TIC TAC

Capitulo V

El trío dorado se detuvo a cierta distancia de la tumba desde donde provenian los golpes. Los Weasley en su totalidad los seguían y también se detuvieron abruptamente al reconocer el lugar.

Hermione tragó grueso. ¿Qué estaba sucediendo allí? Inevitablemente recordó su episodio con el cadáver y se sintió culpable, y peor aún, ahora con temor.

–¿Qué demonios? –Charlie fue el primero en hablar.

–Fred –susurró la señora Weasley y Hermione sintió escalofríos–, mi bebé.

Se abalanzó sobre la tumba pero Arthur la sostuvo a tiempo.

–¡No, Molly! No sabemos qué sucede.

–¡No! –gritó ella– ¡Saquen a mi bebé!

Harry y Hermione se miraron con dolor.

–Señora Weasley... –comenzó el moreno.

–¡Mi bebé! –gritó ella una vez más intentando safarse de los brazos de su esposo.

Hermione estudió la situación un momento. Eran diez magos con varitas frente a una tumba ruidosa sin decidirse qué hacer. Pensó un poco más. ¿Y si el poder de las reliquias hubiera realmente devuelto a Fred a la vida? No por nada llamaban amo de la muerte a quien las poseyera.

–Si realmente es Fred... –dijo ella.

–No puede ser Fred –la cortó Bill.

–...puede quedarse sin oxígeno –terminó en un susurro.

La frase pareció causar efecto en uno de los hermanos, nadie pudo atajarlo cuando se lanzó sobre la tierra y empezó a escarbar con sus propias manos.

–¡George! –gritaron varios.

La señora Weasley aprovechó el momento y se zafó de su marido para acompañar a su hijo en la tarea. Enseguida Ginny también estuvo arrodillada ahí.

Hermione se abstuvo de proponer usar magia para ser más rápidos y prácticos. Había demasiada tensión en el ambiente. Ella, Harry y Fleur se quedaron rezagados a unos pasos cuando los pelirrojos al completo se dispusieron a la tarea de clavar las rodillas sobre la tierra y cavar.

No les tomó mucho tiempo. A medida que sacaban la tierra los golpes se hacían más fuertes. Después de unos pocos minutos el cajón de madera pudo vislumbrarse entre la tierra húmeda.

–¡Apártense! –ordenó la matriarca– ¡Voy a sacar la tapa!

–¡Podgia lastimaglo! –advirtió Fleur.

Molly pareció pensarlo un segundo y asintió.

–¡Mamá está aqui, Fred! Mamá ya te sacará de alli.

Los golpes cesaron.

Arthur, Charlie y Bill realizaron cortes precisos en la madera con sus varitas hasta finalmente retirar la tapa.

Todos tenían la mirada puesta en el ataúd cuando al fin estuvo al descubierto. Efectivamente allí se encontraba Fred Weasley con los ojos abiertos y la cara de pánico. Tenía la varita firmemente sostenida en la mano derecha.

–¡Fred! –gritó su familia.

Harry quiso correr a ayudar a sacarlo, pero la castaña lo detuvo con una mano en la muñeca. El gryffindor notó lo congelada que tenía la piel. Se tironeó un poco de su agarre.

–¿Has visto películas de zombies, Harry? –murmuró muy bajo Hermione.

El niño que vivió quedó clavado en su sitio. Miró a la castaña una vez y luego sostuvo fuertemente su varita.

Los Weasley sacaron al chico del ataúd. Charlie lo cargó en sus brazos y lo llevó hasta la sala donde lo recostó en el sofá. El par lo siguió con las varitas listas para defenderse.

–Agua –susurró.

Ginny corrió a buscar agua a la cocina mientras decía que se trataba de un milagro. Toda la familia estaba alegremente conmocionada. Hermione y Fleur insistieron en que fuera llevado a San Mungo pero nadie las oyó. Estaban todos demasiado absortos con el renacimiento de Fred.

El pelirrojo bebió, comió algo de la cena y hasta pudo dar unos pasos. Habló solo lo suficiente, parecía estar muy agotado.

Los Weasley estaban encantados.

–Nadie sobgevive a un degumbe y cuatgo días en un ataúd –susurró Fleur a Harry y Hermione en un momento.

–Pero en cambio allí está y parece inofensivo –dijo el moreno.

La castaña asintió aún sabiendo perfectamente que era hora de hablar con Harry.

Esperó que Fleur se apartara y se armó de valor.

–Harry... –empezó cuando estaban ellos solos en la cocina de los Weasley.

