Capítulo 7: Chantaje

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Advertencia: guarradas, en todos los sentidos de la palabra. Secretos y mentirijillas. Armas de fuego.

*Y bueno, nunca digo nada de esto, pero quería agradeceros a los que capítulo a capítulo vais leyendo la historia. Sé que es un poco rara, pero yo escribo las historias que a mí me gustaría leer.


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Luna escuchó entre sueños la tos de fumadora de Tonks, los pequeños ruidos que hizo cuando se levantó de la cama y se puso a vestirse y arreglarse, y cómo se lavaba la cara y los dientes en una jofaina. Se dio media vuelta y se tapó con la almohada. No le cabía duda de que Tonks la despertaría cuando la necesitase o se aburriese.

Pero ese momento no llegaba, y Luna espió por debajo de la almohada qué estaba haciendo la otra, y la vio a medio vestir y con una bata entreabierta, fumando con el ceño fruncido, mientras examinaba unos papeles a la tenue luz de una lamparita. La luz del día se filtraba entre las cortinas echadas de la habitación, pero Tonks no las había abierto para no molestarla. Al lado de un cenicero humeante había un revolver, con el cargador abierto y vacío.

-¡Buenos días, Luna! ¡Acabo de pillarte, si ya estás despierta no intentes darte la vuelta de nuevo! Te estaba esperando para que me ayudases a cerrarme el corsé, y bajar juntas a desayunar.

-¿Y eso? –Preguntó Luna señalando el arma.

-He pensado que tal vez te gustaría aprender a usarla. Aquí todos usamos armas. Te puedo conseguir una, cuando sepas manejarla.

-¿Y para qué quiero yo un arma?

-Para defenderte. El mundo está lleno de gente que no va a dudar en hacerte daño, a no ser que sepan que tienen algo que perder.

-Qué siniestro. No creo que un arma sirva contra los Mortífagos, de todas formas. Ellos suelen usar veneno, y lo hacen pasar por enfermedades o infecciones, como hicieron con mi padre.

-No estoy de acuerdo. Hace no mucho Sirius y yo evitamos que un par de mortífagos hicieran daño a alguien gracias a estas, dijo señalando levemente el revólver.

-¿Y eso cuándo fue?

-No te puedo decir más, Luna.

-Dijiste que no querías secretos entre nosotras, -dijo Luna con un tono de decepción en su voz.

-Ese secreto no es mío. No estaría bien que te contase más. Solo te quería decir que no está de más que sepas usar un arma. Pero no te pongas triste, -dijo Tonks mientras se acercaba a la cama para tenderle las manos y tirar de ella.

Luna fingió que iba a coger sus manos para ayudarse a levantarse, pero en vez de eso, tiró con todas sus fuerzas de una desprevenida Tonks en el sentido contrario, de modo que acabó tendida de bruces sobre ella, mientras Luna se reía a carcajadas.

-Eres mala. Yo confío en ti, y mira lo que haces, engañarme para reírte de mí, -dijo Tonks, tosiendo de nuevo.

Luna iba a hacerle cosquillas, pero se interrumpió al escuchar su tos, y empezó a darle golpecitos en la espalda, como si se hubiese atragantado. Se dio cuenta demasiado tarde, por el brillo travieso de sus ojos, de que esta vez la que fingía era Tonks, y la que acabó bajo un ataque de cosquillas fue de nuevo ella, aunque al poco rato, las cosquillas se habían transformado en besos en el cuello y luego en la boca.

Hubiesen seguido así por horas, de no ser por Winky, que a través de la puerta cerrada les recordó de forma tímida que los señores las esperaban en la mesa para desayunar.

Tras el desayuno, que resultó un poco incómodo para Luna, ya que los caballeros se miraban entre ellos para luego reírse, o le hacían preguntas con segundas intenciones a Luna, como qué tal había descansado por la noche, o si no le dolía nada (Tonks le tiró una bola de pan a Sirius en ese momento), ellas se retiraron al saloncito que usaba Tonks como despacho y sala de estar. -A ver si es posible que nos dejen un rato en paz-, dijo Tonks, que había dejado el revólver con el que jugaba de forma distraída en una mesita auxiliar, y leía "El Profeta" con la cabeza apoyada en el regazo de Luna.

Pero la suerte no estaba de su parte, ya que al poco rato volvió a aparecer Winky para anunciar que un tal Mundungus Fletcher pedía entrevistarse con la señora, aunque la doncella dudaba si dejarlo pasar, "pues parecía un sinvergüenza de la peor clase".

