Capitulo II
El sol estaba en lo alto del cielo, acalorando aun más ese día de verano. Una chica de larga cabellera lila jugaba con su gorra con tal de protegerse de los potentes rayos del sol. Observo su reloj de pulsera, y al levantar la vista, se encontró con una castaña y sonriente chica frente a ella.
-Te felicito. Como siempre, 10 minutos tardes. Ni uno más, ni uno menos. –Dijo a la recién llegada, y aunque debería haber estado molesta, era divertida la manía de su prima en llegar siempre tarde a todos lados.
-Te vi desde el octavo minuto, pero esperé a que llegaran los diez. Tengo una reputación que cuidar ¿sabes? –Respondió, ganándose un zape suave por parte la peli-lila, para luego darle un fuerte abrazo. Llevaban cerca de 6 meses sin verse.
Caminaron durante un rato charlando sobre temas triviales, y al doblar por una de las esquinas, divisaron el cartel que les indicaba el final de su recorrido. En el instante que entraron, los ojos de la castaña adoptaron la forma de dos enormes estrellas. Era enorme. Y decir lindo quedaba corto. La decoración daba un ambiente tan agradable que no le habría molestado quedarse el resto de la tarde ahí.
No pasaron ni cinco minutos cuando una tercera persona apareció. Una chica de edad similar a las otras dos, el cabello de un hermoso color azul. Llevaba un vestido floreado, cubierto por un delantal blanco.
-¡Meiko-chan! –Chillo Mimi. –Ha sido mucho tiempo… -Abrazo a la chica de anteojos fuertemente. -¡Este lugar es increíble! Tu mamá tuvo la mejor de las ideas en abrir una cafetería.
Mimi no podía dejar de recorrer el lugar con la vista, mientras que Meiko y Yolei la veían con una sonrisa.
-Hemos tardo bastante en que este todo listo. Pero lo mejor es que coincidiera con tu llegada. -Sonreía Meiko.
-Todo es obra del destino mis queridas niñas. -Decía con una pose de extraña confianza la recién llegada.
Meiko y Yolei dieron el tour por todo el lugar para Mimi. Le mostraron todo el primer piso, y el segundo. También la llevaron a la parte trasera del primero, en donde se encontraría la Zona especial, que planeaba ser un lugar donde los clientes compren dulces, o una que otra cosa.
Terminaron el recorrido en la cocina principal de la cafetería, la cual también estaba en la primera planta. Cuando entraron, se encontraron con una joven, la cual les llevaba algunos años.
-Mimi, ¿cómo estás? Mucho gusto, yo soy Mina, pero debes llamarme Mi-chan. Mina me suena muy frío… -Dijo acercándose.
-Así que tú eres Mi-chan. Al fin nos conocemos. –Respondió con una sonrisa. -Meiko me ha hablado mucho de ti y Momoko.
-Más le vale que sean cosas buenas. Pues aunque seamos hermanas, también seré su linda jefa. –Dijo mirando acusadoramente a las otras dos, las cuales corrieron el rostro.
-See… muy linda jefa… -Dijo irónica Meiko.
-¡Yah! –Grito la mayor, causando risas entre las cuatro.
Se quedaron un rato conversando entre ellas. Meiko había servido unos jugos junto a unos pasteles, y se sentaron en una de las mesas de afuera junto a la ventana.
La madre de Meiko había decidido abrir una nueva cafetería en la ciudad. La idea no le parecía mala, ya que su hija mayor, Momoko, había estudiado administración y se podría encargar de administrar el local junto a ella, mientras que Mina estaba terminando su carrera de gastronomía con especialidad en repostería. Era una buena inversión para la familia. Además, Meiko no hizo más que comentárselo a sus amigas, y la mayoría de estas se habían ofrecido para ayudar. Estaban comenzando, por lo que ahorrarse el contratar a personal con experiencia les caía como anillo al dedo.
Por eso la mayoría de las chicas conocían el lugar. Mimi acaba de llegar de los Estados Unidos. Había estado estudiando el último año allá, pero decidió terminar sus estudios en Japón, por eso le dijo a sus padres que se quedaría con sus tíos en casa de Yolei. Estos no objetaron. Su llegada había sido justo para la apertura de la cafetería, así que estaba entusiasmada con la idea de trabajar allí.
Los preparativos para que estuviera listo todo habían tardado un poco, pero les pareció buena la idea de hacer una gran inauguración justo una semana antes del ingreso de clases en la ciudad. Era una buena oportunidad para promocionar el café. ¿Qué mejor que un rico ambiente y buena comida para comenzar el año?
