DISCLAIMER: Los personajes de Dragon Ball pertenecen a Akira Toriyama, solo los he tomado prestados un rato para hacer este fanfiction.
Lo único que me pertenece es la imaginación y la locura, que plasmo en mis historias.
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Cada día que pasaba le resultaba más difícil conciliar el sueño, y cuando el despertador sonó por la mañana, la científica lo maldijo al menos tres veces antes de decidirse a apagarlo. Después se levantó y comenzó su rutina diaria sin dejar de pensar en cierto joven ojiazul.
A cientos de kilómetros de ahí, el androide también pensaba en Bulma, "¿Quieres salir de nuevo conmigo, a solas?", le preguntó la última vez que se encontraron, de eso habían pasado dos semanas y ya era tiempo suficiente para que ella hubiera tomado una decisión. Así que sin mayor tardanza emprendió el vuelo hacia la Corporación.
Esta vez fue más cuidadoso al llegar, y evadió la entrada principal para no toparse con la simpática rubia. Optó por sobrevolar el lugar esperando encontrar alguna señal de Bulma y sonrió al verla sentada en una mesa en el balcón de la casa. Cuando sus miradas se cruzaron, él se puso nervioso, la expresión de la peliazul era de una seriedad tal, que por un segundo la excesiva confianza que siempre tenía en sí mismo se evaporó, y pensó en irse sin saber la respuesta que un rato antes, deseaba conocer más que nada.
Sin embargo, la cobardía no formaba parte de su carácter, por lo que a pesar de sus dudas voló hasta ella. La científica se aproximó al recién llegado, sentía que sus manos temblaban, toda ella temblaba desde el interior. Había pensado que cuando el momento llegara, simplemente diría que no y se terminaría todo, pero al ver al pelinegro su fuerza de voluntad desapareció, solo deseaba pasar un tiempo con él.
- ¿Adónde iremos? -le preguntó simplemente, sin imaginar que el joven sentía que podía respirar con mayor libertad tras escucharla.
- Lo decidiré en el camino -respondió tomándola entre sus brazos y alzando el vuelo de inmediato, temiendo que si no actuaba rápido ella podría arrepentirse.
El poder del viento la obligó a recostarse sobre el hombro de 17, quién la estrecho con más fuerza al sentir su respiración en su cuello. Bulma intentaba acallar su voz racional que no hacía más que recordarle que se estaba poniendo en una situación comprometedora, la fascinación mutua que experimentaban en sus ocasionales encuentros parecía aumentar en lugar de disminuir, y no importaban las razones que ella misma se daba para alejarse, él era como un poderoso imán que ejercía una fuerza de atracción incontrolable sobre ella.
Finalmente, sus pensamientos se detuvieron al percibir que estaban descendiendo. El ojiazul se volvió a mirarla quería ver su expresión cuando descubriera donde se encontraban. Ella sonrió al reconocer el lugar, estaban en la reserva que 17 protegía, el sitio donde se habían visto por primera vez, de ser otras las circunstancias, le habría dicho directamente que eso le parecía de lo más encantador para una "primera cita", pero se calló, sabía que estaba caminando por la cuerda floja y no era el momento de empezar a correr.
- Es un lindo día para pasear en el bosque -dijo satisfecho al darse cuenta que le había agradado la sorpresa.
- Si lo es.
- Ven, te mostraré los mejores sitios.
Y diciendo eso la tomó de la mano y comenzaron a caminar. La reserva era en verdad hermosa, pero lo que en realidad tenía cautivada a la peliazul, era aquel brillo que despedían los ojos del androide al mostrarle las especies que protegía, o cuando le explicaba algo sobre ellas, porque en ese momento el joven se veía lleno de paz y de vida.
Después de un largo recorrido Bulma le pidió que descansaran, los zapatos que llevaba puestos no eran precisamente los más cómodos y sus pies comenzaban a protestar, así que se sentaron a la orilla de un riachuelo para que ella reposara un rato. Pronto el sol alcanzó su punto más alto y el calor comenzó a aumentar, por lo que la mujer se deshizo del saco que llevaba encima, dejando su torso cubierto únicamente por una blusa strapless. El pelinegro sintió su pulso aumentar mientras contemplaba los hombros desnudos de su acompañante, pues su piel brillaba como si se tratara de una suave y tentadora seda que él deseaba acariciar.
- ¿Y cómo fue que decidiste trabajar aquí? -preguntó ella sacándolo de sus ensoñaciones.
