luna, para mirarla más fácilmente a los ojos.

-Me gustaría. No sé muy bien qué pinto en esta casa. Hasta ahora he sido tu dama de compañía ¿Y ahora, qué soy?

-Puedes ser mi amante. Si quieres. ¿Quieres?

-¿Como Pansy? –Preguntó Luna.

-Estaba pensando más bien en algo como lo que tengo, o tenía, con Remus. Vivir juntas.

-¿Y qué les parece a ellos?

-A ellos les parece bien mientras nadie los moleste, Luna. Y tengo mi propio dinero, no te preocupes por eso ¿Qué te parece a ti?

-Yo quiero seguir como hasta ahora, solo que besándonos y durmiendo juntas, y todo esas cosas. Pero no quiero dormir con ellos, -aclaró Luna, mientras pensaba que no entendía del todo a qué venía lo del dinero en ese momento.

-Puedes vivir aquí y que todo siga como hasta ahora. Eso no significa que tengas que acostarte con ellos, de hecho no me gustaría. Por ti. Sería un problema grave para todos, pero sobre todo para ti, que quedases en estado. Nos podemos repartir los días para que no haya problemas como el de esta noche.

-¿Y seguiría siendo tu señorita de compañía?

-Solo de cara a los entrometidos que te pregunten. Dispondrías de tu tiempo como quisieras, y yo no te pagaría un sueldo. En ese cajón de ahí guardo dinero para compras diarias: bueno, ya sabes dónde está. La caja no está cerrada. Úsalo cuando lo necesites. No me tienes que dar explicaciones de tus gastos. Si alguna vez quieres comprarte un vestido caro o algo así, pídemelo. Aunque conociéndote, al final seré yo la que te lleve de la mano a la tienda cuando toda tu ropa esté como para dársela a los pobres, -dijo Tonks mientras le retiraba el pelo de la cara de forma cariñosa.

Luna se quedó callada. No esperaba oír algo tan materialista y frío, pero Tonks le había estado dando vueltas a la conversación con Hermione y en ese momento pensaba más en los aspectos prácticos que en palabras de amor.

-¿Pero me quieres? –Preguntó al cabo de un rato Luna, como si no hubiese escuchado nada de lo anterior.

-Oh, Luna. Claro que te quiero. Desde hace tiempo, desde aquella vez que te vi con la desgraciada de mi tía. Eras la misma niña que había conocido, pero también eras… distinta. Te habías hecho mayor. Si te soy sincera, no te ofrecí vivir aquí solo por librarte de ella: también quería tenerte cerca -dijo Tonks casi sin hacer pausas entre las palabras. –Y yo a ti ¿desde cuándo te gusto? No me esperaba atraerte, pensé que me veías como, no sé, algo así como una hermana mayor –añadió mientras la rodeaba con sus brazos.

-No lo sé desde cuando exactamente. Empecé a darme cuenta el día de aquél paseo en bici. Pero creo que ya venía de antes.

-Tenemos que hablar de muchas cosas, Luna. No quiero que haya secretos ni desconfianza entre nosotras.

-¿Pero tiene que ser ahora? –Preguntó Luna con una mirada traviesa.

-¿Qué quieres que hagamos ahora?

La respuesta de Luna fue un beso en la boca. Cuando al cabo del rato se separaron, ambas estaban más relajadas que antes, pero mientras Luna estaba excitada, Tonks solo deseaba cerrar los ojos y descansar sintiendo el cuerpo de la otra pegado al suyo.

-Date la vuelta, Luna. Voy a abrazarte hasta que te quedes dormida, -dijo Tonks mientras la arropaba.

-Pensé que íbamos a hacer cosas en la cama. Cosas pecaminosas por las que iríamos al infierno sin remedio, -dijo Luna, decepcionada.

-Vamos a tener mucho tiempo para hacer cosas pecaminosas. Esta noche no, estoy todavía un poco triste. Y quiero que nuestra primera vez sea algo especial ¿Lo entiendes, verdad?