–¿Si?

–Hay algo que quiero decirte sobre...

–¡Harry, Harry! ¡Fred quiere verte! –gritó Ginny mientras entraba a la cocina– ¡A tí también, Herms!

Los tomó de las manos y los estiró hasta la sala donde el pelirrojo seguía recostado, rodeado de toda su gente.

La castaña se sentía mal. Debía estar muy feliz por que el hechizo resultara pero sabía que estaba siendo una horrible persona al no decirle a Harry la verdad. Lord Voldemort había asesinado cientos por poseer el poder del que ella era dueña ahora mismo. Harry merecía saber la verdad.

–Hola compañero –saludó Fred apenas tuvo al niño que vivió en su campo de visión.

–No puedo creerlo –murmuró el chico–, no puedo creer que seas tú.

–Y yo no puedo creer que me hayan encerrado en aquella maldita caja de madera y me haya perdido toda la diversión –contestó el resucitado.

–¡Es un milagro! –seguía diciendo Ginny.

Harry le estrechó la mano y luego le palmeó el hombro.

–¡Tenemos tanto por contarte, Fred! –exclamó Bill.

–Deben decirme todo con detalles –dijo el mago–. Pero ahora, ¿Dónde está la prefecta perfecta?

Hermione dió unos pasos hasta colocarse en frente y fingió una sonrisa. Los ojos de Fred se iluminaron como si hubiera visto a un ángel y la castaña se sintió un poco incómoda.

–Es bueno tenerte de vuelta.

La señora Weasley se removió en su lugar al lado de su hijo.

–¿Solo dices eso? –le reclamó.

Hermione parpadeó ante la mujer. ¿Qué más se suponía que debía decir?

–Podrías demostrar un poco más de verdadera alegría ante el milagro que acaba de ocurrir.

La gryffindor casi sintió como se le calentaba la sangre con las palabras de Molly. Estuvo tentada de decirle algo como «Gracias a mí es que tu hijo está vivo, deberías besarme los pies, maldita estúpida».

Inmediatamente se sintió mal por sus pensamientos. Ella no solía ser tan violenta ni siquiera en su propia mente.

Carraspeó sin saber qué contestar a la señora Weasley. Arthur regañaba a su esposa, Charlie se disculpó con ella. «Está muy sensible» fue su justificación.

Hermione repitió lo dicho anteriormente y anunció que se retiraba por cansancio. Todos la despidieron con cierta incomodidad por el comportamiento de Molly. Ella trató de no darle más importancia de lo debido, se despidió de todos y se apareció en la mansión Black.

De lo que nunca se percató fue de la mirada de adoración con la que Fred la observó desde que se mostró ante él hasta que salió por la puerta para desaparecerse fuera de la casa.


Después de una larga ducha dándole mil vueltas al asunto de Fred, se sentó en la cama con el pijama puesto y se obligó a ordenar su mente para atender el tema de la caja de Malfoy. Estaba con ganas de ver otra memoria pero algo le decía que debía poner más atención a los detalles que la caja contenía.

Para empezar, tenía la caja de ingredientes, que no había abierto aún, y los libros que apenas había ojeado.

Abrió la caja principal e hizo a un lado las pertenecientes al pensadero y a los viales. Colocó la de los ingredientes sobre su regazo y respiró profundo antes de abrirla.

Sus ojos se abrieron maravillados ante lo que parecía otro encantamiento de extensión indetectable. Un sobre sellado descansaba sobre todos los objetos de la caja y su corazón latió alocado.

«Granger, si decides llevar a cabo la misión, aquí dispones de todo lo necesario. Ten cuidado de no abrir los frascos de los ingredientes frescos antes, ya que, al igual que la caja más pequeña, poseen un hechizo de tiempo que los conserva hasta que sean abiertos. El espejo no es necesario en el proceso, solo es un medio seguro por el que podríamos comunicarnos si quisieras.

D.M.»

Hermione quiso vaciar el contenido de la caja sobre su cama para buscar el espejo del que hablaba Malfoy. Pero fue sensata, se trataba en su mayoría de frascos de cristal y lo que parecía ser vidriería de laboratorio. Pero no le costó mucho encontrar lo que buscaba, ya que al sacar uno o dos artículos una especie de relicario apareció entre los cristales. Al principio creyó que no se trataba del espejo pero luego lo abrió y efectivamente adentro tenía un espejo, pero este estaba oscuro.

