Prólogo

Las nubes yacían en el cielo, ocultando por breves momentos el sol, como si estuvieran jugando al escondite. Ese día hacía más frío de lo normal, vendrían lluvias próximamente. Típico del otoño. El ambiente es bastante húmedo, tanto que las mañanas presentan rocíos, esas frías gotas, condensadas por el gélido ambiente, que parecen lágrimas hechas de frágiles cristales pequeños. Un día de frío como el que se presenta te daban ganas de quedarte todo el día encerrado en casa, bajo el amparo del calor hogareño, sin embargo era jueves, por tanto, con mucho pesar, la mayoría de los ciudadanos debían atender sus deberes laborales.

El despertador le sonó a las seis en punto de la mañana y, automáticamente, se levantó para ir directo al baño a hacer sus necesidades matutinas. A la media hora más tarde, salió del baño aseado para poder vestirse. Vio que la cama suya yacía vacía, su esposa ya se ha levantado. Con algo cómodo vestido, salió de su habitación para ir con su esposa a la cocina, donde la espera con un gran desayuno en la mesa. No podía quejarse de la gran mujer que es ella, durante los cuarenta y cinco años de casados que llevan juntos, le ha demostrado todo el cariño que siente por ella en todos los sentidos, y viceversa. Una vez habían acabado de desayunar el matrimonio, la mujer se dispuso a subir de nuevo a la habitación para vestirse mientras que su marido le esperaba en la sala de estar con una pequeña invitación que tenía en sus manos. En ese pequeño papel se invitaba a asistir a la inauguración del Teatro Popular de la ciudad que, en esa misma mañana del día de hoy, se iba a realizar una subasta benéfica. Lo recibió hace una semana y aunque en un principio tenía rehusado ir, finalmente, por convencimiento de su esposa, iba a asistir. Pero si iba, era por cordialidad simplemente, no es que deteste la ópera ni mucho menos, es más, creció con ella, sin embargo, le pueden más los recuerdos que ha vivido en su juventud en aquel edificio. Negó con la cabeza al instante, no quería volver a rememorar el pasado, porque como bien dice el refrán: "agua pasada, no mueve molino."

Los sonidos de tacones taladrando el suelo fueron lo que despertaron de su ensoñación al hombre. Su mujer también iría con él a la inauguración a acompañarle, ya que sabía perfectamente lo que le supone a su marido ir ahí. No tenía ningún problema con eso, era su marido y como tal, debía apoyarle en todo lo necesario.

Salieron de la inmensa casa de la familia de su esposa, eran ricos sin duda y a diferencia de muchas familias de su misma clase, ellos nunca han tenido las absurdas ideas burgueses que casi todos los ricos pensaban. Eran en ese aspecto muy sencillos y nunca juzgaron a los demás, porque no es para nada ético. Y aunque han recibido alguna que otra queja de sus "amigos," nunca cambiarían de opinión. El chófer les abrió las puertas amablemente, agradeciendo los señores a su trabajador y partieron enseguida hacia el teatro. Todavía no se podía creer que después de tantos años iría de nuevo a pisar aquel edificio que, en parte, le vio crecer. Era cierto, durante su niñez en aquel lugar, que lo consideraba como una segunda casa, fue muy feliz, desde ver todas las representaciones y los ensayos que hacían, hasta haciendo toda clase de trastadas que ocasionaba allí y compartiéndolas con una persona que fue muy importante en su larga vida, y que aún lo sigue siendo.

El coche que los transportaba se paró una vez había llegado a su destino. Se encontraban ya enfrente de un espectacular edificio neoclásico, inspirado en los antiguos templos grecorromanos. Las anchas escaleras que subían a la entrada les condujo al hall, quedaron sorprendidos al ver que seguía manteniendo la misma estructura desde que fue construida hace siglos. Notaron que había un poco de revuelo en toda la sala, iban y venían un grupo medio de gente que también habían recibido la invitación de la subasta. Fueron recibidos educadamente y saludaron a unas pocas personas que el matrimonio conocía. Segundos más tarde, un hombre dio aviso a todos los presentes y fueron convocados a la sala principal, donde antes se realizaban todas las representaciones de ópera, allí se iba a realizar la subasta. Entraba la gente, colocándose alrededor del escenario, donde había un pequeño atril y un hombre maduro con un espeso bigote revisando unos papeles. En cuanto ya parecía que había un número de gente numerosa, dieron inicio la subasta.

-Bienvenidos, damas y caballeros- saludó el hombre- Vamos a dar inicio a esta subasta benéfica con motivo de la reinauguración del Teatro Popular, que desde hace años no ha vuelto a abrir sus puertas.

