Capítulo 9: Leche condensada


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Advertencia: sexo explícito, marranadas.

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Cuando Tonks se despertó, Luna seguía como de costumbre muy dormida, y encogida sobre sí misma para esquivar los rayos de sol que entraban a través de las cortinas. Tonks la arropó, pues a pesar de que eran ya casi las nueve, la mañana era fría. La miró dormir un momento, y recordando que la noche anterior le había hecho daño sin querer, se sintió demasiado culpable como para despertarla.

Se metió un camisón, se puso su bata amarilla encima, garabateó una nota para Luna diciéndole que estaba abajo, y bajó así al salón donde solían desayunar, sintiendo las miradas atónitas de los criados sobre ella. Que la señora de la casa tuviese un affaire con su dama de compañía, bueno estaba, eran rarezas de los Black, pero que bajase al salón a reunirse con el señor en camisón, eso no tenía excusa.

Al parecer Sirius era de la misma opinión, pues al verla no pudo evitar quedarse boquiabierto, aunque enseguida se recompuso y le dio los buenos días. Remus apenas la saludó con un movimiento de cabeza tras su periódico, y ella le contestó de la misma forma.

-Se te han pegado las sábanas, Dora, tú solías ser más madrugadora, -dijo Sirius.

-Hazme sitio a tu lado, anda, y no me regañes, -respondió Tonks, arrastrando una silla hasta donde estaba su esposo, para sentarse allí y echarle la cabeza en el hombro.

-Tienes cara de necesitar un buen café. Creo que aún queda en la cafetera.

Kreacher apareció dispuesto a servirle una taza, pero Tonks le dijo que ya se servía ella. El viejo criado pareció ofendido. Ella pensó que de todas formas, cualquier cosa que viniese de ella lo hubiese ofendido.

-Dame tabaco, Sirius.

-¿Y el tuyo? –Preguntó Sirius mientras abría su pitillera y le ofrecía un cigarro a su esposa.

-Me lo he dejado arriba. No quiero despertar a Luna. Anoche parecía cansada, -dijo Tonks sin poder evitar sonreír de medio lado.

-Te lo diré a la cara, Dora: me parece asqueroso lo que estás haciendo, -dijo de repente Remus, apareciendo tras su periódico.

-¿Perdona? ¿Ahora eres más moralista que el padre Snape, o qué te pasa? ¿Cómo te atreves a decirme lo que tengo o no tengo que hacer, con la lista de amantes que has tenido?

-¡No en esta casa! ¡Y no con una chica que sea pariente lejana mía! ¡Te recuerdo que es familia de Bellatrix, y por tanto, tuya! ¡Sirius, dile algo, por amor de Dios!

-Querido Remus, teniendo en cuenta que Dora es la hija de mi prima, entiende que tu argumento es muy endeble. Otra cosa es que estuvieses un poco celoso. Ese sería un asunto por completo diferente, -dijo Sirius con un brillo malicioso en los ojos.

-¡Celoso yo! ¡Por favor! ¡Únicamente estoy preocupado por la chica!

-¡Ponte en cola, la señorita Granger ya escogió el papel de protectora de la entrepierna de Luna, mientras ella se divertía con Pansy, por cierto!

-¡No sé quién es la señorita Granger, pero de manera independiente de lo que ella haga con su vida, tiene razones para preocuparse! ¿Quién se va a querer casar con Luna en cuanto se corra la voz de que la metes en tu cama?

-¡No tiene por qué correrse la voz! ¡Ella es mi dama de compañía de cara a los demás, y nada más! Por cierto, si dejases de gritar, sería una ayuda. No es necesario que se enteren los vecinos ¿sabes?

-¡En cuanto los criados lo cuenten, ya lo sabrá todo el mundo! –Repuso Remus.

-Los criados son leales a la casa Black, no dirán nada, de la misma forma que no han dicho nada de todo lo demás durante estos años, Remus. Me temo que tus argumentos siguen siendo flojos.

