CAPITULO 15

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Alguien me ha dicho que la soledad
Se esconde tras tus ojos
Y que tu blusa atora sentimientos, que respiras

Soda Stereo

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Sus ojos fatigosos continuaban perdidos entre el vapor que emitía la tetera, movió su cabeza y emitió un manso quejido ante el pequeño dolor muscular. En cuanto terminó de hervir el agua apagó la cocina y comenzó a retirar las tostadas calientes. Estaba lo suficiente acostumbrado a realizar esta actividad con un especial movimiento escandaloso, por todo lo ocurrido durante la noche anterior evitaba preparar el desayuno de forma cotidiana.

Natsu untó la mantequilla sobre el pan tostado y el aroma que desprendió consiguió una pequeña sonrisa de su parte, el soplo fresco de la mañana nublada entró por la ventana y le transfirió una gratificante tranquilidad.

—Despacio...—murmuró llevando el plato con pasos sutiles a la mesa de su pequeño comedor. Antes de volver a la cocina asomó su cabeza al interior de su habitación.

Lucy continuaba ceñida entre la frazada, se apartó con prudencia antes de que ella se revolviera sobre la cama casi lista para despertarse.
Agarró su celular y revisó las noticias de la mañana mientras se dejaba inundar con el sabor de aquel cálido té de canela. Sus manos frías pronto adquirieron la calidez de su bebida, la sonrisa de su rostro permanecía delineada como si por fin distinguiera algo entre toda la oscuridad, consiguió la potencia para apreciar la confianza en cada paso que daría a partir de aquel momento.

Gruño levemente en cuanto la frazada cayó al suelo, la muchacha empezó a moverse de un lado a otro hasta que sus ojos se abrieron perezosamente.

—¿Donde...? —acarreó su mano a su frente e hizo una mueca de dolor, percibió la hinchazón que probablemente experimentaban sus ojos, su garganta rogaba por un poco de agua. Arrebató aire y de un seco movimiento se sentó sobre la cama, inminentemente reconoció la habitación y la fragancia de las tostadas.

Arrastró sus pies y pretendió llegar al espejo que se hallaba al lado del placar. Lucy conmemoró la noche anterior a través de su devastada imagen, sus ojos hinchados le dolían por cada lágrima y su voz ronca a sus lamentos repetidos. Súbitamente se apreció agotada, la pesadez de su cuerpo le estaba jugando una mala pasada. Se apartó del aquel lugar para acercarse hasta la pequeña biblioteca que Natsu mantenía perfectamente ordenada.

En medio de aquel orden le llamó la atención que uno de los libros se hallara fuera de lugar.

—El Principito...—leyó paulatinamente. Lo abrió y echó un vistazo a las páginas marcadas con colores rebosantes de cariño.

—Oh, Lucy. Ya despertaste—la rubia soltó el libro y se perdió ante la presencia de Natsu, el muchacho inclinó la cabeza confuso.

—¡Ah! ¡el libro! ¡lo siento! —se agachó para tomarlo entre sus manos y verificar que se hallará en buenas condiciones.

Natsu rio dócilmente e ingresó a la habitación para también posar sus manos sobre el libro, la rubia pudo vislumbrar su miramiento dulce.

—No te preocupes, sobrevivió a muchas caídas por mi parte. Me lo regalaron a los siete años así que imaginarás el peligro que atravesó.

Lucy bajó su mirada y asintió avergonzada, mantenerse callada era lo mejor para ella, a pesar de esto la curiosidad por ver a Natsu de niño con aquel libro entre sus manos la ánimo a preguntar.

—¿Te lo regalaron?

Natsu afirmó y se retiró para apartar las cortinas de su habitación. Los rayos débiles de un sol cubierto por nubes grises iluminaron parte de la habitación.

—Fueron mis padres. Dijeron que no existía nada genial como leer, podemos encontrarnos en un libro de romance, terror o un gran clásico lo que nunca cambiará es que siempre intentan decirnos algo—le llamó la atención la pasividad de su voz, por un instante Lucy recordó a un Natsu aturdido que horas antes proclamaba amarla—desde ese entonces, busco leer y encontrar algún mensaje.

—¿Mensaje?

—Si, mensajes. Lucy, espero puedas encontrar tu mensaje—la muchacha pestañeo enredada, trasladó el libro hasta su pecho aún con la incertidumbre latente.

—Natsu...gracias por lo de ayer. No creí que tuvieras paciencia conmigo.

Natsu le sonrió levemente y ocultó sus manos entre sus bolsillos con las mejillas enrojecidas.

