CAPITULO 16
.
.
.
El olor insipiente del alcohol inundaba aquella pequeña habitación iluminada únicamente por unos suaves rayos de sol que se asomaban tímidamente a través de esa pequeña ventana, la incomodidad del sudor lo hizo chistar rabioso, transbordó su mano hasta su frente para cerciorarse que el leve dolor de cabeza se disipara pronto, deseaba sentirse con energías para poder ir a dar una vuelta por las calles, recientemente el caminar sin rumbo se convirtió en un pequeño gusto personal, él atribuyó esa preferencia a su estilo de vida pasada, rememorar esos días lo hizo chistar y removerse en la cama con desazón, entrecerró sus ojos al oír un quejido a su lado.
—Jackal...estas despierto—habló ella tallando sus ojos.
—Sí, deberías levantarte y largarte. Estoy de mal humor.
Seilah soltó un sonido indignado a la vez que se levantaba y cubría su pecho con la sabana, en tentativa por limpiar su orgullo casi pisoteado lo miró petulante, hace tiempo se prometió nunca volver a ser su juguete, pero la noche anterior la voz masculina y los ojos atrayentes de Jackal le hicieron perder el juicio.
—No tienes delicadeza, podrás haberte convertido en un hombre, pero sigues comportándote como un mocoso—la repentina rabia inundó el rostro de la pelinegra al comprobar que Jackal le sonreía socarronamente—para tu suerte Mard Geer no se enterará de esto.
—Te conviene que no lo sepa, dudo que le de gracia que te hayas acostado conmigo como en los viejos tiempos—manifestó luego de lanzar una pequeña carcajada.
—Púdrete.
Los pesados pasos de Seilah abandonaron la habitación compuestos de una feroz furia propia de la mujer, el muchacho volvió a tirar su cuerpo contra la cama y suspiró acabado, pudo haberle agradecido el tiempo para su satisfacción personal pero sinceramente ver a Seilah le despertaba un sutil desprecio.
Sus ojos se hundieron en el techo despintado por la humedad, aquella casa llevaba tiempo en mal estado y efectivamente profesaba que no valía la pena luchar por mantenerla, de improviso fue prisionero de un efímero recuerdo, la risa jovial e inocente de Lucy continuaba atrapada entre esas cuatro paredes y se reproducía como un mágico hechizo. Jackal cerró sus ojos y se relajó permitiéndose apreciar cada vibración de esa evocación.
—Lucy...
.
El fin de semana no paso por grandes situaciones, si hablaba con franqueza le dolió que lo único que hallará de Natsu fuera un simple mensaje de aviso sobre la reunión para calcular el presupuesto del salón, si bien comprendía el porqué de la actitud incomoda de su amigo le era inevitable pasar por alto aquellos desagradables sentimientos, en cuanto intuía que le reprocharía la injusticia de su actitud raudamente las dulces palabras de Juvia menguaban su cólera, las horas del lunes infestado de un gran labor repleta de tareas fue de ayuda, lo mantuvo ocupado y era una excusa perfecta para evitar hablar.
Durante el almuerzo solo Lisanna fue capaz de distinguir el ambiente rígido que rodeaba a Natsu y Gray, advirtió que Lucy a los lejos miraba en cortas ocasiones a Natsu visiblemente preocupada y para su sorpresa Natsu le restituía el gesto con una casi imperceptible sonrisa.
—Es un día bastante extraño—comentó en su último intento por traer la paz, sin embargo, nadie continuó la charla. Intuyó que ellos posiblemente ordenarían sus problemas, no sabía cuándo, pero esperaba que fuera pronto porque estaba cansada de solo encerrarse en sus pensamientos y no lidiar con ambos.
Esa tarde en el salón de clases desocupado iluminado por parte de la luz artificial y los últimos rayos del sol los tres encargados inspeccionaban papeles y solo se miraban de ser necesario, el estremecimiento de sus manos, sus labios rectos y severos eran una clara demostración de la extraña magnitud de unos pequeños destellos que probablemente en su adultez considerarían como unas simples pasiones. Cada uno procuraba cuidar su tono de voz y el contenido de sus palabras, lo último que necesitaban era crear más discordia a base de malentendidos.
—Entonces todos en el salón votaron por una cafetería con estilo victoriano—la suave voz de Lucy interrumpió la concentración de ambos muchachos, Natsu asintió inmediatamente dejando sobre la mesa unas cuantas cuentas sobre el costo aproximado.
—Eso tendrán—sentenció el pelinegro algo exasperado al pensar en todo lo que conllevaría preparar el lugar—son una molestia.
