NARUTO y sus personajes NO ME PERTENECEN. Solo hago esto por diversión y para su entretenimiento.
A veces odiaba su trabajo. Ni bien había llegado a la estación, tuvo que separarse de su familia. Entre todo el papeleo e informe telefónico que debió entregarle a Naruto para cuando, por fin, abordó el tren junto a su familia, eran altas horas de la noche y todos se encontraban dormidos. Resignado, tomó la cena empaquetada que habían reservado para él y se dirigió al camarote donde le habían indicado estaban Temari y sus hijos.
Entró lo más silencioso que pudo para no perturbar el ambiente. Habían acondicionado el lugar y parecía ser una habitación de hospital, iluminada por una tenue luz. En el fondo, estaba su esposa, dormida en la cama, y para su sorpresa, Shikadai estaba aferrada a ella, totalmente dormido. Esa imagen traía a su mente imágenes de los primeros años de su hijo. Aunque no lo admitiese, Dai era un chico de mamá, nunca lo había dejado de ser y verlo así, aceptando aquello y apreciando lo que casi pierde, lo llenaba de satisfacción. No pudo resistirse; tomó el teléfono que Shikadai había estado usando y sacó una foto para la posteridad.
Su vista se desvía hacia la cuna donde su niña está perfectamente envuelta. Todavía no creía que fuera real. No creía que esa pequeña estuviese allí, sana y salva. Honestamente, pensó que no sería un final satisfactorio. Tomo el teléfono nuevamente y tomo una fotografía de la pacífica, por los momentos, nueva Nara, esta vez, con otro fin. Como la misión había acabado, el teléfono había sido restaurado a un plan más abierto que le permitía llamar más allá de los números codificados para la misión. Había una persona que, por lo que le contaba Naruto, estaba impaciente y exigiendo respuestas. Como quedaba tiempo de viaje, lo menos que podría hacer, era dar señales de vida.
–Estamos bien – Escribió como pie del mensaje que contenía la foto de Temari y Shikadai. – Conoce a Shikari. – dijo, anexando otra foto, la de su hija.
Dejó el teléfono, asumiendo que eran altas horas de la noche y que recibiría algún tipo de respuesta en la mañana. Con eso en mente, tomó su cena y la degustó como si llevase años sin comer. Mientras lo hacía, no podía sacar de su cabeza el hecho de que tenía una conversación pendiente con su primogénito y, aunque sabía que la intervención con Temari había ayudado, él quería tener su propio momento con Dai. Era necesario e importante para reestablecer por completo el vínculo.
Satisfecho, Shikamaru tomó los envases y los desechó en la basura. Salió un momento de la habitación para dirigirse al baño y asearse un poco. Volvió con su familia y se quedó en el sillón cama que asumía que era para él. Estaba agotado, necesitaba dormir. O al menos eso era lo que pretendía. Una serie de gorgojos llamaron su atención. Alerta totalmente, se acercó a la pequeña cuna y encontró un par de ojitos observándolo de vuelta. No pudo evitar sonreír.
–Hola, princesita. – saludó mientras la desenvolvía de las cobijas. La ternura le invadió ante el estiramiento que hizo su hija al sentirse libre. – ¿Eso quiere decir que no dormirás más por lo que queda de noche? – la tomó en brazos y besó tiernamente su frente. –No hay problema, te haré compañía. – No quería molestar a su esposa, bastante había pasado. Además, él quería seguir pasando más tiempo con su hija; se había perdido su nacimiento y los primeros minutos de conexión que tuvo con Shikadai, por lo que, estaba decidido a remediarlo a toda costa. Tomó una manta de la cuna y junto a su hija, volvió al sillón. – No pareces tener hambre…–susurró, acomodándola sobre su pecho, sintiendo verdadero gozo ante el aura de la recién nacida. Se quedó alli, en silencio, observando a la pequeña que le devolvía la mirada como si fuese lo más interesante del mundo. Estaba totalmente a la merced de esa niña, de esa inocente que confiaba en él para protegerla de los peligros, para guiarla por el camino del bien, para llenarla de amor y felicidad. – Mi Kari, te amo tanto…– Ni bien había terminado la declaración, sintió como el teléfono vibraba a su lado. Extrañado, lo tomó y vio una video-llamada entrante.