Medía como seis centímetros de largo y ancho, bastante pequeño para tener un espejo dentro pero bastante grande y llamativo para llevarlo colgado en el cuello. Era de plata, u oro blanco, ella realmente no lo sabía bien. Tenía serpientes en orfebrería sobre la tapa y el collar del que colgaba era algo largo.

La castaña se dió cuenta que el espejo no la reflejaba completamente. Solo estaba oscuro. Parecía un tv apagada donde uno podía verse un poco en el cristal negro. Le estuvo dando vueltas un largo tiempo tratando de descifrar cómo podría comunicarse con Malfoy a través de él. Finalmente desistió y agotada por el largo día que había tenido, guardó la caja bajo su cama nuevamente, aunque se quedó con el relicario colgado al cuello, caía perfectamente entre sus senos, nadie vería de qué se trataba, igual que el giratiempos que había usado en tercer año.

Con la cabeza llena de dudas se acostó y se dispuso a descansar, aunque su mente seguía trabajando y aún muerta de sueño formulaba preguntas que aún no tenían respuesta.

Como un gesto más, ya con los ojos cerrados, tomó el relicario en la mano derecha y lo empezó a girar mientras pensaba en Malfoy y sus misterios, casi tan indescifrables como los de Dumbledore.

«¿Dónde estás Malfoy?» Pensó fuertemente. Y con ese pensamiento cayó dormida.

Despertó tiempo después, no sabría decir con exactitud qué hora era, pero la habitación se encontraba completamente a oscuras, así que al menos podía precisar que aún no había amanecido.

Por un momento se le cerraron nuevamente los ojos y estaba a punto de volver a caer dormida cuando sintió lo que en un principio la despertó. Un calor molestoso y casi agresivo en su pecho. Llevó la mano al lugar y se encontró con el relicario ardiendo contra su palma, el calor se aligeró bajo su toque.

Se sentó de golpe en la cama y conjuró un lumos para poder ver qué sucedía.

El relicario ardía levemente mientras ella lo sostenía. La plata brillaba tenue. Hermione lo abrió mientras pensaba en que posiblemente no llegara a descubrir qué pasaba antes de que el infarto que estaba por tener acabara con ella.

Finalmente pudo ver el espejo del interior, una especie de imagen nubosa en movimiento.

–¿Qué rayos es ésto? –murmuró.

Inmediatamente, como si de una orden se tratara, las nubes se dispersaron del espejo y la imagen del rostro de Draco Malfoy llenó el cristal.

Hermione dejó de respirar por un momento.

La imagen movía los labios pero ella no podía escucharlo.

–¿Malfoy? ¿Eres tú? ¿Puedes oírme?

Se sintió hasta estúpida hablándole a un pequeño relicario.

Unas minúsculas letras aparecieron bajo la imagen de Malfoy, tan minúsculas que era realmente difícil leerlas. Tuvo que acercar exageradamente la joya a sus ojos para poder leer.

«Coloca tu pulgar en la tapa».

Colocó su pulgar donde le indicaba y al instante una imagen más grande como una pantalla de televisión se proyectó en el aire frente a ella.

«Realmente no necesitaba esa imagen de tus pupilas, Granger» Rezaban unas líneas bajo la imagen del slytherin que no abandonaba sus pensamientos los últimos días.

Era Malfoy con subtítulos.

–¿Cómo haces eso? ¿Puedes oírme? ¿Dónde estás? ¿Qué rayos significa todo lo de la caja?

«También es un placer verte de nuevo, Granger».

–¿Puedes oírme? –insistió ella.

Él frunció un poco el ceño.

«No puedo oirte pero puedo leer lo que dices. Básicamente puedo leer todo lo que se oye a tu alrededor».

–Como en una película subtítulada.

Él frunció aún más el ceño.

–¿Dónde estás Malfoy? ¡Pensé que habías muerto, por Merlín!

Sus mejillas se colorearon al oírse a sí misma tan desesperada y aliviada a la vez. Agradeció que Malfoy no pudiera oir su tono, rogó que no hubiera notado el sonrojo y se tranquilizó cuando él no dijo nada del tema más allá de levantar una ceja.

«Estoy en un lugar seguro» Fue todo lo que dijo.

–Fui a buscarte a Francia...

Él abrió mucho los ojos ante la frase de ella pero la dejó continuar.

–...y por un momento pensé que te habían asesinado.

Él no contestó nuevamente.

–Debes explicarme qué es todo este asunto de las memorias Malfoy. De verdad creo que si solo me lo dijeras sería más fácil.

