Buenas tardes.

Del fic del herrero y la bestia.

Escena eliminada no. 2


"Despedida y Enfermedad"

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Era una noche de verano en la remota Vanaheim; los dragones cenaban alrededor de una fogata instalada en uno de los jardines del castillo; mientras que los trolls, hadas y gnomos los hacían alrededor del gran árbol troll; en tanto los humanos, ellos degustaban su comida en el renovado y amplio comedor que estaban en el interior del castillo.

Todo estaba tranquilo, lo único que se podía escuchar era el tronar de los cubiertos que golpeaban contra los platos o los vasos que iban y venían de sus manos; hasta que…

—Astrid, nos queremos ir de Vanaheim.

Todo ruido en el comedor se extinguió cuando Ruffnut dijo repentinamente aquello.

—¿Qué dices? ¿Irse? —repitió Astrid sin comprender.

—Sí, es algo que veníamos pensando desde hace un tiempo. —respondió Fishlegs cohibido desde su lugar.

—Tú también Fishlegs… ¿Desde cuándo?

—Ahmm... pues casi desde que Hiccup llegó para quedarse. —habló ahora Tuffnut.

—Pero ¿Por qué de buenas a primeras decidieron eso? —preguntó el aludido también sin comprender.

—Bueno, antes de que regresaras nosotros estábamos aquí más que nada por Astrid, no se nos hizo justo irnos con todos los demás cuando ella no podía salir de aquí. —contestó Snotlout. —Pero ahora que tú estás aquí para acompañarla, pensamos que lo mejor para nosotros era volver al mundo al que pertenecemos, ya que por mi parte tengo una familia que me espera.

Astrid bajó la cabeza apenada, pues hasta ese momento no había reparado en aquellos detalles, de que sus amigos tenían familias que los esperaban en Berk.

—¿Y ustedes? —preguntó a los demás.

—Yo hablé con mi madre. —contó Ruffnut cabizbaja. —Y me refiero a la reina de las hadas, al principio no le gustó la idea, pero cuando le dije que la razón por la que me quiero ir era para conseguirme un novio como Hiccup, ya no puso objeciones.

Tanto el jefe como la reina se vieron entre sí, el primero sintiéndose ligeramente bochornoso por la declaración de la ex hada, y Astrid sonrosada al ver como Fishlegs y Snotlout se lamentaban, pues Ruffnut o no sabía que ellos gustaban de ella o los ignoraba intencionalmente.

—Por mi parte, yo también hablé con Poppy acerca de mi decisión. —siguió Tuffnut. —Fue mi mejor amiga durante el hechizo así que se lo debía, y tampoco vio algún problema ya que sabe que debo continuar con mi vida de humano, aunque no sea tan entretenida como la de un troll y ¡es justo lo que necesito! Buscar aventuras y fiestas, pero ahora de humanos.

—Yo creo que es también lo que necesito. —concordó Snotlout. —Tanto lo que dice Tuff como con lo que dice Ruff. —dijo con lamentación.

—¿Qué es...? —cuestionó Hiccup sin entender.

El ex fantasma suspiró.

—No sé, ampliar mis horizontes... también quiero una novia. —confesó gruñonamente. —Y creo que no sabré si ya encontré a la indicada si no salgo de aquí, porque ¡digo!... en lo que llevo de vida sólo me han gustado dos chicas...

—Órale... ¿Quiénes? —preguntó el gemelo curioso.

—¡Baboso! ¿no te das una idea? —golpeó su cabeza. —Y la primera por supuesto fue Astrid.

—¡¿Qué?!¡¿QUÉÉÉ?!

Todos los presentes en el comedor quedaron boquiabiertos con tal confesión, Astrid queriendo que la tierra se la tragara, y Hiccup sonrojado hasta las orejas.

—¡Sí! Y ¿qué? ¡Es la verdad! —exclamó Snotlout sin pena. —Cuando éramos niños me gustaba; y nunca se los había contado, pero a lo largo de todos los años que duró el hechizo me la pasé deambulando sin saber a dónde ir, sin tener nombre y algún motivo de existencia, pero eso cambió cuando te vi ese día en el bosque.

—El mismo día en que llegó Hiccup. —recordó Astrid

—Así es y aunque no supiera quién era, "Sir Allard" sintió atracción hacia ti, por eso ese día te siguió y ayudó, aunque luego al ver que tú atención estaba puesta sobre el herrero. —señaló a Hiccup. —¡Se acabó! pero luego volví a sentir atracción hacia otra criatura... ustedes sabrán de quién se trata.

—Yo no, ¡dímelo! —rogó Tuffnut zarandeándolo por el brazo, mientras que Ruffnut se limitaba a ver al techo y hacerse la desentendida.

—¡Ya déjame tonto! En fin, quiero salir de la isla para saber si hay algo más ahí para mí, y no sé tal vez que sea como la señora Valka, mamá de Hiccup. —terminó "Sir Allard" de brazos cruzados.

—¡¿Qué?! —se sonrojó Hiccup.

—¡¿Qué?! Sólo la vi un poco, pero debo decir que...

—Ay, ya cállate Snotlout. —silenció Fishlegs abochornado.

—Bien, ya escuchamos los motivos de casi todos, ¿Y tú Fishlegs? ¿cuáles serían tus motivos para irte? —preguntó Astrid.

El regordete suspiró.

—Me apena decirlo, pero los mismos que Snotlout y Ruffnut... no sé, sólo para probar suerte ya sea con la que quiero o con alguien más; como tú "comprenderás", aquí no hay oportunidad.

—Entiendo. —suspiró Astrid cabizbaja. —Entonces, creo que no queda de otra y aunque me duela, pueden irse.

Los cuatro amigos sonrieron levemente a su reina, por una parte, felices de que ella comprendiera y por otra entristecidos, pues mientras ellos podían conocer el mundo ella tenía que vivir permanentemente ahí.

Mientras tanto, Hiccup también se lamentó, ya que los piensos de sus amigos eran los mismos que él tuvo cuando recién se rompió el hechizo, la diferencia es que Astrid era la que no buscaba algo con alguien más que no fuera él, pero si las circunstancias hubieran sido otras, si ella hubiera querido ampliar sus opciones, él, con el dolor de su corazón, la hubiera dejado ir.

—Aww, pero no se pongan tristes. —trató de animar Ruffnut a la pareja. —No nos iremos por siempre, vendremos a visitarlos siempre que podamos.

—Y los recibiremos con gusto, sólo deben prometer no decirle a nadie sobre está isla, por favor. —pidió Astrid.

—Lo sabemos, es una promesa. —prometió Snotlout al igual que todos los demás.

—Bien ¿y cuándo tienen planeado marcharse y a dónde irán? —preguntó Hiccup.

