Disclaimer: ©Shingeki no Kyojin/進撃の巨人, sus personajes y trama son propiedad de su autor, Hajime Isayama. Yo tan solo realizo este FanFic por diversión, sin ánimos de lucro.
Advertencia: Universo alternativo distópico (AU)| Omegaverse| Uso descarado del OoC| ErenxLevi| Ereri| Hurt/Comfort| Leve angustia| Semi slice of Live| Breve ErenxArmin (Eremin)
Este es un capítulo que me ha costado más que los otros. Una vez que lo lean tal vez me acompañen en el sentir o tal vez me salten un tomatazo. Háganmelo saber a través de un review.
Por favor lean las notas finales.
Paradise World
—
.4.
Levi es arrancado de su sueño por tercera vez en la noche, presa de la comezón en su pierna atrapada por el feo zapato sofocante que el alfa de ojos duros que se lo puso llamó "yeso". Oh, a él no le gusta el yeso, porque pica, pica mucho y es blanco (como las paredes de la granja), y además porque desde que se lo pusieron, sus poppets, su manta y su nido se han ido, cambiados por la dura cama (casi como el suelo de la granja) de sábanas café y las más duras almohadas (un poco más que las mallitas de separación de la granja) entre las que Historia lo hace permanecer casi todo el día para mantenerlo quieto y que su pierna deje de doler, esté bien y todo vuelva a lo de antes, a palabras de su amo, según ella. Que decir ah, él no le cree, no lo hace, porque si eso fuera verdad el amo hubiese dicho no, no habría dejado que le pusieran el yeso, ese yeso que hace que él no se le acerqué, que solo lo vea de lejos y sus ojos se viertan de ese amarillo de enojo que hace sentir (un poquito menos que los alfas en la granja) temor.
Ugh.
Las cosas han cambiado.
Ya no hay nada bien.
Y Levi solloza, sus hombros temblando ante las lágrimas de necesidad que no derrama mientras se revuelve como gusanito, se logra sentar sobre la cama, tira de su pierna y empieza a rascarse con tirria, hasta que la poca piel que sus delgados dedos alcanzan arde muy mal; y el rasguño que no lo ha abandonado desde hace muchos días y noches, crece, se hace tan punzante que pronto el rascar se convierte en arañazos y tirones sobre el yeso (que huele igual al trigo antes de invierno. Podrido)(1) hasta que el dolor llega tan abrumador que solo puede quedarse hecho una bolita sobre sí mismo, llorando a lágrima viva, oyendo la voz de su cabeza repetir en una mantra sin fin de que debió haber cortado y comido aquel trigo que el amo llamó "girasoles", que era lo que se tenía que hacer, como los buenos omegas hacen; pero él niega, llora más, se mordisquea la punta de los dedos y trata de acallar la voz, y con ella el terror que viene de su significado:
Que el verano está allí, acechándolo, para traer el rojo sobre él; y que aunque el amo haya traído la primavera, la nieve, las mantas de su nido, los poppets, los arcoíris, el chocolate, sus crayolas, los peces, y él sea verde y tierra, bueno, cálido y le haga sentir bonito...es un alfa. Y los alfas son malos con los omegas, los rompen y comen, igual como ellos los obligan a comer el trigo para crecer y engordar(2)
En algún momento se duerme, cansado de llorar, y sueña; sueña con el amarillo del trigo, el blanco de la granja, el olor del rojo en el horno, y con el amo; con sus ojos, no con el enojo que ahora está allí, sino con lo que hubo en ellos aquella mañana cuando él no quiso cortar y comer, cuando corrió y no se dejó abrazar. Idénticos al de los omegas cuando los arrastraban a los tubos en el horno que los hacían llorar y gritar mucho, hasta que paraban y todo quedaba en silencio, repitiéndose una y otra vez.
Ojos suplicantes y llenos de miedo. Tristes.