Un hombre pelirrojo, mal afeitado, despeinado, con el pelo sucio y de escasa estatura entró en la habitación. Estaba sucio y apestaba a tabaco y ginebra.

-¿Qué hay, Dora? ¿Cómo te va en tu vida como duquesa?

-Condesa, Dung. Una duquesa tiene más categoría. No me va mal ¿Qué quieres?

-Cómo eres, Dorita ¿Por qué piensas que quiero algo? ¿No puedo querer ver a una vieja amiga porque la echo de menos?

-Por favor, no me tomes por idiota. Que yo recuerde, nuestros últimos encuentros no fueron amistosos precisamente.

-¡Dora, te divorciaste de mí! ¿Qué se supone que un hombre debe hacer en esa situación?

-Me quitabas mi dinero para emborracharte. Acabamos más de una vez sin cenar y durmiendo en la calle por tu culpa. ¡Demasiado te soporté!

-¡Dora, por favor, no seas rencorosa! ¡De eso hace mucho tiempo! Yo guardo buen recuerdo del tiempo que estuvimos juntos, y todavía pienso en ti. Pero oye, me alegro de que ahora te vayan mejor las cosas. Además, no todo fue malo, acuérdate de que pasamos también buenos ratos juntos, - dijo Mundungus, intercambiando una mirada llena de significado con Tonks, que sonrió de medio lado y desvió la vista.

-Dime qué quieres, Dung. Si puedo, te ayudaré.

-Tal vez prefieras que no esté la chica delante, -dijo Mundungus señalando de forma vaga a Luna.

-"La chica" se llama Luna, y es mi mejor amiga. Puedes hablar delante de ella, -dijo Tonks poniéndose tensa. Si la conversación empezaba así, nada bueno iba a salir de ahí, pensó.

-Como prefieras. Dora, me he metido en un lío terrible. Me ha salido muy mal un negocio, y la pasma está tras de mí.

-¡Ja! ¡Qué novedad! –Dijo de forma seca Tonks.

-Esta vez es peor, Dorita. Resulta que también me persiguen unos antiguos amigos. Perdí la mercancía, y ellos no tuvieron su parte. Y están bastante cabreados conmigo. Lo suficiente como para despacharme y echarme al Támesis para que le sirva de comida a los peces.

Tonks suspiró, puso un momento los ojos en blanco, y buscó a Luna con la mirada, como preguntando ¿has visto lo que tengo que aguantar?

-Dime cuánto dinero resolvería tu problema. Aunque no sé si lo tendré, el conde es mi marido, yo solo soy una ex actriz venida a más.

-Con unas ocho guineas resolvería mi problema, Dorita.

-¿Estás loco? ¿Crees que soy el banco de Inglaterra? ¡Ni siquiera tengo tanto dinero en metálico!

-Seguro que puedes conseguirlo fácilmente. Me harías un gran favor. Se lo podrías pedir a tu nuevo esposo.

-No le voy a pedir a Sirius dinero para dártelo a ti ¿qué te has creído? Y él no me lo daría de todas formas. No es imbécil precisamente, ni tampoco un calzonazos ¿sabes?

-Venga, Dora, tú me ayudas y yo te ayudo. He sido muy discreto todos estos años. Tú no me querías ya, si es que alguna vez lo hiciste, y yo me fui y nunca volví para molestarte. Pero los dos sabemos que tú no has sido siempre una dama. Si tú no me das el dinero, tal vez pueda obtenerlo contándole un par de cosas a Rita Skeeter. También está el asunto de Lupin y Greyback…

-¿Estás intentando chantajearnos, maldito hijo de perra?

-No te lo tomes así. Solo te recuerdo que yo he sido bueno contigo ¡Dora, me van a matar, no te molestaría si no fuese importante!

-Creo que puedo tener unas cinco guineas en casa. No te puedo dar más, aunque vayas a contarle mis trapos sucios a la Skeeter. Pero si algo me conoces, sabrás que eso no es una buena idea, Dung. Acuérdate de que yo también se un par de cosas tuyas, que podrían interesar a Scotland Yard. No puedes amenazar con perjudicarnos sin hundirte en la mierda tú también -dijo Tonks dirigiéndole una peligrosa mirada.

