CAPITULO 20
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"Tú no eres para mí todavía más que un muchachito igual a otros cien mil muchachitos. Y no te necesito. Tampoco tú tienes necesidad de mí. No soy para ti más que un zorro entre otros cien mil zorros semejantes. Pero si me domésticas, entonces tendremos necesidad el uno del otro. Tú serás para mí único en el mundo, yo seré para ti único en el mundo..."
El principito
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Un pesado suspiro dejó su ser, estaba agradecido de haber salido por lo menos unos minutos tarde a lo pedido, ver a Lucy en ese estado frente a esa desconocida mujer lo desconcertó. Las horas pasaron rápidamente que solo basto una tenue mirada por parte de Lucy para comprender que por el momento todo saldría bien. Se ofreció a llevarla a su hogar y acompaño a Natsu en ese pequeño trayecto.
—Nunca pensé verla así frente a alguien—confesó Loke observando las escasas estrellas.
Natsu asintió y perpetuó su caminata entre el silencio de la calle.
—Fueron días muy diferentes para ella, Lucy estuvo tranquila, creí que todo saldría bien hoy, en especial porque la note ilusionada con hacer las paces con Jellal y contigo.
—Dile que no tiene nada que disculparse conmigo—lo miró unos segundos al detener sus pasos—perdóname por no aclararte las cosas desde un principio, entre Lucy y yo no haya nada más que una amistad y algunos besos sin un significado mayor.
Natsu pestañeo estupefacto por las palabras de Loke, en lugar de comentar algo más solo le sonrió agradecido por su aclaración.
—No era necesario, pero me alegra saberlo—el pelirrosa se percató que estaban a unos pasos de su parada por ello se detuvo un momento— ¿te puedo pedir un favor?—preguntó con tranquilidad.
—Claro—interesado por la repentina petición de Natsu ladeo la cabeza.
—No te alejes de Lucy. Ella te quiere como un gran amigo. Necesita a todos ahora.
Conmovido por ganar un lugar en la vida de Lucy asintió guardando sus manos entre sus bolsillos. Al percibir que Natsu destinaba su atención al transporte que se acercaba se animó a hablar.
—Por supuesto, Lucy siempre me tendrá como amigo.
— ¡Gracias, Loke!—exclamó el pelirrosa trotando para llegar a tomar el bus. Loke levantó su mano en señal de despedida. Con la sensación de sosiego inundando su pecho volvió a caminar a su departamento. Pensó en pronto ver a Lucy sonreír abiertamente frente a todos.
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—Tengo la sensación que esta mesa creció repentinamente—comentó Lisanna antes de darle una mordida a su hamburguesa.
Natsu asintió frenéticamente con la boca llena de agua, la albina sonrió enternecida y sus ojos se posaron sobre los nuevos integrantes, no eran muchos, Loke a pesar de que en un principio se sintió incómodo con la interacción natural entre todos fue capaz de soltar frases relajantes y reír arrebatadamente al lado de los demás. Era un suceso bastante extraño para los alumnos que se restringían a observarlos de reojo con prudencia.
—Natsu—llamó Gray con los ojos entrecerrados.
El nombrado levantó su mirada.
— ¿Sucede algo?
—No olvides que el profesor Macao pidió hablar contigo—echó un vistazo a la hora de su celular—y ya faltan veinte minutos para finalizar el almuerzo—sonrió con burla.
— ¡Rayos! ¡Gray! ¡No me avisaste!
— ¡Era tu responsabilidad recordarlo!
— ¡Ah! ¡Te odio!—bramó el pelirrosa corriendo por el pasillo.
Gray se paralizó en su lugar, descendió su cabeza y emprendió su escena de dramatismo puro reflejado en sus lágrimas.
—Me odia...me odia...
Loke soltó una ligera carcajada al ser testigo de semejante actuación por parte del pelinegro, Lucy alcanzó a darle unas suaves palmadas sobre su espalda compadecida de Gray, aunque pasaban tiempo juntos aún le era imposible diferenciar cuando Gray exageraba sus emociones.
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— ¡Disculpe la tardanza!—gritó Natsu inclinado sobre sí mismo tomando aire.
El profesor Macao abandonó la lectura de los exámenes y le sonrió.
—No te preocupes, Dragneel. Por favor, toma asiento.
Confundido por la formalidad de su profesor el joven se sentó prestando atención a cada movimiento de Macao, el aroma a café que inundaba la sala de profesores lo relajó instantáneamente. El hombre suspiró para continuar.