-¿Por qué te pones de su lado, Sirius?

-No me pongo del lado de ninguno. Solo señalo que la estás atacando con unos argumentos muy débiles. Tan débiles, que no parecen los motivos reales por los que estás molesto con ella.

-¡Me voy! ¡Sois tal para cual, en realidad! ¡No me extraña que la defiendas!

-¿Volverás para la cena? Había pensado que podríamos hacer algo juntos luego –dijo Sirius lanzándole una significativa mirada.

-Nos vemos en la cena, Sirius, -dijo Remus, que se había ablandado un poco al encontrarse con los ojos del otro.

Y salió dando un portazo sin despedirse de Tonks, que se sobresaltó sin poder evitarlo por el golpe. La mano de su esposo acabó en su hombro, de forma tranquilizadora.

-Gracias por apoyarme esta vez, Sirius. Significa mucho para mí, -dijo Tonks besándolo en la mejilla.

-De nada, Dora. Es verdad que últimamente la tiene tomada contigo. No entiendo qué demonios le pasa a este hombre. En fin, cuéntame: ¿qué tal con la rubia? Y no me digas que solo dormisteis juntas como dos hermanas, porque no soy sordo, querida.

-Fue bien, o eso creo. Me da un poco de pudor hablar contigo de este asunto, -dijo Tonks bajando un poco la mirada.

-Vamos Dora, que soy tu marido, tu tío, y tu mejor amigo, aunque no sé si por este orden ¡No me digas que no podemos tener una charla de amigos!

-Yo no hablo con mis amigas de estos temas, Sirius.

-Siento decirte que no tienes amigas, por si no te habías dado cuenta. La mayoría de las mujeres te odian nada más verte, y con las que te hubieses podido llevar bien acabas peleada tras encamarte con ellas. Así que te tienes que conformar conmigo, que soy bastante curioso, y quiero saber de tus asuntos con Miss Lovegood.

-¿Crees que debería intentar hacer las paces con Pansy? En plan amigas, me refiero, –preguntó Tonks intentando cambiar de tema.

-¿Merece la pena? Creo que es la persona más superficial que he conocido nunca.

-La estás juzgando mal. La verdad es que tampoco la has conocido mucho.

-No tengo paciencia como para tanto. Prefiero mil veces a Lunita, ¡por lo menos me hace reír!

-De ese tema quería hablar contigo. Sé que no tienes mala intención cuando le gastas bromas picantes, pero ¿podrías intentar no hacerlo? La pones incómoda, y luego viene a mi cuarto con el camisón cerrado hasta la garganta.

Sirius no pudo evitar reír a carcajadas, y Tonks le respondió que no tenía gracia el asunto, mientras le golpeaba un brazo de broma.

-De hecho, si pudieses evitar gastarle cualquier tipo de bromas, sería estupendo.

-Dora, pides demasiado ¿lo sabes, verdad? Me estás pidiendo que yo no sea yo mismo. Probablemente Luna solo necesita un poco de tiempo para acostumbrarse a dormir sin camisón, -dijo guiñándole un ojo a Tonks.

En ese momento, entró Winky con una carta en una bandeja, que entregó a Tonks. Iba remitida por Bellatrix. Ella la cogió con manos temblorosas, mientras se alejaba de su marido. No quería que él la fuese a leer por encima de su hombro.

Querida sobrina:

A pesar de que nuestras relaciones no han sido muy fluidas en los últimos tiempos, te escribo porque aunque no lo creas, aún me preocupo por ti.

Me temo que te estés dejando engatusar por la pequeña Luna. Puede resultar cómica, pero es una manipuladora y una mentirosa, de la peor clase de mentirosos que existen, pues miente sin darse cuenta, al mezclar la fantasía con la realidad, y cuenta medias verdades. No te creas nada de lo que te diga, si no quieres que te involucre en sus majaderías. Ya debes haberte dado cuenta de que no rige bien.

