¡Holaa de nuevo!

Antes que nada, espero que estéis bien, y también vuestras familias y amistades, y que llevéis bien el confinamiento en vuestros países. Y qué mejor manera de sobrellevar la cuarentena con un nuevo capítulo de este fic XD.

En realidad no pensé que subiría otro capítulo pero es que esta semana me he sentido inspirada y lo único que hacía era escribir más y más, así que, ya van dos actualizaciones en una semana, ¡OMG! XD.

Bueno, ahora os dejo para que disfrutéis de la lectura y nos vemos abajo.

¡Besos!


Capítulo II: La nueva diva


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Nunca en toda su vida creyó que iba a representar un papel protagónico en la ópera, aunque sea la cantante suplente, pero al ver las caras de asombro de los marqueses esta mañana, no dudaron en darle el papel y aquí estaba, frente a un inmenso espejo, contemplándose aún sin poder creer en la manera en que su suerte cambió en unos minutos su vida.

Bulma no dejaba de mirarse y hasta de pellizcarse las mejillas, pensando si en algún momento despertaría de este increíble sueño, pero no, no era un sueño, era la realidad y hasta hace breves momentos fue consciente de lo rápido que pasó todo y no pudo evitar sentirse un poco nerviosa. Muchos pensamientos comenzaron a enredar su mente, todo dependía de ella esta noche y no pudo evitar que la inseguridad penetrase en ella, ¿y si no conseguía cumplir con las expectativas del público? ¿Y si decepcionaba a todos los que han depositado su confianza en ella? Empezó a marearse un poco pero volvió a mantener la compostura, no dejaría que sus miedos volvieran a carcomerla, debía ser fuerte, por ella. Seguramente, desde allá donde estuviera, su madre estaría orgullosa y feliz de ver a su pequeña a punto de salir a los escenarios a cantar, ahora más que nunca anhelaba su compañía y, además, seguro estaría dándole algunos consejos para que todo saliera bien. No pudo evitar que su mente viajara hacia atrás en el tiempo, concretamente a aquellos breves momentos que ella y su madre compartían cuando estaban en el camerino de la última. Recordaba cómo su madre entonaba algunas notas y luego Bulma las volvía a repetir con su dulce e infantil voz, y cuando llegaba el día en que su madre salía a cantar, antes de salir, ellas hacían un pequeño ritual para tener buena suerte, primero se cogían fuertemente sus manos, como símbolo de apoyo y fuerza, y luego repetían tres veces una frase: "Todo irá bien."

Sonrió nostálgica y sintió un leve pálpito en su corazón, instintivamente dejó su mano en el pecho, notando los latidos de su corazón, su madre estaba ahí con ella.

La puerta del camerino se abrió, dando paso a la mujer que cuidó de ella desde que su madre murió.

—Bulma, querida, ya quedan pocos minutos para que empiece tu función— avisó Gine con entusiasmo, se detuvo un momento para mirar a la joven— ¡Pero mírate, estás preciosa!— la elogió con sinceridad.

—¿De verdad lo crees Gine?— dijo sonrojada hasta las mejillas Bulma.

—¡Por supuesto!— insistió la mujer— Solo mírate en el espejo, pareces un ángel.

Y otra vez, la muchacha volvió a posar su vista en el espejo y sonrió. Jamás, ni en mil años, pensó que con unos simples retoques de maquillaje y un sencillo vestido, ayudarían a Bulma a verse más hermosa de lo que ya era, aunque ella nunca se arregló más de la cuenta como ahora. La joven iba vestida con un precioso vestido de color blanco roto con detalles dorados en los bordes, su escote era en forma de corazón, que pronunciaba con orgullo su busto, y la falda del vestido era fina que ayudaba a acentuar las curvas de la muchacha. Y con el peinado, los estilistas optaron por dejar sus cabellos en un modesto y elegante semirecogido, decorado con pequeños accesorios plateados y dorados a lo largo de él. Sí, parecía un auténtico ángel como le dijo Gine, uno caído del cielo.

—Sigo sin poder creer que esto de verdad está ocurriendo— pronunció Bulma— Parece todo un sueño, uno del que siempre mi madre soñó con que se hiciera realidad, y ahora no sé exactamente qué hacer. En el fondo no quiero decepcionarla, Gine.— le dijo temerosa, apartó su vista del espejo para mirar a Gine que, afectuosamente, posó sus manos en sus brazos apretándolos con suavidad.

La mujer entendía perfectamente la postura de la muchacha. Al principio, Bulma cantaba solo por diversión, un pasatiempo en resumidas cuentas, y nunca se planteó en realizar audiciones porque siempre se mostraba reacia a cantar frente a un público. Era uno de los problemas que siempre tuvo la joven. Únicamente Bulma cantó para su madre cuando vivía y cuando falleció, simplemente dejó de cantar, y el matrimonio Son comprendió perfectamente la situación de la niña cuando empezó a vivir con ellos. Sin embargo, un día, eso cambió, de forma inesperada la niña volvió a retomar su pasión por el canto y los adultos no se opusieron ante eso.

Cogió con suavidad la barbilla de la joven para que la mirara, y con palabras maternales la animó:

—Pues créeme que esto es real Bulma, no es ningún sueño— le dijo— Además, estoy completamente segura que tu madre, desde donde esté, estaría orgullosa de tí y no vas a decepcionar a nadie Bulma.

Bulma le sonrió agradecida, aunque su verdadera madre no estuviera, Gine siempre se comportó como una, siempre la trató como si ella fuera su hija, y la aprecia, nunca se apartó de su lado y eso es algo que siempre agradeció a Dios de estar al lado de ella. Ni quiere imaginarse lo que hubiera pasado si Gine y Bardock no estuvieran en su vida. No pudo aguantarse más y la abrazó, sorprendiendo un poco a Gine pero al segundo correspondió con gusto el abrazo de la joven.