-Sería mejor si fuesen las ocho, pero ayudará. Muchas gracias, Dorita. Siempre supe que eras una persona muy comprensiva, y una mujer muy buena.

-Vete a la mierda con tus peloteos, Dung. Espérame aquí. Voy a por el dinero. Después lo coges, te vas, y te olvidas de que alguna vez me has conocido ¡Si intentas volver a por más, te juro que te vas a arrepentir! ¡Como que me llamo Dora Black!

Tonks abandonó la habitación muy airada, no sin antes advertir a Luna que no le quitase los ojos de encima al sinvergüenza de su ex marido, y ante cualquier cosa rara, llamase a los criados para que lo echaran a patadas de la casa. –Vuelvo enseguida, querida, -dijo a Luna tras besarla en la mejilla.

-¡Cómo es esta mujer! ¡No pasan los años por ella! Cámbiale la ropa, el color de pelo, y el peinado, y es la misma muchacha que conocí cantando en la calle y pasando la gorra, –dijo Mundungus a Luna. Ahí donde la ves, tenía unas manos muy ágiles para desplumar pardillos. Era lista, aprendió muy rápido todo lo que le enseñé. Y mira dónde ha llegado.

-En realidad ha vuelto al lugar de donde venía. El conde es su tío, y esta es la casa de sus antepasados, -dijo Luna con voz neutra.

-Ella no iba a heredar nada. Era poco más que una bastarda. Sus abuelos habían desheredado a su madre por casarse con un católico pobre, y su tía nunca la quiso mucho, ni siquiera se preocupó de enviarla a un buen colegio; la mandó con las niñas pobres para librarse de ella. Y todo fue a peor cuando dejó de seguirle la corriente. Dora me lo contó todo. En aquellos tiempos confiaba en mí.

Al decir esto, Luna creyó notar una cierta tristeza en la voz de aquél desagradable hombre.

-Dora ha tenido mucha suerte pescando un buen marido, -insistía Mundungus. –De verdad que espero que le dure. Desde lo alto, la caída es más dura. Eso dicen, yo nunca he estado arriba.

Luna escuchó unas voces en el recibidor. Era Sirius, llamando a gritos a Dora. Luna tuvo el presentimiento de que no se alegraría de ver a Mundungus en el saloncito privado de su esposa, y salió para recibirlo, dejando solo por un momento a Mundungus.

-Luna, ¿y Dora? Pensé que estaba contigo.

-Está en su cuarto. Ha subido a buscar algo. Enseguida bajará.

-Ven tú. Necesito un punto de vista femenino, y seguramente tú me sirvas mejor que ella. Dora no entiende de estas cosas, ni le interesan, y ni siquiera intenta fingir que le importan.

Llevó a Luna a un enorme comedor, normalmente cerrado, atestado de muebles y lujosos objetos que nunca usaban, y tirando de un cajón, dejó a la vista varios manteles con bellos bordados. La mayoría eran blancos, con bordados en otros colores o en un tono distinto de blanco, pero había unos cuantos diferentes: rojos, azules, amarillos, o verdes. Sirius le preguntó que cual le parecía más bonito, pues deseaba que todo fuese perfecto para la cena en la que recibiría a su ahijado en casa.

-Esto debería ser tarea de Dora, pero como ella no la hace, ¡me tendré que encargar yo! –dijo un poco disgustado Sirius.

-Creo que el más bonito es el azul con bordados dorados.

Sirius la miró con decepción. Por lo visto no le había dado la respuesta que él esperaba.

En ese momento llegó Kreacher, para chivarle al señor que un hombre muy desagradable llamado Mundungus se estaba entrevistando con la señora en su saloncito. Sirius agradeció la información, y frunció en entrecejo. Al salir, Kreacher casi se tropezó con Tonks, que en ese momento entraba al oscuro comedor.

-Ah, estáis aquí. Me preguntaba si os escondíais de mí, -dijo Tonks desde la puerta, intentando parecer divertida.

-Dora querida. La cena es en tres días ¿Sería mucho pedir que te tomases algo de interés en agasajar a mi ahijado? Ven aquí y ayúdanos a escoger la mantelería ¿Cómo va el menú?

-Está todo preparado, Sirius, -dijo Tonks resoplando un poco ¿Quieres que invitemos a los Malfoy?

-Ah. No lo has hecho aún.

-No estaba segura de si querías sentarlos en tu mesa.

