Para Avanzar

— Estamos de regreso y en este segmento del programa contamos con un invitado muy especial—. Escucha al animador desde su escritorio con una amplia sonrisa mientras sostiene un grueso libro en las manos—. Quiero que recibamos con un caluroso aplauso al autor de Los Peones negros, Ritsu Onodera.

En medio de las luces que le dificultan ver quién está en el público y la sensación de nerviosismo que a pesar de todas las entrevistas no parece mermar, Ritsu saluda con la mano extendida y la sonrisa amplia a todos en el estudio mientras se acerca al escenario y ocupa su asiento frente al animador. Los aplausos duran un par de minutos y varias cámaras lo enfocan al dejar descansar sus manos entre sus piernas y tomar aire para relajarse, pues no se acostumbra a la atención desmedida que recibe desde que publicó el libro.

— Onodera-san, es un placer contar con su presencia esta noche— insiste el animador y los aplausos bajan en intensidad hasta hacerse el silencio—. Su libro no solo explora un lado muy oscuro de la justicia de nuestro país, si no que expone de manera cruda, real y sin los adornos que estamos acostumbrados, como uno de los empresarios que considerábamos más exitosos, era en el fondo un criminal desalmado.

Ritsu se siente un poco triste cada vez que escucha ese juicio sobre Akihiko Usami. Y no porque justifique sus actos, sino porque conoce su trasfondo y el miedo que le llevo a proceder de esa manera.

Muchas de las víctimas de Usami aseguran que su libro ofrece una perspectiva, hasta cierto punto, romántica con respecto a su proceder e inclusive le da un carácter de mártir a la forma en la que su carrera criminal termino. Habiendo sido usted mismo una víctima y viviendo la persecución de esta mafia casi de primera mano ¿Considera usted que su obra romantiza lo que Usami hizo excusándola con su infancia problemática y su relación con su padre?

—Bueno, la verdad es que lo que quise transmitir con el libro es que la necesidad de poder nos lleva a tomar decisiones muy desesperadas que no suelen ser las correctas— Responde con voz serena; pues no es la primera vez que escucha esa acusación—. No pretendo de ninguna manera que alguien romantice o justifique lo que Usami hizo; solamente dar luz a un tema que parece ser tabú en nuestra sociedad y que aún nos causa un poco de incomodidad tocar. No todos somos enteramente buenos o malos. Solemos tomar decisiones que nos hacen ver como personas malas cuando queremos proteger las cosas que amamos, cuando sentimos impotencia porque parece no haber salida, o cuando nos sentimos insuficientes para quienes nos rodean. Todo el libro son los testimonios que recogí y las cosas que viví durante el caso. De quienes lo investigaban, de los policías, de los fiscales, de las víctimas de Usami e incluso de algunos que colaboraron con él en su momento porque era la única opción que creían tener. No quiero que se utilice como un homenaje, pero tampoco como un clavo en su tumba. Es un registro de un capitulo trágico que no debería repetirse.

— Y ciertamente ha conseguido iniciar una profunda discusión al respecto— continua el anfitrión desde el escritorio—. Pues muchas de las denuncias hechas en este libro han sido llevadas inclusive a la suprema corte, donde el comité que impulsa la reforma de la Ley de procesos penales, se ha basado en muchas de sus revelaciones para declarar que es necesario un cambio en nuestros procesos judiciales e inclusive carcelarios ¿Cree usted que aún nos falta mucho para que no surjan más Akihiko Usami en nuestra historia?

Ritsu toma aire antes de responder.

— Es un proceso lento. Naturalmente es necesaria una transformación profunda; pero también necesitamos aprender a perdonar y continuar. Sé que es muy difícil para las víctimas escuchar esto, pero en el futuro que deseamos construir donde no hayan más corporaciones Usami que atenten contra nuestras familias, nuestras parejas, nuestras opiniones y nuestro trabajo; no hay lugar para pasados tormentosos sin resolver. Es un camino largo y como todo estará lleno de dificultades, llámeme loco, pero yo lo veo posible.

Observa al anfitrión titubear un poco antes de continuar.

— ¿Es eso lo que le recomendaría a las víctimas entonces? ¿Perdonar a Akihiko Usami? — pregunta con un tono un poco mordaz.

— Absolutamente— responde con seguridad—. El rencor no nos lleva a ningún lado. No es olvidar, es avanzar.

— ¿Usted ha avanzado?

Ritsu se detiene a pensar un poco. Akihiko Usami marcó su destino al enviar a la persona que amaba a asesinarlo. Le obligó a huir, a esconderse, a vivir constantemente en medio de la ansiedad y el miedo. A renunciar a lo que le apasionaba, le hizo perder a An, su mejor amiga en el mundo, incluso un par de veces casi lo llevó a la muerte gracias a los efectos colaterales de la vida de Masamune.

Pero después de haber vivido todo eso, después de regresar a la normalidad, sintió que toda su rabia, que su rencor y su resentimiento solo lo dejarían estancado en ese pasado doloroso y oscuro. Masamune estaba pagando por sus errores; estaba cumpliendo con su parte. Para cumplir con la suya debía honrar a An y a todos aquellos que lo ayudaron con su testimonio, con su reflexión de esa época terrible.

— Solo escribiendo este libro y perdonando pude hacerlo— respondió en un suspiro que lo sorprendió incluso a él.

—Una valiosa lección sin duda, Onodera-san— Respondió el animador también sorprendido por semejante declaración.

No nos queda más que recomendarles nuevamente esta valiosa bibliografía que ya se encuentra disponible en todas las librerías del país. Es momento de hacer una pausa, pero al regresar nos estará acompañando el exitoso director…

Cuando regresó a casa se sintió aliviado. Aun temía que alguien le estuviese siguiendo; o que tuviese nuevamente que tomar una maleta escondida debajo de su cama, siempre lista para cuando tuviese que huir. Y aunque con el tiempo, la sensación se hacía cada vez más sencilla de manejar, le hacía preguntarse si algún día dejaría de vivir así.

Miró el calendario. Ese día se cumplían cinco años desde su huida. Pero no había que correr al aeropuerto, no había vuelos que tomar, no había identidades que fingir.

No había nadie vigilando por la ventana; su ausencia siempre le hacía doler el corazón.

—Espero que esto sirva para que tú puedas avanzar, Masamune— susurró apoyando la frente en la ventana.