CAPITULO 23
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«Eras la única que me miraba así, eras diferente. Descubrí que eras el ser más virtuoso que conocí. Por ti ansié ser una mejor persona, quería ser un buen chico para hacerte feliz, pero no pude…no pude ser lo que anhelaba. Y tuve miedo de que conocieras a alguien excelente, por eso cuando te sumergiste conmigo en la oscuridad me tranquilice. Porque al fin éramos iguales.»
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Cuando reparó que estaba enamorado de ella se sorprendió a tal punto que cerró la puerta de su habitación con fuerza acallando el grito violento de su madre. Ella farfulló frente a su puerta un par de minutos más y se marchó con la promesa de un castigo.
La detestaba a tal punto de una vez desearle la muerte, era una relación de amor y odio que en ese momento no deseaba conmemorar, en lugar de pensamientos taciturnos por primera vez una sutil sonrisa se dibujó en su rostro. Esa tarde luego de tocar el piano para Lucy la besó. Él solía besar a muchas chicas, sin embargo, con Lucy fue diferente, su corazón palpitaba desenfrenado.
—La amo…—murmuró consternado, fue feliz, Jackal soltó una carcajada de júbilo.
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—¡Jackal, despierta!
—Qué…¡¿qué mierda haces aquí?!—palpó a su alrededor y suspiro con tranquilidad al encontrar el cuerpo de Lucy a su lado, Seliah estaba parada de brazos cruzados. La mujer rodó los ojos con impaciencia al ver a Lucy removerse entre las sabanas. Tendría que esperar a que se espabilará para que su mensaje fuera contundente.
—¿Qué sucede?—habló la rubia adormilada.
—Es Mard, dice que hoy se lleva a cabo el plan y debes ya estar allí para preparar todo—anunció la pelinegra—y que Lucy vaya contigo.
Las cejas de Jackal se elevaron con desconcierto y volvieron a juntarse para acompañar el centelleo irascible de sus ojos.
—No vendrá. Lucy se quedará—sentenció.
—No. Él dijo que iras y ella estará a tu lado.
—Seliah…—suspiró Jackal con la mano contra frente—dile que no ira. Lucy nunca se involucró en nuestros trabajos ¿Qué mierda le pasa ahora como para pedir su presencia?
—No tengo idea…solo sé que él se tomará la molestia de buscarte—la mujer optó por lucir una arrogante sonrisa—te recomiendo que la lleves.
—¡Mierda!—bramó Jackal colérico, la mujer retrocedió asustada por el imprevisto rugido del muchacho—no ira, esto es entre nosotros, Lucy nunca estuvo involucrada en esto.
—Jackal—la rubia se asentó en el borde contrario de la cama arreglando su cabello en una coleta—iré, no te preocupes y Seliah dile a Mard que me vera allí—los ojos de Lucy se detuvieron en ella, sin pensarlo más Seliah se retiró comprendiendo que no tenía más que hacer allí.
El muchacho viró con el ceño fruncido y observó detenidamente la figura de Lucy paseándose por la habitación.
—No irás.
—Iré. Debe tener algún motivo para pedir que vaya.
—Sabes que cualquier motivo con él significa ilegalidad.
—¿Y eso que?—cuestionó ella quedando frente a él—tu eres un delincuente, ya estoy lo suficiente ligada a esto.
No era común que él bajara la mirada. Tal vez era la culpa o la alegría de que ella estuviera a su lado, no lo comprendía aunque en ese instante lo estaba queriendo hacer. Solo percibió el dolor que le causaron sus palabras.
—Lo se…—murmuró él acostándose.
Lucy suavizo su postura y recapacitó que había hablado de más, sus ojos visualizaron cada rincón de esa habitación a la que regresó luego de años. No le agradeció siquiera haber cuidado sus pertenecías. Arrastró sus pies y se sentó al lado de Jackal con sus manos escondidas entre sus piernas.
—No quise decirlo de esa forma…
—No te preocupes, es la verdad. Soy un delincuente y tú estás involucrada conmigo.
—Aun así, sé que eres una persona con sentimientos—no se esperaba aquella declaración por parte de ella y le echó una mirada atónito al sentir la cálida mano de ella sobre las suyas—no me dijiste lo de tu madre, me enteré hace unos días.
—¿Para qué? No deseo recordarla—alzó ligeramente su cabeza—sabes que no es grata para mí. Desde que se fue me siento libre.
—¿Y porque estas queriendo llorar?
