N/A: ¡Buenas madrugadas!
¿Cómo les está yendo? Espero de todo corazón que de maravilla.
Aquí vengo con una ofrenda de paz por el tiempo sin actualizar. Lo mencioné en el capítulo pasado pero estoy en época de examenes y se me están comiendo la vida sin piedad. Para que se imaginen el de la semana pasada tuve un parcial, otro el viernes, otro hoy y otro el viernes. Así que estoy ajustada con los horarios. Pero me hice un ratito para alcanzarles el capítulo nueve de Perfidia.
Quiero, como siempre, agradecerles. Me estoy quedando sin ideas de como converger en la nota de autor que me llenan la vida de alegría con sus comentarios. Lo hacen y no estoy exagerando. GRACIAS por todo, por el apoyo, por la buena onda, por sus ideas, sus opiniones, su críticas, expectativas, etc. Gracias por escribirme por Facebook y hacerme saber que esperan el próximo capítulo con ansias. GRACIAS.
GRACIAS, también, por las nominaciones que la historia ha recibido junto con otras de mis historias. Si quieren saber más y votar por Perfidia pasensé por mi facebook es lightfeatherxa fiction (no la página del mismo nombre, sino mi usuario. Manden solicitud de amistad si aun no los tengo) y ahí compartí todo de los concursos. De paso se enteran porque hay montones de historias MARAVILLOSAS nominadas.
Ahora si, sin más que agregar paso a despedirme.
Muchos cariños,
Albertina
PERFIDIA
CAPÍTULO NUEVE
Nunca quise enamorarme. Nunca pensé que lo haría.
─¿No vas a decir nada al respecto?─ los ojos marrones de ella están clavados en los grises míos, pero sus labios siguen inmóviles. No se separan, no me confiesan que ella también está enamorada. Que mierda, tampoco me confiesan que no lo está.
─Es cerca de la medianoche y llevo trabajando desde las nueve de la mañana, Draco─ suena extenuada e incapaz de lidiar con la magnitud de lo que le estoy planteando. Lo siento mucho, pero necesito escucharla decirme algo al respecto. No importa qué. Algo.
─Lo siento mucho si te molesta escucharlo─ no hay manera de desentenderse de lo dolida que suena mi voz. Le acabo de decir que la amo y la condenada bruja no es capaz de dignificar la confesión con una puta respuesta.
─Ven─ susurra extendiendo su brazo para que avance al otro lado del escritorio, donde ella se encuentra. Le hago caso. Es de manera lenta y tentativa, porque no sé qué esperar y siempre he sido un cobarde cuando se trata de lidiar con lo desconocido.
No atino a hacer nada. No intento besarla, no intento clavar mis pulgares en su cadera antes de subirla a su escritorio, mierda, ni siquiera intento darle un abrazo como si fuera un niño con necesidad de cariño. Lo único que hago es quedar parado frente a ella, brazos colgando a cada lado, expresión contrariada en el rostro y un nudo en la garganta que me revela que cada instante que transcurre en el cual no la escucho decir lo mismo, es un instante que se me rompe cada parte de mi interior.
Hermione suelta tanto los expedientes como su portafolio y voltea de manera que sus ojos quedan centímetros abajo, pero perfectamente alineados con los míos. Es ella la que se anima al primer contacto y apoya ambas manos suyas sobre mi pecho de un modo que bordea lo posesivo. No sé que me quiere decir, si es que soy suyo o es que estamos tan acostumbrados a este lenguaje corporal que no conocemos otro.
─No estás enamorado de mí─ acaba susurrando. La ira que surge en mi pecho es similar a una llama ardiente que se hace con todo en su camino. ¿Quién mierda se cree que es para decirme como me siento? Ella no sabe toda la mierda que está en mi cabeza. Ella no lidia con todas las dudas y con la horrenda realidad de saber que tu mujer ya no te es suficiente. ─Draco...─ comienza antes de ver mi cambiante expresión.