Entonces, nuevamente se despierta, su corazón martillando entre sus costillas hasta el dolor, las lágrimas secas y pegajosas en sus pestañas, el frío bajo su piel, dándose cuenta de quizás es eso. Que el amo no sabe que el trigo se corta y se come para engordar, ponerlos en el punto(3) y llevarlos al horno.
Él había dicho que era para que se divirtieran en el verano, fuera de la casa. Solo ellos, como rodar en la hierba en primavera, acostarse sobre la nieve en invierno o saltar en las hojas secas que arranca el viento cuando hace frío pero no cae nieve. Jugar, abrazarlo y olerlo. Todo muy bueno. Días de coloreo y noches de mimos. Uhmm, ronroneo, ronroneo, extraña eso. A sus poppets, su nido, los cuentos y la voz del amo.
Ahora él entiende.
El amo no quería que comiera el trigo, lo que quería es que se acostaran encima de él, quedarse entre las espigas viéndolo moverse con el viento y nada más.
Sí, eso es, dice su instinto, arruchándose en la ola algodonera del ronroneo que va a desplazando el rasguño en sus panza ¡Y ay que dárselo! chilla en el justo instante en que desaparece completamente la agria sensación.
Y él está de acuerdo con ello, porque el amo es verde y tierra, bueno, cálido y lo hace sentir bonito. Todo lo contrario a los alfas de la granja.
Se desenrolla de las sábanas y rueda sobre las duras almohadas hasta deslizarse de la cama al piso, donde empieza a arrastrarse hacia la puerta. Le cuesta un poco pero logra girar la perilla y escapar de su habitación. Su pierna con el yeso es un peso muerto a cada avance, pero no es una carga para él, andar de esta manera era como lo hacía antes. Es tan cómodo.
La luz clara de la luna que entra por las ventanas le ayuda a no perderse mientras se desliza por el pasillo, baja por las escaleras, atraviesa el salón y sale de la casa, hacia más allá de los jardines, los corredores y la hilera de cuartitos de los betas que sirven allí. A los campos.
Su camisón azul está llena de tierra, hay sudor en su frente pero no está acalorado, en cambio siente frío y tiene la piel de gallina para cuando llega a los campos.
Levi mira desde la orilla, una y otra vez, luego se arrastra por el surco central.
Nada.
No hay trigo. Solo pequeños tallos rotos, doblados con unas que otras grandes hojas en ellos, todo muy verde bajo la lumbre lunar.
El trigo se ha ido.
Él se mete en el sembradillo, rebuscando las espigas, pero lo único amarillo que encuentra son una que otra flor rechoncha con pétalos menos en su mayoría.
No es trigo, dice la vocecita en su cabeza, les llamó 'girasoles' le recuerda con su tono chillón, los que debiste cortar y comer para recibir abrazos, chocolate y peces del amo, pero que no hiciste y fuiste malo(4), termina cizañoso.
El rasguño vuelve, pero es ligero y él apenas lo siente cuando se mete dos flores a la boca, los mastica un par de veces y traga. No saben a trigo y no se sienten igual en su boca. Saben un poquito amargo y se sienten espesos bajo su lengua. Como el chocolate. Tampoco huelen a trigo. Huelen a tierra, verde y sol. Como el amo.
Los girasoles nunca fueron trigo.
El arranca otras flores que encuentra y se las come, busca otra más para hacer lo mismo, dos, tres y cuatro veces otra vez, hasta que tiene el estómago hinchado por ellas. Toma un último puñado y vuelve sobre el camino.
Debe ir con el amo, tiene que. Mostrarle que ahora ha cortado y comido los girasoles, que lo hará más porque tal como el chocolate, su nido, sus poppets, la primavera, los arcoíris, las crayolas, los peces, los cuentos y los mimos, son buenos, le gustan y le hacen sentir bonito; y al amo le gusta que se sienta bien, porque cuando él se siente bien, su amo sonríe y no hay amarillo de enojo en sus ojos, solo resplandor de sol y su olor, a noche e invierno.