Lucy descendió su mirada hacia su hoja con borrones, la evidente irritación de Gray era la prueba de que ella no era grata para él.
—Bueno. Ellos pusieron su confianza en nosotros debemos responder por igual—manifestó Natsu intentando disminuir el disgusto, esperaba alguna sutil sonrisa por parte de Gray, no obstante, el pelinegro lo fulminó con la mirada recordándole a sus tiempos pasados de rivalidad.
—¿Confían en nosotros? No seas ingenuo, lo hicieron apropósito porque les encanta vernos a los tres pelear, probablemente esperan que pronto volvamos a dar un espectáculo—con un gesto apuntó a Lucy, la aludida pestañeo cohibida por las repentinas palabras de su compañero—solo por ella, por Lucy. Son un puñado de idiotas que disfrutan a costa de otros—el pelirrosa frunció el ceño disgustado, aunque estuviera de acuerdo con las intenciones del porque estaban justamente los tres allí sentados el dolor que ostentaba su amigo lo irritaba, no con Gray sino consigo mismo, pero era tan incontrolable que en cualquier momento se podría desencadenar contra Gray.
—¡Por hoy terminamos!—exclamó Lucy soltando sus papeles sobre la mesa, el ruido interrumpió la batalla de miradas que estaba por culminar en palabras que más tarde traerían arrepentimiento. Gray bufó al levantarse.
—Iré al baño un momento.
Cuanto antes Gray abandonó el salón Lucy por fin pudo respirar con serenidad, Natsu continuaba perdido observando la puerta por la que su amigo hace segundos atravesó, la rubia no poseía el conocimiento de cómo proceder ante un escenario de tal dimensión.
—Natsu—el muchacho por fin la miró—perdóname por darles estos problemas.
—No digas eso, esto iba a pasar—un agudo dolor traspasó sus ojos exhibiendo el miedo que estaba sintiendo.
—Ve con Gray. Por favor, habla con él.
Lucy no tuvo necesidad de repetir la petición, en cuanto sus palabras fueron reconocidas el muchacho avanzó hacia la puerta y con pasos apresurados se dirigió al baño, desde la entrada distinguió las maldiciones que lanzaba Gray, le preocupaba que la reacción de Gray acabara con él. Al ver a Fullbuster palpitando de arrebato y padecimiento comprendió que el miedo que se liberaba en su interior era perder a Gray, perder a su amigo para siempre lo rompería en pedazos.
—Perdóname, Gray—el pelinegro cerró sus ojos ardientes—Lucy aceptó intentarlo conmigo, no sabía no sabía cómo decirlo...perdóname.
La voz trémula de Natsu fue suficiente para que Gray se calmará sutilmente, sin embargo, enterarse de ello le quemaba la garganta, su lengua pesaba y lo único que deseaba era expresarse, al fin poder hablar desde su más quebrado ser, repentinamente Juvia franqueó sus pensamientos como una pequeña luminosidad de paz y estabilidad, esa tarde era la indicada para cerrar cada herida.
—Necesito hablar con Lucy, a solas—la imprevista petición de su amigo lo tomó por sorpresa, en menos de segundos interminables interrogantes surcaron en su mente, Gray se aproximó hacia la salida y lo miró de hito en hito esperando su consentimiento.
—No...hay problema.
No lo había, no existía un reproche ni mucho menos un porque, Natsu rápidamente se dirigió al lavado y empapó su rostro para evitar volver a llorar, era lo justo, él tuvo su tiempo con Lucy era el momento que Gray hablara. Fue un fugaz consuelo.
La intriga la llevaba a una tortura personal, ojalá en el pasado hubiera sido más cautelosa, aquel pensamiento se repetía como una realidad alterna que hace años debía haber tomado, era el tiempo de sus internos reproches cubiertos de fuego y veneno. El sonido de la puerta entorpeció su momento de soledad y sus ojos se entonaron al ver a Gray con una inexpresiva mirada.
—Gray...
Fueron unos largos segundos antes que Gray dejará escapar su voz cargada de sus estremecimientos, el solo mirar a Lucy frente a la ventana con el cabello rubio moviéndose al compás del suave viento los recuerdos de años atrás lo golpearon, las veces que ambos se encontraban en un salón desolado adornaron su pequeña sonrisa con gentileza.
—Por ese entonces era feliz—susurró, se acercó a Lucy como un ente ligero, sus movimientos se asemejaban a la gracia de esas memorias que luchaban en un atormentado imposible por revivir—pero, nunca te lo dije.