—Bueno, esperábamos que tú nos ayudaras con eso, queremos irnos antes de que se ponga más intenso el verano. —respondió Ruffnut abanicándose con la mano debido al calor. —Berk sería un buen lugar para empezar, además que Tuffnut y yo debemos ver a nuestros verdaderos padres.

—Yo también debo ver a los míos. —dijo Fishlegs.

—Y yo...aunque Spitelout Jorgenson sea muy molesto. —siguió Snotlout.

—¿Astrid? —se volvió el jefe a su novia, ya que cuando se trataba de que saliera de la isla, la decisión la tomaban entre ambos.

En los cuatro meses que llevaban viviendo juntos, Hiccup sólo había volado a Berk (con la ayuda de Toothless) dos veces, la primera para invitar a su madre a vivir con ellos, a petición de Astrid, y la segunda para acudir a la ceremonia de Gobber, como jefe electo de Berk. Aquellas dos veces viajó de noche y volvió tan pronto como pudo al siguiente día, pues su hogar ya lo tenía establecido en Vanaheim.

—Acompáñalos, por favor. —concedió Astrid con una leve sonrisa. —Prepara con Toothless un equipo de dragones que puedan llevarlos, y aprovecha para insistirle otra vez a tu madre que puede venirse a vivir aquí.

—Claro lo haré. —besó Hiccup su mano. —Aunque no te prometo nada, ya ves lo que me contestó en las ocasiones anteriores.

—Sí lo sé. —recordó risueña pues la mamá de Hiccup siempre les daba una negativa con la excusa de que ellos debían hacer su vida.

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Días después…

—Ay, qué triste que no nos hayan dejado hacerles una fiesta de despedida. — se lamentó Poppy en el hombro derecho de Astrid.

—Eso es porque ellos no quieren que se considere una despedida como tal. —regañó Branch que estaba en el hombro izquierdo. —Además prometieron que volverían.

Eso no quiere decir que no sea triste. —se lamentó Stormfly también.

Los voy a extrañar mucho. —gimoteó Pihc a un lado de su madre.

Astrid sólo permaneció en silencio, escuchando los lamentosos sonidos de los trolls, gnomos y hadas, así como los gruñidos de dragones en medio de la oscuridad de la playa que muy apenas era iluminada por la pequeña lamparita que llevaba y por la luminiscencia de las alas de las hadas y lamparitas de los trolls.

Mientras que cerca del límite de donde podía llegar estaba Hiccup dándoles indicaciones a sus amigos y dragones que los acompañarían. Los dragones que los asistirían serían Barf y Belch quienes llevarían a los gemelos, Hookfang que, en el periodo post-hechizo, estableció un tipo y extraño modo de amistad con Snotlout y finalmente Meatlug que ayudaría a Fishlegs ya que también se habían hecho buenos amigos.

Cuando Hiccup y Toothless terminaron de dar las indicaciones, invitó a Astrid y a los demás a despedirse. La reina entonces se acercó y detrás de ella, Kaiser, las hadas, gnomos y trolls.

—Bien, ha llegado la hora. —resopló Ruffnut con los ojos llorosos.

—Cuídate mucho, hijita. —se despidió la reina posicionándose en su palma al igual que sus hermanas.

—Te vamos a extrañar. —le dijo Atali aguantándose las ganas de sollozar.

La única que no decía nada era Mala, que más bien parecía estar reprimida desde su lugar y desviando su mirada de su gigantesca hermana menor.

—¿Mala? —llamó la gemela pensando que estaba enojada con ella.

—¡Ay, está bien! —explotó el hada defensora con lagrimitas que limpió con rudeza. —¡Yo también te extrañare y mucho, hermanita! —se acercó a su mejilla. —Promete que volverás.

—Claro que sí. —sollozó Ruffnut feliz abrazando entre sus manos a su familia.

Yo también los extrañaré Lavander y Bo. —se acercó Kaiser dirigiéndose hacia la ex hada y el ex gnomo que estaba a un lado de ella. —Gracias a ustedes encontré mi camino.

Como estos le entendían, desconocían que el lobo los seguía llamando con sus anteriores nombres.

—¿Quién me traduce, por favor? —pidió Ruffnut.

—Se dirige a ti y a ese muchacho gordo. —respondió Mala. —Dice que los extrañará y que gracias a ustedes encontró su camino.

—¡Oh!... ¡lindo Kaiser!, lindo lobito. —lo abrazó Ruffnut. —¡Muchas gracias!

—Ay no quiero, pero lo haré waaaa... Te extrañaré Kaisercito. — chilló Fishlegs echándose encima de él.

Y mientras que los demás se despedían de sus respectivos conocidos, Astrid por petición de Poppy se acercó a donde estaba el despistado gemelo.

—Ay Cooper, digo Tuffnut... ¿ahora quién me hará segundas en mis locuras? —chilló Poppy limpiándose los moquillos con un pañuelito.

—¡Lo sé! —se lamentó dramáticamente el muchacho. —Porque con el amargado de Branch no se puede.

—¡Oye, estoy aquí! ¿Qué no ves? —reclamó el aludido.

—Tengo un ojo malo, este. —señaló el gemelo uno de sus ojos.

El amargado sólo resopló rodando los ojos, mientras Poppy y las demás se reían de las locuras del gemelo, que de los cuatro que se marchaban era el que más había conservado su personalidad.

—Nunca cambies Tuff, cuídate mucho, todos ustedes. —se dirigió Astrid a todos sus amigos —Espero que tengan buen viaje, y también que nos volvamos a ver.

—Lo mismo Astrid, sé feliz con Hiccup, aunque ahorita te lo quitemos. —bromeó Ruffnut subiendo al cremallerus.

—Sí, se muy feliz… aunque no sea conmigo, lo siento, pero perdiste tu oportunidad. —fanfarroneó Snotlout subiendo en Hookfang.

—Lo mismo amiguita, y cuida mucho a esta trollecita. —acarició Tuffnut a Poppy con su dedo antes de subirse al cuello del otro cremallerus.

—Ahhh… yo dije que no lloraría, pero ¡también te extrañaré! —chilló Fishlegs desde el cremallerus. —Y gracias por ese favorcito. —susurró disimuladamente.

Ya listos los jinetes en sus respectivos dragones y de haberse despedido de su amiga, Hiccup ultimó los detalles y se dirigió a Astrid.

—Volveré en dos días ¿está bien? —recordó tomando sus manos.

—Sí, y dile a tu madre otra vez... ya sabes.

—Seguro. —besó Hiccup su mejilla y con pesar soltó sus manos para dirigirse hacia donde Toothless esperaba.

¡Cuídame a mi familia BellaAstrid! —gruñó este.

