Hola a todos, ¡sorpresa, he vuelto! Sí, voy a entender que la mayoría seguro vais a querer darme una buena paliza por no actualizar un año después del cambio que hice con la historia.
Ante eso, quiero pediros disculpas pero, aunque os vaya a sonar a excusa, el anterior año fue para mí muy heavy porque he estado mal emocionalmente y hasta se me quitaron las ganas de continuar escribiendo. Pero, afortunadamente, gracias al apoyo de mis seres queridos, un día me dije que hay que cambiar el chip y entonces hasta hace varios meses, por fin el ánimo volvió a mi persona y estoy 100% entusiasmada por volver a escribir fanfics de Dragon Ball. Ha sido un año de cambios personales que me han obligado a coordinarme un poco más y por eso no he vuelto a escribir, que sepáis que os he tenido en mente.
Aunque bueno he vuelto ante una peculiar situación que nos ha sorprendido a todo el mundo, literalmente, y espero que las situaciones en cada país sea favorable, aquí en España la cosa se está, parece ser, normalizando, aunque no hay que bajar la guardia.
Bueno ahora sí, más abajo os comunicaré algunas cosas y espero que este primer capítulo os guste.
¡Disfrutar de la lectura!
(Los personajes de Dragon Ball, Z y Super no me pertenecen y estás leyendo, además, una adaptación de la novela de Gastón Leroux "El fantasma de la ópera" que tampoco me pertenece.)
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Capítulo I: Los nuevos socios
Capital del Norte, Marzo del año 1999.
No era algo nuevo sentirse completamente nervioso cuando estás a punto de estrenar una nueva obra si eres miembro de la compañía teatral de la Gran Ópera Popular de la Capital del Norte.
La tensión se respiraba en cada rincón de las salas de ensayos donde bailarinas y coristas ultimaban los detalles de sus respectivas escenas; los tramoyistas supervisaban escrupulosamente todas las cornisas y los grandes telones que necesitarían para la obra, y para acabar los principales cantantes que yacían en el escenario entonando las notas de sus repertorios correspondientes, hasta que…
—¡NO, NO, NO!— bramó el director de orquesta, un hombre esbelto, flacucho y con una cara de pocos amigos— Por última vez, signor Ceballi, se dice: "Roma," con fuerza en la "r" y no como usted lo dice, no suavice la consonante— le dictó severamente.
—É molto difficille, signor Pai Pai— le justificó sin dejar que le intimidase — ¡No voy a pronunciar algo que jamás he pronunciado!
Todos los que ensayaban, miraban divertidos al director al ver cómo se le salían los humos por las orejas, y el tenor, a regañadientes, volvió a retomar una vez más la canción que, finalmente, a su manera, pronunció la palabra, aunque lanzó una mirada sarcástica al director cuando lo cantó.
En ese momento, apareció una mujer exageradamente vestida con trajes de princesa cartaginesa, protagonizando a la amada del protagonista que era el señor Ceballi. Se trata de su hija, Maron Ceballi saliendo al escenario, posicionándose al lado de su padre, cantando una breve canción de despedida. Justo en el momento en el que empezó a cantar, varios de los trabajadores se ponían disimuladamente unos pequeños tapones en los oídos, ya que era un auténtico calvario escuchar a la soprano.
Con su peculiar tono de voz, que se parecía al de un pobre animalillo a punto de morir, la joven soprano canta un pequeño himno de guerra que al acabar da paso a las bailarinas.
Graciosamente y con elegancia, aparecen en plena escena un pequeño grupo de bailarinas danzando por todo el escenario, vestidas con trajes parecidos a las odaliscas y con grilletes puestas en sus muñecas. Con esta actuación, una mujer menuda entra al escenario supervisando con meticulosidad los pasos de sus alumnas, era la directora de ballet de la compañía, Gine de Son. Tras muchos años bailando, tomó el cargo como profesora enseñando a nuevas jóvenes sobre cómo convertirse en excepcionales bailarinas de ballet clásico. Además, es la esposa del director de la compañía, el señor Bardock Son, un hombre severo como honesto ejerciendo desde hace años con maestría la ópera de la ciudad.