Tomo asiento en la silla que acababa de correr, dejando caer la bolsa de su compra en la del lado. Las dos chicas frente a ella hicieron lo mismo.
-Por dios Kari… No entiendo porque te haces tanto problema. –Decía de lo más tranquila una de las chicas metiéndose una cucharada de helado a la boca. –Esto esta delicioso… -Murmuro para sí, quitándole completamente el peso al asunto que discutían.
-¿Cómo que "por qué"? ¡Es horrible! Tú no entiendes. –Bebió un sorbo de su jugo y cargo ambos codos en la mesa, para tomar luego su cabeza. –Primero, el haber tenido sexo con un completo desconocido. Y segundo ¡el hecho de necesitarle tanto! –Grito exasperada.
-Eso sí es un poco más comprensible… -Respondió ahora Sora, quien se había mantenido al margen del asunto... –Aunque para que TÚ hayas hecho eso, y más aun, quedado así, el chico realmente debió haber estado muy bueno…
-No, si de que estaba bueno, lo estaba. –Sincero, cargando ahora todo su cuerpo sobre la mesa.
-Mm… ya te dije que el sexo casual es algo bastante común. ¿Por qué no te buscas otro tío bueno y "zaz", te lo tiras? –Comentaba Anne de lo más tranquila disfrutando su helado.
-¡Anne! ¡Ya suenas igualita que Momoko! –Reclamo Kari.
-Es que recuerdo que te dio el mismo consejo el otro día.
-Son unas cerdas… terminaran yéndose al infierno… -Bufó.
-Sí, y tú te irás con nosotras.
-¡Lo sé! –Chillo. –Y creo que me iría las veces que fueran necesarias con tal de volver a vivir algo así… ¡Es que Sora, Anne! ¡¿Qué demonios tenía ese chico?! ¡¿Éxtasis por todo el cuerpo?! –Abrió exageradamente sus ojos y comenzó a mover las manos.
-No lo sé, pero yo quiero uno de esos. –Dijo la mayor cargando se cuerpo contra el respaldo. Kari solo golpeo su cabeza contra la mesa una vez más mientras que Fran reía.
-Hikari, no eres la primera chica en tener sexo casual con un extraño. Solo déjalo pasar. -Explicaba Anne con una sonrisa para darle confianza. -No te tortures más por eso.
-¿Y que hago con las ganas que tengo de que vuelva a pasar? -Pregunto con su rostro aun pegado a la mesa.
-Por eso si tortúrate. -Zanjo Sora.
La luz del sol iluminaba toda la habitación, colando la brisa del exterior por la ventana que se encontraba completamente abierta. Dos personas se encontraban ahí. Una de ellas estaba sentada en la gran alfombra que cubría la mayor parte de la habitación. Tenía el cabello de color borgoña, llegando por debajo de sus hombros. Tocaba tranquilamente algunas notas de su guitarra, la cual estaba afinando. A metro y medio de distancia, frente a ella y sobre la cama, una pelirroja jugaba con sus piernas en el aire, mientras sostenía una revista sobre su rostro.
-Creo que ya está. –Dijo alegre la de la guitarra, sonriendo satisfecha, y tocando una suave melodía para comprobar su trabajo hecho.
-Nee, Juri… Me gusta este estilo. –Bajo sus pies y tomo asiento al borde de la cama. –Podría hacer algo igual con mi cabello ¿no crees?
-Mm… –Observando la imagen que su amiga le mostraba. –Pienso que se vería bien. Tienes mi aprobación. –Hizo una "O" con sus dedos índice y pulgar, mostrando su apoyo.
-Entonces decidido. Antes de entrar a clases, tendré un cambio de look. –Sentencio con aires de orgullo.
El gran día de apertura había llegado al fin. Todas corrían de aquí para allá, cerciorándose de que todo estuviera perfecto. En unos minutos abrirían, y ya se podía ver a algunas personas haciendo una pequeña fila afuera del café.
Una vez todo listo, se posicionaron en sus puestos. Todas en fila frente a la puerta, mientras que Mi-chan y Momo estaban en los bordes de esta.
Anne, Rika y Meiko usaban un conjunto de color negro, mientras que Sora, Kari, Mimi y Yolei traían uno rojo.
Después de una mirada cómplice entre todas, la mayor de las hermanas, quien traía el uniforme oscuro, abrió la puerta dando paso a todos los clientes.
-¡Bienvenidos! –Se escucho a coro. Todas las chicas, sonrientes, hicieron una reverencia.