Él negó con la cabeza y miró hacia atrás, ella pudo notar como se movía y parecía agacharse sobre el relicario para susurrar algo.

«No puedo sólo decirlo. Debes entenderlo y descubrirlo tú misma Granger. No sería más fácil si solo te lo dijera, no lo verías del mismo modo que después de conocer toda la historia desde la perspectiva correcta».

–Al menos dame una pista. El-que-no-debe-ser-nombrado está muerto, ¿Tiene esto algo que ver con su regreso? Hay cosas que no sabes, tal vez todo sea innecesario. ¿Sabes acerca de la existencia de los horrocruxes? Tal vez pienses que...

«Esto no tiene que ver con el Señor Tenebroso».

Hermione se desesperó.

–¿Entonces con qué? ¡No puedes solo darme un par de memorias y esperar que...

Pero se calló abruptamente al ver que detrás de Malfoy todo parecía haberse movido violentamente, una ráfaga de fuego apareció en escena, él se había caído hacia un lado y una nube de polvo era todo lo que la castaña podía ver ahora.

«Madre...» Se leyó en los subtítulos.

–¿Qué ha sido eso? ¿Una explosión? –preguntó alterada Hermione.

«Decídete Granger. El tiempo se termina».

Y todo se volvió negro nuevamente reduciéndose solo al pequeño espejo.

–¡¿Malfoy?! –exclamó ella– ¡Malfoy!

Agitó el relicario como si así fuera a aparecer nuevamente el chico en escena. Era obvio que algo había sucedido.

–¡Malfoy! –gritó una vez más.

Estaba por llorar de angustia.

Escuchó unos pasos apresurados en el pasillo y tomó fuertemente su varita. Cuando la puerta se abrió de un solo golpe, Harry entró a trompicones al cuarto con la varita apuntando a todos lados.

–¡Hermione! –gritó en su cara y corrió hacia ella.

–Harry... –balbuceó la gryffindor sin saber cómo explicar la razón de sus gritos.

–¿Qué pasó? –preguntó él arrodillándose frente a ella– ¿Fue un sueño, Mione?

Hermione lo pensó unos segundos y asintió. El chico la abrazó y la calmó diciendo que ya había pasado, que todo estaba bien.

Ella se dejó abrazar, sin poder dejar de pensar en el pánico que había en los ojos grises de Malfoy justo antes de la explosión.


Cuando Harry la dejó seguir durmiendo, como había dicho él mismo, ella colocó un hechizo en la puerta de su cuarto y se decidió a ver otra memoria de Malfoy para poder entenderlo. Era obvio que pretender salir a buscarlo estaba totalmente fuera de sus posibilidades.

¿La explosión significaba que alguien había irrumpido en su «lugar seguro»? Siempre podía ser alguna poción que había salido mal. Pero no, no se engañaría con esas estupideces. Alguien estaba tras Malfoy. ¿Los cazamortifagos? ¿Los mortifagos? ¿La misma persona que había atacado la casa de Francia? ¿El Ministerio?

Solo tenía certeza de una sola cosa, los Malfoy debían tener muy errado el concepto de «lugar seguro».

Vertió el contenido de un vial en el pensadero, inspiró profundamente y se sumergió, preparada para convertirse en Malfoy por un momento.

¡Eres un maldito inútil! ¡No sirves para nada! ¡Tú y tu apellido solo son un montón de estiércol! ¡Eres tan inútil como tu padre!

Él nunca lo había escuchado así. Nunca había oído la voz del Señor Tenebroso levantarse más de un tono normal. Su furia generalmente se basaba en frases susurradas llenas de odio. Ahora estaba fuera de control, y él sabía que posiblemente fueran sus últimos minutos de vida.

Mi Señor... –Escuchó a su padrino decir– el chico ha cumplido con casi todo lo que le pidió. La misión está hecha.

¡Calla Severus! Si hubiera querido que tú mataras al viejo te lo hubiera pedido a tí mismo –rugió el señor Oscuro.

Draco estaba arrodillado con la cabeza gacha, como un vil elfo doméstico frente a su amo. Oyó la túnica del mago deslizarse sobre el suelo y acercarse a él. Tragó grueso.

El viejo está muerto –escuchó que murmuraba– ¡Pero todos son unos inútiles, especialmente tú maldita rata inmunda! ¡Crucio!

