ADVERTENCIA: este capítulo contiene escenas y situaciones para adultos, menores absténganse de leer.

Del herrero y la bestia.

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La primera vez Pt 2.

—Ay no, por el dios. —Se golpeó Hiccup la frente.

—¿Qué? ¿Qué pasa? —preguntó Astrid confundida.

El nuevo rey de Vanaheim resopló.

—Es que le había pedido a mi mamá que te hablara específicamente sobre lo de esta noche, y no puedo creerlo, no lo hizo.

—Oh… y…—musitó Astrid con voz bajita.

—Supongo que me tocará recordártelo, es decir, decírtelo…—interrumpió Hiccup resoplando.

—¿Recordarme? ¿Recordar qué?

Hiccup inhaló y exhaló profundamente para luego mirarla fijamente con tanta seriedad que Astrid no pudo evitar tragar saliva por unos inesperados nervios que empezó a sentir.

—Astrid… —musitó comenzando a enrojecer. —¿Recuerdas cuando te expliqué… el cómo… se hacían los bebés?

En ese momento la reina de Vanaheim se sobresaltó y bajó la mirada apenada.

—Oh… sí, unas cosas…

—Bien…bueno, yo… es decir… Astrid, tú y yo…—la señaló. —Yo esperaba… ahora que estamos casados…

—¿Quieres que tengamos un bebé? —preguntó ella tímidamente.

Hiccup se sintió hervir y se coloró completamente.

—Bueno, ¡claro! ¡Digo! no ahora, es decir, cuando se dé y… ¡ay dioses! ¿qué estoy diciendo? —se cubrió el rostro sintiéndose torpe.

Mientras tanto, Astrid apretaba discretamente su vestido y se mordía los labios inquieta por los deseos de su marido, deseos que ella también quería; sin embargo, ¿cómo decírselo si no se sentía lista?

—Yo… yo… también quiero. —fue lo único que alcanzó a decir.

Escuchar aquello hizo vibrar el corazón del ex herrero, quien comenzó a sentir de repente una emoción indescriptible ante esa probabilidad, aunque…

—Sin embargo, Hiccup, ¿te importaría si sólo descansamos por el día de hoy? —pidió ella de repente.

—¿Qué?

—Sí, quisiera celebrar con todos los demás nuestro matrimonio y luego de eso… eh… pues ir a dormir. ¿Te molestaría? —preguntó precavidamente.

—Eh…no. —musitó Hiccup con cierta decepción en su voz.

—¿Seguro?

—Eh ¡No! ¡Quiero decir que no hay problema! Esperaremos, el tiempo que sea necesario. —rio él fingidamente.

La reina sonrió a su compás y de cierto modo se sintió aliviada.

—Gracias por comprender. Entonces ¿Qué esperamos? Vamos con los demás.

Sin esperar una respuesta, Astrid se apresuró a acudir a donde los demás curiosos estaban, mientras que Hiccup, aun en su lugar, no hizo más que resoplar con cansancio y seguirla, pero sobre todo eso, comprender que su esposa (aunque no le hubiera dicho) suponía no se sentía lista.

—Sí, vamos. —susurró para el mismo, corriendo en su dirección.

Mas tarde, esa noche…

El matrimonio por fin se había rendido al cansancio y pese a que los trolls habían insistido para que resistieran lo que faltaba de la noche, finalmente cedieron al agotamiento que sentían sus cuerpos.

—Esos trolls son insaciables. —opinó Hiccup mientras caminaba a la par de su esposa por los pasillos del castillo. —No puedo creer que después de estar bailando toda la noche aun tengan fuerzas para seguir festejando.

—Sí, y según Poppy aun quedan días para que termine la celebración. —rio Astrid, viendo su destino muy próximo a ella: la puerta de su habitación. —Bueno, ya después hablaremos, mañana por la mañana, ¡Buenas noches!

Hiccup frunció el entrecejo confundido pues de un momento a otro, Astrid se había adelantado y todo parecía indicar que pretendía entrar a su habitación sin él.

—¿Buenas noches? —repitió alcanzándola antes de que pudiera entrar. —Astrid…

—¿Qué? ¿Qué pasa? —preguntó ella sin atreverse a verlo.

—¿No quieres que durmamos juntos? Me refiero a dormir… nada más.

La reina se sobresaltó.

—Oh. —exclamó sin moverse de su sitio. —¿Quieres decir… en la misma cama? —preguntó con timidez.

—Sí, generalmente es así el matrimonio, pero… comprendo si tú no quieres.

Astrid tragó saliva.

—Oh, ¡no!… perdón, es que… no sabía. —se volvió hacia él con una tímida sonrisa. —Pero… ¿cómo le hacemos entonces? Es decir, ¿quieres que mi habitación… ahora sea… nuestra?

