N/A ¡Buenas!

Vengo a dejarles el cap 14 de Perfidia. Puse una encuesta en Facebook para ver si preferían una actualización hoy o dos juntas la semana que viene y hoy ganó, así que por aquí ando.

Quiero agradecerles por todo el apoyo y los comentarios. El cap anterior me han llenado de amor, en verdad lo digo. Me tienen sentandome a escribir EN LAS VACACIONES! eso es amor de verdad. jajaja. Mentira, lo hago con gusto.

Quiero contarles que Perfidia y yo como autora estamos nominadas a unos premios conocidos como los Amortentia Awards. Eso se debe a que me han nominado, si alguien con quien comunmente no hablo lo ha hecho, les digo muchisimas gracias, como siempre, me llenan de alegría.

Por último, este cap va dedicado a Luna que sé que va a tener reacciones interesantes luego de leerlo. Sí, Luna, así te conozco jaja.

Beso enorme y gracias,

Albertina


PERFIDIA


CAPÍTULO 14

Ya sé lo que dirá.

Es la terrible ironía de esta aventura, empezarla porque era impersonal, distante y ajena. Era una puerta para ir a jugar a un mundo donde nadie juzga a nadie y donde nadie sale lastimado. Terminamos enterrados hasta el cuello, con el corazón roto y conociéndonos tan bien que parecemos hechos de algo transparente, dejando todo a la vista.

Mi rodilla contra el suelo está comenzando a doler y mirándola fijo estoy comenzando a pensar que Hermione Granger ha dejado de respirar. Está todo en las líneas de su rostro, su confusión, su miedo, su irrefrenable deseo de mandar todo a la mierda y decirme que sí, su lujuria que al final del día piensa en nosotros únicamente si nos piensa sin ropa, su tristeza y desazón, todo, absolutamente todo está allí presente, pero sobre todo está presente la respuesta negativa que va a decir. Me gustaría decir que no la entiendo, que me parece ridículo que siga estando con su marido cuando los dos sabemos que jamás va a ser plenamente feliz con él, pero yo tuve que ver a mi mujer morir para animarme a dar un paso delante. Las circunstancias de ambos son diferentes y a pesar de que soy una mierda la gran mayoría del tiempo, no puedo serlo con ella.

─Draco…

Sonrío levemente, es una sonrisa amarga y hasta vacía. Cuando empezó todo este desastre, cuando empezamos a encontrar en el otro una cura al síndrome de aburrimiento de nuestras vidas, mencioné el efecto que escucharla decir mi nombre tenía. Ella, Hermione Granger gimiendo el nombre Draco mientras me mecía dentro y fuera de ella, era un pasaje de ida a la locura. Aún se aprovecha, aún lo usa, aún se limpia las manos con un trapo que está tan sucio que en verdad no quita la mierda, sino que la desparrama.

─¿A qué le tienes tanto miedo? ─pregunto con genuina curiosidad.

─No empieces ─susurra.

Me pongo de pie, porque ya no tiene sentido estar así, como un idiota de rodillas pidiéndole matrimonio a una mujer casada. Sus ojos marrones siguen cada movimiento y veo el leve reflejo de su mano que busca hacer contacto con la piel de mi muñeca. Me pregunto si eso es todo, si alguna vez en verdad habrá algo más. La amo, de eso no tengo ninguna duda, y en el fondo sé que ella también lo siente. Me lo dijo, a su manera, pero me lo dijo. Lo que ocurre es que al final del día tenemos un mapa que nos hace caminar en círculos y lo que por momentos parece el lugar de llegada en otros se siente como el lugar de partida. "Te amo". "Te amo". Decimos esas palabras y volvemos a encontrar al otro únicamente entre sabanas transpiradas y persianas cerradas. Es ridículo y enfermizo y siento tantas ganas de irme y no volver más como de abrazarla con todas mis fuerzas y rogarle como una criatura caprichosa que me elija a mi. Que deje a Weasley, a sus amigos, su reputación, todo y me elija a mí. A alguien que ni siquiera lo vale.

─No te estoy juzgando, ni me voy a enojar. ─le aseguro mientras doy un paso hacia delante.