Continuaban danzando hasta que se vio detenido el ensayo por la aparición del susodicho director con dos nuevos sujetos que lo acompañaban.
—¡Señor Son, estoy ensayando! ¿Qué ocurre ahora?— espetó molesto Pai Pai al hombre, pero se estremeció al ver la fría mirada que Bardock le lanzó.
—Será solo un momento director— le dijo indiferente— Necesito su atención unos minutos— pronunció con fuerza en su demanda, ganando la atención de todo el mundo— Como bien sabéis algunos, en estos últimos meses se ha comentado la posible asociación con unos de nuestros mejores clientes para la mejora de nuestra compañía operística, pues bien, esos rumores son ciertos.
Al soltar la nueva noticia, los cuchicheos no se hicieron esperar, pero se acabaron cuando se oyó un golpe seco contra el suelo. Fue la esposa del director que calló a todos con su bastón y con una leve mirada de agradecimiento a ella, Bardock prosiguió.
—Por favor, damas y caballeros, déjenme presentarles a nuestros nuevos socios de la compañía, los señores Bills y Champa.
Mientras los sonoros aplausos estallaron en el escenario, se dejaron ver dos hombres de apariencia similar pero con una diferencia física clarísima, uno de ellos era más obeso que el otro, mientras que el otro parecía estar en los huesos. Ambos vestían de forma muy sofisticada, dando entender el posicionamiento social a la cual pertenecen, y agradecieron con soberbia a todos los presentes a la grata bienvenida que les brindaban. El más gordito era, aparentemente, el más amable de los dos y fue el único que devolvió el saludo, mientras que su acompañante se mostraba aburrido y mirando escuetamente a su alrededor sin mostrar mucho interés.
—Sean bienvenidos a la ópera señores…— Bardock fue interrumpido por un chirriante carraspeo femenino acompañado de otro más masculino, los Ceballi.
Rodando sus ojos ante la insolencia de estos y pasándola por alto, les presentó a los hermanos.
—Señores permítanme presentarles a nuestros cantantes principales, el señor Francesco Ceballi y su hija Maron, llevan con nosotros más de ocho temporadas actuando para la compañía.
—¡Pero por supuesto!— exclamó el señor Champa— Mis sinceros saludos, signorina Ceballi, he disfrutado de cada una de sus obras— la alabó con un cortés beso en sus nudillos.
—¡Piacere!— respondió pícaramente.
—Y a usted también señor Ceballi, un placer conocerle.
—Piacere— respondió el italiano.
—Señor Son parece que les hemos interrumpido los ensayos finales de la obra, ¿podemos tener el honor de mirar cómo finalizan?— le preguntó el señor Bills.
—Claro sin problema, a menos que el señor director tenga queja alguna.— habló mostrando un poco de malicia hacia el nervioso director.
—¡En absoluto señor Bardock!— exclamó con vehemencia el director— Por favor denme un minuto y tendrán el adelanto que ansían mis señores marqueses, ¡por favor bailarinas una vez más!
—Si me permiten caballeros, por favor— les habló una suave voz femenina, Gine que se puso a la par de su marido y acompañantes que estos últimos miraban maravillados a las bailarinas.
De nuevo la danza se fomentaba delante de ellos mientras que Gine les empezó a explicar los logros obtenidos de su formación artística.
—Mis alumnas tienen una amplia trayectoria artística obtenida cada año en esta ópera, me siento orgullosa de que ustedes tengan tan buenos comentarios acerca de ellas.
—Y no es para menos señora— le contestó el señor Champa gratamente contento de ver bellos rostros— Vemos el porqué, sobretodo en esa excepcional belleza que baila en el centro— señaló al punto que dijo.
Guiándose por el marqués, Gine vio que hablaba de su mejor alumna, una jovencita con un cabello muy peculiar de nacimiento.
—Bulma Leblanc, es mi mejor alumna— dictó orgullosa— Huérfana desde los seis años, la acogí para enseñarle todas las lecciones sobre la danza.
—¿Leblanc? Me suena mucho ese apellido— dijo pensativo el señor Bills— ¿No tendrá algún lazo familiar con la famosa cantante de ópera, Isabella Leblanc?