—Sí quieres. — le sonrió Hiccup comprensivamente. —O si quieres en la mía.

—Eh… mejor en la mía. —rio ella nerviosamente. —Ya estamos aquí. ¿No?

Con los nervios completamente controlados, la reina de Vanaheim se soltó de su mano para abrir la puerta a la habitación para que juntos entraran. Hiccup por una fracción de segundo, pensó en hacer la típica tradición de cargarla para llevarla hasta la cama, pero viendo como estaban todas las cosas, se limitó sólo en acompañarla.

—Bueno, escoge el lado de la cama que quieras eh… yo iré a cambiarme. —dijo Astrid mientras caminaba de reversa en dirección al cuarto de baño.

—¡Oh, cierto!… iré por mi ropa de dormir a mi habitación. —recordó Hiccup caminando del mismo modo en dirección a la salida. —Ahora vuelvo.

Astrid sintió alivio al verlo irse; sin embargo, no podía tranquilizar a su corazón, estaba demasiado nerviosa por lo que se suponía tenía que pasar esa noche y que no quería que pasara.

¿Pero cómo evitarlo?

Pensó en aquella pregunta hasta el momento en que Hiccup volvió ya vestido con su ropa de dormir y juntos se adentraron en la cama.

—Astrid… ¿puedo abrazarte?

La mencionada se mordió las uñas discretamente, le daba la espalda a su marido para evitar verlo a toda costa, algo que era muy fácil ya que las luces habían sido apagadas.

—¿Astrid?

—Sí, no hay problema. —respondió muy apenas sintiendo de repente como Hiccup la envolvía con sus brazos, algo que la puso demasiado tensa y más nerviosa.

—Tranquila. —susurró él al sentirla temblar. —Digo… no es la primera vez que dormimos así. ¿Recuerdas cuando enfermaste gravemente aquella vez y te cuidé?

—Sí. —sonrió ella encogiéndose dentro de sus brazos.

—Además así estaremos más calientitos, hace mucho frio ¿no crees?

Astrid volvió a reír tímidamente.

—Comienzo a sospechar que ya habías planeado esto desde hace mucho tiempo.

Hiccup se sobresaltó desde su lugar y no supo cómo responder ya que era cierto que su boda invernal tenía un propósito: el estar muy pero muy "juntitos".

—En fin… me agrada. —terminó Astrid cerrando los ojos para dormir.

"Que rápido se duerme" pensó el ex herrero ya que su esposa de repente se sintió más tranquila en sus brazos y ya no mencionó palabra, así que, no quedando de otra, él cerró sus ojos también. A diferencia de ella, él no se sentía cansado, y como no podía dormir en su mente repasó cada una de las cosas que había planeado para esa noche. Parecía tonto, pero realmente lo había ansiado y en su mente comenzó a reproducir unas escenas muy intimas donde él besaba y poseía con pasión el cuerpo de su esposa.

Mientras que su contraparte, que en apariencia parecía que dormía plácidamente, mostró que era todo lo contrario y con ojos abiertos sólo recordaba el motivo por el cual no podía ser aun la mujer de Hiccup Haddock.

Era la mañana del día su boda, los invitados, antiguos habitantes de Nomen /Vanaheim, trabajan en conjunto con dragones, trolls, hada, gnomos y lobos para terminar los últimos detalles de la boda.

Astrid se encontraba con su suegra y amigas de su esposo viendo los detallitos faltantes de su vestido, cuando durante ese lapsus, Atali y otras hadas fueron a informarle que unos pixies estaban haciendo de las suyas en el lago. Ella, como la reina que era, acudió rápidamente, dejando pausado una conversación con su suegra.

A su brigada se le unieron Camicazi, Heather y Liris, las primera dos se peleaban por la palabra de una conversación a la que no les estaba poniendo demasiado atención, pero que era aparentemente de lo mismo que quería hablar su suegra con ella, pero como su mente estaba más concentrada en terminar los conflictos con los pixies terminó por ignorarlas y Camicazi y Heather terminaron alejadas de su brigada por estar peleando entre ellas.

Una vez resuelta la disputa con los pixies, que no era más que unos problemas por el territorio del lago alrededor del castillo, mandó al resto de su brigada a continuar ayudando con los detalles de la boda, cuando estos se retiraron, se dio cuenta que sólo la seid de Berk estaba con ella.

¿Y Camicazi y Heather?

Las perdimos desde hace rato Astrid, se quedaron atrás por estar discutiendo entre ellas ¿No te diste cuenta? —respondió Liris.

Oh, no… estaban pensando demasiado en lo que querían esos pixies y a la vez en la boda que no les puse mucha atención. Que tonta soy.