– ¡Gracias al cielo!
– Oka-san, están dormidos, por favor, no grites…– dijo mientras bajaba el volumen del dispositivo.
–¡Pues discúlpeme, gran señor Nara, por estar preocupada al no tener noticias suyas!
–Mendokusei…
–¿Qué fue lo que dijiste?
–Que lo siento…–susurró.
–Eso pensé… – reprendió Yoshino. Su hijo podría ser lo que él quisiera y tener todos los cargos importantes, pero ella seguía siendo su madre y no permitiría insolencias, sin importar que fuse un adulto. – Mucho mejor, ¿cómo están?
–Estamos bien; pasamos unos sustos, pero todo quedó en el pasado.
–¿Cómo está Temari? – la expresión de Shikamru se cambió por un momento al recordar los acontecimientos. – ¿Qué pasó?
–Ella prácticamente murió por unos momentos, pero Shikadai pudo traerla de vuelta. –El Nara pudo ver como su expresión mostró preocupación. –Está bien ahora, pero en ese momento, fue como si el que estuviese muriendo fuera yo…– Yoshino entendía el sentimiento. Era una descripción muy parecida a la que sintió cuando Shikaku murió. – Ino logró estabilizarla y se está recuperando. – la vio asentir.
–¿Y la pequeña? – Shikamaru sonrió, movió la cámara un poco para que su madre quedara frente a frente a la pequeña.
–Aquí está; al parecer, no tiene planes de dormir esta noche. – En el momento en que Yoshino vislumbró a la niña, no pudo evitar que su mirada se cristalizara. Todos esos meses habían sido una montaña rusa y cuando se enteró del secuestro, pensó lo peor. Así que, ver a ese pequeño ángel, sana, tranquila, mirándola con curiosidad, era una sensación de alivio que necesitaba.
–¡Es tan hermosa! Es muy parecida a Temari. ¿Tus genes se cansaron del trabajo que hicieron con Shikadai? – Shikamaru sonrió divertido.
–O los de Temari simplemente no quisieron que los míos cooperaran…–Yoshino fue la que sonrió esta vez.
–Es una posibilidad. – admitió– Así que, Shikari…
–Shikari Karura Nara Sabaku No. – respondió con notable orgullo. – Shikadai eligió su primer nombre, el segundo es en honor a la madre de Temari, para que tenga algo alusivo a Sunagakure.
–Es un hermoso nombre, para una hermosa pequeña. – Shikamaru sabía lo ilusionada que estaba su madre con tener nietos, incluso se lo recordaba aun cuando era un adolescente y andaba soltero. Aunque nunca lo exteriorizó de manera tan directa, la idea de tener una nieta era algo que ansiaba y como hijo, se sentía feliz de que esa ilusión se haya hecho realidad con la llegada de Shikari. – Estoy tan aliviada de que todos estén bien…y que pronto estén en casa.
–Sí, ansiamos eso también. Es posible que Temari y Shikari pasen unos días en el hospital por precaución, pero estarán en la villa, a salvo. – ella asintió. – Pronto podrás cargarla y mimarla hasta el cansancio.
–¡Eso es poco! ¡Ya tengo un millón de ideas de ropa, accesorios que le voy a regalar! ¿Te la imaginas en un trajecito de cervatillo? ¡Hermosura de mi vida! – Shikamaru sonrió ante la idea, pero, sobre todo, de ver la ilusión nueva vez en el rostro de su madre. Sus hijos tenían una abuela que valía oro.
Estaba oscuro y se sentía realmente cómodo, por eso Shikadai frunció el ceño cuando oyó una voz a la distancia. Al enfocar la mirada, observó la figura de su padre a la distancia, sosteniendo a su hermana. Desvió la vista hacia su madre quien aún lo envolvía en brazos, presa de Morfeo y decidió que era el momento de acercarse y hablar con él. De manera delicada, se escabulló del lugar y se acercó a su padre.
–¿Tiene hambre? – su padre giró de manera automática hacia él; parecía sorprendido de verlo alli.
