DISCLAIMER: Los personajes de Dragon Ball pertenecen a Akira Toriyama, solo los he tomado prestados un rato para hacer este fanfiction.
Lo único que me pertenece es la imaginación y la locura, que plasmo en mis historias.
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Finalmente el gran día llegó, en una hora Krilin y 18 se darían el sí acepto, frente a todos sus amigos. A pesar del cansancio que experimentaba por las horas dedicadas a la planeación y los últimos preparativos, Bulma se tomó un momento para arreglar ella misma a su hijo y vestirlo de acuerdo a la ocasión, después peinó su cabello lila acomodándolo hacia atrás y al terminar lo contempló, Trunks era un niño guapísimo y se veía completamente adorable, y debía seguir así hasta la ceremonia, por lo que tras pedirle a Chichi que por favor lo vigilara un rato fue a prepararse.
Sabiendo las mañas del maestro Roshi, la peliazul revisó bien el cuarto de baño antes de quitarse la ropa, una vez que estuvo segura que no había mirones indeseados abrió la llave del agua y pronto su cuerpo comenzó a recibir la reconfortante sensación del agua caliente en cada uno de sus poros. Necesitaba relajarse y olvidarse de las cosas que le molestaban, especialmente deseaba dejar de pensar en el malhumorado príncipe que se había quedado en la Corporación, así como evitar alterarse precipitadamente por la discusión que les esperaba cuando regresara a su hogar, porque por la hora podría jurar que Vegeta no se presentaría a la ceremonia, y pretendería haber olvidado el día que era, a pesar de que esa mañana se lo recordó antes de que se fuera a entrenar a su cámara de gravedad.
"El atuendo que preparé para ti está colgado en el armario, no te olvides de ponértelo, es una ocasión especial", le recomendó obteniendo únicamente por respuesta una mirada de molestia de su pareja. Bulma apretó con fuerza la esponja que sostenía, convencida de que el guerrero se entregaría a su extenuante entrenamiento y se olvidaría de todo como era la costumbre, y seguramente no asistiría a pesar de saber el esfuerzo y dedicación que había puesto en aquel evento y lo importante que era para ella que conviviera más con su grupo de amistades.
"Si no viene lo castigaré, dormirá solo al menos un mes", pensó para aminorar su rabia al tiempo que finalizaba su baño y cerraba los grifos del agua. Posteriormente abandonó la ducha y entró a la pequeña habitación de huéspedes donde le aguardaba el atuendo que iba a usar. Apenas entró al dormitorio, la peliazul cerró la puerta y comenzó a secarse, una vez que su piel estuvo libre de cualquier rastro de humedad, abandonó la toalla a un lado y comenzó a cepillar su cabellera celeste. Mientras pensaba si debía hacerse algún peinado o simplemente dejar su cabello suelto, escuchó el picaporte de la puerta agitarse, y antes de que pudiera avisar que la habitación estaba ocupada, un hombre joven entró en la habitación.
- Se suponía que nadie estaría aquí -expresó el pelinegro sin inmutarse ante la presencia femenina que comenzó a gritarle por su atrevimiento.
- ¡Si la puerta tiene el seguro puesto es porque la habitación está ocupada! -protestó la mujer mientras se cubría con las manos lo más que le era posible.
- No lo noté, solo giré el picaporte y la puerta cedió -explicó él guardándose para sí mismo la sonrisa de satisfacción que deseaba esbozar al contemplar a la mujer en ese estado, y luego con una naturalidad impropia para la situación cerró la puerta mientras le decía- Me volveré hacia otro lado para que puedas vestirte.
Bulma sintió descender su mandíbula al escucharlo, y sin perder un minuto le gritó que saliera de la habitación, pero él se negó.
- El enano quiere sorprender a 18, y me rogó que no dejara que nadie más me viera hasta que empezara la ceremonia.
- Busca otro lugar -insistió la peliazul.
- Lo hice, y esta es la única habitación que no está llena de personas. No sé a quién se le ocurrió meter tanta gente en una casa tan pequeña.
Ella se contuvo para no decir que la idea fue suya, pues no quería que él comenzara a burlarse. Luego reparó en la situación, si alguien llegaba a entrar seguro malinterpretaría las cosas, así que intuyendo que perdería más tiempo en tratar de hacer que el androide cambiara de opinión que en vestirse, se rindió.
- Los ojos fijos en la pared -le indicó señalando el muro contrario adonde ella se encontraba. 17 rio divertido y se volvió hacia ese lugar- Sabes que, mejor ciérralos -ordenó sintiendo como se ruborizaba al pensar que estaba sola y desnuda en una habitación con un hombre sumamente atractivo.
- Me estoy aburriendo, ¿Podrías darte prisa? -soltó él después de un rato de mantener los ojos cerrados. Al no obtener respuesta alguna, decidió volverse hacia donde se encontraba la mujer, solo para darse cuenta que la habitación estaba vacía. 17 sonrió divertido, estaba tan concentrado en esforzarse por no mirar, que no advirtió el momento en que la peliazul se había escabullido.
Cuando la ceremonia estaba por comenzar, Krilin irrumpió en la habitación para pedirle a su casi cuñado que lo acompañara. El androide giró los ojos cuando este le pidió que escoltara a 18 al altar, creyendo que su gemela se opondría rotundamente, pero al encontrarse con ella y compartir una mirada, le ofreció su brazo sin decir nada y la rubia lo tomó.