Mi manos encuentran el lugar detrás de su nuca y mi nariz ese pequeño hueco entre su cuello y su hombro. Inhalo su aroma, un perfume demasiado familiar, antes de depositar un beso que espero le haga saber que estoy para ella. Sus manos me rodean enseguida y las tengo recorriendo mi espalda en mociones circulares que en su afán de reconfortarme me recuerdan que acabo de perder a mi mujer.

─Pero te amo y sé que el sentimiento es mutuo. ─el que calla, otorga. ─por eso quiero saber qué te da tanto miedo que lo sigues eligiendo a él.

─Es injusto ─protesta.

Mis labios están encontrando un camino desde su hombro hasta el punto debajo de su oreja, que reacciones tan maravillosas provoca. La escucho quejarse, despotricar, pero su cuerpo se pega de manera insistente al mío y casi puedo escuchar la súplica que demanda que follemos como conejos, aunque sea por los viejos tiempos. Elijo tomarla de la cintura y atraerla lo suficiente contra mí que pueda sentir lo que provoca en mí justo a la altura de su abdomen, cuando cierra los ojos sé que lo está haciendo. Intento no ceder, intento seguir depositando suaves besos sobre su rostro, porque si amago a besar cualquier otra parte de su cuerpo estaremos gimiendo y sin ropa en segundos y así no se puede hablar demasiado.

─¿El qué lo es?

─La situación, Draco. ─ahí está mi nombre otra vez. ─Ya no estamos iguales, ahora yo soy la que carga el mayor peso y sí, lo digo sabiendo que acabas de perder a Astoria.

─¿Crees que te voy a considerar una mala persona por decir eso?.

─Sé que no lo harás.

─Lo que quiero saber es por qué no puedes pedirle el divorcio de manera cordial y cuando ambos firmen, nos tomamos un tiempo y decimos que estamos juntos. ─puedo escuchar el razonamiento de un niño con demasiada tendencia a salirse con la suya. ─Tengo contactos en el ministerio, podemos hacer que el divorcio salga en cuestión de días. ─insisto. ─Es el crimen perfecto y ambos tendremos una oportunidad de ser feliz.

No dice nada, no acota, no refuta, no grita ni susurra. La siento rodearme contra ella en un fuerte abrazo. No es de índole sexual, ni lujuriosa, es un abrazo de aquellos que ves a la gente dar cuando pretenden estar aferrándose al chaleco salvavidas que los detendrá de hundirse y morir ahogados. Doy mi vida por salvarla, pero sé que en estos momentos no soy precisamente un pilar de inquebrantable fuerza, porque cuando este encuentro termine, cuando esta conversación, este suplicio termine, voy a voltear y tener que enfrentar la realidad. Estoy sólo y mi mujer acaba de morir.

─Ya puedo ver los titulares una vez que nos vean caminando por el callejón Diagon de la mano: "Eternos rivales encuentran el amor". ─intento bromear. ─Lamento decir esto amor, pero van a decir que tú has sacado la mejor tajada, después de todo mírame.

Ríe, genuinamente ríe y yo estoy sonriendo como un verdadero idiota. ¿Cuándo fue la última vez que reímos? ¿Cuándo fue la última vez que hablamos de algo que no fuera esta aventura o la realidad que nos aguarda del otro lado de la puerta? Antes solíamos hacerlo de manera más regular, aunque las conversaciones estuvieran repletas de insultos vacíos. Ahora nos hemos convertido en algo que no puedo especificar y que siento en iguales cantidades que está al borde de terminar, como que está al borde de convertirse en la mejor historia de amor de toda la puta tierra.

─Vamos a caminar de la mano.

Rodeo su rostro entre mis manos y la obligo a mirarme de manera fija aunque sea por un momento. Sus ojos marrones no esconden nada, nunca han sabido cómo esconder las cosas y eso es tanto una bendición como una maldición. Quiero besarla, puedo sentir mis labios arder con la necesidad de tomar los suyos entre los míos, pero si la beso no me detengo y la idea de que aire fresco de la noche nos toque mientras sus dedos están entrelazados con los míos, es tan maravillosa que quiero gritar de la desesperación.

─Vamos a caminar de la mano. ─acepto.

Sonríe y es la niña de once años que conocí en mi primer día en Hogwarts. Hay algo en el ambiente, una especie de energía nueva y desconocida y por el entusiasmo de ambos sé que no queremos que termine. Encara ella la escalera primero y cada tres escalones voltea para ver si la estoy siguiendo. ¿A dónde cree que me puedo ir? La seguiría hasta el fin del mundo si me lo permitiera.