Ella va a acabar tan mal como acabó el demente de su padre, porque por desgracia, la locura en esa familia es hereditaria. Si la devuelves ahora mismo a mi casa, no voy a hacer preguntas incómodas, e incluso lo tomaré como un gesto de buena voluntad por tu parte.

Ya sabes que a pesar de las veces que me has defraudado, y la última no hace tanto, simplemente con disculparte conmigo y seguir a partir de ahora mis consejos, yo estaría dispuesta a perdonarte. Esto no incluiría a tu marido, pero sí a tu hijo. Por cierto, permíteme que te diga con respecto a Teddy, que todo el mundo sabe de quién es hijo en realidad. Y te recuerdo que con ese caballero también tengo cuentas pendientes: lo hago para que no puedas decirme que no estás advertida.

Así que ya sabes cuál es la situación: entrégame a Luna, discúlpate conmigo, aléjate de mis enemigos, y serás de nuevo mi querida sobrina. Aún pienso mucho en ti, te echo de menos, y no puedo creerme que tú nunca me eches de menos a mí, que te lo he enseñado todo y he hecho de ti la mujer que eres, fuerte y decidida como yo… aunque tú te niegues a reconocer que me debes mucho.

Pero si sigues oponiéndote a mí como lo hiciste en la fiesta de los Zabini, voy a tener que tomar decisiones. Decisiones que he estado postergando, porque, lo creas o no, eran demasiado dolorosas para mi persona.

Me temo que esta carta no puede tener una despedida cariñosa. Se podrán decir de mí muchas cosas, pero no que sea una hipócrita.

Hasta la próxima,

Bellatrix Lestrange.

A Tonks le temblaban las manos, un poco por el miedo (su tía los había amenazado a todos, incluido a su hijo), pero sobre todo de rabia ¿Cómo se atrevía a exigirle que le devolviese a Luna? ¿Cómo era posible que se viese a sí misma como una mujer defraudada, en vez de como un monstruo? ¿Cómo era capaz de pensar que las dos se parecían en algo, que la había educado bien, o que ella le debía algo? ¿Cómo osaba siquiera a escribirle?

-Dora… -dijo Sirius, llamándola, pero ella no lo escuchaba.

-Dora, ven aquí. Déjame leer la carta.

-Va dirigida a mí, Sirius –dijo Tonks. No quería que él leyese las venenosas palabras de Bellatrix, un poco por miedo de su reacción, y un poco porque todo lo relacionado con ella le traía malos recuerdos y la hacía sentir muy incómoda y avergonzada.

-Dora, como tu marido y dueño de esta casa, tengo derecho a leer tu correspondencia, y lo sabes. Pero no te lo pediría si no me hubiese dado tiempo a leer el remite antes de que te la llevases. De Bellatrix no me espero nada bueno, y si ella te está amenazando, quiero saberlo. ¡Juré que te protegería cuando me casé contigo, por si no lo recuerdas!

-Pues resulta que sé protegerme sola, mi querido esposo, por si no recuerdas tú ese detalle.

-Dora, entonces como tu amigo. No como tu marido, sino como tu amigo, te pido que me enseñes la carta. Por favor, confía en mí.

Suspirando, se la pasó a Sirius y se volvió a sentar a su lado. Aún le temblaban las manos. Él la leyó con el rostro impasible, si acaso levantaba una ceja de vez en cuando, y al llegar al final le pasó de nuevo a Tonks el brazo por el hombro.

-Está decidida a no dejarnos en paz, por lo que se ve.

-Sirius, tengo miedo de que vaya a intentar hacernos algo. No ella misma, claro. Nunca van ellos en persona, siempre mandan a alguien.

-No va a pasar nada, Dora. Parte del poder de los mortífagos es precisamente el miedo que inspiran ¡No dejes que lo consigan contigo!

-Tú no los conoces como yo ¡yo he vivido en su casa! Sabes, la gente se ríe de las cosas que dice Luna, pero no va tan descaminada muchas veces, solo que es tan horrible pensar que puede llevar algo de razón, que la gente prefiere imaginar que está loca. Y de eso se aprovechan ellos.