Escuchó los sollozos desesperados de su madre detrás de la puerta incluso antes de que la maldición llegara a su cuerpo. El rayo rojo se insertó en su hombro derecho y envió corrientes dolorosas a todas partes, como si mil cuchillas lo apuñalaran a la vez sin compasión y sin pausa. Quiso gritar pero no podía separar la mandíbula, que también sufría dolores. Sentía vagamente a su cuerpo levantarse del suelo y volver a caer para repetir la acción una y otra vez por lo que a Draco le parecieron muchos minutos. Oyó en total que el mago conjuraba la maldición seis veces.

La risa de su tía Bella al fondo del cuarto le llegaba enloquecida, como campanas oxidadas y huecas. Pareció ser el aviso para el Señor Tenebroso de parar.

¡Tú! –escuchó que exclamaba, de nuevo en su tono normal.

No pudo ver hacia donde se dirigía pero lo sintió alejarse, por lo que agradeció internamente.

Sintió los brazos fuertes de su padrino bajo los suyos y su aroma característico a sándalo, lo arrastraba hasta una esquina, sacándolo del centro del cuarto.

No estaba inconsciente, pero su mente flotaba en una nube de confusión. Necesitó de unos minutos para entender qué seguía sucediendo a su alrededor.

¿Qué te he dicho, querida Bella? –susurró el Lord Tenebroso con los ojos rojos ardiendo en furia.

Podía pasar fácilmente por un susurro amoroso si no fuera porque tenía a su tía frente a él sujetándola del cabello y haciendo que se elevara unos centímetros del suelo.

La bruja lloraba, el rostro arrugado en una mueca de angustia.

Que no saliera de la mansión –balbuceó Bella.

¿Y qué has hecho? –preguntó el mago como si no fuera obvio.

Perdóneme mi Señor, perdóneme –rogó la bruja con las manos en la túnica del Señor Oscuro.

¡Dices amarme, Bella! –la soltó y ella cayó con un golpe seco en el piso– ¡Pero no respetas mis órdenes!

Yo no lo volveré a hacer, no lo volveré a hacer –dijo ella, arrastrándose hasta los pies del mago, quien volvió a sentarse en una especie de trono que perteneció a los antepasados Malfoy.

Te mereces un castigo, Bellatrix. Eres una estúpida. Has puesto en peligro toda la misión que te encomendé. «La luna llena de una noche tormentosa lo verá nacer el último día del último mes...» ¡Tú lo sabes, Bella, lo sabes y no estás haciendo nada por cumplir con la maldita profecía!

Mi Señor, yo lo intento, lo intento pero no... No sé cómo... –gimió su tía abrazándose a los pies calavéricos del Señor Oscuro.

–Yo te enseñaré cómo –dijo el mago levantándola del cuello hasta colocarla a su altura– ¡Fuera todos! –ordenó.

Unos diez mortifagos en la sala desocuparon el lugar. Él mismo sintió como su padrino lo ayudaba a salir caminando lo más rápido posible de allí. En la puerta lo recibió su madre, quien lo estrechó en sus brazos entre llantos. La última escena que pudo ver antes que las puertas de la sala principal de Malfoy Manor se cerraran, con el rostro apoyado en el hombro de su madre, fue a su tía Bella de espaldas, sentada sobre el regazo del Lord, con el torso desnudo y las manos atadas hacia atrás.

Hermione se quedó mirando al vacío unos minutos después de ese recuerdo. Voldemort había torturado a Malfoy incluso después de que efectivamente Dumbledore había terminado muerto. Siempre se imaginó a Malfoy entre vítores una vez llegara a su mansión luego del asesinato del director, o eso era lo que Ron se encargaba de repetir hasta la saciedad.

De pronto tuvo bronca contra Ron, Harry, y todos aquellos que solo se dedicaban a tirar veneno sobre el slytherin cuando aparecía en la conversación. Ellos no sabían nada acerca de él, no sabían a qué y a quién se enfrentaba día a día, es cierto que había sido un enorme dolor en el trasero mientras estaban en Hogwarts pero sus últimos años fueron increíblemente tormentosos para él, había cometido errores y desaciertos pero todos tenían un trasfondo. Ellos habían luchado contra el infierno en esa guerra, pero Malfoy, él había vivido en ese infierno por años.

Pensó en la profecía. Ya tenía algunas frases, todavía inconexas. La última escena... ¿Era el castigo de Bellatrix o más bien era un encuentro íntimo con el Innombrable?

Resuelta a seguir disipando sus dudas y a ponerse manos a la obra de una vez, vertió otro vial en el pensadero.