─¡Vete al infierno, Granger!─ exclamo mientras procuro dejarla detrás. Sus manos cerrándose alrededor de mis muñecas no me dejan. ─No tienes la más puta idea de qué habita en mi cabeza. ¡No tienes derecho a decirme como me siento!
─Deja de ser tan condenadamente petulante, Malfoy─ ¿Encima tiene el tupé de ofenderse? ─Sé perfectamente lo que estás sintiendo porque siento exactamente lo mismo.─ ¿Entonces me ama? ¿Es eso lo que me está diciendo? ─No es amor, es increíblemente parecido, pero no es amor.
─¡Mi. Er. Da. que no es lo mismo!─ quiero gritarle que es una maldita cobarde.
─¿Me estás diciendo que quieres dejar a tu mujer y que yo deje a mi marido y nos mudemos juntos a una casa con una delicada cerca blanca y malditas margaritas en macetas que cuelguen de las ventanas?─ pregunta pero no me deja responder. ─Ya sé, podemos tener dos hijos, una nena y un nene. La nena tendrá mi cabello revuelto pero color platino y el niño tendrá el cabello castaño y liso con hermosos ojos grises.─ no sé si suena molesta o dolida o las dos condenadas cosas a la vez. ─Nos iremos de vacaciones a los acantilados blancos en verano y recorreremos Europa en el invierno. Pasaremos Navidad en Francia y dejaremos que tus padres se queden en la casa cuando los visiten.─ está comenzando a calmarse pero sus palabras sólo hacen que mi cabeza sea víctima de un violento torbellino. Las ideas son escombros desparramados por el suelo sin orden, ni coherencia. ─Nos haremos grande juntos y todavía nos diremos que nos amamos cuando nos tiemble la voz y las manos.
─Hermione.─ no suelo usar su nombre, pero me nace. Estoy hablando con ella, con la versión más íntima de ella que conozco y es una versión muy diferente a aquella que se sienta con las piernas abiertas sobre ese escritorio y gime mi nombre de modo húmedo en mi oído.
─No es amor, Draco.─ repite con insistencia.
¿Y si no es amor que mierda es? Algo parecido, similar, dominante y posesivo. Es en todo lo que pienso, es todo lo que quiero, es… no lo sé. Simplemente es. Hermione Granger es para mi.
─Intentemoslo─ pido en un intento de salirme con la mía. Soy petulante y caprichoso y me rehúso a aprender a lidiar con la palabra "no" en la mitad de mis veinte.
─¿Cómo se intenta esto?─ pregunta confundida. ─Escucha, Draco, si no le debiéramos explicaciones a nadie, si fuéramos nosotros dos contra el mundo te diría que sí. Te pediría que me lleves a esos bailes pomposos de la alta sociedad vestida como una princesa, que me regales rosas blancas todos los domingos y que fantasees conmigo un futuro juntos después de hacer el amor, pero toda esa mierda no se aplica cuando hay un hombre esperándome en casa con la cena hecha y hay una mujer en tu casa que es capaz de matar a quien se le ponga enfrente y provea una amenaza para tí.
─¿Es esa tu justificación?─ pregunto procurando sonar firme y determinante. ─¿Lo que siento no es amor porque hay alguien esperándome en mi casa?─ no entiendo como puede ser tan inteligente y soltar tantas estupideces por la boca. A veces creo que me lo hace aproposito. Es la ventaja de que todo el condenado mundo mágico sepa que eres la bruja más brillante de tu edad. No importa qué mierda esté diciendo, debe ser cierto y debe tener razón porque es Hermione Granger. ─Deja de decir idioteces, Granger. Esa no es razón suficiente. ¿Sabes dónde está la ironía? En qué estoy aquí parado diciendote que te amo menos de una hora después de haberme follado a mi mujer.
─Hueles a ella.─ suelta sin dar vueltas. La sintió de la misma manera que yo siento el perfume de Weasley cuando lleva su tapado puesto. Weasley la debe besar antes de abandonar su casa y su aroma está sobre su ropa, mientras que mi aroma está sobre ella, sobre su piel y en su pelo, pero nadie lo sabe.