—De verdad, Gine muchas gracias por todo— agradeció Bulma conmocionada— No sé qué habría sido de mí de no ser por Bardock y tú— le dijo sin evitar emocionarse.

Gine también se emocionó ante el bonito gesto que Bulma le regalaba e intentó serenarse.

—No tienes nada que agradecer, pequeña— negó lentamente su cabeza restando importancia— Isabella y yo fuimos amigas desde hace mucho tiempo, puede que por unos años no nos pudimos ver, pero recuerdo bien el día que regresó y fue como si nada hubiera cambiado entre nosotras— le explicó nostálgica— Y por lo mucho que yo quise a tu madre, le prometí que no dejaría que nada te pasara y no me arrepiento Bulma.

Los ojos de Bulma brillaron, no solo por las lágrimas que amenazaban con salir, también por la emoción que notó en Gine al hablar de su madre. Le gustaba esos momentos que compartía con la mujer cuando hablaban de Isabella, tanto ella como Gine vivieron juntas muchos momentos en su juventud y eso enternecía mucho a Bulma. Era una manera que tenían ambas de mantener siempre vivo el recuerdo de Isabella Leblanc.

—Bueno, ya está bien de llorar y recordar— terminó Gine, secándose mientras las pequeñas lágrimas traicioneras que descendieron por sus mejillas— Ahora lo importante eres tú, Bulma. Esta va a ser tu noche y debes disfrutarla plenamente— la animó entusiasmada.

La joven se contagió de su humor risueño y notó cómo la tensión en su cuerpo disminuía, y ahora sí que se encontraba lista para todo.

—Muchas gracias Gine, necesitaba un poco de alegría, ahora me siento mucho mejor que antes— habló alegre.

La mujer sonrió contenta de verla pero fueron interrumpidas por unos golpes leves en la puerta.

—Señorita Leblanc, diez minutos para salir— anunció un trabajador de la compañía.

Emocionada, Bulma se contempló una vez más en el espejo revisando si estaba todo bien y pidió a Gine que la ayudara, lo único que volvieron a arreglar fue un poco de maquillaje en los ojos, por el anterior momento de lágrimas. Retocada, salieron las dos mujeres del camerino para ver al mismo trabajador que esperaba por la joven para acompañarla hacia el escenario. Cuando llegaron, vieron que el segundo acto por fin concluyó con el maravilloso baile de las odaliscas y fueron retirándose con gracia y elegancia hasta que el gran telón cayó al suelo del escenario. Quedaban cinco minutos para la función de Bulma y en todo ese tiempo vio cómo los tramoyistas cambiaban el escenario de manera rápida y profesional, todo en menos de dos minutos. Además, Bulma se fijó que una de las bailarinas la saludaba y le pronunció "buena suerte" sin gritar. Sonrió agradecida por el gesto de su mejor amiga Anna, una muchacha que, al igual que Bulma, vivió toda su vida en la ópera cuidándose la una y la otra como si fueran hermanas.

—Dos minutos Bulma, ponte ya en el escenario— le avisó el mismo trabajador.

La joven asintió, y con un leve apretón de apoyo por parte de Gine, se dirigió hacia el centro del escenario, esperando pacientemente su actuación. Respiró hondamente y otra vez sintió el suave pálpito en su corazón, sonrió.

—Todo irá bien, mamá.


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Durante los minutos previos al tercer acto, un par de marqueses estaban en un palco a la izquierda del escenario, pero no estaban solos, ellos iban acompañados de un par de hermanos que conocían desde hace tiempo y que como ellos también eran habituales a la ópera.

—Entonces, habéis cambiado a la diva Maron Ceballi por una bailarina, interesante— dijo una voz masculina con un tono suave y hasta melódico.

—Bueno, ante la "renuncia" de la señorita Ceballi, hemos tenido que recurrir a lo que el señor Son nos ofreció, aunque esto solo es momentáneo, por supuesto— habló el señor Bills.

—Sin embargo, hermano— le interrumpió el señor Champa— La señorita Leblanc nos ha demostrado su talento con creces y os aseguro que esta noche va a dejar a todo el mundo boquiabierto, de todos modos estamos hablando de la hija de Isabella Leblanc, la que fue una de las cantantes de ópera más famosas de la Capital del Norte.

El señor Bills gruñó ante su interrupción.

—La verdad es que es una grata noticia— habló una nueva voz, esta vez femenina— Es un auténtico alivio saber que la señorita Ceballi no es la única prima donna que hay en el mundo. Sin embargo me sorprende bastante la nueva cantante sustituta.

—¿En qué sentido, Vados?— le preguntó el señor Champa.

—En lo que usted ha mencionado hace un minuto, señor Champa.— le recordó Vados— Me ha dejado bastante sorprendida el saber que la joven es hija de Isabella Leblanc, nunca había oído que la cantante tuviera familia.— les comentó extrañada.

—Bueno, hermana, tengo entendido que Isabella siempre fue reservada con respecto a su vida privada— le dijo su hermano gemelo.

—Eso es cierto, Whis— concordó el señor Bills— Y parece que el guardar los secretos, es algo que heredó su hija— musitó pensativo.

—¿A qué te refieres, Bills? No entiendo— cuestionó Champa confundido.

Sin darse cuenta, el marqués sembró la curiosidad de los presentes ante su desconcertante comentario.

—Me refiero a lo que pasó esta mañana, cuando hicimos la audición a la muchacha— dijo intentando recordar los detalles— ¿No te parece un poco extraño que una simple bailarina posea una voz profesional de ópera?— cuestionó con extrañeza.