Claro que no, sólo que te preocupas demasiado por tu pueblo, y supongo que también debes estar nerviosa con el asunto de la boda y lo que pasará después.

Sí, sí… eh… ¿a que te refieres con lo que "pasará después"? ¿Te refieres a la ceremonia y la fiesta?

La seid se sobresaltó sonrojada.

Ah, ¡no! Me refiero a lo que la señora Valka, Camicazi y Heather trataron de explicarte… y…

La reina no comprendió y sólo negó con la cabeza dándole a entender que no entendía nada de lo que hablaba.

Ay Astrid, me refiero a tu noche de bodas…—susurró la seid avergonzada. —Hiccup y tú… bueno, van… a intimar.

—"Intimar". —pensó Astrid recordando la última vez que había escuchado esa palabra y su mente rápidamente le trajo recuerdos de la vez en la que su futuro esposo le platicó sobre cómo se hacían los bebés—¡Es cierto!

¿Qué cosa? ¿Ya sabes lo que pasará entonces?

Sí, Hiccup me lo explicó una vez… él tiene que poner su…

¡Sí, sí! ¡Eso! —detuvo Liris apenada. —Bueno, que bueno que ya lo sabes, así será más fácil para ambos y no te asustarás tanto. —exhaló Liris aliviada.

¿Por qué debería asustarme? Es así como los dragones ¿no? Me refiero a su época de apareamiento, después tendremos a nuestros bebés.

Sí, sí ¡claro! Con el intimar vienen los bebés… pero yo hablaba por lo que ya sabes, el dolor, la sangre y eso… lo bueno que aquí tú no tienes la regla de que atestigüen la consumación ni nada por el estilo como en otros lugares.

Espera… a ¿qué te refieres con eso?

La seid detuvo su caminata y vio en el rostro de su antigua rival gran confusión con lo que acababa de decir.

Eh… me refiero a… tú sabes… Hiccup ya te explicó ¿no?

Él sólo me explicó lo que hacía una mujer y un hombre cuando intimaban, pero nunca mencionó sangre o dolor ni que alguien tuviera que vernos.

Ah… tranquila, eso de que alguien los viera son costumbres de otras tribus, y bueno lo de la sangre y el dolor… eh… creo que mejor deberían explicártelo la señora Valka, Heather o Camicazi, porque creo que Hiccup omitió esa parte.

No, explícamelo tú, por favor. —rogó la rubia angustiada.

Ay Astrid, es que yo no puedo, porque no sé exactamente… es sólo lo que he escuchado. Y la señora Valka y Camicazi pues… ya tienen experiencia.

No, es que me daría pena preguntarles directamente eso, por favor, sólo dime lo que has escuchado.

La seid resopló viendo el ruego en los ojos de la reina y que eran persistentes que terminó por aceptar.

Está bien, pero prométeme que si tienes más dudas irás con la señora Valka y le preguntarás.

Astrid asintió estando de acuerdo con el trato, mientras que Liris sólo dio un resoplido y le contó con detalle lo que ella había escuchado acerca de la consumación por primera vez.

No quería que le doliera, no quería que la lastimara, ese era el motivo por el cual no podía ser su mujer, pensaba Astrid aun en la penumbra de la habitación.

Después de lo que Liris le había dicho había optado por no preguntar más a pesar de que tenía dudas, y le pidió y rogó a la seid porque no dijera nada de lo que habían hablado.

Liris no se había quedado muy convencida, pero como seid, acató su petición como su fuera una confesión y se guardó su conversación para si misma.

Ahora, ¿cómo era que le diría a Hiccup que nunca intimaría con él? Esa era su nuevo dilema.

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En un mundo imaginario, en un espacio completamente iluminado de blanco y casi vacío, en una enorme cama se sabanas blancas, un hombre y una mujer completamente desnudos consumían su amor apasionadamente. Él la tenía en sus brazos sobre su regazo y la besaba fieramente por todas partes, ella lo disfrutaba y pedía más mientras él la complacía.

Era todo hermoso para el varón en ese momento, cuando de repente empezó a sentir que pronto terminaría y…

Abrió sus ojos, su espacio en blanco se había reducido a una habitación muy poco iluminada debido a las cortinas que cubrían las ventanas, la mujer de sus sueños yacía acostada con su pijama puesta a un lado de él completamente ignorante de lo que él estaba soñando, pero había algo más y algo que aparentemente si recordaba lo que había pasado y ahora se asomaba vergonzosamente (para él) por debajo de su ropa.

—¡Santos dioses! —exclamó dándose una vuelta que hizo que se cayera de la cama.

Tal fue el ruido que levantó a su compañera, quien exaltada lo buscó preocupada.