—Te dije que te amaba. Es así, parte de mi amor es estar contigo en momentos así. No tienes que agradecerme—al avistar la fluctuación de Lucy aligeró una carcajada—perdón, pero yo entendí mi mensaje y lucharé por llevarlo a cabo.

Prontamente el joven se estiró y bostezo sonoramente, su cuerpo se alivió ante la agradable sensación de bienestar.

—Preparé el desayuno, te encantará.

Estando sentada en la mesa echó un vistazo a su celular, sospechaba que hallaría algún mensaje por parte Loke, no encontraba alguna palabra justa para pedirle perdón por su trato hostil. Juntó sus manos estremecidas sobre el libro que reposaba en la mesa, el sonido de Natsu preparando el desayuno la tranquilizaba tenuemente.

—Lucy, acá tienes—alejó el libro para evitar algún accidente y tomó entre sus manos la taza tibia, dio un sorbo y sus ojos se cerraron de gozo al degustar el sabor amargo del café.

—Esta delicioso—platicó con una autentica amabilidad. Natsu se asentó frente a ella, las miradas furtivas del pelirosa la ponían ciertamente algo nerviosa. Era necesario que su cuerpo respondiera de la misma forma, su pierna se meneaba insistentemente bajo la mesa y sus dedos chocaban sobre la mesa provocando un pequeño ruido sincronizado entre aquel silencio interrumpido por las bajas voces de los conductores que en ese momento presentaban el clima de la jornada.

—Lucy…

La voz de Natsu repiqueteó fuerte e imponente, la rubia dejó a taza medio vacía y lo observó con cautela. En aquel instante la nitidez que Natsu divulgaba le era extraordinariamente admirable, adaptó un mechón fuera de su lugar y anheló que aquella incertidumbre por fin se extinguiera.

—Quiero darte las gracias por lo de anoche, estaba realmente mal y me soportaste hasta las últimas consecuencias—la sincera gratitud que profesaba Lucy lo hizo sonreír con timidez, no esperaba aquellas palabras por parte de ella.

—Lo haría mil veces, Lucy. Sabes perfectamente porque lo haría. Eres muy importante para mí, te amo y esto es muy poco en comparación con lo que ansío hacer.

Lucy permaneció paralizada en cuanto Natsu se movió para quedar frente a ella y tomar sus frías manos entre las grandes y cálidas manos que Natsu ostentaba.

—Por eso te quiero pedir que me des la oportunidad, por favor Lucy. Permíteme demostrarte lo importante que eres para mí.

Si bien pretendió manifestar raudamente, su voz desapareció completamente, su corazón golpeteaba con estridencia e inundaba cualquier contacto nítido con la realidad que estaba en ese momento afrontando, las cálidas manos de Natsu la trasladó a ambicionar observar fijamente y corroborar si sus ojos rasgados transmitían la misma aura calurosa, se perdió allí, en el resplandor tan vivo exaltado por la esperanza tan desgarradora pero liberadora.

Inesperadamente sus pensamientos la condujeron a los tiempos en los cuales su vida se representaba en simples lienzos listos para ser marcados, se tomó el atrevimiento de comparar el latido de su corazón en ambas situaciones tan distintas, la melodía embriagadora la encaminó hasta él durante esa tarde tan taciturna en la sala de música. Desde siempre aseguró que la sosiego que Jackal prorrumpió en ese momento la incentivó a acercarse por más que muchas compañeras le advirtieran que era imprudente.

Con la mirada baja él continuaba tocando como si pudiera expresar su alma tan impalpable a la par de sus movimientos, Lucy estaba tan cerca y ausente para él que sin despegar su vista del teclado se prolongaba perdido en su ser misterioso. Probablemente tendría que haberse asustado en el momento en que las melodías serenas se dirigían a una desesperación absorbente provocada por los agiles movimientos agresivos de Jackal, no obstante, se quedó allí parada en elipsis hasta que las notas ya en paz finalizaron.

Nunca olvidó el semblante frágil de Jackal al abrir sus ojos y toparse con su presencia. Ni en la amabilidad y tranquilidad que irradiaba esa mirada impenetrable. En ese momento él la recibió con una pequeña sonrisa, aunque eran desconocidos él le platicó con soltura hasta que le contó que Tristesse era de sus piesas favoritas para interpretar.

¿Por qué Jackal le contó eso?

Siempre se lo preguntó y jamás él se lo pudo explicar o simplemente evitó hacerlo.

El suave apretón de Natsu la rigió a regresar a su presente, comprendía que era espantoso intentar comparar a Natsu con Jackal.

¿Tenían la misma mirada?