-Sé que Luna no está loca, como tampoco lo estaba su padre, no al menos hasta que consiguieron arruinarlo y encerrarlo. Y tampoco la vamos a desproteger a ella, te lo aseguro. Ahora es como si fuese parte de la familia.

-¿Podríamos enseñarle a usar un arma, Sirius? Me quedaría mucho más tranquila si tuviese su propio revólver ¿Podría ser esta misma mañana?

-No tengo nada que hacer esta mañana que no pueda hacerlo otro día, aunque Luna necesitará más de una lección.

-Hoy le enseñamos los dos, y yo la llevaré a practicar más veces. Y tú vuelves a enseñarle cuando puedas ¿Te parece bien?

-Está bien. Con respecto a la carta, voy a archivarla. Bellatrix nos amenaza veladamente, y quiero guardarla como prueba.

-De veladamente, nada. Nos amenaza. Pero quémala. No quiero que nadie más la vea ¡Por favor, Sirius! ¡Sobre todo, no se la enseñes a Remus!

-¡Pero Dora!

-No es por lo que piensas. No es que quiera dejarlo al margen de los asuntos de la familia. Es que temo que al saber que han amenazado a Teddy, vaya a buscarlos para matarlos él primero. Y ya sabes cómo acabará: muerto o en la cárcel. No le diremos nada a Remus.

-No estoy de acuerdo, Dora. No podemos tener secretos los unos con los otros, y menos en un tema de tanta importancia. Informaré a Remus de las novedades. Pero la carta es tuya: haz con ella lo que quieras, aunque mi consejo es que la guardes. En un lugar secreto, si quieres, pero que la guardes. Nunca sabrás si no la vas a volver a necesitar.

-Está bien, la guardaré, pero dámela. Por cierto, voy a buscar mi arma. La última vez que la vi estaba en mi saloncito.

-Deberías ser más cuidadosa con tus cosas. Espero que guardes la carta mejor de lo que guardas lo demás.

Tonks guardó la carta en un mueblecito con llave que tenía en su salón, y luego se puso a buscar su arma. No estaba donde recordaba haberla dejado. Tardó mucho en volver, y cuando lo hizo traía mala cara.

-¿Qué pasa, Dora?

-No la encuentro. No sé si el maldito Kreacher me la habrá cambiado de sitio. Nunca deja nada donde yo lo pongo, parece que lo hace a propósito para molestarme.

-Lo creo muy capaz ¡Kreacher! ¡Kreacher, ven aquí inmediatamente!

-Dígame el señor.

-¿Has cambiado de sitio el revólver de mi mujer? ¡Contesta, es importante!

-El revólver de la señora debe estar en el último sitio donde ella lo dejase, en el caso de que sea capaz de recordarlo, si se me permite el atrevimiento.

-¡No se te permite! ¡Retírate! –Dijo Sirius de mal humor.

-Dora, haz memoria. Esto es importante, -repitió Sirius.

-No lo sé, no puedo acordarme ¡estaba ahí! ¿Por qué ya no está ahí? –dijo de forma nerviosa Tonks, más para sí misma que para su marido.

De pronto se quedó quieta, con la mirada perdida, y se llevó los dedos a la boca para mordérselos.

-No te enfades Sirius. Ya sé quién lo tiene.

Sirius no dijo nada, solo la miró con una ceja alzada.

-Lo debió coger Mundungus cuando estuvo aquí.

-¡Pero Dora! ¿Cómo estuviste para descuidarte de ese modo? ¡Podemos buscarnos un problema si él lo usa para vaya usted a saber qué!

-Lo sé, lo sé. Lo dejé solo un momento mientras fui a por el dinero, y debió cogerlo entonces. He sido una estúpida, -dijo Tonks, sin mencionar la pequeña culpa de Luna. No ganaba nada haciendo que Sirius también se enfadase con ella.