—¿Hiccup?

—¡Hola Astrid, hola Astrid, hola Astrid! —saludó este nervioso poniéndose de pie, aunque encorvado, yendo directamente al cuarto de baño.

—¿Qué pasó? ¿Te lastimaste? ¿Te duele algo? —preguntó ella preocupada dispuesta a ir a ayudarlo.

—No, todo bien… tú quédate ahí… no te me acerques. —pidió este entre dientes mientras se encerraba rápidamente en el cuarto anexo.

Astrid no supo porque, pero había sentido rechazo de su parte y temió que fuera por lo que le había pedido que no hicieran, pero ¿cómo saberlo? su esposo se había encerrado en la habitación y tardó buen tiempo en salir, para cuando salió, ella se había recostado otra vez en la cama y ni tiempo le dio para hablar con él, pues Hiccup salió rápidamente de la habitación sin decirle nada.

Como estaba preocupada, no dudó en salir a buscarlo, mas Hiccup se le había adelantado demasiado que cuando lo encontró, este se había encerrado en su anterior habitación. Aun así, fue a esta y pacientemente tocó la puerta.

—Hiccup… seguro ¿estás bien?

Eh… si Astrid, sólo un pequeño percance mañanero. —respondió él con tranquilidad.

—¿Qué cosa? ¿Hay algo en lo que te pueda ayudar?

Lo dudo. —lo escuchó balbucear. —Lo siento, es decir… pff… mejor olvidémoslo ¿sí?

—Hiccup ¿qué pasa? Déjame entrar… —tocó un par de veces la puerta insistentemente.

En ese momento, la puerta se abrió mostrando a su esposo ya vestido aparentemente para salir a su vuelo matutino.

—Estoy bien Astrid, no te preocupes…

—Pero…

—Escucha, no quiero hablar al respecto, preferiría quedármelo para mi mismo, no insistas. —besó su frente. —Iré con Toothless y Pihc a volar. —se despidió pasando a un lado de ella y prácticamente ignorando su preocupación.

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—¡Estúpido, estúpido, estúpido! —gritaba Hiccup desde las alturas.

—Ya amigo, ¿qué tienes? —preguntó Toothless confundido mientras volaba a la par con el ya crecido Pihc.

—Cosas humanos amigo, y muy vergonzosas… me siento realmente apenado, y más teniendo a Astrid ahí conmigo. Me siento demasiado ansioso.

—No estoy entiendo nada de lo que balbuceas y creo que, aunque te lo preguntara tampoco me lo dirías, así que sólo puedo decirte, relájate y trata de llevar las cosas con calma con ella, porque sospecho que la BestiAstrid tiene qué ver algo con todo esto.

—Preferiría no hablar al respecto, sin embargo, tu consejo es muy bueno creo que así lo haré, pero…—exhaló. —ponerlo en práctica será difícil.

—Lo harás bien. —comentó Pihc. —Y siempre puedes contar con la reina Astrid para lo que sea.

—Creo que en esto no. —balbuceó el herrero entre dientes; sin embargo, mientras miraba al cielo nublado determinó que, así como Toothless lo había sugerido, llevaría las cosas con total calma hasta que Astrid estuviera lista.

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Ocho semanas después…

Las cosas habían cambiado demasiado desde que se habían casado, pensaba Astrid mientras reflexionaba sobre las últimas semanas. La relación que tenía con su esposo era muy diferente a la habían tenido cuando eran novios.

Cuando recién habían comenzado su relación, solían caminar, hablar por horas y por supuesto esconderse por algún rincón del castillo o del bosque para besarse todo lo que quisieran, pero desde el matrimonio, todo eso había cambiado, si bien ahora dormía con Hiccup y era algo lindo, algo en su relación se había apagado, ella ponía sus limites debido al miedo que tenía por consumar el matrimonio y él extrañamente también ponía otros limites al no permitirle besarlo como antes solía hacerlo.

Era tan raro, su esposo ahora se tensaba y parecía enloquecer cada vez que ella lo besaba, como si también temiera porque algo raro sucediera, específicamente con él, quería preguntar, pero sospechaba que sus reacciones eran por causa de la falta de indecisión al no querer intimar.

Sin embargo, desde días atrás, ella había decidido que, a pesar del miedo, estaba dispuesta a hacerlo, pero cuando trataba de proponérselo, él actuaba extraño y parecía rechazarla, especialmente si era martes o la última vez cuando hubo luna llena. Sentía que lo perdía y otras cosas más, y no quería que sucediera.

—Creo que lo estoy decepcionando. —susurró.

—¿A qué te refieres Astrid? —preguntaron Poppy y Stormfly que le hacían compañía, aunque claro, a la segunda no podía entenderla.