—Traducción Hiccup por favor. —pidió Astrid no muy segura de lo que su protegido le había gruñido.

—Dice Toothless que cuides a su familia "BellaA" — pero antes de que pudiera terminar su compañero lo golpeó con su oreja. —¡Digo "BestiAstrid"!

La nombrada BestiAstrid resopló rodando los ojos.

—Eso no tienes por qué pedirlo, por supuesto que lo haré... ¡Ya váyanse!

—¡Buenas noches amigos! ¡Nos vemos! —se despidieron todos al momento que los dragones alzaron el vuelo.

Los que se quedaron, sólo extendieron sus manos o agitaron sus colas despidiéndose entre gritos y sollozos, y por supuesto les desearon un buen viaje y una nueva y mejor vida.

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—Ay, pensé que nunca me podría apartar de esa isla, pero ahora veo que sí. —suspiró Snotlout desde las alturas.

—Sí, ay... no llevo ni cinco minutos y ya extraño a todos. —lloró Ruffnut.

—Yo también. —concordó su hermano.

—Por cierto, Fishlegs no vi que tu familia fuera a despedirse de ti. —señaló Snotlout al único que parecía muy tranquilo.

—Eh... ¿qué? ¡¿qué?! Ah... es que...

—¡Estamos aquí! —salieron inesperadamente tres gnomos de la bolsa de su montura.

—¡¿Qué?! ¿Qué hacen aquí?! —exclamó Ruffnut sorprendida.

—¿Pues qué parece? Acompañaremos en su travesía a nuestro hijo, y la reina Astrid nos dio permiso... —respondió el padre de Bo/Fishlegs.

—Oh... vaya, no sabía que teníamos esa opción, para la otra me llevaré a quién será... tal vez a Arroyin, pero para dejarlo en una isla abandonada. —planeó Tuffnut sobando sus manos.

—Chicos, atentos. —pidió Hiccup, quien iba al frente. —Recuerden que en unos momentos nos elevaremos más alto para evitar ser vistos por piratas o marineros que anden rondando por ahí.

—¡Entendido jefe! —recitaron todos al mismo tiempo, para gusto de Hiccup que solo esperaba que sus amigos no se corrompieran demasiado en la sociedad humana, pues al igual que Astrid eran demasiado inocentes.

—Amigo, a toda velocidad. —pidió a su compañero de vuelo con un toquecito.

—Entendido jefe, ¡sostente fuerte!

En medio de la penumbra y soledad del vasto océano, los dragones ascendieron más y aceleraron su marcha en dirección a Berk, mientras que lejos de ellos una tormenta de verano se empezaba a formar.

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El viaje de Vanaheim a Berk transcurrió tranquilamente, una vez que los viajeros llegaron y se cercioraron de que no hubiera visitantes foráneos, se permitieron integrarse a la sociedad en conjunto con los dragones.

Los gemelos, Snotlout y Fishlegs no tardaron en dar con sus familiares, cuando esto sucedió el grupo se dividió como era de esperarse, lo que le dio oportunidad al heredero de Berk (aun por derecho de nacimiento) de reunirse con su madre y amigos.

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—¿Y cómo está Astrid, hijo? ¿Ya no tiene problemas para caminar? —preguntó Valka ofreciéndole una bebida en un tarro.

—Sí… ¿Ya llegaste a segunda base con ella? ¿O sólo siguen dándose tiernos besitos que reconstruyen islas?

—¡Camicazi! —regañó Heather pateándola por debajo de la mesa. —Esas cosas no se preguntan... pero si Hiccup quiere contarnos. —dijo insinuante mientras veía a su sonrojado amigo.

—¡Ay como son ustedes dos!, esas cosas son privadas. —regañó Liris a ambas. —Hiccup es un caballero.

—Gracias Liris. —gruñó el caballero entre dientes. —Y contestando a su pregunta Camicazi y Heather: ¡QUE LES IMPORTA! Y mamá con respecto a lo que me preguntaste, Astrid está bien, estaba un poco triste por lo de Ruff y los demás, pero también fue muy comprensiva; y con lo de caminar, no ha tenido problemas, aunque de repente se cae porque piensa que todavía tiene esa cola.

—Ya veo. Por cierto, tengo algunas, o más bien ¡muchas cosas! Que quiero que le lleves.

—¿Cosas?

—Cierto, tu mamá y las chicas han hecho compras con los mercaderes que vienen y todo para tu dulce reina, ya sabes: ropa, accesorios, pinturas, algunas armas y otras cosas. —contó Gobber.

—¡Wow! Muchas gracias, aunque ma', Astrid aún insiste en que vayas a vivir con nosotros.

—¡Ay no!, ¿cómo crees? —respondió Valka esculcando entre las cosas de una caja de madera. —Ahora que sus amigos no van a estar, tú y ella serán los únicos humanos que vivirán ahí, disfruten de su relación.

—¡Uy, picaron! —pellizcó Camicazi su mejilla. —Van a vivir como los cuentos de esos hombres de tierras lejanas de los que hemos escuchado. ¿Cómo es que se hacen llamar?

—Cris...o cato algo. —trató de recordar Heather.

—Ahh, recuerdo esa historia. ¿Te refieres al cuento del hombre y la mujer que viven en un paraíso desnudos y rodeados de animales? —preguntó Liris.

—¡Ese exactamente! ¿Cómo se llamaban los tipos?

—Algo con A... uno de ellos...—trató de recordar la seid.

—Bueno da igual, aquí será "A" y "H", viviendo en la jungla o lo que sea, como los dioses los trajeron al mundo. —suspiró Camicazi ensoñada imaginándose tal paraíso y a su amigo y su reina sólo con hojitas de árbol cubriendo sus partecitas.

—Ay dioses, no puedo con esto. —resopló Hiccup totalmente enrojecido.

—Ah... pequeño pillín, ¡ya te vi! —golpeó la rubia sus costillas. —Te lo estás imaginando ¿verdad? Tu dulce, preciosa e inocente reina sobre un lecho de pétalos rosas y tú como un pervertido dragón feroz echándose encima de ella.

—Ya cállate Camicazi. —gruñó Hiccup entre dientes. —Astrid no es de esas chicas.

—Eso es obvio, porque no sabe nada de eso debido a que ha estado y seguirá atrapada siempre en ese lugar. —terminó Heather dándole un sorbo a su bebida, aunque rápidamente se arrepintió al ver que todo el mundo se puso serio. —Ay Hiccup, lo siento... no quise decirlo así.

—No, descuida. —suspiró Hiccup con el ceño fruncido.

—¿Aún te preocupa que no pueda salir de esa isla? —preguntó Valka poniendo una mano sobre su hombro.