-Sí, Tonks, -dijo Luna suspirando, mientras pensaba que para tener tan mala fama, la señora Black se andaba con muchos melindres.

Pero se le pasó rápido el disgusto cuando notó cómo Tonks le abría el cuello del camisón para meter las manos por la nuca y acariciarle la parte alta de la espalda.

-Esto es un pequeño anticipo. No todo lo que quiero tocarte está entre tus piernas. Buenas noches, Luna, mañana será un día mejor.

-¿Y haremos cosas sucias?

-Todas las que tú quieras. Prometido, -dijo Tonks riendo.

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A la hora convenida del domingo por la tarde, ya estaba Hermione sentada en aquél café esperando a Pansy, que según su costumbre, se retrasaba. Ella había pedido un café solo, y estaba a punto de acabárselo cuando de un coche de caballos se bajó Mrs. Pansy Malfoy, sin ninguna prisa, y con un bulto bastante grande en las manos.

-Disculpa mi retraso, ha sido todo un lío tremendo. He tenido que inventar una excusa muy inverosímil para escaparme de mi casa con esto, -dijo señalando el bulto. –Estaban las dos hermanas de aquelarre, hoy tocaba visita de Madame Lestrange, no te digo más ¡Qué horror, si mala es una, peor es la otra! ¡Y luego coger un taxi! No estoy acostumbrada a los taxis, siempre me ponen nerviosa, -dijo Pansy mientras hacía señas a un camarero.

Hermione se estremeció cuando escuchó la alusión a Bellatrix, e intentó disimular bebiendo el último trago del café.

-Bueno, ya estás aquí. No tiene sentido reprocharte nada: volverás a hacerlo la próxima vez.

-¡Hermione, no seas así! Es verdad que llego tarde, pero llego con muy buenas intenciones. Eso es lo que importa ¿no? Ni siquiera estoy enfadada por tu pequeño affaire con Dora. Por cierto, me tienes que explicar qué hacías en esa fiesta ¡eras la última persona a quien esperaba ver allí!

-Vamos a tener que aclarar un punto: no tendrías que enfadarte si me hubiese acostado con Dora, como tú la llamas, porque resulta que tú te habías reconciliado con tu marido el putero, y no querías verme. Pero no tuve nada con ella.

-Venga, Hermione ¡si os vi juntas! –Exclamó Pansy, mucho más disgustada de lo que quería aparentar.

-La viste cogiéndome por el hombro. Yo estaba muy borracha y también había fumado opio. Ella me llevó a casa. Y esta es la verdad, no te creas que me encanta decirte que le debo un favor a Tonks. Le llamábamos así en el colegio, -aclaró Hermione.

-Qué divertido. Muy propio de ella, lo de hacerse la buena. Me siento un poco decepcionada: pensaba pedirte los detalles de vuestro encuentro sexual para reírme un rato ¿Sabes que tiene una especie de polla falsa en su casa? Me la enseñó un día, pero yo no quise ni tocarla: ¡a saber dónde había estado eso antes!

-No me cuentes más de ella, por favor. Cada cosa es peor que la anterior, -dijo Hermione pensando en Luna.

-¿Y lo de la fiesta? No era para nada de tu estilo, Mione.

-Me obligó a ir mi jefa. Ella se había quedado sin pareja, y me coaccionó a mí para acompañarla. Nos había escuchado a nosotras hablando por teléfono, y me amenazó con contar qué tipo de relación teníamos. No me llames más al periódico, anda, hazte un favor y házmelo a mí.

Hermione se percató de que la sonrisa cínica se había borrado de golpe del rostro de Pansy.

-¿Entonces Rita Skeeter sabe lo nuestro?

-Ha sido tu propia culpa. Te dije desde un principio que no me llamases al trabajo.

-¿Y cómo iba a localizarte si surgía algo importante? La gente normal tiene teléfono en casa ¿sabes?

-Perdóname por ser pobre, -dijo Hermione con sarcasmo.

