¡Hola a todos! Agradezco muchisimo a quienes se toman un tiempo para leer y dejar algún comentario. De todo corazón, gracias.

Se me extendió mucho más de lo que pretendía, pero sepan que el que viene es el último capítulo.

Sin más, los dejo leer.

¡Buena lectura!

Un sonoro crack resonó en las afueras de la madriguera sin alterar la calma que se mantenía dentro de la casa. Un intenso partido de ajedrez se disputaba entre dos hermanos pelirrojos. Un joven de cabello azabache totalmente despeinado dormía profundamente en el sofá frente a la chimenea gracias a la cercanía de la mujer que analizaba su próxima jugada mientras el hermano se declaraba ganador por adelantado.

Una indignada castaña caminaba a pasos agigantados desde su lugar de aparición hasta la puerta de la casa murmurando enojada por lo bajo. Abrió la puerta de la madriguera con más intensidad de la que pretendía. El golpe seco de la pesada puerta de madera que golpeó la pared logró que sus integrantes pegaran un salto desde donde se encontraban. Desde su lugar en el sillón Harry despertó de golpe con el corazón desbocado creyendo estar una vez más dentro de la carpa en las profundidades del bosque de Dean, saco su varita mientras apuntaba para todos lados buscando el orígen del ruido y esperando un ataque frontal mientras se colocaba torpemente los anteojos con la mano izquierda. Ginny y Ron, por su parte, dejaron escapar un grito de sorpresa, sacaron también sus varitas y del salto hicieron volar el ajedrez junto a las piezas echando a perder la partida al tiempo que se preparaban para luchar.

-¡Eh! ¡Que soy yo! ¡Tranquilos!- gritó Hermione levantando las manos sobre su cabeza.

Harry, Ron y Ginny tardaron un minuto en darse cuenta que casi lastiman a su amiga de múltiples maneras. Bajaron lentamente las varitas, casi esperando que Hermione en realidad no fuera ella y a cambio apereciera un mortífago en búsqueda de venganza.

-¡Por el amor de Merlín, Hermione! ¡¿Acaso estás buscando que te matemos?! - Harry miró a su amiga con indignación, sobre todo molesto por haberse despertado de manera tan abrupta de su plácido sueño.

Ron se pasó la mano por el rostro en un acto de nerviosismo, había estado a punto de tirarle un Desmaius a su novia.

-En serio, Hermione. Solo a tí se te ocurre entrar de esa manera a una casa repleta de magos traumados después de la guerra -Ginny, tomando más a chiste la situación se dejó caer en el sillón y soltó un largo suspiro-. No veo la hora de volver a ser una persona normal que no se sobresalte ante cualquier ruido.

-Bueno... ¡Perdon! No fue adrede.

-Es más - Ginny sonrió de lado-, si no te conociera... diría que querías cometer brujicidio.

-¿Brujucudio?

Los tres amigos miraron a la joven pelirroja sin entender.

-Claro, suicidio pero de bruja- hizo un gesto con la mano como si fuera obvio esperando a que los tres reaccionarán a su chiste.

-Malisimo, Gin- rió Harry por lo bajo al tiempo que negaba con la cabeza.

Hermione puso los ojos en blanco y asintió a lo dicho por su amigo. Ron, por su parte, fruncía el seño tratando de encontrarle la gracia al chiste.

-Bue... como si ustedes alguna vez dijeran chistes buenos. Perdón, me corrijo, ¡como si alguna vez dijeran algún chiste!

-¿Insinuas acaso que somos aburridos? Te estaba dando una paliza en esa partida de ajedrez, hermana- Ginny soltó una carcajada con ironía-. Si Hermione hubiese entrado como una persona normal...

-¡Ufff! Sí, porque mi idea de diversión es jugar una partida de ajedrez con mi hermano mientras mi novio duerme.

-¡Eh! Yo no soy tan... aburrido. A veces hago chistes...

-Mi amor, sin que te ofendas. Pero, es más probable que los gnomos del jardín se monten un espectáculo de acrobacias en medio de la cocina que el que tu vayas a hacer un chiste. Eres demasiado serio.

Harry frunció los labios, estaba a punto de replicar pero Hermione lo interrumpió llamando la atención de todos con un golpe en la mesa.

-A ver si vamos a lo importante- esclareció la garganta y habló un poco más alto de lo normal para que ninguno de los tres que la miraban ofendidos por la interrupción volviera a hablar-. Todo muy lindo, pero no entré así porque quisiera que alguno de ustedes me mate con algún hechizó.

-¡Es verdad! ¿Qué te pasó? - Ron miró a su novia con atención.

-Los muy imbéciles que están momentáneamente en el departamento de transportes mágicos y que regulan el uso de trasladores que se dan en el ministerio, me negaron la solicitud de un traslador para ir a Francia.

-¿Qué? ¿Por qué?

-Porque no sieven para nada-. Dijo soltando un bufido de enojo.

-Pero, ¿ Qué te dijeron? No deberían por qué hanerte negado el traslador si les explicaste la situación.

-Yo pensaba lo mismo, Harry. Pero, según ellos, el ministerio de francia no quiere recibir ningún tipo de visitante ajeno al país. Claramente y a pesar de Kingsley, el ministerio es un verdadero desastre. Todavia están rearmando cada departamento y están escasos de personal. El ministro francés no quiere recibir a nadie hasta estar seguros de que el ministerio dejó de ser corrupto.

Hermione soltó un profundo suspiro y se dejó abrazar por su novio.

-¿Mencionaste que era para Harry? Quizás en una de esas...