Lucy se giró para permanecer frente a Gray, sus ojos se achicaron y entonces por fin lo comprendió, su tendencia le revelaba que bajará la cabeza y aceptará los reproches, no obstante, Lucy se deshizo de aquel próximo comportamiento. Las palabras y el rostro de Gray debían impregnarse en ella para siempre.
—Sigue.
Gray desvió su mirada por un momento, se dio la fuerza suficiente al declararse internamente que una oportunidad así jamás la volvería a experimentar, Lucy estaba parada frente a él dispuesta a escuchar y responder. Dilucidar el orden entre su concebir era primordial, lo necesitaba hace años.
—Lucy al conocerte no pensé que te fijarías en mí, cada día pensaba en ti y me preguntaba como estabas, esperaba que las clases de química fueran tan lentas para poder ser tu compañero eterno. No tienes idea lo feliz que fui cuando me besaste esa tarde, aunque no la recuerdes fue mi primer beso, me bastaba con estar contigo, aunque no teníamos una etiqueta—el muchacho dejó de hablar y se permitió disfrutar de aquellos recuerdos que con el tiempo se trasfiguraron en su alivio de un amor roto—perdóname por todo este tiempo haberte tratado tan mal, no tienes idea del dolor que sentí cuando simplemente te alejaste, no justifica mis acciones pero la rabia de saber cómo te fijabas en otros me consumía como no tienes idea, aunque nunca sentiste nada por mi quiero decirte ahora Lucy, que te amo, te amé hace años y te sigo amando a pesar de todo. No puedo fingir que te odio.
No vislumbró algo en Lucy, solo su mirada desocupada y sus palabras en el viento que lo destrozaron cruelmente, Gray estaba seguro que no existía algo más que pronunciar, no era como esperaba una despedida definitiva. Sin algo más que expresar Gray emprendió a caminar y tomó su mochila para dejar el salón.
La desolada mirada de Gray y sus sonrisas del pasado se instalaron en su corazón, claro que recordaba todo, la intensidad de las palabras ya dichas la hundieron hasta el fondo, probablemente era lo que necesitaba, por primera vez deseaba hablar, comunicar algo de ella, Natsu fue quien le permitió enterarse de aquella necesidad y Gray le exigía lo mismo.
—¡Gray!—el joven se paralizó asombrado al verse aprisionado por los brazos estremecidos de Lucy, la rubia juntó su rostro contra el pecho de Gray y notó que podía llorar al percatarse de las manos de Fullbuster sobre sus hombros, la escuchó sollozar unos segundos hasta que una versión de Lucy se presentó frente a él, vulnerable y con sus mejillas ruborizadas.
—Lucy... ¿estás bien?
Lucy negó con su cabeza y limpió sus lágrimas con el dorso de la mano para volver a mirarlo.
—No me pidas disculpas, Gray todo fue mi culpa. Nunca supe amarte como lo merecías, tenía miedo, eras la primera persona luego de Jackal...tú no tienes idea de lo que me costó alejarme de ti—fue una revelación devastadora, la rubia mordió su labio inferior y entre su repentina oleada de sentimientos pretendió continuar—perdóname por haber sido cobarde porque si, Gray me alejé porque estaba sintiendo cosas por ti ¡era tan injusto! ¡No merecías ser amado por mí! Ni mucho menos por alguien tan sucia y cruel, lo lamento, perdóname por haberte causado tanto rencor Gray, pero era necesario...créeme, lo era por tu felicidad.
Cada palabra se embutió en su corazón, para su sorpresa fue liberadora y tan brillante que su ser se doblego ante ello, Lucy le estaba abriendo su corazón y él no pudo evitar llorar con ella, tantos años sintiéndose un objeto de Lucy que deshecho solo porque si, que años después la carga de ese apreciar se desvanecía con solo unas palabras de ella era simplemente mágico. La atrajo hacia él y se aferró a ella.
—Tonta, tú eras mi felicidad—por primera vez lloriqueó luego de años, el desconsuelo se esfumaba con cada lágrima, Lucy se sujetó a él como en aquel tiempo en los cuales buscaba la protección de Fullbuster, solo que ya no eran los mismos.
—Te quise tanto, Gray—confesó Lucy.
Gray se alejó lo suficiente para apreciar el rostro tan frágil de Lucy, un par de lágrimas escaparon nuevamente y le sonrió con espontaneidad, su corazón latía frenético a la medida de sus emociones tan vivas.
—Ahora sé que en un tiempo pude llegar a ti.