Estaba sentado en la ornamentada mesa de su propio comedor, negándose en redondo a mirar otra vez a la figura humana, al parecer inconsciente, que colgaba cabeza abajo sobre la mesa y giraba despacio, como si pendiera de una cuerda invisible, reflejándose en el espejo y en la desnuda y pulida superficie de la mesa. Pero no podía con sus propios impulsos y nuevamente cedía a la necesidad de mirarla una y otra vez mientras se le retorcían las tripas.

El Señor Oscuro se sentaba a la cabeza, sin poner la más mínima atención a lo que estaba flotando sobre ellos. Cuando su padrino Snape y Yaxley ingresaron al cuarto, él los recibió con una sutil reprimenda y la amenaza latente en la voz.

Snape, Yaxley, casi llegan tarde –e indicó a Snape que se sentara justo a su derecha.

Ellos ocuparon los asientos designados y el Lord miró a Snape para que hablara.

Mi señor, la Orden del Fénix planea sacar a Harry Potter de su actual refugio el próximo sábado al anochecer.

El interés de los reunidos -que eran varios- se incrementó notoriamente, unos se pusieron en tensión, otros se rebulleron inquietos en el asiento, y todos miraron alternativamente a Snape y al Señor Oscuro.

Conque el sábado... al anochecer –repitió el mago.

Sus ojos rojos se clavaron en los de Snape, negros, con tal vehemencia que algunos de los presentes desviaron la vista, tal vez temiendo que también a ellos los abrasara su ferocidad.

No obstante, Snape le sostuvo la mirada sin perder la calma y, pasados unos instantes, la boca sin labios del Señor Tenebroso esbozó algo parecido a una sonrisa.

Bien. Muy bien. Y esa información procede...

De esa fuente de la que ya hemos hablado –respondió Snape.

Yaxley lo interrumpió, dando su propia versión de cómo y cuándo en realidad pretendian trasladar a Potter. Draco realmente no podía poner mucha atención, estaba absorto en el cuerpo sobre su cabeza. El mortifago hablaba de que las fuentes de Snape estaban erradas, y de que él había conseguido lanzar un imperius sobre Pius Thicknesse, el jefe del Departamento de Seguridad Mágica. Esto asombró a varios de los presentes pero Yaxley no logró el mismo efecto en el Lord Oscuro.

Tras un poco más de cháchara de Yaxley, el Señor Tenebroso volvió a hablar.

Me ocuparé personalmente del chico. Ya se han cometido demasiados errores en lo que se refiere a Harry Potter, y algunos han sido míos. El hecho de que Potter siga con vida se debe más a mis fallos que a sus aciertos.

Todos lo miraron con aprensión; a juzgar por la expresión de sus rostros, temían que se los pudiera culpar de que Harry Potter siguiera existiendo. Sin embargo, él parecía hablar consigo mismo, sin recriminar nada a nadie, mientras continuaba contemplando el cuerpo inconsciente que colgaba sobre la mesa.

He sido poco cuidadoso, y por eso la suerte y el azar han frustrado mis excelentes planes. Pero ahora ya sé qué he de hacer; ahora entiendo cosas que antes no entendía. Debo ser yo quien mate a Harry Potter, y lo haré.

En cuanto hubo pronunciado estas palabras y como en respuesta a ellas, se oyó un gemido desgarrador, un terrible y prolongadísimo alarido de angustia y dolor. Asustados, muchos de los presentes miraron el suelo, porque el sonido parecía provenir de debajo de sus pies. Draco casi levantó los pies, horrorizado y consciente de dónde provenia el sonido.

Colagusano –dijo el Señor Oscuro sin mudar el tono serio y sereno y sin apartar la vista del cuerpo que giraba– ¿No te he pedido que mantengas callado a nuestro prisionero?

Hizo que el mencionado se levantara de su asiento y corriera fuera del salón a cumplir con su tarea.

Como iba diciendo –prosiguió el Señor Tenebroso, y escudriñó los tensos semblantes de sus seguidores–, ahora lo entiendo todo mucho mejor. Ahora sé, por ejemplo, que para matar a Potter necesitaré que alguno de vosotros me preste su varita mágica.

Las caras de los reunidos reflejaron sorpresa; era como si acabara de anunciar que deseaba que alguno de ellos le prestara un brazo. Draco tomó con fuerza el mango de su varita negándose a desprenderse de ella, temeroso de que el mago se ensañara más con él y se la arrebatara.

¿No hay ningún voluntario? Veamos... Lucius, no sé para qué necesitas ya una varita mágica.