—Sí, me preocupa que algún día alguien pueda llegar a intentar invadir la isla o que ocurra un desastre natural, no sé, terremotos, ciclones, algo que destruya la isla y que ella no pueda salir.

—Entiendo, aunque no me cabe en mi cabeza cómo es que no puede hacerlo. —comentó Gobber.

—Exploramos la isla juntos y es como si una cúpula invisible la cubriera, e incluso volando tiene un tope, casi se muere otra vez porque cayó de Stormfly una vez que salieron a explorar juntas.

—Oh, entonces la situación es grave, pero Hiccup no debes angustiarte tanto, las cosas que mencionan hay una baja probabilidad de que pasen, bueno al menos eso creo. —trató de animarlo Liris.

—Lo sé, pero aun así me siento mal, es decir, yo estoy aquí conviviendo con ustedes y ella allá ... sólo espero que esté bien.

—Ya tranquilo. —lo confortó Valka masajeando sus hombros. —Mejor ayúdame a organizar lo que creas que a ella le puede gustar ¿sí?

El ex jefe de Berk tomó su mano y asintió.

—Pero primero iré con Toothless, que, aunque no lo admita, es otro preocupón de primera.

Terminando con su bebida de un solo golpe, el heredero de Berk salió de la casa para encontrarse con el dragón, el cual descansaba en el pórtico de la casa, o al menos eso parecía.

—Hey amigo. ¿no quieres comer algo? —preguntó Hiccup al notarlo extraño.

—No, tus amigos ya me dieron bastante... estoy lleno.

—Bueno, entonces ¿por qué no tomas una siesta? Mientras yo ayudaré a organizar unas cosas que mi madre le quiere dar a Astrid.

—Está bien. —respondió el dragón pensante sin quitar su vista del más allá.

—¿Pasa algo amigo?

—Nada alarmante, sólo que siento las corrientes de aire y del mar extrañas. ¿no lo sientes?

Hiccup miró hacia donde su amigo lo hacía y vio al mar un poco agitado ya que las olas eran más grandes de lo normal, y también sintió la brisa muy fuerte y fresca para un día de verano, pero era normal en Berk en esa temporada, que es generalmente cuando llovía.

—Probablemente una tormenta se acerca, creo que lo mejor será partir esta noche y no mañana como lo teníamos planeado, ya que puede que nos sorprenda y nos impida irnos.

—Sí por favor. —dijo Toothless volviéndose hacia él. —Así también suele sentirse cuando va a llover en nuestro hogar, y a veces es bastante fuerte.

—No me pareció que fuera así el año pasado.

—Estuvo tranquilo, pero en años pasados las tormentas han sido desastrosas.

Hiccup se preocupó por lo que su amigo le contó, se volvió nuevamente hacia el más allá mentalmente rezando y rogando porque Astrid y todo los demás estuvieran bien.

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Vanaheim.

—¡Ay, no! ¡Esto es horrible! El agua ya cubrió una parte de gran árbol. —gritó Poppy espantada viendo desde la ventana de la habitación de Astrid como aquella tormenta que los había sorprendido en plena tarde hacía y deshacía todo en el exterior.

—Aléjate de las ventanas Poppy. —pidió Astrid mientras reforzaba una de las ventanas con unos tablones de madera que clavaba frente a estas. —Mejor ayúdame a ver que todos se encuentren bien, esta tormenta no atrapó de la nada y con la restructuración de la isla no tenemos idea de cómo se comportarán los nuevos ríos y lagos.

—Entendido, ¡ay! iré a buscar a ese Branch qué es el que puede ayudar a montar todo un operativo de seguridad. ¡¿Dónde está cuándo se le necesita?!

Astrid sólo escuchó como su pequeña amiga se alejaba diciendo no sabría que tantas cosas; una vez que se quedó sola, también se asomó por la ventana viendo como todos los arboles a lo lejos se agitaban por lo feroz del viento; sólo esperaba que aquella tormenta no hubiera alcanzado a Hiccup y los demás.

Sintiendo angustia por no saber cómo estaba su novio y los demás, selló con pesar la última ventaba de su habitación; sin embargo, al cabo de unos minutos de haber terminado, el sonido de unos cristales rompiéndose en la parte inferior la alarmaron.

Su trabajo aún no había terminado.

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¡Vamos! ¡Salgan rápido de aquí! —advertía Stormfly tratando de proteger con sus alas a los que estaban en el salón donde unos cristales se habían roto por la fuerza del viento.

La mayoría de los presentes eran trolls y gnomos, que al verse en peligro rápidamente corrieron al salón donde se alojaban los dragones. Y mientras los pequeños salían, Astrid se apresuró en entrar para analizar la situación, pero tan pronto lo hizo sintió como la fuerza del aire acompañada de agua la empujó.

—¡Stormfly! ¡¿Qué pasó?! —gritó acercándose poco a poco a la nadder.

La dragona sólo gruñó y se alborotó a su alrededor, que para infortunio de Astrid no entendió nada de lo que le dijo.

—¡Está bien! ¡Yo lo arreglo! ¡Ve a refugiarte! —ordenó esta saliendo del salón para ir por su material.

¡No, Astrid! Lo que te decía es que teníamos que salir de aquí. —refunfuñó la dragona siguiéndola.

Pero la reina no la entendió, fue por sus tablas, martillo y clavos y volvió al salón para cubrir los huecos por donde entraba el agua y viento.

Viendo Stormfly que su amiga no le haría caso, la ayudó en su cometido; sosteniendo las tablas con su cabeza mientras ella martillaba; de ventana en ventana calmaron la furia de lluvia que en entraba y en menos de una hora, terminaron de sellar todo aquel salón, sin embargo, ambas habían terminado empapadas.

—Bien Stormfly, ve con los demás, busca que los bebés estén bien, deben estar asustados con tanta agitación, yo seguiré sellando más ventanas y puertas del castillo. —ordenó Astrid mientras se exprimía el agua de la ropa.

Oh, sí. Pero ¿no crees que deberías cambiarte primero?

—Muchas gracias Stormfly, siempre puedo contar contigo. —respondió Astrid saliendo apresuradamente del salón.

La dragona resopló al verla irse. El problema de comunicación era un gran problema cuando Hiccup no estaba.

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Al cabo de unas horas, ya siendo de madrugada, Astrid dio por terminada su labor cuando selló la ventana de su torre, para ese entonces la lluvia se había calmado y la ropa que llevaba puesta se había secado un poco.

—Bien, creo que es todo... ¡achuu!

Hasta que no estornudó no fue consciente de la temperatura de su cuerpo, estaba helada y estando en lo más alto de la torre sintió más frio debido al frescor del aire que penetraba por las partes más pequeñas.