-Cállate. No eres precisamente el tipo de persona que inspira compasión. Bueno, tal vez de Dora sí. Supongo que unos años atrás hubiese podido tener más cosas en común contigo que conmigo.

Hermione resopló, y pensó otra vez en ella y Luna juntas. Cuando Luna se diese cuenta de que esa relación no la llevaba a ninguna parte, ya tendría su vida arruinada. Y Tonks lo sabía, y le daba igual. El hecho de que una vez hubiese hecho algo bueno por ella no la hacía menos odiosa ni egoísta.

-Mione ¿Te acuerdas de las tardes que pasamos aquí, cuando salíamos de las clases de piano? ¿Te acuerdas de aquella vez que te dije que fuésemos a mi casa a por algo que se me había olvidado y te besé por sorpresa?

-Y por poco nos pilla tu criada, -recordó Hermione riendo. –Una semana más tarde me dijiste que estabas comprometida con Draco Malfoy y que no podrías verme más. Siempre me la has estado jugando.

-Hermione, compréndelo: necesitaba casarme, y Draco era un buen partido. Mi familia estaba en bancarrota y yo no tenía mucho margen de maniobra. Los padres de Draco estaban muy dispuestos a que esa boda se celebrase, a pesar de todo. Luego me enteré de que era por el asunto de Miss Greengrass, tenían que aprovechar que habían tenido una pelea para casarlo con cualquiera que no fuese ella, -dijo Pansy con amargura.

-Por supuesto la opción de ganarte la vida era inconcebible, -repuso Hermione alzando una ceja.

-Mira, Hermione, yo no he nacido para eso. No voy a pedir disculpas por ser una señora.

-Por supuesto. No esperaba que lo hicieses.

-Pero te quiero. A mi manera. Más de lo que he querido nunca a nadie.

Hermione no supo que responder.

-¿Y tú a mí? ¿Me quieres?

-No lo sé. Pero sé que no quiero que nos volvamos a alejar. Prefiero odiarte teniéndote cerca que echarte de menos.

-Supongo que eso incluye el acostarnos ¡Más que suficiente! –Dijo Pansy juntando sus manos. Si había sufrido en mayor o menor medida al escuchar las palabras de Hermione, no se traslucía al exterior.

–Mione, si tú no te apartas de mí, yo siempre voy a intentar sacar un rato para verte de vez en cuando, incluso cuando tenga hijos con Draco, y todo eso, -añadió.

Hermione volvió a suspirar. Aquello no era amor, pensó. Pansy se había disgustado porque había pensado que sus dos antiguas amantes estaban juntas y que ya no la necesitaban a ella. No había sido un golpe a su corazón, sino a su orgullo. Sin embargo, a pesar de todo, ella no quería dejar de verla.

-¿No me dices nada? –Insistía Pansy.

-A mí tampoco me parece mal la parte de acostarnos juntas, -dijo Hermione bajando la voz mientras pasaba el camarero. –Lo malo es que no puedo ofrecerte mi casa: creo que está Ginny allí. Y te digo desde ya que no se va a alegrar de verte.

-Tienes que procurar ascender y ganar más dinero, Hermione. No puedes seguir viviendo con ella. No sé ni por qué sigues siendo su amiga. Dime por favor que no te sigues juntando también con esa perra de Angelina Johnson.

-Se casó con un hermano de Ginny, -dijo Hermione riendo. -Todo queda en casa.

-Fascinante, que la endogamia también se dé entre la gente que no tiene nada que heredar. Mione, volviendo al tema que nos interesa: podemos ir a mi antigua casa. Está vacía ahora mismo. No tiene muebles, los tuvimos que vender todos. Mi madre se fue a vivir con mi hermana, y la casa ha pasado a ser propiedad de un primo mío. Pero resulta que tiene pleitos por ella con su hermano. En fin, abreviando: no la pueden vender. Y yo tengo las llaves. No las han cambiado.

-¿Me vas a llevar a follar a una casa abandonada?