Gine le asintió.
—Su única hija, Isabella y yo fuimos amigas desde hace mucho tiempo y al morir, me la encargó— explicaba escuetamente la mujer— Sin embargo la considero como si fuera mi hija.
—Pobre criatura…— dejó caer el señor Champa.
—A pesar de todo, Bulma ha sabido sobreponerse, a lo que mi esposo y yo nos enorgullece— concluyó con una sonrisa— Caballeros unos pasos atrás por favor, va a finalizar el acto— les pidió a los hermanos.
Con unas últimas sonatas y con Maron intentando acaparar toda la atención posible, el ensayo finalmente concluyó, aunque la tranquilidad duró poco.
—¡Aspetta un momento!— chilló la soprano dirigiéndose a los jefes— ¡No me ha gustado el final que yo tengo en este acto! Y he visto que ustedes estaban más pendientes de las bailarinas que de MÍ, así que, ¡NO VOY A CANTAR!— vociferó la soprano— ¡Andiamo papà! ¡Ciao a tutti, se acabó, é finita!
Y así seguía infantilmente amenazando con su marcha a lo que dejó estupefactos a ambos hermanos.
—¿Qué hacemos señor Son? ¡No puede irse!—reclamó el señor Champa.
—Humíllense, es lo que funciona— les dijo sin más Bardock.
—¿¡Qué!? ¿No puede estar hablando enserio?— discrepó incrédulamente el señor Bills.
Sin parar a pensarlo dos veces, el señor Champa corrió hacia la soprano con una lista de alabanzas mentalmente preparada para intentar que se retracte.
—¡Mi hermosa diva! ¡Bella como ninguna!— alabó exageradamente que consiguió que dicha diva girara para verle con egoísmo saltando sobre sus poros.
—Sí, sí— les dijo con fingidos sollozos.
—Mi bella soprano, por favor no nos dejes a las puertas del estreno, ¿cómo podríamos recompensarla?— dijo a regañadientes el señor Bills.
—¡Oh! Tengo entendido que nuestra diva tiene un precioso acto en el que profesa su amor hacia su amado, si mal no recuerdo, ¿es el acto tercero, señor Pai Pai?— preguntó el señor Champa.
Antes de que pudiera contestar el director, se adelantó la soprano recuperando la compostura.
— Si mis jefes me lo demandan— argumentó con una sonrisa de autosuficiencia ganando el alivio de los hermanos. — ¡Signor Pai Pai!— llamó al director.
— Lo que ordene mi diva— le contestó
—¡Ya, lo ordeno!— exclamó yendo hacia el centro del escenario exigiendo absoluto silencio a todos los presentes.
Mientras, el matrimonio Son solo rodaron los ojos ante el ridículo momento creado como siempre por la caprichosa soprano, aunque ya llevaban ocho temporadas soportando esos absurdos berrinches todavía no podían acostumbrarse del todo. Todavía se pregunta el matrimonio de dónde sacan tanta paciencia.
—¡Todo el mundo en silencio!— ordenaba la italiana.
— Mi diva, cuando esté lista— le comunicó Pai Pai a la soprano una vez colocado en su lugar.
—Maestro.
Después de entonar un poco su voz, la suave melodía del piano empezó a sonar y, con todo el mundo mirándola, comenzó a cantar a su desmedida forma que de vez en cuando las personas de su alrededor hacía amago de taparse los oídos, incluidos los señores Bills y Champa.
Estaban todos los presentes tan ensimismados con la actuación de la soprano que nadie se daba cuenta de que algo se movía en la zona de las cornisas.
—¡CUIDADO, EL TELÓN!
Entonces, de repente, un telón gigante caía precipitadamente en dirección a Maron y, acompañada de los gritos de terror de los presentes, se quedó atrapada entre el suelo y el telón.
—¡AYUDADME!— pedía a grito pelado Maron.
—¡ES EL FANTASMA DE LA ÓPERA! ¡ESTÁ AQUÍ!
—¿Fantasma?— preguntó extrañado el señor Champa.
Finalmente la soprano logró salir gracias a la ayuda de su padre.