─Tuve que cerrar los malditos ojos y pensar en tí para poder ponerme duro─ confieso dejando la vergüenza de lado.
─Eso no es amor.─ insiste.
¡Mierda! Quiero gritar a los cuatro vientos. Quiero enterrar mi rostro en una almohada y soltar todo lo que tengo adentro hasta que la garganta me arda. Quiero hacerme un bollo en el suelo y llorar hasta que no tenga más lágrimas. Quiero arrodillarme frente a ella y pedirle que me mienta, que igual diga que me ama porque no sentir esas palabras nacer de su boca me están consumiendo por dentro como hongos y bacterias que conducen a la descomposición.
Camino de manera torpe hasta el viejo y polvoriento sofá. Necesito sentarme y pensar con la poca claridad que sé que soy capaz de conjurar en este momento. Dejo caer mi peso y cierro los ojos al tirar mi cabeza atrás. Por un instante imagino que ella estará avanzando a donde me encuentro y apoyara una rodilla a cada lado mío antes de sentarse sobre mis piernas. Sé que si hace eso apoyara sus manos sobre mi pecho y jugará con su lengua en mi cuello a la altura de mi pulso.
No se acerca. Ni siquiera se mueve un centímetro de donde se encuentra. Su figura sigue rígida del otro lado del escritorio, mientras que sus ojos marrones están clavados en los míos. Destilan algo raro, algo nuevo que nunca he visto en ellos. Se asemeja al pánico y al dolor, pero si tengo que decir lo que es me atrevo a aventurar que es algo similar a como rescindirse luce en su rostro. Está rescindiendo algo. A mi, a nosotros, a su felicidad, no lo sé.
─¡Ni se te ocurra!─ exclamo con furia señalando con el dedo índice.
─Estoy cansada, Draco─ susurra.
─No me dejes─ mierda, si tengo que rogarle lo haré. Me arrodillaré como un maldito perro faldero y le diré a vivas voces que toda mi voluntad está en manos suyas. Sin ella la vida parece sosa y grisácea.
Las líneas de su rostro contoneándose en confusión prueban ser algo sorpresivo. No puede decirme que no lo estaba pensando. Estaba pensando en terminar lo que tenemos. Sea por miedo, sea por cansancio, sea por haberse dado cuenta que para ser dos condenados amantes con una absurda necesidad por el cuerpo del otro, nuestra relación se ha vuelto intrincada como la de dos enamorados.
─No te voy a dejar─ me asegura con lentitud.
─Vamos a la casa de tus padres─ sugiero de modo espontáneo. ─Vamos a la casa de tus padres y hagamos el amor. No le demos explicaciones a nadie y quedemonos juntos toda la noche hasta que salga el sol por el horizonte y desayunemos en la cama. ¡Mierda, Granger! Por todo lo que me importa podemos quedarnos toda la semana, follando, comiendo y follando otra vez más.─ se ríe. Le saco una maldita sonrisa y se siente como la misma gloria.
─¿Y quién hace el desayuno?─ pregunta con humor colándose por entre las sílabas de cada palabra. ─¿Sabes cocinar, Draco Malfoy?─ en esa me agarró. No estoy muy inmerso en las artes culinarias así que debo negar en derrota.
─No debe ser tan difícil echar unos huevos en la sartén.
─Tan delicioso como eso suena─ hay sarcasmo en su voz y no puedo evitar el gesto petulante que aparece en mi rostro. Siempre lo hace cuando creo que está siendo condescendiente conmigo. ─Tengo que llegar a mi casa.
─Mañana─ demando. Me estoy cansando de tener que perseguirla.
─No estoy─ suelta rápidamente.
─Pasado mañana─ respondo con la misma velocidad. ─Al día siguiente del mismo, la próxima semana, deja de evitar el maldito cometido porque sabes que si aceptas mi propuesta acabarás reconociendo que lo que sentimos dejó de ser un juego superficial. Se fue todo a la mierda y ahora tenemos que lidiar con las consecuencias.─ Granger niega con la cabeza como una maldita renegada de mierda.