—Hace un par de semana tuve una agradable reunión con unos catedráticos de la universidad de Fairy Tail—comentó buscando una carpeta fina—no todos lo saben, pero como sabrás solo estamos a cuatro meses de finalizar las clases y por lo tanto todos deberán buscar sus caminos. En dos meses la universidad de Fairy Tail abrirá un total de veinte vacantes para ser aceptados en la universidad con media beca—el pelirrosa parpadeó impactado con aquella información—se está pidiendo a muchos institutos que envíen a un alumno con la mejor calificación de la clase para que postule—el profesor le aproximó la capeta y pudo apreciar que era una ficha con todos sus datos y fotografía—y te voy a recomendar como postulante.
— ¿¡A mí!?—la incredulidad que estaba experimentando en ese momento lo incentivó a moverse en su asiento. El profesor Macao carcajeó emocionado, estaba reaccionando como se lo imagino hace minutos atrás.
—Por supuesto, Dragneel. Desde tu ingreso al instituto mantuviste siempre tu primer puesto, veo en ti mucho potencial—señalo con enardecimiento—solo necesito tu firma para tramitar tu postulación, es una gran oportunidad. Siempre fue tu sueño ¿no?
Natsu asintió frenético, la razón por la que se desvelaba entre libros era por ingresar a la universidad de Fairy Tail, nunca pensó que la oportunidad llegaría antes de terminar el instituto, tomó el bolígrafo y firmó con la ilusión de estar dando un gran paso, sus pensamientos lo dulcificaban en las posibilidades infinitas sin tomar en cuenta que la universidad se ubicaba en Crocus.
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— ¡Qué miedo!—exclamó Gray, su tono elevado incito que el profesor Wakaba se removiera sobre su escritorio, los demás alumnos se tensaron, estaban aprovechando el cansancio del profesor para charlar libremente. En cuanto los ronquidos volvieron empantanar el silencio del salón las voces suavemente volvieron a circular.
—Mira-nee solo exageró—comentó Lisanna golpeando la mesa con sus dedos, su hermana solía estar siempre alerta ante cualquier movimiento extraño, todo producto de las secuelas de vivir toda su infancia en barrios turbios—Laxus dijo que hasta cree ver duendes en la cocina.
—Dios mío...—cuchicheó el pelinegro, era muy temerosos cuando se trataba de esas cosas, con la mirada aun fija en Lisanna buscó con su brazo a Lucy— ¿Lucy?—preguntó sorprendido por el silencio de la rubia.
La muchacha no perdía de vista la puerta del aula que Gray juró que se partiría en cualquier momento, antes de articular alguna interrogación por aquel silencio consiguió responderse por él mismo. Natsu no llegó desde el almuerzo.
— ¿Qué tanto habla Natsu con el profesor Macao?—cuestionó frunciendo el ceño, Lucy asintió en respuesta y Lisanna soltó un gritillo de fascinación, por ese motivo Lucy estaba tan callada. La albina suspiró cerrando sus ojos, en ocasiones percibía como si una fina guja penetrara su pecho al ver aquellos pequeños gestos de cariño entre Natsu y Lucy.
— ¡Chicos!—como si se tratará de una especie extraña de invocación Natsu apareció en el aula provocando un estrepitoso ruido, Wakaba cayó al suelo de imprevisto, sus ojos se abrieron violentamente y se levantó del suelo como un resorte.
— ¡Ustedes, mocosos! ¡Dejaron que me quede dormido!
Afiladas miradas se fijaron en un apenado Natsu. Tendría que soportar repeches hasta el fin de curso.
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— ¡No lo puedo creer, Natsu! ¡Felicidades!—Lisanna se lazó a abrazarlo con efusividad. El pelirrosa le devolvió el gesto con exaltación—al fin diste un gran paso.
—Te felicito ¡eres increíble!—como era de suponer el pelinegro ya estaba colgado de Natsu, el joven intentó alejarlo pero finalmente se rindió ante su muestra de afecto. Lucy logró sonreírle con afabilidad.
Las cosas no terminaron allí, siempre todos atentos le dedicaron más palabras de aliento hasta que tuvieron que separar caminos, Natsu contemplaba las oscuras nubes en el cielo a la vez que sus palabras dispersaban felicidad, le contó con ensueño a Lucy que el profesor Macao le brindaría clases particulares para la adecuada preparación, sin embargo, la ausencia de la opinión de Lucy lo hizo detener sus pasos y mirarla con curiosidad.