No duda un instante antes de tomar el picaporte de la puerta de entrada y duda aún menos al abrirla. Estamos en el maldito pueblo de Ashford. No sé ni si hay una comunidad mágica aquí y esta noche no me interesa saberlo. En cambio la sigo fuera de la casa y cuando ambos alcanzamos la vereda le tomo la mano como un condenado adolescente que está descubriendo lo que es el contacto físico con una mujer.

La noche está templada y no hay un alma transitando por donde nos encontramos. La calle es aquella propia de un suburbio inglés. Nada extraño, nada resalta, prácticamente bordea el aburrimiento y me regocijo en ese hecho. Ella está mirando hacia delante, sosteniendo mi mano con toda la fuerza que es posible sostener la de otra persona y hay lo que parece ser una sonrisa en su rostro. Cada vez lo entiendo menos, por qué no está conmigo, por qué no elige poder hacer esto cuando queramos donde queramos.

─No hay mucho más que esto. ─comienza. ─A un par de cuadras de aquí hay una calle peatonal con varios mercados y tiendas elegantes, pero ahí es donde termina el encanto de Ashford.

─Granger, me importa una mierda la locación.

Que entienda que lo único que vale la pena es la situación, con ella, así. Soy un puto perro enamorado y a la mierda con intentar esconderlo o pretender que soy demasiado macho para admitirlo. Ella me conoce, sabe mis peores defectos y mis mejores virtudes, así que intentar engañar al otro es en realidad engañarse a uno mismo.

─Juguemos a contestar diez preguntas.

A Pansy le fascinaba jugar a esto cuando estábamos en Hogwarts. Así averiguaba quien estaba encantado con quién. Le daba poder e impunidad y hay pocas cosas que un Slytherin desee más que eso. Voy a pedir prestada una hoja del libro de Pansy y jugar mi mano de la manera más sutil e inteligente que lo consiga. Sé que no resultará siendo ninguna de las dos cosas, porque me importa demasiado ella y me importa demasiado poco que lo note.

─¿Así puedes hacerme contestar todas las preguntas que elijo ignorar?

─Exacto.

─Maldito Slytherin ─susurra sin malicia. ─Sabes que soy Gryffindor.

─Yo comienzo ─digo, siendo consciente que acaba de aceptar. ─¿Cuál es tu mejor recuerdo de crecer aquí?

─Hay un parque en las afueras del lugar. ─comienza. ─Tiene dos altas torres como si fuera la entrada a un castillo, pero no un castillo como Hogwarts, sino un castillo como el de las princesas de los cuentos. ─continúa. ─Cuando era pequeña mi madre solía hacerme los disfraces de princesa que veía en la televisión y luego mi padre manejaba hasta el parque y me dejaba jugar por todo el tiempo que deseara que ese era mi castillo y mi reino. Sentir esa felicidad y tener esa inocencia son mis mayores y mejores recuerdos de este lugar.

Sigo sin verlo, sin entender como siempre ha tenido esta fascinación con las princesas y los castillos. Pero está presente y lo ha estado desde que era ajena a mi mundo y a entender que estaba destinada a ser una de las brujas más brillantes que el mundo mágico ha visto. No sé cuanta gente conoce esto de ella, pero me regocijo en la idea de saber que no deben ser varios y yo estoy incluido en la lista.

─¿Extrañas a tus padres?

Puedo sentir mi espalda enderezarse con la tensión de escucharla hablar de mis padres. No es algo que disfrute y tomo cierta ofensa en el hecho de que yo elegí comenzar despacio, mientras que ella atacó con la artillería pesada en la primera de cambio. No dejo que se note mi malestar y en cambio elevo nuestras manos entrelazadas y deposito un beso sobre el revés de la suya.

─No tanto como desearía.

─¿A qué te refieres con ello? ─siempre tan curiosa.

─Una pregunta por lado, amor. Es mi turno.

─¿Qué te desilusionó del mundo mágico?

─Cuán rápido te obliga a crecer.