–Al parecer, solo quería estar en brazos. – respondió. – ¿Te he despertado? – él se encogió de hombros, sentándose al lado de su padre.
–No realmente. – por un momento, lo único que se escuchó en el ambiente eran los pequeños sonidos de Shikari ante las atenciones de su padre. Shikamaru odiaba esta incomodidad, nunca la habían experimentado y sinceramente, no quería que perdurara. Por eso, se preparaba para romperlo. –Lo siento…– pero claro, Shikadai siendo hijo de su madre, cambiaba sus movimientos. –Lamento mi actitud en los acontecimientos.
–No te culpo, Dai; es algo que nunca habías experimentado.
–No debí dudar de ti; nunca harías algo así si no fuese necesario, es solo que…nunca te había visto perder el control.
–Es raro que suceda; muy pocas ocasiones, a decir verdad. – reflexionó recordando todos aquellos episodios, todos involucraban a un ser querido en peligro. –Las últimas veces fueron a causa de tu madre; sabes lo temeraria que puede llegar a ser…–Shikadai asintió, no teniendo ninguna intención en contradecir el argumento. –Esta vez, estuve a segundos de perderlos a los tres, no lo permitiría, menos acabando de agrandar la familia como hace tanto deseaba.
–¿Hace tanto? Nunca lo mencionaron y recuerdo perfectamente que pedí un hermano a muy corta edad. – El líder del clan Nara dudó por unos instantes de si era prudente contarle o no lo ocurrido durante la travesía del segundo hijo. Era un asunto de pareja, pero para que entendiera, necesitaba tener un contexto. Suspiró. Temari le mataría de todos modos.
–Lo intentamos, pero las cosas no salieron como queríamos. – comenzó. – ¿Recuerdas aquella vez cuando ibas con tu madre y ella colapsó? –Shikadai hizo una mueca de disconformidad, recordando perfectamente el suceso.
–Oka-san, ¿estás bien? – preguntó el pequeño Nara en una mezcla de curiosidad y preocupación. Habían ido juntos de la mano todo el tiempo, pero desde el principio, la sentía extraña. Su agarre fluctuaba y desde que comenzaron el trayecto nueva vez hacia su hogar, el paso no era constante. Era extraño porque su madre era muy energética y en esos momentos, parecía estar cansada.
–Sí, mi vida…solo apresurémonos a casa, ¿bien? – eso significaba que no estaba bien, por lo que, Shikadai se preocupó aún más. Tomaron un atajo, bastante desolado, cerca del puesto de remen que frecuentaba el Hokage. Ni bien habían dado unos pasos al doblar la esquina, Temari soltó su mano y con terror, Shikadai presenció cómo su madre se desplomaba a su lado. –¡Oka-san! – llamó arrodillándose a su lado, moviéndola con fuerza, sin éxito. El pequeño entró en pánico y corrió hacia la calle principal de la que habían venido.
–¡Ayuda! ¡Mi oka-san! – decía entre sollozos, pero por lo histérico que estaba, la gente no comprendía lo que decía. Frustrado y con el miedo en su máxima expresión, entró al establecimiento de Ichiraku donde algunos comensales disfrutaban del manjar. – ¡Mi oka-san! ¡Mi oka-san! – Al escuchar y reconocer al pequeño, Ayame que se encontraba atendiendo a unos clientes, se acercó de inmediato.
–Shikadai, cálmate, ¿qué pasa?
–¿Qué está pasando? – preguntó Teuchi apareciendo ante el escándalo. El niño, sin ganas de perder más tiempo, tomó la mano de la muchacha y comenzó a arrastrarla hacia la calle. Al ver que el niño la guiaba, se dejó guiar; Teuchi le siguió de cerca hasta que llegaron nueva vez con Temari. – Oh kami…– exclamó tomando al histérico niño en brazos.
–¡Ayuden a mi oka-san! – exclamó con notoria preocupación en su infantil voz. Teuchi se acercó rápidamente a Temari mientras su hija trataba de calmar al pequeño Nara en pánico.
–Fue horrible…–Shikamaru sonrió tristemente ante aquello. Fue más terrible de lo que su primogénito podría imaginar.