—Pues no, la verdad— dijo el señor Champa sin darle mucha importancia, lo que hizo que el señor Bills rodara sus ojos ante la indiferencia de su hermano.

—No tiene nada de extraño, señor Bills — opinó esta vez Whis— He oído casos de jóvenes bailarinas, como la señorita Leblanc, que durante su formación en la danza, algunas han podido convertirse en cantantes.

—Pero normalmente son destinadas al coro— rebatió el señor Bills.

Él quería dejar caer lo que estaba pensando acerca del tema, según su criterio, una voz como la de la señorita Leblanc no puede salir de manera fácil como demostró esta mañana. No entendía por qué, pero algo, una voz en su interior, le decía que hay un truco.

—Vamos, hermano. Deja de darle tantas vueltas al asunto— sugirió Champa— Lo importante es que la señorita Leblanc nos ha salvado de una buena esta noche, tan solo mira las butacas, ¡todas llenas!— habló de buen humor el marqués, mostrándole todo el lugar lleno de gente.

Bills solo atinó a gruñir levemente, le molestaba bastante lo confiado que podía llegar a ser su hermano, pero esta vez iba a darle la razón. De no ser por la joven, ahora mismo estarían huyendo lejos de la ópera.

—Creo yo señor Bills, que debería agradecer que el señor Son le haya propuesto a la joven como sustituta, en vez de buscarle algún pero a la pobre, ¿no cree?— rió disimuladamente Vados, que ganó un gruñido de hastío del marqués.

—¡Jo, jo, jo! Bueno, calmaos señores— rió Whis— Vaya, veo que el director de orquesta está ya preparado para la función— avisó.

Los cuatro hermanos vieron que dentro de nada el telón iba a subir y se acomodaron en sus respectivos asientos, preparándose también para disfrutar del espectáculo.


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El público, después del pequeño receso que hubo entre el paso de actos, también se dispuso a acomodarse para poder observar el espectáculo sin problemas. La mayoría de los presentes se quedaron estupefactos cuando descubrieron que la anterior diva había renunciado momentáneamente su puesto de soprano, aunque muchos no mostraban tener admiración hacia Maron, se habían acostumbrado a su presencia y a su chirriante voz. Sin embargo, se sentían aliviados que por fin la cantante italiana no iba a cantar esta noche, pero en realidad no fue eso lo que verdaderamente llamó la atención del público. Nadie se esperó que la cantante suplente de la señorita Ceballi fuera nada más ni nada menos que la hija de la fallecida Isabella Leblanc. Muchos se mostraron sorprendidos y a la vez entusiasmados ante la noticia de la nueva soprano, ya que, a pesar de que pasaran muchos años, la memoria de la cantante fallecida seguía en la memoria del público y que un miembro de su familia continuase con el legado, por decirlo así, congratulaba en demasía a todos.

Los murmullos cesaron rápidamente cuando el director Pai Pai comenzó a dirigir el aria y, al mismo tiempo, el gran telón rojo escarlata se abría, dejando mostrar a una joven de no más de veinte años que dejó asombrados a todo el mundo. Lo que más llamó la atención fue su peculiar color de cabello, un tono azul asemejándose con el color del mar, y luego estaba su piel blanquecina como la nieve. Entonces, como si de un flashback se tratara, algunos de los presentes empezaron a contemplar la semejanza física con Isabella, y efectivamente la joven era la hija de la cantante.

Y la canción empezó.

Bulma comenzó a entonar las primeras notas y lo hizo como si hubiera cantado antes en un escenario, con una profesionalidad que dejó satisfechos a los marqueses, que la observaban con mucha atención. Además, se estaba ganando miradas de emoción al pronunciar frases de manera dulce que hizo que alguno del público masculino suspirara por esa voz de sirena. Y al mismo tiempo, algunas de las mujeres del público mostraban un poco de envidia, ya que aparte de ser bella, la joven también tenía una maravillosa voz que, para ellas, venenosamente, la comparaban con un arma de seducción por la manera en que sus acompañantes masculinos se mostraban dóciles ante la soprano. Aunque habían otras mujeres, en su mayoría ancianas, que estaban a punto de llorar emocionadas ante la pasión con la que Bulma transmitía en su actuación, sin dejar de alabar su naturalidad con la que estaba demostrando en el escenario.

La armonía que creaban la música y la joven hacía que el público se olvidara de la realidad, y se centraban únicamente en ella. Era increíble la atmósfera que se respiraba, ni durante las ocho temporadas en las que Maron Ceballi estuvo en la ópera, consiguió este magnífico resultado. Todos estaban pendientes del ángel que cantaba melódicamente, incluído alguien que se escondía en las sombras.

Desde una zona subterránea, que daba debajo de la zona de orquesta, una sombra escuchaba con gran orgullo la voz de su pupila. Por fin, ha cumplido su deseo, esperó pacientemente hasta que notó que su alumna estuviera preparada y ahora le demostraba al mundo de lo que era capaz y tenía claro que después de esta noche, vendrían muchas más. De eso se encargaría personalmente, como esta mañana en el ensayo.

Y se fue alejando lentamente hacia la oscuridad, teniendo como compañera la dulce voz de su pupila.

La canción estaba llegando al final, sabía que el gran momento culmen llegaba, y llegó cuando la música se fue deteniendo para que ella diera el do de pecho, paulatinamente, y entonces, acompañada de las notas musicales de los instrumentos, cantó la nota final con gran fuerza.

Y el público estalló con gran júbilo, los aplausos no se hicieron esperar, todos y cada uno de los presentes, hasta también sus compañeros que la observaron durante su actuación, aplaudieron con una mezcla de admiración y alegría. Bulma no pudo evitar emocionarse, muy dentro en su interior se sintió bien, cálida, era como si su madre la hubiera estado apoyando ahí mismo.