-Síganme por favor. –Mi-chan tomo al primer grupo de comensales y los dirigió a una de las mesas grandes, ya que eran bastantes. Los vuelos de su uniforme rojo se movían al caminar.
Así comenzó el día de "Inauguración especial", como decidieron llamarle.
-Buenos días, ¿puedo tomar su orden? –Pregunto Yolei, sorprendiéndose gratamente al ver a los cuatro clientes que estaban ahí.
-Buenos días. -Saludo sonriente la chica.
-¡Juri! Has venido muy temprano. –Respondió ésta de igual manera que su amiga.
-See… nos hizo levantar demasiaaado temprano diría yo. –Se quejo el chico frente a ella. Un pelinegro de aspecto rebelde y tez morena.
-Eres un holgazán Ryo. Yo no tuve problemas para venir a esta hora. –Alego el chico a su lado, de cabello rojizo y alborotado.
-Tú solo has venido para ver a Kari en uniforme. –Dijo divertida Yolei.
-¡Claro que vine por eso! Esto tiene que tener su recompensa ¿no? –Respondió seguro. Los otros cuatro rieron.
-Supongo que puedo molestar a Rika un rato. –Murmuro Ryo.
-Pues te digo que has tenido mala suerte, porque a Rika le toco quedarse todo el turno de la mañana en la zona especial, así que no estará paseándose por aquí hasta la tarde. –Aclaro la mesera, matando todas las ilusiones del chico, quien se cargó de golpe sobre la mesa.
-Ya hombre, supéralo. -Río Takato palmeando su hombro. Este estaba sentado al lado de Juri.
-Bueno, bueno, ¿qué pedirán? –Pregunto finalmente Yolei, ganándose la atención de los tres.
-Yo quiero un pedazo de trata de cereza con un zumo de naranjas. –Decía alegre la chica, dando pequeños saltitos en la banca. -¿Tú que pedirás? -Dirigiéndose a Takato.
-Pues… un pie de limón y un zumo de manzana.
-A mí dame un café cargado, dos pedazos de cualquier tarta y unas galletas de naranja. –Dijo Davis. –Y al moribundo tráele algo de chocolate. Luego pediremos otra cosa.
-Muy… bien. –Decía la de cabellos lila terminando de escribir. –Ok, tengo: un zumo de naranja y uno de manzaña, un trozo de tarta de cereza y dos más de cualquier sabor, un café americano, galletas de naranja, un pie de limón y "algo" de chocolate. Bien, no tardo chicos. Esperen un momento. –Y con una sonrisa, se marchó a buscar el pedido.
No pasaron ni cinco minutos cuando Meiko paso por ahí cargando una bandeja de bizcochos.
-Hola… -Dijo con una sonrisa, acercándose a la mesa. –No sabía que ya estaban aquí.
-Buenos días. –Decía una feliz Juri. –Veo que estas con mucho trabajo.
-No tanto. ¿Ya los atendieron?
-Yolei acaba llevarse nuestros pedidos. –Respondió Davis.
-Nee, Meiko. –Hablo el moreno. -¿En dónde está la zona especial?
-¿La zona especial? –Pregunto confundida.
Le indico en donde se encontraba tal zona, para luego partió a su mesa, en donde la esperaban. Ryo partió a molestar a su amiga antes de que su orden llegara.
-Gracias por su compra.
La peliroja hizo una reverencia, y despidió con una sonrisa a la señora que acababa de pagarle. Movió su mano de manera amistosa hacia el pequeño que la acompañaba. Cuando volteo para volver a la caja, no pudo más que gritar, debido a la sorpresa que se llevó.
-¡Akiyama! ¿Qué demonios crees que haces? –Grito esta, golpeándole el pecho, ya que estaba demasiado cerca
-¡Yah! Ni que fuera tan feo… -Respondió ofendido, aunque divertido por el grito de su amiga.
-Si lo eres. –Bufó.
-Bueno, vengo a apoyarte en tu primer día ¿No deberías ser menos grosera y tratarme bien? Después de todo, soy un cliente. –Cuestiono.
-Me importa un reverendo pepino que seas un cliente. Sigues siendo un torpe y fastidioso idiota. –Dijo, poniendo sus brazos en forma jarra.
-Gracias. –Solo sonrió, como si acabare de recibir un cumplido.
La chica resoplo rendida.
-Claro, en seguida traigo su orden. –Una enorme sonrisa adorno su rostro y partió con papel en mano.