La reina sacudió su cabeza desde su lugar para que la ignoraran, pero para sus amigas no podía pasar por desapercibido la preocupación que ella emitía.

—Es que… digamos que le he negado algo a Hiccup, algo que tanto él y… bueno yo también quiero, y que yo por miedo no he podido dárselo.

—¿Qué cosa? —preguntaron troll y dragona curiosas.

—Son cosas de humanos. —respondió sonrojada. —Y creo que Hiccup está molesto conmigo, no sé, yo lo amo, pero siento que lo estoy perdiendo.

—¡Pues discúlpate con él! Hiccup no es rencoroso. —opinó Poppy dando saltitos.

—Creo que esto va más allá de un simple "lo siento", en definitivamente tengo que hacer algo más.

—Bueno, entonces cántale algo.

Poppy… tú todo quieres arreglar con canciones. —opinó Stormfly sospechando a la vez lo que le pasaba a su amiga.

—Es que una canción alegra todo, te ayudan a confesar lo que con simples palabras se te dificultan. Mira Astrid… ten.

La rosada sacó de entre su cabello un libro que al extenderlo se convierto en un folleto con varias canciones escritas.

—Escoge la que creas que es adecuada para pedirle disculpas a Hiccup, o incluso la que creas que pueda solucionar ese problema que tienen entre ustedes.

Astrid tomó no muy convencida los papeles que la troll le entregaban, pero no perdía nada, después de todo, recordó cuando gracias a ella se le ocurrió la idea de confesar su amor con una canción.

Y Astrid, por sobre todas las cosas no temas con lo que sea que ambos quieren, al final verás lo gratificante qué es. Díselo Poppy.

—Eh… Stormfly me dice que no temas con lo que Hiccup y tú quieren, que será muy gratificante al final, aunque yo no entiendo nada. —repitió esta confundida.

—No te preocupes Poppy, yo si entendí y gracias Stormfly, y bueno creo que le echaré un vistazo a esto. —señaló los papeles.

La dragona y la trolls asintieron al verla más tranquila, y para darle mayor privacidad se alejaron de ella. Fue entonces que Astrid se concentró en leer las canciones, aunque viéndolo nada de lo que había escrito se asemejaba a lo que necesitaba, estando a punto de rendirse, les dio un vistazo a las últimas canciones escritas, cuando una de estas finalmente llamó su atención.

Era extraña, hablaba de cómo tocar una canción, pero la forma en que estaba escrita le causó curiosidad, pues raramente la sintió como su situación, era extraño pero que definitiva podría ayudarla, aunque claro tendría que cambiarle un poco el tono pues la partitura era demasiado animada para lo que ella quería.

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Más días después.

Hiccup se sentía desanimado.

Así como Astrid, él sentía que las cosas no iban muy bien desde que se había casado, mas él no la culpaba a ella, sino a él mismo por no poder controlar sus impulsos

Desde el día de la boda o incluso antes de esta, estaba demasiado ansioso, y su cuerpo así se lo demostraba con situaciones que lo dejaban en vergüenza y no quería que Astrid supiera lo que le pasaba, porque se sentía demasiado estúpido, aunque luego consideró que tal vez debía explicarle unas cosas a ella para que comprendiera un poco más cómo funcionaba su cuerpo, que obviamente difería mucho al de ella, pero su torpeza se lo impedía que no podía siquiera hablar, por lo que optó por poner distancia, y aunque raramente sentía como si ella comenzara a ceder con lo que quería, para su mala suerte eran en los días que Eret le había dicho no se hiciera, era estúpido que fuera supersticioso pero no quería errar en nada con ella

—Que día tan pesado… ¿qué hay para cenar? —preguntó entre bostezos a su amigo, que comía con su familia en uno de los grandes recintos del castillo.

—Caldito de pescado mi amigo, ¿quieres? —preguntó Toothless regurgitando un poco de lo que había comido.

—Eh no, en unos momentos iré por mi plato… por cierto ¿dónde está Astrid? —miró hacia ambos lados.

—Se fue, sólo sirvió la cena como siempre y luego se marchó.

—¿Le pasó algo? —preguntó Hiccup viendo a la nadder.

—No, sólo me dijo que se sentía cansada y se fue a su habitación.

—¿Se habrá enfermado otra vez?

—Pues no sabemos, si tanto te preocupa ¿por qué no vas a verla? Es tú esposa ¿no? Atiéndela como tal. —lo regañó Toothless.

—Sí, claro… es lo que haré, ustedes encárguense de todo aquí.

Presurosamente Hiccup salió del gran recinto, mientras que Toothless y Stormfly rieron con complicidad.