Sí, debe ir con él. Para que todo vuelva a estar bien, bueno y se sienta bonito. Más ronroneo, ronroneo, casi nada de rasguño.
Cuesta un poco más regresar, subir y llegar frente a la puerta del amo, pero lo hace, y una vez allí, trata de girar la perilla, pero no puede, no se mueve y él empieza a rascar sobre la madera, restregándose, y sujetando el puñado de flores entre sus manos, tratando que no se escapen entre sus dedos. Él debe comerlas delante del amo, que vea que no volverá a correr, ser malo.
No sabe cuánto tiempo está así, solo que en algún momento se cansa, se duerme pegado a la puerta, el cuerpo flojo y los girasoles sobre su regazo, manchados de tierra.
El amo no está allí.
Y él llora en sus sueños, porque fue malo, y el amarillo de los ojos en los ojos del amo no se irá.
Nada volverá estar bien.
(...)
Eren solo ha tomado un par de chupitos de vodka, así que no está ebrio, ni 'caliente', solo un poco más suelto, por lo que se ríe de los chistes malos de Armin y las caras de que chiste más del culo de Zeke mientras vuelve a perder otra mano de póker, en la que él no está participando pues su brazo aún sigue metido en un incómodo cabestrillo.
Es el tercer fin de semana que estas reuniones se dan. Zeke con Armin a cuestas, una botella de vodka, algunas veces películas en blanco y negro y otras veces con tres cajitas de cartas, hasta que se hace de día o él dice que ya no puede más, los corre y se va a la cama.
Desde el otro lado de la mesa Armin con las mejillas rojas de la risa y el alcohol, le manda un guiño, uno que él regresa, porque esta mano era a nombre suyo y Armin lo ha ganado con esas formas suyas mañosas de desorientación vocal. Pequeñas cosas que solo Eren sabría anticipar.
Eren no había visto a Armin desde hace casi cuatro años, la última vez fue cuando se pelearon por su decisión de comprar un omega no solo para su cría, sino para también llevarlo a vivir con él como su pupilo. Darle una vida de alfa. Ser su pareja.
Armin y él han sido mejores amigos desde la infancia, aunque ambos tienen un pensar y actuar abismalmente diferente. Pues allí donde Armin es un fiel seguidor de lo moralmente correcto dictado por las leyes alfa, Eren vive desafiándolas hasta con cada respiración. Sin embargo, tienen su punto medio donde se llevan en exceso bien, y es lo que los unió en un principio y durante mucho tiempo. Ese punto que es todo comodidad y seguridad para Eren. Paz y tibieza en su corazón. Así que, ciertamente su ruptura le dolió, pero no sabía que ese dolor era una falta tan grande en su corazón hasta que Armin volvió aparecer en su vida.
—Me follo—gruñe Zeke y tira varios billetes sobre la mesita, haciendo saltar un poquito las cartas allí—. Ya mejor me largo, antes de que pierda hasta los calzones.
Eren ríe, y Armin le sigue con una carcajada y un bufido de que mal perdedor eres, tío.
—¿Te quedas? —le pregunta su hermano a Armin, quien asiente y echa la cabeza hacia atrás—. Estoy tan ebrio que si me voy contigo me dormiré a medio camino y ya no me acuerdo donde joder dejé las llaves de mi casa. Que putada.
Eren sonríe y se sirve otro chupito de vodka—. Parece que hoy tampoco habrá boleto al infierno, hermanito—bromea Eren, una broma vieja nacida de las veinte chocadas que Zeke se ha dado sin salir con un solo rasguño, y de las que dice que sucede así es porque la muerte solo le llegará si se lleva a otro con él.