—Figlia mia, ¿te encuentras bien?— le preguntó con preocupación Francesco.— ¡Bardock diga al imbécil de Nappa que venga aquí inmediatamente!
— Francesco tranquilícese primero— le recomendó pasivamente— Puede que la cornisa se haya soltado sin más.
—¡Permitidme dudarlo!— espetó ácidamente el tenor.
Entonces llegó un mastodonte de más de dos metros de altura con una complexión muscular sorprendente y con una cara de rufián poco agradable, el jefe de tramoya Nappa.
—¿Nappa qué ha pasado esta vez?
El hombre calvo alzó sus manos en señal de inocencia por su parte.
—Le juro señor que no he hecho nada para que las cornisas se hayan soltado, y estaba en mi puesto cuando ocurrió— explicó el calvo con suficiencia— Pero si "misteriosamente" se han soltado las cornisas, es porque seguramente lo haya hecho un fantasma— dejó caer burlonamente asustando de paso a las bailarinas que comenzaron a entrar en pánico.
—¡NAPPA!— regañó Bardock con el fin de que se callara— Vuelve a tu puesto y revisa bien esas cornisas.
Y se alejó el mastodonte riéndose socarronamente de su propia broma.
El ambiente de la sala era extremadamente tenso, todos mostraban en sus caras signos de miedo y preocupación y esto alarmó un poco a los hermanos al ver la zozobra que inundaba el espacio, hasta que sus pensamientos fueron interrumpidos por la voz de Bardock.
—Lamento el imprevisto señores— se disculpó el hombre
—No importa…— musitó todavía un sorprendido señor Champa —Estas cosas suelen pasar, ¿no?— rió nerviosamente pero se maldijo al ver a la furiosa soprano encaminándose hacia ellos.
—¿¡ESTAS COSAS PASAN!?— bramó enfadada la chica —¿¡Qué sabrá usted, si ha estado solo cinco minutos aquí!? ¡Y no es la primera vez que ESTAS COSAS PASAN! Desde que el mio papà e io vinimos a este cochambroso teatro nos han hecho miles de "accidentes" para que nos larguemos de aquí— escupió agresivamente.
—¿Eso es verdad?— preguntó el señor Bills sin tener idea.
—¡Sí y todo el tiempo!— les gritó haciendo que ambos hermanos saltaran de sus sitios asustados por la agresividad de la soprano para luego esta dirigirse amenazadoramente hacia Bardock— ¡Y usted tiene toda la culpa por permitir esos ataques! Así que, hasta que esas cosas NO pasen más, ¡ME VOY!
Y con un escupitajo hacia el suelo del escenario, se largó maldiciendo a todos los del teatro con su séquito de estilistas detrás de ella. Pero antes de seguir a su hija, les soltó de manera despectiva el tenor lo siguiente:
—¡Aficionados!— y se marchó.
Y se fueron.
Los hermanos estaban estupefactos ante la situación y sin saber qué demonios hacer, Champa se giró con falsa calma, por dentro estaba que explotaba de los nervios, y se dirigió hacia Bardock:
—Ella… La señorita Ceballi… ¿volverá, no?— preguntó nerviosamente y esperando una respuesta esperanzadora que aligerara el tenso momento.
—Honestamente, hemos tenido peores reacciones por parte de la señorita Ceballi— les confesó sin mostrar demasiada importancia— Pero esta se ha llevada la palma, así que dudo mucho que la señorita vuelva a aparecer por aquí, a menos que le subamos el sueldo— dijo esto último con irritación notoria.
—¡Pues hágalo!— demandó el señor Bills.
—No lo pienso hacer— les comunicó Bardock— Desde hace meses la señorita Ceballi ha estado montando numeritos como el que ustedes acaban de ver solo para exigir nuevas condiciones salariales— empezó a explicar el hombre que notaron ambos hermanos molestia en su tono— Y la ópera, aunque gana bastante dinero, no puede permitirse aumentar su sueldo solo porque a la chiquilla le dé la gana, lo estipula en su contrato cuando firmó las cláusulas.
—Entonces…— dijo pensativo el señor Champa, intentando buscar una solución— ¿Tenemos a alguna suplente que pueda sustituirla solo por esta noche?