Los presentes acallaron una exclamación de sorpresa al ver a los dos androides dirigiéndose hacia el lugar donde se oficiaría la ceremonia. Al dejar a su hermana junto a Krilin, 17 experimentó una sensación de tranquilidad que había olvidado, de alguna forma sabía que ella estaba en buenas manos y que ese enano se desviviría por hacerla feliz. Cuando la ceremonia concluyó, los invitados aplaudieron y por primera vez desde que la conocían todos vieron a 18 esbozar una pequeña y efímera sonrisa.
Después de las felicitaciones a los ahora esposos, se dio por inaugurado el banquete, y pronto los asistentes comenzaron a ocupar los sitios que les habían sido destinados para el evento. Bulma se sentó y miró con molestia el lugar de Vegeta, no se hacía ilusiones de que el guerrero apareciera, pero ya la escucharía cuando regresara a la Corporación. Tratando de no amargarse por ello, la mujer comenzó a platicar con los amigos que se encontraban a su lado, y hubiera seguido en la amena charla, de no ser, porque de pronto alguien apareció junto a ella.
- Cierto, lo olvidé, ya puedes abrir los ojos -exclamó la mujer riendo al advertir que 17 ocupaba el asiento vacío junto a ella en la mesa.
El androide no le respondió, simplemente se quedó mirando al niño que estaba sentado junto a la peliazul.
- ¿Ese es tu acompañante? -preguntó y sin esperar respuesta añadió- Sí que te gustan jóvenes.
Bulma soltó una carcajada ante la broma del androide, aun no entendía como él podía ser tan jovial y permanecer tan impasible al mismo tiempo.
- Este niño tan guapo es mi hijo Trunks -pronunció orgullosa dejando a su interlocutor con una expresión de sorpresa que le sentaba bien a su apuesto rostro.
- A excepción del color de ojos, no se parece demasiado a ti -respondió tras unos instantes, dudando por un segundo si la mujer decía la verdad o solo estaba jugando con él.
- Es porque es idéntico a Vegeta, su padre -dijo la morena que se encontraba a un lado de 17, sintiendo que era su deber intervenir ante el comportamiento de aquel joven tan atrevido, que a todas luces parecía interesado en su amiga.
El androide se volvió a mirar a la mujer y entonces se percató que no solo ella, sino el resto de los guerreros lo miraban intrigados, era tal su interés por la peliazul que se había olvidado que no estaban solos. Y al parecer su conversación con Bulma despertaba la curiosidad de todos los presentes.
- Si, son muy parecidos -admitió el pelinegro a la entrometida mujer dirigiéndole a ella y al resto de su indeseada audiencia la más intimidante de sus miradas de hielo.
No hubo un solo ocupante de la mesa, que no comprendiera el significado de su expresión y se volviera de inmediato a sus propios asuntos. Así que ya sin testigos comenzó a entablar una charla más privada con la peliazul que se prolongó por un buen rato. Todos percibieron la familiaridad con la que se trataban la científica y el androide, así como la visible atracción que parecía surgir entre ellos, pero nadie se atrevió a intervenir de nuevo.
- Mi papá -dijo emocionado el pequeño de cabello lila atrayendo la atención de su madre al instante.
- Vegeta -musitó ella sorprendida al ver al saiyayin a unos metros de distancia usando el atuendo que ella eligió para él.
17 miró al guerrero que acababa de aparecer y de inmediato sintió las miradas de todos sobre él. Por un momento pensó en quedarse donde se encontraba, si Vegeta quería pelea podía dársela, más lo reconsideró casi al instante, no quería poner a Bulma en una situación incómoda así que se levantó.
- No tienes que moverte de lugar, solo porque Vegeta apareció -le dijo la mujer a pesar de que sentía la mirada del saiyayin fija en ellos.
- Pensaba irme de todos modos, las reuniones sociales no son lo mio -le respondió y antes de retirarse se inclinó hacia ella- Por cierto, ese vestido te queda bien, aunque en realidad te veías mejor sin él -musitó en su oído provocando que ella se ruborizara al instante.
Bulma miró al atrevido ojiazul mientras este se marchaba sonriendo de esa forma descarada que lograba acelerarle el pulso. Al sentir todas las miradas de su grupo de amigos sobre ella, trato de recomponerse y se dirigió hacia donde se encontraba Vegeta.
- ¿Qué te dijo el mocoso? -preguntó a forma de saludo el príncipe cuando su mujer se acercó.
- Nada.
- Tu cara esta roja -señaló él clavando sus ojos azabaches en los de ella.
- Solo estoy apenada por la forma en que se fue -mintió, pensando en evitar una posible escena en el evento que tanto le costó planear. Vegeta examinó sus ojos unos segundos y pareció creerle- ¿Vamos a la mesa?
Su pareja asintió sin muchas ganas y después ocupó el lugar junto a ella sin molestarse en saludar a nadie a pesar de que todos lo miraban. Afortunadamente en ese momento el banquete inició por lo que la atención de los invitados se centró en la deliciosa comida que les estaban sirviendo y pronto la presencia del androide y la llegada del príncipe fueron asuntos que quedaron fuera del foco de atención. Vegeta estaba tan ocupado engullendo todo a su alrededor que no se percató cuando el rostro de Bulma se volvió a cubrir de rubor, cuando el androide a unos metros de distancia se despidió de ella con un guiño por demás seductor.
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Notas de la autora:
Espero les haya gustado este capítulo, nos veremos hasta el siguiente encuentro de estos dos.
Saludos a todos.