Sirius suspiró. Había sido realmente una estupidez por parte de su esposa, pero no tenía nada que añadir, ya ella se lo había dicho todo.

-Está bien. Denunciaremos el robo a la policía. No me gusta tener tratos con ellos, pero es lo mejor que podemos hacer, dadas las circunstancias. Y encargaremos uno nuevo para ti. Con lo que tenemos encima, no puedes ir desarmada ¡Y alegra esa cara, que no es para tanto!

En ese momento apareció Luna ya vestida, pero con el pelo desarreglado colgando por sus hombros. Tonks llamó a Winky y le encargó un desayuno para ella, y que hiciese el favor de traer de su propio cuarto sus cepillos y peines, así como horquillas.

-Siéntate y desayuna, yo mientras voy a arreglarte el pelo. Así ahorramos tiempo.

-Tendré que empezar a arreglarme la barba yo también en la mesa del desayuno, para ahorrar tiempo, -dijo de modo sarcástico Sirius.

Tonks no le respondió (estaba todavía un poco azorada por el tema del revólver) y empezó a cepillar el pelo de Luna, separándolo por mechones para desenredarlo sin hacerle daño. Sirius se acercó: había habido algo que le había llamado la atención. Apartó con cuidado uno de los mechones rubios del pelo de Luna, y contempló con media sonrisa los morados que tenía en el cuello.

-Luna, al parecer tenemos un terrible problema con los mosquitos en esta casa, a pesar de la época del año. Deberías tener cuidado de cerrar bien la ventana, querida ¡se han ensañado contigo! ¡Parece que a esos viles animales les entusiasma la sangre de las rubias!

-Sirius… ¿qué habíamos estado hablando? –Dijo Tonks con aire de fastidio.

-No me duele si no me toco, y disfruté mucho cuando Tonks me los hizo, -dijo Luna sin rubor, mirando a Sirius con una sonrisa inocente.

Sirius estalló en carcajadas, y Tonks pareció un poco incómoda por un momento.

-¿Ves, querida? ¡Tus temores eran por completo infundados! ¡Luna no se siente en absoluto cohibida o avergonzada por mis comentarios!

-Me alegro de que no te duelan, Luna. Te podré un pañuelo de encaje negro en el cuello antes de salir de casa, -fue lo único que dijo Tonks.

-¿Dónde vamos a ir? –Quiso saber Luna.

-Vamos a decirle al cochero que nos lleve a una pequeña finca de la familia en las afueras de la ciudad. Está casi abandonada, pero allí vamos a veces a practicar tiro, sin que los vecinos murmuren. Te vamos a enseñar a usar un arma, para que sepas defenderte, -dijo Tonks.

-No sé qué tal se me va a dar usar un arma, -dijo Luna.

-Ya verás que se te da bien, -contestó animoso Sirius.

Mientras tanto, Tonks le estaba intentando hacer a Luna un moño francés, no sin alguna dificultad.

-¿Qué me estás haciendo en el pelo?

-Te lo estoy recogiendo. Ya eres mayor para llevarlo suelto, Luna.

-Bellatrix solía decirme que como no empezase a peinarme de forma apropiada, cualquier día cogería unas tijeras y me dejaría como a un recluta.

-¿Eso te decía? Vale, ya hemos terminado, -dijo Tonks mientras deshacía con rapidez el peinado de Luna, hasta dejarlo como a ella le gustaba llevarlo, suelto y colgando por los hombros.

-¡Bravo, Luna! ¡Has conseguido salirte con la tuya y a la vez desalentar a Dora de intentar obligarte a llevar peinados que no te gusten de nuevo! ¡Bien jugado!

Luna miró a Tonks. Estaba seria mientras recogía las horquillas, y evitaba mirarla.

-No he querido decir nada desagradable. Solo ha sido un comentario. No me importa si quieres hacerme un moño, Tonks.

-No estoy disgustada contigo, solo es que hasta ahora no llevo un buen día. Vámonos ya ¿queréis?