Seguidamente ella revolvió su cabeza negando silenciosamente aquella interrogación, no, Natsu no podía ser igual a Jackal, dudaba que el pelirosa manifestara aquel sentimiento de la misma forma que lo hizo Jackal. Precisaba entenderlo por completo y por algún motivo la idea de descubrirlo la alimentaba de una indescifrable agrado.

Abrumada por aquel hallazgo se cobijó entre la calidez de Natsu, anheló con serenidad y asintió provocando que Natsu esbozará una reluciente sonrisa.

—Gracias, Lucy.

—No, gracias a ti, Natsu.

Ambos se observaron mutuamente sumidos en un silencio que lejos de ser desagradable los invitó a compartir la paz que se desarrollaba. El ciclo apenas empezaba y los sábados por las mañanas resultaban un día especial para iniciar algo diferente.

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Dejó sobre la mesa unas servilletas antes de estirarse y soltar el aire que estaba conteniendo hace un momento atrás, escuchó que a Erza y Jellal riendo y supo que probablemente ambos estaban en sus momentos de parejas luego de una mañana agitada, la muchacha se permitió tomar asiento y alegrarse gozosa con la mañana nublada. Su pequeño descanso perduró unos segundos al verse interrumpida por la campana del local. Rápidamente como era de costumbre se levantó pegando un pequeño salto y dejó a la vista una radiante sonrisa. Juvia inclino la cabeza en cuanto distinguió a Gray ingresar con una mirada perezosa pero intrigante.

—¡Ah! Gray bienvenido ¿Qué te trae acá en tu día de descanso?

Fullbuster resopló y simplemente se acomodó sobre en una de las mesas.

—Estaba algo aburrido y pensé que sería interesante venir a tomar algo.

—Buena elección—comentó la joven acercándose lista para tomar su orden—¿qué deseas?

Gray frunció el ceño y permaneció ensimismado unos cuantos segundos.

—Solo un poco de café.

Juvia consintió extrañada por la actitud que esparcía Gray, lo recordaba bastante alegre y siempre listo para soltar comentarios hasta del clima, se destinó a la cocina con la mente nublada por las incógnitas que estaban brotando en ella que se llevó una gran sorpresa al encontrar a Erza siendo arrinconada por Jellal.

—¡Juvia! —pronunció Erza asombrada, la escarlata empujó a su esposo con el rostro teñido de vergüenza. Jellal consiguió controlar su cuerpo para no caer estrepitosamente sobre el suelo y sonrió nerviosamente a Juvia para arreglar su ropa.

—Lo siento…

Ambos negaron con entusiasmo.

—¿Necesitas algo? —sondeó Erza sujetando uno de los platos llenos de una apetitosa crema batida.

—Gray acaba de llegar como cliente, pidió una taza de café simple.

—De acuerdo—musitó Erza para acercarse hacia la cafetera.

—Dale algo de compañía a Gray, me encargaré de llevarle el pedido—informó el peliazul, la muchacha se mostró liada por la mueca cómplice de Jellal.

—De…acuerdo—se limitó a dejarse guiar por su jefe hasta la salida de la cocina, antes de dejarla sola le aplico un par de palmadas dóciles sobre su cabeza. Juvia en ocasiones no comprendía a que se debía la extrema gentileza de Jellal, pero admitía secretamente que esos gestos por parte de Jellal le generaban muchas ganas de trabajar allí para siempre. Sin percatarse de sus acciones propias ella acomodó su cabello a la vez que se aproximaba a la mesa de Gray, distinguió que Fullbuster contemplaba su celular como si esperara algo interesante, su desolada mirada lo delataba.

—Ah, Gray ya vendrá tu pedido—expresó sentándose con un relajado movimiento—¿ocurre algo? — deseó morderse la lengua por preguntar algo tan personal, especuló que Gray la miraría mal y soltaría una frase cortante, sin embargo, aquella pregunta incluso tomó por sorpresa a Gray quien pestañeo apabullado.

—¿Pasarme algo? —abandonó su celular sobre la mesa y desvió sus ojos a la nada intentando comprender por qué Juvia consideraba que estaba raro, y era cierto, desde la mañana se profesaba así, evitó pensarlo mucho con solo esperar noticias—quizás…—masculló.

Juvia entrelazó los dedos de sus pálidas manos y asintió insegura con proseguir sus preguntas, le inquietaba el aspecto desganado de Gray y aquello la alentó a pretender descubrir que era lo que martirizaba a su compañero de trabajo.

—¿Es por lo de ayer?

—Puede…espera ¿cómo lo sabes?