—No quiero llorar—detestaba que Lucy fuera tan observadora o simplemente era pésimo mintiéndole, la fragilidad súbitamente estaba matándolo, nombrarle a su madre y pensar en Lucy más involucrada en todo ese asunto le aterraba aunque lo camuflara bien—no quiero perderte. No vayas Lucy, Mard debe estar queriendo planear algo muy peligroso y yo…
—Hey—la rubia se aproximó a él y descendió su cabeza para permitirle verla con claridad—siempre nos cuidamos el uno al otro, esta vez no será la excepción.
—Lo sé, por eso te amo. Eres la única para mí.
Lucy se alejó y apretó el agarre de su mano sin contestar aquellos sentimientos como años atrás. En lugar de eso se recostó a su lado con la mirada fija en el desgastado techo.
—Cambiaste el tema, típico de ti—escuchó la risa de Jackal, no hablaría de su madre y no deseaba hacerle recordar sus malos momentos con ella—vendré dentro de unas horas y juntos iremos con Mard ¿de acuerdo?
—De acuerdo, cariño.
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—¡Perfecto! ¡Pega la letra!—con un solo movimiento adhirió la última letra en la pared—muy bien Gray, eres un gran ayudante.
—Solo te la pasaste dándome ordenes, niña—el muchacho descendió al suelo de un salto y observó a Lisanna con jactancia—eso no está nada bien.
—¡No seas un idiota! ¡Ayude con el pastel!—expuso ofendida, la albina giró sobre sus talones y miró a Juvia pidiendo ayuda—Juvia, sabes lo que me costó batir la crema.
—Casi se corta—comentó Erza pasando al lado de ellos y dejando sobre una mesa una bandeja de cupcakes—admiro tu intención, pero no volveré a dejar que ingreses a mi cocina—sentenció risueña.
—¡Ja! ¡Fuiste vetada!—se burló Gray.
La albina entrecerró sus ojos y pisó a Gray provocando que chillara y se desplomara sobre el suelo. Juvia corrió para socorrer a Gray y rio entusiasmada de los gestos de niño que muchas veces mostraba.
—Seré chef, no repostera—sacó su lengua Lisanna con los brazos cruzados.
—¡Eres tan violenta!—exclamó Gray abrazando a Juvia, la muchacha gritó sorprendida sin poder librarse del agarre del pelinegro. Finalmente se dio por vencida y se relajó entre los brazos de Gray.
—Gray estas asfixiando a Juvia—Natsu se le dio el ultimo bocado a una rebanada de bizcochuelo, le pareció gracioso ver a Gray abrazando a Juvia como si su vida dependiera de ello.
—P-perdón Juvia—el pelinegro se apartó de su amiga y se puso de pie ayudándola en el proceso.
—Parecían unos lindos novios—balbuceó Lisanna con una sonrisa pícara. Loke asintió y le entregó a la albina un paquete de servilletas.
—Acomódalas—decretó sonriente, Lisanna resopló agitando parte de su flequillo y se destinó a realizar su tarea, Loke pestañeo al recordar que faltaba retirar la caja con los accesorios de festejo—rayos…—farfulló buscando las llaves de su auto.
—¿Sucede algo Loke?—preguntó Natsu.
Loke elevó suavemente sus hombros y carcajeó vivaz.
—No te preocupes, iré por la caja.
—No hace falta, ustedes están trabajando mucho para celebrar. Me toca hacer algo.
—Es tu fiesta, Natsu—le recordó Loke divertido—solo siéntate y disfruta.
Natsu ya estaba frente a él con el brazo extendido y una gran sonrisa, sin duda alguna era muy complicado ser persuasivo con él, se mantenía firme cuando deseaba y recordó que era de admirar. Negó con su cabeza y le entregó las llaves de su auto derrotado.
Antes de que las puertas de la cafetería Titania se cerrarán tras él echó un vistazo a todos armar una pequeña fiesta que fue ávidamente incentivada por Jellal, los últimos días fueron una especie de montaña rusa, parecía ayer cuando caminaba solo en compañía de Lisanna durante el primer día de clases y ahora estaban a una semana de terminar el instituto. Comenzó a avanzar en dirección al auto de Loke mientras jugaba con las llaves entre sus manos. Extrañaría todo esas situaciones tan cotidianas pero únicas para él.
—Natsu…—esa voz, el pelirrosa desvió su mirada y se encontró con Lucy a mitad de la calle desolada, le dolía su ausencia y verla luego de mucho tiempo intensifico el latido de su corazón.
—Hey, Lucy. Hola—levantó su mano en un suave movimiento.
Lucy estaba al tanto que al verlo sus defensas caerían en la nada, y tenía tanta razón. Caminó para aproximarse a él con los nervios carcomiendo su estabilidad. Apretó sus labios en una fina línea y miró a su alrededor verificando que alguien estuviera merodeando alrededor.