—¿Y ustedes dos de que se ríen? —preguntó Pihc viendo todo aquello muy sospechoso.

—Ya lo sabrás… cuando seas grande. —respondieron sus padres entre dientes.

—Ya soy grande. —resopló el menor molesto.

—Bueno, entonces más grande…—rio Toothless.

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Mientras tanto, Hiccup no podía quitarse de la cabeza la idea de ver a Astrid enferma que corrió lo más rápido que pudo hasta llegar a la habitación que ambos compartían.

—¡Astrid! —llamó inmediatamente al abrir la puerta, aunque se sobresaltó al ver que ella no estaba en cama.

Sin embargo, las cortinas estaban cerradas y ella generalmente las dejaba abiertas hasta que iban a acostar, además que las lamparillas que usaban para iluminar la habitación estaban encendidas. Pensando entonces que estaba en el cuarto de baño, se dirigió hacia aquella habitación, escuchando de repente como la puerta tras él se cerraba.

Al girarse, vio que Astrid había aguardado a un lado de esta con una lamparilla a medio iluminar en mano, y él como tonto, no lo había notado por presuroso.

—Astrid… ¿estás bien?

Ella no contestó, sólo se limitó a ponerle los candados que tenía la puerta, para luego caminar junto con lamparita hacia la cama, en donde dejó el objeto sobre un mueble anexo.

Hasta ese momento, Hiccup no había notado que ella estaba envuelta en una extraña bata que nunca le había visto, y que a su parecer no eran muy acogedora para el frío que hacía en ese momento.

—As…

—Hiccup, tenemos que hablar o más bien tengo que hablar de algo contigo.

El ex herrero tragó saliva, no le gustaban esas palabras.

—¿De… de qué se trata?

Astrid exhaló con ojos cerrados, luego los abrió lentamente para ver con angustia a su preocupado marido.

—Busqué y busqué las palabras correctas para decírtelo, pero no sabía cómo…—dijo apenada. —Siento mucho lo que te he hecho en estas últimas semanas.

—¿A… a… qué te refieres? —preguntó él tragando saliva.

—No seas tonto Hiccup, sabes a lo que me refiero…—respondió desviando su mirada.

—Oh, Astrid… no, eso no me importa…

—sí, sí te importa… por causa de eso te has alejado de mi ¿no es así?

—¡No! —gritó Hiccup acercándose a ella para tomar sus manos entre las suyas. —Es que… es difícil de explicar, y sabes yo también quiero contarte lo que me pasa… pero, es que es tan vergonzoso. —gruñó entre dientes. —Pero si quieres saber, con gusto te contaré, no tendré secretos contigo, aunque tampoco quiero que creas que soy un raro ni nada por el estilo.

Astrid no pudo evitar sonreír e incluso reír al escucharlo, y así como él estaba dispuesto a todo por ella, ella también quería serle reciproca, y estando ahí los dos solos, era el momento perfecto para hacerlo.

—Yo también quiero compartir todo contigo Hiccup, —musitó en voz baja. —Por eso… por eso…—empezó a inhalar y exhalar presurosamente.

—Astrid… ¿qué…

—Sólo escúchame por favor. —pidió esta poniendo de pie, e intercambiando su lugar con él.

Hiccup quedó sentando en la cama, viendo con el entrecejo fruncido como su esposa le daba la espalda y se alejaba unos pasos de él, en dirección a la puerta. Por un momento pensó que saldría, pero Astrid sólo se quedó estática frente a esta y…

"Sé amable conmigo, por favor"

De repente empezó a cantar.

"Tócame amablemente como una brisa de verano."

Hiccup se sobresaltó, pues lo siguiente que pasó, es que su esposa retiró la bata de su cuerpo, mostrando que no había nada mas cubriéndola más que su largo cabello, el cual le llegaba un poco más debajo de la espalda.

"Tómate tu tiempo, hazlo lento…, despacio, despacio"

"Simplemente deja que la sensación crezca".

—A… Astrid. —balbuceó el torpe Hiccup tomando la colcha de la cama para ir a cubrirla de inmediatamente.

La reina al sentirse abrigada por el cobertor, lo ajustó por su frente y se giró hacia su marido, pues no estaba dispuesta a detenerse.

"Has tus dedos suaves y ligeros"

"Haz de tu cuerpo mi manto de la noche"

Comenzó a acecharlo tierna y delicadamente, y Hiccup no pudiendo creer que estuviera pasando sólo pudo dar unos pasos hacia atrás completamente sonrojado.

"Toca mi alma, tú sabes cómo"

De sentirse acorralado e hipnotizado se sintió de repente invitado a hacer lo que ella le pedía, que llevó sus manos a su cintura que estaba cubierta por el cobertor y desde ahí, cedió para comenzar a acariciarla.