"¡Bravo, Bravo!" eran las palabras que no paraban de escucharse por todo el lugar. Además, el público empezó a lanzar miles de rosas hacia su alrededor como muestra de halago.

—¡Estupenda, bellissima!— gritó con entusiasmo el señor Champa desde el palco.

También, su hermano Bills y los otros hermanos se mostraron gratamente satisfechos de la interpretación de la joven. El señor Bills finalmente aceptó que, gracias a Bulma, la noche se ha salvado y que igual era buena idea hacer algún cambio con respecto a la permanencia de la anterior diva. A veces es bueno hacer cambios, como se dice popularmente.

Vieron todos que el gran telón descendió nuevamente para preparar el acto final que concluiría la noche, lo que significaba una buena fiesta después de la representación.


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Al finalizar la ópera, todos los presentes estaban invitados a celebrar el triunfo, era tradición en la ópera que después de cada representación se realizaba un pequeño cóctel de cortesía.

Aunque la mayoría se mostraban expectantes de ver a la nueva estrella que ha nacido esta noche, otros también esperaban ansiosos por dar algún piropo o proponer una cita a la joven soprano.

Los hermanos marqueses fueron los que se encargaron de esta reunión y estaban cómodos entablando breves conversaciones con algunos conocidos suyos, y contestando a algunos impacientes sobre la aparición de la señorita Leblanc. Mientras, las copas y algún tentempié iban y venían con las bandejas que los camareros ofrecían a los invitados. Todos se estaban divirtiendo y se respiraba un ambiente pacífico, hasta que unas exclamaciones de felicidad arremolinaron el salón. Bulma apareció acompañada de Gine y Bardock, ejerciendo este como un guardaespaldas de la joven, no le gustó algunas miradas libidinosas que algunos hombres le dirigían a Bulma. Todos los presentes rompieron en aplausos estridentes por la joven, que los miraba un poco abrumada por tantas personas en el salón, casi encima de ella. Caminaron hasta llegar al centro donde los hermanos marqueses la esperaban con un ramo de rosas abundantes y antes de ofrecérselo a la joven, pidieron un poco de silencio en la sala.

—Damas y caballeros,— comenzó a hablar el señor Champa— hoy ha sido una noche muy especial, me congratula haceros saber que esta jovencita nos ha regalado un momento mágico, que de seguro perdurará en todas nuestras mentes, y como muestra de agradecimiento hacia la señorita Leblanc, por favor, acepte este ramo como muestra de nuestra gratitud— le dijo ofreciendo el ramo que aceptó la joven con una sonrisa de agradecimiento— Señores, ¡hoy ha nacido una nueva estrella!

Sonoros aplausos volvieron a estallar, Bulma agradecía ruborizada a todas las personas de alrededor, mas no faltó el agradecimiento de las personas más importantes para ella.

—Enhorabuena, Bulma— la felicitó Bardock con una sonrisa de medio lado, enorgullecido de ella.

—Gracias, Bardock— le dijo reprimiendo sus ganas de abrazarlo, el hombre no llevaba bien las muestras de afecto en público, pero ya buscaría algún momento para pillarlo desprevenido.

Sin embargo esas ganas de abrazar a alguien las calmó cuando Gine la abrazó afectuosamente, correspondiéndola.

—Si tu madre estuviera aquí, estallaría de plena felicidad, pequeña— le susurró al oído, para que solo la oyera, y le sonrió feliz compartiendo su opinión al respecto.

Y cuando la situación se amenizaba paulatinamente, la voz de Bardock resonó en la sala:

—Bueno, damas y caballeros, ahora sí, que continúe la fiesta y quiero agradecer a todos por haber venido esta noche a disfrutar de la música— habló de manera diplomática, siendo favorablemente correspondido.

—Gine— llamó Bulma a la mujer.

—Dime, Bulma.

—Me gustaría ir a la capilla, quiero estar un momento con mi madre.

Gine asintió y se acercó a su marido para comentarselo, y el hombre no puso objeción y les comentó que pueden irse sin problema, además, les dijo que se encargaría de controlar la reunión, y puede que a algún pájaro que miraba de más a la joven soprano.

Entonces las dos mujeres se fueron directas a la zona de bastidores, donde hay una entrada a la pequeña capilla que accedes por el sótano del primer piso. Cuando llegaron a mitad de camino, aún entre bastidores, se encontraron con algunos admiradores de Bulma, pero fueron excluídos por la mujer que les reprendió duramente. Rió con pena la joven por ellos, no era fácil conversar con Gine cuando se enfadaba, así que le dijo a la mujer que ella continuaría sola, ya que conocía perfectamente el camino. Gine aceptó y le dijo que vigilaría la zona por si algún listillo se acercaba. Bulma continuó el camino y por fin, poco a poco, el bullicio de afuera estaba mermando, el sótano era un lugar que pocos accedían, únicamente los tramoyistas o algún trabajador de la compañía accedían para dejar algunos elementos que no utilizaban o guardaban para una próxima representación. Llegó a una angosta entrada sin puerta en la que descendió por las escaleras hasta llegar finalmente a la capilla.

Era reducida y se notaba que no era un lugar utilizado debido al polvo que tenían los candelabros que iluminaban el espacio. Lo único bello y destacable era el dibujo de un ángel anunciador pintado sobre la pared más grande de la sala. Debajo de esa humilde pintura, habían unas repisas de madera, algo desgastadas, en las que había un pequeño marco antiguo con una foto vieja. Era la foto de la madre de Bulma. Al lado derecho de ese marco, había una flor ya seca que fue cambiada por el gran ramillete de rosas que le regalaron los marqueses a Bulma, mientras al lado izquierdo, había una pequeña vela de cera. Como cada noche, Bulma se arrodilló delante de la foto de su madre y buscó debajo de las repisas una cajetilla de fósforo y encendió uno para prender la vela. Al apagarlo, lo dejó en un pequeño cenicero, donde habían fósforos ya gastados, y se dispuso a rezar.