-Querida Dora ¿puedo preguntarte si piensas poner de moda el camisón como prenda de calle?

-Ah, eso. Sí, voy a cambiarme. No tardo nada. Encárgale mientras a Winky que haga unos sándwiches ¿querrías, Sirius?

-¡Voy contigo!, -exclamó Luna, corriendo tras ella.

-¿Qué pasa, Tonks? Te estoy notando muy rara hoy, -preguntó Luna mientras le cerraba el corsé.

-No te preocupes, no es contigo. He discutido con Remus de nuevo y he descubierto que Mundungus sí que robó algo, al final. Mi revólver.

-¡Lo siento mucho! ¡Fue mi culpa, tenía que haberlo vigilado y no irme con Sirius!

-No fue tu culpa. Era mi arma, y mi responsabilidad. De todas formas no pasará nada, denunciaremos su robo y fin del problema. Espero. Ojalá Mundungus no vaya por ahí diciendo nada que nos perjudique, como venganza.

Luna la abrazó por un momento, pero a Tonks aquel abrazo tierno la hizo desear tirar a Luna sobre la cama. Cuando estaban las dos echadas, acarició su cuello con el dorso de la mano.

-¿Así que no te duelen? ¿Quieres más?

-¿Me caben más?

-Creo que no. Tendré que esperar a que se te curen los que tienes. Qué pena que ahora no tengamos tiempo para esto, podría tratar de averiguar si tienes otras partes de tu cuerpo tan sensibles como el cuello, -dijo Tonks suspirando.

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Resultó que a Luna no se le dio nada bien el manejo de las armas. Tonks y Sirius tuvieron que estar muy pendientes de que cogiese bien el arma, y no se dislocase la muñeca por culpa del retroceso.

-Vale, Luna, vamos a descansar un poco. Yo por lo menos estoy muerta de hambre, -dijo Tonks.

-¡Pero si hemos desayunado hace un rato!

- has desayunado hace un rato. Hay personas que tenemos la costumbre de madrugar, y así tener más tiempo para no hacer nada, -comentó Sirius.

Ambos esposos se miraron y rieron el chiste. Luna tardó un segundo más que ellos en encontrarle la gracia.

Se sentaron en el suelo para comer los sándwiches, y tras terminar los suyos antes que nadie, Tonks pidió un bocado a Sirius y otro a Luna. Ella se lo dio sin problemas, pero Sirius jugueteó con su sándwich, tomándole el pelo, y cuando ella creyó que ya lo tenía al alcance de su boca, lo que recibió fue un beso, que no por inesperado fue menos correspondido. Luna apartó la mirada, quedándose seria de pronto.

-Venga, Luna, no te pongas celosilla, -dijo Tonks poniendo sus manos sobre sus hombros y haciendo que se girase. –Para ti también hay besos.

Pero a Luna le resultaba embarazoso besarla delante de Sirius, que sonreía al darse cuenta de su incomodidad, y se separó en cuanto pudo de los labios de su amante. Tonks estuvo a punto de pedirle que dejase de lado su timidez con Sirius, pero en el último momento decidió callarse. Probablemente, hacer hincapié en ese asunto fuese contraproducente, así que se conformó con acariciarle el pelo intentando relajarla, aunque con la sensación de que no le estaba saliendo del todo bien.

Estuvieron allí casi hasta el atardecer, y Luna consiguió algunos avances, aunque parecía claro que nunca sería una gran tiradora. Tonks estaba asombrada, pues nunca hubiese pensado que su marido pudiera ser tan paciente. Al parecer no había mentido al decir que Luna le era simpática.

De regreso a casa, Remus ya estaba allí, esperándolos en el salón mientras leía. Sirius lo saludó con un abrazo, y Tonks ligeramente y desde lejos con la mano, para a continuación pasar el brazo de forma cariñosa sobre los hombros de Luna, besarla en la mejilla, y mirarlo desafiante. Ella supuso que aquello tenía que ver con lo que Tonks le había dicho de su discusión con Remus por la mañana. Pero no tuvo mucho tiempo para detenerse en ese pensamiento, porque Tonks enseguida le pidió a Winky que preparase un baño caliente. -Estoy sudada y pegajosa ¿Te apetece acompañarme, Luna?- dijo guiñándole un ojo.