-No me agradan, pero quiero que conozcan a Harry. No quiero que piensen que lo escondo. Asegúrate de que reciben a tiempo su invitación. Ocúpate de lo demás también, por favor. Y dinos ¿qué mantelería te parece mejor?

-Enseguida me pongo a ello. Y con lo de la mantelería, por mi parte, siempre me gustó la amarilla ¿Te parece bien?

-No nos ponemos de acuerdo. Luna dice que la azul, tú la amarilla… y yo creo que la mejor es la roja y dorada.

-¿Si ya tienes una pensada, para qué nos preguntas a nosotras? Por mí está bien, pondremos esa. Y ahora mismo escribiré las invitaciones a los Malfoy, aunque no entiendo muy bien por qué quieres cenar con ellos ¿Contento?

-Entiende que para mí es importante presentarlo a la familia. James Potter fue el mejor amigo que tuve nunca, exceptuando a Remus, claro está. Y lo único que me queda suyo en este mundo es Harry ¡Es como si fuera mi hijo!

-Todo estará listo para la cena, tranquilo, te lo prometo.

-Por cierto, cambiando de tema: Me ha dicho Kreacher que ha venido el impresentable de Mundungus. Espero que no te haya molestado, o tendré que darle un escarmiento a ese bribón.

-Ha venido, pero ya se ha ido. Le he dicho que no es bienvenido. Necesitaba algo de dinero, y se lo he dado. Me ha dado pena.

-¿Cuánto?

-Poca cosa. Veinticinco chelines, -dijo Tonks lanzando una mirada de advertencia a Luna para que no revelase su mentira. La cantidad de dinero que le había dado Tonks era tres veces mayor.

-Veinticinco chelines no es tan poca cosa, es casi lo que gana un hombre trabajando una semana, Dora.

-Le he dicho que no vuelva más.

-Si vuelve, dile que hable conmigo. Eres demasiado buena, y se aprovecha de ti.

-No quiero que vayáis a tener problemas Remus o tú por su culpa.

-El problema lo va a tener él si intenta complicarnos la vida, -dijo Sirius amonestando con el dedo. –En fin, ya está hecho. Dame un beso, Dora. Nos vemos en la cena. Pasad un buen día.

En cuanto Sirius las dejó solas, Tonks se acercó a Luna, la abrazó, y luego la besó en la boca apoyándola contra una pared hasta que le faltó el aire.

-Gracias por apoyarme con Sirius, -dijo. –De verdad me preocupa que se vayan a meter en un problema. Tanto Sirius como Remus tienen mal genio cuando se enfadan: son como dos lobos. Prefiero darle a Mundungus el puñetero dinero, y que se largue, a que vuelvan a tener problemas legales cualquiera de los dos. Ya bastante ha habido.

Entonces Luna acalló sus explicaciones dándole la vuelta y apoyándola contra la pared para besarla de la misma forma en la que Tonks lo había hecho con ella, mientras se agarraba de sus hombros para solucionar la pequeña diferencia de altura. Un mechón del pelo rosa de Tonks se desprendió de su moño con el movimiento, e hizo cosquillas a Luna en la nariz. Ella lo apartó y se lo metió detrás de la oreja antes de seguir besándola. Cuando se separaron para tomar aire, se echó un momento sobre su pecho, agitada. Tonks parecía sorprendida.

-¿Te ha molestado? –Preguntó Luna, un poco preocupada al ver la cara de la otra.

-¡Qué tontería, me ha encantado! ¡Tengo ganas de llevarte al dormitorio ahora mismo, a plena luz del día, y que me sigas demostrando lo apasionada que eres!

-Pues hazlo. Hagámoslo, -dijo Luna, mirándola con los ojos muy abiertos.

-Te veo muy dispuesta a todo ¿Qué tal primero un baño juntas? Me encantaría chapotear contigo en agua caliente, mientras hablamos de nuestras cosas y bebemos una copa de vino. Las dos desnudas, nada de camisones ¿qué me dices?

Luna bajó la mirada. No le atraía mucho la idea de meterse en una bañera llena de agua. Prefería limpiarse restregándose trapos húmedos por sus partes privadas, y eso solo de vez en cuando. Ella era una buena chica, no una prostituta, tampoco había necesidad de lavarse tanto.

-¿No te has bañado antes, verdad? Ya verás que es muy agradable. Es como estar en una cama calentita, pero notando tu cuerpo más libre. Te va a gustar, confía en mí, –dijo Tonks. Entonces su cara cambió casi de una forma cómica, y se le quedaron los ojos ausentes mientras intentaba decir algo: casi parecía asustada.