¿Por qué su cuerpo reaccionaba así? Se preguntó, ya que durante su vida de bestia su cuerpo generalmente no reaccionaba de esa manera con el soplar de una brisa fresca.

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—¡Astrid, estás hecha un desastre! —exclamó Poppy al ver a su amiga toda sucia y con la ropa mojada.

—Sí, lo sé, lo sé... tomaré un baño y me cambiaré... me siento algo rara, tengo escalofríos.

—Ay no, ¿segura que te encuentras bien?

—Muy segura. —aseguró Astrid con una sonrisa. —Puedes irte a descansar, ya es muy tarde.

—Ok, sólo estaba esperando a que llegaras a tu habitación, ya lo hiciste, ahora sí puedo ir a dormir. —bostezó la cansada troll.

La reina se despidió con la mano de su amiga, una vez que se fue, entró al cuarto de lavado, sin embargo había olvidado que debía llevar agua a la tina y también pedir a Stormfly que la calentara; en el exterior aún seguía lloviendo, por lo que no podía salir, así que sólo cambió de ropa y se metió entre las sabanas de la cama, esperando que el frio que sentía se le quitara por sí solo.

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—Ay dioses, ¿qué pasó aquí? —susurró Hiccup al ver todos los jardines destruidos.

Recién llegaba con Toothless y los demás dragones, y se encontró con el castillo hecho un caos.

El cielo a comparación del día anterior, tenía unos tonos rosados que poco a poco se tornaban más azulados conforme el sol se levantaba, mientras que el viento corría aun fuerte y refrescantemente para pleno verano.

—Lo que me temía, una tormenta de verano. —resopló Toothless

—¿Tormenta de verano?

—Sí, es una tormenta pasajera que azota la isla, me he dado cuenta de que generalmente es un año sí y un año no, pero cuando pasa, hace de todo un caos, como puedes ver.

—Uff... ya veo, pues no queda de otra más que reconstruir. —resopló Hiccup. —Vayan todos con sus familias, vean que se encuentren bien.

Los dragones rápidamente acataron las órdenes del jefe y se adentraron al castillo presurosos, mientras que Toothless y Hiccup fueron a la par, y apenas estaban entrando cuando fueron sorprendidos por Branch y Poppy.

—¡Hiccup, volviste! —exclamó la rosada feliz de verlo.

—Antes de lo esperado. —dijo Branch de brazos cruzados.

—Sí, Toothless tenía un mal presentimiento con respecto al clima, y creo que no se equivocó.

—Ay no, estuvo horrible... si hubieras visto, el viento feroz, cristales rompiéndose por todos lados, pero gracias al dios, Astrid selló todas las ventanas y entradas, aunque pobre, no terminó hasta la madrugada, ¡¿Y todo para qué?! Ya ni está lloviendo. —dramatizó la refunfuñona troll.

Hiccup apenas preguntaría si su novia estaba bien, sin embargo, no fue necesario puesto que, en ese momento, Astrid estaba bajando las escaleras.

—¡Hiccup, volviste! —exclamó al verlo y emocionada se apresuró a recibirlo.

El jefe la recibió con los brazos abiertos, generalmente así era cuando se iba, Astrid siempre lo recibía con un fuerte abrazo.

—Pensé que volverías mañana.

—No, eso es porque Toothless no pudo esperar, sintió un mal presentimiento y bueno, veo por qué...

—Todos estamos bien. —aclaró Astrid separándose de él.

Sin embargo, en ese momento Hiccup notó que su reina estaba un poco pálida, sólo sus mejillas estaban ligeramente sonrosadas.

—Astrid, ¿estás bien? —preguntó tocando su frente.

—Ah, me siento cansada y tengo frio, pero debe ser porque no estoy acostumbrada a este clima con este cuerpo y porque estuve trabajando toda la noche.

—Astrid, ¡estás ardiendo EN FIEBRE! —regañó Hiccup para su sorpresa, pues nunca le había gritado.

¡Oye cálmate! —lo regañó Toothless a él. —No tienes por qué gritarle a BellaAstrid así.

—Lo siento, lo siento...—susurró estresado.

Y para que no lo vieran así, tomó la mano de Astrid (la cual sintió que estaba helada) y la llevó de vuelta a la habitación, ante la preocupada mirada de los demás.

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—Hiccup… ¡oye! ¿qué te pasa? —preguntó Astrid una vez que llegaron a la habitación de ella.

—No quiero que enfermes más ¿está bien? —aclaró soltándola. —¿Qué acaso no sientes tu cuerpo diferente? Astrid, sé que pasaste años con un cuerpo como el de un reptil, ¡pero SIÉNTETE!... tu cuerpo te da señales de que algo no está bien, tu temperatura no debe ser ni tan baja ni tan alta.

La reina lo meditó con el ceño fruncido.

—¡Está bien! sí siento calor, pero tengo también mucho frío en los pies y las manos, pero no me siento enferma… ¡Achuu!

—¿Ves? ¡No que no! —resopló Hiccup fastidiado. —Más vale que vuelvas a la cama, debes descansar por el día de hoy.

—¿Descansar? Pero si ya dormí… y hay mucho que hacer, debo hacer el recuento de los daños. —replicó esta de brazos cruzados. —Ver que todos estén bien.

—¡Astrid me matas! Dije que no saldrás.

—Pero Hiccup...

—¡Por favor! —pidió exasperado y a punto de perder la paciencia.

Astrid tragó saliva, pues nunca lo había visto así, y pese a que su carácter autoritario siempre hacía que Hiccup cediera a sus órdenes parecía que esa vez no funcionaría, así que bufó molesta y se sentó en la cama de brazos cruzados.

—Gracias. —dijo Hiccup con sarcasmo. — Ponte cómoda, te prepararé algo de comer.

Sin verlo, Astrid dejó que se fuera, por una parte, estaba molesta pues creía que él exageraba con su trato, pero, por otra parte, suspiró emocionada al considerar que él la amaba demasiado como para cuidarla de esa forma tan exagerada, pensar en ello hizo que su temperatura se elevara más de lo normal y teniéndolo más presente en su cabeza hizo que se tambaleara atontada.

—Ay dioses, creo que si estoy enferma. —suspiró rendida.

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Aquel día pasó sin el mínimo problema, Hiccup cuidó con esmero a Astrid, quien en todo momento le decía que estaba bien, aunque no fuera cierto, tanto ella como él se dieron cuenta que la fiebre no cedía sino todo lo contrario.

Para cuando la noche llegó, Hiccup se vio en la necesidad de poner paños frescos en ella para bajar la temperatura.

—Ve a dormir Hiccup, ya estoy bien, te lo juro.

—No, me quedaré. —susurró este nada convencido.