Su padre levantó la cabeza. Tenía los ojos hundidos y con ojeras, y el resplandor de la chimenea daba un tono amarillento y aspecto céreo a su cutis. Cuando habló, lo hizo con voz ronca.

¡Mi señor!

La varita, Lucius. Quiero tu varita.

Yo...

Su padre miró de soslayo a su madre. Ella, casi tan pálida como él y con una larga melena rubia que le llegaba hasta la cintura, miraba al frente, pero por debajo de la mesa, Draco que estaba al lado, pudo ver sus delgados dedos ciñendo ligeramente la muñeca de su esposo. A esa señal, su padre metió una mano bajo la túnica, sacó su varita mágica y se la entregó al Lord Oscuro, que la sostuvo ante sus rojos ojos para examinarla con detenimiento.

Dime, Lucius, ¿de qué es?

De olmo, mi Señor –susurró Malfoy.

¿Y el núcleo central?

De dragón, mi señor. De fibras de corazón de dragón.

¡Fantástico! –exclamó Voldemort.

Sacó su varita y comparó la longitud de ambas.

Su padre hizo un fugaz movimiento involuntario con el que dio la impresión de que esperaba recibir la varita de su amo a cambio de la suya. Al mago no le pasó por alto; abrió los ojos con malévola desmesura.

¿Darte mi varita, Lucius? ¿Mi varita, precisamente?

Algunos rieron por lo bajo, Draco en cambio tragó grueso.

–Te he regalado la libertad, Lucius. ¿Acaso no tienes suficiente con eso? Sí... es cierto, me he fijado en que últimamente ni tú ni tu familia parecéis felices. ¿Tal vez os desagrada mi presencia en vuestra casa, Lucius?

¡No, mi señor! ¡En absoluto!

Mientes, Lucius.

La voz del Señor Tenebroso siguió emitiendo un suave silbido incluso después de que su cruel boca hubiera acabado de mover los labios. Pero el sonido fue intensificándose poco a poco. Draco se removió en su silla y sintió escalofríos al notar que una criatura corpulenta se deslizaba por el suelo, bajo la mesa.

Una enorme serpiente apareció y trepó con lentitud por la silla del Lord, continuó subiendo, parecía interminable, y se le acomodó sobre los hombros. El cuello del reptil era tan grueso como el muslo de un hombre, y los ojos, cuyas pupilas semejaban dos rendijas verticales, miraban con fijeza, sin parpadear. El Señor Tenebroso la acarició distraídamente con sus largos y delgados dedos, mientras observaba con persistencia a Lucius Malfoy.

¿Por qué será que los Malfoy se muestran tan descontentos con su suerte? ¿Acaso durante años no presumieron, precisamente, de desear mi regreso y mi ascenso al poder?

Por supuesto, mi señor –afirmó su padre, y con mano temblorosa, se enjugó el sudor del labio superior–. Lo deseábamos. Y lo deseamos.

Su madre asintió con una extraña y rígida cabezada, pero evitando mirar al Señor Tenebroso o a la serpiente. Draco, que se hallaba a la derecha de su padre observando aún el cuerpo inerte que pendía sobre ellos, echó un vistazo fugaz al Señor Oscuro y volvió a desviar la mirada, temeroso de establecer contacto visual con él.

Mi señor –dijo con voz emocionada su tía Bellatrix–, es un honor alojaros aquí, en la casa de nuestra familia. Nada podría complacernos más.

El mago se burló de las palabras de su tía, recordándole la desgracia que manchaba el buen nombre de los Black. Su hermana Andrómeda casada con un asqueroso muggle, padres de una impura, a la vez casada con un hombre lobo. Todos estallaron en sonoras carcajadas ante ésto.

¿Qué dices tú, Draco? –preguntó de repente el Señor Tenebroso, y aunque no subió la voz, se le oyó con claridad a pesar de las burlas y los abucheos.

Draco tembló en su lugar. Sintió la mano de su padre sobre su muslo.

–¿Te ocuparás de los cachorritos?insistió el Lord.

La hilaridad iba en aumento. Aterrado, Draco miró a su padre, que tenía la mirada clavada en el regazo, y luego buscó la de su madre. Ella negó con la cabeza de manera casi imperceptible y siguió contemplando de forma inexpresiva la pared que tenía enfrente.

¡Basta! –exclamó Voldemort acariciando a la enojada serpiente– ¡Basta, he dicho!

Las risas se apagaron al instante.