Sé que la respuesta escueta es a causa de mi falta de explicación. No puedo evitar y sonreír mientras seguimos avanzando hacia delante. Las luces de la calle son tenue y terminan iluminando más las farolas fuera de las tranquilas casas que aquellas de la calle. Nuestro andar es tranquilo y puedo sentir la imperante necesidad de ambos de que el momento no termine jamás. De todas las cosas que hemos hecho, lo que más queremos extender es algo tan inocente como caminar una noche tomados de la mano.

─¿Por qué desearías extrañar más a tus padres?

─Porque son mis padres. Ningún hijo merece que sus padres se conviertan en un recuerdo de la peor época de la vida de uno.

No es la primera vez que veo la congoja en los ojos de ella al pensar en sus padres, porque sé que en eso debe estar pensando. Elijo preguntar algo nuevo, elijo sacarla de lo que sea que le atormente tanto en la relación que tiene con ellos. No sé si es sensación de traición, de abandono, de culpa, pero de algo es y algo que no califica como bueno.

─¿Por qué no te animas a dejar a Weasley? ─elijo atajarme enseguida. ─No me refiero a dejarlo para estar conmigo, me refiero a dejarlo porque claramente no te hace feliz.

─Ron no es el problema, el problema soy yo.

─¿Qué quieres decir con eso?

─Una pregunta por lado, amor. Es mi turno. ─Sonrío porque repetirme mis propias palabras es más Slytherin que cualquier otra cosa.

─Si excediéndome causa que me llames amor, entonces lo seguiré haciendo, Granger.

Me ignora porque es lo más seguro para hacer, pero igualmente noto su cuerpo pegarse levemente más contra el mío. La noche se vuelve cada vez menos oscura y comienzo a notar que se debe a que nos estamos acercando a un sector más que iluminado. Hay carteles coloridos y hasta tiras de triangulares banderines cuelgan sobre nuestras cabezas dando al ambiente un aire festivo. Esta debe ser la zona peatonal y comercial de la cual me habló más temprano.

─¿Por qué no te animaste a pedirme matrimonio cuando estabas con Astoria?

─Los dos sabemos que no soy reconocido por mi valentía. ─igualmente elaboro, porque quiero que ella haga lo mismo con mi próxima pregunta. ─Que no te quepa ninguna duda que desde hace mucho tiempo que elijo a ti, Hermione. El problema de la separación no era mío, era de Astoria. Yo soy hombre, soy un Malfoy y estoy atiborrado de oro, yo podía seguir con mi vida tranquilo. Pero los rumores iban a comenzar y no iban a preguntarse por qué nos separamos ambos, sino por qué Astoria Greengrass no es capaz de conservar a su marido.

─No temas que sé perfectamente cuales son las desventajas de ser una dama en esta sociedad.

─Tori tenía sus defectos, pero era una de las personas más buenas que cualquiera podía conocer. Nunca la merecí como mujer y mucho menos jamás mereció lo que le hice.

─Le hicimos.

─Tú no le debes explicaciones, yo sí. ─esa es la principal diferencia entre ambos. ─¿Por qué dices que el problema eres tú y no Weasley?

─Ocurre lo mismo que contigo, Ron es una de las personas más buenas que deben existir. Defectos tiene y muchos, pero al final del día es puro corazón. ─explica. ─Lo principal de todo es que me ama y hace de todos los días un intento de hacerme feliz. Lo veo a cada segundo, lo que ocurre es que no funciona y no funciona porque yo he me convertido en una perra helada a la que nada parece contentar.

─¿Por eso lo nuestro?.

No sé si me va a mandar a la mierda y decir que en verdad mi pregunta ya terminó. Mierda, ni siquiera sé si quiero escuchar lo que tiene para responder a eso, pero estoy hasta el cuello por saber que ocurre con nosotros, pero sobre todo por saber que va a ocurrir. La veo asentir lentamente mucho antes de verla abrir la boca para comenzar a responder.

─Por eso lo empecé, si. ─me confirma. ─Tenía esta idea que si engañaba a mi marido con la peor persona que podía pensar, iba a darme cuenta de lo que nuestro matrimonio valía y me iba a hacer apreciar más las cosas que vivimos juntos.

─Yo en verdad sólo quería descubrir como se sentía follarte a ti. ─intento distender el ambiente, pero veo que no funciona.

─No sólo no aprecio más las cosas, sino que ahora ni siquiera soporto estar cerca de mi marido, porque me doy cuenta que esto de creer que soy una buena persona es pura farsa. Soy un mierda, Draco. Ambos lo somos, pero tú nunca te jactas de tener una moral impecable como he sabido hacerlo yo.