–Ella estaba embarazada y perdió el bebé…– la sorpresa no se hizo esperar en el joven Nara. Con esa nueva información, muchas cosas comenzaban a tener sentido.
Finalmente, luego de un par de días en el hospital, su madre había vuelto a casa. No sabía que le había pasado, lo único que su padre le dijo era que tenía que cuidar de ella hasta que terminara de recuperarse. Él, por supuesto, estaba alli para su madre, pero ella se notaba triste, la había visto llorar y eso no le gustaba, especialmente, porque no sabía por qué. Decidido a ser una ayuda más que una carga, fue al jardín y eligió la flor más bonita que pudo encontrar y se dirigió a la habitación de sus padres donde su madre descansaba. Su padre había salido un momento, era su oportunidad. Quería ver la adorada sonrisa de su madre.
Abrió la puerta y encontró a Temari dormida. Se acercó lo más silencioso que pudo y se arrodilló frente a ella. Entristeció al ver que, a pesar de que tenía los ojos cerrados, lágrimas descendían por sus mejillas. No le gustaba ver a su madre triste, menos verla llorar. Inocentemente, acarició suavemente la mejilla de la rubia, haciendo que esta abriera los ojos.
–¿Dai? ¿Todo en orden? – dijo rápidamente, limpiándose las lágrimas e incorporándose en su sitio.
–No, estas triste; eso no está bien. – Temari no sabía qué contestarle. – Te traje esto: – dijo extendiéndole la flor. – tomé la más bonita para ti. – A pesar de que la tristeza seguía presente en su ser, la kunoichi no pudo evitar sonreír. Aceptó la flor mientras veía como su hijo subía a la cama.
–Gracias, Dai; es preciosa. – el niño asintió. – Por cierto, lamento haberte asustado aquel día.
–Está bien, oka-san; lo importante es que estas aquí. – respondió antes de envolverla en un abrazo.
–¿Dai?
–Cuando me siento triste, tengo miedo o algo me duele, tus abrazos y sonrisa me hacen sentir mejor, ¿funciona también contigo? – preguntó inocentemente, levantando la vista hacia ella por espera de confirmación. Temari sintió unas ganas incontrolables de llorar al preguntarse si el bebé que acababa de perder hubiese sido como Shikadai, si le habría gustado tanto el explorar como a ella, o el dormir como a su padre y hermano. Nunca lo sabría, y eso era lo que le mortificaba, pero Shikadai no lo sabía y no quería que lo supiera, por lo que, besó su frente de manera cariñosa, abrazándolo con todo el sentimiento contenido que sentía.
–Tu siempre me haces feliz, Dai; eres lo mejor que he hecho en toda mi vida. Necesito este abrazo.
–Pues me quedaré mucho tiempo, así te sentirás mejor. – el niño le regaló una brillante sonrisa.
Si fuese así de sencillo…
–La vi llorar aquella vez…
–Ambos lo hicimos, pero en privado. Tu no tenías que cargar con esto…– respondió Shikamaru, desvió la mirada para verificar que su hija seguía despierta y, efectivamente lo estaba. – Fue tan difícil que tomamos una decisión…
Corrió por todo el primer piso y el jardín y no había rastros de Shikadai, por lo que, Shikamaru estaba en pánico. Un Nara no podía ir tan lejos. Subió al segundo piso y luego de comprobar en la habitación del niño, se dirigió a la suya, suspirando tranquilo al verlo entre los brazos de Temari, profundamente dormido
–Me ha vuelto el alma al cuerpo…–Temari negó con la cabeza.
–Eres un dramático.
–El niño es como yo: solo se levanta si lo obligan o sí es algo verdaderamente importante. Lo mínimo que pensé fue que algo se estaba quemando.