–Muchos de los más antiguos árboles genealógicos enferman un poco con el tiempo –añadió mientras Bellatrix lo miraba implorante y ansiosa–. Ustedes tienen que podar el suyo para que siga sano, cortar esas partes que amenazan la salud de las demás, ¿entendido?

Sí, mi señor –susurró Bellatrix, y los ojos volvieron a anegársele en lágrimas de gratitud mientras su mano acariciaba su vientre– ¡En la primera ocasión!

La tendrás –aseguró el Señor Tenebroso–. Y lo mismo haremos con las restantes familias: cortaremos el cáncer que nos infecta hasta que sólo quedemos los de sangre verdadera... Cuida lo nuestro, Bellatrix

La bruja asintió efusivamente.

Acto seguido, el mago levantó la varita mágica de Lucius y apuntando a la figura que giraba lentamente sobre la mesa, le dio una leve sacudida. Entonces la figura cobró vida, emitió un quejido y forcejeó como si intentara librarse de unas invisibles ataduras.

¿Reconoces a nuestra invitada, Severus? –preguntó el Lord Tenebroso.

Snape dirigió la vista hacia la cautiva colgada cabeza abajo. Los demás mortífagos lo imitaron. Cuando la mujer quedó de cara a la chimenea, gritó con una voz cascada por el terror.

¡Severus! ¡Ayúdame!

¡Ah, sí! –replicó Snape mientras la prisionera seguía girando despacio.

¿Y tú, Draco, sabes quién es? –Inquirió el Señor Oscuro acariciando a la serpiente con la mano libre.

Draco negó enérgicamente con la cabeza. Ahora que la mujer había despertado se sentía incapaz de seguir mirándola.

–Claro, tú no asistías a sus clases. Para los que no lo sepáis, os comunico que esta noche nos acompaña Charity Burbage, quien hasta hace poco enseñaba en el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería.

Se oyeron murmullos de comprensión.

La profesora Burbage enseñaba a los hijos de los magos y las brujas todo sobre los muggles, y les explicaba que éstos no son tan diferentes de nosotros... –comentó Amycus.

Severus, por favor, Severus –rogó la mujer sobre la mesa.

Silencio –ordenó el mago oscuro, y volvió a agitar la varita de Lucius. Charity calló de golpe, como si la hubieran amordazado.

No satisfecha con corromper y contaminar las mentes de los hijos de los magos, la semana pasada la profesora Burbage escribió una apasionada defensa de los sangre sucia en El Profeta. Según ella, los magos debemos aceptar a esos ladrones de nuestro conocimiento y nuestra magia, y sostiene que la progresiva desaparición de los sangre limpia es una circunstancia deseable. Si por ella fuera, nos emparejaríamos todos con muggles o, ¿Por qué no?... Con hombres lobo.

Esa vez nadie rió, la rabia y el desprecio de la voz del Lord imponían silencio. Draco pensó en «ella» y le dió un vuelco al corazón ya agitado ante la situación.

¡Avada Kedavra!

Un destello de luz verde iluminó hasta el último rincón de la sala y Charity se derrumbó con resonante estrépito sobre la mesa, que tembló y crujió. Algunos mortífagos se echaron hacia atrás en los asientos y Draco se cayó de la silla.

A cenar, Nagini –dijo el Lord Oscuro en voz baja.

La gran serpiente se meció un poco y, abandonando su posición sobre los hombros del Señor Tenebroso, se deslizó hasta la pulida superficie de madera. Draco no se quedó a observar cómo la serpiente se comía a la profesora. Salió de la sala gateando, con los ojos llenos de lágrimas. Su tía Bellatrix lo miró con una sonrisa burlona mientras se acariciaba el vientre, pero gracias a Merlin, no dijo nada.

Hermione tenía los ojos, al igual que Malfoy, llenos de lágrimas. Estuvo muy segura de varias cosas luego de ese recuerdo. Voldemort había ordenado matar a Lupin y Tonks. Los Malfoy estaban llenos de temor y solo seguían allí por esa razón. Bellatrix Lestrange había quedado embarazada, muy posiblemente de Lord Voldemort.


¡Hola! No puedo creer que hayamos superado los 60 reviews. De verdad MUCHÍSIMAS GRACIAS por su apoyo. No miento ni exagero al decir que son mi motor para escribir, acción que me relaja y me desconecta del mundo exterior, que a veces es muy necesario, estoy segura que muchas de ustedes deben sentirse así a veces.

Gracias gracias gracias. Espero que disfruten de este capítulo y nos vemos en el próximo.

No olviden dejar un review comentándome qué les pareció.

Con cariño, Ann.