—Despacio, despacio…. ve lento conmigo ahora…— le susurró al oído.

Hiccup no necesitó más para tomarla de sus mejillas y besarla con pasión, y apretando su cuerpo y la colcha a la vez, la tumbó en la cama para recostarla aun lado de él. Astrid temblaba, pero no se detendría, se dejó llevar por sus caricias mientras que por dentro de ella aun podía escuchar la canción que clamaba por ese momento.

"Soy tu música, tu canción"

"Tócame, hazme tuya, sin condición"

"Hazme ver, hazme sonar"

—¿Estás segura Astrid? —se detuvo él para contemplarla y saber si realmente quería seguir.

Su esposa asintió, y soltó su mano de la atadura que tenía con la colcha. No quedó descubierta del todo, pero Hiccup con una sonrisa y sus ojos clavados en los ella, comenzó a desprotegerla para ver lo que se ocultaba debajo.

El pudor llegó a Astrid, y quiso cubrirse, mas no lo hizo y dejó que él la observara todo lo que quisiera, después de todo, como él alguna vez le había dicho, sólo ella podía elegir quien la podía ver de esa manera, y esa persona era él.

Luego, las caricias continuaron, Hiccup se recostó encima de ella y entre besos comenzó a acariciarla, de abajo hacia arriba. Sus piernas, su vientre, sus pechos, luego hizo lo mismo con sus labios. Se sentía torpe, mas no quiso demostrarlo, lo que quería era verse con confianza para que Astrid no temiera para que se sintiera segura con él, porque aún la podía sentir temblando.

—Tranquila, si te estoy lastimando o te asusto dímelo, por favor. —le susurró cerca de sus labios.

Astrid asintió sintiéndose querida.

—Tu ropa me incomoda poquito… las hebillas de tu armadura. —admitió avergonzada.

—Oh… — se separó Hiccup apenado de ella—Quieres… quieres…

—Bueno, es lo que se necesita ¿no?

Hiccup rio apenado, viendo como su desnuda esposa le sonreía estando recostada de lado en la cama, esperando a que él estuviera en las mismas condiciones.

Lentamente y con mucha pena, comenzó a deshacerse de sus ropas, primero de su estorbosa armadura, luego de su camisa, luego fue más lento con su pantalón y prótesis. Astrid lo observó atentamente en su labor, al inicio no le había parecido muy incomodo cuando vio su torso desnudo, pero cuando vio el resto, enrojeció, pero se dijo así misma que era algo a lo que se debía acostumbrar.

—¿Así está mejor? —preguntó él, una vez se acostó encima de ella.

Astrid asintió con nerviosismo, sintiendo piel contra piel, su pecho contra el suyo, su parte intima muy cerca de la suya y la cual era lo mas extraño de todo. De nuevo su respiración se empezó a agitar por los nervios, aunque cuando Hiccup comenzó a besarla fue por el placer repentino que empezó a sentir.

Estaba haciendo frio, la habitación estaba demasiado fría, pero junto con él se sentía que hervía, y había ciertos toques que la hacían emitir ruiditos extraños y que no podía acallar por más que quisiera. Todo era tan instintivo, tan natural que no los hacía ver como unos inexpertos, pues de repente, así como Hiccup, Astrid empezó a cooperar y a besar más allá de los labios de su esposo, a descubrir puntos débiles de él que no sabía que tenía, reacciones que en su totalidad desconocía, ruidos que jamás le había escuchado.

—Astrid…—gimió Hiccup ya no pudiendo postergar el momento.

La reina detuvo sus caricias para observarlo y detectó en los ojos de su marido como una especie de solicitud de permiso a la que ella sólo asintió instintivamente. Había llegado la hora. Enredando sus brazos entre los de su marido, Astrid miró al techo de su habitación sintiendo como este abría sutilmente sus piernas para acomodarse entre ellas.

—Tranquila… relájate…

Exhaló, y cerró los ojos para lograrlo, cuando de repente lo sintió, una especie de pequeño empujón que la hizo apretar sus dedos en su espalda pues fue incomodo, luego otra presión que se hizo al cabo de los segundos más fuerte, que la hizo clavar las uñas en él, y luego un sonoro grito de dolor, cuando sintió que algo se rompía dentro de ella para albergar con plenitud la parte intima de su marido.

— Tranquila… tranquila… ya pasó, ya pasó.

Astrid estaba tensa que sentía que no se podía mover o si no dolería, pero escuchar la voz de su marido la hizo relajarse y que dejara de mirar al techo para enfocarse otra vez en él.

— ¿Estás bien? —preguntó Hiccup con cierto aire de cansancio en su voz.

