Iracundo

Entro a su oficina como un huracán.

— Sal de aquí, Aikawa— fue lo primero que se le ocurrió ordenar. Lo conocía muy bien para saber que no podría evitar ese enfrentamiento por mucho más tiempo—. Cierra la puerta al salir.

La mujer obedeció y Kaoru solo lo observaba con los ojos inyectados de furia. Nunca lo había visto así.

— Me usaste— masculló con los dientes apretados—. ¡Me convenciste de armar un ejército para ti para matar a una pandilla que había matado a nuestros padres y era mentira!

Estrelló contra su escritorio un sobre amarillo. Akihiko no se inmutó.

— ¿Desde cuándo cuestionas lo que hago, Kaoru? — le preguntó.

— Desde que me mentiste— respondió sin bajarle la mirada y sin vacilar—. Tú los mataste…

— Hice lo que tenía que hacer para protegernos— replicó.

— ¿Para protegernos o protegerte? — apretó los puños sobre la mesa hasta que palidecieron sus nudillos.

— Tu padre no era precisamente el mejor ¿Olvidas que prácticamente te regaló?

— Eso no te daba derecho—Se acercó a su rostro con una mirada desafiante. Lo hiciste para vengarte…

— Sea cual sea el motivo no te incumbe.

— Te vas a arrepentir, Akihiko— volvió a gruñir.

— Ten mucho cuidado con tus amenazas, Kaoru— esta vez fue él quien le miró a los ojos sin vacilar—. No te convienen.

— No te tengo miedo.

— Tu no, pero quizás tu amigo sí— respondió con un dejo de arrogancia que pretendía mostrarle a Kaoru cuál era su lugar.

Deja que pase, por favor— ordenó con el dedo en el comunicador y segundos después Ryuichirô Isaka entró a la oficina. Akihiko notó como Kaoru empezaba a ponerse nervioso.

— ¿Akihiko para qué querías verme?—Preguntó Ryuichirô paseando su mirada del uno al otro.

Kaoru— Akihiko Usami se levantó de la silla y comenzó a caminar hacia Ryuichirô—. Debo admitir que me molesta un poco que subestimes mi inteligencia ¿Acaso crees que no me iba a dar cuenta?

Kaoru lo miró incrédulo.

— ¿De qué estás hablando? — preguntó.

— Akihiko ¿Qué hago aquí? — insistió Ryuichirô comenzando a dejar ver su nerviosismo— ¿De qué va todo esto?

— Yo no tengo ningún problema en que ustedes dos se acuesten— continuó Akihiko sin dejar de mirar a Kaoru—, pero si me amenazas… tendré que golpearte donde más te duele.

Se detuvo junto a Ryuiichiro y sacó una pistola de su pantalón para apuntarle en la sien con ella. Ryuiichirô contuvo el aliento.

— No te atreverías— Kaoru volvió a desafiar a Akihiko sin desviarle la mirada, pero sentía como las manos le temblaban.

— ¿Crees que no? — Akihiko sonrió con malevolencia antes de remover el seguro

— Kaoru— susurró Ryuiichirô mientras lo miraba con los ojos llenos de lágrimas.

— Mate a mi propio padre según tú— dijo Akihiko sin un ápice de duda — ¿Crees que no puedo hacerlo?

Kaoru dudó. Estaba tan enojado por lo que ahora sabía, que sentía que si no dejaba en claro a Akihiko que no serviría como uno de sus lacayos jamás podría liberarse… o a Ryuiichiro.

— Tu lo pediste— se encogió un poco de hombros y haló el gatillo. El sonido del silenciador retumbó en los oídos de Kaoru mientras la bala solo rozaba los cabellos de Isaka antes de dar contra uno de los mullidos sofás de la oficina.

Kaoru sintió que el alma le bajaba a los pies cuando vio a Ryuichirô caer de rodillas pálido como un papel.

La próxima vez no fallaré—Akihiko le amenazó sin la sonrisa en la cara. Su mirada era oscura y sombría. Kaoru sintió como la piel de su espalda se erizaba hasta su nuca de puro miedo.

— Ryuichiro, vete— Kaoru le pidió en un hilo de voz para tratar de ocultar su turbación. El pobre hombre se levantó de la oficina como pudo y salió sin hacer más preguntas.

— Que te sirva de lección, Kaoru— Akihiko le dijo tomando asiento una vez Ryuichirô se fue—. No me amenaces.

Kaoru era incapaz de mediar palabra con él. Toda la fuerza de su cuerpo se concentraba en mantener el temblor de sus manos y sus labios a raya. Queria salir corriendo, ver a Ryuiichirô cuanto antes

Te ofrezco un pacto de caballeros— continúo Akihiko sosteniendo una pieza de ajedrez de cristal—: Tú dejas toda esto de tu padre atrás… y yo dejo a Ryuichirô vivo ¿Estamos?

Kaoru tardó en responder. Sentía la boca árida y la lengua pegada del paladar.

¿Estamos? — volvió a preguntar. Esta vez más alto.

— De acuerdo… Señor Usami—. Respondió en un tono frío e impasible. Casi robótico.

— Mucho mejor— Sonrió complacido—. Ahora por favor, retírate de mi oficina.

Kaoru le dio la espalda para irse.

— Eres igual que tu padre… y terminarás igual que él— le dijo en el mismo tono frío e indiferente antes de salir de la oficina.