-¿Qué pasa, Tonks?

-Dejaste solo a Mundungus. Cuando viniste aquí con Sirius.

-Oh. Sí, lo dejé solo ¡Lo siento!

Y las dos corrieron al pequeño salón que usaba Tonks, pero todo parecía estar en orden. Las pequeñas y valiosas porcelanas que adornaban la chimenea, el servicio de té de plata… todo estaba en su lugar. Ambas se miraron, sonrieron, y respiraron aliviadas.

-Ven aquí. Vamos a la bañera ahora mismo. Necesito relajarme un poco, con una buena copa de vino de Oporto, y contigo a mi lado. Pero hazte un moño antes ¡no queremos que se te moje el pelo! ¿Verdad?

El baño de Grimmauld Place había sido renovado tras la boda de Sirius. Su madre nunca hubiese aprobado ni una cosa ni otra, pero por suerte para Tonks, Walburga Black llevaba muerta muchos años cuando se celebró el enlace.

La bañera era grande y profunda, y en su interior cabían cómodamente dos personas adultas, siempre que mantuviesen sus piernas recogidas o no tuviesen inconveniente en entrelazarlas. Tonks se había desnudado muy rápido tras preparar el baño, echar sales y disponer la botella y un par de copas en una mesita cercana, y estaba recostada contra el borde de la bañera, con el agua llegándole a los hombros y las rodillas sobresaliendo como dos islas. Se había estirado nada más meterse, pero luego enseguida había hecho sitio para Luna.

Pero Luna no se decidía a entrar. De repente se había sentido muy tímida, se había cambiado tras un biombo y puesto una bata para cubrir su desnudez. Cuando salió con la bata puesta, tampoco la animó el ver el vapor que salía de la bañera. La otra estaba ya dentro, relajada y con los ojos cerrados. Las sales de baño y el jabón disuelto solo dejaban ver sus hombros y sus rodillas. Tonks abrió los ojos, la miró, y le dedicó una sonrisa pícara.

-Vamos, métete de una vez. No quema, te lo aseguro ¡Pero quítate la bata primero, que no te pega ser tan mojigata!

Luna se quitó la bata, la colgó del biombo, y se metió muy rápido en la bañera, para evitar sentir su cuerpo expuesto. Al meterse, el agua se movió y vio un poco a Tonks bajo el agua, con sus piernas abiertas y su oscuro vello público. Se sentó muy tiesa en un extremo de la bañera, con la espalda recta y las piernas cerradas.

Tonks estiró un poco las piernas hasta que rozaron a la otra, mientras le sonreía. Luna le devolvió una sonrisa tímida, y Tonks acarició los pies de Luna con los suyos, para luego abrir las piernas y estirarlas hasta colocarlas a ambos lados de Luna, rozando sus muslos.

-Relájate, estira las piernas, y echa la cabeza para atrás. Entre unos y otros nunca nos dejan en paz, y tenemos cosas de las que hablar.

Luna estiró un poco las piernas, hasta notar que rozaba con la punta del pie la ingle de Tonks, y entonces las retiró deprisa. –No pasa nada, -dijo la otra, -estírate y ponte cómoda.- Luna obedeció, encogiendo solo un poco la rodilla para no rozar a Tonks "ahí". No se sentía nada cómoda, y lo de "tenemos cosas de las que hablar" le sonaba casi como a un interrogatorio.

-¿De qué quieres que hablemos? –Dijo Luna.

-De ti. Ayer me solicitaste hacer "cosas pecaminosas", y yo estoy más que dispuesta a darte gusto y complacerte, pero querría saber un par de detalles antes de que sea demasiado tarde.

-¿Qué detalles?

-Algunos detalles. Al parecer tu amiga Hermione está muy preocupada por ti, y aunque opino que es una hipócrita y una entrometida, puede que lleve razón en un par de puntos. Y yo no quiero perjudicarte. Todo lo contrario: quiero que seas feliz, o al menos que vivas tranquila.

-¿Eso fue lo que te dijo el sábado? ¿Por eso no podía estar yo delante? ¿Por qué piensa que puede hacer eso? Si yo quiero pecar contigo, es asunto mío, – comentó enfadada Luna.