–Solo vino a verme y entregarme esta flor; quiere hacerme sentir mejor. – Ante esto, el esposo no pudo evitar observar a su adorada compañera de vida. Su rostro se veía sombrío, con grandes ojeras descansando bajo ellos. Desde lo acontecido días atrás, tanto el cómo Temari habían consumido pocas horas de sueño. Estar juntos como familia era una sensación agridulce. Ellos amaron el momento en que supieron que esperaban a Shikadai, ni que decir de su nacimiento. Las expectativas eran las mismas en el momento de que, luego de esperar tanto, la familia parecía ampliarse. Que todo se desmoronara de pronto era triste porque las preguntas seguían apareciendo. ¿Cómo hubiese sido? ¿Habría sido otro niño o hubiese sido niña? ¿A quién se parecería? Tantas cosas sin respuesta, tanta rabia e impotencia que ninguno quería expresar al otro pues sabían que ambos estaban en la misma situación. – Es un gran niño. – comento, observando al pequeño con devoción.
–Lo estamos haciendo bien…– replicó él, imitando la mirada de afecto hacia su niño. Él era inteligente, sabía que algo estaba fuera de lugar y lo último que quería es que su hijo sintiera cualquier tipo de grado de tristeza con la noticia. Prefería que siguiera en la ignorancia y para eso, ellos tenían que superarlo. – Tem, hoy estuve hablando un poco con Sakura…– su esposa levantó la vista de inmediato. – estuvo recomendándome algunos colegas que podrían…
–No quiero ir a terapia. – interrumpió de inmediato. Por supuesto que Shikamaru vio venir esa negativa.
–Pienso que ambos deberíamos ir; nos ayudaría…– dijo con cierto tono de súplica en su voz. Desde la muerte de Asuma y aquel arranque que su padre le obligó tener, entendió lo peligroso que pueden llegar a ser los sentimientos reprimidos. Pérdidas como estas, no podían enterrarse, así como así, especialmente, esta que ambos habían ansiado desde hace mucho tiempo.
–No quiero hablar de mis cosas personales con un extraño…
–Vamos, Temari, hagámoslo por Shikadai…– la antigua Sabaku No frunció el ceño.
–No es justo que uses a Dai de esa manera.
–Lo estoy usando por su bien. – se defendió. – La idea no me emociona demasiado tampoco, pero quiero manejar esto de la manera más sana posible; no quiero que esto afecte a Dai y no, no quiere decir que seamos débiles. Se con quién me casé, tu fortaleza es algo que amo de ti, pero todos tenemos un límite y esto puede serlo. Solo quiero prevenir, por el bien de nuestra familia. – Odiaba la lógica de su esposo, odiaba otorgarle la razón, pero tenía un punto. Guardarse el dolor para si no estaba mejorando la situación. Shikadai estaba preocupado, sentía el ambiente lúgubre y lo último que quería era afectarlo.
–De acuerdo. – aceptó de mala gana. – Lo intentaremos…pero no prometo nada. – El Nara mayor sonrió y con cuidado de no despertar a su hijo, se acercó a su hijo, y besó a su esposa tiernamente.
–Mujer problemática, te amo. – ella sonrió.
–Tienes suerte de que yo a ti también, bebé llorón. –Después de todo, no era cuestión de orgullos; lo más importante era mantener esa armonía familiar que habían construido.
–Después de aquello, dejamos de intentarlo. Fue un tipo de acuerdo implícito entre ambos para evitar la ilusión cada vez que aparecía una falsa alarma; sucumbimos ante el miedo de volver a pasar por aquello, sin ni siquiera darnos cuenta. Todos los médicos decían que no había nada malo, que podíamos seguir intentándolo, pero… – reflexionó mientras mecía a la pequeña Shikari suavemente. – habíamos sobrevivido a una guerra, a situaciones horribles y en el caso de tu madre, a una infancia que no pudo disfrutar, plagadas de tragedia… lo único que ansiábamos era ser feliz y lo éramos contigo. Por eso, cuando supimos de Shikari, fue una muy atemorizante, pero grata sorpresa. – admitió.
–Me hubiese gustado poder apoyarlos más…– dijo con el ceño fruncido, un poco ofendido por enterarse de esta información tan tarde.