─No estoy en todo el mes, Draco─ ¿Se cree que no puedo esperar un mes? Se cavó su propia tumba porque un mes puedo esperar. Y lo haré. Después no tendrá excusa.
─¿Dónde estarás?─ pregunto con genuina curiosidad.
─Norteamérica. Chicago para ser más exactos.─ ¿Desde cuando? ¿Cómo puede ser que tenga un viaje semejante y de semejante longitud y yo no tenga ningún tipo de información hasta hace dos malditos segundos?
─¿No pensabas decir nada?─ espero escucharla negar la acusación. Eso es lo que suele ocurrir con la gente, niegan todo lo que no les conviene decir. Mentir es diez veces más fácil que decir la verdad. Nosotros somos la maldita prueba de que así es.
─No.─ pero por supuesto que ella no es así. Por supuesto que ella me acepta todo en la cara sin pena ni gloria.
Cierro los ojos una vez más. Quiero abstraerme del lugar, quiero tener un segundo para pensar con claridad, pero no parece estar funcionando. No sé qué decir que sea lo correcto. No sé qué pensar que me de paz y calma. Lo único que tengo en la cabeza son las palabras "te amo" repitiendose como un maldito coro que me está llevando al borde de la locura. Te amo, Granger. Te amo, Granger.
Te amo, Hermione.
─No sé qué hacer─ confieso. Mis ojos siguen cerrados y mi cabeza está tirada hacia atrás y descansando contra la húmeda pared despintada. ─¿Cómo hago para volver atrás?
─Déjala─ susurra y cuando vuelvo a abrir los ojos e intentar encontrarla, la veo avanzando en mi dirección. ─Deja a tu mujer. Vete lejos por un tiempo y acuéstate con cuanta bruja encuentres. Enamórate y desenamórate doscientas veces hasta que ya no notes la diferencia.─ ¿Ha perdido la cordura? ─Déjame a mi también.─ su cuerpo frena cerca mío, pero no lo suficiente como para tocarla.
─¿No lo entiendes, no?─ pregunto comenzando a sonar verdaderamente molesto. ─Elegí como la reverenda mierda cuando acepté meterme en esto contigo. Amor o no amor, el problema eres tú─ explico, por más que sé que no debe estar quedando muy claro. ─Eres Hermione Granger y no hay bruja, mago, hipogrifo o sirena que se compare contigo. En lo bueno y en lo malo.
─Deben ser todos los años que pasé metiendome en problemas que me llevaron a pensar que seducir a Draco Malfoy era una buena idea.─ extiendo mi mano, esperando que la tome. No lo hace. ─No─ susurra. ─Si te tomo la mano querré quitarte la ropa y sentirte dentro mío por todo el tiempo que mi cuerpo resista despierto y hoy no puedo hacer eso. Tengo que llegar a mi casa a preparar el equipaje y luego tengo que estar tomando un traslador a Estados Unidos para pasar un mes trabajando codo a codo con la gente que tiene los mismos ideales que yo.─ explica. ─Lo necesito. Necesito hacer esto y necesito que me dejes sin objetar.
─En un mes a partir de hoy quiero que caminemos hasta la vieja chimenea de este piso y que mencionemos la casa de tus padres en Kent. Allí quiero que pasemos la noche entera sin tener que pensar en horarios y en volver a nuestros respectivos hogares y si luego de esa noche piensas que no es amor, o yo mismo me doy cuenta que tienes razón, entonces podemos volver a lo que tenemos. De lo contrario hay que hablar.─ sus ojos marrones están fijos en mí, pero aparte de eso no me responde nada.
─No voy a dejar a Ron.─ asiento lentamente.
─No voy a dejar a Astoria.─ coincido.
─¿Y para qué quieres averiguar si es amor o no, entonces?
─Porque me quiero morir diciendo que valió la pena cada segundo que viví en este mundo de mierda y que si me dan la oportunidad lo volvería a hacer un millón de veces más.