La muchacha sonrió vergonzosa por transferir una imagen de entrometida ante Gray, se irguió en su lugar y asintió frenéticamente antes de explicarle mejor el contexto que la transportó a escuchar todo, suplicó interiormente que Gray no enfureciera al enterarse que ella conocía todos los detalles, la sorpresa fue increíble para Juvia al advertir que Fullbuster consentía todo con conformidad.

—Te parecerá raro ¿no? — declamó con una pequeña sonrisa afligida—ambos queremos a la misma chica y lo sorprendente de todo es que no me enoja saber que Natsu siente algo por Lucy, es extraño sentirme tan confundido.

Juvia lamentó ello antes de atreverse a preguntar lo siguiente, esperaba que Gray cooperara y comprendiera que deseaba ayudarlo.

—Perdón si te incomoda, pero necesito saberlo ¿alguna vez te confesaste a Lucy-san?

Gray frunció ceño, su cuerpo se estremeció al escucharla, la inevitable vergüenza lo arrojó al mismo suelo sin piedad.

—No…nunca tuve esa oportunidad, no la busqué y cuando me di cuenta Lucy se había ido—reconoció con pesadumbre.

—Debe ser por eso—en cuanto Gray cruzó sus brazos con un claro desconcierto fulgurando en su afilada mirada ella carraspeó lista para aclarar su punto de vista—me refiero a eso, te entiendo. Fui rechazada en dos ocasiones ¿y sabes que fue lo que me animo a seguir con mi vida? que tuve una situación clara y solo tomé una decisión ¿qué es lo que estas sintiendo Gray?

Fullbuster rascó su mejilla y achicó sus ojos liberando un sutil gruñido, sinceramente deseaba guardar para él sus sentimientos, sin embargo, Juvia ante sus ojos se mostraba verdaderamente confiable.

—Estaba esperando que Natsu me hablará, estoy seguro que ayer consiguió encontrarse con Lucy. Me siento tan extraño porque pienso que si Natsu logró llegar a Lucy me haría feliz y quisiera que me hablará para contarme todo, pero por otro lado no quiero saberlo…Lucy…no puedo negar que me dolería que Lucy sea feliz con alguien más ¡es desesperante! —emitió finalmente sacudiendo su cabello con sus manos, ciertamente sus pensamientos tan contrariados lograban confundirlo cruelmente. Juvia al ver su reacción prontamente aporreó la mesa con sus manos para terminar con el tormento que volvía a absorberlo.

—¡Por eso mismo! Natsu es tu amigo y no quieres que este mal, pero amas a Lucy-san—una sutil sonrisa se perfiló en los labios de Juvia—eres una gran persona Gray. Debes confesar tus sentimientos a Lucy-san, cuando por fin sepas que es lo que realmente siente por ti podrás al fin sentirte mejor.

Gray negó con su cabeza.

—¿Confesarle mis sentimientos a Lucy? Eso lastimará a Natsu, además estoy seguro…

—Natsu lo entenderá. Porque si quieres tanto a Natsu como para cuidar sus sentimientos quiere decir que Natsu piensa lo mismo ¿Por qué crees que no te habla? Sea lo que haya ocurrido estoy segura que Natsu no sabe cómo conversar porque no quiere lastimarte. Ustedes dos se quieren demasiado y evitan decir algo.

Fullbuster cerró sus ojos y por fin concibió el ardor de ellos, su cuerpo se entiesó en cuanto las palabras de Juvia lo sacudieron, su silencio era la respuesta definitiva de que le daba la razón, Juvia no podía equivocarse, después de todo ella cargaba con vasta experiencia y poseía las palabras correctas para orientarlo.

Antes de prolongar alguna señal la presencia de Jellal interrumpió el momento cargando una bandeja con un par de tazas de café y rebanadas de pastel, le guiño el ojo a Juvia antes de que ella comenzará a interrogar exasperada.

—La casa invita—comunicó dejando la última taza frente a Gray—disfruten.

Juvia apenas tuvo la fuerza de trazar una mueca vigorosa, si le invitaban debía aprovechar, su apetito de improviso se abrió y estaba encantada por saborear los placenteros pasteles de Erza. Tomó la pequeña cuchara y aproximó su cuerpo a la mesa para disfrutar con comodidad.

—Gracias, Juvia.

La muchacha parpadeo y se cruzó con una tranquila sonrisa por parte de Gray, apreció el calor acumulándose en sus mejillas y en parte de sus oídos, sin decir algo más Fullbuster le dio un sorbo a su café y permitió que aquella paz momentánea calmará su impaciencia, parte de aquella tranquilidad se la debió a Juvia y a su suave canturreo durante ese pequeño segundo desayuno.