–Eras un niño, Dai; tu deber era ese: ser un niño y con eso, ayudaste más de lo que te puedes imaginar. –aseguró con una sonrisa. Acomodó a Shikari en uno de sus brazos y le hizo una seña a su primogénito para que se acercara. Shikadai obedeció y con esto, el líder del clan Nara tenia a sus dos más grandes reyes entre sus brazos. – Lamento si a veces tengo que sacar ese lado que viste de mí, pero no puedo permitir que nadie los ponga en peligro. Ustedes dos son mi motivo para dar lo mejor de mí para mantener la aldea, para que sea segura, para que sean felices…Haré lo que sea para que ninguno de los dos tenga que pasar por lo que nosotros pasamos, Shikadai. Para nosotros, ustedes son nuestro rey…– desvió la mirada hacia la pequeña beba – y nuestra reina. – El joven Nara no pudo contener la emoción ante las palabras de su padre; podía sentir las lágrimas formarse ante sus ojos. Al sentir, el pequeño temblor en su primogénito, Shikamaru volvió la vista hacia él.
–Oye, no llores; me vas a hacer llorar a mi…– dice en tono de broma, pero él también podía sentir las lágrimas sobre sus ojos. Temari tenía razón: siempre sería un bebe llorón.
Temari no pudo evitar sonreír al escuchar el ultimo comentario de su esposo. Había despertado en el momento que Shikadai lo hizo, era la kunoichi mas despiadada de todos los tiempos y encima era madre, obviamente se daría cuenta de su hijo escabulléndose de sus brazos, pero como sabía que tenía cosas que hablar con su padre, no quiso intervenir. No estaba de acuerdo en que le contara tantas cosas a Dai, pero tenía que ser flexible; mientras más creciera más entendería de todo y ella tenía que aceptar que había crecido. Según escucho todo estaba solucionado, ellos estaban bien, por lo que, era el momento de hacer el mundo arder.
–Sí que tengo un par de llorones; y pensar que solo estaría ocupada con Shikari. – ambos Nara giraron hacia ella.
–¿Te despertamos? – preguntó Shikadai.
–Soy madre: si mis hijos están despiertos, yo estoy despierta. – sonrió. – Veo que ya hicieron las paces.
–Nunca estuvimos peleados.
–Sí, sí…– dijo restándole importancia a la respuesta. – ¿Qué le pasa a nuestra niña?
–Que es tu hija y al parecer, no tiene sueño. – respondió Shikamaru mientras se acercaba y le extendía a la pequeña.
–¿Es eso cierto, amor? – preguntó en una dulce voz mientras la elevaba un poco para llenarla de besos, y acomodarla en su regazo. – ¿Me ayudarás a quitarles la vagancia a este par?
–Mendokusai…– dijeron padre e hijo. La balanza se había equilibrado; la dinámica familiar sería interesante.
Al ver como su madre le sonreía a su padre y este le respondía de la misma manera mientras se inclinaba sobre ella y la besaba la frente con cariño, Shikadai se sintió el joven más afortunado. Observó el teléfono que su padre había dejado olvidado en el sofá. Lo tomó, se acercó a ellos y encendió la luz. El matrimonio Nara dirigió la atención hacia su hijo.
–¿Nos podemos tomar una foto? Sería la primera con Shikari. – No estaban ni remotamente presentables para tomarse una foto, estaban conscientes de aquello, pero siendo honestos no les importaba. Plasmar este momento de gozo, de tranquilidad, de agradecimiento de que su familia estuviera reunida, en bien y con un miembro más. El momento debía ser captado. Así que, al ver que sus padres asentían, Dai sonrió. Se colocó en el lado disponible de su madre, quien pasó su brazo libre sobre su hombro mientras el otro sostenía a Shikari. El consejero del Hokage tomó lugar del otro lado. A modo de 'selfie', Shikadai extendió el brazo y como hacían sus padres, sonrió a la cámara, inmortalizando el momento para la posteridad.
Solo queda un capitulo y el epilogo para dar fin a esta historia. Muchísimas gracias a todos por el apoyo; pronto comenzará la que ganó la encuesta en IG. Gracias a: Abril Elena, Anya0087, TsukihimePrincess, Kaoru-sakura, GhienaGna y Sweetcandy66 por sus reviews en el capítulo pasado.
Reviews sin cuentas:
GhienaGna: Hi! I am so happy you like the fic so gar. I really hope you will like this new chapter as well. Best regards!
Como siempre, siéntanse libres de comentar; saben dónde encontrarme. Cuídense un montón,
Un abrazo,
Bye!