Saco unos platos de la alacena, que era en donde se encontraban, y luego se dirigió hacia los pasteles y tartaletas. Saco cuidadosamente pedazos de varios de ellos, y los depositaba en los platos de antes. Dejo unos hielos en un vaso y lo lleno de jugo. Lo único que faltaba eran los cafés de la orden, así que tomo unas tasas y las coloco bajo la cafetera.
Justo cuando terminaba de ubicar la última taza de café sobre la bandeja, sintió que el bolsillo de su falda vibraba, anunciando un nuevo mensaje. Antes de seguir en lo que estaba, busco su teléfono y observo la pantalla. Su semblante cambio al momento.
"Nuevo mensaje: ¿Hasta cuándo seguirás con esto? ¿No crees que ya has jugado demasiado a la princesita mimada? ¡Respóndeme maldita sea!"
Decidió apagar el aparato y volver a guardarlo. No quería volver a recibir otro mensaje. ¿Por qué ese idiota seguía molestándola? No se lo explicaba.
-Oye, Anne, quie-… -Mimi llamo a su amiga con la intención de preguntarle algo, pero se cortó al verla voltear con esa cara. -¿Sucede algo malo?
Anne la observo, para luego resoplar.
-Nada en especial. –Soltó simple.
-Mm… me parece que si tiene algo de especial. –Dedujo Mimi, cruzando sus brazos.
Anne suspiro de mala gana.
-Solo es una tontería… -Bufó mirando para el lado.
-Ya, ya, que no me gusta esa cara. Si vas a estar así, que no sea cerca de mí que me fastidian esas malas vibras. A ver, a ver, una sonrisa. –Decía la castaña a la vez que tiraba de la cara de su amiga para formar la anhelada sonrisa. Anne no pudo aguantar reír con tal acción y pensando en lo ridícula que de seguro se veía. –Así me gusta. Nada de caras largas en mi presencia.
-Ok… -Dijo de mejor ánimo la chica.
-Bien. -Mimi sonrío. -¿Quieres que te ayude con eso?
-Claro.
Y con ambas bandejas en mano, sonrisas alegres y amistosas, fueron hacia la mesa.
-Más a la derecha…
-¿Ésta? –Pregunto el chico.
-No, espera. Creo que era la de la izquierda. –Decía Rika, señalando las cajas de los estantes de arriba, en donde se encontraba Ryo buscando la caja que la chica le decía.
-Demonios Rika… -Gruño mientras bajaba de la escalera y la movía unos metros más allá para volver a subir. –Espero que esta vez sí sea la que buscas…
Desde hace un buen rato que tenía al chico buscando una supuesta caja que necesitaba. Ryo ya había cambiado de lugar las escaleras unas cuatro veces, y según Rika, la caja no estaba.
-Espera, creo que aquí esta. –Dijo tomando una caja a su lado, sobre la mesa. –Sí, esta es. –Sonrió.
Ryo la observo perplejo, comprendiendo que todo este tiempo la chica se había estado burlando de él.
-¡Espera a que baje de aquí Rika! –Regaño bajando las escaleras, mientras que Rika no podía ocultar su sonrisa burlesca.
Eran cerca de las 9 de la noche. A estas alturas ya no había tantos clientes como en la mañana. De que eran muchos, lo eran. Pero no tantos en comparación. Kari observo una de las mesas de la ventana, en donde Sora se encontraba sentada siendo acompañada por alguien. Esa espalda le pareció familiar, y como estaba libre, se acercó a ellos.
-¿Y tú qué haces aquí? –Se sorprendió al darse cuenta que Tai bebía tranquilamente un café en compañía de la chica
-¿Qué forma es esa de saludar a tu hermano mayor? Y yo que me molesto en venir por ti…–Le regaño divertido, siendo abrazado al momento por su hermana.
-¿Por qué no me avisaste? –Pregunto.
-Lo hice… -Respondió. –Pero como siempre, lo olvidaste.
-Riendo. –Ha estado todo el día muy ocupada, ¿cómo querías que lo recordara? –Salió Sora en defensa de la menor.
-Yo debería ser lo más importante en esa cabeza flotante suya. –Respondió Tai, ganándose un golpe en el hombro por parte de Kari.
-No te des tanta importancia… -Dijo haciendo pucheros, causando una leve risita en los otros dos. -El turno está por terminar. Deja que me cambie y luego bebemos algo juntos, ¿de acuerdo? –Le dijo Kari a Tai.
-No problem. –Respondió este.
La inauguración había resultado mejor de lo que esperaban. Sin duda el café sería todo un éxito. Y es más, todas estaban seguras de que esto era un augurio de un gran año escolar.