Tras la cena, ambas se fueron al dormitorio. Luna se había subido un libro sobre espiritismo de la famosa vidente Sybill Trelawney, y estaba intentando tener más éxito en convencer a Tonks acerca de la vida en el más allá del que había tenido con Hermione. Tonks la escuchaba prestando atención a sus palabras mientras le acariciaba el cuello. No le importaba mucho cómo funcionaba el espiritismo, mientras se obtuviesen resultados prácticos.

-¿Te gustaría hablar con alguien del más allá, Luna?

-Me gustaría preguntarle a mi padre quién lo mató. Sé que lo asesinaron en la cárcel por orden de los mortífagos, pero me gustaría saber quién dio la orden.

-Puede que él no lo sepa, Luna. En todo caso, da igual. Ya sabes quién es el responsable de todo.

-¿Te refieres a…?

-Sí, claro. Ryddle, al que ellos llaman Lord Voldemort. Él es quien lo maneja todo.

-Y tu tía.

-Sí, y mi tía. Pero no vamos a hablar de eso ahora ¿verdad?

-¿De qué quieres que hablemos? –Preguntó Luna con voz inocente, pero sus ojos tenían un brillo travieso.

-¿Sabes Luna? Hablar está bien, lo malo es que entonces no puedes usar la lengua para otras cosas. Mira lo que tengo para ti, -dijo Tonks, mientras le enseñaba un bote de leche condensada, que sacó de un cajón.- He visto que apenas has probado el postre. Creo que necesitas comer más: no quiero que vayas a perder peso.

Tonks cogió un abrelatas y abrió el envase, para luego coger una cuchara y dar a probar a Luna el contenido. –Pareces un cachorrito, con la boca llena de leche,- dijo limpiándole los labios.

Comenzó a desnudarla. No era una tarea fácil, pero Luna colaboraba sin sentirse tímida esta vez. Luego se desvistió a sí misma, pidiendo ayuda a la otra para abrirse el corsé. Cuando estuvo desnuda por completo, se echó a su lado, entrelazó sus piernas con las de Luna, y la besó. Luego se separó de sus labios, y con la cuchara comenzó a dejar gotas de leche condensada sobre sus pechos, para después lamerlas. Cuando los dejó limpios, comenzó de nuevo con el juego, pero esta vez se concentró en lamer y chupar sus pezones, que se iban poniendo duros al contacto con su lengua y sus dientes, mientras ella notaba el sabor un poco salado de la suave piel de Luna, bajo el dulce de la golosina.

Luna se revolvía, gemía con suavidad, y entrecruzaba las piernas. Tonks metió la mano entre sus muslos para descubrir que estaba húmeda.

-¿Te gusta esto, Luna? ¿Quieres que siga por otros sitios? –Preguntó sonriendo.

Pero la respuesta de Luna fue besarla y echarse sobre su cuerpo. Tonks cerró un momento los ojos y suspiró de placer.

-¿Puedo hacértelo yo?

-Claro. Puedes hacer lo que quieras, -dijo Tonks colocando sus brazos bajo su cabeza.- Pero asegúrate de no dejar ni una gotita.

Luna hizo lo mismo que le habían hecho a ella, notando la dulzura un poco empalagosa en su boca, y cómo Tonks se iba excitando cada vez más bajo sus caricias. Cuando dejó sus pechos limpios por completo, siguió lamiéndolos, besándolos y mordiéndolos con cuidado. Le pareció que la propia piel de la otra tenía un sabor agradable.

Metió la cuchara una vez más en el bote, e hizo una línea desde los pechos hasta el pubis de Tonks, recorriéndola con la lengua, mientras procuraba no quitarle la vista de encima a los ojos de su amante. Ella la miraba con aprobación y un poco de asombro: no esperaba que le fuera a coger el truco tan pronto a sus pequeñas travesuras.