—Jodete, Eren—dice Zeke, lanzándole una papita del tazón de botanas. Recoge su abrigo y tambaleante camina hacia a la puerta, la abre y se detiene en el umbral—. No le des más alcohol al cabeza de coco, Eren, que mañana no quiero que me llames diciendo que tuviste que dejarlo en el suelo y se le torció el cuello por eso. No me voy montar un ridiculito con Yelena de salir corriendo al hospital por esa chorrada ¿vale?
—Ya, ya—menea la mano Eren como espantando una mosca molesta—. Solo uno más y llamo a Porco para que se lo lleve a los cuartos.
—Bien—le concede Zeke y sale.
Quedan solos, y Armin suelta una risita.
—¿Entonces uno más? —suelta Armin mientras se levanta de su sofá y a paso lento lo alcanza, se sienta a su lado—. ¿Quieres vencerme y aprovecharte de mí?
Eren se ríe—. Que pendejez dices, Armin.
Pero Armin no sonríe—. Te dejo—dice.
—¿Qué?—tropieza Eren, sintiendo el alcohol escapar de sus venas y el aliento caliente de Armin en su cuello.
—Que te dejo que te aproveches de mí.
—Armin, no...—empieza él, pero los labios de Armin lo callan con un beso, uno que dura tres segundos antes de que se dejé caer de su silla al suelo, su trasero recibiendo todo el golpe.
Armin sonríe, niega suavecito, su cabello rubio meciéndose graciosamente sobre sus mejillas y frente—. Siempre te querido así, Eren. Pero Mikasa también fue mi amiga y sé que se quisieron de verdad, que era natural, y por eso me hice a un lado.
La sangre se atropella en el corazón de Eren y hay un zumbido en sus tímpanos.
—Zeke me contó lo del omega, por eso volví, sin esperar disculpas y una reconciliación real.
—No te entiendo—tartamudea. Armin siempre ha sido tan críptico, que muy pocas veces le ha entendido a la primera, mucho menos en este momento lo hace ahora, después de escucharlo decirle que siempre ha gustado de él.
—¿No crees que es una señal? —susurra Armin, ya sobre él otra vez, atrapándolo con su cuerpo, sus brazos a cada lado de su rostro.
—¿Señal?—repite él.
—Sí. Una señal de que quizás siempre debí decírtelo, que nos enlazáramos. Que estamos destinados.
—Armin ya estás muy ebrio, esas tonterías que dices, no... ¿Es que estás cerca de tu rutina(5), verdad?—trata de escapar un poco, pero Armin se sienta a horcajadas sobre él y lo atrapa completamente.
—Quizás—le concede el rubio—. Pero también no. Esto es algo que quise decirte desde hace mucho, aunque solo ahora siento que es el momento, después de que te hayas dado cuenta que lo demás es un fracaso y que lo que debía ser correcto es que nos demos una oportunidad.
—Yo no.
—Tú también, Eren. Siempre te has sentido bien conmigo ¿no? Te complemento, y a pesar de todos es quien mejor siempre te entendió.
—Armin...—y Armin lo calla con otro beso, que lo aturde. Hay un aroma bajo el olor del alcohol y el de alfa de él, algo esponjoso y empalagoso que lo hace ahoga tan mal(6).
—Démonos la oportunidad—susurra Armin y Eren cierra los ojos, se deja arrastrar, que suceda.
Cuando vuelve a abrir los ojos, la luz del sol es clara a través de la ventana del estudio. Armin está abrazado a su pecho, tan desnudo como él, sus ronquiditos pegaditos a su cuello, y también está babeando su cabello. Eren sonríe un poco, pensando que es entrañable. Lo mueve un poquito y el rubio despierta, restregándose los ojos, completamente adorable.
—Vamos a mi habitación. Nos cambiamos y desayunamos después. Hay que hablar bien esto ¿sí? —suelta conciliador, una sonrisa en sus labios.
El otro alfa le devuelve la sonrisa—. ¿Es para un 'sí'?—pregunta, sus ojos azules esperanzados.