Era su único momento a solas y ella procuraba disponer de un breve momento para conversar con ella. Era su pequeño ritual que todos los días hace desde que vino vivir a la ópera cuando quedó huérfana.

—Madre, por fin se cumplió el sueño que tú siempre anhelaste, por fin he conseguido cantar en la ópera— habló con suavidad mirando la foto— No ha sido fácil, porque sabes que yo solo cantaba contigo y siempre me aterró la idea de cantar para el público. Sin embargo, noté en mi corazón que tú estabas ahí, conmigo, dándome fuerza como cuando era pequeña, y recordé cuando tú y yo hacíamos nuestro ritual antes de irte a actuar— sonrió con nostalgia.

Estaba cómoda, aquí sola podía desahogarse, sacar todo lo que pensaba y todo lo que la afectaba. Eso la hacía sentir mejor.

—Aunque, no puedo evitar sentir un poco de incertidumbre— susurró pensativa— Porque no puedo dejar de preguntarme una cosa, ¿y después, qué va a pasar? No sé si las cosas volverán a la normalidad, es decir, si la señorita Ceballi querrá volver a ocupar su puesto…

—No lo hará.

Silencio.

Bulma se sobresaltó. Reconoció inmediatamente al dueño de la voz.

—Maestro…— musitó lentamente, casi arrastrando las palabras.

Sin embargo, no volvió a escuchar nada más. El silencio reinó por unos segundos más y, aún en estado de shock, no se dio cuenta de unos suaves pasos que se acercaban a ella.

—¿Bulma, estás ahí?— se oyó esta vez una voz femenina, que hizo desconectar a la joven del anterior momento desconcertante.

—¿Anna?— llamó Bulma.

Y la susodicha apareció en el umbral de la entrada, era una joven esbelta, de piel blanca, muy bella además por su cabello rubio lacio y sus ojos azules claros. Era su mejor amiga Anna que forma parte del grupo de bailarinas de la compañía y de la cual se conocieron cuando Bulma llegó al teatro. A partir de ahí, ambas forjaron su amistad, queriéndose como si fueran hermanas.

—Estás aquí— dijo caminando hacia su amiga, arrodillándose a su lado— Te estaba buscando por todas partes hasta que me encontré con Gine y me dijo dónde estabas— le explicó.

—Pues aquí estoy— le contestó graciosa.

—Ya me lo supuse— le acompañó— Bulma, hoy sinceramente has estado fantástica, has dejado a todo el mundo con la boca abierta, ¡felicidades!— celebró alegremente Anna.

—Gracias Anna— le agradeció honesta.

—Y también me alegro que por fin Maron no haya vuelto esta vez, te juro que me volvería loca si escucho una vez más sus berreos de cabra— le expresó aliviada y Bulma rió la broma de su amiga.— Esperemos que la suerte nos dure— manifestó con esperanza exagerada.

—No sé, Anna, me temo que igual solo actúe para esta noche y ninguna más— le confesó pesimista.

—¡Claro que no!— le refutó enseguida— Tú vas a seguir cantando, yo lo sé, ¿acaso no te acuerdas de las caras de sorpresa de los marqueses? ¡Se quedaron estupefactos!— le recordó con ánimo— Además, no creo que sean tan estúpidos para desaprovechar un talento como el tuyo después de esta noche.

Bulma miró a su amiga, sonrió por la manera que siempre encontraba Anna para hacer levantar su ánimo. Aunque tiene razón en lo que le ha dicho, Bulma tiene muchas posibilidades de continuar representando papeles que la anterior diva, la diferencia entre ambas se nota bastante.

—Pero, Anna, sabemos cómo se las gasta la señorita Ceballi para salirse con la suya y seguramente, cuando descubra lo que ha pasado hoy, hará lo que sea para quitarme de en medio.

—De eso no te preocupes, Bulma. Aunque sí, es verdad que Maron se sale con la suya, pero esta vez no lo conseguirá— le aseguró confiada— Porque ahora no solo se enfrentará a Bardock, los marqueses están de por medio y tienen los mismos derechos de poder que él, y ya me los imagino haciendo un contrato para tí durante las próximas temporadas de ópera.

—Dios, esto parece un sueño— pronunció incrédula.

—No lo es amiga, tú misma lo has hecho realidad— le habló contenta.

En verdad se alegraba mucho por Bulma, por fin después de tantos años su amiga sacaba a la luz su talento oculto, ella en verdad vale, lo único que le faltaba era esperar el momento apropiado para demostrarlo. Sin embargo, había algo que siempre se ha preguntado pero nunca se atrevió a hacerlo porque, exactamente, no sabía cómo plantear su duda a su amiga. Pero ya no podía esperar más, y se armó de valor para preguntarle lo que siempre estuvo merodeando por su mente.

—Oye, Bulma…— la llamó con cautela, captando toda la atención de la nombrada— Hay algo que siempre he querido preguntarte, pero no sabía cómo— le habló con un poco de duda y eso sorprendió a Bulma, era algo serio que quería saber, no era normal en el carácter de su amiga que se mostrara tan inquieta como ahora.

—Dime— la animó a continuar, ahora sentía curiosidad de lo que su amiga quería decirle.

Teniendo por fin su aprobación, recogió aire para pensar en cómo plantear sus dudas.