-Sí, lo hice... pero la respuesta sigue siendo que no. Incluso creo que muchos están disconformes con la directiva de Kingsley de dejarnos en paz y comienzan a desconfiar de nuestro silencio.

Harry miró a su amiga con pena. Desde que la guerra había finalizado y luego de velar a todos sus seres queridos, se habían visto obligados a refugiarse en la calidez de la madriguera. No había día que la madriguera no estuviera rodeada de peroodistas o fueran perseguidos por alguno desesperado en busca de la versión que se guardaban acerca de lo que había sucedido los últimos meses. Para el mundo mágico era un misterio todo lo que habían vivido.

Los últimos dos meses habían salido versiones de sus aventuras... todas estaban distorionadas y ninguna se acercaba a la verdad. Cansado de tanto alboroto y tantas versiones ridículas como falaces, Kingsley proclamó la prohibición de acercarse a la madriguera o públicar cualquier historia acerca de ellos. Si llegaban a mencionar "Harry" o "Potter" en algún lado del periódico sin si autorización, el ministerio estaría encima listo para cerrar el lugar.

El hecho de no haber dado ningún anuncio oficial respecto a las situaciones que habían vivido tanto en los meses que se mantuvieron ocultos como en la batalla de Hogwarts, hacia que todos pusieran en duda cada uno de sus pasos. Harry, Ron y Hermione creían que ello era un vano intento de hacerlos hablar.

-¿Entonces? ¿Cómo vamos a ir? -preguntó Ginny jugando con un mechón de su cabello pelirrojo.

-Bueno... -Hermione se removió entre los brazos de Ron, repentinamente incómoda.

-¿Ya pensaste en alguna forma?

-Si... de hecho... iremos de forma muggle. En... avión... De hecho partimos el domingo...

-¿Avión? -Ron la miró inquisitivo sin comprender del todo a lo que se refería. Ginny, por su lado, pegó un salto desde su lugar en el sillón.

-Hermione... -Harry entrecerró los ojos y escruto con atención a su amiga- ¿Cómo? son cuatro pasajes...

-S...si ya...

-Hermione... ¿cómo los sacaste tan rápido?

El tono de voz tembloroso de Hermione y el hecho de que moviera su mano constantemente era un claro indicio de que estaba nerviosa a causa de algo.

-¿Importa?

-Hermione... ¿Cómo?

-No entiendo, ¿qué está pasando? ¿cuál sería el problema de viajar en forma muggle? -pregunto Ginny que al igual que su hermano miraban alternativamente a su novio y amiga.

-Problema como problema no hay.

-¿Entonces? Explicate, Harry.

Ron tomó la mano de Hermione en un gesto tranquilizador, sabía que su novia estaba nerviosa por algo y, al igual que Harry, sospechaba que algo tenía que ver con esa forma de viajar muggle.

-Es que, es bastante complicado conseguir pasajes tan rápidamente, sobre todo a un lugar tan solicitado cyono París. Además, no es exactamente económico que digamos- explicó de brazos cruzasos-. Entonces, querida Hermione, repito... ¿Cómo?

-Yo... bueno, yo... -miró al techo al tiempo que soltaba un suspiro exasperado, volviendo a recuperar un poco de la indignación con la que había llegado-. ¡Ya! No podía quedarme más tiempo de brazos cruzados. ¿Y si mis padres se mueven de nuevo? ¿Y si les vuelvo a perder el rastro? ¡Dos meses llevo buscándolos y ahora que tengo una pequeña pista no pueden darme un traslador! ¡Pues que se metan el traslador y las normas por donde más le quepan!

Hermione comenzó a caminar se un lado a otro de la sala escupiendo cada palabra con enojo. Sus mejillas comenzaron a teñirse de rojo.

-¡Un mísero favor les pido! ¡Uno! Pero no, me despachan como si fuera un don nadie. Como si no importaran mis sacrificios y el hecho de haber pasado meses y meses huyendo de Voldemort y buscando la manera de debilitarlo y acabar con él. ¡Ni siquiera se ofrecieron a ayudarme! Simplemente me dijeron que no, que el ministerio francés les había prohibido enviar trasladores hasta nuevo aviso y que no tenían tiempo para hacerse cargo de la búsqueda. ¡Que tenía que esperar! Pues no. No pensaba ni pienso quedarme de brazos cruzados mucho tiempo más. Tenía que tomar manos en el asunto.

-¿Cómo?

El enojo de Hermione fue reemplazado rápidamente por la vergüenza y en sus mejillas se reavivó el tinte colorado que habían tomado.

-Fui hasta el aeropuerto y busque el primer vuelo que saliera y... le hice un confundus al vendedor. No había lugares... le tuvo que reprogramar el vuelo a alguna familia. Yo... no sabía qué más hacer y fue lo mejor que se me ocurrió.

Ginny se levantó del sillón y fue a abrazar a su amiga.

-Ay... Hermione... no importa cuántas leyes rompas, siempre me siento orgullosa cuando lo haces.

Harry, Ron y Hermione soltaron una carcajada ante la seriedad con que Ginny había dicho aquello.

La imprudencia de Hermione al hechizar a un muggle podría ocasionarles grandes inconvenientes, sobre todo en ese momento en el que todo el mundo estaba obsesionado con saber lo que hacían o dejaban de hacer. Más allá de todo posible problema, Harry sabía que Hermione tenía razón. No era justo que no le permitieran ir a buscar a sus padres o que ni siquiera le otorgaran alguna solución. Y si sus solicitudes no eran escuchadas, no le parecía tan mal escaparse un poco de toda la locura de magos que quería apabuyarlos... al fin y al cabo, era un pequeño e inocente hechizo a un muggle.