—Lisanna me avisó de tu celebración—comentó aclarando su voz—felicidades, sabía que lo harías.
Natsu sonrió exponiendo sus mejillas enrojecidas, sus dedos trémulos se enredaron entre las llaves. Sinceramente aquella felicitación era la única que faltaba para completar su dicha.
—Todos me ayudaron en este proceso—indicó—también me ayudaste al darme ánimos.
Lucy suspiro pensando en lo grandioso que era Natsu, por mucho tiempo creía que era un simple chico encaprichado con ella, pero era más que eso, Natsu era alegre y parecía bastarle una simple palabra suya para sonrojarse y mostrar una radiante sonrisa, en secreto adoraba verlo leer atentamente y tomar apuntes, nunca le dijo lo maravilloso que era besarlo y sentir que tenía una oportunidad a su lado, Lucy con tristeza se percató que esas pequeñas expresiones, su voz, su calidez se esfumarían. Natsu había encontrado su camino, un camino tan distante de ella.
—¿Cuándo irás a Crocus?—quiso saber.
—Una semana luego de la graduación—las llaves sonaron al caer sobre el suelo, carraspeó ahuyentando el calor que quemaba su garganta, repentinamente un lamento ardía por ser liberado, pero no dejaría que ello ocurriera—vendré de vez en cuando si tengo la oportunidad, además mi hermano Zeref también se mudará allá con su familia; mi cuñada encontró un buen trabajo en Crocus.
—Me alegra—ella asintió pestañeando por reprimir unas lágrimas—serás un excelente doctor y cuando veas atrás te darás cuenta que fue un camino muy largo—Lucy quería verlo, deseaba grabar sus facciones para evocarlos cuando la palabra amor incondicional cruzara por su mente—quiero que seas feliz.
—Yo también quiero que seas feliz, Lucy—capturado por sus desconsolados sentimientos se acercó para acariciar las mejillas de Lucy y verla directamente a los ojos, por primera vez en meses se permitió acortar la distancia—se feliz, por favor.
Lucy asintió mordiendo su labio inferior, distinguía dolorosamente sus cejas curvadas en un afligido lamento. Natsu se alejó y le sonrió débilmente. Si ella continuaba en ese lugar no podría soportar sonreí un momento más, por ello Lucy volteó despidiéndose con un gesto.
Cerró sus ojos con fuerza y las saladas lagrimas descendieron por sus mejillas sonrojadas, descubrió con gran desolación que anhelaba que él corriera, que la sujetara y con determinación le pidiera que se quedará.
«Por favor, Natsu, dime que me quede, ven por mi»
No fue así, al cruzar la primera calle en soledad cayó en la cruda realidad.
Natsu Dragneel se convertiría en un recuerdo, una luz de lo que ella pudo ser. Natsu Dragneel era quien le hizo sonreí como una muchacha que apenas descubría el amor, Natsu le enseño que amar era posible aún si creía que no lo merecía.
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La vio ingresar percibiendo su semblante decaído, supuso a que se debía aquel abatido aspecto, terminó de acomodar su cabello y emitió un sonido para que ella se percatara de su presencia.
—Jackal…
—Olvidaste tu celular en la habitación—explicó sosteniendo el celular.
—Gracias—se reprendió por aquella torpeza, su celular podría haber despertado a Jackal—debemos ir a ver a Mard—dijo guardando su celular.
—Si…—murmuró cabizbajo.
Lucy curvo sus labios fugazmente al sostener las manos de Jackal entre las suyas.
—Ya te dije que estamos juntos en esto—la voz relajada de Lucy lo ayudó a pensar de esa forma, antes de que comenzarán a movilizarse para ver a Mard, Jackal se detuvo a contemplarla. Lucy seguía siendo ella, tan ella a pesar de todo, besó sus labios con delicadeza, como esa primera vez.
Era como esa tarde en el salón de música cuando él se acercó a ella luego de interpretar una de esas melodías, Lucy aplaudida emocionada y exclamaba que él podría ser un gran intérprete o un profesor de música, en ese instante una fugaz fantasía se atravesó, él como un profesor de música y ella haciendo lo que en un futuro querría ser. Juntos en una casa chica, pero felices con las melodías inundando cada lugar de ese hogar, juntos en cada momento de la comida, juntos sujetando sus manos en los momentos más difíciles y besándose entre risas por los momentos de felicidad. Jackal anhelaba eso. Siempre lo deseo.