Los aplausos empezaron a sonar con entusiasmo por todos los presentes en la sala.

-Bien pues comenzamos la subasta- dijo el hombre golpeando a la vez un pequeño mazo en el atril.

Los minutos pasaban y cada vez había mucha gente que se animaba con la subasta, comprando artefactos y objetos que anteriormente fueron utilizados en varias representaciones de ópera, desde carteles anunciando distintas producciones hasta pequeños y estrafalarios utensilios, hasta pequeñas cajas que contenían joyas y baúles llenos de ropas y pelucas. Las compras sin duda estaban teniendo éxito, muchos de los compradores que habían en la subasta son coleccionistas de antigüedades y para ellos, que están interesados en la compra, tienen bastantes dificultades en tener bajo sus manos esas piezas tan complicadas de encontrar, porque esos objetos no se consiguen en cualquier tienda.

-Vendido- pronunció alto y claro el subastador- ¿Su nombre señor?- preguntó amablemente- Bien, seguimos señores con el siguiente lote, el seiscientos sesenta y tres: un cartel de papel maché anunciando la producción de "Aníbal" de Chalemaux.

-Mostrándose aquí- dijo otro hombre que sujetaba el cartel anunciado dejando a la vista todo el cartel completo.

-Comenzamos pujando por diez zenits, ¿alguien da diez? ¿O mejor por cinco?

No esperó el hombre por mucho tiempo en que algunas personas habían levantado la mano, siete personas exactamente.

-¿Seis? ¿Siete? ¿Alguien puja por ocho? ¡Ocho tenemos! A la una, a las dos... y a las tres- dijo dando al mazo- Vendido, al señor Petrov. Gracias señor. Continuamos, el lote seiscientos sesenta y cuatro, una caja que lleva tres calaveras humanas de la producción de 1831 de "Robert, le diable" de Mayemeur. Pujamos por diez francos.

Desde que se sentaron a contemplar la subasta, el matrimonio permaneció atento durante todo momento aunque ha habido momentos en los que uno de ellos se dejó llevar por sus pensamientos. Le producía cierta nostalgia una vez que pisó de nuevo este espacio, se sentía muy raro, no sabía cómo explicarlo y empezó a observar con interés todo el lugar. Seguía manteniendo el mismo escenario que hace tantos años al igual que el pequeño espacio, donde antes estaba la orquesta deleitando con sus melodías para todas sus obras. Los únicos lugares en los que sí estaban un poco descuidados eran los palcos, pero eso se podía arreglar con un poco de limpieza y una mano de pintura. No pudo evitar mirar hacia un palco en especial, el número cinco. Por voluntad suya, bajó la mirada de ese lugar, no quería recordar, pero al hacerlo sus ojos se dirigieron hacia una persona que reconoció al instante y, como si las miradas transmitieran mensajes, la persona, que se sentía observada, miró en dirección a él, al mismo tiempo. Pudo ver que esa persona le reconoció, al ver como engrandecía un poco sus ojos por la sorpresa. Después de tanto tiempo que no se veían, no se esperó que apareciera por aquí, sin duda ambos estaban sorprendidos. Él sabía perfectamente a quien tenía delante y la recordaba en su juventud como alguien que le ayudó bastante, se sentía en deuda, sin embargo ella nunca le quiso reclamar nada, siempre fue así. Se trataba de Ana, una antigua bailarina del teatro y una gran amiga de ella.

-Vendido por quince, ¿su nombre señor? Bien, gracias. Lote seiscientos sesenta y cinco, señores, una cajita musical de papel maché con una figurita de mono vestido con traje persa tocando los platillos. Encontrado en el subsuelo de la ópera y aún continúa, después de muchos años, en perfecto funcionamiento, damas y caballeros.

Eso fue lo que llamó la atención completa del hombre, poniendo sus cinco sentido en total alerta veía lo que jamás pensaba ver, la caja. Era de verdad, frotó un poco sus ojos, pero su visión no fallaba, al contrario, veía a la perfección la cajita, la que algunas veces oyó decir por su boca, hace muchos años, no se lo podía creer. Siempre se lo decía, siempre.

-Mostrándose aquí- dijo el hombre que mostraba en alto la caja musical y esta empezó a sonar.