—A ver, sé que tu madre, como me mencionaste una vez, te enseñó a cantar lo básico. Pero cuando falleció, dejaste de cantar y siempre nos dijiste que nunca volverías a hacerlo— le expuso cuidando sus palabras— Y entonces, un día, de repente retomaste el canto y cada día que pasaba cantabas mejor que antes y eso me confundió mucho.— expuso apresuradamente, dejando abiertas sus dudas.

Mientras le comentaba, observaba que su amiga la miraba con calma, sin dar ninguna señal de enfado o de evasión, lo cual animó a Anna a seguir.

—En resumen a todo esto, ¿quién te ha enseñado a cantar de esa manera tan magistral?— le preguntó con desconcierto y a la vez con admiración.

A decir verdad, Bulma ya se esperaba que su amiga le preguntara algo así. Sabía que siempre hacía el amago de querer preguntarle sobre quién era la persona que le enseñaba, pero desistía al final, porque Anna se preocupaba por no incomodarla con sus preguntas. Le causó pesar por no poder contar a su amiga la verdad. Y, desafortunadamente, debía mantenerse así. Porque lo prometió.

—Anna, no puedo contarte mucho— le habló apenada, no le gustaba esconder secretos a su mejor amiga, sin embargo no tenía más remedio— Pero estáte tranquila, la persona que me enseña siempre ha cuidado de mí, como si fuera mi ángel de la guarda— dijo perdiéndose en la pintura del ángel en la pared— El que mi madre me envió cuando murió— habló esta vez para sí misma, no obstante el comentario no pasó desapercibido para Anna.

Se extrañó bastante en la forma en que se expresaba su amiga, le pareció verla en una especie de embrujo. Se asustó por un momento, pero no, desechó de inmediato la idea turbia. Echó la culpa al cansancio y a todos los momentos vividos en el día de hoy. Que ya han sido bastantes.

Así que decidió dejar pasar el tema del misterioso profesor de Bulma, si es que existe. Guardó sus pensamientos para sí misma y prefirió no hablar más del asunto.

—Bueno, da igual Bulma, perdona si te he incomodado con mis tonterías— se disculpó con intención de dejar el tema.

—No, Anna, no te disculpes, pero es que no puedo decirte mucho, lo siento— se excusó sintiéndose culpable la chica.

—No importa de verdad, pero si en algún momento quieres hablarlo, me lo dices, ¿vale?— le habló comprensivamente y Bulma asintió, sin tener el poder de cumplir a su amiga— Por cierto, debemos ir al camerino, seguro Gine estará allí para ayudarte a cambiarte.— recordó Anna y ambas salieron de la capilla.

Sin darse cuenta las chicas, cerca de la capilla, en las sombras del sótano, una persona escuchó atentamente su conversación, del cual espió cautelosamente.

Y, satisfecho, su alumna no le falló.


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Todavía quedaban invitados que disfrutaban sin prisa alguna de la fiesta. Aunque ya no habían tantos como antes, quedaban algunos de los cuales eran considerados como los más recurrentes de la ópera. De entre ellos, por ejemplo, se encontraban los hermanos gemelos, Whis y Vados, charlando en confianza con unos conocidos y luego estaba también el señor Champa, que ya tenía encima unas copas de más, coqueteando con una mujer que respondía con exageración a los flirteos del marqués. En cambio, su hermano, el señor Bills, desde hacía un buen rato, comenzó a mostrar signos de cansancio y aburrimiento, y lo único que pedía en esos momentos era tumbarse en la cama y dormir.

A punto estaba de dirigirse a su hermano para marcharse del lugar, que no divisó que una conocida suya caminaba hacia él.

—¡Bills! Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que nos vimos— el susodicho se giró al reconocer la voz femenina que le hablaba.

—Jerez— saludó con respeto— Lo mismo digo, no has cambiado nada— le dijo observándola.

Jerez Amin, una mujer esbelta, con cabellos azabaches trenzados elegantemente, de piel bronceada muy destacable que revelaba bastante su origen egipcio, y unos ojos grandes y rasgados de color esmeralda, pintados con sombras azules, y para rematar tenía unos labios carnosos pintados con rojo sangre. Vestía como toda una princesa egipcia, claro están sus raíces natales, dando además a entender su posición social. Una mujer muy bella sin duda por el exotismo que emana.

—Cuando mi manager me contó que usted y su hermano aceptaron la asociación con la ópera, me dejó asombrada, sinceramente— le confesó, cogiendo una copa de un camarero que pasó por delante de ellos.

—Bueno, somos aficionados a ella— le contó sin mostrar importancia— Y vimos además un buen negocio.

—De eso no hay duda— concordó la mujer— Aunque sea una ópera maldita, es una fuente de ingresos aceptable— comentó bebiendo su copa a la vez que suscitó un poco el interés del marqués.

—¿A qué ha venido ese comentario?— le cuestionó intentando ocultar la curiosidad.

—¿Nunca has oído de lo que se comenta sobre este edificio?— preguntó esta vez Jerez extrañada.

—Jerez, me conoces bien, yo no hago caso de lo que dice la gente, me es indiferente— le dijo sin más— Aunque no voy a ocultar que ese comentario que has dicho me ha provocado cierta curiosidad— le confesó haciéndole un gesto para que continuara hablando.

Entonces, Jerez no se hizo de rogar y continuó:

—Pues es bastante famoso este edificio porque hay un fantasma que habita en este lugar— soltó sin anestesia.

El señor Bills rodó sus ojos, otra vez volvía ese asunto.

—¿Tú también con eso Jerez?— le cuestionó hastiado— No entiendo qué obsesión tienen todos con ese fantasma, no son más que tonterías para asustar a los críos.

Jerez no dijo nada y dio otro sorbo a su copa, mantuvo una postura seria que no entendió Bills. La mujer continuó contándole:

—En un principio yo también pensaba como tú— le confesó sin perder su seriedad— Pero con el tiempo me di cuenta que era verdad todo lo que se comenta de este lugar.