-Claro que sí, muy razonable y sensato. Pero el caso es que no quiero que dentro de cinco años te aburras de mí y pienses que te he arruinado la vida. Que tal vez hubieses tenido un mejor futuro si hubieses elegido a otra persona. A Neville Longbottom, por ejemplo, con el que tu amiga está empeñada en emparejarte.

-No me interesa Longbottom. Si es amigo de Hermione, seguro que es un gran tipo. Pero prefiero decidir por mí misma cómo arruinarme la vida.

Tonks se carcajeó al escuchar esto, y levantando un pie, rodeó la pierna de Luna hasta dejarlo descansar sobre sus muslos, para después hacer un poco de presión y colocarlo entre sus piernas. Luna no se resistió, aunque se sintió tensa otra vez. El enfado con Hermione por lo que Tonks le había contado la había hecho olvidar que estaba desnuda en una bañera con ella.

-¿Eres virgen, Luna?

-¿Y eso qué tiene que ver con lo que estamos hablando?

-Tiene que bastante ver, corazón. Si eres virgen podemos seguir haciendo cosas pecaminosas, pero distintas. Más suaves. Ya te he dicho que no quiero perjudicarte. Si algún día quieres casarte, no quiero que tengas problemas en tu noche de bodas por mi culpa, y si te rompo el himen sin querer, los tendrás. Muchos hombres no se toman bien darse cuenta de que no han sido el primer amante de su esposa, aunque ellos estén hartos de irse de putas.

Tonks hizo una pausa, y se quedó mirando a Luna, que no dijo nada. Parecía bastante abochornada.

-Sé que es horrible hablar de esto, pero es necesario. Dime la verdad, y no te preocupes: podemos hacer casi de todo sin que parezca que has roto un plato alguna vez, -añadió Tonks, al ver que Luna ponía cara de sentirse aún más incómoda.

-No lo soy. Tuve un novio cuando salí del colegio. Era militar, y fotógrafo aficionado. Era muy dulce. Lo destinaron a la India, y se supone que yo iba a ir después a reunirme con él, y casarnos. La noche antes de irse lo hicimos.

-¿Te desfloró y no cumplió su palabra? ¡Qué malnacido! –Dijo muy indignada Tonks.

-No, no fue así. No pudo cumplirla porque murió dos semanas más tarde, cuando lo enviaron a sofocar una insurrección.

-Oh. Vaya, lo siento mucho. Qué historia más triste. Y luego después vino todo lo demás… Has tenido muy mala suerte hasta ahora, Lunita. Ven, ven aquí, date la vuelta y échate de espaldas: quiero abrazarte –dijo Tonks, mientras le indicaba con las manos que se acercase.

Ambas encogieron las piernas, y Luna se colocó con la espalda cerca del cuerpo de Tonks, que la rodeó con sus brazos por detrás, para hacer que se recostase sobre ella. Volvió a abrir las piernas para rodear el cuerpo de Luna, que sintió contra su espalda los pezones duros de la otra.

Ahora estaban con los rostros casi juntos, si Luna se giraba un poco o miraba por el rabillo del ojo, podía ver a Tonks mirándola con los labios un poco entreabiertos. La besó en la mejilla antes de preguntarle si se sentía bien, si no se había puesto triste al acordarse de aquello. Luna le dijo que estaba bien: hacía mucho tiempo, y ya no le dolía acordarse. Cerró los ojos cuando notó las caricias de Tonks en su espalda, sintiendo cómo se le erizaba el vello.

-Estoy caliente, -dijo de repente Luna.

-¿Ah, sí? ¿Mucho?

-Bastante, -respondió ella.

-Vamos a ver si es verdad, -dijo entonces Tonks, mientras metía una mano entre las rodillas de Luna, para que abriese las piernas. Tocó su sexo con cuidado, recorriéndola con un dedo. –Parece que sí que es cierto, estás un poco hinchada. Habrá que hacer algo, ¿verdad?

-No puedo estar así mucho más tiempo. Me duele "ahí", -se quejó Luna.

-Ya verás cómo enseguida deja de dolerte. No te preocupes, no voy a dejar que sufras, -le dijo con dulzura Tonks al oído.

Tonks la abrazo más fuerte, y volvió a besarla, esta vez en el cuello, mientras sus manos bajaban a sus pechos.

-¿Te gusta esto? –Preguntó al apretar con suavidad sus pezones.