Astrid no objetó sólo cerró los ojos por el cansancio que sentía, mientras se aferraba a la manta que Hiccup le había dado, pues le prohibió cubrirse demasiado para no aumentar la temperatura, a pesar de que ella tenía mucho frio.

Mientras tanto Hiccup, sólo la vio con pesar le preocupaba que la fiebre no disminuyera y si seguía así tendría que hacerla tomar un baño para bajarla.

Cuando Astrid se durmió, se permitió salir de la habitación para tomar un refrigerio y también para buscar algo que ayudara como medicamento. En Berk, generalmente uno acudía con la curandera, la cual sólo metía un montón de menjurjes en una botella, las agitaba y ¡santo remedio! Con esa formula te curabas en un par de días, pero para cada caso y cada enfermedad ponía ingredientes diferentes, así que no sabía exactamente qué cosas podrían ayudar a Astrid.

Hey Hiccup…— llamó Toothless sorprendiéndolo mientras esculcaba entre las provisiones que tenían en la cocina.

—Ay, Toothless… chicos, me asustaron. —susurró el espantado al ver que el dragón y su familia estaban ahí, así como Poppy y Branch.

¿Cómo está Astrid? —preguntó Stormfly preocupada.

—Empeorando, la fiebre no le baja… ¿la habían visto alguna vez así?

Todos negaron con su cabeza.

—En lo que llevamos viviendo con ella nunca la habíamos visto enferma, de hecho, parecía ser inmune a todo hasta que esos lobos la atacaron.

Hiccup recordó aquel día, sin embargo, esa vez había sido solo heridas la que la perjudicaron, pero ahora era algo que la atacaba por dentro.

—¿Y ustedes no tienen un remedio que pueda funcionar?

—No lo sabemos, al menos con los trolls, nuestras enfermedades no se parecen a las de ustedes. —respondió el amargado.

Y creo que con los dragones sería lo mismo, lo siento amigo. —se lamentó Toothless.

Y Hiccup… ¿Por qué no vamos a tu pueblo por un remedio? —opinó Pihc entrando en la conversación de adultos.

—Cierto… ¿por qué no vas? —concordó Branch con el saltarín dragón.

Opino lo mismo que ellos. ¡Vamos de inmediato! —animó Toothless.

Sin embargo, el jefe apretó sus manos, de sólo pensar que tardaría horas en hacerlo. ¿Quién la cuidaría entonces? ¿Y si en ese lapso algo le pasaba a Astrid?

Amigos, creo que debemos pensarlo bien primero. —opinó Stormfly al ver que su amigo humano parecía dudar con respecto al plan—¿Hiccup? ¿Tú qué opinas?

El aludido resopló.

—Denme oportunidad de tratarla con lo que encuentre aquí, si no funciona vamos de inmediato. Mejor ayúdenme a preguntar a las hadas y gnomos sobre si tienen algún remedio que podamos aplicar en ella.

Bueno, si así tú lo quieres…—refunfuñó Toothless no muy convencido. —¿Quieres que alguien te ayude a vigilarla mientras descansas?

—No será necesario, me quedaré en el piso de su habitación para cuidarla.

Bien, entonces nosotros iremos a recolectar información. ¡Andando todos! —apuró el líder de los dragones a los presentes.

—Gracias amigos. —susurró Hiccup una vez que sus amigos se fueron.

Una vez que regresó a la habitación de su novia; humedeció nuevamente el paño y se lo colocó en la frente la cual hervía al igual que el resto de su cuerpo, pero pese al calor Astrid temblaba como si se encontrara acostada sobre la nieve.

Viendo que era lo único que podía hacer en ese momento, Hiccup se echó en el piso y cerró los ojos para dormir, aunque fuera un poco.

Horas después el sonido del rechinar de la cama lo levantó de golpe. Adormilado, se sentó en el suelo viendo que era su reina, que se había levantado de la cama.

—Astrid… ¿estás bien? —se levantó rápidamente para asistirla.

—Hiccup… ¿qué haces aquí? —preguntó esta mareada, apenas podía mantenerse en su posición en la cama.

—¡Dioses! Estás hirviendo. —notó Hiccup al colocar su mano en su frente.

—No me siento bien, tengo mucho frio.

—Astrid, tenemos que bajar esa temperatura… tu cuerpo desvaría por la enfermedad. Prepararé la tina.

La reina muy apenas le prestó atención ya que se sentía realmente mal, y la sensación de tener frio picaba horriblemente en su cuerpo. Débilmente vio como Hiccup, en plena madrugada, preparaba la tina que tenía en su cuarto de lavado, llenándola de cubeta en cubeta hasta el tope.

—Ya está Astrid… entra por favor, ya te dejé unas prendas para que te las pongas una vez que salgas, procura no mojar tu cabello, pero si refresca tu rostro.

—¿No está caliente?

—No, lo mejor es que sea a temperatura ambiente, no está tan fría… te lo aseguro, así bajará más rápido la fiebre.

La débil reina, no le quedó de otra más que aguantarse, se adentró al cuarto de lavado cerrando la puerta tras de sí. Se desnudó, y al entrar al agua sintió como si miles de agujas hechas de hielo se enterraran en su cuerpo, una sensación horrible que le duró unos minutos, pero conforme su cuerpo se fue ambientando a la temperatura del agua lo encontró más refrescante.

Mientras tanto del otro lado de la puerta, Hiccup esperaba impaciente a que saliera, le había dicho que sólo se quedara unos minutos, hasta que su cuerpo quedara totalmente fresco. Al cabo de aquel tiempo, la puerta de la habitación de lavado se abrió con una Astrid un poco más aliviana.

—Tenías razón… me siento mejor. —le dijo mientras se deshacía el nudo que se había hecho en el cabello para no mojarlo.

—Bien, ahora intenta descansar otra vez ¿sí?

La ex bestia asintió muy apenas y se dirigió a su cama, en donde se echó con cuidando, evitando de que la bata que llevaba (una camisa de Hiccup) se elevara más de lo que debía, ahí se cubrió nuevamente con la sabana hasta el cuello pues seguía con esa sensación de frio.

—Astrid no te cubras. Debemos evitar que tu temperatura suba de nuevo.

—Pero tengo frio. —titiriteó esta desde su lugar. —Tengo mucho frio.

—Lo sé, resiste por favor…

Astrid asintió con pesar y se descubrió, pero aun así se puso en posición fetal con sus manos contra su pecho para resguardarse de aquel frio que sentía. Hiccup se mordió los labios, sintiéndose impotente ante aquella situación, más cuando Astrid en su delirio, soltó unas lagrimitas que rápidamente se limpió, debía sentirse muy mal como para que la enfermedad incluso la hiciera llorar.