— ¿Lucy?—la muchacha pestañeo asombrada— ¿ocurre algo? Estas muy callada...
—Fairy Tail esta en Crocus—afirmó ella, Natsu abrió sus labios y la repentina culpa lo atacó, no lo tomó en cuenta, su sueño era tan grande que poco le importó recordar que si aprobaba tendría que estudiar en Crocus.
—Lucy...yo...—balbuceó, no sabía que decir. Se maldijo por ser tan poco considerado, en cuanto estuvo listo para explicar que tendrían que hacer un gran esfuerzo por mantener la relación la risa de Lucy lo aprehendió— ¿Qué rayos...
—No es por eso Natsu, confió en ti. Es tu sueño y no estoy dispuesta interferir en el—dubitativa medito unos segundos si era prudente expresar sus sentimientos en aquel momento—es solo...que, todos están pensando en su futuro...ya sabes que tienes una gran posibilidad de ingresar a Fairy Tail, Lisanna comentó que se dedicaría a ser chef y Gray que posiblemente estudiaría abogacía en la universidad de Juvia...y yo...no pienso que quiero ser...ni siquiera comprendo que es lo que quiero...—su voz se apagó con las primeras gotas de lluvia. Natsu estaba maravillado porque Lucy compartiera aquella incertidumbre con él, suavizó sus facciones y sin saber bien que decirle la rodeó con delicadeza.
—Es normal tener dudas, confió en que pronto encontraras tu camino—las personas comenzaron a correr para refugiarse de las heladas gotas de lluvia, no obstante, Natsu se aferró a Lucy en lugar de salir despavorido—y yo estaré para ti...—manifestó con el corazón frenético, los dedos de Lucy se clavaron sobre su piel y se aleó lo suficiente para que pudiera apreciar sus mejillas rojizas.
—Natsu...—murmuró elevando su cabeza, la mirada de Natsu la asombró, cerró sus ojos y el frio que los rodeaba de pronto se esfumó por la cercanía de sus respiraciones. Su larga cabellera mojada se mezcló entre los fuertes dedos de Natsu y sus labios pronto acariciaron el fuego. Lucy no estaba lista para expresarlo en palabras, no encontraba alguna descripción posible sobre como los labios de Natsu la envolvían en a una abrazadora fuerza, se convenció que el frio era el responsable del temblor en sus piernas.
Lo necesita tanto, y distinguió con complacencia que Natsu también.
Lucy se aferró al cuello de Natsu y restregó su cuerpo contra el de él. Por un instante abrió sus ojos y diviso los ojos cerrados de Natsu y sus cejas turbadas de placer. El aire les reclamó atención y se separaron con el anhelo fulgurando en sus ojos.
—Vamos—le propuso Natsu con la mano extendida, no lo pensó, simplemente se dejó guiar por su sentir, él sonrió al envolver las pequeñas manos de Lucy. Los ciudadanos de Magnolia que se refugiaban de la ahora torrencial lluvia no quitaron sus ojos de aquellos dos jóvenes que caminaban sin premura. Algunos sonrieron con nostalgia.
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Le faltaba el aire, pero era lo mejor que le estaba ocurriendo luego de meses, un trueno centelló en el cielo de Magnolia y un gemido escapó de sus labios, su batalla por reprimir cualquier acto que pudiera producirle timidez se desvaneció al escuchar aquella vivaz y armoniosa risilla.
Lucy buscó su mirada y él se la dio, la extrañaba tanto, ver sus ojos traviesos lo llevaron al tiempo en los cuales la rubia le juraba que le daría placer, lo disfrutaba tanto, sin embargo ahora era diferente.
—Dilo Natsu—murmuró ella, su aliento caliente chocó contra su miembro estremeciéndolo, el joven difícilmente pudo ladear la cabeza liado por su repentina petición—di que quieres más...
—Ah...pero...—los labios de Lucy colisionaron contra los suyos y se maravilló con sus finos dedos acariciando su parte más débil—por favor...más. Chúpamela, Lucy—suplicó sin aire.