Era una suave melodía, y tal como dijo el subastador estaba en buenas condiciones, y mientras sonaba los platillos del pequeño mono se tocaban entre sí. Tal y como ella se lo explicó alguna vez. Más se sorprendió el hombre de que la suave melodía que sonaba en la caja, era la misma que tantas veces oyó de su boca cantar, era la misma canción. Y como si un huracán hubiera venido de repente a su cabeza, miles de recuerdo brotaban en su mente y de tanto recordar se sentía un poco agobiado, pero no le dio importancia. Sintió el impulso de levantar y coger esa caja, pero se calmó al notar como su esposa notó el pequeño cambio de humor de su marido, ella supo que algo tiene pensado él y no se tuvo que pensar demasiado en qué iba a hacer su marido.

-Bien- pronunció el subastador una vez que la cajita dejó de sonar- Empezamos a pujar por quince zenitz.

Una persona levantó la mano pero luego otra se levantó.

-Veinte zenitz, muchas gracias señora.

Miró que la mujer que había levantado la mano era Ana, ella también muestra interés en comprar la caja. Pero él enseguida levantó su mano para pujar por más.

-Veinticinco, gracias señor. Oh, treinta regatea la señorita.

Sin rendirse levantó otra vez su mano.

-Treinta y cinco zenitz para el caballero, y ¿he oído cuarenta?- dijo mirando por el rabillo del ojo a la mujer que se negó, moviendo lentamente su cabeza hacia ambos lados.

-Así que treinta y cinco a la una... a las dos... ¡y a las tres!- dijo pegando el mazo- Vendido al señor Son Goku Kakarot, muchas gracias señor.

Es suya, la caja es suya. Se la dio el mismo hombre que mostraba los objetos en venta y, apoyada en su regazo, tocó con cuidado la pequeña figura del mono persa con mucho cuidado, como si el más mínimo roce de sus dedos pudiera romperlo. Con ojos expectantes y curiosos, como si estuviera observando una bella obra de arte, examinó con mucho detalle el objeto.

"Es sin duda la misma caja me contó. Todos los detalles son exactos tal cual me dijo ella. Y cuando todos nos muramos, continuará sonando" pensó Goku con detenimiento y sus pensamientos fueron interrumpidos por el subastador porque iba a dar el siguiente lote y, al parecer, el más importante.

-Lote seiscientos sesenta y seis entonces, una lámpara en piezas- empezó diciendo el subastador ganándose la extrañeza por el lote de los presentes en el acto- Algunos de ustedes señores habrán oído hablar de una antigua historia que ha permanecido por mucho tiempo aquí, en este mismo teatro, se trata de la historia del "Fantasma de la ópera," un misterio nunca explicado por completo.

Algunos murmullos de entre los espectadores comenzaron a surgir y se fueron amainando cuando el subastador pidió silencio. En cambio, el señor Goku se quedó contemplativo sobre lo que decía el hombre, aunque no tenía sorpresa en el cuerpo como los demás espectadores, sabía bien de lo que se estaba hablando, pero lo contaba como si de un cuento se tratara. No quería decir nada al respecto, lo había prometido.

-Tenéis ante ustedes, la misma lámpara que hace años provocó aquel famoso desastre, completamente restaurada y con un nuevo material eléctrico más potente y duradero fabricado en nuestros talleres- explicó con detalle el hombre- Porque como bien decía esa leyenda, aquel fantasma se guiaba de entre las sombras y, quizás, podamos ahuyentar a ese espectro con un poco de iluminación- culminó de contar el subastador y entonces dio la señal a sus compañeros de lo siguiente.

-Caballeros, por favor, ¡encended la lámpara!- ordenó con ímpetu.

Un espectáculo de luces que chispeaban al haberse encendido dio inicio. Unos cuantos hombres, que estaban alrededor del objeto, levantaban con la ayuda de las poleas a levantar la inmensa lámpara iluminada, y poco a poco, como si las luces de ella tuvieran magia, comenzó a iluminar la sombría sala dejando a la luz el impresionante lugar. Era una obra de arte en sí toda la sala, gracias a la luz, que se dejaba vislumbrar, todo el escenario era amplio hasta el final, las cortinas que parecían ser negras eran de color burdeos y los palcos estaban decorados por fuera con magníficas y pequeñas esculturas de estilo barroco, exageradas y expresivas. Es como si una especie de hechizo tuviera la lámpara que te hacía retroceder en el tiempo, a como era antes la ópera. Esa era la sensación que tenía en tenía en estos momentos el señor Goku y ahora sí que tenía en su mente todos y cada uno de los recuerdos que ha vivido en este lugar.

Ahora vamos a saber que la leyenda de ese espectro no es realidad una fantasía como todos han hecho ver a través de los tiempos, fue real. Y el señor Goku lo puede atestiguar de que en su juventud conoció a un hombre que se hizo pasar por un fantasma, un hombre que se enfrentó a él por el amor de una joven.

Esta es la verdadera historia del Fantasma de la ópera...