-¿Y si abriese un poco las piernas… te gustaría hacer lo mismo "ahí"? Tendrías que lamer con todas tus ganas ¡no me puedes dejar pegajosa!

Luna no tardó en hacer lo que Tonks había sugerido, embadurnando de leche condensada su vulva. Tonks la animaba a que fuese generosa con el dulce mientras se reía, aunque pronto dejó de reír para suspirar de placer en cuanto Luna empezó a lamer su sexo, solo parando de vez en cuando para quitarse algún pelito que se le quedaba en la boca, para diversión de su amante, que la comparaba con un gatito atragantado por su propio pelo.

-¿Ya has acabado? Creo que todavía te has quedado con hambre, sírvete un poco más. Y no te dejes nada de leche en el plato, gatita, -la animaba Tonks, guiñándole un ojo.

Cuando Luna limpió de leche condensada por segunda vez la vulva de Tonks, ella la miró a los ojos pidiéndole más.

-¿Quieres que te haga lo mismo que me hiciste ayer?

-Sí. No te preocupes, lo vas a hacer muy bien, -la animó Tonks al ver que Luna dudaba por un momento, mirándose las manos.

Luna trató de hacerlo lo mejor posible, animada por la sonrisa y los gemidos de la otra, que a la vez se acariciaba el clítoris, humedeciéndolo de vez en cuando con saliva. Al cabo de un rato, Luna notó una presión en sus dedos, y tras eso, la cabeza de Tonks cayó hacia un lado, cerrando los ojos un momento, mientras todo su cuerpo se relajaba. Cuando un momento después los abrió, Tonks volvió a sonreír a Luna, que estaba arrodillada a su costado, y tiró de sus manos para tumbarla a su lado.

Luna rozó su frente con la de Tonks, y sus manos se entrelazaron. Estaban besándose suavemente cuando de la habitación de al lado les llegaron unos fuertes gemidos y unos ruidos que solo podían ser el cabecero de la cama golpeando contra la pared.

-¿Esto que es, un maldito concurso de quién folla más y mejor? ¿Hay premio para el ganador? –Comentó con sarcasmo Tonks, aunque pronto se calló cuando notó a Luna besándole el cuello. Cuando paró de hacerlo y se quedó relajada contra su cuerpo, Tonks le dio la vuelta y comenzó a besarle los hombros, para ir bajando hasta sus muslos, donde siguió haciendo chupetones. Al cabo de poco tiempo, estaba concentrada lamiendo el clítoris de Luna mientras aliviaba su deseo, jugando con un dedo dentro de su cuerpo.

-¿Esta vez ha estado mejor, verdad Luna?

Pero Luna no contestó; estaba tirada encima del vientre de Tonks con los ojos cerrados, y solo dio muestras de estar escuchando porque se rebulló para ponerse más cómoda. Tonks la arropó sin darle importancia al hecho de que su cabeza quedase por debajo de la manta: ya la sacaría cuando se sintiese acalorada. Empezaba a conocerla, y se daba cuenta de que una vez satisfecha, a Luna se le quitaban de repente todas las ganas de hablar. Decidió no tomárselo a pecho, y apagó la luz para dormir.

-La próxima vez quiero darte con tu pito postizo ¿Te gustaría, Tonks? –Dijo de forma inesperada Luna desde debajo de las sábanas.

-Eso lo tenemos que hablar más, -dijo riendo.- Duérmete ahora. Mañana vienen Potter y los Malfoy a cenar a casa, y me temo que no va a ser un día tranquilo.

-Buenas noches, Tonks. Te quiero mucho, -dijo Luna.

-Buenas noches Lunita, yo también te quiero, -contestó Tonks, buscando su cabeza debajo de las sábanas para acariciársela.


*No me cupo la cena familiar, va en el siguiente capítulo.