Llegaron a la oficina de Mard Geer sostenidos de la mano, en esa habitación vieron a Saliah con el rostro serio, por el contrario Mard les indicó que se aproximaran a él con una retozona sonrisa. Jackal lo escuchó con atención, necesitaba que Lucy se retirara de una vez, pero tuvo que soportar el discurso de Mard Geer. Al finalizar de relatar la delicada situación de Tártaros sus ojos afilados recayeron en Lucy explícitamente. La respiración de Jackal se agitó y se movió para retroceder con Lucy en un gesto protector.
—No estás diciendo esto—siseó con rabia—no vuelvas a insinuar siquiera que Lucy se involucre en esto.
—Por Dios, Jackal—lamento Mard Geer con fingido cansancio—no te estoy pidiendo permiso. Te estoy ordenando que Lucy de ahora en adelante tendrá que ayudarnos, empezando con el plan que tenemos para desarrollar hoy mismo ¡acá tenemos los planos y todo para que ella este al corriente!
—Ya te dije que no. Lucy no tiene por qué trabajar para ti.
La figura de Mard Geer se trasladó por ese pequeño espacio, parecía repasar gravemente en que decir, eso parecía, aquella sonrisa falsa desapareció de su rostro y en lugar mostró sus facciones crispadas por la evidente molestia.
—Parece que se les olvido que hace años perdimos mucho dinero por culpa de tu zorra y su primo—habló fulminándolos con la mirada—ahora es momento de saldar esa terrible, terrible falla.
—Mard…—intentó hablar la rubia.
—No lo digas—interrumpió Jackal—, no tienes que hacer esto. No lo tienes que hacer y no lo harás así que no se te ocurra bajar la cabeza y aceptar.
—¡Jackal estas desobedeciéndome! ¡Estúpido mocoso!—los papeles salieron disparados de la mesa provocando que Seliah consolidara un grito de pánico, Mard estaba perdiendo la compostura y lo reafirmo cuando sin titubear lo apuntaba con un arma.
—¡Mard! ¡¿Qué haces?!—exclamó Seliah aterrada, su cuerpo temblaba despavorido.
Jackal apretó su mandíbula con ímpetu y miró desafiante a Mard, unas gotas de sudor perlaban en su frente.
—Tu estúpida madre te dejó en la calle ¿Quién te trajo acá? Yo mocoso de mierda, yo fui, te perdone tus faltas—agitó el arma entre sus manos—¿así es como me pagas? Desobedeciéndome, acostándote con mi novia, hijo de puta. Tengo ganas de llenarte la cabeza de plomo, a ti y tu novia.
—Te quedaras con las ganas—declaró Jackal dejando escapar una gran bocanada de aire—a Lucy no le tocas ni un pelo.
Los dedos de Lucy se enterraron en sus brazos. La sentía temblar tras él, miró con el rabillo del ojo rápidamente la zona, ella tendría que salir corriendo ¿pero, como?
—No, no me quedaré con las ganas—rio Mard—primero te voy a llenar de balas a ti querido Jackal y cuando estés muerto seguirá ella. Esto les enseñara a todos en Tártaros como se paga la desobediencia.
—Entonces, hazlo—lo retó el joven—hazlo de una puta vez.
—Basta…—balbuceó Seliah cubriendo su boca.
Seliah chilló con vigor al escuchar el ensordecedor sonido del disparo. Fueron bastos segundo para que esa tragedia se librara.
—¡Jackal!—gritó Lucy sobresaltada, sin pensarlo dos veces su cuerpo se movió por si solo y lo empujó en su momento de rendimiento.
Jackal cayó sobre el suelo y el ruido del disparo le detuvo el corazón, bruscamente rodó sobre el suelo buscando desesperadamente a Lucy.
Lucy se mantuvo inmóvil en su lugar, se sentía extraña, vagamente palpó su abdomen y su mano se llenó de sangre caliente, su equilibrio falló y sus piernas perdieron fuerza hasta derrumbarla violentamente.
—¡Lucy! ¡Lucy! ¡No, no, no!—Jackal se arrastró para llegar a ella.
Mard aprovechando aquel momento estuvo dispuesto a terminar el trabajo sin esperar que Seliah se lanzaría contra él entre desbocados gritos de histeria.
—¡Lucy! ¡Mírame!—Jackal atrapó el rostro de la rubia entre sus manchadas manos de sangre—no cierres los ojos, Lucy por favor ¡Lucy!
Lo escuchó gritar, sintió sus manos haciendo presión sobre su herida rogando porque ella mantuviera la conciencia, le dolió ver el afligido rostro de Jackal bañado en sudor, lágrimas y sangre. A pesar que ansiaba hacer lo que él le pedía sus ojos cada segundo pesaban más. Su ultimó pensamiento fue dedicado a la calidez de las lágrimas de Jackal sobre su rostro y los desordenados e incomprensibles ecos del mundo.
—¡Lucy!