—Lo siento. —la escuchó decir. — Soy una gran molestia ¿no? Si me cuidara como me dices esto no me estaría pasando.

—No, claro que no…estás cosas pasan, es de humanos enfermarse.

—¿Sí? ¿Tú te has enfermado así?

—Muchas veces, y mírame… aquí sigo y más fuerte que nunca. Hay un dicho que se dice por ahí: Lo que no te mata, te hace más fuerte. —dijo con una risita.

Astrid también rio.

—Espero que a mi me haga más fuerte. —suspiró cansada.

—Verás que sí. —se inclinó Hiccup hacia ella para darle un beso en la frente.

La reina sonrió complacida y cerró los ojos, aun temblando desde su posición, a Hiccup le preocupaba que no dejara de hacerlo y hasta dudó que dejarla tan descubierta fuera bueno. ¿Y si le causaba una hipotermia?

Pero ¿Qué debía hacer? Pensó mientras se acostaba en la cama con ella ya que no quería perderla de vista de ni un momento.

Astrid al sentir el bajón que dio la cama y que alguien estaba a un lado de ella, abrió los ojos encontrándose con los ojos verdes de su amado.

—Perdón…—le susurro este desde su lugar. —¿Puedo dormir contigo?

El corazón de la reina retumbó en ese momento, y el frio que sentía dejó de sentirlo al responder con un débil "Sí" y que Hiccup se le acercara para abrazarla. Sintió esa sensación de confort que sólo él podía brindarle y sintiéndose más protegida por él durmió con más tranquilidad.

Lo mismo pasando con Hiccup, que a pesar de saber que no era correcto lo que hacía, más que nada por la enfermedad, se aferró a ella con fuerza esperando que por la mañana todo volviera a ser como era.

Pero no sucedió.

Al día siguiente las cosas complicaron, a los síntomas se le añadieron la tos y la congestión nasal lo que estaba evitando que Astrid pudiera respirar con libertad y lo que empeora también su malestar y fiebre.

Y por si fuera poco, sus amigos no habían dado con algún remedio pues al igual que ellos, los gnomos y las hadas también tenían enfermedades muy diferentes a las de los humanos.

—Ay no, está empeorando ¿verdad? —se lamentó Poppy viendo con su amiga completamente pálida daba vueltas en la cama mientras tosía frenéticamente.

Mientras tanto, Hiccup estaba que se mordía no sólo las uñas si no los dedos por la ansiedad. Y por dentro reprochaba a la diosa Amaru por no dejarla salir, y se reprochaba a él mismo por no haber aceptado desde al principio la sugerencia de Pihc de ir a Berk.

—Ya no lo soporto. —se levantó de su asiento furioso. —Iré a Berk por un remedio.

—Oh sí, creo que es lo mejor… pero mientras… ¿qué hacemos con ella? —preguntó Poppy angustia y dudosa de que pudieran atenderla como él lo hacía.

—Trata de mantenerla fresca, que la temperatura no aumente más y ayúdenla y ¡ayúdala! A…a… reincorporarse si se empieza ahogar con su tos o no puede respirar y…y… también, también…

—Ok, ok… tranquilo, tranquilo… confía en mi… la cuidaré bien, tú ve por ese remedio, pero ¡Ya! —ordenó Poppy al ver al jefe desesperado.

Hiccup no dijo más, y salió corriendo de la habitación en busca de Toothless para ir de inmediato a Berk.

.

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Berk.

—¡Oye Valka! Tu hijo está aquí. —avisó el alarmado Gobber.

—¿Hiccup? —se alarmó la mujer pues era plena tarde para que llegara, cuando generalmente él viajaba de madrugada. —¿Dónde está?

—Con Gothi, llegó directamente ahí… no sé por qué.

—Algo debe hacer pasado. —se alarmó Valka. —¡Vamos Gobber!

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El impaciente Hiccup esperaba sentando en una pequeña silla a que la anciana terminara de escoger los ingredientes de su estación de trabajo, después de detallarle los síntomas de su novia, la curandera puso manos a la obra, pero a su parecer tardaba demasiado y cada minuto lo estaba contando.

—¡Hijo! —llegó Valka con Gobber y sus amigas. —¿Qué pasó? ¿Qué haces aquí?

Hiccup reprimió la respuesta debido al nudo que tenía en la garganta.

—Astrid ¿está bien? —preguntó Liris preocupada.

El jefe nuevamente no respondió y concentró su vista en la anciana la cual comenzaba a combinar los ingredientes en unos utensilios.

—Hiccup… ¿qué es lo que pasa? —lo incitó Valka a que se pusiera de pie y respondiera.

BellaAstrid enfermó… y está muy grave. —respondió Toothless por él.

—Oh… ya veo. —suspiró Valka mientras que los demás no entendieron nada. —Hijo… tranquilo. —zarandeó a Hiccup pues este seguía reprimiendo su sentir. —Vas a ver que se pondrá bien.

En ese momento, ya no aguantó más, y se echó a llorar en brazos de su madre.

—¡¿Y si se muere mamá?! ¡No he podido bajarle la fiebre! ¡No supe ni que darle, ni pude traerla aquí! ¡¿CÓMO?! ¡SI NO PUEDE SALIR DE ESA ISLA!

—Ya tranquilo muchacho, vas a ver que se pondrá bien… Gothi es una excelente curandera, ha curado a muchos vikingos y sin la necesidad de verlos. —lo consoló el jefe electo.

—Gobber tiene razón, y si no llévate a la anciana ¿Qué tiene? —ofreció Heather haciendo que Gothi se espantara.

—Ah, no creo que sea necesario…—observó Camicazi. —Creo que ya terminó.

La valkiria tenía razón, la anciana vació un liquido en una botella y la selló con un tapón de madera, luego tomó más ingredientes que puso en una bolsita y luego sacó un viejo librito de un cajón que desempolvó con un soplido; luego comenzó a escribir en la madera como solía hacerlo para comunicarse.

—A ver que dice…—leyó Gobber. —Dale a tu "ogra" … —luego un golpe en su cabeza. —quiero decir a tu "novia" esta infusión de hierbas, tres "cucarachas". —otro golpe en su cabeza. —Digo… "cucharadas" cada tres horas, durante tres días. Te hago entrega de una variedad de "indigentes" … digo, digo "ingredientes" —corrigió antes de recibir otro golpe. —Para que hagas algunos remedios por tu cuenta, así como mi "diario" personal, quiero decir ¡recetario! —corrigió al ser golpeado por tercera vez. —Recetario personal de remedios.

—Gracias Gothi. —tomó el lloroso Hiccup el remedio y los extras que la anciana le dio.