—Sí. —respondió Astrid en el mismo estado, sintiendo aún muy extraño estar unido a su marido de esa manera.

—Ahora me voy a mover un poco ¿sí? Si te incomoda, no dudes en detenerme.

Astrid tragó saliva, pues pensó que ya había terminado, pero lo siguiente que pasó, fue que Hiccup comenzó a moverse dentro de ella, muy sutilmente, pero que ardía a la vez. Le dolía, pero encontró también cierto placer en sus movimientos que no quería que se detuviera.

Conforme se movía, los ruidos aumentaron en ambos, las caricias pasaron a otro nivel. Para mantenerla tranquila, Hiccup se dedicó a besarla tiernamente en labios, rostro, cuello, mientras trataba a la vez de controlar sus reacciones, pues él estaba experimentando los propios y no sabía cuánto duraría.

De repente, tanto Astrid como él empezaron a reaccionar, cada uno de diferente manera, pero empáticamente al mismo tiempo, que cuando sintieron que eran suficiente él se detuvo y ella pidió que se detuviera.

Sólo habían pasado unos minutos, pero para ambos fue como haber estado haciendo el amor por horas.

—Dioses. —se echó el ex herrero sobre su esposa totalmente agotado.

Astrid estaba en las mismas condiciones y sólo lo abrazó sintiendo como él también hervía al igual que ella.

—¿Estás bien? —preguntó él reincorporándose un poco.

Astrid sólo asintió con la cabeza, tratando de recobrar su respiración, omitiendo un grito ahogado cuando sintió cómo Hiccup salía poco a poco dentro ella.

—Tranquila. —le susurró terminando con el acto, aunque él sí dio un grito ahogado con lo que a continuación vio.

La reina de Vanaheim al escucharlo, no pudo evitar reincorporarse un poco de su sitio, viendo boquiabierta lo que veía su marido.

—Tranquila… es normal la primera vez, no hay de qué preocuparse.

Astrid sonrió levemente y asintió, tomó la colcha para cubrirse y ayudada por Hiccup bajó de la cama. Entre ambos quitaron las sabanas que fueron testigos de la consumación y las reemplazaron por otras limpias. Luego, ellos fueron a asearse, juntos, sin pudor alguno y experimentando otra forma de amarse.

Para un poco más de la media noche, Astrid, frente a su tocador, peinaba su cabello después de que este se secó, de pijama tenía una de las camisas de su esposo, el cual ya reposaba tranquilamente en la cama con los ojos cerrados.

Le resultó muy tierno ver así, y después de lo que habían experimentado se había dicho a si misma ¿Tanto escándalo por eso? Era tonto, pero ahora comprendía un poco más a su marido.

Terminando de cepillarse, se subió nuevamente a la cama, en donde Hiccup, quien fingía dormir, le abrió espacio entre las colchas para que ambos se abrigaran.

—¿Cómo te sientes?

Astrid rio, pues era la centésima vez que le preguntaba, pero le agradaba mucho que lo hiciera que se acurrucó en su pecho.

—Muy bien. —susurró con los ojos cerrados.

Hiccup besó su frente y la abrazó más fuerte para darle calor, estaba muy feliz pues uno de sus sueños se había hecho realidad, y aunque había sido un poco torpe, fue una de las cosas más grandiosas que había experimentado y eso que era sólo la primera vez.

—¿Hiccup?

—¿Sí?

—¿Con esto ya vamos a tener a nuestro bebé?

El ex herrero hirvió y balbuceante respondió:

—Hay una probabilidad, pero… si no… podemos intentarlo de nuevo, es decir, volver a hacer el amor. ¿Te gustaría?

Astrid rio.

—Sí, hasta hacerlo por diversión. —respondió juguetonamente.

Basta decir que, con esta respuesta, Hiccup se volvió su propio cobertor por todo el bochorno que querida esposa le provocó.

FIN.

Hola a todos, lamento tanta la tardanza para este one shot, pero por fin lo terminé. Por el momento creo que del herrero y la bestia ya no habrán One shot, y creo que el siguiente será uno de LGDLE. Veremos que pasa.

La canción continuando con la tendencia que estaba cuando escribí el fic corresponde también a Andante de mamma mía /ABBA, espero les haya gustado.

Agradecimientos a:

MarLG: no lo hice sufrir mucho, creo yo, espero te haya gustado.

Vivi: terminó mejor, mucho mejor para Hiccup. Saludos.

AlexYuka: espero te haya gustado.

AkiElectric: indirectamente si los provocó XD, la espera hubiera sido más corta de no ser por esos consejos.

A los seguidores, favoritos y anónimos, gracias. Nos seguimos leyendo.

Saludos a todos.

11 de agosto de 2019