Lucy volvió a su posición anterior e introdujo su miembro a su boca, Natsu clamó y sus ojos se enfocaron en el techo blanco iluminado por los truenos ocasionales, su corazón golpeaba y el sudor comenzaba a mojar su frente, volvió a mirar a Lucy lamiendo con frenesí, el placer lo estaba obligando a cerrar los ojos, sin embargo, deseaba grabar aquella imagen para siempre, su hermoso cabello enredado entre sus dedos. La sensación de sus labios húmedos y el magnífico gemido que liberaba cuando su miembro era aprisionado por sus labios.
Las yemas de sus dedos recorrieron su blanda piel entre besos y chupetones, Lucy se sacudía, pensó que ella había dejado de lado lucir siempre dominante, el contacto tan íntimo que experimentaron la llevó a suspirar libremente ante sus fogosas caricias.
— ¡Espera!—gimoteó Lucy cerrando sus piernas, Natsu se enderezó y pestañeo atónito por verla avergonzada.
—Quiero probar...—susurró lamiendo sus labios, la rubia renunció a desviar la mirada para extender sus brazos y sostener las sabanas entre sus manos.
—Perdón si...es que soy muy delicada...
Y lo era, Natsu nunca tuvo la dicha de saborear a Lucy, siempre ella realizaba gran parte del trabajo, pero en ese instante él lamia el centro de placer de Lucy con dedicación y deleite, le encantaba, incluso tuvo que sostener las piernas de Lucy para que le permitiera seguir saboreando. Cerró sus ojos y consintió que el sabor y los alaridos de Lucy calentaran su cuerpo.
—Lucy...eres tan deliciosa—musitó chupado sus dedos mojados. La muchacha sonrió ante aquella seductora imagen, su cabello alborotado, el sudor que cubría su rostro y sus roncos gemidos eran la maldita luz.
Compartieron largos minutos entre besos y explorándose mutuamente, con tranquilidad, como si el mundo les permitiera quedarse en aquella pequeña habitación sin pensar en nada más que en solo abrazarse y sentir el roce de sus cuerpos desnudos. Natsu estiró su brazo agitado buscando un preservativo.
—No lo hagas...quiero sentirte bien...—pidió Lucy aproximando sus labios para besarlo con voracidad.
—Pero...—los brazos de Lucy rodearon su torso para quedar encima de ella, Lucy posó sus manos sobre las mejillas del muchacho y sonrió con liviandad.
—Tengo un control de mi fertilidad...no te preocupes—no necesito más palabras, sus frases murieron entre besos y sonoros suspiros, Lucy echó su cabeza atrás y gritó encantada al sentirse llena de Natsu.
Ambos se movieron, juntos como meses atrás, los resortes del colchón iniciaron su cantico al compás de sus duros y lentos movimientos.
— ¡Natsu!—gimió Lucy desesperada por recibir los besos jugosos del pelirrosa. La embistió con fuerza y su sonoro grito murió en sus labios y sus lenguas jugaron. Natsu se movió con frenesí, estaba tan feliz, abría sus ojos y la veía a ella abajo gritando su nombre y pidiendo por más, la amaba tanto que además de sentir el calor abrazador del placer sentía su pecho inflado de emociones. La amaba tanto que sus lágrimas surgieron y cayeron sobre el rostro de Lucy.
Lucy intentó recuperarse y su corazón se encogió al ver los hermosos ojos de Natsu empañado en lágrimas.
— ¿Natsu...?—el joven inmediatamente limpió sus lágrimas con el dorso de su mano.
—No...es solo que estoy muy feliz...te amo, Lucy. Te amo como no tienes idea—no era lo suficiente optimista para pretender escucharla responder con que sus sentimientos eran mutuos, aceptó el suave beso que ella le dio en respuesta como una muestra de afecto. Natsu volvió a iniciar aquel placentero vaivén con el dolor de no ser amado por Lucy
—Dilo...cuando quieras...—él abrió sus ojos extrañado—que me amas...te harás sentir muy bien.
Natsu gimió y la volvió a embestir con fuerza, la rubia lo abrazó y se aferró a su espalda arañándolo entre sus suspiros cargados de un suplicia de mucho más.
—Te...amo—Lucy no lo entendió, pero escucharlo decirle que la amaba en medio de todo ese contacto íntimo la hizo obtener su primer orgasmo y el deseo de montarlo y ver sus afligido rostro de placer ruborizado con sus palabras calientes de un profundo amor.
La lluvia había cesado y en ocasiones se escuchaba la bocina de algunos autos circular durante las once de la noche. El fresco viento luego de la tormenta se coló entre las ventanas hasta llegar a ella e invitarla a abrir los ojos. Lucy emitió un corto sonido de bostezo y vislumbró el rostro relajado de Natsu.