-Lo tengo todo pensado. Tengo aquí las mantas para no pasar frío. Es por eso por lo que me he retrasado, he tenido que esperar a que Narcissa y su horrible hermana se despistaran, para sacarlas de casa sin llamar la atención ¿No te encanta el plan?

Cuando llegaron a la casa, en un vecindario que había sido muy elegante años atrás, pero en el que ahora se veían muchas casas vacías, faltaba poco para que comenzase a atardecer. Por suerte, la electricidad aún funcionaba, aunque no así el agua corriente. Salvo por unos cuantos muebles desvencijados y rotos, la casa estaba vacía, como había dicho Pansy. Casi ni parecía la misma mansión que Hermione recordaba, solo las molduras del techo y el desgastado y sucio papel de las paredes le recordaban su pasado esplendor.

Agruparon unos cuantos muebles en una habitación cuya ventana, que daba al descuidado jardín, taparon con cartones para que no dejase salir la luz al exterior. Un viejo colchón, un sillón con el tapizado roto, una mesita de noche a la que le faltaba un cajón, y una alfombra raída. No podían encender fuego en la chimenea para no alertar a los pocos vecinos que quedaban, y en la casa hacía frío. Pusieron las mantas sobre el colchón y este sobre la alfombra, y Hermione limpió todo lo mejor que pudo ella sola, ya que Pansy no sabía cómo hacerlo. Se tendieron vestidas y abrazadas sobre la improvisada cama, las dos arropadas por la última manta, y Hermione empezó a desnudar a Pansy, que se había quedado muy callada. Una bombilla pelada, colgando de una moldura del techo, daba una tenue luz a la habitación, pero tampoco necesitaban más para lo que iban a hacer.

Hermione miró los ojos verdes de Pansy. Parecía un poco melancólica. "Debe de haber sido duro para ella perder el dinero de su familia", pensó sin mucha compasión. Comenzó a besar su cuello y sus clavículas. Notaba su suave y cálida piel bajo sus labios mientras los brazos de Pansy rodeaban su espalda, buscando desabotonarle el vestido.

Pansy comenzó a susurrar su nombre, y Hermione la besó en la boca. Cuando se separaron, se desnudó ella misma lo más rápido que pudo, dejando sus ropas en el sillón, junto con las de Pansy. Al volver junto a ella, metió una rodilla entre sus piernas de modo juguetón, buscando su calor, y se sorprendió al notar que se había excitado muy rápido, a pesar de haber estado triste apenas unos momentos antes.

Notó las manos de Pansy acariciándola también a ella, y apretando sus pezones. Pansy la empujó un poco hasta ponerla de espaldas, y le susurró de nuevo al oído que se quedara en esa posición, porque iban a hacer algo distinto. Se sentó un momento a horcajadas sobre su cuerpo, para luego ponerle el trasero en la cara mientras sus manos se apoyaban en el colchón y su cara topaba con suavidad entre sus piernas para abrirlas. "Ya sabes lo que tienes que hacer", le dijo antes de empezar a lamer su sexo.

Hermione pensó durante un breve momento en el rápido cambio de actitud: de estar triste y pensativa había pasado muy deprisa a proponerle hacer algo bastante cerdo. Pero pronto dejó de pensar en nada, al sentir la lengua y los labios de Pansy chupando su clítoris, y se esforzó por hacer ella lo mismo.

Entonces de repente se acordó de Bellatrix tocándola, y su marido intentando obligarla a hacerle una felación, y se quedó fría, mientras intentaba seguir haciendo su parte a Pansy, para no decepcionarla. No quería tener que explicarle nada. Al cabo de un rato, Pansy había terminado, y ella, aunque se había recuperado de la mala sensación que había tenido y podía sentir placer, sabía que no conseguiría un orgasmo así.

-Déjalo, Pansy, -dijo Hermione, e incorporándose un poco tiró de ella hacia sí para besarla.

-¿Qué te pasa hoy, Mione? ¿Estás nerviosa o preocupada?