—Desgraciadamente no tenemos suplente— se lamentó el señor Pai Pai, se mostraba enfadado mientras aporreaba sus partituras en su atril— La producción es totalmente nueva y nunca hemos recurrido a sustituir a la señorita Ceballi porque nos lo prohibió.
—Genial, absolutamente genial…— murmuró furioso el señor Bills arrepintiéndose de la hora en que firmó el contrato de asociación— ¡¿CÓMO PUEDE ESTAR TRANQUILO, SI NUESTRA ESTRELLA PRINCIPAL HA RENUNCIADO?! ¡Tenemos todo el aforo vendido, nobles y aristócratas de la ciudad van a venir para ver la obra y no contamos ni siquiera con una cantante suplente! ¡Esto no…! ¿Qué demonios es eso?
Todos los presentes miraron en dirección hacia arriba para ver cómo un sobre amarillento descendía lentamente sobre las cabezas de los marqueses.
—¡Es un sobre del fantasma de la ópera!— gritó una persona temerosa.
Bardock atrapó hábilmente el sobre, y efectivamente era del fantasma, la marca de cera mostraba un dibujo de una calavera en la punta del papel. Abrió el sobre y se dispuso a leerla, sintiendo las miradas de curiosidad de los marqueses.
—¿Fantasma? ¡Ahora sí hemos perdido la cabeza creyendo en historias de fantasmas!— se burló el señor Bills.
En cambio su hermano se mostraba un poco nervioso, en su mente no le entraba en la cabeza todo lo que ha ocurrido hace unos minutos y parecía que la extraña situación estaba relacionada con ese famoso fantasma del que todos los de la compañía se asustaban de solo nombrarlo.
—¿Qué dice en la carta, Bardock?— preguntó cauteloso el señor Champa.
—Nada importante— le contestó sin dejar de mirar el mensaje— Solo les da la bienvenida a su casa de la ópera…
—¿Disculpe? ¿He oído bien?— espetó incrédulo el señor Bills— ¿"SU" casa de la opera?...
Sin darle importancia a la interrupción del marqués, Bardock continuó:
—Les recuerda, además, que no deben dar a nadie su palco, el número 5, ya que es el palco que él utiliza cuando hay representaciones y también les dará, más adelante, una pequeña notificación en la cual quiere hablarles sobre su salario…
—¡SU SALARIO!— exclamó indignamente el señor Bills— ¡Esto es el colmo! Ahora cobran los fantasmas.
—¿Pero por qué recibe un salario ese… bueno, lo que sea?— preguntó con extrañeza el señor Champa.
—Porque él es quien realmente dirige la ópera— explicó Bardock ahora mirándoles fijamente a los ojos— Él es en realidad el que crea todas las partituras y obras que se representan aquí, sin su ayuda esta ópera nunca hubiera existido— les comentó sin dar más explicaciones.
—Bardock— llamó el señor Bills con falsa serenidad— Dejémonos de bromas pesadas y digamos las verdades a la cara. Todo eso que nos estás contando es una broma de mal gusto, yo no me creo ni una palabra de lo que dices— le soltó mordazmente— Es un truco que nos estás haciendo, debe ser eso…
Bardock rodó los ojos, no tenía sentido seguir discutiendo con los marqueses.
—Creo yo hermano…— le habló calmadamente el señor Champa— que esa no es la cuestión que debemos solventar ahora, otro día ya nos encargaremos de eso, ahora lo que debe preocuparnos es conseguir a una suplente para el papel de la señorita Ceballi— comentó preocupado.
—Pues que nos lo consiga el fantasma, ya que es el "director" de la ópera— se burló sardónicamente recibiendo por parte de Bardock una mirada reprobatoria.
—¡Esto es serio hermano!— saltó el señor Champa— Por si aún no te has dado cuenta, ¡la obra se va a representar esta misma noche! ¡Tenemos que encontrar a alguien que pueda reemplazar a la señorita Ceballi o nos convertiremos en el hazmerreir de toda la ciudad!