—Hiccup, también llévate esto. —le ofreció la seid un libro de botánica. —Tal vez si ambos conocen un poco más de hierbas puedan hacer sus propios medicamentos sin tener que salir de su isla.

—Gracias Liris. —tomó Hiccup el libro. —Y bueno como comprenderán, debo irme.

—Adelante hijo, y si no vuelves tomaremos eso como que Astrid ya se encuentra bien. ¿Está bien?

—Claro que sí, mamá. —subió Hiccup a Toothless. —¡Nos vemos! —gritó una vez que el dragón despegó a toda velocidad.

—¡ay, ay, aya! ¿Qué pasó? —llegaron apenas Ruffnut y los demás. —Escuchamos que Hiccup vino.

—Sí, pero ya se fue… no se preocupen. —dijo Valka a los amigos de Astrid, sin detallar el motivo de la visita de Hiccup, lo menos que quería era que ellos también se preocuparan.

.

.

.

Mientras tanto, las horas habían pasado en Vanaheim, pese a que Poppy, Branch e incluso Stormfly y Pihc trataron de reanimar a Astrid, sus esfuerzos fueron en vano, cuando esta ya no reaccionó y sólo se quedó recostada en la cama, sin temblar, sin toser, sin hacer nada más que respirar muy débilmente.

—Astrid por favor. —insistía Poppy retirándole el paño de la frente para tomar su temperatura.

—Está demasiado caliente. —notó Branch.

—Pero ¿qué podemos hacer? ¿Qué podemos hacer? —se alborotó Stormfly, ya que ella era la no podía hacer nada debido a su falta de brazos y por su enorme tamaño.

—Reina Astrid, despierte…—chilló Pihc restregándose con ella para hacer que se levantara, pero la ex bestia ni siquiera reaccionaba.

De repente, el singular sonido que emitía el furia nocturna se escuchó en las afueras, los que estaban en la habitación rápidamente se asomaron viendo que el dragón y el jefe habían llegado, y sin siquiera aterrizar se adentraron en el castillo, para segundos después escuchar como la puerta repentinamente se abría de golpe.

—¡¿Cómo está?! —preguntó el agitado Hiccup.

Desde hace una hora que no reacciona, Hiccup…ya no hace nada. —respondió la llorosa Stormfly.

—Ay, dioses. Astrid por favor. —se acercó el jefe para cargarla, viendo como esta sólo se desvanecía sin fuerza sobre su regazo.

—¿Tienes el remedio? —preguntó Branch apurado.

—Sí, pero quien sabe si a estas alturas funcione.

Pues hasta que no lo intentes, no lo sabremos. ¡Ándale! Dale la medicina. —apuró Toothless.

Hiccup no lo pensó dos veces, abrió la botella con la boca, y con su mano libre presionó la mandíbula de su novia para que abriera la boca y ahí vertió lo que calculó como tres cucharadas. La enferma al sentir una sensación de ahogamiento se despertó en un sobresalto, pero Hiccup le presionó la boca para evitar que la escupiera.

—Tranquila Astrid, trágalo… es medicina.

La débil reina apenas era consciente de su alrededor, pero obedeció y tomó con dificultad la medicina y luego se volvió a desvanecer sobre el regazo de su novio.

Ahora era cuestión de esperar, se lamentó Hiccup devolviéndola en la cama, donde la arropó con la sabana. Por esa noche volvería a dormir con ella, y no sólo él, todos sus amigos que no se querían retirar por la preocupación.

Durante las siguientes horas, el grupito se desveló cuidando el sueño de la reina, Toothless, Stormfly y Pihc acostados a un lado de la cama, mientras que Poppy y Branch vigilaban desde la ventana, mientras que Hiccup se quedó sentado a un lado de la cama.

Para cuando le dio la segunda dosis del medicamento, sus amigos se habían rendido al cansancio y lo mismo estaba pasando con él, así que cuando terminó de darle la dosis de medicina se acostó aun lado de su novia y como en la noche anterior, la abrazó con fuerza.

.

.

¿Qué hora era? ¿cuánto tiempo había dormido? Pensaba cierta reina, al abrir lentamente sus ojos; sin embargo, aquellos cuestionamientos se desvanecieron al verse sorpresivamente entre los brazos de su "querido".

¿Qué hacía Hiccup ahí con ella? Nunca habían dormido así de juntos, generalmente dormían lado a lado cuando se quedaban viendo las estrellas y la luna, pero jamás abrazados y menos en una cama, pero le gustó esa sensación, aunque también le provocaba mucha pena.

Posó una de sus manos sobre sus mejillas, para poder acariciarlo y apreciarlo como solía hacer cuando pasaban sus momentos a solas, en esos momentos en los que se comunicaban con puros besos, lejos de las curiosas miradas de los demás.

Como le fascinaban esos momentos, que era difícil resistirse no hacerlo ahora, en ese momento, cuando lo tenía justo frente a ella, con su boca entreabierta donde salían ligeros ronquidos.

Se estiró cuanto pudo y atrapó sus labios entreabiertos entre los suyos por una fracción de segundos pues su jefe durmiente, de inmediato se sobresaltó por el contacto.

—Buenos días. —le sonrió.

Pero Hiccup no respondió, sus ojos sólo se aguaron al verla.

—Ya estás bien. —suspiró él con alivio y como un pequeño niño la abrazó con fuerza.

—Ya me siento mejor. Muchas gracias por cuidarme.

Hiccup se separó de ella, para observarla una vez más mientras le peinaba delicadamente el flequillo con la mano; su lady aun no se recuperaba del todo, pero la seguiría cuidando con esmero hasta que se recuperara por completo, hasta que aquella enfermedad quedara sólo como un mal recuerdo y una enseñanza más de lo que les deparaba como el matrimonio que casi eran.

Fin.


Aclaración, este es un one shot 2x 1.

Review:

Vivi: tome tu solicitud a cuenta, que bueno que te haya gustado. Saludos.

Astrid fangirl: jajaja pobrecito, aunque se le calmó la euforía, pero tal vez le vuelva XD, según yo aun quedan dos o tres one shot de este fic. Saludos.

POP: No te preocupes, me alegra que te gusten. Saludos.

Maylu: jajaja como muchas buscan verlo XDD, soy mala con el doble sentido, me hacen bullying por eso, pero pues ya que. Saludos.

Diego: de que perderá su inocencia, la perderá y Hiccup se la quitará XDD, eso es seguro. Saludos.

Nefertari Queen: Sí, es más que nada drástica esa diosa porque mala no es, pero bueno alguien tenía que pagar por los platos rotos, además de que fue el precio por devolverle la vida. Saludos.

Daglas99: muchas gracias. Saludos.

A los favoritos, seguidores y anónimos hasta la próxima. Saludos.

23 de febrero de 2019