- Después de ser revivido, estuve mucho tiempo sin saber qué hacer con mi vida. No soy una persona muy sociable y en general las personas no son de mi agrado, así que comencé a buscar una actividad donde estuviera aislado y pudiera disfrutar de la soledad, fue así que di con este empleo.
- A mí me parece que sin querer encontraste tu vocación, y en verdad disfrutas trabajar en la reserva. Lo vi en tus ojos.
- Eres buena descifrándome -admitió el pelinegro- Al principio este era solo un empleo, luego me di cuenta que me gustaba dedicar mi tiempo a proteger el planeta y a sus seres vivos más indefensos. Toda una ironía viniendo de un androide programado para destruir el mundo ¿no crees?.
- No, en estos años he visto más casos como el tuyo, guerreros que en un inicio eran nuestros enemigos convertirse en aliados y cambiar el propósito de sus vidas por algo mejor. Y en verdad me alegra que hayas encontrado un camino diferente, que te hace feliz.
La sinceridad en la voz de Bulma lo conmovió profundamente, así que por un instante 17 cerró los ojos para concentrarse por completo en la sensación que lo embargaba. Cuando por fin se atrevió a mirar a Bulma, esta pudo darse cuenta que los vestigios de la muralla de frialdad del androide no existían más. Él se recostó en el pasto cerca de ella y la invitó a hacer lo mismo, por un buen rato los dos permanecieron observando el inmenso cielo sobre ellos, mientras llegaban a compartir con el otro alguna confidencia sobre su pasado, sus pensamientos y sueños futuros.
Tras un rato, las palabras comenzaron a sobrar, y la pareja se quedó simplemente mirando las nubes formarse y desvanecerse en un ciclo que parecía no tener fin. Los minutos fueron pasando sin que ninguno dijera nada, porque en realidad no hacía falta, el silencio entre ellos jamás resultaba incómodo. Además, en el fondo cada uno estaba ocupado lidiando con sus propias dudas y razonamientos... estaban solos, apartados de todo, tan cerca que solo bastaba que uno se moviera un centímetro de más para entrar en el espacio vital del otro, y eso los llenaba de miedo, por lo que estaban sintiendo, por lo que deseaban hacer y las posibles consecuencias.
Era un debate interno e intenso, sin saberlo ambos estaban esforzándose por contenerse, y no avanzar. Luchaban por no aumentar la cercanía y desatar un fuego que hasta ahora habían podido mantener bajo control. Enumeraban mentalmente las razones por las que no debían ceder a sus impulsos más básicos, como si de esa forma pudiesen acallar el anhelo de rozar la piel del otro, anhelo que iba en aumento a cada segundo que pasaba, pues el silencio les permitía escuchar perfectamente la respiración entrecortada del otro, de ese modo comprendieron que no estaban solos en la batalla que trataban de librar, y que era cuestión de tiempo antes de que alguno o ambos se rindieran.
Él fue quien tomó la iniciativa, al mover su mano hasta encontrarse con la de Bulma, lentamente recorrió la palma de la peliazul hasta que termino entrelazando sus dedos en los de ella, al no percibir ningún signo de rechazo, se giró a mirarla y mientras su corazón latía más rápido de lo usual, le expresó su más ferviente deseo.
- Quiero besarte...
Dos simples palabras bastaron para estremecerla de pies a cabeza. Él notó el rubor que cubrió sus mejillas y se acercó a la peliazul hasta quedar prácticamente sobre ella.
- Quiero hacerlo desde que te vi por primera vez...
Una sensación eléctrica recorrió su cuerpo cuando él acarició su mejilla y rozó sus labios con la punta de sus dedos.
- Y no puedo esperar más...
La sensación de los labios del androide sobre los suyos le nubló la mente por completo. Él experimentó una fuerte emoción mientras devoraba lentamente la boca de la fémina. Ambos sintieron como sus cuerpos comenzaban a encenderse por el contacto con el otro, como su voluntad se rendía por completo ante la pasión. A medida que el roce aumentaba, que los besos se intensificaban y las caricias comenzaban a volverse más urgentes, menos existía el mundo y más ellos dos.
Fue en ese instante que Bulma lo supo, había comenzado a correr por la cuerda floja y no iba a detenerse.
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Notas de la autora:
El momento perfecto lo es todo, elegí este día para subir este capítulo porque la temática queda a la perfección con la celebración de hoy (Día internacional del beso). Así que aprovechen y besen a sus seres amados que yo seguiré haciendo lo propio con el mío.
Me despido por el momento y en verdad, espero que hayan disfrutado su lectura y que les emocionara tanto como a mí. Ok, no tanto, pero al menos si un poquito xD
Saludos y hasta la próxima.