-No me pasa nada. Me ha dado un tirón en la pierna, pero ya se me ha pasado.

Pansy la abrazó echando la cabeza sobre sus pechos y cerró los ojos. -Cuando estés lista quiero hacértelo. No vas a salir de este cuarto sin correrte, -dijo.

-Suena casi amenazador, -contestó Hermione, riendo.

-No te amenazo, te advierto de lo que va a pasarte. Aunque salgamos a las doce de la noche y mi suegra me llame puta cuando llegue a casa, no te vas a ir sin lo que has venido a buscar.

-No me presiones, -dijo Hermione antes de volver a besarla.

Hermione se sentó a horcajadas sobre Pansy, moviendo sus caderas de forma rítmica, y buscando friccionar su sexo contra algo duro, bajó hasta una de sus rodillas. Entonces, cerrando los ojos consiguió aliviar su deseo mientras apretaba los dedos en la cintura de Pansy. A ella no le gustó mucho sentir a Hermione restregándose con su pierna, pero pensó que mejor eso que el que la otra se quedase con ganas.

-Yo hubiese estado dispuesta a hacerte lo que quisieras, Hermione, -le reprochó Pansy con suavidad cuando ambas estaban acostadas y arropadas de nuevo.

-Esta tarde no me apetecía que me metieses los dedos.

-Hay muchas más cosas que puedo hacer por ti aparte de eso. Hubiese sido más fácil si me hubieses dejado a mí llevar la situación.

-La próxima vez haremos lo que tú quieras. Te lo prometo, Pansy. Pero esta tarde no me apetecía que me hicieras nada, lo siento.

-No pasa nada. De todas formas te has corrido, y eso era lo que quería. Vamos a abrazarnos un rato, hasta que sea la hora de irnos, Mione. Abrázame tú si quieres.

-¿No te abraza tu marido, Pansy? –Preguntó Hermione mientras la abrazaba.

-Cállate. Eres muy borde ¿sabes? Y tienes la lengua muy larga.

-Es posible que sí que lo sea, -reconoció Hermione. –Pero reconoce que si fuese amable, calladita, y discreta, no te gustaría.

-Ni yo a ti si fuese una buena chica decente, humilde, y trabajadora.

-Tienes razón. Me gusta cómo eres, -afirmó Hermione. –Pero no me fío de ti.

-No tienes que fiarte de mí. No te estoy pidiendo dinero prestado. Lo único que quiero es verte de vez en cuando.

-Nos veremos. Y follaremos: aquí, o en mi casa cuando no esté Ginny, o incluso en la tuya cuando los Malfoy se vayan a cazar el zorro de nuevo. Y luego volveremos a nuestras vidas, con nuestra gente, y fingiremos que nada de esto ha pasado, hasta la próxima vez.

Estuvieron un rato más juntas, hasta que se empezó a hacer tarde y el frío se hizo más intenso.

Pansy insistió antes de que se separasen en que aceptase como regalo su propio alfiler de sombrero: era más rápido de sacar en caso de necesitarlo que su navaja, mucho más discreto, y ella tenía más en casa, le dijo. Hermione lo sostuvo en su mano. Era bonito, con una pequeña joya verde decorándolo, pero la punta era muy afilada. Agradeció el pequeño estilete con un beso en la mejilla de su amante, aunque la incomodaba el hecho de que ella no pudiese corresponder con otro regalo del mismo precio.

Después se ayudaron a vestirse la una a la otra, y salieron en silencio por una puerta trasera. Se despidieron con un beso bajo una farola de gas, y luego cada una tomó un camino distinto: Mrs. Malfoy desapareció en un taxi, y Hermione se encaminó hacia la estación de metro más próxima, bajo la lluvia que había empezado a caer con la llegada de la noche. Pansy le había vuelto a ofrecer ir juntas y dejarla a ella en su casa, o pagarle su propio taxi, pero ella había rechazado de nuevo su generosidad, que le parecía insultante, incluso sin ser esa su intención.