—¡Eso debiste pensarlo antes de que firmar la dichosa asociación que según TÚ nos iba a beneficiar! ¡Pues menudo negocio hemos hecho hermanito!— le recriminó molesto Bills.
—¡TÚ estabas de acuerdo y no pusiste ninguna objeción! ¡Así que no me eches toda la culpa porque de no ser por tu falta de cortesía, ahora la señorita Ceballi estaría aquí!
—¡¿CULPA MÍA!? ¡Ahora sí que te voy a hacer tragar tus palabras!— le gritó abalanzándose hacia él llenando en el auditorio un tremendo escándalo ante los presentes que observaron con una mezcla de preocupación y diversión la pelea entre los hermanos.
Era bastante surrealista la escena que montaron ambos hermanos, unos cuantos formaron un semicírculo alrededor de ellos observando cómo se desarrollaba la escena, algunos intentaban separarlos pero era complicado por la manera agresiva en que se zarandeaban de un lado a otro y mientras el resto solo se quedaron viendo con diversión la pelea de hermanos.
Bardock observaba con vergüenza ajena el gran follón que en un segundo provocaron los hermanos marqueses, parecía una pelea de verduleras. No fue hasta que una fuerte voz femenina, harta de la situación insólita, exclamó haciendo retumbar todo el lugar:
—¡BASTA YA!— clamó Gine dejando caer su gran bastón que hizo eco en todo el escenario, al instante consiguió que todo el mundo se callara y pusieran sus miradas en ella.
La mujer, recibiendo una mirada de aprobación de su marido, avanzó con pasos firmes hacia los hermanos, que yacían tumbados por la pelea, y con una mirada severa que caló en sus cuerpos les reprendió duramente:
—¿Así solucionan los problemas, señores? Pues permitirme decirles que en vez de comportaros como unos marqueses de alta alcurnia, de la cual ustedes presumen tanto, se comportan como auténticas verduleras de los barrios bajos— les amonestó furiosa, tanto que todos los que estaban ahí se estremecieron ante la severidad de la esposa de Bardock, incluídos los marqueses. Lo que produjo que Bardock sonriera.
Aunque la mujer era dulce y afable de carácter, también mostraba una actitud severa cuando las cosas no salían como deben ser y había incluso veces en las que era mejor no acercarse a ella cuando se presentaba una situación como la de ahora. Por eso Bardock no puso objeción en que su esposa decidiera tomar el mando, conocía bien la manera en que solventaba ella la situación, confiaba plenamente en ella.
—Señora Son…— dijo el señor Champa recomponiendose torpemente sus ropas, al igual que el señor Bills.
—¡Ni una palabra más, señor Champa!— ordenó la mujer, dejando mudos a los hermanos que bajaron avergonzados sus miradas al suelo.
Parecían dos niños pequeños siendo regañados por su madre.
—Como bien dijo usted antes, señor Champa— empezó a hablar Gine pero sin perder la compostura regia— Debemos solucionar cuanto antes el problema de la cantante que sustituirá a la señorita Ceballi y, afortunadamente, la tenemos.— les informó a los presentes que miraron enseguida a la mujer con los ojos abiertos de la sorpresa.
—¿Y de quién se trata?— dijo agitado el señor Bills.
Gine se alejó lentamente de los hermanos hasta acercarse a su esposo que se encontraba al lado del grupo de las jóvenes bailarinas de la compañía, mirando cómo su maestra se acercaba a ellas no evitando ponerse un poco nerviosas.
—Bulma, querida, acércate— pidió cariñosamente la mujer.
La mentada se estremeció y más todavía al ganarse todas las miradas incrédulas de toda la compañía. Con los nervios de punta, se acercó con lentitud a su maestra.
—Pero, señora Son, es una bailarina— refutó el señor Champa.
Sin hacer caso de lo que dijo el hombre, Gine se giró con Bulma al lado suyo apoyando con afectividad el brazo de la joven, como si le indujera apoyo con el gesto.
—Esta bailarina como usted menciona, señor, ha estado recibiendo clases de canto desde pequeña y ha aprendido del mejor maestro— le informó Gine— Dejadla que os lo demuestre, le han enseñado muy bien.