—¿Y, según tú, qué es lo que se comenta?— siguió preguntando, aunque a estas alturas ya le parecía gracioso el tema, sarcásticamente hablando.

—Dicen que ese fantasma vive en la zona de las catacumbas del edificio, un lugar del que nadie ha ido nunca porque es su territorio— contó cautelosa— Y, además, dicen que si intentas entrar ahí, nunca vuelves.

—¡Puf! Por favor…— resopló negando su cabeza.

—Inaudito, sí— coincidió la mujer— Pero real— concluyó mirando al marqués a los ojos, que aun así estos no le mostraban credulidad a sus palabras.

—Escucha Bills, dejando las bromas a un lado, quiero advertirte— insistió y dio otro sorbo, de repente sintió su garganta seca— Ahora que tú y tu hermano sois socios del señor Bardock, hacedle caso en todo lo que os diga.

Ahora sí que Bills no comprendía nada, ¿que le haga caso al bueno para nada de Bardock? ¿Y todo por un espectro? El mundo se ha vuelto al revés. Iba a refutar las palabras de la mujer, pero esta le indicó que se callara por unos segundos para que la escuchara sin interrupciones.

—Si queréis que todo vaya con normalidad, no objetéis, ni tampoco os neguéis a todo lo que se os pida— continuó— Apelo a tu buen juicio Bills y quiero darte el siguiente consejo: no te dejes influenciar por el egoísmo, porque no te servirá mientras tú y Champa estéis aquí, y si lo haces, sufriréis las consecuencias.— remató la mujer con profunda severidad.

El marqués se quedó mudo. No sabía qué decir, nunca había visto tan seria y hasta enigmática a Jerez. Conocía a la mujer desde hace años y siempre se mostraba con una actitud despreocupada, en algunos aspectos, pero verla de esta manera le confundió bastante. No entendía nada y todo por ese fantasma del que todos hablan con temor. Desde luego esto no se iba a quedar así. Pero no iba a dejarse llevar por historias de terror, no; él era un hombre escéptico, le era muy difícil creer hasta de sí mismo. Como dijo esta mañana en el ensayo, todo esto seguro que es una treta y lo desenmascararía.

Con una sonrisa de falsa serenidad, opinó dándole la razón a la mujer:

—De acuerdo, Jerez. Si lo que dices es cierto, entonces acataremos todo lo que el señor Son nos diga sin oponernos— le anunció, aunque no iba a cumplir su promesa.

La mujer le miró por unos segundos y no le creyó. Si pensaba que se chupaba el dedo, estaba equivocado el marqués, aunque prefirió no insistir en el tema. Ella ya le había dado aviso, sería él quien se responsabilizara de lo que pudiera ocurrir en un futuro. Optó por seguirle la mentira, como si lo que habían hablado antes no fuera importante.

Y la velada continúo con normalidad hasta que algunos invitados se fueron yendo a sus hogares a descansar, incluídos los marqueses, aunque montaron un pequeño alboroto por culpa de la ebriedad del señor Champa que insistía en irse con la mujer que coqueteaba.


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Eran casi las once de la noche y Bulma todavía no había acudido a su camerino, sus compañeras de baile la interceptaron y estuvieron un buen rato hablando hasta que Gine apareció buscándola, regañó, sin demasiada dureza, a las bailarinas porque ahora debían estar en los vestuarios cambiando sus ropas y luego dirigirse ya a sus dormitorios.

Teniendo el camino libre, Bulma y Gine se encaminaron al camerino, todavía la esposa de Bardock no había tenido oportunidad de hablar con ella a solas, y más después de la actuación de la joven.

Entraron por fin al lugar, era modesto y ahora se encontraba arreglado, supuso que los trabajadores de la compañía se encargaron de ordenar las cosas mientras se representaba la ópera. La joven se giró para ver a la mujer de Bardock caminando hacia ella contenta:

—Has estado fantástica, pequeña. Con todo el jaleo de la fiesta, se me olvidó comentarte algo que igual te alegrará saber— le comentó entusiasta que picó la curiosidad de Bulma y esperó su respuesta— Durante la reunión, el señor Champa habló con Bardock y le comentó que quería hablar sobre las próximas representaciones de la temporada, a lo que me refiero, es que le gustaría que tú seas la cantante que represente esas obras.

Se quedó sorprendida ante eso. No se esperó que el marqués quisiera hablar de manera inmediata sobre su futuro como cantante. Eso le daba una esperanza grata.

—¿Tan rápido?— cuestionó sin salir del asombro.

—También nos pilló un poco desprevenidos— le confesó Gine— Pero aún es pronto y Bardock me mencionó que eso lo hablarían con más calma mañana— anunció la mujer.

—Parece que van en serio— dijo no evitando los nervios que volvían a su sistema, cosa que Gine notó.

—Tranquila, Bulma— la calmó— Ya verás como todo va a salir bien, ahora las cosas van a dar un giro grande, de eso no hay duda— declaró— Además, deja que Bardock se encargue de todo, descuida y céntrate en tus cosas como todos los días, ¿de acuerdo?

Era algo que necesitaba oír. Tenía razón Gine, quien se encarga de dirigir los asuntos administrativos de la ópera era Bardock y lleva además muchos años de experiencia liderando el negocio. Se tranquilizó y sabía que Bardock era un hombre que hacía muy bien su trabajo, con el paso de los años se ganó un gran prestigio en la sociedad de la ciudad. No lo pensó más y asintió a la mujer, estando de acuerdo con el tema.

—Tienes razón, Bardock siempre ha sabido cómo manejar esos asuntos, se podría decir que es un experto— rió la joven acompañada de Gine— Muy bien, no le demos más vueltas, ¿me ayudas a quitarme los accesorios del vestido?