Ambos volvieron a abrazarse, no repararon que justamente estaban recordando la primera vez que se besaron y se abrazaron en un salón similar, sus sonrisas eran las de unos adolescentes que soñaban con un futuro juntos, solo que ese futuro nunca llego, el ultimo rayo de luz abandonó el salón. El tiempo volvió a trascurrir y el cariño que sus ojos fulguraban se trasformó en la promesa de un nuevo mañana para cada uno.
.
Estaba algo agotado luego de esperar unos minutos, aunque sus bajos criterios le exigían espiar se abstuvo de tal acto, la privacidad entre ellos era importante después de todo. Pudo haber meditado algunas posibilidades de no ser porque Gray salió del aula con su mochila, Natsu perdió el equilibrio por la sorpresa y logró evitar caer sobre el suelo al sostenerse de la pared. Gray negó divertido y comenzó a transitar con un aura diferente.
—¿Te vas? Espéranos...
—Tengo cosas que hacer, así que me adelanto—antes que Natsu se mostrará dolido el pelinegro volteó y le sonrió—ya está todo dicho, Natsu. No tienes que sentirte mal—Gray se acercó y propino un golpe sobre la cabeza de su amigo, Natsu refunfuño dispuesto a devolverle el golpe, pero la tranquilidad de Gray lo detuvo—siempre seré tu amigo y estaré para ti cuando te rompan el corazón, cuando quieras festejar algún logro o cuando decidas casarte y obviamente sea yo el padrino. Así que deja de tener miedo, idiota.
Una sonrisa se delineó en los labios de Natsu, estaba tan conmovido con las palabras de Gray que no obtuvo el tiempo necesario para hablar.
—¡Y yo el tuyo! ¡siempre seré tu amigo, Gray!
Fullbuster interrumpió su trayecto y le hizo un gesto de aprobación. Esa promesa se estaba grabando en el tiempo.
—Por supuesto que sí, una chica no logró separarnos después de todo—Natsu vislumbró el sincero estado de Gray y una repentina emoción amenazó con convertirse en suaves lágrimas para mojar sus mejillas—llévala a casa que es tarde.
Natsu se encaminó al salón y distinguió a Lucy sentada observando a través de la ventana, residía tan tranquila que tuvo la curiosidad de estar al corriente de lo ocurrió entre Gray y ella, no obstante, era privado. Lo acontecido en ese salón pertenecería a Lucy y Gray por siempre.
—¿Nos vamos?—extendió su mano y aguardó su contestación, de hecho, esperaba que la rubia le indicará que podía caminar por su cuenta, se llevó una maravilla cuando ella recibió la mano del pelirrosa y se dispuso a caminar a su lado.
—Vamos.
Durante todo el camino transitaron en silencio con una sorprendente serenidad, las luces iluminaban su camino como brillantes polvos de una inexplicable magia.
—Hasta mañana, Natsu—la muchacha lo miró a los ojos y expresó una tenue afabilidad, mantuvieron sus manos unidas unos segundos más hasta que ella se apartó para ingresar a su departamento.
—Nos vemos mañana, Lucy—Natsu se arrimó a pesar de expresar que era muy inadecuado de su parte, juntó sus labios con los de Lucy en un casto beso sin atisbo de lujuria, necesitaba apreciar la calidez de sus labios—te amo.
La rubia se despidió con un gesto y le sonrió complacida con su accionar, un suave suspiro acarició sus labios con sosiego. Volteó su cuerpo e ingresó a su hogar ignorando la violencia de una afilada mirada que trasmitía el más putrefacto resentimiento. Jackal se recostó contra el muro de un edificio que se hallaba frente al de Lucy y se contuvo de perseguir a ese sujeto que hace segundos besada a Lucy. Instantáneamente lo reconoció y tuvo la posibilidad de amenazarlo para enseñarle a quien le pertenecía Lucy, pero se enfocó en la sonrisa de ella, era semejante a la que años atrás poseía cuando la conoció, la única diferencia era que distaba de su causa.
—Maldita...—masculló.
Lucy lo estaba traicionando y jamás se lo perdonaría.
.
.
.
.
.
Mori Summer: Así es, se le junto el ganado a Lucy. Pero, era ya necesario la dosis de Nalu. Soda Stereo es una fuente increíble de inspiración, también me despierta mucha nostalgia. Y ya veremos que ocurre con Gray. Muchas gracias por tus comentarios 3
Ely ventura: Muchas gracias por tus saludos, me hace feliz saber que te haya gustado la historia.