─Me importa una puta mierda si eres la peor lacra de la tierra. ─protesto. ─Te amo y a la mierda con el mundo. Lo digo enserio cuando te digo que quiero pasar el resto de mi vida contigo.

─No arruinemos la noche… ─susurra.

─No entiendo, te juro que no entiendo qué es lo que te detiene.

─No confío en ti.

Puedo sentir algo en mi quebrarse dentro, porque esas palabras acaban de romperme en un millón de pedazos. De todas las cosas que hemos vivido pensé que al menos podíamos decir que ganamos la confianza del otro. Ella tiene la mía, pongo mi vida en sus manos si hace falta, porque sé que hará todo lo posible por cuidarla. Quiero soltarle la mano como una criatura petulante, pero en cambio freno de golpe, estamos junto a una farola y sus ojos marrones brillan por la gruesa capa de lágrimas allí acumuladas. Estoy por besarla, pero la escucho hablar y me quedo hipnotizado con el movimiento de sus labios.

─No como tu crees. Confío en ti de todas las maneras que una persona puede confiar en la otra, pero como dice el dicho, lo que fácil viene, fácil va.

─¿Enserio estás sugiriendo que yo-

─¡No lo sé, Draco! ─exclama. ─Te amo, si, te amo, como si hiciera falta decirlo. Todo en mi cuerpo te lo tiene que decir a gritos, cada gesto, cada palabra, cada condenada mirada. Te amo y quiero pasar el resto de mi vida contigo, pero no confío en que no te aburras, no confío en que un día despiertes y te des cuenta que no soy Astoria, que ella era mejor y que la perdiste habiendo estado conmigo.

─Es la idiotez más grande que te he escuchado decir, Granger.

─No voy a tirar mi vida por la borda por una apuesta que no sé si ganaré.

─Eso es de cobarde y lo sabes.

─¡Estás siendo injusto y lo sabes! ─exclama con bronca. ─Ya no es lo que era, a esto me refiero. Hasta ayer éramos ambos los que cargábamos con el peso de engañar a nuestras parejas, ahora soy yo la única en esa posición.

─¿Te crees que no me carcome por dentro saber que mi mujer murió creyendo que tenía una buena persona a su lado?

─Estar contigo significa para mí, perder todo. Es inmolar mi identidad hasta su más mínima unidad y comenzar a construirla de vuelta y lamento mucho decirlo, pero no estoy dispuesta a hacerlo.

─De acuerdo ─suelto. ─Tu turno.

─No quiero jugar más.

─Entonces yo hago uso de tu pregunta.

La veo negar con su cabeza y sé que sabe lo que voy a preguntar. Sigue así, negando y ahora las lágrimas están cayendo. Hay algo en ella, algo que se está rompiendo justo frente a mis ojos y las lagrimas son oscuras, de aquellas que caen con verdadero dolor. Una de sus manos busca la mía y la otra busca mi cintura y sin dejarme hablar me está abrazando con fuerza. Una vez más está luchando por no hundirse. Por primera vez siento que no debo salvarla, por primera vez siento que debo dejarla ahogarse, porque solamente así va a aprender a nadar.

─No tenemos que cambiar nada ─susurra. ─No me dejes.

Yo se lo he pedido antes, yo le he rogado que por favor no me deje porque sin ella en verdad las cosas perdían bastante el sentido. Siempre accedemos, no por un favor al otro, sino porque ambos sabemos que la relación que tenemos se ha vuelto más simbiótica que cualquier otra cosa. No te quiero dejar mi amor, no quiero. Eso es lo que deseo contestarle, no sólo porque es la verdad, sino porque sé que es lo que ella quiere escuchar y hago cualquier cosa por ella.

─He ahí el problema, o cambiamos o morimos.

─Te amo.

─Estoy enamorado de tí hasta a la médula, Granger. De eso no dudes ni por un segundo.

El sabor amargo en mi boca lo dice todo. Es viscoso y profundo y me quema cuando intento tragar. La amo, amo a la condenada bruja que es Hermione Granger, pero si no doy un paso al costado ella jamás lo hará y los dos, sin merecerlo, tenemos que encontrar una manera de estar mejor. Si no es juntos es separados y los dos sabemos que juntos no puede ser.