Bulma se ruborizó, estaba la pobre muchacha demasiado nerviosa ante la situación, la timidez le estaba ganando terreno, pero no pudo evitar sentirse halagada por Gine ante la manera en que la apoyaba, como siempre lo ha hecho, desde que la adoptó concretamente. Sin embargo, no sabía si se atrevería a cantar delante de todo el mundo, solo ha cantado para una sola persona...
—¿Y de quién has aprendido, muchacha?— cuestionó el señor Bills a Bulma.
La joven no sabía exactamente qué responder, ni ella misma sabía quién es la persona que la ha estado enseñando durante años. Solo oía cómo una voz le cantaba suavemente en las noches y ella luego le devolvía el canto con la misma tonalidad que la voz.
—No sé su nombre, señor— respondió con un poco de pena al no poder dar más información acerca de su misterioso maestro.
La respuesta no convenció demasiado a los marqueses y ante esto, Bardock volvió a insistir a favor de Bulma:
—Señores, permitir que Bulma os cante un trozo del acto tercero, os aseguro que no os va a fallar.
Los hermanos observaron de nuevo a la joven bailarina, bien es cierto que bella es, es más, nunca habían visto a una criatura que posea una maravillosa belleza como ella. No cabe la menor duda que era hija de la fallecida cantante de ópera Isabella Leblanc. Sin embargo, debía de demostrar si son ciertas las palabras del matrimonio Son. Se miraron a los ojos y entonces aceptaron la propuesta.
—Muy bien— pronunció pausadamente el señor Champa— Acérquese al escenario señorita Leblanc, vamos.
La joven obedeció, aunque insegura y hecha un manojo de nervios. Cuando pasó al lado de Bardock, este le sonrió mostrándole apoyo, cosa que agradeció profundamente al hombre que la crió, un poco más segura avanzó hasta el centro del escenario y observó que los marqueses pedían al señor Pai Pai que dirigiera la audición rápida de la joven.
—Bien, desde el principio del aria, por favor señorita— pidió profesionalmente el director de orquesta.
Respiró profundamente, simulando en su mente que no había nadie en la sala, solo ella y la música. Las primeras notas del piano sonaron y como si la dirigiera el compás de este, comenzó a cantar dulcemente y con tono de soprano profesional, lo que cautivó y sorprendió a los propios marqueses, que la miraban sin poder creérselo, y al resto de la comitiva de la ópera.
Como si buscara un pequeño aliento, vio que el matrimonio Son la observaban con orgullo, por fin la joven que criaron estaba demostrando a todos el gran talento que tenía. Con más valor, Bulma siguió cantando su estrofa hasta llegar al final de la canción que concluyó con una perfecta entonación en la última nota. La joven no fue consciente de lo que ocurría a su alrededor hasta que escuchó como sus compañeros, todos, desde algunos pocos tramoyistas hasta las señoras de la limpieza, la aplaudieron con entusiasmo y la felicitaron sin parar.
Los marqueses estaban más que satisfechos, Bulma les ha regalado una esperanza para esta noche, algo les decía que iba a ser una noche espectacular.
Sin embargo, absolutamente nadie fue consciente de que una sombra que vigilaba desde lo alto, observó complacientemente la audición de su pupila.
Y hasta aquí el primer capítulo.
Quiero informaros de que voy a tomarme con calma las actualizaciones, porque así pienso, escribo ideas y luego intentaré mejorar en la medida de lo posible la historia, porque esta historia me gusta mucho y siempre he pensado en adaptarla con Dragon Ball, y más con mi pareja favorita que son Vegeta y Bulma.
Y otra cosa, esto es voluntario, pero si os gusta poneros un poco de música mientras leéis, podéis escuchar la banda sonora de la peli del fantasma de la ópera (o la que queráis). No he introducido las canciones en algunas escenas, y no las vais a ver tampoco, porque es muy pesado y yo la verdad prefiero trabajar en el contenido de la historia porque es lo que da interés y por eso leéis el fic.
Y ya me despido ahora, espero que os haya gustado y perdón otra vez por la ausencia, pero alegraros que he vuelto y para continuar con el fic.
¡Nos vemos y cuidaos mucho!
RWIrene.