Ante la respuesta positiva de Luna, siguió acariciando sus pechos y besando su cuello al mismo tiempo. Tonks decidió hacer otro chupetón más junto al que Luna ya tenía, mientras una de sus manos bajaba otra vez hasta su sexo, para acariciarlo de nuevo.

-¿Te gusta? ¿Sigo? –Preguntaba Tonks mientas sus dedos abrían los labios de Luna buscando su clítoris, para luego estimularlo haciendo pequeños círculos. Luna se retorció gimiendo de forma suave. Su mano buscó apoyo y encontró uno de los muslos de la otra, y allí clavó sus uñas. Los dedos de Tonks no paraban de acariciarla, mientras su otra mano apretaba su pezón, y al poco rato, Luna se revolvió pateando y gimiendo de manera más fuerte y descontrolada, para luego quedarse quieta y relajada, echada sobre el cuerpo de la otra, con los ojos cerrados. Tonks retiró sus manos para colocarlas de nuevo en torno al cuello de Luna.

-¿Entonces, así es como lo hacen dos mujeres? –Fue lo primero que preguntó Luna tras recuperarse un poco de su orgasmo.

-Tú siempre preocupada por los detalles técnicos, -dijo Tonks riendo. -Es una manera. Hay más. Esta es suave, puedo ser más bruta, si quieres.

-¿Y tú? ¿Qué pasa contigo?

-Me lo tienes que hacer luego a mí. Reciprocidad. Yo te doy, tú me das. Pero esta vez no importa, estás aprendiendo. De todas formas tenemos que ir terminando ya con el baño: el agua se está enfriando y yo tengo cosas que hacer, por desgracia, -dijo Tonks acordándose de lo que había prometido a Sirius.

-¿Esta noche, entonces? Y practicamos lo de la reciprocidad. Quiero ver qué cara pones mientras te lo toco.

Tonks lanzó otra carcajada. –Seguramente de estúpida, -dijo. –Esta noche repetimos en mi cama. Tú me vas diciendo cómo de suaves quieres que seamos.

-No quiero que seamos suaves, -dijo Luna, mientras se daba la vuelta y se sentaba en una posición muy incómoda encima de las piernas de Tonks, para abrazarla a ella luego. Luna bajó la cabeza para besarla, y cuando se separaron, Tonks se dio cuenta de que ahora los pechos de Luna estaban casi a la altura de su boca, así que comenzó a lamerlos y besarlos mientas subía de vez en cuando los ojos para ver si le gustaba. Luna mientras comenzó a pellizcar los pezones de la otra de la misma manera en que ella lo había hecho, mientras las manos de Tonks se metían por el hueco que quedaba entre sus muslos y los de Luna para repetir lo anterior, solo que esta vez ella también deseaba recibir lo mismo, y al ser físicamente imposible, se agitaba de forma brusca, intentando hacer presión con su sexo en el fondo de la bañera.

Cuando Luna terminó, Tonks le pidió que se lo hiciese a ella, "me he puesto demasiado caliente como para esperar a esta noche", dijo, y se subió encima de la rubia. Luna empezó a tocarla con inseguridad. Tonks estaba sonrojada y se agarraba a ella por los hombros.

-No tengas miedo de hacerme daño, Luna. ¡Más fuerte! –Pidió Tonks.

Luna la obedeció, pero Tonks deseaba algo más contundente, y metió su propia mano para ayudar a Luna, que notó cómo Tonks colocaba su mano un poco más atrás y hacía presión con toda la palma, indicándole que la moviese hacia delante y atrás.

Luna notó como su mano se iba humedeciendo con algo más espeso que el agua, mientras Tonks ponía caras raras. Cuando al fin se quedó quieta, con la cabeza apoyada sobre el hombro de Luna y abrazándola de nuevo mientras recobraba la respiración, Luna se miró las manos antes de lavárselas en el agua de la bañera: tenía una sustancia de un blanquecino casi transparente, y bastante pegajosa, en una de ellas.

Tonks, que había levantado la cabeza al notar el movimiento de Luna, la miró y sonrió de medio lado. –Eso significa que lo has hecho bien, Luna, -dijo antes de besarla de nuevo en la boca.


**En el próximo capítulo vamos a ver qué se cuece en Malfoy Manor, que a la pobre Pansy la tengo muy abandonada, (y eso que me encanta). Al mismo tiempo, seguiré un poco con la trama de los asesinatos. Y si me cabe, Tonks y Luna se demostrarán afecto antes de dormir.