—Luces muy cansado...—musitó. Con cuidado intentó zafarse de los brazos de Natsu con el propósito de no despertarlo. Sus cautelosos movimientos consiguieron ser mejores de lo que esperaba. Una vez sus pies tocaron el suelo y ver al pelirrosa en la misma posición y dormido se dirigió al baño para lavarse el rostro. Una risilla se asomó en su rostro al ver lo desarreglaba que estaba luego de todo el tiempo que pasaron teniendo relaciones. Salió del baño y halló una camisa de Natsu en el respaldo de una silla, no lo profundizo mucho tiempo y se lo puso para volver a la cama.
Sin embargo, antes de comenzar a caminar, el libro que muchos días atrás tuvo entre sus manos se hallaba sobre el escritorio de Natsu con un separador sobresaliendo entre sus páginas. La curiosidad la guio a tomar el libro y advertir que el separador resguardaba una frase con resaltador rosa, por los bordes blancos del libro se distinguía una flecha y las letras de Natsu en lápiz.
Leyó paulatinamente lo marcado.
—...pero si me domésticas, entonces tendremos necesidad el uno del otro. Tú serás para mí único en el mundo, yo seré para ti único en el mundo—leyó entre susurros. Sus grandes ojos castaños se dirigieron a leer aquellas cortas palabras escritas por Natsu—Lucy para mi es única, algún día seré el único para ella. Tengo fe.
Cerró el libro con un nudo en la garganta, mansamente se acercó a la cama hasta quedar al lado de él. Su suave respiración escapaba entre sus labios entreabiertos, la repentina culpa se incrustó en ella como un terrible recordatorio de lo cruel que fue con él.
«No quiero lastimarte, Natsu...perdóname por no darte lo mismo»
La palma de su mano cayó con delicadeza sobre la mejilla de Natsu, con el pulgar rozó su cálida piel, era único, pero aún le ardía pensar que no era el único para ella. Sus pensamientos la embrollaron hasta fugaces recuerdos. A pesar de todo ello, luchó por tal vez hallar algo que estuviera deseando.
—Quiero amarte, Natsu...quiero hacerlo—reveló agitada.
Sus cejas se elevaron sutilmente en cuanto la mano de Natsu cubrió la suya y abría sus ojos con serenidad. La mirada de Natsu se manifestaba entre el dolor y una saliente esperanza.
—Luchare para que me ames, Lucy—aclaró—y cuando eso ocurra y cada vez que me digas que me amas te besaré y te responderé que te amo. Te lo juro.
Lucy asintió en silencio con los labios apretados de la turbación, Natsu la atrajo hacia él y cerró sus ojos dejando que aquellas lágrimas se secaran en su rostro. La lluvia volvió a sumergirlos en el sueño.
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A la mañana siguiente desayunaron entre risas y bromas por la repentina ganas que tenía Happy de comer. Fue una cómoda mañana la que pasaron hasta que el uniforme de Lucy estuvo limpio y seco. Se vistió muy lento, entre minutos se agregada una nueva prenda y así hasta que el reloj indicó las once la mañana. Lucy caviló que hubiera sigo más cómodo si pasaba el sábado en el apartamento de Natsu, pero lamentablemente el pelirrosa ese día comenzaba sus clases particulares con Macao.
—Ve con cuidado, Lucy—expresó él afligido por no poder llevarla hasta su departamento.
—No te preocupes, estaré bien—respondió divertida—nos vemos el lunes—sin más de por medio le plantó un corto beso y se despidió con un gesto.
El trayecto a su hogar fue extraño, sus reflexiones la redirigían a las últimas horas, los gemidos de Natsu y la satisfacción de ser envuelta entre sus brazos, sus mejillas se colorearon y se llamó la atención por recordar aquellas situaciones en un ámbito público.
Entonó una melodía en lo que llegaba al primer piso para solicitar el elevador, las llaves de su apartamento cayeron al suelo y la sobresaltaron por el ruido sordo, sus manos tiritaron en cuanto elevó su mirada.
—Al parecer no pasaste la noche en casa, Lucy—dijo él con un semblante indescifrable.
Lucy no respondió, ni su cuerpo obtuvo la fuerza para salir y tomar las escaleras en un intento por huir de él, los potentes ojos de Jackal se lo impidieron como una poderosa orden.
