III. Todo el tiempo del mundo
— Bienvenido, Hatori. Por favor toma asiento.
Entró con paso entre tímido y avergonzado, siempre era así. Admitir que necesitaba terapia había sido una cosa, ahora asistir a ellas y sentirse juez de sus propias equivocaciones era otra muy distinta.
Hatori había sido capaz de cosas atroces, pero también había decidido enmendarse durante su condena. Había mucho que recuperar al volver.
— ¿Cómo has estado? — preguntó el hombre en tono gentil, más amigable que otra cosa.
— Pues... sigo encerrado. Nada ha cambiado — respondió incómodo. Aún le causaba aprensión que le preguntaran sobre sí mismo.
— Bueno, cada día falta menos — dijo con una sonrisa el terapeuta — ¿Qué has hecho desde la última vez que nos vimos?
— Bueno — tomo aire y lo expulso en un suspiro lento y pesado —. Tuve una pesadilla.
El hombre se acomodó en su silla y esperó hasta que hablara.
Soñé que salía de aquí, que volvía a casa... pero no tenía a donde volver. Y nadie estaba esperándome. Fue... devastador — Comenzó a frotar sus manos entre sí con ansiedad —. Sé que suena como algo demasiado simple, y sin embargo... ni en mis peores días aquí me he sentido tan... solo.
Guardó silencio y bajó la mirada. Aun le apenaba que lo vieran tan desesperado.
—Entiendo — respondió el hombre sin dejar de mirarlo, pero no había juicio en su mirada como el que sentía en otras personas... había... comprensión, empatía.
Una vez me dijiste que hiciste gran parte de las cosas que hiciste porque alguien a quien quieres estaba en peligro y sentiste que era la única opción ¿Cierto?
Hatori asintió.
¿Dudas que esa persona sienta lo mismo?
Hatori se quedó pensando... Recordó cuando llegó al hospital y Chiaki al verlo casi se muere de la impresión. Le pidió a Tsumori que no lo dejara verlo en ese estado, sin embargo, el insistió tanto en quedarse a su lado que durante horas estuvo en una silla de ruedas junto a su cama sosteniendo su mano solo para asegurarse que siguiera cálida.
— No — respondió en tono seguro —. Nunca lo he hecho. Solo que a veces siento que... no lo merezco.
— Eres muy duro contigo mismo — añadió su terapeuta —. Estas aquí porque te equivocaste, pero la vida, tus amigos, incluso la sociedad te ha dado una nueva oportunidad al estar aquí. No muchos la tienen.
Hatori bajo la mirada, no necesitaba recordarle lo que él ya sabía.
Sin embargo — añadió —. El peso de lo que hacemos es un constante recordatorio de que estamos vivos, y de que aprendimos valiosas lecciones de aquellas cosas que hicimos mal. Estas cargando con los resultados de tus decisiones y estas aquí precisamente porque quieres avanzar a pesar de ellas. Eso es valentía.
Hatori sonrió un poco.
¿Qué te está reteniendo? — preguntó el terapeuta de nuevo — ¿Qué es lo que sientes que no te deja avanzar?
— Estoy... muy enojado — admitió con una sinceridad que no sabía que tenía —. Hasta el último momento creí, pensé que pagaría lo que hizo. Que al igual que nosotros enfrentaría las consecuencias, pero no... mientras estamos aquí encerrados, separados de todos; mientras nos consideran escoria, el... simplemente se zafó.
— Lo que pasó con Akihiko Usami está rodeado de mucho hermetismo — respondió —. Tu rabia es válida, de hecho, es una respuesta natural que la sientas. Pero cuando salgas de aquí, cuando enfrentes tu nueva vida; cuando quieras reconstruirla... ¿Dónde pondrás toda esa rabia que sientes?
Hatori se mostró confundido.
— No entiendo qué quiere decir — dijo.
— lo que quiero decir es que, fuera de estas paredes ¿Hay lugar para tu rabia? No te digo que no la sientas, pero añades más peso a tu pasado con ella. Y yo considero que no es algo que quieras cargar a tu futuro con Chiaki.
Hatori volvió a mirarlo confundido.
Deshacerse de la rabia no es algo factible — sonrió el médico —. Pedirte que dejes esta oficina sin ella es un imposible, pero quiero que pienses en algo en lo que puedas transformar tu rabia, no solo por Akihiko Usami, si no por ti mismo ¿Qué puedes hacer para devolverle al mundo y a ti mismo, un poco de paz?
— ¿Qué puedo hacer? — preguntó Hatori
— Exactamente — reafirmo el hombre —. No debes tener la respuesta ahora mismo, pero de traerte esa rabia a tu futuro ¿No es mejor transformarla en algo en lo que puedas estar en paz contigo?
Hatori lo miro aun con un poco de duda.
No te preocupes si no tienes la respuesta aún. Tienes todo el tiempo del mundo para descifrarlo, Hatori — le dijo el terapeuta con una sonrisa amable.
Hatori reflexionó un poco, quizás no tendría las respuestas que esperaba o podría encontrar una solución instantánea para todos los sentimientos en su pecho, pero el saber que tenía todo el tiempo que necesitase para descubrirlo era, cuando menos, reconfortante.
— Tengo todo el tiempo de mundo — repitió con una sonrisa.