Asintió sin problema y ayudó a la joven a quitarse los complementos que empezaban a molestar un poco a Bulma, empezando por la tela blanca adherida a la cintura que se le enredaba. Cuando estaba dejando la mujer el vestido en uno de los armarios del camerino, observó que la muchacha salía ya del biombo con una camisola blanca de tirantes finos que le llegaba hasta los pies, y Gine buscó una bata para que le cubriera un poco del frío. Al encontrarla, se la pasó a la joven, le agradeció y se lo puso. Después, fue a sentarse frente al tocador para comenzar a desmaquillarse y a quitarse por último los accesorios del pelo. Entonces, Gine aprovechó para dirigirse hacia una pequeña mesa, enfrente de donde la joven estaba, para coger un regalo especial de alguien muy singular.

—Bulma— la llamó suavemente, captando la atención de la muchacha que la miraba desde el espejo del tocador— Hay un presente para tí.

La joven se extrañó, aunque pensó que sería otro regalo de algún admirador. Pero no, se fijó ahora más atenta de lo que tenía en sus manos Gine. La mujer se acercó tranquila hacia ella y le entregó el regalo a la joven.

—Él está satisfecho contigo.

La joven solo miraba el detalle delante de ella, una preciosa rosa roja con un lazo negro atado en el tallo. La cogió con cuidado, como si temiera que se rompiese, pero no, la flor era fuerte gracias al grosor del tallo. Frágil y fuerte. Como ella. Y luego se fijó en el lazo negro, era su marca, no hay duda.

Gine, mientras veía como la joven estudiaba la rosa, decidió que era momento de marcharse.

—Bulma, me voy afuera a ver si las chicas están ya en sus habitaciones y a cerrar algunos puestos— le avisó.

—De acuerdo, Gine y gracias por ayudarme— le agradeció con una sonrisa que fue correspondida por la mujer que ya se marchó.

Al cerrarse la puerta, en esos momentos la actividad en la ópera prácticamente era inexistente, ya los invitados se fueron y algunos de la limpieza arreglaron todo el salón en tiempo récord dejando como los chorros del oro toda la sala. Tampoco estaban ya los trabajadores de la compañía, únicamente quedaban las bailarinas que vivían en un edificio anexado a la ópera, concretamente a la zona de las clases, situado lejos del camerino de Bulma, que estaba tranquilamente desmaquillandose con mucha concentración, sin darse cuenta que la puerta de su camerino fue cerrada con llave.

Era ya medianoche y parecía que la ópera había sucumbido ante un misterioso embrujo, las sombras engullían centímetro a centímetro todos los corredores del edificio y se empezó a respirar una atmósfera de misterio en cada rincón. Era el momento que esperaba una sombra para recorrer todo el lugar tranquilamente, sin necesidad de ocultarse. Pero esta vez tenía un objetivo en mente y no dudó en ir a él.

Solo había una persona que fue testigo de cómo cerró con llave el camerino de la joven. Gine, oculta tras una pared cercana al camerino, vio cómo una mano enguantada de cuero negro salía de las sombras y echaba el cerrojo sigilosamente. Y desapareció sin más.

Gine suspiró, aunque le salió un sonido resignado, se apartó del lugar dirigiéndose hacia los dormitorios de las bailarinas, teniendo en mente a Bulma. Ahora estaba en manos de él.

Mientras tanto, Bulma terminó por fin de desmaquillarse, aunque le aplicaron un maquillaje suave, la zona de los ojos fue lo que más le costó quitárselo, por la raya y las sombras. Hecha la limpieza facial, se dedicó a quitar los accesorios del pelo teniendo mucho cuidado en no enredarse. Sin embargo, dejó abruptamente lo que estaba haciendo al ver como las luces se fueron apagando rápidamente, dejando a oscuras la habitación. Se alarmó por un momento, le extrañó bastante la manera en que se apagaron las luces, porque siempre eran supervisadas y nunca dieron problemas. Se levantó lentamente, cuidando de no pegarse contra algo, pero no pudo dar ni un paso cuando…

—Bulma…

Y el tiempo se detuvo. Él está aquí.


N/A: ¡CHAS! Ya llegó el momento que estáis esperando, pero será en el siguiente capítulo XD.

He sido un poco mala, lo reconozco, pero necesitaba hacer esperar el momento importante para el siguiente episodio, porque si no se me quedaba muy largo, y ya os aviso que el tercer capítulo va a ser largo, largo. Así que el momento vegebul va a tener que esperar un poco.

Antes de concluir, quiero agradecer a las personas que han dejado un review en el anterior capítulo. Sé que algunas han estando esperando por mucho esta historia, y ahora pues voy a intentar sacar el máximo posible para hacer brillar esta bonita historia (que se lo merece). Y también, me gustaría que siguierais dejando vuestros comentarios porque así veo si os gusta y, bueno, todo lo que queráis decirme, soy libres de opinar.

Por cierto, informando sobre la historia, a partir de ahora vais a notar cómo la trama irá evolucionando, centrándome por supuesto en los protagonistas (eso es indudable), además los siguientes capítulos ya no van a ser capítulos introductorios como el primer y segundo capítulo, y voy a intentar mantener la esencia de los personajes, adaptados por supuesto a esta historia (sobretodo la de Vegeta porque es el que me va a costar un poco, pero lo sacaré.)

Y también, se irán descubriendo sorpresas que dejaré caer con el transcurso de la trama.

Y hasta aquí la información XD. Reitero de nuevo que estéis bien, sanos y mucho ánimo para aquellos que estén luchando contra este enemigo invisible que nos está cambiando literalmente nuestras vidas.

¡Muchos besos y hasta la próxima!

RWIrene.