Eren asiente.
Se visten en una atmosfera suave y acogedora, que se mantiene mientras hacen el camino a la habitación del castaño. Dándose empujoncitos y sonrisitas tontas en el trayecto.
O hasta que llegan allí.
La atmosfera se rompe en solo un segundo, todo el "de ambos" se diluye como agua sucia en un torrencial, y Eren se vuelca sobre el pequeño omega, su Levi, que está en el suelo, la piel enrojecida, tembloroso, con los dientes castañeantes y unas manchas de vómito y tierra en su ropa.
—¡Dile a Historia que llame a Zeke, que traiga a mi padre! —dice desesperado, cogiendo en sus brazos al niño, haciendo a un lado su dolor y metiéndolo a su habitación.
Armin se queda unos segundos solo allí, inmóvil, sintiendo como si Eren le hubiera dado un golpe en el pecho. Él está siendo hecho a un lado, rechazado en pos del omega y su condición. Y en el momento en que Eren se gira y le ve con ojos llenos de vetas doradas brillantes, furiosos, y le grita un Ahora con su voz alfa, Armin se da cuenta que esa oportunidad solo es de su parte.
Un viento frío sopla entre las cortinas mientras el alfa rubio corre por los pasillos, lágrimas de ira y dolor corriendo por sus mejillas.
El verano ha acabado, el equinoccio se lo llevará esa noche en un final definitivo desde siempre y un comienzo borroso en el futuro.
Las hojas de los árboles en el patio tiemblan ante la ventisca que los mece con afán de robarlas de sus tallos.
Notas finales:
(1) El olor del yeso de Levi: Es difícil lavar efectivamente el área entre el cuerpo y el yeso, y la piel muerta que normalmente solo se seca y se cae, si se humedece huele mal. A putrefacción. Historia no ha sido cuidadosa a la hora de bañar a Levi, es por esto que él sufre tanto de comezón (más de lo que el yeso da), y a pesar de que posiblemente su pierna ha sanado, le duele, porque se rasca y se ha abierto heridas.
(2) Crecer y engordar: Ya había dicho que los omegas son como ganados en el Fic. Así que el trigo que les dan es especial, de uno que se cultiva específicamente en la época de verano para acelerar su peso y talla. La cuestión está, en que este trigo no sabe igual al normal, no es muy comible, es más grande y duro, y los omegas son obligados a comerlos a través de choques eléctricos dados por los cuidadores en la granja, que los sacan a los campos durante los dos primeros meses de la estación, hasta que en el último mes pasan a la revisión.
(3) Ponerlos en el punto: Es el peso y el tamaño que consideran estándar para su procesamiento, aparte de su salud que se revisa más constantemente.
(4) Ser malos: Igual que el ganado o los animales domésticos, esto es toda la diferenciación de comportamiento que se le enseña a los omegas en las granjas. Se es malo si se desobedece, no comer, beber agua o dormir a los tiempos indicados, por lo que son castigados a golpes, electrochoques o baños de agua fría. Ningún omega desea ser malo, pero Levi de alguna manera lo fue al mantener al mínimo su alimentación de trigo, por lo que es pequeño y menudito y no fue al horno por esa razón.
(5) Rutinas: Es el celo de los alfas, e igual que el otro, es la única época en que son fértiles.
(6) El olor de Armin: Cuando un alfa macho quiere aparearse con otro alfa macho y tener descendencia, utilizan hormonas omegas para hacerlo posible, además que induce al alfa dominante a caer en una rutina breve.
Bueno, después de las anclas; mi razón por la que me fue difícil este capítulo es porque desarrollar a Levi es difícil, sumado a que me tuve que hacer un Eremin, pues me duelo sola (cries a montones)
PD: Después hago las correcciones ortográficas. Gracias por entender, nenas.
Next chapter: Otoño.
Love u.
